Paro Nacional o Saludo a la Bandera

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… la huelga general no es un producto artificial, programado y decretado, sino un fenómeno histórico que se produce necesariamente en un momento determinado sobre la base de las relaciones sociales existentes. Este problema no podría ser considerado y discutido a través de especulaciones abstractas sobre la posibilidad e imposibilidad, la utilidad o la influencia dañina de la huelga general sino solamente mediante el examen de las condiciones sociales e históricas, de donde proviene ese fenómeno particular de la fase actual de la lucha de clases. Con otras palabras, se trata no de un juicio subjetivo determinado por lo que es deseable sino de un análisis de las fuentes de la huelga general desde el punto de vista de la necesidad histórica.”[1]

-Rosa Luxemburgo-

Mucho se ha hablado sobre la convocatoria que surgió hace unas semanas en las redes sociales para lanzar un inminente Paro Nacional el día 24 de Enero del presenta año. Convocatoria que algunos podrían encasillar como parte del acervo de   “nuevos métodos de lucha”, que a su vez, irían de la mano de “nuevas ciudadanías” empoderadas a través del acceso a internet en muchas ocasiones desde la comodidad de su casas. Aun así, aunque estas personas no pertenezcan al eslabón más explotado de nuestra sociedad, lo cierto es que a pesar de su condición, alcanzan a ser laceradas por el reciente paquete de medidas adoptado por el Gobierno de Juan Manuel Santos a inicios de la segunda mitad de su mandato. Lo anterior explicaría en parte de dónde surge la polémica convocatoria.

Desde un ángulo distinto, otros prefieren la interpretación según la cual estas convocatorias no son más que un impulso pasajero en algunos sectores de la clase media, que optan por pegar alaridos al son de la agenda del gobierno, es decir, solo levantan su voz de indignación cada vez que el Estado nos mete un “gol”. En consecuencia, a la venta de Isagen se responde con voces “patrióticas” cuestionando el por qué este gobierno ha prostituido la soberanía nacional a un emporio canadiense que apadrinado por Tony Blair, íntimo amigo de Juan Manuel Santos, compró por unos cuantos pesos una de las principales empresas generadoras de energía que poseían “los Colombianos”. Entre tanto, frente a la acostumbrada lucha por un salario mínimo, también se escuchan voces que se levantan para entonar las mismas frases con las que abrimos las discusiones al inicio de año: “… Todo sube menos el Salario…”. De igual manera, otros temas “menos populares” también ocupan la indignación momentánea de la que sufrimos las mismas expoliadas de siempre: La represa del Quimbo, Las discusiones entre la insurgencia y el Estado en la Habana, la reserva Van der Hammer en Bogotá, el fenómeno del niño, el aumento al IVA, el metro en Bogotá, las zonas de reserva campesina, la milenaria lucha indígena en el Cauca y un muy largo ETC….

El paro nacional o la huelga general, como lo decía Rosa Luxemburgo a inicios del siglo XX, no puede ser un producto artificial, que se nos ocurrió con el cambio de año, ni puede ser decretado por unas cuantas personalidades de las redes sociales o por esos presidentes de los sindicatos que aparecen cada tanto en los noticieros haciendo gala de frases incendiarias que llaman a las masas a una gran manifestación, pero que en términos organizativos, sigue siendo música de fondo para la trabajadora no organizada. Son llamados que se desvanecen en el aire para la mamá o el papá que está más preocupado por las lista interminable de útiles escolares de sus hijas que de salir un domingo a demostrar su indignación frente a los edificios más simbólicos del Estado colombiano.

A pesar de lo anterior, hay que insistir en ser claras frente a la necesidad de un paro nacional, el cual tome fuerza a través de procesos históricos como ha ocurrido en otras épocas tal cual como sucedió en el año 1977[2]. Lo que tiene que cambiar, es nuestra capacidad de contribuir a que este sentir sea apropiado con mayor vehemencia como para tocar las fibras de las trabajadoras que se levantan día tras día, desde las 4 am, para conseguir unos pesos que logren cubrir las necesidades y gastos que el modelo de vida que nos venden en la radio, la Tv, entre otras, imponen como única posibilidad de existir, alejándonos de aquellos asuntos que convocan a lo más sustancial de nuestro vivir.

En ese sentido, entendemos el Paro nacional como una herramienta válida para iniciar la movilización en torno a un programa de emancipación social que logre hacer tambalear los salones de discusión de la Casa de Nariño, del Club El Nogal, del Jockey Club y de otros tantos espacios físicos de poder donde los dueños país pactan los movimientos que salvaguardan sus privilegios acompañados de un buen whisky en las rocas. Empero, para lograr este objetivo debemos hacer adecuadamente todas las tareas que ello requiere, así pues, podemos afirmar que no estamos haciendo bien la tarea como luchadoras sociales si nuestra capacidad de reacción se define de acuerdo a la agenda que el Estado nos impone: ayer por ejemplo, fue la reelección de Juan Manuel Santos frente al retorno del gobierno ultraconservador de Álvaro Uribe Vélez, y lo único que se pudo hacer, fue acomodarnos a la agenda que la oligarquía más moderada y por ello más inteligente nos ajustaba. Hoy fue la venta de Isagen frente a la cual nos comenzamos a organizar y agitar semanas antes de una “subasta” que estaba definida hace mucho tiempo, mañana, podría bien ser la lucha en torno a la refrendación de los Diálogos de Paz con las FARC, o bien algo más localista, como el Plan de Desarrollo y posterior Plan de Ordenamiento Territorial de la Administración Peñalosa/VargasLleras.

“Quien se propusiese hacer de la huelga general, en tanto que forma de la acción proletaria, el objeto de una agitación preordenada, y difundiese esa “idea” para ganarse para ella, según él, poco a poco a la clase obrera, perdería su tiempo en una actividad absurda e insensata. Sería lo mismo si alguien quisiera hacer de la idea de la revolución y de la lucha de barricadas un objeto de agitación. La huelga general ha devenido hoy en día el punto central del interés vital de la clase obrera alemana e internacional, pues es una nueva forma de combate y como tal el síntoma de una profunda revolución en las relaciones y condiciones de la lucha de clases. Es una buena prueba del sano instinto revolucionario y de la viva consciencia de la masa. obrera alemana que, a pesar de la resistencia encarnizada de sus dirigentes sindicales, se gira hacia ese nuevo problema con un interés tan caluroso”[3]

Es ahora cuando se hace más que necesario leernos como movimiento social amplio, o en su defecto, si estas líneas llegasen a ser leídas únicamente por anarquistas, les invitamos a reflexionar sobre el momento en el que nos encontramos indagandonos por el papel que podríamos desempeñar frente a una situación que tiene la posibilidad de ser revolucionaria, siempre y cuando, avancemos en la toma de conciencia por parte de los trabajadores como actores principales de su propia emancipación.

Por ende, tenemos que actuar con eficacia frente al panorama que se revela ante nosotros, porque hasta para convocar un paro nacional la derecha ni corta ni perezosa nos ha sacado ventaja moviendo sus fichas, y eso, partiendo de que la iniciativa de parar este 24 de enero sea desde una posición sana de desobediencia social de aquellos que se encuentran al margen de las estructuras tradicionales, y no, como parte de la agenda de los sectores más reaccionarios de la sociedad colombiana, en cabeza del Centro Democrático. Razón por la cual podemos decir que frente a un escenario de nebulosa orientación política, esta convocatoria de indignación ciudadana, puede ser un trampolín para que la derecha tome estos espacios para promulgar sus consignas, frente a la “disidencia” en el modelo administrativo del Gobierno Santos y los Diálogos con las FARC. Será entonces la estrategia más audaz la que logre definir a que sector acumulará la iniciativa: si a la rancia clase dominante o a los intereses de quienes históricamente han sido vilipendiados en el país.

La situación se aclarará a medida que los días vayan pasando y podremos ver desde que perspectiva se juega este impulso de movilización ciudadana, de acuerdo a como se van posicionando los medios hegemónicos de comunicación, como se van perfilando los principales formadores de opinión, tanto de izquierda como de derecha.

Las cartas están sobre la mesa y el papel de las luchadoras sociales debe ser preponderante para lograr de nuevo posicionar en las discusiones con las vecinas, amigas, compañeras de estudio y trabajo, entre otras, la importancia que una huelga general o un Paro Nacional -debidamente desarrollados- , que nos permitan trazar una táctica coherente con el momento histórico que estamos afrontando y poder desarrollar una articulación que hoy en día es más necesaria y que tienda a elevar estas luchas a una verdadera situación de ruptura que transforme las míseras condiciones de existencia.

[1]                     “ANARQUISTAS, SOCIALDEMÓCRATAS Y HUELGA GENERAL – Rosa Luxemburgo” Consultado en https://www.marxists.org/espanol/luxem/1912/abril/17iv.htm

[2]             Se hace referencia al paro cívico nacional de 1977. Un importante hito histórico de la movilización social en el país

[3]                     IDEM

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