Transmilenio 15 Años, entre la desidia y la necesidad.

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En esta semana se celebraron 15 años del sistema de transporte público Transmilenio, el cual entró en operaciones un día de diciembre del año 2000 con muchas expectativas de parte de una ciudad de basto crecimiento que pedía a gritos una estructura de transporte que mejorara la calidad de vida de sus habitantes. En palabras de la historia empresarial de Transmilenio:

“Para finales del siglo XX la situación era crítica. No existía un verdadero sistema de transporte público urbano que sirviera como alternativa al vehículo particular – lo cual incentivaba aún más su uso – y la ciudad registraba bajos niveles de competitividad a nivel latinoamericano y una insatisfactoria calidad de vida de la gran mayoría de sus habitantes”. (1)

Cabe entonces reflexionar sobre las inquietudes que en su momento se generaron con este nuevo sistema de transporte público en la capital, el desarrollo de una ciudad como Bogotá que en los últimos 50 años se ha destacado como una de las ciudades latinoamericanas con un crecimiento exponencial en cuanto a pobladoras, pero que como la mayoría de sus homologas, no da abasto a las múltiples necesidades que va generando el constante crecimiento de una periferia que acentúa la marginalidad. Como es sintomático en gran parte de las ciudades de más de 1 millón de personas en Latinoamerica, uno de los principales problemas a resolver es la cuestión del transporte, leyéndolo obviamente en clave del tránsito y/o movilidad de la mano de obra y el capital. No es de extrañar entonces, que como siempre, a las dueñas de todo solo les importen las dueñas de nada en términos económicos pues estas últimas nada tienen para ofrecer salvo su mano de obra, que para colmo de males, en muchas ocasiones deben soportar la tortura de tener que gastar 2, 3 o hasta 4 horas diarias en los desplazamientos concernientes a sus lugares de trabajo . Por ello, las dueñas de todo destinaron parte de su capacidad para “resolución de problemas” a buscar alternativas que permitan disminuir el tiempo que las obreras emplean para movilizarse, pero ojo, que lejos de una consideración altruista lo que se expresa aquí es la optimización y afán de lucro propios del capitalismo. Visto desde esta óptica es fácil comprender porque para el patrón son sus empleados quienes viven lejos del lugar de trabajo y no al contrario. Como se ha marcado en la historia: el interés económico triunfando sobre la humanidad.

En correspondencia más allá de las necesidades de las personas, la alta gerencia capitalina catapulto a Transmilenio como proyecto para desangrar las arcas públicas de la ciudad y engordar sus bolsillos por medio de licitaciones y empresas privadas que entraron a dirigir este sistema que según ellos pretendía hacerle frente a la “Guerra del centavo” propia de pequeñas y medianas empresas de transporte con la clara pretensión de monopolizar, como han logrado hacerlo, con el transporte público de la ciudad mediante el sistema integrado de transporte público (SITP) y las mismas 15 familias dueñas de las empresas operadoras. (2)

La mejor forma de ir a sus respectivos destinos y la supuesta mejoría en la calidad de vida de los usuarios de transporte público se convirtió en cotidianas vulneraciones a los derechos básicos de la población. La desorganización propia del sistema: Buses con poca frecuencia, el alto costo del pasaje y las afectaciones directas en la malla vial, resultan un viacrucis que se repite día tras día para un mayoritario cumulo de personas –trabajadoras que habitan los sectores periféricos de la ciudad- que ante el monopolio del transporte se ve empujada a utilizar dicho sistema, dejando de este modo entrever una expresión más de la lucha de clases, que se hace evidente

al reflexionar sobre para quienes está construida la ciudad – y por ende las condiciones de movilidad- , y el porqué de la configuración de esta.

Calidad, dignidad y comodidad son los tres pilares fundamentales bajo los cuales supuestamente se rige el sistema Transmilenio, no obstante, solo hace falta utilizar una vez dicho servicio para que estos principios misionales de queden por lo menos en entredicho: ¿De qué calidad se habla cuando la malla vial pagada por los impuestos de la ciudad se encuentra en pésimas condiciones? ¿De qué dignidad se habla cuando tenemos que soportar cualquier tipo de vejamenes en los buses y estaciones? ¿De qué comodidad se habla cuando parecemos “salchichas enlatadas” en horas de alta criticidad?. Y ni que hablar de otras “perlas” como la tarifa: una de las más caras de América Latina, el excesivo aumento del pie de fuerza por parte de la policía nacional destinada a salvaguardar los intereses del sector privado principal accionista del sistema, entre otras.

Para nosotras la crítica al sistema de transporte masivo capitalino transmilenio no se basa en abstracciones, por el contrario, a raíz de padecerlo en carne propia a diario sabemos que la indignación de las mayorías frente a este continuo vilipendio es también la indignación nuestra. Porque creemos que para un proyecto de ciudad digna necesariamente tenemos que pensarnos, hablar y proponer frente a él, desde acciones más posibilistas como el “colarnos”-entrar sin pagar al sistema- como cada quien asuma hacerlo, pasando por generar bloqueos , redes de usuarios, profundizar el interés en los conflictos laborales que se ejercen en esta empresa, veedurías y contralorías al sistema, tarifas diferenciales, a la par que empleamos otros medios como la bicicleta, todo en clave de ir arraigando en el imaginario colectivo la necesidad de boicotear este monopolio y encontrar alternativas de transporte realmente acordes a las necesidades de las explotadas.

Situándonos en nuestro contexto actual sin caer en el reformismo, creemos que no existe una sino varias soluciones al deplorable sistema al que nos han condenado, por eso, romper con la gallina de los huevos de oro que enriquece las arcas de las 15 familias dueñas del monopolio del transporte es fundamental. Alternativas de transporte son posibles: desempolvemos nuestros viejos caballitos de acero, caminemos en la medida de lo posible, quienes tengan carro pueden compartir trayectos de forma solidaria, entre muchas otras formas. Que el único limite para movilizarnos sea el horizonte.

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