Movimiento Estudiantil

Memoria y Lucha de Clases. A propósito de trágicos sucesos del movimiento estudiantil en Colombia.

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El destino se muestra en cuanto observamos una vida
como  algo condenado, en el fondo como algo
que primero fue ya condenado y, a continuación,
se hizo culpable. Walter Benjamin

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Marzo es un mes particularmente trágico para la memoria del movimiento estudiantil  colombiano en su expresión contemporánea. En efecto, son al menos seis las muertes registradas en los últimos 10 años ( Oscar Salas[1] , Andrés Arteaga[2]  ,  Ricardo Molina[3], Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón[4]) en sucesos que se han visto teñidos por toda clase de polémicas  alrededor de las circunstancias, móviles y personas involucradas. Ello no debe causar extrañeza si tenemos en cuenta que a pesar de las diferencias espaciales y temporales que caracterizan cada uno de los sucesos, igualmente, existen algunos elementos a saber que les hacen vinculantes entre sí: ser jóvenes, provenir de extracción popular, estudiar en Universidades Públicas, y ser poseedores de un pensamiento-acción crítico frente a la decadente situación del país. De manera pendenciera, los medios de (des)información masiva han promovido un discurso tendiente a construir un imaginario colectivo en el que se estigmatiza como enemigo del bienestar social todo aquel sujeto que posea las características anteriormente enunciadas, todo a su vez,  como parte de la táctica  que busca justificar la represión de la que son objeto estas personas, agenciada de igual manera y de forma premeditada, desde las altas esferas del poder.

 

Así pues, queda de manifiesto que el desenvolvimiento de la lucha de clases también se da en el plano de la memoria puesto que la disputa no se limita únicamente a los recuerdos de ciertos eventos y/o personajes, en el fondo, de lo que se trata es de la mutilación de los significados de los proyectos de resistencia forjados en las clases explotadas por parte de la elite dominante, y  a su vez, la férrea defensa que dan  dichas clases por hacer viva acción las connotaciones  de su memoria pues es allí donde reside el sentido de su quehacer.  En otras palabras, la memoria no sólo es recuerdo del pasado, es ante todo, guía para el presente y el futuro de quienes la agencian. Semejante disputa no es una cuestión exclusiva  de nuestro territorio, por el contrario, es la naturaleza del capitalismo que se erige como:

 

“una máquina eficiente de segregación, o podría también decirse, de inutilización de las memorias de las víctimas. Y también, una máquina capaz de obtener un alto grado de perfeccionamiento en la construcción insoslayable de sus nuevas víctimas, es decir, en la creación de unas víctimas que ya no saben que lo son, o que el dolor ya no existe en ellas”.[5]

 

Es a raíz de lo expuesto que se hace comprensible el afán de las clases dominantes en Colombia por apropiarse de la memoria de las víctimas deslegitimándolas mediante la injuria y la calumnia pues la función de tal proceder está ligado a encubrir el status político de las víctimas como parte del proceso de subyugación del que son objeto. De esta forma, la elite del país impone  relatos ficcionales que nublan las representaciones que las víctimas elaboran sobre la memoria, y a partir de allí, buscan minar el camino mediante el cual se construyen los pensamientos, sentidos y reflexiones que posibilitan nuevas conciencias que materialicen los proyectos de sociedad alternativos al imperante despotismo capitalista.  Bastará repasar brevemente la presentación de los casos en los medios masivos de (des)información para constatar lo señalado.

 

El 8 de Marzo de 2006 en medio de unas protestas en la Universidad Nacional de Colombia es asesinado Oscar Salas, estudiante de Lengua Castellana de la Universidad Distrital, producto de una canica que ingresó por uno de sus ojos al estallar una recalzada arrojada por un integrante del E.S.M.A.D (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) como se ha relatado en algunos medios[6]. Desde entonces, es mucho lo que se ha dicho en relación a la brutalidad con la que opera este organismo que lejos de la retórica de controlar el orden público, ha demostrado con nefasta suficiencia, que su función real es la represión cruda y descarnada midiendo resultados en términos de heridos y asesinados en el marco de la legitima protesta. De manera paralela, los grandes emporios de la comunicación han guardado un silencio cómplice que ha terminado por calar en la mayoría de la población, incluida la propia Universidad Distrital en la que estudiantes y docentes por desconocimiento u omisión, han desterrado la memoria de Oscar Salas del discurso colectivo salvo algunas excepciones de esfuerzos minoritarios principalmente de allegados al joven estudiante. No siendo suficiente con ello, la madre de Oscar, Ana Benilda Ángel, ha recibo toda clase de amenazas[7] a raíz de su perseverante trabajo alrededor del esclarecimiento del asesinato de su hijo con lo cual queda de manifiesto el interés de quienes están detrás de la muerte de Salas por acallar cualquier resquicio de memoria sobre la impunidad que ha revestido este suceso.

Pasarían cinco años para que otro suceso en el mes de Marzo volviese a enlutar el ya trajinado movimiento estudiantil en Colombia, esta vez, el epicentro sería la Universidad de Nariño en la ciudad de Pasto. Cuentan los testigos, que una fuerte explosión conmocionó el centro educativo la noche del 29 de Marzo de 2011 en la que resultaron heridos 8 estudiantes, de los cuales tres fallecieron posteriormente, siendo el primero de ellos Andrés Arteaga a tan sólo dos días después de los trágicos acontecimientos (sus compañeros Vanesa Calvache y Luis Guillermo Hernández lo harían en las semanas siguientes[8]). Un día después, se presentarían fuertes protestas en diversas universidades de Bogotá, Tunja, la Costa Atlántica y Medellín como rechazo a la reforma de la ley 30 que se comenzaba a avizorar; rápidamente,  la maquinaria de (des)información criolla vinculó estos hechos con los acaecidos en la ciudad de Pasto y difundió declaraciones con la clara intención de estigmatizar. Ejemplo de ello  seria  las del aquel entonces Vicepresidente de la república Angelino Garzón cuando afirmó: “una cosa es la protesta y otra la criminalidad(…)todas estas expresiones de violencia, que son contrarias al espíritu crítico estudiantil, conllevan a que las universidades se conviertan en escenarios de guerra”[9]. De la misma manera, el discurso macartista tuvo su expresión local en uno de los decanos de la Universidad que contó con amplia difusión de medios como Caracol Noticias que hacían juego con las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos quien a través de Twitter señaló: “el gobierno no va a permitir que la violencia de unos pocos se apodere de las universidades(…)se actuará con toda la contundencia”[10], sin embargo, a pesar de toda la turba inquisidora que se levantó en este episodio, vale la pena recalcar la actitud de quien auspiciaba como rector de la Universidad de Nariño, el señor Silvio Sánchez Fajardo que de manera decorosa y respetuosa salió a la defensa de los estudiantes involucrados en la explosión.

 

Un año después y con tan sólo pocos días de diferencia, el dolor se trasladaría a las ciudades de Tunja y Bogotá dejando una estela de muerte a su paso. El primer episodio estuvo marcado por la muerte de Ricardo Molina[11] estudiante de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, el 23 de Marzo de 2012 tras batallar con las fuertes lesiones producidas por una confusa explosión en el marco de una protesta desarrollada algunos días atrás. Señalamos  que  fue una confusa explosión ya que si bien las autoridades adjudicaron los hechos al manejo de explosivos por parte del estudiante, esta versión se encuentra sujeta a crítica, pues posee varias inconsistencias  frente a lo relatado, tales como el acontecer del suceso, el rango de la explosión, la forma  como se comprometió la humanidad de Ricardo, entre otras. Sea como fuere, hasta el día de hoy no existe un dictamen definitivo, ni tampoco, presunción de inocencia  en los grandes medios de  (des)información. Por otra parte, no habría pasado el sinsabor de lo ocurrido en Tunja cuando un nuevo golpe se asestaría contra el movimiento estudiantil, esta vez, en la ciudad de Bogotá específicamente en la localidad de Suba con la muerte de Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón en la residencia de este último el 25 de Marzo de 2012. Estos hechos merecen particular atención con lo expuesto en este artículo pues es uno de los casos en los que mayor cantidad de falacias y vituperios han arrojado los criminales del periodismo criollo quienes mercadean de manera irresponsable con el dolor ajeno con tal de vender “la chiva” del momento.

 

En efecto, apenas el país conoció la noticia de la explosión en la que murieron los estudiantes y la egresada de la Universidad Pedagógica Nacional, ya se tenía lista la versión  “oficial” sin ningún tipo de rigor investigativo (la ineptitud periodística abjurada tener claras las circunstancias de la explosión, aunque aún días después, ¡seguían confundiendo los nombres y carreras universitarias de los implicados!) en la que se señalaba que Lizaida, Óscar y Daniel se encontraban manejando la estrambótica cifra de 10 kilos de explosivos[12]. Y además de ello, asegurando en contra de la lógica más elemental, que los fallecidos se encontraban en estado de alicoramiento al momento de la explosión. Esta artificiosidad de versión fue acompañada como es costumbre en los inquisidores medios de (des)información masiva con la aseveración de que los estudiantes estarían vinculados con grupos al margen de la ley según lo demostraría el supuesto hallazgo de panfletos alusivos a la insurgencia, que al igual que el mítico computador de Raúl Reyes, mágicamente no resultaron afectados por la explosión[13].  Para rematar, la versión sobre el objeto de la fabricación de los explosivos cambió conforme fueron avanzando los días producto de la “sagaz” investigación que pasó de afirmar que se utilizarían el 1ro de mayo[14]  ¡para luego salir con la fantochada de que los fallecidos estarían planeando  un atentado en el Festival Iberoamericano de Teatro![15] .

Junto con lo anterior, es necesario manifestar y desenmascarar las posiciones de “grandes” políticos de nuestro ámbito nacional que haciendo un papel acomodado señalando la paja en el ojo ajeno,  ahora que se encuentran desmovilizados de toda lucha social, como el entonces Secretario de Gobierno de Bogotá, Antonio Navarro Wolf[16], el cual de manera pendenciera sigue el libreto de las fuerzas Militares, al acusar a los jóvenes de pertenecer a estructuras de la insurgencia, y pero aún, haciendo hincapié en la responsabilidad de los padres, por acción u omisión, al permitir que jóvenes se reúnan en una casa, vulnerando de lleno la posibilidad de reunión de jóvenes con sueños transformadores.

Como se vio, todos los casos referidos anteriormente han contado con la distorsión y manipulación de manera premeditada de los grandes conglomerados encargados de la difusión de la (des)información masiva en plena sintonía con los intereses de los gobernantes de turno. En ese sentido, contribuyen a la estigmatización de la juventud que se atreve a plantear alternativas de sociedad mediante la difusión de mensajes tendenciosos que buscan en los jóvenes universitarios de extracción humilde un enemigo a temer tal y como acontece en algunas notas “periodísticas”[17].

Es evidente entonces la capacidad que han mostrado los poderosos para agenciar discursos sobre la memoria de las víctimas que negativizan sus experiencias instalándose en la vida cotidiana de estas haciéndoles infértiles en la re-creación de sus proyectos de transformación. Esto tiene implicaciones inmediatas en lo que a la izquierda se refiere puesto que implica la desaparición de sus referentes y el contenido ideológico de los mismos[18]. En Colombia esta situación es bastante grave ya que no sólo habría que hablar de la posibilidad de tener memoria como sucede en algunos contextos, sino que además,  es necesario hablar de la posibilidad de poder hacer algo con ella, es decir, vivenciarla en la acción en el marco de un conflicto político, social y armado que ha arreciado con virulencia contra el pensamiento crítico.

Es por esto que cobra vigencia que:

Ante este situación, es muy necesario buscar referentes históricos positivos que ayuden a la izquierda a reconstruirse ideológicamente y sea capaz de luchar contra la cultura dominante, para reconstruirse también organizativamente, con el objetivo de que las clases populares dominadas puedan dotarse de los instrumentos orgánicos de lucha necesarios para combatir la implantación de un régimen político y económico injusto, basado en el “darwinismo” social, impuesto a través de una aparente democracia en unos casos y de la fuerza en otros[19]

A la luz de lo enunciado, encontramos en la memoria no sólo una posibilidad, sino también, una responsabilidad con los esfuerzos y legados de quienes precedieron y dieron lo mejor de sí por una sociedad mucho más fraterna.  En la memoria encontramos una rica fuente de reflexión que dota de sentido nuestro quehacer en el presente que nos muestran que el oprobio no es destino manifiesto, y que por el contrario, en la diversidad del movimiento social podemos encontrar referentes que nos ayuden a afrontar de manera pertinente los desafíos de la decadencia contemporánea.  En últimas :

La construcción de nuestra memoria histórica, entonces, no se limita a la reivindicación de nuestros muertos sino que recobra los sueños y proyectos por los que entregaron sus vidas. Implica ejercicios de investigación que pongan de nuevo a nuestro alcance las diversas formas de organización y de trabajo de los sectores populares en Colombia para oponerse a la opresión del capital. Y esto no solo como una forma de ampliar nuestro conocimiento de la historia desde los sectores populares sino como la manera de no declarar el pasado como clausurado y aceptar nuestra actual realidad como algo natural y definitivo. El pasado de los oprimidos sigue vivo y es la fuerza que alimenta nuestras luchas, la posibilidad de preñar el presente con otros mundos posibles[20]

 

 

[1]          8 de Marzo  de 2006
[2]          31 de Marzo de 2011
[3]          22 de Marzo de 2012
[4]          Aunque Lizaida ya era egresada, fue parte activa en la Universidad Pedagógica Nacional. Murió junto con los estudiantes Óscar Arcos y Daniel Garzón el 25 de Marzo de 2012.
[5]    TASSO,Pablo. Sobre la memoria, la conciencia y el pensamiento en América Latina. Entre la laguna y el pantano.
[6]    Ver en : Oscar Salas y las víctimas del Esmad. En: http://www.elespectador.com/esmad/columna189286-oscar-salas-y-victimas-del-esmad
[7]    Ver en: Ana, madre de Oscar Salas, estudiante universitario asesinado por el Esmad, se encadena a las afueras de la fiscalía. En: http://www.colectivodeabogados.org/Ana-madre-de-Oscar-Salas
[8]    Ver en: A 3 se eleva número de muertos por explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.vanguardia.com/historico/100402-a-3-se-eleva-numero-de-muertos-por-explosion-en-la-universidad-de-narino
[9]    Ver en: Investigan causas de explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/investigan-causas-de-explosion-universidad-de-narino-articulo-260313
[10]  Ver en: Universitario murió tras una explosión. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-4480113
[11]  Ver en: Murió estudiante tras explosión en la Uptc. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11411041
[12]  Ver en: Explosión en suba deja tres estudiantes muertos. En: http://noticiasunolaredindependiente.com/2012/03/25/noticias/explosion-en-suba-deja-tres-estudiantes-muertos/
[13]  Ibid
[14]  Ibid
[15]  Ver en: Estudiantes muertos en Suba estarían preparando atentado en festival. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11658122
[16]   Ver: Explosión en Suba se debió a fabricación de papas bomba En: http://www.elespectador.com/noticias/bogota/explosion-suba-se-debio-fabricacion-de-papas-bomba-articulo-334399
[17]  Ver por ejemplo: Crece alarma por uso de explosivos mortíferos entre estudiantes. En: http://www.semana.com/nacion/articulo/crece-alarma-uso-explosivos-mortiferos-entre-estudiantes/255596-3
[18]  Por una memoria de lucha. En: http://www.foroporlamemoria.info/2012/09/por-una-memoria-de-lucha/
[19]  Ibid
[20]  La memoria como herramienta en la lucha de clases. En: http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6973:la-memoria-como-herramienta-en-la-luca-de-clases&catid=58:opinion&Itemid=182

¡A las Calles a Parar!: Perspectivas frente al paro nacional 17M

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En medio de un convulsionado panorama político nacional, se espera de las jornadas de movilización nacional convocadas por diferentes sectores sociales una respuesta a la altura de las circunstancias. No podemos estar peor y cada diagnostico sobre la situación actual lo reafirma.

¡Apagón! Dicen desde arriba cuando a sabiendas de lo que realmente ocurre está ligado a la desbordada situación producto directo por una parte de la acumulación por desposesión propio de las transnacionales extractivistas que tienen sus extensos enclaves en nuestras regiones, y por otro lado, las respectivas ganancias que benefician como siempre al sector privado que ahora en tiempos de crisis le van a vender energía al país.

Por la misma vía, las fuerzas para estatales se han reconfigurado dejando entrever su estrategia explicita de cara a lo que se avecina: El tan mentado “post-conflicto” que hace revivir los más horribles fantasmas del pasado “unión patriótica” ,“A Luchar, se convierten en inevitables y dolorosos referentes frente a las nuevas formas en que se tornaran los conflictos a lo largo y ancho del pedazo de tierra llamado Colombia. La semana pasada tomando el siguiente encabezado del portal web Rebelion.org. Cuatro líderes sociales asesinados en menos de 10 días, un joven líder de la JUCO de Soacha, un líder indígena del Cauca, una lideresa campesina también del Cauca y un líder campesino del Bagre, Antioquia. La semana pasada a líderes sindicales del Atlántico les llegó a su casa la cabeza de un perro diciéndoles que les iba a pasar lo mismo y por todo el país pululan los panfletos de “limpieza social”. Pero nada de eso ha sido gran noticia en los medios, medios que sí llevan una semana horrorizados porque las FARC fueron a Conejo”.

Aparte de esto, y como lo hemos mencionado en editoriales anteriores, la situación de la guajira no da más: hambre, saqueo y muerte son la constante en este departamento caribeño; la resolución de las licenciaturas va viento en popa y las violaciones a la autonomía universitaria son pan de cada día en las universidades públicas del país; la profesión docente no tiene las suficientes garantías para un ejercicio digno de la labor; corruptelas, desvió de recurso donde casos como el de reficar y saludcoop resultan dicientes; la ley ZIDRES en claro detrimento de los intereses del campesinado y en clara dinámica de sostenimiento de uno de los ejes vertebrales del conflicto armado: la tenencia de la tierra en pocas manos; y así sucesivamente hemos venido siendo espectadores de un desgarrador cuadro social y político acompañado de la retórica de paz de parte del gobierno nacional que este jueves en plenas movilizaciones demostrara cuan endeble o cobarde puede ser la respuesta ante las peticiones demandadas por un número importante de ciudadanos inconformes.

En ese sentido entendemos desde el espectro libertario que este escenario reviste una importancia de talante histórico en el cual nos veremos abocados a las calles nuevamente pues es desde ahí donde se deben producir las verdaderas transformaciones que son necesarias en este país agobiado, por donde surca la muerte y la destrucción, pero que a su vez, y en sentido contrario corre rabiosa y digna la justa resistencia de sus pueblos que creemos debemos concebir a este Paro para consolidar propuestas concretas pensadas en perspectiva estratégica de largo plazo que rompa de esta manera con el coyunturalismo y pueda generar rupturas a medida que se vayan dando las posibilidades. Esto a colación porque las apuestas de varias organizaciones será entrar a pactar con el gobierno nacional prestos a sacar la mejor tajada, pero seguramente, no, para aquellos que “representan”, sino para sus propios intereses individuales. Esquiroles que se saciaran y harán de la jornada de movilización un trampolín político, consolidando sus plataformas burocráticas que como veces anteriores dinamitan cualquier posibilidad de camino hacía una ruptura revolucionaria capaz de disputarle y despojar a la clase dirigente la posibilidad de que decidan por nosotr@s, que decidan sobre nuestras vidas.

Y así, el jueves nos encontraremos en la jornada del paro dispuestos una vez más a hacer de nuestras rebeldías un volcán de dignidad.

En las Calles nos Vemos.

Colectivo Contrainformativo Subversión

Una Triste Víctima

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Bty…Hace 24 años, los bogotanos se despertaron con este relato:

Una Triste Víctima[1]

“Que un estudiante, más si es mujer, muera bajo las balas de la autoridad en incidentes bien conocidos, es grave. Duele a los colombianos. Pero que caiga víctima de su propio invento, herida por una bomba terrorista, posiblemente fabricada por ella misma en unión de sus compañeros, es monstruoso. Si hubiera lógica, los estudiantes, inclusive aquellos que tomaban parte en la absurda protesta, se deberían autocensurar y organizar un movimiento de repudio similar a los que montan cuando la Policía, en defensa del orden, los frena en sus peligrosas manifestaciones. Ser víctima del estallido de una bomba destinada y nadie puede negarlo a destrozar a la fuerza pública, en un régimen democrático que ha concedido a la oposición los máximos derechos, es absurdo. Aun en estas demostraciones nos estamos quedando atrás. Se protesta en las universidades de otros países por hechos concretos. En Colombia todavía la batalla es contra el sistema.”

Es así como el Periódico El Tiempo hacía el análisis de la muerte de “La Negra”, como sus compañeros la llamaban, joven estudiante de 22 años que cursaba último semestre de Trabajo Social, en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Ella, joven anarquista, se encontraba junto con otra compañera realizando su tesis de grado titulada “Descripción y análisis de los grupos políticos que han hecho presencia en la Universidad Nacional en el periodo 1985-1991”, y por ello estaba esa tarde del 16 de Mayo, protestando en conmemoración de la masacre y desaparición de estudiantes que se produjo en ese mismo campus, 7 años antes, ese campus que ella y sus compañeras transitaban cada día.

Esa mañana ella y un centenar de estudiantes salieron a romper con la rutina, a enfrentar el olvido y a señalar el terrorismo de Estado engendrado en sus asesinos más visibles: la policía. Fue allí cuando un disparo y posterior explosión desconcertaron a las manifestantes, entre las cuales estaba ella. Su cuerpo cayó en la entrada de la calle 45 y fue trasladado a un centro de Urgencias donde falleció. Su Alma y su espíritu quedaron grabados en las memorias de los estudiantes que durante décadas han participado en ese mismo punto de manifestaciones y que como ella, y bien El Tiempo lo señala, “En Colombia todavía la batalla es contra el sistema

Sigue el análisis de este medio estigmatizando la figura de Beatriz, tildándola de “niña terrorista”:

“La niña terrorista, Beatriz Sandoval, muchacha joven, agraciada, de una clase media muy común en Colombia, se enfrenta a la injusticia social. Otra, Liliana Santamaría, de condiciones similares, también cumple una tarea con el mismo fin, pero completamente contraria en su procedimiento. Mientras Beatriz Sandoval se enervaba frente a la injusticia, buscando con su protesta sangrienta un nuevo orden, su compañera en la conquista de una posible igualdad curaba a los gamines, los llevaba a su casa, les despojaba de comunes e inmundos piojos, mientras vertía desinfectantes en olorosas heridas. Una recorría el camino de la muerte; la otra el de la vida. La motivación igual. El fin diverso.”

Beatriz, estamos seguros, se enfrentaba a la injusticia social, con la academia (era reconocida por sus compañeras como una buen estudiante, no por tener un promedio alto, sino por tener una devoción al conocimiento[2]), con la palabra, con los sueños, las esperanzas. Y una muestra de ello es que precisamente estaba allí recordando a las compañeras desaparecidas y masacradas y señalando como debe ser al culpable: el sistema, que irrisoriamente el mismo medio pretende desfigurar y restarle responsabilidad, guiando a la juventud a confrontarle de manera tímida, eso sí, dejando en claro que la injusticia Social se puede “curar en forma parcial, porque totalmente es imposible…”.

Termina la noticia recitando “Para Beatriz, solo existe la oscuridad. Para Liliana, la luz esplendorosa de la bondad y la esperanza. Cabe una pregunta: Cuál camino debe seguir la juventud?”. Y es claro que para Beatriz solo existe la oscuridad, la oscuridad de la Impunidad, del asesinato extrajudicial, del crimen de Estado que con la desinformación se confabulan para olvidar.

Pero es allí donde la memoria ilumina el camino, y nos hace reflexionar ¿Cuál camino debe seguir la Juventud?, ¿Aquél ilustrado por un medio de comunicación al servicio del sistema el cuál es el portavoz de una estructura criminal y autoritaria?

Cabe reflexionar el camino que creemos debemos asumir los jóvenes, el camino constante de construcción de otro mundo, donde la competencia, el individualismo y la sed de ganancia serán cosa del pasado. Creemos que los jóvenes debemos asumir un papel crítico y revolucionario en la destrucción de este mundo de mentiras, y sus principales formuladores –los medios masivos de comunicación- por ello creemos que el movimiento social debe ser su propio constructor de medios de difusión y de forjadores de opinión, haciendo un trabajo crítico, difundiendo la voz de las oprimidas y desposeídas, construyendo Comunicación para la confrontación.

[1]                Nota publicada el 19 de Mayo de 1991 en El Tiempo. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-85766

[2]        http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-85134

DE PAROS, HUELGAS Y BUROCRACIAS SINDICALES

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Reflexiones en torno a las luchas del sector educativo en Colombia, la multisectorialidad y la acción directa popular

11209707_1113401178675889_6025932849442470632_nLa situación actual en Colombia en el sector educativo ha estado girando en torno a una serie de conflictos, coyunturas y escándalos que sacuden el magisterio, las universidades públicas y los colegios en diferentes territorios del país. Por un lado ha concluido la etapa de pre-negociación de dos de estos conflictos -por lo menos en lo que respecta a las direcciones sindicales y los actores con los que se interlocuta directamente-, a saber, la asamblea permanente de las trabajadoras de la Universidad Nacional, impulsada por el Comité Pro-Mejora Salarial, y el paro de los profesores agrupados dentro de la Federación Colombiana de Educadores. Así mismo empieza con pisada fuerte las movilizaciones, dinámicas de asamblea permanente y paros estudiantiles en universidades como la Industrial de Santander, la misma Universidad Nacional, la Pedagógica Nacional (cuyas peticiones tienen relación directa con el paro del magisterio), el Politécnico Jaime Isaza, la Unicordoba, Unipamplona, y que se han saldado con victorias en las ultimas semanas en la Unillanos. Tampoco podemos pasar por alto las demandas y procesos de movilización de profesores universitarios en la UIS y la USCO, o la protesta que han impulsado estudiantes de secundaria, sobre todo en el marco del paro nacional docente o por demandas locales, que se ha manifestado con diferentes tomas a centros educativos durante los últimos meses, como ha venido sucediendo en Bogotá en localidades como Kennedy, los Mártires o Usme.

Esta arremetida de los diferentes estamentos educativos debemos entenderla y dimensionarla a través de dos ejes coyunturales: por un lado los diálogos de paz entre las insurgencias y el gobierno, y de otro lado, la imposición del Plan Nacional de Desarrollo del gobierno Santos para el periodo 2015-2018. Estos dos escenarios representan claramente las dos perspectivas de país, a groso modo y dejando de lado por un momento los matices interinos, de la burguesía criolla y de los movimientos sociales. Así, mientras desde el sector educativo se hace énfasis en el papel de la educación en la construcción de alternativas al actual conflicto armado, el gobierno no duda en arreciar la guerra contra los movimientos sociales (que se manifiesta en el caso particular con el trato militar a las demandas de profesoras y estudiantes, así como en el uso recurrente de la herramienta paramilitar, auspiciada entre otros por directivas de universidades, como se ha denunciado en la UIS o en la Unicordoba); de igual forma, los estamentos organizados dentro de universidades y colegios seguimos insistiendo en la necesidad de desfinanciar la guerra para mejorar la educación pública de carácter gratuito, mientras al mismo tiempo el gobierno insiste en la privatización a través de su nuevo Plan de Desarrollo y políticas como el programa “Ser Pilo Paga”, que transfiere recursos a la educación privada. En el mismo PND se hace la salvedad en la primera página de que ha sido pensado para seguir los lineamientos de la OCDE, grupo selecto de países al cual el Estado Colombiano pretende entrar, lo que ya nos ubica las coyunturas dentro del panorama superestructural del sistema: la inclusión de Colombia en el nuevo mercado internacional, ocupando su papel dentro de la división internacional del trabajo. No sobra también recordar que precisamente un amplio sector de FECODE llamó a votar por Santos el año pasado, impulsados por la necesidad de continuar los dialógicos de paz, mismo sector que tiene también responsabilidad política por la negociación que vendió el paro de docentes, dinámica que se repitió con un amplio margen de organizaciones estudiantiles que hoy se limitan para construir un movimiento estudiantil verdaderamente fuerte, mientras no escatimaban esfuerzos en las anteriores elecciones y que descaradamente apoyaron la reelección de Santos, al tiempo que se padecía un reflujo estratégico por la falta de dinamismo con problemáticas locales.

Para quienes nos pensamos una alternativa autónoma desde los movimientos sociales ha sido importante abordar estos dos ejes con mayor profundidad a lo que ofrecen los sectores reformistas e incluso las mismas insurgencias (que en el caso concreto de La Habana parece centrarse en gran medida en el tema de la Participación Política), intentando partir de una critica antiestatal a los diálogos de “paz” y al modelo de país que se piensa el Estado y se materializa ahora con el PND. En esa misma linea es importante que desde nuestra perspectiva política e ideológica podamos posicionarnos en torno al paradigma de la educación en el sistema actual de cosas y nuestras posturas frente a los diferentes conflictos que se han venido forjando al calor de la lucha organizada, pudiendo plantear propuestas concretas y estratégicas para los tiempos actuales y venideros:

Multisectorialidad social y educativa; la construcción de banderas de lucha conjuntas:

Debemos partir de la significación misma que tienen los procesos de resistencia, de sus alcances y limitaciones. Desde el paro nacional universitario del 2011 el sector educativo a nivel nacional había presentado cierto reflujo, en una retroceso que ha significado perder la capacidad de disputa frente a temas que nos conciernen en lo inmediato (como el acuerdo 2034 que parece haber pasado relativamente por desapercibido), mientras movimientos como el agrario y los indígenas han venido aumentado su beligerancia y perspectiva de acción, especialmente durante el Paro Nacional Agrario del 2013 y las diferentes protestas en el Cauca, Catatumbo, Arauca y otras regiones del país. Es de aquí de donde debemos partir para poder pensarnos como sector educativo dentro de los movimientos sociales: es importante ubicarnos dentro de grandes abanicos de lucha, unificando demandas y articulando banderas. Ello no pasa por simple comentario, como hemos visto, una derrota ahora mismo implicaría un nuevo reflujo que nos daría un paso atrás durante un par de años más, mientras que una arremetida social en este momento podría ubicar al pueblo organizado en una nueva dimensión de disputa, le dotaría de nuevas esperanzas y ampliaría horizontes.

A la hora de hablar de unidad debemos también ser críticos con la manera en que se ha tratado el problema desde algunos actores que hacen parte protagónica de los movimientos sociales, especialmente en el como se entienden a si mismas las supuestas “vanguardias” (reproduciendo recelos y sectarismos) y su relación con el aspecto electoral, que fue tan crucial durante las anteriores elecciones presidenciales y que muy probablemente vuelva a ser eje de discusión en las siguientes contiendas regionales. Cuando hablamos de una unidad de los sectores en lucha debemos partir de un concepto federalista, que respeta la autonomía cuando parte de mínimos colectivos sin negar el papel de lo particular. Así, el concepto de multisectorialidad nos puede ser de ayuda para articular a los movimientos sociales en el país, y el particular, al sector educativo, quizás de una manera similar a como se ha planteado la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, conservando criticas constructivas y propositivas.

Entender la articulación de las luchas de los estamentos educativos a nivel nacional (profesores, trabajadoras de centros educativos y estudiantes de secundaria y educación superior, incluso de los mismas madres y padres de familia, así como de las comunidades que tienen vínculos directos con escuelas y universidades) es entender que las banderas de lucha nos unen bajo propósitos concretos:

Para construir esta multisectorialidad educativa debemos partir de las demandas de resistencia que nos unen: el rechazo a cualquier forma de privatización que busca elitizar la educación, la critica a la tercerización laboral, el respeto de la autonomía y la libertad de cátedra (cuyo valor a cobrado peso con el reciente encarcelamiento y amenazas a profesores universitarios) y la plena financiación de la educación pública y salarios dignos y nivelados (que no es más que reivindicación necesaria en un gobierno que sigue desangrando a la población productora a través de altos impuestos mientras tiene la mano blanda con las multinacionales que explotan los recursos naturales y humanos del país). Sin embargo, como ya se ha dicho, es importante que las libertarias sepamos llevar más allá esas demandas a través de las prácticas mismas y de la experiencia adquirida por los movimientos sociales. La construcción de alternativas pedagógicas (la educación popular o comunitaria, por ejemplo) debe ser un objetivo que nos debemos plantear, aunque en sí mismo no es una disputa con el régimen sino más bien implica la articulación de quienes nos venimos pensando la educación más allá del paradigma estatal.

Contra la burocracia sindical y estudiantil, acción directa popular:

Otro punto que debemos impulsar los sectores revolucionarios y autónomos en conjunto, y que requiere de una especial atención en el corto plazo, es la recuperación de los espacios gremiales para las bases, es decir, para quienes son la razón misma de ser de cualquier organización. No se puede citar mejor ejemplo que el reciente levantamiento del paro nacional de docentes por parte de la junta burocrática de FECODE, que en una sucia jugada entregó al gobierno todo lo construido a punta de trabajo de hormiga por las profesoras a lo largo y ancho del país. El acuerdo deja por fuera puntos clave para el gremio magisterial (especialmente para las docentes que están en los escalafones más bajos), así como demostró una sordera por parte de la dirección del sindicato más grande de Colombia, quien desconoció el llamado hecho desde diferentes regiones y localidades para poder aprovechar el momento histórico y ganar algo más que que una palmada en la espalda, no solo en términos salariales sino políticos (el acuerdo final no obliga al gobierno a ceder en sus columnas vertebrales, lo que parece terminar fortaleciéndolo en contra de la movilización popular y sindical). Tampoco podemos pasar por alto el ejemplo de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, que reproduciendo los síntomas de peor burocratismo, verticalismo y sectarismo posible, decantó en uno de los fracasos más estrepitosos que halla tenido el movimiento estudiantil en las ultimas décadas. Otro es el caso de las trabajadoras de las universidades, quienes han revitalizado prácticas del sindicalismo revolucionario en conflictos como el de la Universidad Nacional, aunque bastante camino falta para derrotar ciertas tendencias al personalismo y extender la consciencia critica en otras universidades. En torno al movimiento secundario es preciso tener presente que aun se encuentra en un nivel bajo de organización, punto que es preciso fortalecer.

Para construir una nueva apuesta, para nuestro caso multisectorial, es preciso barrer las burocracias, fortalecer la horizontalidad y la democracia directa, y dotar de cada vez más fuerza organizativa a los procesos que se encuentran en dispersión. Estas propuestas se tienen que materializar en los escenarios que hemos mencionado. Por ejemplo se ha hablado de la posibilidad de articular desde lo regional los procesos de profesoras que han estado en disenso con las imposiciones de la dirección de FECODE, con la idea de pedir la renuncia de la junta directiva y re-negociar algunos puntos del pliego. Así mismo ha venido sonando en varios círculos universitarios convocar espacios de encuentro de procesos de base y asambleas gremiales desde las ciudades y regiones, con el fin en el mediano plazo de poder construir un Encuentro Nacional de Educación Superior, que se construya a partir de las localidades y no de las cuotas políticas, desde las necesidades gremiales y no empujando a las malas las agendas ideológicas de cada organización, que parta de la necesidad de articulación de las que luchan y no del personalismo de dirigentes que pretenden iniciar carrera electoral con el movimiento estudiantil como trampolín.

Para poder construir esta multisectorialidad es importante también fortalecer los espacios triestamentarios en diferentes universidades, blindandónos con solidaridad y apoyo mutuo, así como estrechar relaciones entre las profesoras del magisterio, las estudiantes de colegios y sus acudientes, quienes son las que deben dar las luchas en lo que respecta a los problemas locales de cada centro de estudios y contra la educación de mercado que pretende imponer el gobierno, así como desbordarse a sí mismas y ubicarse territorialmente en los problemas de los barrios, localidades, veredas y ciudades donde se encuentran, de la mano con las comunidades en resistencia. Este empoderamiento desde abajo es lo que llamamos acción directa popular, y que expresa la táctica que proponemos para poder construir horizontalidad, democracia radical y combatividad dentro de los movimientos sociales.

La acción directa popular es reconocer al sujeto social como el determinante de su sector. Es decir, son las estudiantes las que le dan sentido al movimiento estudiantil, no las “dirigentes” organizadas; son las profesoras la razón de ser de un sindicato de maestras, no las directivas liberadas y subvencionadas, por citar dos ejemplos. Esto es un claro principio político que nos remite a la máxima de la I Internacional (“la emancipación de las trabajadoras será llevada a cabo por ellas mismas”) pero que también tiene un peso estratégico: los paros, asambleas permanentes y huelgas se deben ganar en las calles, en la organización desde abajo y en la construcción multisectorial, y no debe recaer en la capacidad de negociación de las mesas de interlocutoras o en la maquinaria política de los proyectos partidarios; es la fuerza de las bases lo realmente decisivo e importante para un proyecto de emancipación en el largo plazo, aunque eso signifique derrotas tácticas cuando no se consigan ciertas reivindicaciones pero se gane en términos de organización y consciencia, que es lo que influye en un proceso de ruptura revolucionaria. Aquí es donde se desmenuza más la propuesta de la acción directa, decantada en el asamblearismo de abajo a arriba, desde los espacios que nos encuentran en lo cotidiano (como grados, carreras, colegios, etc) hasta los escenarios de índole común más general (regiones, universidades, el mismo ámbito nacional, etc). Esta táctica limita a la verticalidad y el partidismo, que se puedan apropiar de los espacios de las maneras más descaradas, cosa que a larga permite el ascenso de una burocracia que actúa por intereses particulares o en la búsqueda de cuotas políticas y no como delegadas mandatadas por los procesos de base.

Ha estado en la mente de varios sectores libertarios y autónomos caminar por este sendero, pero es impostergable la necesidad de materializar las tareas desde los objetivos planteados en el corto plazo, que empiezan por los escenarios locales y el fortalecimiento de la organización desde abajo, encontrándonos en los ritmos de las luchas, que esperemos más pronto que tarde, sea un ritmo acelerado por una alternativa revolucionaria, antiautoritaria y radical. Por ello se hace necesario pensarnos este tipo de encuentros de procesos de base y consejos estudiantiles, de estudiantes de secundaria y de espacio sindicales locales de trabajadoras y profesoras para ir caminando hacia una articulación sectorial nacional de cada uno de los estamentos, a la vez que podríamos empezar a posicionar en el mediano plazo la creación de una Mesa Social Educativa, que se plantee como una federación general que se piensa las problemáticas de la educación en Colombia y articula las luchas, para hacer de la unidad la herramienta con la cual el pueblo organizado avanza en pro de construir nuevas maneras de enseñar(nos) y aprender.

Steven Crux
Mayo 2015

Mantilla… Tenemos que hablar

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Mantilla...Tenemos que HablarLa tan rimbombante campaña “Tenemos que Hablar”, estrategia de resolución de conflictos liderada por Bienestar Universitario de la Universidad Nacional en la sede Bogotá, realizó una encuesta en la universidad para determinar cuáles eran las principales problemáticas que aquejaban a la comunidad universitaria, incluyendo estudiantes, profesores y trabajadores.

La comunidad debía votar[1] (método que a veces le gusta al Rector y a veces no tanto) para identificar cual era la problemática común que aquejaba a cerca de los 60.000 integrantes de los tres estamentos, como resultado de tan confuso mecanismo de democracia al interior de la Universidad, se priorizó la respuesta “Vamos de una vez a ponernos deacuerdo en cómo debemos cuidar elcampus (muros, señalizaciones, jardines,salones, libros, etc.) reconociendo que es de tod@s y para tod@s.” con 1764 Votos, es decir, 55% de la cantidad de votantes en esta consulta, que para gracia de Ignacio Mantilla y sus asesores, sí es decisoria.

El tal “Pacto por el Campus” se llevó a cabo con la mejor de la intenciones, prestando sonidos, con participación de los grupos de investigación de las distintas facultades, buena musiquita, no tan buenos oradores, y extrañamente se veía en la Plaza Ché frente a la Biblioteca Camilo Torres Restrepo a profesores de la Facultad de Ciencias y de Artes, los más interesados en los contratos de infraestructura que se están llevando a cabo en el campus actualmente. Pero por ningún lado se veía una gran aglomeración de estudiantes, ¡SI! Esos mismos estudiantes que en el 2011 salieron a las calles a joderse las nucas y los cachetes por la educación pública estatal, que pedían además de calidad académica presupuesto para los distintos campus que tiene las Universidades Públicas de TODO el país.

Pero, ¿Y donde estaban estos muchachos?, porque si la votación fue mayoritaría (55% de los votos) ¿No había agremiaciones estudiantiles o por lo menos estudiantes presentes en el acto?, ¿Es que acaso no elegimos esta prioridad entre todas?

Pues la verdad por delante, dicen los abuelos, la verdad es que toda esta campaña se ha efectuado con indiferencia por parte del estudiantado. Veamos las cifras:

3.120 personas votaron según la pagina www.tenemosquehablar.unal.edu.co

De ellas 1.764 fueron por el cuidado del campus

Ahora 23.293 personas votaron en la consulta para elegir rector (cabe aclara que los trabajadores NO son incluidos en esta consulta). De ellas 11.869 eligieron que Mario Hernandez fuera el rector de la Universidad.

Con todo esto empieza uno a comprender como la democracia en la UN y las ganas de incluirnos a todas en las decisiones son ligadas a los intereses de la rectoría, que son una caja de resonancia de lo que se dictamina en el Ministerio de Educación y la Casa de Nariño.

En este panorama nos preguntamos ¿Cuál es el interés por conducir una campaña sobre el cuidado del campus?, ¿Será que se piensa solo en los milloncitos que representa tumbar el edificio de Arquitectura y construir uno nuevo, será que la burbuja inmobiliaria también acoge los predios de la universidad y la construcción de edificios para Posgrados? ¿Será que en estos espacios de discusión se va a hablar del Proyecto del CAN que promueve el Gobierno y Luis Carlos Sarmiento actualmente?

Son más los interrogantes que las claridades que la campaña arroja, es claro que entre todas tenemos que cuidar el campus, pero es aún más claro que tenemos que sacar la basura del mismo, sacar la seguridad privada que intimida y roba más que cualquiera, sacar a los jibaros que hacen negocio dentro de ella e igual de importante sacar a rectores, profesores y administrativos que solo buscan ascender en sus carreras políticas y tecnócratas y hacerle favores al Estado, en detrimento de la calidad y la vocación popular con la que realmente se debe construir conocimiento en este pedazo de suelo.

De igual manera es claro que el campus debemos conservarlo, pero por lo que históricamente representa, ninguna plaza Santander es legítima, ninguna Biblioteca Gabriel García Marques es legítima, el campus como siempre se construye y se significa desde la misma comunidad, con estudiantes demoliendo la estatua de Santander, con estudiantes dibujando a Ernesto “Che” Guevara, pintando a Camilo Torres Restrepo, con estudiantes llenando de discusión y alegría los pasillos y cafeterías de la universidad, no imponiendo desde arriba hacia abajo, distrayendo la atención con campañas con bonitos gráficos pero sin contenido, con una participación activa, que se construya con todas y desde abajo.

[1] Cabe anotar que no creemos que la democracia representativa y el voto sea el mejor mecanismo para salir de la crisis estructural en la cual se encuentra la Universidad Nacional de Colombia.

Invitamos: Conversatorio «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera»

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Les extendemos la invitación a (re)crear memoria:

El Departamento de Ciencias Sociales y la Facultad de Humanidades de la Universidad Pedagógica Nacional invitan a la comunidad universitaria a participar del Conversatorio «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera». Recordaremos en el día del evento al profesor Darío Betancourt (1999), a los estudiantes Oscar Arcos (2012), Daniel Garzón (2012), Lizaida Ruiz (2012), Miguel Ángel Quiroga (1998), Cristina del Pilar Guarín (1985), entre otros compañeros que aportaron al Departamento de Ciencias Sociales, a la Facultad de Humanidades y en general a la UPN Auditorio Paulo Freire Mayo 30 de 2014 Hora: 3:00 p.m.a 5:00 p.m.