LA LUCHA ESTÁ EN LAS CALLES Y NO EN LAS URNAS

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Publicado originalmente en el periódico Acción Libertaria #04 / Mayo 2014

Análisis desde un punto de vista libertario frente a las recientes elecciones legislativas del 9 de Marzo en Colombia

Hace poco las urnas en Colombia tuvieron otra jornada de uso agitada desde hace bastantes semanas con la inundación de publicidad política en diferentes medios de comunicación (haciendo de nuevo las calles y los muros espacios de propaganda electoral) y en el debate cotidiano. En esta nueva coyuntura se presentaron ciertas novedades importantes respecto a anteriores, para tener en cuenta: la aparición en la arena de un fuerte sector organizado de la extrema derecha alrededor de la figura del caudillo Álvaro Uribe, la dispersión de la izquierda parlamentaria en tres frentes de batalla (Polo Democrático, sectores de centro izquierda alrededor de Progresistas, y la Unión Patriótica, estos dos últimos incluidos dentro de la heterogénea Alianza Verde con sectores incluso de la derecha más reacia como lo es Enrique Peñalosa, actual formula presidencial de dicha colectividad), la utilización de alta tecnología tanto en el ejercicio del voto como en su conteo (que acelero el proceso de difusión de resultados), la practica tranquilidad en la mayor parte del país (versus anteriores elecciones) y la cristalización más profunda de una apuesta por el Voto en Blanco. Resultado: las elecciones las ganaron las de siempre: la alta abstención (que llego a cifras del 56.4% en Cámara y del 58.9% en Senado), los votos en nulos más los no marcados y le siguieron las grandes maquinarias politiqueras constituidas del país, afincadas hace más de dos siglos.

La Lucha está en las Calles y no en las Urnas 1

Para este último punto es importante resaltar los resultados y darle un análisis sistemático al mismo: Por un lado en senado la correlación de fuerzas quedo a la cabeza del oficialista Partido de la U y del uribista Centro Democrático, con 21 y 20 curules respectivamente. Empero, la bancada favorable a Santos conformada por el Partido Liberal y Cambio Radical, integrantes de la Unidad Nacional, obtuvieron el tercer y quinto puesto con 17 y 9 curules respectivamente; el ahora divido -pero aun unido- Partido Conservador con 19 puestos ocupo el tercer lugar; y de ultimas se encuentra la centro-izquierda-derecha Alianza Verde, el Polo Democrático Alternativo y el reencauchado PIN en la Confluencia Ciudadana, este último con líderes involucradas en escándalos de parapolítica. Para la Cámara, los resultados fueron muy similares: a la cabeza se encuentra el Partido Liberal (39), luego el Partido de la U (37), Centro Democrático (27) y de ahí para atrás las cosas son muy similares al senado. Sin lugar a dudas la gran ganadora ha sido –y siempre será- la burguesía nacional, fiel lacaya de los intereses internacionales, que ha diseñado un marco legal y parlamentario que blinda su poder político y económico con la constitución y el fusil, pasando por la motosierra y el bolillo. La Unidad Nacional se llevo por delante las curules, dándole mayor respaldo a una eventual victoria de las políticas neoliberales en cabeza de los principales aspirantes al cargo presidencial; el avance de los sectores de derecha inconformes con los diálogos de paz y a favor de una profundización de la lógica guerrerista también han obtenido un gran espacio dentro del congreso, que de cierta manera encuentran diferencias puntuales con el oficialismo, pero que en el plano de la política de lo real para las de abajo, llegarán a aceitar las locomotoras santistas o no proponer nada mejor para el pueblo trabajador.

Más de lo mismo de siempre…

Este senado, aunque se enmarcada dentro de un reacomodo de las fuerzas políticas con ciertos matices, a la larga termina siendo más de lo mismo. El nuevo legislativo afrontará las coyunturas que van a marcar la agenda del país, especialmente en los diálogos de paz donde las diferencias entre el santismo y el uribismo saldrán a flote: mientras las primeras van por una salida negociada pero con los intereses del capital detrás de ello, buscando la entrada de Colombia dentro del sistema mundial de libre comercio que le permita abrirse al mercado sin mayores contratiempos para la explotación minero-energética, las otras optan por la estrategia de la continuación de la guerra con una etapa de desgaste militar pero con horizontes similares. Quitando la cortina opaca es importante recordar, que en lo práctico, Santos no ha abandonado completamente la lógica de la seguridad democrática. De igual manera las curules en el parlamento, tanto de la Unidad Nacional como del Centro Democrático, servirán para darle espacio legal a la continua sobreexplotación del territorio y de nuestras vidas, además de encarar la era de las privatizaciones, consolidación del neoliberalismo: las reformas a la salud, educación, penitenciarias, jurídicas y demás se materializaran o cuando menos tomaran impulso desde la institucionalidad estatal burguesa para el periodo que comprende los siguientes 4 años, he ahí uno de nuestros objetivos a combatir como revolucionarias.

La paradoja de la izquierda electoral: ¿Ganaron o perdieron?

Las posturas progresistas del país que han visto en la arena electoral un campo de acción llegaron profundamente divididas: el referente amplio que era el Polo Democrático Alternativo perdió la llamada unidad de la izquierda en lo practico, impulsado por las lógicas auto vanguardistas, sectarias y personalistas de los sectores del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario y afines a Clara López, históricamente encontrados dentro del ala más reformista, quienes en base de su poderío autoritario optaron por expulsar al Partido Comunista Colombiano, y con ello, la salida de colectividades de izquierda, como Fuerza Común o militantes independientes.

Fuerzas políticas de izquierda como Poder y Unidad Popular (participe del Congreso de los Pueblos), así como sectores allegados a Iván Cepeda (entre ellos, por mencionar, el Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo -MODEP-, con una fuerte matriz maoísta), decidieron mantenerse dentro del Polo Democrático de cara a la coyuntura electoral. Por otro lado, se conformaron diferentes frentes electorales para las anteriores elecciones legislativas: El PCC cristalizo su propuesta en torno a la reciente reaparición de la Unión Patriótica, tras ser devuelta su personería jurídica después del genocidio político vivido hace 2 décadas; Fuerza Común, junto a otros sectores, impulso la creación de País Común, y el espectro del trotskismo histórico (Partido Socialista de los Trabajadores) del país opto por apoyar el llamado al Voto en Blanco. Por el lado del MOIR se decanto todas las fuerzas en el caballo de batalla que ha sido hace bastante tiempo Jorge Robledo y de personajes como el ex vocero de la MANE y actual estudiante Sergio Fernández; lo suyo también hizo el PUP con la postulación del dirigente campesino del Catatumbo Alberto Castilla; Iván Cepeda opto por ser acompañado por Alirio Uribe, defensor de derechos humanos y miembro del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo; para quienes no hacen parte del Polo la Alianza Verde se mostró como un frente amplio en el cual se podrían ubicar bajo una unidad meramente coyuntural, pegada con babas: País Común lanzo por la cámara de Bogotá a la militante de Fuerza Común Donka Atanassova; la Unión Patriótica creo un abanico de posibilidades donde a la cabeza se encontraban los miembros del PCC Jaime Caycedo (antiguo concejal de Bogotá) y Carlos Lozano; finalmente, los progresistas avalaron la candidatura del ex miembro del M-19 Antonio Navarro Wolff.

Gran parte de la izquierda hizo suya las victorias que representaron Robledo (quien logró la más alta votación del país y arrastro números para superar el umbral y garantizar la continuidad del Polo como partido), el ascenso de Castilla y Navarro Wolff al senado y la permanencia de Cepeda en el cargo, así como la inclusión de Alirio Uribe en la cámara por Bogotá. Sin embargo, tanto la UP como País Común no obtuvieron escaño alguno, donde los primeros dieron la sorpresa teniendo en cuenta su tradición histórica y la presencia de Gloria Inés Ramírez -militante del PC– en el anterior legislativo. El PDA alcanzo en total 5 curules en senado y 3 en cámara, viendo su participación reducida en comparación con las elecciones del 2010; la Alianza Verde alcanzo 5 puestos en senado y 6 en cámara. Para gran parte de la izquierda electoral lo anterior representa una victoria en medio de los atrasos que le ha significado perder un único referente amplio en las urnas.

Aquí nos encontramos con una paradoja: ¿La izquierda gana o pierde en las elecciones? Esa es una pregunta que resuena mucho hoy por hoy en los debates políticos, pero la pregunta debe ir más allá: ¿Ganan los sectores oprimidos del país?, ¿Gana un proyecto emancipador y de clase?, ¿Gana el pueblo trabajador? Parece que a las fuerzas electorales les preocupa más una táctica de mera visibilización versus una estrategia revolucionaria, han considerado como un triunfo la entrada de líderes sociales al legislativo, pero en verdad ¿Significa algún cambio político real?

La burguesía nunca minará sus propias instituciones para permitir que se le pueda escapar el poder: Por un lado, las maquinarias politiqueras del país tienen un poderío que les permite mantenerse en el gobierno (compra de votos, fraude electoral, etc.). Por más que hagamos el llamado al voto de conciencia, ya la derecha ha ganado sin alguna. Pensar ilusamente que estamos en capacidad de exigirle a la burguesía que podamos participar en SU juego bajo condiciones de sinceridad e igualdad ya de por sí es un error grave de lectura y falta de criterio, pero más que ello, es entrarle a la política de conciliación de clases, sobre todo cuando discursos peligrosos como los del MOIR llaman a una renovación del capitalismo, codo a codo con la burguesía nacional criolla que muestre cierta empatía con la idea de un nacionalismo-populista cuasi revolucionario, burguesía que a veces parece poco tener que envidiarle a las asesinas maquinas extranjeras.

Por si eso no fuera poco, la derecha tiene más caminos que escoger: en caso de que le sea favorable -en términos de apagar la llama popular revolucionaria- permitirle a la socialdemocracia acceder a ciertos cargos en el poder de no tanta relevancia, le es fácil también controlar hasta qué punto pueden maniobrar, o en su defecto dispone de todo un aparataje burocrático penal, jurídico y disciplinario presto a darle la legalidad a las decisiones que tome (por encima del eufemismo del voto o de la democracia) y poder reubicar a otra ficha en la posición que deseen. Y si no le basta dispone de las fuerzas represivas estatales y paraestatales, que con la amenaza, el exilio, la desaparición y hasta el asesinato a sangre fría cuando sea necesario, están dispuestas a recuperar espacios que el poder burgués vaya perdiendo eventualmente, de hecho, aquí no existe diferenciación entre la centro derecha de la bota militar suave y la extrema más reacia y goda: las dos son caras de la misma moneda, y parafraseando un poco me atrevería a decir que el gobierno de Santos no lucha contra el paramilitarismo y las posturas fascistas –evidentemente-, cuando ve que el poder se le escapa recurre a la motosierra para mantener sus privilegios. Entonces, ¿Aceptamos el juego que nos imponen o buscamos maneras alternativas de construir un mundo nuevo, desde abajo y por fuera del Estado?

Mientras unas festejan obtener un escaño en el congreso otras sabemos que no se ha ganado nada y todo está por pelear, y que aun si la izquierda llegase a ocupar una posición favorable en términos de correlación de fuerzas tanto en este escenario como quizás -y solo quizás- en la presidencia con el fin de cambiar la dirección del país, no nos bastaría con ello: Nuestra crítica, como anarquistas revolucionarias, debe ser mucho más profunda.

No es simplemente convertirnos en una alternativa extraparlamentaria: debemos caracterizarnos también por poseer una estrategia antiparlamentaria, es decir, más que rechazar la vía electoral por las causas objetivas que impone la burguesía, nos encontramos frente a una posición ética que reniega el papel de lo parlamentario, y contrario a lo que muchas compañeras señalan, los caminos de autogestión, solidaridad, apoyo mutuo y colectivización no pueden existir al mismo tiempo junto a una estrategia electoral, pues seria básicamente una contradicción. Como comunistas libertarias nuestro rechazo a cualquier forma de delegación de responsabilidades, de profesionalización de la gestión pública, de la separación de lo político y lo social, así como del parasitismo de la burocracia y de la institucionalidad burguesa es una línea que atraviesa tanto nuestros objetivos como nuestra estrategia y táctica, y que si bien tiene sus matices en momentos puntuales nos encontramos en un momento político que no ofrece más alternativas que desarrollar un programa que se plantee la lucha desde abajo y por fuera de las vías que impone el enemigo, donde no todas las formas de lucha implican mayor eficacia. La verdadera emancipación de las trabajadoras del campo y la ciudad no será sino obra de si mismas.

Con la idea de presentar elementos que nos puedan dar mayor profundidad a la lectura, es importante analizar el actual escenario de lucha de clases y rescatar ejes puntuales que podemos observar a través de la coyuntura electoral:

La abstención no es precisamente síndrome de rebeldía

Varias compañeras libertarias se alegran del elevado porcentaje que significa la abstención no solo en esta sino prácticamente en todas las elecciones del país. Sin embargo podemos llegar a pecar de lectura seca y dejar pasar este fenómeno como si nada, pero también, y con mayor patología se presenta, se puede tener una idea sobrevalorada frente a ello.

Si bien el discurso de la elite a través de sus medios de desinformación es que la abstención se da por la pereza, la flojera, el apoliticismo o la desinformación -naturalmente-, en realidad tampoco es que sea lo contrario. Incluso para quienes defendemos la “abstención”, debemos darle mayor cuerpo agregándole el término “activa”, porque sabemos que a su vez existen dos formas de ‘no votar’. Entonces existe un fuerte matiz, casi polarizado, frente a este tema:

No todas las que no votan lo hacen por crítica, cuando menos constituida y con mínimos rasgos propositivos. También estamos quienes no votamos como señal de protesta, priorizando el escenario de la organización y la movilización como respuesta puntual a un momento, a su vez, puntual. Los altos niveles de abstención no necesariamente significan altos niveles de combatividad, si fuera así, más de la mitad de las personas del país estarían en las calles peleándose otro modo de vida: la lucha de clases se encontraría en otra etapa. Pero tampoco significa que no estemos en las calles y los procesos de transformación no existan.

Determinar cuanto por ciento de quienes no votan están en una lógica de abstención activa es casi imposible, sin embargo, y sin pecar de buena o mala fe, es importante saber canalizar ese descontento y apatía frente a las urnas en procesos de autoorganización. Podemos llamar en todas las elecciones a no votar, pero si no proponemos programaticamente algo, la abstención anarquista no activa se vuelve también pasiva, y lastimosamente, así parece que ha sido el cliché de cada 4 años para ciertas compañeras.

Como comentario adicional es importante apreciar con mayor detalle el voto en nulo, que casi análogamente presenta similitudes con la abstención. Se nos pretende mostrar los votos mal marcados como señal de que la registraduría no diseño bien el tarjetón, que es difícil marcar, que las personas prefieren jugar haciendo grafos, que faltó pedagogía, y otros cuentos de vieja data, y si bien pueden llegar a ser ciertos en casos puntuales, el voto en nulo también es una representación de descontento con los asuntos electorales, pero que de nuevo, puede ir por dos caminos completamente diferentes: un lado pasivo, que se queda en la simple apatía o desinterés, y por otro, una señal de protesta que además pretende constituirse como propuesta. Creo que dentro de la idea de la abstención activa es importante defender el voto en nulo para aquellas personas que por condiciones materiales objetivas deben usar este “derecho” (sin verlo como tal) para obtener ciertos beneficios: no estaría en contra de que una trabajadora vote en nulo con la idea de obtener un día de descanso pago o que lo haga una estudiante para minimizar gastos en su matricula, son cosas con las que también se sobrevive y debemos superar las barreras puristas que frenan lo táctico, y lo humano. De nuevo y sin ánimo de ser repetitivo: casi 1 millón y medio de votos en nulo no significan una alta beligerancia en el seno del pueblo.

La ilusión del voto en blanco

Si bien el voto en nulo y la abstención activa son medios que se encuentran por fuera del juego electoral que impone la burguesía, esta misma también ha ideado mecanismos que le sean similares y al mismo tiempo le sean funcionales, muestra de ello es el voto en blanco.

El voto en blanco es una propuesta que no va más allá de cierto descontento mal encauzado en las vías electorales, su victoria no significa nada más que un cambio de fichas en el tablero de ajedrez para que participen los mismos jugadores. Nuestra postura no rechaza tal o cual candidata, sino que critica el programa que representa dentro un juego diseñado para que perdamos siempre las de abajo: Si el voto en blanco hubiera ganado y posteriormente los partidos que sobrevivieran a la eliminatoria del umbral – las maquinarias politiqueras tienen como superarlo- se hubieran visto obligados a postular nuevas candidatas, no cambiarían nada los intereses que representan, saldrían intactos pues requieren de profesionales prestos a ejecutarlos, ¿O acaso imaginamos que si la derecha o la izquierda electoral tuviera que presentar otras fachadas sus fines serian otros?

Empero, en medio de un panorama donde poca inserción social tenemos las anarquistas es importante ver al voto en blanco como un voto de opinión: hay algo, cierto descontento existe, interés de cambio aunque sea iluso (alimentado por medios de desinformación y por líderes populistas alejados de verdaderas ansias de transformación), algo se mueve en la mayor parte de quienes optan por esta vía casi que al margen de la conciencia de clase. El reto es entonces encauzar ese algo en otras alternativas de matrices libertarias, saber captar ese germen de rechazo en una táctica de abstención activa y darle mayor movilidad de acción mediante un dialogo directo y horizontal con quienes optan por aquel camino.

Las apuestas que nos quedan como anarquistas después de las elecciones

Es iluso creer que nuestra postura antiparlamentaria nos hace impermeables, que el escenario electoral no nos toca. Así como el Estado no es un ente centralizado sino que es un conjunto de relaciones sociales inmersas no solo en las instituciones burguesas sino impuestas en el seno del pueblo mismo, es su política de la representatividad y de las mayorías una imposición al cambiante combate del día a día en los campos y barrios.

Se ha sido claro en señalar el cambio de la correlación de fuerzas: la extrema derecha a recuperado poder político, lo que también significa el aumento de la guerra sucia en campos y periferias urbanas, especialmente para nosotras como militantes revolucionarias; del mismo modo, la izquierda ha visto reducida su capacidad de convocatoria electoral, lo que le significa un retroceso y por ende llegaría debilitada a espacios como una posible asamblea nacional constituyente o un clima de “posconflicto”; finalmente el modelo actual neoliberal de santos continua su andar cuando menos con pocos obstáculos, las trabas las pondremos desde abajo. En los retos que se presenten en el corto plazo es importante tener presente con quienes hacemos alianzas sectoriales o estratégicas en épocas donde lo electoral prima para mayor parte de la izquierda colombiana.

Sí nuestra estrategia no ve en lo electoral un campo de combate, primero por entrar a jugar dentro del flanco donde el poder dominante tiene todas las ventajas y segundo por postura ética de rechazo a lo que significa el relegar nuestra voz, si vemos como prioridad la construcción de alternativas que contrasten con la sociedad de hoy. La tarea es entonces acrecentar la fuerza popular desde abajo y por fuera del Estado: nuestra estrategia es generar gérmenes de decisión horizontal y asamblearia en sindicatos, consejos estudiantiles, procesos culturales, territoriales, barriales, juveniles, de mujeres, campesinos o cualquier escenario donde veamos posibilidad de levantar organización autónoma de clase. Adicionalmente es importante participar en las coyunturas que hoy plantean los movimientos sociales: El paro agrario, las luchas en las universidades, las demandas territoriales, entre otros, son campos de acción, donde debemos darle mayor capacidad de maniobrabilidad a tácticas como la huelga de revuelta, las movilización masivas en las ciudades, la presión a través de los bloqueos y el boicot a quienes de una u otra manera reprimen al pueblo. En estos momentos donde nos encontramos en una etapa de maduración del anarquismo organizado en Colombia es preciso decantar todas nuestras fuerzas en una inserción social real en estos mismos escenarios, contagiando prácticas libertarias en donde hagamos presencia y desarrollando un trabajo coordinado y colectivo con una vocación de masificación de la idea. La autogestión de los territorios y las comunidades, así como la proyección de la acción directa popular a todos los niveles es el reto que debemos afrontar aquí y ahora.

Steven Crux

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