Lucha de Clases y la Geopolítica Imperialista de los Estados Unidos: El caso Colombiano

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Vive y no esconde el bárbaro sus tenazas de hierro
y el verdugo y la silla, y el g-man y el encierro.
Monstruo de dos cabezas bien norteamericano,
una mitad demócrata, otra republicano;
monstruo de dos cabezas, mas ninguna con seso
no importa que nos hable de alianza y de progreso[1]

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El presente escrito es una modesta contribución a los debates al interior de las Ciencias Sociales (o lo que queda de ellos) revisando algunos conceptos que hoy en día brillan por su ausencia de manera intencionada en las discusiones académicas. En efecto, bajo el dudoso argumento de encontrarnos en una “nueva era”[2] se arguye que muchas de las producciones teóricas desarrolladas en el pasado no tienen vigencia alguna como lo es el caso de los conceptos de Lucha de Clases e Imperialismo, cuestión que para quien escribe estas líneas, no es otra cosa que el premeditado intento por socavar las implicaciones sociales, políticas, económicas, ambientales y culturales que conllevan reconocer estos postulados en aras de sostener el ordenamiento capitalista contemporáneo. Por esta razón y omitiendo la fantasía del posicionamiento neutral tan de boga por estos días en los debates dentro del ámbito educativo, dedicaré los siguientes párrafos a explicar de manera breve el porque los conceptos mencionados anteriormente siguen siendo útiles para la comprensión del mundo en el que vivimos a partir del análisis de la acción geopolítica imperialista de los Estados Unidos para América Latina, haciendo un especial énfasis en el papel de Colombia en dicha dinámica.

I.Revisando los conceptos:

 Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre[3]

La tradición del concepto de Lucha de Clases tiene sus cimientos más reconocidos en los aportes de Marx y Engels[4] abriendo consigo una riquísima y variopinta gama de interpretaciones a partir de las afinidades políticas, incluso, en otras corrientes ideológicas claramente diferenciadas como lo es el caso del anarquismo[5]. No obstante, el concepto de Lucha de Clases también ha sido objeto de profundas malversaciones ya sea dentro de la derecha o algunos sectores de la izquierda quienes mayoritariamente le han reducido a una estrechez economicista. Sin embargo, un ejercicio de justeza con los planteamientos que dieron origen a dicho concepto debe avocar a interpretarlo de manera amplia como las tensiones que se expresan en:

(…)una serie de relaciones más o menos serviles impuesta por un pueblo a otro a escala internacional, por una clase a otra en el ámbito de un país y por el hombre a la mujer en el ámbito de la misma clase.[6]

De esta forma, la Lucha de Clases es una conceptualización que no sólo abarca los antagonismos entre ricos y pobres como usualmente se asume, sino que, se extiende por todo el corpus del conflicto social y sus múltiples manifestaciones otorgándoles los matices históricos que den lugar. A partir de ello podemos afirmar que:

(…)cada individuo (e incluso cada grupo) está situado en un conjunto contradictorio de relaciones sociales, y cada una de ellas le va asignando papeles distintos. El sistema capitalista mundial, lejos de basarse en una sola <<relación de coerción>>, es un entramado de <> múltiples y contradictorias. Lo que decide la colocación de un individuo (o de un grupo) en el campo de los <> o el de los <> es, por un lado, la jerarquización de estas relaciones sociales con arreglo a su relevancia política y social de una situación concreta y determinada, y por otro la opción política del individuo (o del grupo). [7]

1En ese sentido, hablar de clases sociales hoy en día implica comprenderlas como configuraciones diferenciadoras con un pilar en las relaciones económicas más allá de los medios de producción integrando al mismo tiempo condiciones objetivas y subjetivas haciendo que aunque tiendan a ser cerradas su composición no sea hermética. Esto es importante tenerlo en cuenta ya que nos permite evidenciar que existen distintos niveles de explotación[8] los cuales poseen una dinámica de superposición e interdependencia en contravía de aquellos cultores de la ciudadanía global y otras jerigonzas de tufillo neoliberal según las cuales la morfología del capitalismo contemporáneo habría logrado difuminar en el magma social aquellas condiciones que posibilitarían antagonismos dejándonos a todos en igualdad de condiciones ¡como si fuese lo mismo ser una mujer esclavizada en una maquila de Guatemala que una mujer trabajadora en Canadá!.

De igual forma, así como el concepto de Lucha de Clases sigue siendo vigente en tanto responde a realidades concretas, el de Imperialismo también lo hace en la medida que ambos responden a estrecha relación con el desenvolvimiento del sistema vigente. Empero, es importante aclarar que la reivindicación del concepto que aquí se hace no corresponde a la visión ascendente propuesta por Lenin como fase superior del capitalismo, en rigor, nos referimos a “la lucha entre estados-naciones capitalistas por el dominio del sistema-mundo capitalista en expansión. Quien logra ejercer el dominio debe mantenerlo sobre la base de la fuerza y, además, haciendo valer su hegemonía”[9].

Seguramente esta definición por si sola no diga mucho para quien no se encuentre familiarizado con el tema, por ende, es preciso dar cuenta de aquellos elementos que confeccionarían el Imperialismo contemporáneo y así facilitar su comprensión. Para tal fin, acudimos a los postulados del profesor Renán Vega[10] de quien retomamos siete aspectos fundamentales a saber: 1.explotación intensiva del trabajo en el Sur y Este del mundo, 2. protagonismo del capital financiero y la oligopolización de la economía, 3.extracción desmesurada de materias primas y recursos naturales, 4.exportación neta de capitales del Sur hacia el Norte, 5.disputas interimperialistas, 6.la avanzada militarista, 7.dominación colonial y neocolonial.

Todas estas características reposan sobre hechos materiales concretos como lo son las deudas externas impuestas a las naciones en “vías de desarrollo”, el control militar y su respectivo pillaje de las riquezas naturales en los países del llamado “tercer mundo”, entre otros, que no se dan de maneras aisladas, por el contrario, muchas veces son interdependientes y se refuerzan haciendo parte de las lógicas de dominación centro-periferia[11] constituyendo un circuito de dependencia en el que las potencias que delinean el ordenamiento mundial usufructúan ya sea por concesión o por imposición a todas aquellas en las que vislumbren un interés particular. Desde esta óptica, entendemos que el Imperialismo es aún una categoría vigente puesto que responde a una expresión concreta de la Lucha de Clases en la que se manifiestan diversas formas de explotación propias de las contradicciones inherentes al capitalismo.

II.Lucha de Clases e Imperialismo en América Latina:

 (…)el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es,
un alma e intento,vencedora veloz de un pasado sofocante,
manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos
la pelea con las ruinas, y de las venas que nos dejaron picadas
nuestros dueños.[12]

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Para el caso de América Latina la categoría de Lucha de Clases debe ser ajustada puesto que su desarrollo no es un calco de lo acontecido en Europa cuestión que lleva otra lectura como sugiere Luis Vitale[13] para comprender el estado actual:

  • Siglo XIX: Constitución de un pacto neocolonial, exportación de materias primas y entrada de materias sin regulación alguna con el papel movilizar del capitalismo británico. Inicio de la asfixia económica bajo la figura de la deuda externa bajo el argumento del no pago a los empréstitos (con alto intereses y ventajas comerciales).
  • 1900 – 1930: Prevalencia de un capitalismo primario exportador, protagonismo del campesino y el proletariado (compuesto por diversos sectores). Se comienza a desplazar el Imperialismo ingles por el norteamericano y las clases dominantes impulsan la creación de nuevos sectores burgueses que compartirán el poder política con terratenientes para frenar el avance de los y las trabajadoras.
  • 1930 – 1970: Industrialización por sustitución de importaciones, consolidación de la industria liviana que incentiva la migración campo-ciudad. Emergen capas medias y se fortalecen los sindicatos, adquieren visibilidad las luchas de los pueblos originarios junto con las mujeres y los estudiantes. Surgen movimientos nacional-populistas como medida de contención de la clase trabajadora a su vez que se configura una dependencia a partir del crecimiento de la deuda externa y las inversiones de capital monopólico.

A partir de allí, la configuración del ciclo económico para América Latina[14] contaría con un periodo ascendente (referido a la década de los 70’s) y que posteriormente tendería a declinar e ingresar en crisis (momento actual). En este marco, las luchas entre trabajadores y capital varia en términos de alcances, intensidad, ubicación geográfica e intereses de clase. Sin embargo, pese a este entramado puede afirmarse que se ha gestado una llave operativa entre las corporaciones multinacionales, las organizaciones financieras internacionales y los Estados Imperiales, que a su vez, se apoyan en Estados colaboracionistas y testaferros configurando así el actual panorama de la dominación del continente.

En este marco la trayectoria histórica de los Estados Unidos ha estado regida por un pretendido sentido de un “destino manifiesto” según el cual se han asumido como portadores de la verdad frente al mundo. Lo enunciado anteriormente tiene expresiones concretas como la conocida “Doctrina Monroe” en la que de manera premeditada se autoadjudicaban “América para los americanos” cuestión que poco o nada ha cambiado hasta nuestros días. En realidad, podemos identificar de manera transversal que:

Los propósitos de las administraciones de EE.UU eran-y siguen siendo- dominar militarmente el continente, apoderarse de los recursos naturales de la región, mantener el control sobre las vías de transportación terrestre, fluvial y marítima y establecer líneas políticas afines a sus intereses para lo cual se valdrían de regímenes oligarcas -constituidos por la naciente burguesía latinoamericana, por latifundistas, militares y sectores de la iglesia conservadora, que se caracterizaron por ser títeres del águila imperial- así como por la aplicación brutal de la violencia, en unos casos, y la manipulación subrepticia, en otros.[15]

Toda esta correría ha hecho que el Imperialismo norteamericano busque entrometerse en las distintas esferas de la sociedad, incluida por ejemplo la cultura[16], al impulsar en el continente desde organizaciones multilaterales hasta políticas educativas, pasando por publicaciones y publicidad acorde a sus intereses como se constata en el periodo de la guerra fría con la promoción de las ideas anticomunistas que posteriormente con la caída del muro de Berlín y en la necesidad de justificar un enemigo se enfocarían los esfuerzos en contra del “terrorismo internacional”. No obstante, el rigor del Imperialismo también se expresa mediante la fuerza ya bien sea mediante la intervención militar directa, o, el apoyo a regímenes dictatoriales tristemente celebres en el continente. Todo lo anterior pone de relieve que:

La estrategia de EE.UU en América Latina no es homogénea. EE.UU entiende bien cuáles son los niveles de desarrollo económico y político de cada país y subregión. Podemos decir que ha divido la región en cuatro áreas. Con cada una de estas áreas ha establecido una estrategia propia de negociación. Este análisis heterogéneo se realiza a pesar de los elogios del Departamento de Estado en el sentido de que la región latinoamericana goza de una nueva homogeneidad producto de la existencia de regímenes electorales y democráticos.[17]

Hoy en día debería ser casi que incuestionable el carácter Imperialista de los Estados Unidos si se tiene en cuenta entre otras cosas que abarca el 50% de las 500 corporaciones multinacionales y bancos más importantes del mundo, además, es palpable su capacidad de intervención política al incidir y/o determinar la agenda de otros territorios con estrategias como el ALCA o los TLC buscando sellar el circulo de dependencia existente hacia ese país como lo señala James Petras[18]. Así pues, continuando con la línea argumentativa planteada por este autor, se puede decir que las tensiones alrededor del Imperialismo de los EE.UU frente a América Latina se condensan en cuatro básicamente: 1.disputa por los bienes naturales, 2.cuestión agraria, 3.descapitalización y 4.derechos humanos. Todo ello se conjuga en un escenario en el que por ejemplo existe un detrimento del campesinado y las economías locales a raíz de las importancias de los Estados Unidos, a su vez, que se acentúan los fenómenos de desplazamiento por la intromisión de sus emporios económicos de la mano con la militarización de los territorios que quedan a su suerte ya que hasta las administraciones se ven supeditadas a priorizar sus necesidades en consonancia de pagos nacionales como lo son la deuda externa. De esta manera verificamos con lo anteriormente expuesto tan sólo a manera ilustrativa que el papel de EE.UU se encuentra lejos de ser “un país más” dentro del ordenamiento mundial.

III.El caso Colombiano:

Procelaria de esta tormenta, ¿cuál la palabra de consuelo?
Augur de la catástrofe, ¿cuál el conjuro a tanto mal?
Profeta de la invasión, ¿cuál el remedio de escapar a ella?
¿qué dique levantaremos ante la ola de los bárbaros?
Así exclamarán las almas asombradas.[19]

El momento que vivimos actualmente de la Lucha de Clases en Colombia se enmarca en las transformaciones de la década de los 90’s[20] que implicaron un repliegue de la movilización social que tuvo que pasar a la defensiva en términos reivindicativos. En efecto, en esta época se consolida el neoliberalismo como modelo que limita las ya reducidas concesiones del Estado y posibilita la internacionalización del capital. El país vuelca su primacía a las actividades extractivas relacionadas con el petroleo, carbón y oro principalmente, todo a su vez, que se arraiga el control de empresas extranjeras (en un gran porcentaje norteamericanas) sobre dichos sectores de la economía nacional modelándolos a su antojo con la complicidad de la burguesía nacional (en su expresión tradicional o mafiosa) quien es dependiente y subsidiaria al mismo tiempo de dicha dinámica.

Con este periodo se inicia una agresiva oleada de privatizaciones bajo el sofisma de la calidad y la eficiencia en la que las empresas de servicios públicos serán las más afectadas. Se observa una transición de la economía nacional que va del sector de la industria a los servicios, y de estos al mineroenergético con la reaparición de las economías de enclave acompañadas de un proceso de contrareforma agraria que se expresa a nivel político con la perdida de interés en la producción agrícola con fines nacionales privilegiando la importanción y de esta manera socavando la soberanía alimentaria, entre tanto a nivel militar se expresa, con la agudización de la violencia en el marco del conflicto armado imponiéndose en el campo a sangre y fuego abriendo brecha para los jugosos mercados de los monocultivos (palma, caña, yuca, etc) y el tradicional sector de la ganadería. Por su parte, en las ciudades prevalecerá la precarización laboral con la desregularización del trabajo bajo figuras como la tercerización que en últimas lo que se busca es obtener mayor plus valor para quienes le usufructúan, junto con el predominio del capital financiero.

En este marco se inscribe el Imperialismo norteamericano en Colombia aunque su presencia es de vieja data y puede rastrearse desde el siglo XIX[21] con la firma de tratados por parte de presidentes abyectos que daban rienda suelta a la intromisión de los EE.UU sin mayor restricción, pasando por la vergonzosa perdida del canal de Panamá a comienzos de siglo XX o la implementación del plan Lasso (Latin American Security Operation) en la década de los 60’s, entre otros acontecimientos de los cuales no nos ocuparemos en este texto para centrarnos en el presente a partir del análisis del poderío militar y el control de los bienes naturales por parte de los Estados Unidos. Basta mirar que este país tiene:

(…)regadas bases militares por los cinco continentes. Con exactitud no se conoce la cantidad de bases que posee aunque, según un inventario oficial elaborado por el Pentágono, en el 2008 los Estados Unidos tenían 865 bases en 46 países, en los que desplegaban 200 mil soldados. Sin embargo, algunos de los que han estudiado con detalle el asunto sostienen que el número total de bases es de unas 1.250, distribuidas en más 100 países del mundo.[22]

Para el caso Colombiano el papel de los Estados Unidos es igualmente significativo ya que recibe de este el mayor apoyo militar a nivel de América Latina y el tercero a nivel global (la lista la lidera Israel y Egipto) materializándose en el ejercicio del control efectivo de nuestro país gracias a las siete bases militares que tiene a su disposición junto con las fuerzas de tarea conjunta (Omega, Pegaso,Apolo, Poseidon, Kyron, Vulcano) que funcionan a conformidad de sus intereses, que no son otros que bajo la careta de la lucha contra las drogas, asegurar el acceso a los bienes naturales del país y del continente, a su vez, que se neutraliza cualquier amenaza para ello como lo pueden ser los grupos insurgentes. En consecuencia, no es de extrañar que:

(…) entre 1998 y 2008, unos 72.000 militares y policías de Colombia fueron adiestrados por personal de los Estados Unidos, lo que hace que Colombia sea el segundo país del mundo, después de Corea del Sur, en recibir este tipo de entrenamiento; en la actualidad operan en territorio colombiano 1.400 militares y contratistas (un eufemismo de mercenarios) de los Estados Unidos, cuando a comienzos del Plan Colombia se había dicho que solamente serían 400; la Embajada de los Estados Unidos ha crecido de tal manera en cantidad de personal administrativo, militar y de espionaje que es la quinta más grande del mundo; el Plan Colombia había costado hasta 2008 66.126 millones de dólares.[23]

En efecto, el interés de los EE.UU radica como se mencionó anteriormente en el control de los bienes naturales del continente expresados en las fuentes energéticas tan necesarias para casi cualquier actividad en el marco de los niveles de consumo en el capitalismo, pero además, las reservas hídricas y ambientales puesto que en ellas reside la capacidad de conservación del futuro, y por ende, también de control y poder. La importancia de Colombia en la geopolítica Imperialista se puede constatar con algunos ejemplos: por una parte su localización geográfica posibilita el acceso a diversos puntos de interés como lo es el caso de Venezuela ya que es el país con las mayores reservas de petroleo del mundo, además, también es relevante el papel de Colombia por su presencia en el llamado “corredor biológico de suramericano” el cual es una de las mayores fuentes de biodiversidad a escala planetaria que entre otras cosas porque es un excelente banco de diversidad de semillas y saberes culturales originarios de los cuales grandes emporios farmacéuticos se sirven hoy en día, por otra parte, el país es también un territorio que a la fuerza ha sido acoplado para destinar grandes extensiones a los cultivos tipo exportación como lo es el caso de la palma aceitera, entre otros, en los que convergen capitales nacionales y extranjeros en su explotación, y ni que decir, de la apropiación de fuentes hídricas ubicadas en paramos y demás de las cuales compañías como Coca-Cola se aprovechan sin mayor restricción para sus fines comerciales. A razón de esto:

Al compararse las estrategias en marcha para la extracción de recursos en áreas de alta biodiversidad, se observa que las sociedades que habitan esos territorios se ven aplastados por la mercatilización, lo que supone una modificación de su cultura que es sustituida por folklor y ecoturismo. Se les impone de nuevo el endeude, como en la época de las caucheras, por parte de los <>, entre los que sobresalen inversionistas locales, que actúan como socios y testaferros del capital transnacional, lo cual viene acompañado por la militarización y la penetración de los intereses imperialistas, con sus propias bases y armas.[24]

Bibliografía

[1]   GUILLEN,Nicolás. Las grandes elegías y otros poemas. Concejo directivo de la fundación biblioteca Ayacucho. Caracas, Venezuela. (1984). p 197.
[2]   En particular las tesis que se produjeron después de la nefasta aparición del texto “El fin de la historia y el último hombre” de Francis Fukuyama en el año 1992.
[3]   HERNÁNDEZ,MIguel. Sentado sobre los muertos. En: GARRIDO,Mariano.(Comp) Poesía como arma. 25 Poetas con la España revolucionaria en la Guerra Civil. Ocean Sur. Quéretaro,México. (2008). P 89.
[4]   La publicación del Manifiesto del Partido Comunista será un importante referente.
[5]   Ejemplo de ello es como que se ha conocido como el Anarquismo Social y Organizado.
[6]   DOMENICO,Losurdo. La lucha de clases. Una historia política y filosófica. El Viejo Topo. España. (2014). P 27.
[7]   Ibid, P 142.
[8]   Ver al respecto: PRICE,Wayne. ¿Qué es el anarquismo de lucha de clases?. Disponible en: http://anarkismo.net/article/14417
[9]   GANDASEGUI,Marco. América Latina y el Imperialismo en el siglo XXI. En: La economía mundial y América Latina. Tendencias, problemas y desafíos. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Buenos Aires, Argentina. (2005). P 171. Disponible en : http://biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/collect/clacso/index/assoc/D2771.dir/7ParteII2.pdf
[10] Ver al respecto: VEGA,Renán. Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Las transformaciones mundiales y su incidencia en la enseñanza de las ciencias sociales. V1. Imperialismo, geopolítica y retórica democrática. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá, Colombia. (2007).
[11] En la actualidad importantes aportes al respecto se encuentran en las obras del teórico David Harvey.
[12] MARTÍ,José. Nuestra América. Disponible en: http://www.ciudadseva.com/textos/otros/nuestra_america.htm
[13] Ver al respecto: VITALE,Luis. Contribución a una teórica especifica de la lucha de clases en América Latina. Disponible en: http://mundoobrero.cl/wp-content/uploads/2014/09/teoria-de-america-latina-lv.pdf
[14] Ver al respecto: PETRAS,James. América Latina: Lucha de clases y resistencia en la era del capitalismo extractivo. Disponible en: http://www.lahaine.org/mundo.php/america-latina-lucha-de-clases-y-resiste
[15] TOSCANO,Dax. El imperialismo Estadounidense contra América Latina. Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/3066.pdf
[16] Ver al respecto: IANNI,Octavio. Imperialismo cultural en América Latina. Disponible en: http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/711/6/RCE6.pdf
[17] GANDASEGUI,Marco. Op cit. P 186.
[18] Ver al respecto: PETRAS,James. América Latina: Imperialismo, recolonización y resistencia. Ediciones Abya-Yala. Quito, Ecuador. (2004). Disponible en: http://repository.unm.edu/bitstream/handle/1928/10550/Am%C3%A9rica%20Latina%20imperialismo%20recolonizaci%C3%B3n.pdf?sequence=1
[19] VARGAS,José Maria. Ante los bárbaros. Editorial La Oveja Negra. Bogotá,Colombia. (1985). P 40.
[20] Ver al respecto: MARTÍNEZ,Vicente. Consideraciones sobre el periodo actual de la lucha de clases en Colombia. Disponible en: http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=2996:consideraciones-sobre-el-periodo-actual-de-la-lucha-de-clases-en-colombian&catid=93:america-latina&Itemid=426
[21] Ver al respecto: VEGA,Renán. MARTÍN,Felipe. Colombia y el imperialismo contemporáneo. Un eslabón geoestratégico de los Estados Unidos. Ocean Sur. Colombia. (2014)
[22] Ibid, P 78.
[23] Ibid, P 42
[24] Ibid, P 215.
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