De la no-libertad de expresión y el periodismo “satírico”

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Reflexiones al respecto de la masacre contra Charlie Hedbo, la libertad de expresión y la guerra anti-”terrorista”

La presentadora de Noticias Caracol del medio día inicia el preludio de la nota acerca del atentado contra la revista Charlie Hedbo diciendo algo así como “Francia hoy está de luto, el país que nos enseño la importancia de la fraternidad, la igualdad y la libertad”, luego elogia al país franco diciendo que es “el Estado más fuerte del mundo”, utilizando fuerte como sinónimo de democrático. Para el grupo editorial, la “solidaridad” no solo debe ser con las personas cercanas a las víctimas sino que también con todo el pueblo francés. De hecho, el mismo noticiero va hasta la embajada de Francia en Bogotá y realiza una nota sobre como se le rinde homenaje a las víctimas, además de apuntar mensajes de apoyo de periodistas alrededor de mundo.

Charlie

¿Fraternidad, igualdad y libertad? Sí Francia nos ha enseñado algo es que las palabras por si solas no tienen un significado coherente cuando los intereses son otros, así, la fraternidad, igualdad y la libertad es para la casta dominante de aquel país nada más que odio, desigualdad y opresión, no solo en la manera en que ha tratado a los trabajadores y estudiantes, sino en como ha sostenido uno de los imperialismo más sangrientos y hoy intervencionismo fuerte del mundo, tal como lo hizo en su cruzada “nacionalista” contra Argelia, Malí y Vietnam, entre muchos otros.

Pero como toda estructura social se conforma de varias paticas para su sostén, el gobierno francés no solo hace uso de su aparato jurídico, parlamentario o militar sino que encuentra también eco en los medios de comunicación. Evidentemente Charlie Hedbo no era una revista alineada con el gobierno, pero lo que se quiere resaltar no es la definición tacita de con quien se está, sino de que objetivos se persiguen, así pues, a pesar de declararse implícitamente como oposición y ser un medio “independiente”, Charlie Hedbo colabora, queriéndolo o no, con muchas de las tareas del gobierno, la extrema derecha y el antiislamismo, aún cuando declaran que su equipo “se compone de partidarios de la izquierda, de la extrema izquierda, de los anarquistas y de los ecologistas1”. ¿Como personas que se reclaman hasta anarquistas pueden ser útiles al racismo y al odio? ¿Como una revista que ayudó a sacar al derechista de Sarkozy pasa a estar en el mismo lado del ahora gobierno de centro-izquierda, y a la vez, pro-imperialista?

Aquí es donde el posmodernismo gana fuerza pragmática al no importarle las palabras que se usen para describir al sujeto, que puede ser una revolucionaria de izquierda o la peor de las fascistas, el fin será el mismo si las practicas reales son las mismas, pero adornadas con arreglos de todo tipo. Charlie Hedbo ayudó al gobierno, junto con otros medios y varias políticas de gobierno, a ubicar un enemigo, que no es efecto si no causa, mientras se ocultan las desgracias que produce el régimen. ¿Realmente la revista buscaba el origen de los problemas?

Para el posmodernismo imperante en los medios de comunicación tradicionales -y a veces “alternativos”- la revista en cuestión era una expresión “rebelde”, “critica” y algunas la señalaban hasta de “anarquista”2. Claro, porque la lógica “rebelde, critica y anarquista” es aceptable para la “democracia” en tanto esté dentro de los margenes que ella define, y más aún, le sea de utilidad, pues para eso es la libertad de expresión: para usarla, pero no como fin en si mismo sino como medio para realizar otra jugada. Me explico: si la libertad de expresión persigue objetivos diferentes a los que definen los grandes dueños de las industrias de la información y la comunicación, esta debe ser castigada y limitada. En caso contrario se puede hacer llamados de atención a lo mucho, pero la rienda suelta es filosofía cuando de generar un policía dentro de cada una de nosotras se trata (esa visión liberal de la “libertad”, de la mano con la estrategia del gran hermano).

Ninguna caricatura de la revista mató a alguien o le hirió, claro, porque las caricaturas no matan ni hieren, por lo menos físicamente. Pero la caricatura política no es tal sí no tiene un contexto que la situé, que le dé humor y provoque reacciones. En muchos comentarios en la red encontramos varias discusiones, pero pretendo tomar tres que me causan bastante curiosidad y podemos desarrollar a profundidad para entender lo sucedido y el contexto, que poco o nada nos muestra la querida presentadora del noticiero (cualquiera) de la mañana, del medio día o de la noche:

Charlie Hedbo criticaba a todas las religiones por igual, por tanto, no ayudaba al anti-islam en particular:

Por supuesto no podemos asegurar que la revista fuera antiislamista y sintiera la necesidad de una cruzada santa. Pero esa es la importancia del contexto, pues en un sistema supuestamente “justo” y basado en “Estado social de derecho” (todos somos “iguales” ante la ley) no es lo mismo burlarse de las costumbres de los judíos, por decir algo, en la Alemania de los 30’s por el simple hecho de “querer hacerlo”, aún así se hiciera burla de otras religiones, de una u otra manera se está contribuyendo a generar mayor rechazo a la dicha comunidad; tampoco es lo mismo hacer caricaturas “satirizando” (término tan sobre explotado) al Islam y repartirlo en las colonias israelitas construidas en territorios palestinos invadidos, aún si también se dibujara sobre otros temas controvertidos; y para no extendernos mucho, no es lo mismo hacer burla del cristianismo en lugares donde estos sean perseguidos (por ejemplo, por el Estado Islámico), o de otra forma generar risa a través de criticas a los dioses de indígenas y sus costumbres por donde se expande la frontera agrícola en Colombia, para ayudar a lubricar la maquina genocida que persigue intereses económicos completamente egoístas.

Todos estos ejemplos tienen algo en común: se encuentran en medio del conflicto, social y generalizado. Charlie Hedbo pudo haber criticado también a judíos y católicos en Francia, que sin embargo, no llegaron a levantar a tiros a sus miembros, ¿Por qué?: sencillamente porque tanto la iglesia cátolica como la comunidad judía en Francia tienen aceptación por parte de mayor parte de la población, en el primer caso por tradición y en el segundo por la estrecha alianza entre el gobierno franco y el sionista, además de una sobre-exagerada “lastima” por el holocausto nazi, causa suficiente para apoyar las brutalidades que comete Israel contra Palestina o cuando menos, que pasen desapercibidas.

Pero, para Charlie Hedbo, en igualdad de condiciones se coloca junto a católicos, judíos y derechistas a los musulmanes, comunidad históricamente atacada en Francia por varios gobiernos y, de forma constante en las ultimas décadas, por grupos nacionalistas, no solo de extrema derecha sino también de la “suave”. Que los católicos, los musulmanes y los judíos tengan que soportar la misma critica es “igualdad de condiciones”, aún cuando el poderío en Europa es bastante diferente entre grandes maquinarias religiosas y militares contra familias que huyen en búsqueda de oportunidades, no para quitarles el trabajo a los franceses sino para sobrevivir. No sobra anotar los comentarios racistas y ultra nacionalistas al respecto, que tachan a los musulmanes de ser seres malignos que conspiran en células terroristas para conquistar el mundo, mandando inmigrantes a occidente a formar familias con bastantes hijos para acelerar la hegemonía del islam en términos cuantitativos. Esta posición parece tan común cuando el sentimiento patriótico y de orgullo francés ha sido alimentado hace años, ubicando a los musulmanes como “comunistas” por su participación en la independencia argelina, que tanto le dolió al Estado francés, así como personas irracionales representadas por Al-Qaeda o el Estado Islámico, pues para los retrógrados todos los musulmanes son iguales (yihadistas) y todos están dentro de organizaciones terroristas.

De hecho, la tradición racista y conservadora del gobierno de la “fraternidad, igualdad y libertad” es bastante marcada contra las minorías, no solo la musulmana. La emprendida contra las gitanas ha sido uno de estos casos, por ejemplo: en 2010 se expulsó a cientos de estas3 y hace poco a una familia de dicha comunidad se le prohibió sepultar a su hija en el pueblo donde estaban asentadas4. Entonces, la revista criticaba a todos por igual, pues la “libertad de expresión” así lo permite y de manera liberal lo “exige” (“si criticas a uno, criticas a todas”), aún cuando la condición de las musulmanas en Francia no es francamente de igualdad con los ciudadanos de “primera”.

Un hecho notable al respecto es el número que publicó esta semana la revista (la misma del atentado), que hacia amplia referencia a Houellebecq, escritor que realizó un libro de ciencia ficción distópica en el que el líder de un partido islamista se convierte en presidente de Francia con el apoyo de la política formal. Este tipo de producciones polémicas, argumentadas también bajo la “libertad de expresión” y expresadas por el posmodernismo de las “múltiples verdades”, ayudan a a generar en Francia un clima de odio y miedo a la conspiración entre el islam, el terrorismo y la izquierda (¿Paralelo con la conspiración judeo-masónico-comunista?), de manera similar pero embrionaria a los ataques de los nazis contra los judíos en la década de los 20, odio y miedo que les permitió llegar al poder desterrando al monstruo extranjero y ganándose la confianza de ciudadanos asustados de la amenaza, en ese entonces comunista y judía, hoy “terrorista” e “islámica”. Conviene anotar la constante represión del gobierno francés contra propuestas autónomas de oposición, mientras se tolera el crecimiento del fascismo, hoy por hoy tan utilitario para los intereses multilaterales en lugares como Grecia, Ucrania y Venezuela.

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La libertad de expresión es un derecho fundamental, que existe y no se puede poner en discusión:

Y súmele entre varios comentaristas ortodoxos: quienes critican a Charlie Hedbo son estalinistas que creen en la represión totalitaria. Bueno, para quienes pensamos desde una óptica libertaria es importante situar la cuestión de los derechos en una perspectiva que pasa por una comprensión integral de la libertad y las libertades. Esa es la hipocresía de la sociedad actual, del sistema actual: mientras que algunas ponen el grito en el cielo por la defensa de la libertad de expresión, atacada por extremistas radicales, pocas han hablado de la libertad de una familia gitana para enterrar a su hija cerca a su hogar, o por lo menos, han puesto el grito un poco más abajito del cielo.

Hace muy poco un compañero publicó un articulo donde señalaba la paradoja acerca del sujeto que dibuja la caricatura, dice: “¿Qué ocurriría si yo hiciera ahora una revista cuya portada tuviera el siguiente lema: “Matanza en París. Charlie Hebdo es una mierda: no detiene las balas” e hiciera una caricatura del fallecido Jean Cabut acribillado con una copia de la revista en sus manos? Claro que sería un escándalo: la vida de un francés es sagrada. La de un egipcio (o la de un palestino, iraquí, sirio, etc.) es material “humorístico”5. Yo le agregaría un punto extra a este articulo de José Antonio Gutiérrez, pues mucho comentarista en internet dice que con poca probabilidad entrarían en la casa del hipotético dibujante para asesinarlo, pero… ¿Y si quién hiciera tal caricatura fuera un gitano o miembro de una familia musulmán?, ¿Si la hiciera una joven argelina en París?, ¿Si la hiciera una habitante de Malí en medio de la reciente invasión militar francés a dicho país? Una de las diferencias es que no sería atacado con fusiles AK-47 sino con rifles de batalla M-4 o bombas de cientos de libras, del resto, la guerra contra el terrorismo puede presentar las mismas imágenes del vídeo que circula de la masacre en París (o peores), pero con otra diferencia: suceden casi a diario y no hay vídeos en la practica totalidad de casos, y los pocos que hay no pasan de ser un “escandalo” innombrable6.

Esas son las libertades de la porquería organizada que llamamos “Estado”: libertad para discriminar, libertad para invadir países que no sigan las directrices de las grandes potencias, libertad para echar bombas encima a quién se considere un simple sospechoso, libertad para que las mercancías crucen países sin costo extra y libertad para decretar con cuanto salario sobrevive a ras una familia por mes, bueno, y libertad para agregarle o no azúcar al café. Pero las “otras” libertades son más medidas: prohibido cruzar fronteras sin el control estatal, prohibido hacer política por fuera del dogma liberal-occidental, prohibido sepultar tus hijos si no eres ciudadana de primera… en fin: prohibido ser libre, a menos que seas el opresor, claro, dentro de la lógica liberal.

Sí la marcha es para solidarizarse con las víctimas de Charlie Hedbo está permitida y hasta alentada, pero cuando varios argelinos marcharon en los años 60’s contra la ocupación francesa de su país el “Estado más democrático del mundo” no dudo en matar más de 200 manifestantes a bolillo. Pero ni siquiera hay que buscar tan lejos: solo el año pasado la represión policial contra las marchas sociales fue brutal, un joven fue asesinado por un gas lacrimógeno, arma “no letal”, y cientos más resultaron heridas. ¿Alguien marchó? ¿RCN o Caracol fueron a la embajada francesa en Bogotá a preguntar que pasó y manifestar solidaridad con los familiares del muerto? ¿Se izó la bandera a media asta?: no, porque las libertades son pa’ unas pero no pa’ otras, la vieja ley del embudo. Y es de recordar el papel de los medios tradicionales, que sirve de “mirilla” para los ataques de discriminación, no solo en Francia sino también Colombia: los medios apuntan y justifican, el Estado y la ultraderecha disparan.

Por eso no podemos defender la libertad de expresión sin defender la libertad total y para todas. Yo no soy libre de dibujar lo que se me de la gana contra quien se me de la gana, en principio, porque no puedo ser libre de ninguna manera mientras la totalidad de quienes me rodean no lo sean, como dice esa vieja consigna. Puedo utilizar el dibujo como herramienta para buscar otra forma de concebirme y concebir la vida de manera diferente, pero no como un acto de libertad cuando se ayuda a la dictadura. La libertad, para el paradigma actual, es ser “libre” de atacar, discriminar, apuntar y señalar a los que ya de por si están constantemente jodidas por este sistema. La única libertad que yo reivindico es la de luchar, por mi libertad y la de las demás, cuando ello implica desafiar a quienes nos niegan el derecho de ser libres, precisamente.

¿Qué es importante criticar la religión? Claro que si, pero no a costa de la represión a creencias propias de las personas, sin que ello tampoco signifique tolerar el culto a la discriminación o el odio al diferente. ¿Qué el Islam es per sé discriminador? Obviamente, pero no vamos a imponer el ateísmo como se expandió el dios de Castilla por América, a punta de ciencia y espada; busquemos maneras creativas de construir dialogo y transformar a partir de las acciones y no de la ofensa constante y provocativa. ¿Qué nos podemos burlar de la religión? También, pero no de las personas de a pie que por diferentes razones son religiosas, ataquemos más bien a sus patriarcas y estructuras verticales, usando el arte y la contracultura para burlarnos del poder, pero sin formarnos al lado de los cañones que atacan a las minorías. ¿Qué la religión debe ser una confesión personal y común para quienes la practican? Por supuesto, sin que la religión se meta en los asuntos de la pluralidad humana, como la política, la educación o los derechos sociales (aborto, relaciones entre disidentes sexuales, etc). ¿Entonces por qué no construir dialogo también con los jerarcas de las religiones y los Estados?: porque con el enemigo no se discute, menos cuando este es el culpable de la esclavitud moderna…

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Quiénes critican a Charlie Hedbo justifican el ataque en su contra:

…Y quien no está conmigo, está contra mi, dicen las fanáticas de la derecha. Obviamente, como convencidas humanistas rechazamos este ataque y nos solidarizamos con las víctimas, además de que seguimos denunciando el extremismo islamista sin caer en generalizaciones o en racismo exasperado. No nos quedamos calladas por no usar el lenguaje del nacionalismo francés, como a veces la izquierda tradicional lo hace, colocándole un escudo sagrado a todas las musulmanes, incluyendo las más retrogradas, siendo ambiguas en el rechazo al fundamentalismo (por ejemplo, en la peligrosa defensa de Hamás en Palestina). Muchas de nosotras hemos venido denunciando la brutalidad del Estado Islámico contra el pensamiento disidente en los territorios donde se encuentra, pues así como decimos que en Francia reina la tradición católica occidental (escondida detrás de la “laicidad”) en las tierras bajo control de la yihad también es preciso denunciar la tiranía autoritaria.

Y, a diferencia de la “solidaridad” momentánea y coyuntural de los hipócritas de siempre (maquinarias de comunicación, “lideres” de “opinión publica” y simpatizantes del anti-islam), que sin haber nunca oído de la revista ya están apresuradamente diciendo que son también ella, nuestra denuncia contra la ideología excluyente ha sido constante, pensando como hacer para cambiar el sistema de cosas que nos rodea, que también es culpable de la miseria de aquí, de Francia y de medio oriente.

Entonces ¿Por qué no pronunciarnos explícitamente contra los atacantes? Por dos razones principalmente: porque el papel de quienes escribimos y opinamos desde el otro lado de la trinchera de la información debe ser, precisamente, hablar de los temas de los que no habla el bloque de la hegemonía. A la revista en cuestión se la ha dedicado mares de tinta y miles de horas de TV; pero temas como la discriminación a musulmanes y gitanos de vez en cuando ocupa un par de segundos en el noticiero. De otro lado, hemos sido apasionados defensores de la lucha libertaria alrededor del mundo, y con esa misma pasión hemos señalado a los verdaderos enemigos de la libertad, entonces, si hay una pronunciación de rechazo: hemos difundido el peligro del avance del yihadismo en medio oriente y la complicidad de las centrales de inteligencias occidentales, como también anunciamos ahora la escalada del fascismo en Francia y otros países europeos, que al igual que en el siglo pasado, pretenden conquistar el poder aprovechándose de hechos como este. Especial atención requiere el Partido Frente Nacional de Francia, que ha venido ganando fuerza a través de un discurso contra inmigrantes y disidentes del pseudo-tradicionalismo francés.

Nuestra solidaridad es estructural y la pensamos históricamente: Estados Unidos lamenta el suceso pero agacha la cabeza (y alza el arma) cuando se recuerda su apoyo al Al-Qaeda y el entrenamiento que dio la CIA a Osama Bin Laden, así como su negativa durante amplio tiempo a combatir al EI. La “inteligencia” norteamericana, junto con la central de “inteligencia” Francesa, han sido de los mayores culpables de conflictos, guerras y golpes de Estado en África, Medio Oriente y el sudeste asiático durante los últimos 50 años, lugares donde el islamismo está presente. Estos atentados no son más que acciones del hijo del monstruo, alimentado por un espíritu ególatra, nada compaginado con la “fraternidad, la igualdad y la libertad”.

Critiquemos y ataquemos el fundamentalismo, pero esperemos que por culpa de estos hechos y de la falta de vocación critica no tengamos dentro de unos años tener que denunciar un golpe de Estado o un gobierno fascista en Francia u otro país, escenario más que probable si continuamos por este camino. O que se empiece a justificar otra invasión a algún país o una ola de ataques a las musulmanas en Europa, en nombre de una venganza; ya hemos visto varias mezquitas atacadas en Francia, probablemente por militantes con la diestra en alto. Pronto, en nombre de la defensa de la libertad de expresión, otras libertades empezaran a desaparecer, siendo copadas por la seguritización de vidas y territorios.

De ese mismo modo, como una cosa quita la otra para las sectarias, al criticar al gobierno francés y la posición de cómplice de Charlie Hedbo, a parte de justificar el extremismo, también se es terrorista. Y faltaría más, pues respecto al tema en noticias pareciera que entran millones por cada vez que se pronuncia la palabra mágica del siglo XXI: terrorismo. Como existen “las libertades”, para unas si y para otras no, también existe el “terrorismo” que lo practican unos, pero no otros. ¿Que es terrorista hoy? Definámoslo jugando al mismo juego del gobierno francés y los medios de comunicación hegemónicos: Hablemos de la intervención terrorista del gobierno galo en Malí en 2012, o de la invasión terrorista del sionismo en tierras palestinas con la indiferencia (apoyo) de Francia; mejor aún, hablemos del ataque terrorista de la central de inteligencia francesa contra un grupo de activistas de Green Peace en Nueva Zelanda, que dejó un periodista muerto cuando un barco se hundió por una bomba que colocó el Estado francés, en 1985; no se nos olvide tampoco, y trayendo a colación la hipocresía de la mentalidad del capital, que el mismo gobierno francés ayudó islamistas fundamentalistas a dar el golpe de Estado contra Gadafi en Libia en 2011, o hoy que por puros intereses de recursos energéticos combate al EI en las fronteras de Irák, pero le colabora al mismo en Siria en alianza con Turquía y Qatar: no les importa combatir la barbarie, sino garantizar su negocio.

El yihadismo es tan terrorista como lo es el gobierno francés, el norteamericano o el colombiano, y el islam puede ser tan dogmático y peligroso como el cristianismo, el judaísmo o el fanatismo ateo, cosas que no vamos a dejar de criticar. De igual forma como pedimos el fin de los ataques de la yihad es importante pedir el fin de la ocupación de países como Irák, Afganistán o Palestina, a la vez que es necesario promover el alzamiento de sus pueblos contra la tiranía de religiosos locos. Mientras solo nos enfoquemos en defender un bando, cuando ambos son autoritarios y déspotas, por sencilla coherencia no nos arrepintamos de sucesos como este, tan propios de la guerra que imponen las naciones asesinas. Para poner fin a este tipo de atentados la única solución es una convivencia fraternal entre pueblos, sin la proliferación de idealismos extremistas (en este caso tan promovidos por EUA) y con el crecimiento cada vez mayor de apuestas libertarias de organización y emancipación, bajo formas como el Confederalismo Democrático promovido por el Partido de Trabajadores de Kurdistán, que ha combatido el fundamentalismo, no con un lápiz y desde la comodidad de un escritorio, sino trabajando día a día por construir una otra sociedad, rompiendo de raíz las fuentes del extremismo y las causas de la injusticia. Este también es un llamado de solidaridad efectiva con la población kurda y los perseguidos por el EI (cristianos, musulmanes no seguidores de la yihad, ateas, entre otras) que no solo es ametrallada con fusiles AK o cócteles molotov, sino con todo un ejército que tiene sitiadas varias poblaciones con el beneplácito de Turquía. Han tenido que soportar una situación humanitaria complicada con cientos de muertas y miles de heridas y desaparecidas, ninguna de ellas es especial atención para “occidente”, como tampoco es común ver el cubrimiento de manifestaciones de solidaridad ni imágenes o caricaturas de apoyo.

Seamos claros: vamos a la raíz del problema y no nos contentemos con los efectos. Solidaridad con las víctimas de la guerra contra el “terrorismo” (léase: invasión a tierras con bastante petróleo, oro o diamantes), pero también odio eterno a quienes provocan esa guerra -¡PILAS!: a quienes la provocan, no a quienes se defienden de ella-: a las potencias que invaden, a las tiranías instauradas, a los conservadores católicos, musulmanes, judíos, laicos, ateos, de izquierda, derecha, centro y demás. Solidaridad con quienes luchan desde abajo: Apoyo al pueblo kurdo (que poca participación tiene también en los medios tradicionales), a las comunidades palestinas autónomas del proyecto del Hamás, al pueblo egipcio, sirio y en general de las naciones de medio oriente en lucha. Hoy más que nunca es importante una alternativa para relacionarnos, comunicarnos y vivir juntas, por fuera del odio, la opresión y la tiranía. Que la libertad de hablar sea para liberarnos, aunque cueste la paradoja.

Steven Crux
Enero-2015

6Tal es la fuerza del vídeo que parece ser uno de los catalizadores más importantes de la ola de manifestaciones de solidaridad, al contrario de la apatía generalizada para masacres cometidas por gobiernos alineados con Estados Unidos. Solo a modo de ejemplo cabe mencionar el asesinato de niños en Pakistán por parte de Drones estadounidenses o el brutal bombardeo de Israel contra un grupo de infantes que jugaban fútbol en las playas de Palestina. En ninguno de estos casos las noticias dedicaron especial atención como cuando mueren hombres blancos, profesionales y ciudadanos de bien de algún país occidental.

Fuentes:
http://salvadorsolidaridadconcuba.wordpress.com/2013/11/21/un-drone-de-eeuu-mato-a-ocho-ninos-luego-de-bombardear-una-escuela/
http://www.20minutos.es/fotos/actualidad/israel-bombardea-la-franja-de-gaza-10639/

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