Una Triste Víctima

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Bty…Hace 24 años, los bogotanos se despertaron con este relato:

Una Triste Víctima[1]

“Que un estudiante, más si es mujer, muera bajo las balas de la autoridad en incidentes bien conocidos, es grave. Duele a los colombianos. Pero que caiga víctima de su propio invento, herida por una bomba terrorista, posiblemente fabricada por ella misma en unión de sus compañeros, es monstruoso. Si hubiera lógica, los estudiantes, inclusive aquellos que tomaban parte en la absurda protesta, se deberían autocensurar y organizar un movimiento de repudio similar a los que montan cuando la Policía, en defensa del orden, los frena en sus peligrosas manifestaciones. Ser víctima del estallido de una bomba destinada y nadie puede negarlo a destrozar a la fuerza pública, en un régimen democrático que ha concedido a la oposición los máximos derechos, es absurdo. Aun en estas demostraciones nos estamos quedando atrás. Se protesta en las universidades de otros países por hechos concretos. En Colombia todavía la batalla es contra el sistema.”

Es así como el Periódico El Tiempo hacía el análisis de la muerte de “La Negra”, como sus compañeros la llamaban, joven estudiante de 22 años que cursaba último semestre de Trabajo Social, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Ella, joven anarquista, se encontraba junto con otra compañera realizando su tesis de grado titulada “Descripción y análisis de los grupos políticos que han hecho presencia en la Universidad Nacional en el periodo 1985-1991”, y por ello estaba esa tarde del 16 de Mayo, protestando en conmemoración de la masacre y desaparición de estudiantes que se produjo en ese mismo campus, 7 años antes, ese campus que ella y sus compañeras transitaban cada día.

Esa mañana ella y un centenar de estudiantes salieron a romper con la rutina, a enfrentar el olvido y a señalar el terrorismo de Estado engendrado en sus asesinos más visibles: la policía. Fue allí cuando un disparo y posterior explosión desconcertaron a las manifestantes, entre las cuales estaba ella. Su cuerpo cayó en la entrada de la calle 45 y fue trasladado a un centro de Urgencias donde falleció. Su Alma y su espíritu quedaron grabados en las memorias de los estudiantes que durante décadas han participado en ese mismo punto de manifestaciones y que como ella, y bien El Tiempo lo señala, “En Colombia todavía la batalla es contra el sistema

Sigue el análisis de este medio estigmatizando la figura de Beatriz, tildándola de “niña terrorista”:

“La niña terrorista, Beatriz Sandoval, muchacha joven, agraciada, de una clase media muy común en Colombia, se enfrenta a la injusticia social. Otra, Liliana Santamaría, de condiciones similares, también cumple una tarea con el mismo fin, pero completamente contraria en su procedimiento. Mientras Beatriz Sandoval se enervaba frente a la injusticia, buscando con su protesta sangrienta un nuevo orden, su compañera en la conquista de una posible igualdad curaba a los gamines, los llevaba a su casa, les despojaba de comunes e inmundos piojos, mientras vertía desinfectantes en olorosas heridas. Una recorría el camino de la muerte; la otra el de la vida. La motivación igual. El fin diverso.”

Beatriz, estamos seguros, se enfrentaba a la injusticia social, con la academia (era reconocida por sus compañeras como una buen estudiante, no por tener un promedio alto, sino por tener una devoción al conocimiento[2]), con la palabra, con los sueños, las esperanzas. Y una muestra de ello es que precisamente estaba allí recordando a las compañeras desaparecidas y masacradas y señalando como debe ser al culpable: el sistema, que irrisoriamente el mismo medio pretende desfigurar y restarle responsabilidad, guiando a la juventud a confrontarle de manera tímida, eso sí, dejando en claro que la injusticia Social se puede “curar en forma parcial, porque totalmente es imposible…”.

Termina la noticia recitando “Para Beatriz, solo existe la oscuridad. Para Liliana, la luz esplendorosa de la bondad y la esperanza. Cabe una pregunta: Cuál camino debe seguir la juventud?”. Y es claro que para Beatriz solo existe la oscuridad, la oscuridad de la Impunidad, del asesinato extrajudicial, del crimen de Estado que con la desinformación se confabulan para olvidar.

Pero es allí donde la memoria ilumina el camino, y nos hace reflexionar ¿Cuál camino debe seguir la Juventud?, ¿Aquél ilustrado por un medio de comunicación al servicio del sistema el cuál es el portavoz de una estructura criminal y autoritaria?

Cabe reflexionar el camino que creemos debemos asumir los jóvenes, el camino constante de construcción de otro mundo, donde la competencia, el individualismo y la sed de ganancia serán cosa del pasado. Creemos que los jóvenes debemos asumir un papel crítico y revolucionario en la destrucción de este mundo de mentiras, y sus principales formuladores –los medios masivos de comunicación- por ello creemos que el movimiento social debe ser su propio constructor de medios de difusión y de forjadores de opinión, haciendo un trabajo crítico, difundiendo la voz de las oprimidas y desposeídas, construyendo Comunicación para la confrontación.

[1]                Nota publicada el 19 de Mayo de 1991 en El Tiempo. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-85766

[2]        http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-85134

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