Biófilo Panclasta, el anarquista

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Difundimos a continuación un texto que ha venido siendo rotado por diferentes medios, que estudia acerca del anarquista Biofilo Panclasta a manera de cronicas.

Dejamos a continuación un pequeño extracto, para leer el texto completo da click aqui: Mora Sánchez, Honorio – Biófilo Panclasta, el anarquista

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Crónicas y Cuentos

Viajando yo de Chinácota a Cúcuta un día de marzo de 1941, conduciendo un camión cargado de madera aserrada, hallé frente al Halache, a inmediaciones de las carboneras que allí existen, un enorme pedrusco caído en medio de la vía y que impedía el paso de vehículos. Envié a mi “secretario” a La Donjuana a llamar a los camineros para que removieran el obstáculo, y mientras llegaban me paré al borde de la carretera a fumar tabaco y mirar correr en la hondonada las cristalinas aguas del río Pamplonita. Y cuando más abstraído me hallaba en la contemplación del paisaje, oí de pronto a mis espaldas una voz varonil que saludaba:

-Buenos días, compañero.

Giré sobre los talones y vi, a tres pasos, al más insólito personaje. Era un sujeto como de sesenta años, regularmente vestido, de nariz aguileña, ojos vivos, frente ancha, barba escasa y estatura mediana. No portaba sombrero, y aparecía cubierto de polvo de pies a cabeza, con trazas de haber andado mucho a pie.

-¿De dónde viaja, compañero? volvió a preguntar el extraño viandante. Y al informarle que de Chinácota, exclamó:

-Chinácota es mi pueblo. Allá nací hace más de medio siglo. Mi nombre de pila es Vicente Lizcano, pero soy más conocido en el mundo con el de Biófilo Panclasta, el anarquista.

-¿Usted es Biófilo? inquirí yo dando un salto.

-El mismo, en cuerpo y alma- dijo él.

Así se inicio una amistad con el temible anarquista, cuyo solo nombre hizo temblar de espanto muchas veces a los poderosos monarcas de la vieja Europa.

Nos sentamos en sendas piedras, el uno frente al otro, y nos engolfamos en una larga charla, a través de la cual él se enteró de que yo era un conductor de camiones, con ribetes de intelectual y periodista.

Biófilo se expresaba en un lenguaje sentencioso, cargado de máximas y preceptos. Cuando, por ejemplo, le manifesté mi extrañeza de que a su edad resistiera esas interminables caminatas por los caminos del mundo, él explicó:

-Habernos hombres que somos como el vino: entre más viejos más fuertes. Y hablando de su despego por la plata y el oro, manifestó:

-De los metales el único que aprecio es el acero, y eso solamente hecho pluma o hecho puñal.

Al cabo los camineros despearon la vía, y Biófilo y yo nos separamos para continuar la marcha en opuestas direcciones. Pero esa noche volví a hallarlo en la plaza principal de Chinácota, sentado en un escaño y rodeado de muchachos que oían su charla, con la boca abierta. Lo llevé a mi casa y lo hospedé de ella.

El notable escritor regional don Pedro María Fuentes, en su “Monografía del Municipio de Chinácota”, escribió los siguientes datos biográficos referentes a Biófilo Panclasta:

“Uno de los hijos de Chinácota que mayor nombradía ha dado a su tierra natal, fue Biófilo Panclasta, por haber sido conocido universalmente. Su nombre cristiano era Vicente R. Lizcano, hijo de Simona Lizcano, una mujer perteneciente a la clase obrera, que, como toda madre, se desvivió por educar al fruto de su amor. Cursó estudios de bachillerato en el colegio de Pamplona. Biófilo Panclasta fue anarquista, panfletario, terrorista, poeta, periodista, vagabundo internacional.

Biófilo Panclasta fue un reniego deambulante. Donde quiera que posara su planta, nacía la protesta del despreocupado intolerante para con los hombres representativos del capital, la industria y el gobierno. Durante su peregrinación por el mundo fue amigo de reyes, de presidentes de república; perseguido de reyes v de hombres de estado. Revolucionario con Cipriano Castro en 1899, volvió la espalda al presidente Castro de Venezuela, porque había defraudado la idea de libertad en Venezuela.

Vivió más en prisiones que en libertad. Vivió “sin amigos, sin Dios, entre cadenas, despreciando la torpe tiranía y la recia congoja de sus penas”.

Como el mismo se expresara en una estrofa. Su nombre de combate, de sabor nihilista, se lo dio Máximo Gorki, como un contrasentido del significado de cuatro raíces griegas: Biófilo (el que ama la vida) v Panclasta (el que destroza todo).

Fue admirado por Carmen Silva, la reina poetisa de Rumania; perseguido por Guillermina, la reina de los Países Bajos; trotamundos con Santos Chocano, Vargas Vila, Clemenceau, Máximo Gorki, Rubén Darío, Lenin, con quien hizo vida de camaradería socialista. George Clemenceau le “decretó diez francos diarios como subvención del gobierno francés por sus servicios prestados a Francia, los que Biófilo rechazó. Paseó por América, por Europa, y por el África su orgullosa vida de anarquista. Cuando el doctor Eduardo Santos le ofreció la dirección de un penal, rechazó el nombramiento para poderle gritar al presidente Santos: -Yo que he sido un despojo de las cárceles, aceptar un puesto de carcelero, cuando soy enemigo de todos los gobiernos por el hecho de tener cárceles?

Murió en Pamplona en el ano de 1943.

Para continuar leyendo haz click aquí: Mora Sánchez, Honorio – Biófilo Panclasta, el anarquista

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