Jóvenes

¡Libres les queremos! – A un año de una injusta detención

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Vídeo reportaje de la actividad realizada por familiares y amigxs de lxs jóvenes víctimas del falso positivo judicial alrededor del caso Andino después de un año de su injusta detención.

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Vídeo Resumen Jornadas Conmemoración 50 años de Mayo del 68 – Medellín

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Vídeo resumen de lo que fue la jornada de conmemoración de los 50 años de Mayo del 68 celebrada en la ciudad de Medellín.

 

Lxs anarquistas y las votaciones en Colombia

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Vídeo resumen de la jornada de discusión llevada a cabo el 12 de Junio en Bogotá, Colombia, respecto al papel de lxs anarquistas en las elecciones.

1ero Mayo 2018 ¡Desde el Sur y con la Gente! (Videopasquín)

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Videopasquín de la movilización en el sur de la ciudad de Bogotá en la conmemoración de la clase trabajadora. (2018)

 

¡HAY TABLA!. EL ABSURDO DEL NUEVO CÓDIGO DE POLICÍA

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ImagenYa vamos por la mitad del mal llamado “año de la paz”, se han dado varios de  los pasos  para llegar a tal fin según el discurso oficial, ya se mencionó con bombos y platillos que “el último día de la guerra” había llegado. Y bueno,  vale la pena reconocer que efectivamente es un hecho histórico, un hito en la realidad del país -eso es una verdad a voces-,  pero decir que vivimos el “último día de la guerra” trae consigo un sesgo político, social, cultural y económico de la realidad bastante fuerte, no es más que lo que podría mencionarse en términos literarios: toda una hipérbole.

Es necesario traer esto a colación porque aunque a más de una le moleste que se cuestione el lugar común en el que se está convirtiendo el “fin de la guerra” a partir  de una que otra verdad olvidada, aparece esta oportunidad de forma perfecta para ahondar en la llaga, y como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, aquí vamos, no sin antes mencionar que más allá de molestar a quienes han expresado una particular amnesia política  y  aquellas que se identifican con las fuerzas represivas del Estado, nuestro verdadero interés es obedece al  llamado que nos hace la historia y la memoria en este complejo momento.

En primer lugar, hay que hacer el debido llamado a la memoria: Estamos en un país donde hay que mencionar, recordar y repetir lo obvio, estamos en el país donde la gente olvida fácil cuando no le toca, donde la gente vive con miedo, miedo de que la roben, la maten, la violen, la desparezcan, de decir lo que piensa, de luchar por un mundo mejor; estamos en el país donde niños y niñas mueren por desnutrición a diario, en el país en el que lo primero que le descuentan a usted de su suelo ganado con el sudor de su frente es la salud y cuando usted está al borde de la muerte por ser atropellada o por sufrir un infarto en la mitad de la calle, las autoridades lo primero que hacen es llamar a los “antimotines” en lugar de llamar a una ambulancia, estamos en el país donde los congresistas ganan casi treinta millones y usted que es profesional gana sí acaso uno.

Esto es el pan de cada día en Colombia y lo paradójico del asunto es que a la gente se le olvida y lo peor de todo, cree que vive en el país más feliz del mundo. Por esto, queridas lectoras, en este país hay que repetir lo obvio, aunque suene elemental.

Hace algunos días, salió a la luz la polémica noticia acerca de la formulación y trámite del nuevo código de policía en el país. Tan pronto esto sucedió, algunos sectores aplaudieron la iniciativa puesto que el Código de policía no había sido modificado hace más de cuarenta años y lo más plausible era buscar renovarlo; por otro lado, algunas activistas de la socialdemocracia creyeron con gran motivación que este sería el momento en que la policía daría a conocer su nueva doctrina dentro del mal llamado “posconflicto”, en el que mostrarían su inexistente faceta de una policía enfocada en una política de derechos Humanos.

Permítannos reírnos. Solamente fue conocer los primeros apartados del articulado para comprender que muy al contrario de lo que se decía, este sería la profundización primero, de la lucha de clases encarnada en la historia de este país; segundo, del cruento accionar de la policía  y por último, de la estigmatización y miedo dentro de la población de a pie. Vamos a explicar poco a poco el porqué de las anteriores afirmaciones para que después no se diga que son simplemente afirmaciones ligeras, producto de las acaloradas discusiones de la paranoia del radicalismo político.

En el artículo No. 1 del mencionado código de policía nos señalan idílicamente que el objeto del mismo no es ni más ni menos sino de carácter preventivo para el cumplimiento de deberes de las personas y determinar el poder, función y actividad de la policía, todo esto de la mano del ejercicio de la libertad de cada persona, su dignidad y de acuerdos pacíficos y de conciliación, respetando la vida, las diferencias y los derechos humanos.

Frente a esto último, el artículo 10 sobre los deberes de la policía,  en el numeral 11 menciona que la policía debe “Evitar al máximo el uso de la fuerza y de no ser esto posible, limitarla al mínimo necesario”.  De igual forma, el artículo 166 sobre el “Uso de la fuerza” señala: “Es el medio material, necesario, proporcional y racional, empleado por el personal uniformado de la Policía Nacional, como último recurso físico para proteger la vida e integridad física de las personas incluida la de ellos mismos, sin mandamiento previo y escrito, para prevenir, impedir o superar la amenaza o perturbación de la convivencia y la seguridad pública, de conformidad con la ley” , esta afirmación igual que en el párrafo anterior, no sólo es idílica sino que también deja abierta la puerta de la confusión  y poca claridad respecto a la realidad puesto que llega a preguntarse: ¿Cuál es el mínimo de fuerza necesario para un policía?

Esto adquiere notoria relevancia cuando se tiene presente que la policía es uno de los actores más violentos hoy en día en el país.¿Será que un policía pensará esto cuando las marchas universitarias, de indígenas y trabajadoras se manifiesten? Pagamos por ver…

En este sentido, el código en mención nos enlista una serie de comportamientos que no debemos realizar (artículo 35) procurando homogeneizar el comportamiento de las personas, pues afectan la “armónica” convivencia de las calles y campos del país. Así que, queridas lectoras, cuidado con lo siguiente: Si usted se atreve siquiera a desacatar, desconocer e impedir la función de la policía, hay tabla. Si usted impide, obstaculiza o se resiste a permitir su identificación e individualización por parte de la policía, hay tabla; si usted se niega a darles información sobre su lugar de residencia, domicilio y actividad, hay tabla; si se niega a una requisa, hay tabla, si protesta sin pedir permiso, hay tabla…

No contentos con que tengamos que quedarnos calladas con cuanta cosa se le ocurra a la policía en aras de la seguridad ciudadana, han logrado profundizar la estigmatización de la población de a pie, porque es que ¿A quién no le da desconfianza decirle a un policía dónde vive y trabaja? ¡A cualquiera!, ¿A cuántos que tengan el pelo largo, con pintas de hippies, metaleros o punkeros no los han requisado y de paso una que otra vez golpeado “porque si”, porque al policía le pareció “sospechoso”? ¿De qué? Vaya uno a saber.

¿Cuántos no han tenido que ganarse una noche en UPJ por atreverse a desconocer o desacatar alguna desfasada disposición  de la policía? A muchos. Pues con el código esto tendrá respaldo legal, es decir, seguirá su detestable autoritarismo pero bajo el amparo de la ley.

Por su parte, los vendedores ambulantes no podrán ocupar el espacio público. La multa será de 91.928 pesos, unos 4 SMDLV; los grafitis están prohibidos. La policía podrá imponer multas, pero “no emplear la fuerza”, ni decomisar los elementos usados para el grafitis. El infractor deberá reparar los daños y pagar una sanción de 8 SMDLV (183.856 pesos).[1] Esperamos por tanto que no haya más casos como el de Diego Felipe Becerra, un joven asesinado a manos de la policía por realizar un grafiti en una de las calles del país.

Asimismo, quien destruya, manipule, altere o fuerce las puertas o sistemas de acceso en un sistema de transporte masivo (estaciones, buses articulados, metro, tranvía, vehículo férreo, cable aéreo) o vehículos de servicio público o urbano de pasajeros la multa será de $367.709 . Por agredir, irrespetar o desafiar a un policía, por llamadas que se hagan a la línea de emergencia 123 que sean para realizar bromas o por agredir física o verbalmente a miembros de la comunidad LGBT la multa será de $735.418.[2]

 Además, con el código lograron llevar a esta instancia la regulación y criminalización de la protesta social. En el Capítulo II de “Expresiones o manifestaciones” nos dicen en pocas palabras que existe constitucionalmente el derecho a la protesta, pero para que esto sea posible usted debe pedir permiso para hacerlo. Algunos dicen: “no es un permiso, simplemente es avisar a las autoridades que la manifestación se va a realizar”. ¿Avisar?, ¿Nos damos cuenta del carácter de esta afirmación? Es como cuando nuestros padres nos han dicho: “Esta bien, no me pida permiso, pero avíseme dónde y con quién va a estar para buscarla en dado caso”. De igual forma, el aviso debe ser de carácter formal, por escrito, en él debe indicarse el día, hora, sitio y recorrido de la manifestación; es decir que el factor sorpresa que mayoritariamente caracteriza a una manifestación queda anulada, ¡Quién dijo que para protestar hay que pedir permiso!

Asimismo, este permiso debe estar firmado al menos por tres personas, quienes serán en cierto modo las responsables de la manifestación. ¿Quién se “embalará” con esto? Habrá que ver. ¿Qué pasará con estas personas en dado caso de que la manifestación “se salga de las manos”? Ya lo estamos imaginando. Por último, el código es muy claro al señalar que: “Toda reunión y manifestación que cause alteraciones a la convivencia podrá ser disuelta” (artículo 52). Queda en el aire el cómo y el cuándo, aspecto bastante delicado teniendo en cuenta nuevamente los antecedentes de tan repudiable institución como lo es la Policía Nacional.

Algo que parece bastante curioso y hasta risible es el artículo 54 que menciona a modo de premio de consolación sobre la “protección del ejercicio del derecho de reunión y manifestación pública frente a señalamientos infundados. Con el fin de amparar el ejercicio del derecho a la reunión o movilización pacífica, queda prohibido divulgar mensajes engañosos en torno a quienes convocan o participan en las manifestaciones, así como hacer públicamente señalamientos falsos de la relación de los manifestantes con grupos armados al margen de la ley o deslegitimar por cualquier medio el ejercicio del derecho constitucional de reunión y manifestación pública y pacífica”. Ajá y ahora nos preguntamos ¿Acaso se van a autoseñalar, autocastigar, autocriminalizar? ¿Cómo van a impedir que esto suceda si son ellos quienes lo hacen?, este artículo fue a todas luces una palmadita en la espalda para la gente que lucha y se manifiesta.

A modo de información o notificación, el código menciona que la fuerza disponible (como ya fueron “avisados”) estará siempre presente en una movilización supuestamente teniendo en cuenta todo el protocolo de seguridad y derechos humanos.Por su parte, los antimotines “sólo serán enviados cuando no sea posible por otro medio controlar graves  e inminentes amenazas a los derechos”, es decir que cuando lleguen los escuadrones de la muerte, arribarán a cumplir su función en esencia: “Tirar a matar” con el fin de “salvaguardad la seguridad y los derechos de la ciudadanía”¿Quién se los va a impedir?… ¡Vaya perlas las de este código de policía!

Finalmente, en cuanto a las medidas correctivas, el código nuevamente nos enlista algunas categorías y procedimientos que procederán para llevar a cabo sus funciones, las cuales debemos prestarles también mucha atención a algunas de ellas:

 1) Las órdenes de policía: Las órdenes podrán ser verbales o escritas y  serán de obligatorio cumplimiento, ya le han advertido en artículos anteriores que usted no puede negarse ni desobedecer las órdenes de un policía o hay tabla;

 2) Traslado por protección: Cuando la vida e integridad de una persona o de terceros esté en riesgo o peligro, el personal uniformado de la Policía Nacional, podrá trasladarla para su protección o la de terceros (artículo 155), es decir que cuando una persona en estado de indefensión o de alteración de la conciencia por consumo de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas, cuando esté involucrada en riñas o situaciones similares será conducido a un CAI para “protegerla de cualquier peligro de la calle”. Cualquiera diría que la policía tiene corazón con este artículo. Pero, querida lectora, si usted es de las que le gusta tomarse sus traguitos, recuerde que primero, no puede consumirlos en un espacio público, pues también habrá tabla, y además si es de las que deambula por ahí con su “parche”, y si se encuentra a algún policía será conducida de inmediato al CAI más cercano, y por último recuerde, si se resiste, hay tabla.

3) Medios de apoyo: “El personal uniformado de la Policía Nacional podrá utilizar medios de apoyo de carácter técnico, tecnológico o de otra naturaleza, que estén a su alcance, para prevenir y superar comportamientos o hechos contrarios a la convivencia y la seguridad pública”. Con esto queda claro que cuánta cosa se le ocurra lanzar a la policía y al ESMAD a la población frente a un reclamo, queja, o movilización está permitido por este código con el fin de superar algo que esté en contra de la “seguridad ciudadana”.

Es decir que si no hacemos algo pronto al respecto seguirán existiendo víctimas por el brutal accionar de la policía y el ESMAD, se profundizará gracias a este permiso que el escuadrón de la muerte recibe con el código. Basta con  recordar la muerte del estudiante de la universidad Distrital Miguel Ángel Barbosa en los últimos meses, quien fue asesinado por el ESMAD en una manifestación, pues se confirmó hace un par de días por el dictamen de medicina legal que Miguel Ángel fue asesinado[3]. Asimismo, el desarrollo del actual paro camionero, el cual ha sido reprimido fuertemente por el escuadrón de la muerte, que  haciéndole “honor” a su nombre la semana pasada asesinó a uno de sus manifestantes en Duitama, Boyacá, uno de los epicentros de la protesta camionera. Tan pronto se conoció la apenada noticia, los medios de comunicación salieron a decir que este había muerto a causa de manipulación de explosivos, sin embargo, medicina legal señaló que la muerte había sido causada por impacto de gas lacrimógeno en su rostro, ocasionándole la muerte. Las evidencias son claras, el ESMAD en lo que lleva de transcurrido el año ha asesinado (de forma comprobada) a dos personas en medio de manifestaciones en pro de mejores condiciones de existencia.

4) La asistencia militar (Artículo 170) el cual legaliza lo siguiente: “Es el instrumento legal que puede aplicarse cuando hechos de grave alteración de la seguridad y la convivencia lo exijan, o ante riesgo o peligro inminente, o para afrontar emergencia o calamidad pública, a través del cual el Presidente de la República, podrá disponer, de forma temporal y excepcional de la asistencia de la fuerza militar”.

Es en particular en este último  artículo en el que se profundiza la doctrina y complicidad existente entre las Fuerzas Militares y de policía del país, las cuales apuntan a un mismo lugar en el que buscan controlar el orden y salvaguardar la seguridad ciudadana y nacional a como dé lugar, utilizando los medios que sean necesarios para tal fin manipulando el discurso de la convivencia y resolución pacífica de conflictos en medio de un momento histórico de “posconflicto”. En este sentido, es evidente que las instituciones armadas ya no se fortalecerán en primera medida para atacar a ese enemigo interno llamado “guerrilla” sino a todo aquellos que desobedezcan a la autoridad y se posicionen en contra de su doctrina por los medios pacíficos o no pacíficos.

Es cierto cuando algunos expertos mencionan que “Vamos a tener problemas por el criterio vago con el que se redactaron algunas disposiciones del nuevo código de policía y la paridad del elemento para que el policía determine cuándo una actividad es temeraria. Se han dejado conductas muy abiertas para que la Policía las interprete a su criterio. Eso va a traer problemas porque se interpretarán de varias maneras (…) Un código ambiguo no es lo único (…) con la nueva ley se pretende homogenizar a la sociedad y crear un solo patrón de conducta, lo que es imposible por aquello de las libertades individuales”[4].

De igual forma, se vislumbran algunos de los matices de la lucha de clases pues, es evidente que quienes son señalados, perseguidos, requisados, maltratados y asesinados por la policía son personas pertenecientes a las clases explotadas, asimismo, los policías generalmente provienen de familias pertenecientes a esta misma clase social, sin embargo, son quienes defienden los intereses de las clases explotadoras a costa de innumerables vejámenes en contra de la población vulnerada.

Así que, una persona de la clase explotada que se manifieste en contra de las políticas de las clases que la mantienen en esa condición, deberá seguir pagando, profundizándose los abusos sociales, políticos y económicos de un sistema que las oprime cada día más y en el que ahora también deberán pagar innumerables multas, que si no son saldadas en el plazo de un mes, generarán unos intereses al respecto y así, el circulo vicioso de la pobreza continuará reforzándose.

 Cabe resaltar que nuestra crítica a diferencia de algunos sectores, no va encaminada únicamente a la reforma del estatuto policial, pues desde que las desigualdades del sistema mundo se perpetúen, habrá gente rica que le pagará a gente pobre para que controlen, persigan y reprendan a la otra gente pobre que se plantee una solución para esta realidad. Sabemos que la policía y las fuerzas militares están ahí para perpetuar el (Des)orden. Por esto, la invitación queda abierta a que sigamos movilizándonos, sigamos protestando ante cada situación de injusticia, sigamos cuestionando el status quo, sigamos incomodando el sistema y sus fuerzas represivas, sigamos apoyando las justas causas de quienes son reprimidas a diario, sigamos buscando alternativas al capitalismo y a la represión, sigamos buscando mejores condiciones de existencia abriendo paso a nuevos proyectos de transformación y lucha, pues esto es lo único y más valioso que nos queda en un mundo como este y en un país donde hay que repetir lo obvio.

[1]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134
  [2]http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/sigue-polemica-por-nuevo-codigo-policia-aprobado-camara
[3] http://www.contagioradio.com/dictamen-de-medicina-legal-confirmaria-que-miguel-angel-barbosa-fue-asesinado-articulo-26185/
[4]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134

Memoria y Lucha de Clases. A propósito de trágicos sucesos del movimiento estudiantil en Colombia.

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El destino se muestra en cuanto observamos una vida
como  algo condenado, en el fondo como algo
que primero fue ya condenado y, a continuación,
se hizo culpable. Walter Benjamin

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Marzo es un mes particularmente trágico para la memoria del movimiento estudiantil  colombiano en su expresión contemporánea. En efecto, son al menos seis las muertes registradas en los últimos 10 años ( Oscar Salas[1] , Andrés Arteaga[2]  ,  Ricardo Molina[3], Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón[4]) en sucesos que se han visto teñidos por toda clase de polémicas  alrededor de las circunstancias, móviles y personas involucradas. Ello no debe causar extrañeza si tenemos en cuenta que a pesar de las diferencias espaciales y temporales que caracterizan cada uno de los sucesos, igualmente, existen algunos elementos a saber que les hacen vinculantes entre sí: ser jóvenes, provenir de extracción popular, estudiar en Universidades Públicas, y ser poseedores de un pensamiento-acción crítico frente a la decadente situación del país. De manera pendenciera, los medios de (des)información masiva han promovido un discurso tendiente a construir un imaginario colectivo en el que se estigmatiza como enemigo del bienestar social todo aquel sujeto que posea las características anteriormente enunciadas, todo a su vez,  como parte de la táctica  que busca justificar la represión de la que son objeto estas personas, agenciada de igual manera y de forma premeditada, desde las altas esferas del poder.

 

Así pues, queda de manifiesto que el desenvolvimiento de la lucha de clases también se da en el plano de la memoria puesto que la disputa no se limita únicamente a los recuerdos de ciertos eventos y/o personajes, en el fondo, de lo que se trata es de la mutilación de los significados de los proyectos de resistencia forjados en las clases explotadas por parte de la elite dominante, y  a su vez, la férrea defensa que dan  dichas clases por hacer viva acción las connotaciones  de su memoria pues es allí donde reside el sentido de su quehacer.  En otras palabras, la memoria no sólo es recuerdo del pasado, es ante todo, guía para el presente y el futuro de quienes la agencian. Semejante disputa no es una cuestión exclusiva  de nuestro territorio, por el contrario, es la naturaleza del capitalismo que se erige como:

 

“una máquina eficiente de segregación, o podría también decirse, de inutilización de las memorias de las víctimas. Y también, una máquina capaz de obtener un alto grado de perfeccionamiento en la construcción insoslayable de sus nuevas víctimas, es decir, en la creación de unas víctimas que ya no saben que lo son, o que el dolor ya no existe en ellas”.[5]

 

Es a raíz de lo expuesto que se hace comprensible el afán de las clases dominantes en Colombia por apropiarse de la memoria de las víctimas deslegitimándolas mediante la injuria y la calumnia pues la función de tal proceder está ligado a encubrir el status político de las víctimas como parte del proceso de subyugación del que son objeto. De esta forma, la elite del país impone  relatos ficcionales que nublan las representaciones que las víctimas elaboran sobre la memoria, y a partir de allí, buscan minar el camino mediante el cual se construyen los pensamientos, sentidos y reflexiones que posibilitan nuevas conciencias que materialicen los proyectos de sociedad alternativos al imperante despotismo capitalista.  Bastará repasar brevemente la presentación de los casos en los medios masivos de (des)información para constatar lo señalado.

 

El 8 de Marzo de 2006 en medio de unas protestas en la Universidad Nacional de Colombia es asesinado Oscar Salas, estudiante de Lengua Castellana de la Universidad Distrital, producto de una canica que ingresó por uno de sus ojos al estallar una recalzada arrojada por un integrante del E.S.M.A.D (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) como se ha relatado en algunos medios[6]. Desde entonces, es mucho lo que se ha dicho en relación a la brutalidad con la que opera este organismo que lejos de la retórica de controlar el orden público, ha demostrado con nefasta suficiencia, que su función real es la represión cruda y descarnada midiendo resultados en términos de heridos y asesinados en el marco de la legitima protesta. De manera paralela, los grandes emporios de la comunicación han guardado un silencio cómplice que ha terminado por calar en la mayoría de la población, incluida la propia Universidad Distrital en la que estudiantes y docentes por desconocimiento u omisión, han desterrado la memoria de Oscar Salas del discurso colectivo salvo algunas excepciones de esfuerzos minoritarios principalmente de allegados al joven estudiante. No siendo suficiente con ello, la madre de Oscar, Ana Benilda Ángel, ha recibo toda clase de amenazas[7] a raíz de su perseverante trabajo alrededor del esclarecimiento del asesinato de su hijo con lo cual queda de manifiesto el interés de quienes están detrás de la muerte de Salas por acallar cualquier resquicio de memoria sobre la impunidad que ha revestido este suceso.

Pasarían cinco años para que otro suceso en el mes de Marzo volviese a enlutar el ya trajinado movimiento estudiantil en Colombia, esta vez, el epicentro sería la Universidad de Nariño en la ciudad de Pasto. Cuentan los testigos, que una fuerte explosión conmocionó el centro educativo la noche del 29 de Marzo de 2011 en la que resultaron heridos 8 estudiantes, de los cuales tres fallecieron posteriormente, siendo el primero de ellos Andrés Arteaga a tan sólo dos días después de los trágicos acontecimientos (sus compañeros Vanesa Calvache y Luis Guillermo Hernández lo harían en las semanas siguientes[8]). Un día después, se presentarían fuertes protestas en diversas universidades de Bogotá, Tunja, la Costa Atlántica y Medellín como rechazo a la reforma de la ley 30 que se comenzaba a avizorar; rápidamente,  la maquinaria de (des)información criolla vinculó estos hechos con los acaecidos en la ciudad de Pasto y difundió declaraciones con la clara intención de estigmatizar. Ejemplo de ello  seria  las del aquel entonces Vicepresidente de la república Angelino Garzón cuando afirmó: “una cosa es la protesta y otra la criminalidad(…)todas estas expresiones de violencia, que son contrarias al espíritu crítico estudiantil, conllevan a que las universidades se conviertan en escenarios de guerra”[9]. De la misma manera, el discurso macartista tuvo su expresión local en uno de los decanos de la Universidad que contó con amplia difusión de medios como Caracol Noticias que hacían juego con las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos quien a través de Twitter señaló: “el gobierno no va a permitir que la violencia de unos pocos se apodere de las universidades(…)se actuará con toda la contundencia”[10], sin embargo, a pesar de toda la turba inquisidora que se levantó en este episodio, vale la pena recalcar la actitud de quien auspiciaba como rector de la Universidad de Nariño, el señor Silvio Sánchez Fajardo que de manera decorosa y respetuosa salió a la defensa de los estudiantes involucrados en la explosión.

 

Un año después y con tan sólo pocos días de diferencia, el dolor se trasladaría a las ciudades de Tunja y Bogotá dejando una estela de muerte a su paso. El primer episodio estuvo marcado por la muerte de Ricardo Molina[11] estudiante de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, el 23 de Marzo de 2012 tras batallar con las fuertes lesiones producidas por una confusa explosión en el marco de una protesta desarrollada algunos días atrás. Señalamos  que  fue una confusa explosión ya que si bien las autoridades adjudicaron los hechos al manejo de explosivos por parte del estudiante, esta versión se encuentra sujeta a crítica, pues posee varias inconsistencias  frente a lo relatado, tales como el acontecer del suceso, el rango de la explosión, la forma  como se comprometió la humanidad de Ricardo, entre otras. Sea como fuere, hasta el día de hoy no existe un dictamen definitivo, ni tampoco, presunción de inocencia  en los grandes medios de  (des)información. Por otra parte, no habría pasado el sinsabor de lo ocurrido en Tunja cuando un nuevo golpe se asestaría contra el movimiento estudiantil, esta vez, en la ciudad de Bogotá específicamente en la localidad de Suba con la muerte de Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón en la residencia de este último el 25 de Marzo de 2012. Estos hechos merecen particular atención con lo expuesto en este artículo pues es uno de los casos en los que mayor cantidad de falacias y vituperios han arrojado los criminales del periodismo criollo quienes mercadean de manera irresponsable con el dolor ajeno con tal de vender “la chiva” del momento.

 

En efecto, apenas el país conoció la noticia de la explosión en la que murieron los estudiantes y la egresada de la Universidad Pedagógica Nacional, ya se tenía lista la versión  “oficial” sin ningún tipo de rigor investigativo (la ineptitud periodística abjurada tener claras las circunstancias de la explosión, aunque aún días después, ¡seguían confundiendo los nombres y carreras universitarias de los implicados!) en la que se señalaba que Lizaida, Óscar y Daniel se encontraban manejando la estrambótica cifra de 10 kilos de explosivos[12]. Y además de ello, asegurando en contra de la lógica más elemental, que los fallecidos se encontraban en estado de alicoramiento al momento de la explosión. Esta artificiosidad de versión fue acompañada como es costumbre en los inquisidores medios de (des)información masiva con la aseveración de que los estudiantes estarían vinculados con grupos al margen de la ley según lo demostraría el supuesto hallazgo de panfletos alusivos a la insurgencia, que al igual que el mítico computador de Raúl Reyes, mágicamente no resultaron afectados por la explosión[13].  Para rematar, la versión sobre el objeto de la fabricación de los explosivos cambió conforme fueron avanzando los días producto de la “sagaz” investigación que pasó de afirmar que se utilizarían el 1ro de mayo[14]  ¡para luego salir con la fantochada de que los fallecidos estarían planeando  un atentado en el Festival Iberoamericano de Teatro![15] .

Junto con lo anterior, es necesario manifestar y desenmascarar las posiciones de “grandes” políticos de nuestro ámbito nacional que haciendo un papel acomodado señalando la paja en el ojo ajeno,  ahora que se encuentran desmovilizados de toda lucha social, como el entonces Secretario de Gobierno de Bogotá, Antonio Navarro Wolf[16], el cual de manera pendenciera sigue el libreto de las fuerzas Militares, al acusar a los jóvenes de pertenecer a estructuras de la insurgencia, y pero aún, haciendo hincapié en la responsabilidad de los padres, por acción u omisión, al permitir que jóvenes se reúnan en una casa, vulnerando de lleno la posibilidad de reunión de jóvenes con sueños transformadores.

Como se vio, todos los casos referidos anteriormente han contado con la distorsión y manipulación de manera premeditada de los grandes conglomerados encargados de la difusión de la (des)información masiva en plena sintonía con los intereses de los gobernantes de turno. En ese sentido, contribuyen a la estigmatización de la juventud que se atreve a plantear alternativas de sociedad mediante la difusión de mensajes tendenciosos que buscan en los jóvenes universitarios de extracción humilde un enemigo a temer tal y como acontece en algunas notas “periodísticas”[17].

Es evidente entonces la capacidad que han mostrado los poderosos para agenciar discursos sobre la memoria de las víctimas que negativizan sus experiencias instalándose en la vida cotidiana de estas haciéndoles infértiles en la re-creación de sus proyectos de transformación. Esto tiene implicaciones inmediatas en lo que a la izquierda se refiere puesto que implica la desaparición de sus referentes y el contenido ideológico de los mismos[18]. En Colombia esta situación es bastante grave ya que no sólo habría que hablar de la posibilidad de tener memoria como sucede en algunos contextos, sino que además,  es necesario hablar de la posibilidad de poder hacer algo con ella, es decir, vivenciarla en la acción en el marco de un conflicto político, social y armado que ha arreciado con virulencia contra el pensamiento crítico.

Es por esto que cobra vigencia que:

Ante este situación, es muy necesario buscar referentes históricos positivos que ayuden a la izquierda a reconstruirse ideológicamente y sea capaz de luchar contra la cultura dominante, para reconstruirse también organizativamente, con el objetivo de que las clases populares dominadas puedan dotarse de los instrumentos orgánicos de lucha necesarios para combatir la implantación de un régimen político y económico injusto, basado en el “darwinismo” social, impuesto a través de una aparente democracia en unos casos y de la fuerza en otros[19]

A la luz de lo enunciado, encontramos en la memoria no sólo una posibilidad, sino también, una responsabilidad con los esfuerzos y legados de quienes precedieron y dieron lo mejor de sí por una sociedad mucho más fraterna.  En la memoria encontramos una rica fuente de reflexión que dota de sentido nuestro quehacer en el presente que nos muestran que el oprobio no es destino manifiesto, y que por el contrario, en la diversidad del movimiento social podemos encontrar referentes que nos ayuden a afrontar de manera pertinente los desafíos de la decadencia contemporánea.  En últimas :

La construcción de nuestra memoria histórica, entonces, no se limita a la reivindicación de nuestros muertos sino que recobra los sueños y proyectos por los que entregaron sus vidas. Implica ejercicios de investigación que pongan de nuevo a nuestro alcance las diversas formas de organización y de trabajo de los sectores populares en Colombia para oponerse a la opresión del capital. Y esto no solo como una forma de ampliar nuestro conocimiento de la historia desde los sectores populares sino como la manera de no declarar el pasado como clausurado y aceptar nuestra actual realidad como algo natural y definitivo. El pasado de los oprimidos sigue vivo y es la fuerza que alimenta nuestras luchas, la posibilidad de preñar el presente con otros mundos posibles[20]

 

 

[1]          8 de Marzo  de 2006
[2]          31 de Marzo de 2011
[3]          22 de Marzo de 2012
[4]          Aunque Lizaida ya era egresada, fue parte activa en la Universidad Pedagógica Nacional. Murió junto con los estudiantes Óscar Arcos y Daniel Garzón el 25 de Marzo de 2012.
[5]    TASSO,Pablo. Sobre la memoria, la conciencia y el pensamiento en América Latina. Entre la laguna y el pantano.
[6]    Ver en : Oscar Salas y las víctimas del Esmad. En: http://www.elespectador.com/esmad/columna189286-oscar-salas-y-victimas-del-esmad
[7]    Ver en: Ana, madre de Oscar Salas, estudiante universitario asesinado por el Esmad, se encadena a las afueras de la fiscalía. En: http://www.colectivodeabogados.org/Ana-madre-de-Oscar-Salas
[8]    Ver en: A 3 se eleva número de muertos por explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.vanguardia.com/historico/100402-a-3-se-eleva-numero-de-muertos-por-explosion-en-la-universidad-de-narino
[9]    Ver en: Investigan causas de explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/investigan-causas-de-explosion-universidad-de-narino-articulo-260313
[10]  Ver en: Universitario murió tras una explosión. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-4480113
[11]  Ver en: Murió estudiante tras explosión en la Uptc. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11411041
[12]  Ver en: Explosión en suba deja tres estudiantes muertos. En: http://noticiasunolaredindependiente.com/2012/03/25/noticias/explosion-en-suba-deja-tres-estudiantes-muertos/
[13]  Ibid
[14]  Ibid
[15]  Ver en: Estudiantes muertos en Suba estarían preparando atentado en festival. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11658122
[16]   Ver: Explosión en Suba se debió a fabricación de papas bomba En: http://www.elespectador.com/noticias/bogota/explosion-suba-se-debio-fabricacion-de-papas-bomba-articulo-334399
[17]  Ver por ejemplo: Crece alarma por uso de explosivos mortíferos entre estudiantes. En: http://www.semana.com/nacion/articulo/crece-alarma-uso-explosivos-mortiferos-entre-estudiantes/255596-3
[18]  Por una memoria de lucha. En: http://www.foroporlamemoria.info/2012/09/por-una-memoria-de-lucha/
[19]  Ibid
[20]  La memoria como herramienta en la lucha de clases. En: http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6973:la-memoria-como-herramienta-en-la-luca-de-clases&catid=58:opinion&Itemid=182

¡A las Calles a Parar!: Perspectivas frente al paro nacional 17M

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En medio de un convulsionado panorama político nacional, se espera de las jornadas de movilización nacional convocadas por diferentes sectores sociales una respuesta a la altura de las circunstancias. No podemos estar peor y cada diagnostico sobre la situación actual lo reafirma.

¡Apagón! Dicen desde arriba cuando a sabiendas de lo que realmente ocurre está ligado a la desbordada situación producto directo por una parte de la acumulación por desposesión propio de las transnacionales extractivistas que tienen sus extensos enclaves en nuestras regiones, y por otro lado, las respectivas ganancias que benefician como siempre al sector privado que ahora en tiempos de crisis le van a vender energía al país.

Por la misma vía, las fuerzas para estatales se han reconfigurado dejando entrever su estrategia explicita de cara a lo que se avecina: El tan mentado “post-conflicto” que hace revivir los más horribles fantasmas del pasado “unión patriótica” ,“A Luchar, se convierten en inevitables y dolorosos referentes frente a las nuevas formas en que se tornaran los conflictos a lo largo y ancho del pedazo de tierra llamado Colombia. La semana pasada tomando el siguiente encabezado del portal web Rebelion.org. Cuatro líderes sociales asesinados en menos de 10 días, un joven líder de la JUCO de Soacha, un líder indígena del Cauca, una lideresa campesina también del Cauca y un líder campesino del Bagre, Antioquia. La semana pasada a líderes sindicales del Atlántico les llegó a su casa la cabeza de un perro diciéndoles que les iba a pasar lo mismo y por todo el país pululan los panfletos de “limpieza social”. Pero nada de eso ha sido gran noticia en los medios, medios que sí llevan una semana horrorizados porque las FARC fueron a Conejo”.

Aparte de esto, y como lo hemos mencionado en editoriales anteriores, la situación de la guajira no da más: hambre, saqueo y muerte son la constante en este departamento caribeño; la resolución de las licenciaturas va viento en popa y las violaciones a la autonomía universitaria son pan de cada día en las universidades públicas del país; la profesión docente no tiene las suficientes garantías para un ejercicio digno de la labor; corruptelas, desvió de recurso donde casos como el de reficar y saludcoop resultan dicientes; la ley ZIDRES en claro detrimento de los intereses del campesinado y en clara dinámica de sostenimiento de uno de los ejes vertebrales del conflicto armado: la tenencia de la tierra en pocas manos; y así sucesivamente hemos venido siendo espectadores de un desgarrador cuadro social y político acompañado de la retórica de paz de parte del gobierno nacional que este jueves en plenas movilizaciones demostrara cuan endeble o cobarde puede ser la respuesta ante las peticiones demandadas por un número importante de ciudadanos inconformes.

En ese sentido entendemos desde el espectro libertario que este escenario reviste una importancia de talante histórico en el cual nos veremos abocados a las calles nuevamente pues es desde ahí donde se deben producir las verdaderas transformaciones que son necesarias en este país agobiado, por donde surca la muerte y la destrucción, pero que a su vez, y en sentido contrario corre rabiosa y digna la justa resistencia de sus pueblos que creemos debemos concebir a este Paro para consolidar propuestas concretas pensadas en perspectiva estratégica de largo plazo que rompa de esta manera con el coyunturalismo y pueda generar rupturas a medida que se vayan dando las posibilidades. Esto a colación porque las apuestas de varias organizaciones será entrar a pactar con el gobierno nacional prestos a sacar la mejor tajada, pero seguramente, no, para aquellos que “representan”, sino para sus propios intereses individuales. Esquiroles que se saciaran y harán de la jornada de movilización un trampolín político, consolidando sus plataformas burocráticas que como veces anteriores dinamitan cualquier posibilidad de camino hacía una ruptura revolucionaria capaz de disputarle y despojar a la clase dirigente la posibilidad de que decidan por nosotr@s, que decidan sobre nuestras vidas.

Y así, el jueves nos encontraremos en la jornada del paro dispuestos una vez más a hacer de nuestras rebeldías un volcán de dignidad.

En las Calles nos Vemos.

Colectivo Contrainformativo Subversión