Contrainformación

NÉSTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA EL FISCAL “QUE SE NECESITA”

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Como parte de la iniciativa del Colectivo Contrainformativo Sub*Versión de hacer de la comunicación una herramienta contrahegemónica, lanzamos una nueva sección titulada “Escriben las que luchan”, en la que buscamos publicar los artículos, poemas, ensayos, entre otros materiales, enviados por aquellas personas que deseen apropiarse del espacio abriendo nuevos canales para el aprendizaje y el debate.
Iniciamos de esta manera con la colaboración de David quien nos hace llegar un articulo sobre el fiscal general de la nación Nestor Humberto Martínez. Aclaramos que su contenido es competencia exclusiva de su autor, y por tanto, no expresa la postura del colectivo. En especial, los elementos referidos a la refrendación del Estado y lo que se denomina como “política criminal”
Invitamos a todos y todas a hacernos llegar sus aportes, nutrir los debates y construir en la discusión franca y horizontal.
¡Escriben las que luchan!
Colectivo Contrainformativo Sub*Versión “

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NÉSTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA EL FISCAL “QUE SE NECESITA”

Con el potencial post acuerdo, se erige como figura de suma importancia el fiscal general de la nación, no por las facultades extraordinarias y claro ordinarias que de común se suelen atribuir, tampoco por la relevancia de su cargo en aspectos de política criminal, que no política penal, mucho menos por ser, sin duda alguna el funcionario del estado con más poder violento directo, sino por lo que significa este matizado, por no decir obscuro personaje, Néstor Humberto Martinez Neira.

No hay tal vez un mayor expositor del chaqueterismo en este territorio, como el nuevo súper fiscal. Su trayectoria como alfil del sátrapa de turno es verdaderamente conmovedora, Con el señor Virgilio Barco Vargas, con Samper, con Pastrana, Santos y hasta con el amigo Quique Peñaloza. Aunque el fiscal guarde miles de similitudes con el variopinto de las filas politiqueras de este territorio, es justamente ese recorrido perfectamente engranado en el ámbito de derecho público y privado que no derecho penal y su no relación con el tenebroso Uribe Vélez, lo que nos ocupa en esta esquela.

Primero que todo y por mera intuición se habría de inteligir que el encargado de manejar las riendas de la herramienta violenta y opresora del estado, por antonomasia, al menos debería tener cierta idea de lo que enmarca el derecho penal; pero en esta antilógica al orden no es así, tal razón a priori parece un disparate puesto que se deje librado a su suerte la manivela del órgano acusador y quien realmente aplica los lineamientos de la política criminal. Pero si se entiende que el fiscal es un funcionario politiquero que se mueve como peón al servicio del statu quo, la relevancia ebulle cuando se trata de alguien con escasos conocimientos en materia penal que no punitivista.

Hay que ubicarse en el potencial escenario del post acuerdo. Un territorio serio dirigiría su política criminal, sus estrategias de castigo hacía esferas no punitivistas, es decir hacía una aplicación del derecho acorde con las necesidades de justicia transaccional (ojo leer bien), en otras palabras, mandar el timón a orbitas de reflexión, perdón, respeto, tolerancia y verdad; premisas que no tienen una relación directa con la sed de penas dentro de muros.

Entonces en esta escena es bastante útil un elemento que no entienda las cuitas de la sociedad ni mucho menos los hilos conductores de un acuerdo de cese de parte del conflicto. Claro, en su cabeza solamente estará el pensamiento de administrar y penalizar, lo que en términos de los medios de desinformación, hambrientos de populismo punitivo es perfecto puesto que se vende la idea de que no habrá impunidad, hablando de esta en términos de peligrosísmo; el mismo Lombroso debe revolcarse en su puerca tumba al observar tal tontería.

Ahora, un engrane que cabe perfecto en un espíritu colectivo de venganza es una maravilla para las intenciones de gran parte de los sectores sociales de este lugar. Néstor Humberto no solamente es un estandarte del transfuguismo político sino además el gallardete de la no impunidad, o sea de la persecución política disfrazada de persecución penal a sectores de la oposición y a militantes y ex militantes de los grupos parcialmente convergentes en un pacto.

El icono que representa Néstor Humberto es el busto de una convergencia demagógica que gira entorno a una reconciliación con garrotes en la mano, en otras palabras el súper fiscal que todos necesitan se yergue como una solución violenta a las carestías del post acuerdo. Su fácil adecuación al entorno politiquero del país le permite con sus funciones mantener felices a todos, implantando penas, creando y eliminando tipos penales, de esta forma el aparato castigador del estado actuará no siguiendo las directrices de la política criminal y de los acuerdos sino atendiendo las peticiones de cada sátrapa.

Entonces ahora su no relación con Uribe Vélez  también es relevante puesto que dicen las voces autorizadas (jumentos de revista) que puede llegar a fungir como mediador entre esa ultraderecha opresora contra paz y la ultra derecha liberal, de todas formas, sea como fuere, Néstor Humberto, es el fiscal que todo el mundo necesita, menos el país.

Continuará.

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Reflexiones al anuncio del Cese al fuego y de hostilidades Bilateral entre el Gobierno Nacional y las Farc-Ep

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Hoy, 23 de junio del 2016 se vive un momento histórico en toda la nación, la insurgencia de las Farc-Ep y el gobierno nacional llegan a un acuerdo sobre el cese al fuego y de hostilidades de manera bilitareal y definitiva. En ese marco, es innegable la importancia que tiene este suceso en lo que concierne a la agenda política de la  organización alzada en armas desde hace 52 años.

Dadas las implicaciones propias de la guerra, se hace necesario  problematizar las repercusiones de la firma del acuerdo. La primera de ellas: el cese de hostilidades no significa el ultimo día de la guerra o el fin del conflicto como algunos han anunciado, y esto habrá que tenerlo presente, pues es innegable la existencia tanto de circunstancias como de actores armados bien sean  fuerzas rebeldes o paraestatales —sin punto de comparación—  que desbordan los alcances de pueda tener la voluntad de las Farc-EP y el gobierno nacional. A partir de lo anterior, no resulta descabellado pronosticar un recrudecimiento de las hostilidades para aquellos sectores que se encuentren fuera del marco del mencionado acuerdo.  Es más, tras este acuerdo las elites políticas y económicas preparan una nueva reacción que podemos avizorar: el nuevo código de policía y la consolidación de la criminalización de la protesta social, la ley Zidres y la contrarreforma agraria que este significa, hacen parte de un larguísimo etc’s de leguleyadas  sectorizadas que apuntan a desarticular al movimiento social y golpear a parte del mismo sobre todo si se trata de procesos independientes o autónomos.

En ese sentido lo que para un sector importante de la izquierda,— incluida  la insurgencia—  junto con grandes segmentos de la población colombiana leen como una victoria, para otras, nos debe implicar un reto que pasa por diferentes cuestiones: Primero, reafirmar en la acción  que  la agenda política de las FARC-EP no  es el derrotero de luchas sociales del país –aunque haga parte de si—y segundo,  el  fortalecimiento de  los procesos autónomos con miras a su articulación  con el fin de que a través del trabajo conjunto podamos garantizar los procesos de movilización social en medio de un conflicto de clases latente y aún vigente como se constata en la consolidación del modelo neoliberal en Colombia asentado en la explotación minero energética, la invasión del capital extranjero, entre otras circunstancias. Es un momento histórico y lo tendremos que afrontar  como tal: Una lucha de clases, apostándole al  trabajo de base y la inserción social.

¡Ay hombe! El Vallenato al son de la lucha de clases

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Son las masacres más grandes
las que vemos aquí cada día
el que no muere de hambre
lo mata la policía.[1]
 
Los platos que rompe el gobierno
los paga mi pueblo trabajando bajo el sol
 no tienen ni solar ni techo
porque su trabajo no tiene valor
se pasan la vida luchando pero este cantante de la población
seguirá con su empeño hasta alcanzarlo
para que a mi pueblo olvidado le llegue la redención
el sistema nos tiene marginados
pero hay que seguir peleando hasta ser el vencedor[2] 

[1]    Canción “Usted, señor presidente”. Interpretada por Máximo Jiménez. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6gultbdT5ek
[2]    Canción “La ley del embudo”. Escrita por Hernando Marín e interpretada por Beto Zabaleta. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=k1SFbQvCLrs

 

 

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No es  una novedad afirmar que alrededor del género Vallenato  se refuerzan algunos de los valores más retardatarios de la sociedad colombiana[1], y que desafortunadamente,  se potencian mutuamente tales como: el patriarcado, la misoginia, la homofobia, el gamonalismo, entre otros. Muestra de lo anterior fue la polémica[2] desatada a raíz del prefabricado y mercantil beso que se dieron en tarima   los intérpretes  Silvestre Dangond y Poncho Zuleta en la más reciente edición del Festival de La Leyenda Vallenata celebrado en la ciudad de Valledupar  hace tan solo algunas semanas. No obstante, a pesar de que es innegable el predominio machista y autoritario que se ha asentado históricamente en este género musical, también lo es, que tales expresiones no son destino manifiesto. Por el contrario, encontramos en el desarrollo del Vallenato referentes importantes que permiten inferir que la lucha de clases se ha enconado en su interior. Frente a esta última afirmación, dedicaremos de manera somera las líneas del presente artículo.

 

Lo primero que habría que tratar refiere a los orígenes del Vallenato en sí mismo. En efecto, su génesis puede rastrearse en el contexto del siglo XIX en el que paradójicamente predominaba la producción agrícola, pero a su vez, podría señalarse la existencia de una condición de marginalidad rural en tanto el proyecto nación era mucho más nebuloso que en la actualidad, derivando  en una precaria conexión entre las distintas regiones agudizada por las dificultades a nivel de comunicación y vías de transporte. Sumado a ello, encontramos que gran parte de la población colombiana era analfabeta, y es precisamente allí, donde el Vallenato encontrará su cuna en un ambiente en el que se carecían de medios/espacios para la  expresión de los diversos grupos poblacionales y su respectivo quehacer.

 

Así pues, los expositores primitivos del Vallenato hacían descripciones simples de su ámbito cotidiano, en ese sentido, serán recurrentes las alegorías a la vida del jornalero. Es de anotar, que estos cantos se realizaban en íntimas reuniones entre amigos o familiares al son de unos tragos, cuestión que deja en evidencia, que además de cumplir un papel como mecanismo de expresión popular de un sector subalterno, y por tanto generador de realidad, el Vallenato también constituía un eje de articulación social. En este punto, es importante hacer mención al papel del Juglar dentro de la historia Vallenato como expositor primitivo de este, ya que a pesar de lo rudimentario de su quehacer, el juglar como figura de correo ambulante entre las poblaciones cumplió un papel significativo llevando toda clase de mensajes musicalizados con un acordeón convirtiéndose en viva voz del acontecer de las regiones de la Costa Atlántica Colombiana, y precursor, de lo que posteriormente será este género musical.

 

Ahora bien, aunque progresivamente el Vallenato logró fundirse al interior de las clases populares, este proceso se centró casi que exclusivamente en la costa colombiana puesto que para aquel entonces predominaba (¿o predomina?) en el país  una valorización social y cultural jerárquica en la que primaba con total holgura las disposiciones de los llamados territorios andinos. Conexo con ello, no es de extrañar que al momento de ingresar el acordeón a territorio nacional no haya sido recibido con buenos ojos de parte de  las clases dominantes urbanas puesto que no era sinónimo de la “alta cultura” de corte europeo[3] privilegiada en ese momento, y por el contrario, el acordeón era relacionado como un instrumento referido para las clases inferiores. Cuestión que deja en evidencia que el Vallenato no sólo emerge como una expresión musical cualquiera, sino que es  representación de las pugnas sociales y culturales en el marco de las tensiones entre sectores subalternos y las elites. Muestra de ello fue el Artículo 62 de los reglamentos del Club de Valledupar –donde se reunían los propietarios de tierras, políticos y empresarios- el cual rezaba:

Queda terminantemente prohibido llevar a los salones del Club música de acordeón, guitarras o parrandas parecidas…”[4]

 

Por otra parte, en el Vallenato los elementos referentes de ser expresiones  de la lucha de clases no se limitan a las pugnas anteriormente señaladas, ya que además de las disputas por la representación, encontramos también en diversos pasajes musicales que  sus contenidos líricos constituyen  claras refutaciones frente al orden social vigente caracterizado por la injusticia, el oprobio y el despojo. En efecto, podría hablarse de la existencia de un “Vallenato protesta” casi siempre referido a cantautores pertenecientes a grupos insurgentes de los cuales uno de sus exponentes más reconocidos es Julián Conrado[5], sin embargo, estos sólo constituyen una parte de todo el crisol que compone esta expresión del género Vallenato, razón por la cual, no es casual encontrar canciones fuera de estos grupos con alto contenido social y político, especialmente, entre las décadas de los años 50’s y 80’s. Examinamos a continuación algunos ejemplos.

 

Santander Duran Escalona compuso una obra titulada “Las Bananeras” que encontró en la voz de Jorge Oñate[6] a mediados de la década del 70 su versión más popular.  En un   fragmento de la mencionada obra se dice lo siguiente: “Solo quedan los recuerdos escondidos, de las cumbias, de la gaita, la guitarra y el tambo. De las balas con  que el pueblo fue abatido en las plazas y caminos cuando la huelga estalló. Porque allá en la zona bananera, allá sufre sin queja  un pueblo soñador”. De lo anterior resaltan dos elementos fundamentales: en primera medida, se rescata la reivindicación de la memoria de uno de los hechos más significativos del movimiento obrero en Colombia como lo fue la Huelga de las Bananeras y la posterior respuesta de la oligarquía criolla que desde ese momento ya se mostraba servil, tal cual como sucede en la actualidad, a los intereses del capital extranjero. Igualmente, es importante señalar que junto con el relato, esté viene acompañado de posicionamiento, es decir, que además de relatar la historia el autor tiene la clara intencionalidad de agenciar un discurso posicionado, un lugar de enunciación que por su escritura en la que hacen simbiosis elementos propios de la cultura del Caribe y el sentir que produjo los vejámenes orquestados por la United Fruit Company, se puede afirmar que la vocación de esta pieza musical es ante todo una apuesta por enarbolar la dignidad de aquellos que sufrieron el oprobio.

Junto con los relatos históricos, encontramos otras narraciones a que pesar no referirse a un suceso puntual logran evidenciar reivindicaciones de diversos sectores sociales, que aunque diferentes en su particularidad, se encuentran ligados a partir de las condiciones de explotación que tienen lugar en Colombia. En ese marco a manera de ejemplo,  aparece la canción  “Los maestros”[7] de Hernando Marín en la que se denuncia  de forma contundente el vilipendio del que son objeto los educadores en el país negándoles la importancia de su quehacer como se constata en las siguientes líneas :

… es aquel montón de hombres y mujeres que lucha incansablemente por educar la humanidad, el maestro va a la escuela diariamente, no le importan que critiquen su aguerrida voluntad (…) También se que este gobierno les paga de vez en cuando, y otras veces por milagro les paga de mes en mes, ese es otro que no sabe agradecer quienes sus hijos tan bien que los están enseñando, no se acuerdan que fueron niños también, y sea hombre o sea mujer debe ser considerado pero como ellos tienen el poder, y las gallinas de arriba le echan flores a las de abajo

De la misma manera, Daniel Celedón Orsini compuso el tema “La lavandera”[8] como un relato  en el que se expone las duras condiciones que afrontaban  aquellas mujeres que ganaban su sustento y el de los suyos  en el ingrato oficio de lavar ropa de familias acomodadas, es de anotar, que Orsini deja entre ver de forma clara su respeto y admiración por estas luchadoras populares. Dejemos que sea la propia canción la que nos hable de ello:

Lavandera que va sufriendo y en tu silencio lloras tu quejas vas expuesta cual hoja al viento con cargamento de ropa ajena,
de pasar el agua corriendo quizás va huyendo de tantas penas y en lavasa de mundo negro se va fundiendo tu piel morena.  Lavandera manduqueando va todo el mugre de la sociedad
dale duro dale mas y mas que hay tantas cosas que deben blanquear(…)Lavandera de poca sombra nadie te nombra nadie te llama  y en tu casa hay llanto de sobra si lo que cobras ya no te alcanza
cada aurora un bojote de ropa y en cada gota se te va el alma , forjadora misión de pompa jabón que engloba desesperanzas.

Así pues,  en la misma línea argumentativa David Sánchez en “El indio Sinuano”[9]  nos muestra la realidad de otro sector social como lo es el indígena de la siguiente manera:  “Y mi tierra me quitaron de las manos, despojado quedé yo con mis hermanos, al abrigo de los vientos, relegado a los pantanos, y mi nombre destruyeron para siempre, con sus nombres bautizaron a mi gente(…)Y mi historia la contaron al revés, me dejaron pocas cosas que servir ,y lo único que queda de mi raza lo usaron para burlarse de mí”. Con todo ello, se puede dimensionar la riqueza y variedad de temáticas sociales presentes en el “Vallenato Protesta” permitiendo afirmar que su vocación no obedece es un hecho baladí, por el contrario, es una clara determinación de la existencia de compositores e intérpretes del género comprometidos con la realidad del país al margen de aquello que los referentes tradicionales que agencian el Vallenato han designado como tal.

Sin embargo,  las élites de este país tienen la particularidad de cooptar todo sentir que emane del pueblo para voltearlo hacia su propia esclavitud, en las grandes parrandas o bautizos que se hacían en las casonas de las familias más adineradas de la Costa, las cuales se caracterizaban por contratar una orquesta que tocaba solo música europea, pero que entrando en juego el tiempo y el alcohol, y posterior a que la orquesta terminaba su función, los dueños de casa invitaban a los cocineros y meseros, que tenían su propia fiesta en la cocina al son del acordeón, la caja y la guacharaca, para que amenizarán la fiesta de sus patrones.

A manera de correlato, es posible enunciar que se ha constituido con el paso del tiempo una comunidad del Vallenato que obedece a los cambios sociales y políticos propios del capitalismo que de manera inexorable afectaron las dinámicas al interior del género. En efecto, a partir de la década de los 80’s se da un proceso de internacionalización del Vallenato en concordancia con la apertura de las comunicaciones, y en general, con la gestación del modelo neoliberal que tendrá su fiel expresión una década después. En este proceso, emergerán empresas musicales que junto con integración de los artistas a los parámetros  de la seguridad para los trabajadores en términos normativos darán la apariencia de un mejoramiento respecto a quehacer, empero, no es fortuito que para esta época se den lucrativos negocios como lo es el caso de la asociación Sayco quien bajo el sofisma de la defensa de los derechos de los artistas logró constituir un monopolio alrededor de los mismos.

Desde allí se abrió la puerta a la instrumentalización del género Vallenato en concordancia con las dinámicas del mercado. Así pues, el fortalecimiento de una industria fonográfica y la proyección de los artistas como productos dentro del círculo mercantil despojaron al Vallenato de su extracción popular. Para hacerlo, el capitalismo lo fundió con otros géneros musicales, en particular, el pop[10] para irradiarlo de un aire que le diese de mayor rentabilidad en el marco de una sociedad que tiene como vector fundamental el consumo. Igualmente, el capitalismo en su búsqueda por apropiarse de la riqueza del Vallenato banalizó su contenido lírico para darle mayor preponderancia a la producción instrumental creando piezas que incentivan la fiesta, elemento que no es nuevo dentro de las dinámicas del género, sin embargo, lo que resulta novedoso es su inserción en festivales del gran envergadura en los que se mueve bastante dinero en patrocinios, publicidad, licor, entre otros. En este festín del consumo y el comercio hasta los artistas han sido transformados para poderse ofertar como productos de vitrina, en ese sentido y en especial en lo que ha sido llamado “la nueva ola”, es recurrente ver que la estética del juglar se perdió para darle paso a jóvenes con atuendos y cortes de moda que recuerdan más a yuppies universitarios antes que a representantes del sentimiento popular.

Con todo ello queda de manifiesto que la lucha de clases también se ha vivido y se vive dentro del género Vallenato. Dicha disputa va desde sus remotos orígenes como expresión propia de sectores explotados que encontraron en la música fuente importante de construcción de tejido social a partir de su cotidianidad cuestión que contó con el rechazo de las clases altas para quienes estas melodías representaban la vulgaridad del “populacho”. Pero las cosas no acaban allí, el Vallenato también ha sido la ventana para diversas reivindicaciones políticas y sociales como observamos con algunos ejemplos que no se agotan en sí mismos sino que por el contrario invitan a profundizar la investigación sobre estas obras cargadas de rebeldía. Lo anterior cobra especial vigencia en una época que le rinde culto a trivialidad y la estupidez destruyendo a su paso expresiones culturales como lo es el Vallenato al convertirlas en otro artilugio de la sociedad del espectáculo[11] que nos invita a parrandear mientras el mundo colapsa en su propia fetidez.

Que las próximas tonadas de los acordeones sean para cantarla al capitalismo: ¡Y va a caer!

[1]    Algunos episodios de la vida y obra de Diomedes Díaz son ilustrativos al respecto. Ejemplo en canciones tales como “La culpa fue tuya” y “La plata”.

[2]    Nos referimos al despliegue mediático dado al suceso, y las reacciones del público en espacios como foros y redes virtuales.
[3]    ESPITIA,Marco De León. El Vallenato. Origen y evolución. La historia bien cantada. Editorial Sic. Bucaramanga,Colombia. (2010).
[4]     SAMPER PIZANO, Daniel. TAFUR, Pilar. 100 Años de Vallenato. Editorial Aguilar (2016)
[5]    Integrante de las Farc-EP. Entre sus canciones más conocidas se destacan: “Regresó Simón”, “Nada personal”, “Palabrota”, “Bolivariando”.
[6]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=RiIusmQVaHc
[7]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=LOVpmdExx-0
[8]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=NO6hCXN3H-8
[9]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=cq3v2AfHW-A
[10]  Casos como el de Silvestre Dangond, Pipe Pelaez, Peter Manjarez, entre otros.
[11]  Concepto tomado de Guy Debord.

¿Quién la tiene Clara?

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“Porque el proceso de paz de La Habana está llegando a su punto culminante y el Presidente ha decidido conformar un gabinete para hacer el tránsito del conflicto armado al posconflicto, a la construcción de paz y de reconciliación. Hace dos años tomé la decisión, al lado de muchos sectores del Polo y de la izquierda, de dar el paso y de votar por el presidente Santos para proteger el mandato de paz, y pienso que en este momento ese mandato está llegando al punto en el que todos los que pensamos que la paz es lo más estratégico que tiene Colombia tenemos que entrar a colaborar.”

-Clara López Obregón

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Quizás resulta extraño iniciar un escrito de nuestra autoría citando a la actual Ministra de Trabajo del Gobierno Santos, sin embargo, lejos de un viraje a la socialdemocracia,  nuestra intención radica en desglosar algunos de los elementos analíticos que permitan comprender el porqué de la decisión de aceptar el cargo, de la hasta entonces Presidenta del “único” partido de oposición de “Izquierda” en nuestro país. Suspicacia debe producir el comportamiento de este personaje que desde su discurso  ha enunciado tener  como bien supremo el punto común de la Paz, y para ello,  decide apoyar el plan de gobierno de Juan Manuel Santos haciéndose parte del mismo.

El panorama desde un principio nos llena de dudas, si tenemos en cuenta que  el empalme entre el anterior Ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, otrora, sindicalista Burocrático consagrado,  será muy fácil ya que los dos han estado  en contertulio desde la Administración que “Lucho” lideró en la Capital entre los años 2004 y 2007. En consecuencia, antes que un cambio en la orientación del Ministerio, lo que factiblemente encontremos es la continuación del proyecto vigente robustecido con la ralea burocrática de “izquierda”.

En contraposición a lo que se podría llegar a afirmar, somos conscientes  del momento que estamos viviendo en Colombia y las implicaciones que derivan de la decisión de las insurgencias de negociar con el Estado la dejación de armas, entre otras acciones, como parte necesaria para generar las condiciones para que les permitan hacer política dentro de los marcos del establecimiento. Por ello creemos pertinente remitirnos a lo que  la nueva ministra de trabajo cree en que está en juego en  el actual proceso de Paz con las FARC-EP en La Habana.

En estos momentos, tres de los seis puntos establecidos en las conversaciones previas, tienen un acuerdo parcial entre las dos partes, puntos de relativa importancia si se mira lo que falta, estos son: Política de desarrollo agrario integral, participación política y solución al problema de las drogas ilícitas. En conversaciones están el resto de puntos que se consideran los más espinosos y por tanto más importantes para el desarrollo efectivo de un pacto de no agresión entre las dos partes; víctimas, fin del conflicto e implementación, verificación  y refrendación de lo pactado. Es decir, el punto crucial al que hace referencia Clara López, es el de una intencionalidad de las dos partes por concretar un cese de hostilidades y una posibilidad para ingresar a la lucha parlamentaria sin prejuicios. Tema de más complicado, pero que no logra discutir el avance de las políticas Neoliberales en el modelo de país que impulsa un gobierno como el de Juan Manuel Santos, que si se lee un poco de historia económica, va totalmente encaminado a lo que la otra “oposición”, la de derecha en cabeza del Centro Democrático, le ha apostado desde sus inicios, es decir entregar las tierras y la fuerza productiva del país a las multinacionales.

Este gabinete que bien lo dice la Ministra se ha conformado para el Posconflicto (Posacuerdo para nosotras), motivo por el cual a ella se le encomendó seguir con las políticas de gobierno, en el sector laboral, que dejo implementadas Lucho Garzón. Se adecua con los lagartos y estrategas de siempre, como el nuevo ministro de ambiente, Luis Gilberto Murillo, experto en Minería a Cielo Abierto, que tiene la tarea de ajustar el sector agroindustrial y minero-energético a los nuevos territorios que van a ser explotados donde antiguamente hacia presencia la insurgencia.

Esta táctica de los dueños del país no es nueva, siempre ha posicionado esquiroles en los ministerios de trabajo, en nuestro pasado reciente  esta senda se inaugura con Angelino Garzón, otro de los viejos sindicalistas rendidos al patrón, continuando con Luis Eduardo Garzón, y ahora una ficha que siempre ha considerado la derecha para lavar su imagen como lo es Clara López. Nada extraño recordando su procedencia de las mismas cunas que el presidente y la burguesía criolla, a sabiendas que el pellejo político en un ruedo como el colombiano no se desgasta con estos virajes ideológicos.

Y como dicen por ahí: “Recordar es vivir”. Recordamos  entonces que nuestra vida nacional está plagada de personajes que se decían estar férreamente en la oposición del gobierno, y que tristemente para sus convicciones, al ver dinero en puesticos y una vida mejor acomodada se olvidaron de ser rojos  para convertirse en verdecitos, azulitos, amarillitos y toda la paleta de colores de la que saltan de  uno a otro frecuentemente.

Pasados los acuerdos que se dieron con insurgencias desde 1988 como la Corriente de Renovación Socialista, (CRS, sector en las filas del Ejército de Liberación Nacional, ELN) parte del Ejército Popular de Liberación (EPL), Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), Movimiento 19 de Abril (M-19) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), sus dirigentes entraron a ocupar puestos de gran calibre en la burocracia izquierdista, olvidando la lucha de clases y las legítimas convicciones donde los pueblos y las comunidades debían ser sus protagonistas. Los partidos democráticos de izquierdas, las fundaciones y ONG fueron punto de escape para las personas desmovilizadas, aunque hay que nombrar también aquellas que han despreciado este camino de traición a los sectores expoliados que decían representar, y siguen intentando de una u otra forma transformar la realidad de los suyos.

Como se ha visto, después del 2000 el ministerio de trabajo ha estado en manos de supuestos personajes de “izquierda”, pero los resultados han sido lo contrario a lo que los partidistas de la izquierda parlamentaria  balbucean, en cuanto a que se han profundizado las políticas de explotación del sector trabajador en Colombia haciendo que cada vez más tengamos el vergonzoso galardón por ser uno de los países más inequitativos del mundo, esto, gracias a su imagen de progresistas, como lo dicta el manual de la tercera vía, para luego implementar políticas que van en contra de los intereses de las trabajadoras.

Es por ello que nos preguntamos: ¿Cómo estas personas pueden seguir argumentando que la vía electoral es una herramienta de disputa para la transformación social? Es igual que como el verdugo que  nos deja elegir con cual hacha quisiéramos que cortaran nuestras cabezas.

La lucha de clases debe ser el vector  por el cual deben trascender todos nuestros esfuerzos, desde abajo y con la gente, y no desde arriba con la élite. Por ello seguimos denunciando las burocracias y pseudoizquierdas burguesas anteponiendo la acción directa desde las bases.

Eso del derecho penal como la antípoda del perdón y la tolerancia

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PAZ, quimera de la humanidad inhumana,
cóndor de un Perijá palpitante,
de una Macarena inundada de desasosiego,
rio grande de la Magdalena, serranía de los Cobardes,
desierto de La Candelaria aconsejar
al carroñero que viste de frac,
al gavilán que troca balas por sonrisas.
Ay de la vida sin la paz,
paz de naturaleza,
paz de indígenas y campesinos,
paz de negritudes y mulatadas,
paz de todos, paz de no bandera,
bandera solo de paz;
Lamparones inútiles,
promesas de fastuosos pingüinos,
ajenos al no yantar de un pueblo,
clámides taponando ideologías marchitas,
ideologías pírricas que fomentan el odio entre las flores.
Maldad que se disfraza de carcajada y oropel,
zascandiles y fatuos por doquier.
Vomitemos verdades,
dar la mano sin protestar.

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Ese clamor generalizado, tal vez inconsciente por robustecer las penas parece responder al desarrollo de un enfrentamiento contra lo que conocemos como delito. Es probable que esa ira histórica que hemos guardado por más de 500 años haya empezado, de manera atávica a surgir disfrazada de violencia, esta ferocidad, no es secreto para nadie se ejecuta en dos rostros, uno, que busca atacar de frente el fenómeno de la delincuencia por medio de las denominadas vías de hecho y el otro, depositando la confianza en un estado fallido para que nos obsequie quimeras de seguridad envueltas en delitos y penas, es decir derecho penal.

La situación tiene un trasfondo supremamente complicado cuando uno se sienta a analizar la problemática desde una óptica cultural sociológica y antropológica; aunque de alguna manera, compartimos algunas costumbres, un territorio, ciertos rasgos genéticos determinados, lo seguro que es que no compartimos una identidad histórico cultural, no quiere significar esto que sea imperativo una masificación ideología o un adoctrinamiento, sino la creación o fortalecimiento de lazos de solidaridad que denoten efectivamente la alteridad, concepto necesario para forjar una colectividad fuerte.

Desgraciadamente, esa fratria que trata Freud en su texto Tótem y Tabú, está encontrando ahora días, peana en el odio y la violencia. Cuando Freud empieza su estudio antropológico con algunas comunidades de Oceanía, África y América, se da cuenta que los vínculos entre los miembros de la comunidad tienen soporte, no en los lazos sanguíneos, sino en ligaduras de solidaridad, división justa del trabajo y por supuesto en una creencia generalizada, el miedo al tótem, el respeto a ese tótem y a sus mandamientos, traspolando a hoy esa idea de las comunidades totémicas, lo único que ahora une a las personas que habitan esta tierra denominada Colombia, es ese odio casi atávico que surge en forma de violencia y revancha.

Cuando la colectividad es capaz de compartir en igual forma la victoria y la derrota histórica, hay una fuerte ligazón que posibilita la acción de cambio colectiva, pero cuando estos nexos son inexistentes, la colectividad se puede crear entorno a la violencia despiadada, no por la cantidad de sangre o viseras que sea capaz de proporcionar, sino por la deshumanización de la sociedad actual.

Cuando nos escupen en la cara la idea de que la disminución de la criminalidad no tiene nada que ver con las necesidades sociales ni con el raigambre social, surge como adalid de cambio y protección la figura del derecho penal, a más cantidad de letra muerta que establezca delitos mayor sensación de seguridad y claro, cuanto más duras las penas, esta quimera de tranquilidad crece inmediatamente.

A la par de este crecimiento, va empequeñeciendo nuestra tolerancia y esa poca de alteridad que aún se conserva y que nos permite ponernos en la posición de otro, brindándole una nueva oportunidad tras un yerro.

Nuestros niveles de comprensión frente a las conductas de las demás personas y con las actividades del estado cada vez son más bajos y por un curioso así como antitético decurso nos decantamos por el derecho penal para que solucione todos los problemas de la sociedad.

Pensar que la impunidad genera una herida hondísima en las personas es demostrar que no estamos en la capacidad de aprehender la realidad social, económica, política y cultural que ha golpeado a la población por tantos años, sino que, en términos Freudianos,  es menester unirnos en torno al odio y al castigo para gozar de una colectividad fuerte, esto, claramente no se materializa de manera consciente, todas estas actuaciones surgen de esa ignorancia colectivizada que propende por la creación de las cárceles y escuelas con la idea del escarmiento y la retribución.

La paz como bandera de las sociedades libres ha sido cambiada por una bandera policromatica que ve como su fundamento errado e individualista le prende llamas a los últimos ápices de humanidad que tiene la persona humana.

La inyección de antivalores que del derecho penal como mecanismo de control y opresión social embebe la multitud, es tan grande y tan poderoso que leyendo escuetamente las codificaciones penales, bastaría, para darse cuenta que la protección que brinda el derecho sancionador es posterior a la consumación de un hecho, es decir, es una herramienta que llega tarde, que arriba cuando ha pasado la necesidad de ayuda y que busca perpetuar construcciones burguesas y patriarcales, en otros términos: el statu quo.

Todo el fragor que se entreteje con derecho penal no es más que una reta a nuestras posibilidades de acción y pensamiento, mientras más criminalizadas estén las conductas más odio crecerá en nosotros y el perdón como la comprensión serán no más efigies de cuentos y poemas.

La situación es compleja si se analiza desde la perspectiva académica critica, la sociedad sigue clamando por sanciones y cárcel mientras seguimos muriéndonos de hambre, mientras las manías y filias continúan expandiéndose; este círculo vicioso saldrá airoso siempre, el control político que se construye por medio del derecho penal es tan grande y poderoso que examinando, sin ser concienzudos, la vida del mundo se rige por los delitos que se cree está cometiendo alguien, por lo que podría cometer, por los que cometió o por los que debería cometer, la humanidad dejo la esperanza a un lado y le sustituye por el castigo.

Por: David Torres

Reconfiguración del paramilitarismo: Entre Paro Armado y Movilización Nacional

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Hoy en Colombia asistimos nuevamente a la reconfiguración del paramilitarismo y su respectiva arremetida voraz que se ha materializado en  actos concretos que trastornan el panorama político y social del país. Se ha fraguado desde las esferas reaccionarias todo un proyecto que se mueve en distintas vías, y que en términos generales,  busca generar una etapa de recrudecimiento de la violencia atentando contra los movimientos sociales y sus apuestas políticas por la consecución de vida digna en aras de sostener la concetración del poder, especialmente, en clave del capital extranjero y el sector terrateniente.

Dos hechos cumbre marcan el derrotero de esta dinámica:  primero el paro armado convocado por las autodefensas gaitanistas de Colombia junto con la movilización convocada por el Uribismo contra la políticas de Santos y los diálogos de paz entre el Estado y las insurgencias. Estos sucesos demuestran que tanto a nivel político como militar el paramilitarismo esta robusteciendose, de una manera tal, que se puede inferir que sus estructuras luego de los acuerdos de Justicia y paz no desparecieron sino que se camuflaron en nuevos conceptos propios de la demagogía periodistica criolla  despojandoles de todo talante de criminales políticos haciéndoles parecer como meras bandas delincuenciales o Bacrim –eufemismo preferido por la caja de resonancia de este proyecto: Los medios masivos de desinformación- sin una estructura formal, la cual es más que obvio que poseen y que combina todas las formas de lucha en todos los escenarios del acontecer político nacional.

El paro armado de las autodefensas gaitanistas de Colombia se ha venido dando en diferentes regiones del país paralizando las actividades cotidianas de la población, En Antioquia: El bajo Cauca, El Urabá, la zona norte y en Medellín están bajo la amenaza paramilitar, Córdoba Bolívar y Sucre a su vez en sus territorios sufren la inclemencia de este paro que se ha manifestado  en hechos concretos, en cifras el paro armado afecto a 36 municipios de 8 departamentos del país: Cierre de vías, quema de buses, presencia armada, circulación de panfletos amenazantes, toques de queda, entre otros más que dejan entrever un proyecto consolidado que ha cegado la vida de militantes de organizaciones sociales, defensores de derechos humanos. Que en palabras de Miguel Humberto Restrepo Domínguez en escrito para el portal web Rebelion.org:

“es evidente que no se trata de Bandas Criminales, ni de clanes familiares, ni de bandidos con ejercito propio, si no de estructuras paramilitares, articuladas en un sistema de organización de redes descentralizadas, que siguen actuando con la aquiescencia o tolerancia de agentes del estado y que desarrollan un proyecto concreto de país, afianzado en el capital que se reproduce por despojo y se sirve de apoyo político legal y base social”. (1)

Lo anterior se encuentra articulado plenamente a una clara ofensiva anti-restitución de tierras pues ven en este hecho un ceño contrario a los intereses monopolistas y latifundistas.  Esto ha sido denunciado por los campesinos del sur del magdalena (2) coaccionados con chantajes e intimidaciones que generan una especie de zozobra evidente que de antaño viene alentada por las mismas estructuras paramilitares con evidente connivencia estatal, y a su vez,   todo un aparataje en el que contratan estructuras delincuenciales en las periferias de las grandes ciudades. Son “pandillas” dedicadas al microtrafico tejiendo una perfecta red entre narcotráfico, control territorial, guerra y política que demuestra que este fenómeno se ha enquistado en lo más profundo de la geografía nacional, de Sur a Norte y de Oriente a Occidente.

La movilización del 2 de abril que llevó a las calles a la reacción es un hecho bastante claro de las tácticas políticas que están usando los vedettes del paramilitarismo a la cabeza del paraco mayor: Álvaro Uribe Vélez. Este siniestro personaje que bajo un discurso supuestamente opositor a las políticas gubernamentales convocó a las calles a aquellas que creen que el contexto actual de diálogos es una farsa contraponiendo una salida militar al conflicto armado de conformidad con el personaje anteriormente mencionado que durante su gobierno sostuvo una encarnizada guerra a muerte contra las insurgencias con sus respectivas consecuencias nefastas para el grueso del movimiento social, para las insurgencias mismas y la población en general. Las consignas eran precisas y la gente que acompaño la movilización también lo fue, según un artículo del portal agencia prensa rural: “La injusticia social no movía la gente que estaba en la marcha, sus aspectos, ropa, forma de ser, no daban cuenta de gente humilde, que se ve enfrentada a situaciones de desigualdad social”(3). Así pues, es notoría la existencia de todo un plan orquestado en el cual los adalides del fascismo criollo saben muy bien como buenos zorros políticos teorizar y avanzar en su perspectiva funcional de país usando a un cumulo de voces sin conciencia de clase que se carácterizan porque sus análisis de la realidad son creados en Rcn o Caraco Vale la pena recodar al respecto cuando Bertolt Brecht señala: “El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”

En ese sentido lo que se está cociando en Colombia es  un proyecto articulado en diversas esferas que tiene como fin el aniquilamiento  de la legitima y digna resistencia. No podría ser de otra forma pues es este una inequivoca forma de organización de las elites para no perder su papel hegemónico ni el lucro que dejan sus criminales negocios basados en el despojo y en la acumulación de capital. No en vano siguen apareciendo panfletos amenazantes en donde la organización popular cada vez es más fuerte como sucedió hace una semana en el Cauca donde se desarrolla la minga de liberación por la madre tierra. Entonces, es imperativo que nos blindemos dentro de las organizaciones sociales frente a la amenaza latente que el paramilitarismo representa, también entender el verdadero carácter estratégico, táctico y centralizado que se manifiesta en estos hechos  y que demostremos en calles, barrios, universidades y campos que, pase lo que pase, seremos la chispa que incendiara la pradera y que no habrá paraco que valga, porque asi como la pradera, estos  también se incendiaran.

(1)   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=210724&titular=paramilitarismo-en-boga-

(2)   http://www.semana.com/nacion/articulo/magdalena-denuncian-intimidaciones-a-victimas-que-reclaman-tierras/468048

(3)    http://prensarural.org/spip/spip.php?article19033

Crisis Arijuna* del Pueblo Wayuu

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“…la expansión de la frontera… convirtió a la región en tierra de guerra por las fricciones entre indios y españoles, entre las distintas parcialidades constreñidas en el uso ancestral de las tierras, y entre estos grupos y aquellos que habían sido sometidos a servidumbre. En el ánimo de los nativos estaba considerar enemigos irreconciliables a todos los que habían tenido relación con los españoles, a quienes no perdonaban, solicitando siempre venganza, sin olvidarla; y cuando la conseguían, su mayor triunfo lo manifestaban quemando sus poblaciones, quizás como un símbolo que borrase la existencia de la traición tangible. Por eso en cada alzamiento.., ningún español podía atravesar sus vecindades sin encontrar la muerte; los indios de servicio formaban parte del grupo enemigo, por lo tanto no existía diferencia entre ellos.”

El análisis que hacen los medios tradicionales enviados por los grandes intereses del capital nacional, se centra en mostrar una Guajira sitiada por la sequía, la politiquería, el desarrollo de clanes políticos hegemónicos y un machismo bastante exacerbado. Es claro que todas estas son situaciones que efectivamente se presentan en la Guajira en estos momentos, pero, debemos hacer el esfuerzo de hacer un análisis más exhaustivo que dirija la atención al porqué de esta situación.

Por ello, trataremos de contextualizar un poco más la situación de crisis de un territorio con unas condiciones de supervivencia muy duras, que albergaba a una cantidad de pueblos indígenas entre los que se encontraban los Guajiro, Calancala, Macurias, Eneal, Arubas, Aliles, Sapara, Atanare, Toa y Cocina… Pueblos que supieron resistir a las guerras entre tribus, y que además, lograron resistir de manera parcializada a embates foráneos que datan desde el siglo XVI, pero que con el advenimiento de las nacientes repúblicas de Venezuela y Colombia, fueron desplazados a las tierras que hoy habitan. Por ello en la actualidad, gracias al efecto del calentamiento global, y peor aún, gracias a la codicia de la civilización occidental estos pobladores sufren las consecuencias del exterminio de su pueblo.

Sin embargo, este artículo no pretende adscribirse a la idealizada concepción que se promueve en diferentes espacios sobre el mundo del pueblo Wayuu, pero sí, en hacer hincapié en la responsabilidad de la actual crisis –que es la de siempre- a los Estados de Colombia y Venezuela.

El pueblo Wayuu es uno de los pueblos Arawak que cuenta con aproximadamente 600.000 pobladoras en la parte alta de la península de la Guajira, su economía se basaba en la caza, la pesca, y posteriormente el pastoreo de bovinos. Ubicados estratégicamente lograron desarrollar nociones frente al comercio que se abría en el siglo XVI con la llegada de algunos españoles, piratas y comerciantes del resto de Europa y sus propios Clanes.

Desde el principio lograron adaptar las experiencias políticas y culturales que desde distintos actores se les presentaban, gracias a su cepa luchadora, lograron adaptarlas para afinar su estrategia de resistencia –violenta o no- contra los navegantes que venían en busca de “Un Nuevo Mundo”. De allí aprendieron la ganadería, el comercio, la horticultura, nuevas técnicas de agricultura y el tan mentado Contrabando.

Su concepción del territorio les permitió confederarse con otros pueblos originarios para resistir frente al invasor, enfrentándose a los españoles por la necesidad de conseguir tierra y mano de obra barata. A partir de este bagaje, posteriormente en el Siglo XVIII, sostuvieron treinta años de enfrentamientos entre 1760 y 1790 contra los sucesivos gobiernos Coloniales que desde España eran enviados a “pacificar” estos territorios.[1] De ahí que “Los Guajiros” tomaran su fama de guerreros.

Con el tiempo y mejores territorios por colonizar, los españoles fueron “conviviendo” con la postura de no sometimiento de estos pueblos, hasta que las propias condiciones incidieron en ir mermando la resistencia del pueblo guajiro cuando la ganadería se volvió más extensiva y las fincas ganaderas de Valledupar y Sinamaica fueron arrinconándolos cada vez más. Además de ello, es importante resaltar el mestizaje que se produjo con otros pueblos rebeldes como los cimarrones, donde convergieron dos concepciones distintas pero afines para resistir al usurpador. Estas situaciones conllevaron igualmente al eventual fraccionamiento del territorio y su equilibrio, cuando los wayuu se enfrentaban por zonas estratégicas comercial y ambientalmente de la península.

En esa medida, cabe resaltar que este pueblo actualmente es producto de las dinámicas comerciales y mercantiles con las que fueron lentamente sometidos en su propio entorno: la actividad de la ganadería y el comercio sufrieron una gran demanda con sucesos como la construcción del canal de Panamá, o la guerra Hispano-Cubana, que lograron romper el equilibrio que durante siglos habían intentado conservar.

Y prueba de ello fueron las grandes migraciones laborales que se percibían hacía las grandes urbes cercanas, consolidando un modelo de organización territorial que arrojaba las ancestrales rancherías cada vez más cerca de las grandes urbes. Se puede decir con esto fueron arrojados a convertirse en los cinturones de miseria de los grandes territorios de intercambio de productos y servicios.

El evento que tal vez se pueda reconocer como la rendición de los pueblos guerreros ante la economía de mercado fue el periodo de alianzas que se dieron entre estos pueblos y los Estados Venezolano y Colombiano, dejando atrás siglos de luchas por su identidad y su autonomía, acoplándose a las dinámicas de un Estado benefactor, que les prometió facilidades y beneficios, como lo hizo el General Rojas Pinilla –Dictador Colombiano- que en los años 50, les prometió molinos de viento para extraer el agua del subsuelo.

Ahora en estos momentos nos encontramos con el punto de una historia que desde el principio apuntaba a este desenlace, un Estado que prometió beneficios a cambio de autonomía, un Estado que comenzó a feriar sus tierras porque eran más productivas en la extracción de minerales y gases que mantener un pueblo originario con sus tradiciones intactas, un Estado que cada tanto se escandaliza y logra hacerlo con los televidentes a partir de informes y especiales sensacionalistas que muestran cómo durante décadas se roban la plata de la salud –que el mismo Estado prometió-Un Estado que gracias a su funcionamiento arrinconó a estos pueblos valientes que resistieron al doblegamiento promovido por el imperio español, pero que desafortunadamente, si logró domesticar la rebeldía y autonomía de un pueblo que durante siglos ha logrado adaptarse a las condiciones más adversas. Por todo esto, la mencionada crisis en la península de la Guajira, no es una crisis del pueblo Wayuu, realmente tenemos que hablar de una crisis Arijuna, una crisis del hombre que no respeto la forma de ser y concebir el mundo del pueblo Wayuu.

*Arijuna= Persona extraña, posible enemigo, conquistador, que no respeta las normas Wayuu.

[1]http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/geografia/geograf2/wayuu3.htm