Trabajadoras

Lxs anarquistas y las votaciones en Colombia

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Vídeo resumen de la jornada de discusión llevada a cabo el 12 de Junio en Bogotá, Colombia, respecto al papel de lxs anarquistas en las elecciones.

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Hidroituango: Una tragedia inminente

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hidro

Propiedad nuestra será la tierra, propiedad de gentes,
la que fue de nuestros abuelos, la que dedos de patas que
machacan nos han arrebatado.

Manifiesto en náhuatl de Emiliano Zapata (1918)

 

La noción de conflicto social alude a una diferencia entre grupos sociales relevantes que componen una sociedad. Lewis A. Coser asume el conflicto desde un enfoque sociológico, como una constante lucha por los valores y por el estatus, por el poder y los recursos escasos donde los oponentes desean neutralizar, dañar o eliminar a sus rivales. Siguiendo este precepto, podría decirse que un conflicto entre grupos, pasa a ser un conflicto social cuando se transciende lo individual o grupal, y afecta, la propia estructura social y su funcionamiento. En Colombia, los conflictos de cualquier índole sobreabundan: sociales, económicos, armados, de género, entre otros. A partir de allí, y teniendo en cuenta el abuso de poder, la negligencia por parte del Estado y la manipulación de la información de parte de los medios de comunicación, resulta importante dedicar unas cuantas líneas al conflicto socioeconómico, incluyendo algunos precedentes, que tuvo ahora la hidroeléctrica Ituango para forjar su construcción como el proyecto de generador de energía más ambicioso, “revolucionario” y “único”.

Este proyecto pretendió convertirse en una de las fuentes generadoras de energía más importantes de Latinoamérica y nació hace más de 50 años, pero debido a las múltiples fallas geológicas, humanas y económicas, el proyecto sufrió diversos cambios como su ubicación, la cantidad de energía y la altitud que la presa iba a tener, cuestiones que se fueron definiendo tras varios estudios. De acuerdo a una columna publicada en el periódico virtual El Mundo, el proyecto de Hidroituango, estuvo inicialmente en manos del ingeniero José Tejada Sáez, cuando entre 1960 y 1970 se creó un plan donde se pretendía llevar a cabo la construcción de un par de hidroeléctricas situadas en el Cauca Medio1. Leer el resto de esta entrada »

VIOLENCIA OBSTÉTRICA: UNA VIOLENCIA SILENCIOSA CONTRA LA MUJERES

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obstr0

Puede que me arresten, me procesen y me metan en la cárcel, pero nunca me callaré; nunca asentiré o me someteré a la autoridad, nunca haré las paces con un sistema que degrada a la mujer a una mera incubadora y que se ceba con sus inocentes víctimas. Aquí y ahora declaro la guerra a este sistema y no descansaré hasta que sea liberado el camino para una libre maternidad y una saludable, alegre y feliz niñez”.

Emma Goldman(1916)

Este texto está dedicado a todas aquellas mujeres de que alguna u otra manera han sufrido el maltrato de un sistema excluyente, machista, degradante y que en consecuencia, sus vidas han estado marcadas por las huellas de esta violencia que permean hasta hoy sus recuerdos y sus cuerpos. Por todas ellas, por las que vienen, por la libertad de decidir y denunciar, por una maternidad libre y sin prejuicios.

La violencia contra la mujer, es indiscutiblemente uno de los pilares más importantes del sistema capitalista, en términos de socavar sus libertades colectivas e individuales, imponiendo comportamientos, actitudes, prototipos e imaginarios de mujer que sin más, terminan empeorando las relaciones de desigualdad que sustentan al sistema mismo en clara contravía del florecimiento de todas aquellas mentes que se piensan la transformación de su propia realidad a partir de la construcción de nuevas formas de relaciones tanto sociales, como políticas, culturales y económicas. La mujer, históricamente oprimida y víctima de un sinnúmero de agresiones a su integridad física, psicológica, social y económica ha resistido los golpes de una sociedad educada bajo los cimientos del egoísmo, la exclusión, la competencia y la violencia desmedida; de allí, importantes movimientos y asociaciones libres de mujeres que buscaron – y buscan – abatir desde las prácticas cotidianas y la denuncia global del capitalismo y – para quienes aún no son conscientes de ello- del maltrato en todas sus formas contra la mujer que generen su apabullamiento, sumisión y silenciamiento.

Es habitual encontrar a diario en los titulares de noticias referencias de esto: violaciones, asesinatos, golpizas, amenazas, persecuciones, abusos de poder, quemas con ácido, etc., los cuales de alguna u otra forma, con los años han logrado posicionar las denuncias en un lugar mucho más alejado del silenciamiento al que se sometía este ejercicio décadas atrás, ahora es mucho más viable, pero también parece ser, mucho más común el ejercicio de la violencia contra la mujer. Parece ser, que esta ha permeado todos los contextos de la vida: familiar, sentimental, social, laboral, todas con un infinito listado de denuncias, mayoritariamente hasta hoy, impunes.

Sin embargo, existe no como algo nuevo, una práctica que cuenta aún con muy pocas denuncias: La violencia obstétrica, la cual se practica contra todas aquellas que, de alguna u otra forma, independientemente de su contexto, se encuentran en un estado de vulnerabilidad lleno de hermosas transformaciones: el embarazo. Es a partir de este proceso, en el que la mujer empieza a recibir serios vejámenes contra su integridad y la del ser que lleva en su vientre, que, hasta el día de hoy, se han convertido en prácticas que aparte de ser violentas, se han normalizado y silenciado, tal vez por miedo o por ignorancia. Por esto, la importancia de definirla para poder denunciarla.

¿Qué es la violencia obstétrica? – Definirla es reconocerla y denunciarla.

La violencia obstétrica es toda violencia o maltrato que sufre una mujer durante el tiempo de embarazo, parto y puerperio1, por tanto es considerada por la OMS como violencia de género. Este tipo de maltrato es efectuado generalmente por los profesionales de la salud que atienden a la mujer en cada una de estas etapas, pasando tanto por una violencia psicológica atravesada por el señalamiento, burla y cuestionamientos del embarazo de la misma, como por la violencia física a la que haremos referencia más adelante. La violencia obstétrica se evidencia desde el momento en que la mujer deja de ser un sujeto activo en un momento trascendental, crucial de su vida, para ser un objeto al que se interviene y domina las veces y de las formas que crea necesario el personal médico, en relación asimétrica con la mujer, deshumanizando su voluntad, su dignidad, dejándola en un estado de obediencia y subordinación, alejándola de todo poder sobre su cuerpo y desnaturalizando el parto al procurar, por ejemplo, adelantarlo del tiempo natural que este necesita.

La coordinadora General de la Red Latinoamericana y del Caribe por la humanización del parto y del nacimiento, Gilda Vera señala: “El parto es algo que le pertenece a ella. Todo lo que el equipo de salud haga para que no sea absolutamente natural, es violencia. (…) Hacer intervenciones innecesarias, romper la bolsa cuando no se debe, apresurar el parto es violencia obstétrica”2. Este tipo de violencia, se ha naturalizado por el mundo entero, las mujeres creen que este proceder es normal como evidencia indiscutible de la experiencia del profesional médico que la “atiende”, pero, lo cierto es que la carga psicológica que imponen sobre la mujer, en momentos de vulnerabilidad física y emocional es tan fuerte, que muchas veces ella se siente culpable de su propio embarazo, y que por esto, a modo de karma debe sufrir las consecuencias y aguantar cualquier señalamiento y dolor. Es por ello, que la violencia obstétrica ha logrado reinar en los hospitales, en las salas de parto con total impunidad, convirtiéndose en una de las violencias de género más silenciosas en nuestro tiempo.

Se hace necesaria definirla, pues sin esto, será difícil denunciarla. Apenas hace un tiempo algunos países lo han logrado, o han dado, por lo menos, los primeros pasos para hacerlo:

En América Latina luego del Congreso “Humanización del Parto y el Nacimiento”, realizado en Ceará, Brasil en Noviembre del año 2000, se formó la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAUPAN) que agrupa y pone en contacto a redes nacionales, agrupaciones y personas, y “que propone mejorar la vivencia del parto y la forma de nacer”. Esta red es la que ha motorizado que en Mayo se organice, en todos los países de la región, la “Semana Mundial por un Parto Digno y Respetado” (…) Venezuela promulgó la “Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia” (19 de Marzo de 2007), por otra parte, Argentina tiene la Ley de Protección Integral de las Mujeres – Ley 26485 (11 de Marzo de 2009) y diseñó el “Test de Violencia Obstétrica” que identifica estas prácticas rutinarias sobre las mujeres en este país. Posteriormente, México a través del liderazgo de la organización El Parto es Nuestro, se involucra al tema desde el 30 de 20 Abril del 2014. Finalmente, Chile elaboró un proyecto de Ley que penaliza la violencia obstétrica a partir de las investigaciones realizadas por el Observatorio de Violencia Obstétrica”3

Colombia por su parte, apenas está en proceso de definición, para reafirmarla, informar y poder así denunciar. Sin embargo, es importante reconocer y aclarar que la vía legal no debe ser la que marque la ruta para denunciar públicamente este tipo de violencia, debe ser el esfuerzo mancomunado de la sociedad por informarse, reconocerla y por qué no, emprender campañas voz a voz ,para dar a conocer a muchas que este tipo de violencia existe y que debe ser denunciado.

Violencia psicológica, un trato deshumanizado.

Como ya se ha mencionado, la violencia obstétrica ha logrado normalizarse en distintos sectores de la sociedad, debido al comportamiento descontextualizado del cuerpo médico “especializado” en atender los partos evidenciándose en los siguientes comportamientos por parte del mismo: gritos, cuestionamientos, comentarios humillantes, infantilización de la mujer o evasión de las preguntas que ella tiene durante el embarazo, parto y puerperio. En algunos casos, mujeres han sido amarradas a las camas para evitar que sus movimientos cargados de desespero molesten a las demás madres que comparten con ella la sala de partos, por lo mismo les prohíben gritar. Asimismo, distintas actitudes cargadas de odio e indiferencia son prácticas comunes, como la utilización de frases inhumanas que señalan lo siguiente con un frescura desmedida : “Con esto, no vas a querer más hijos” o “Quién te mandó a abrir las piernas”; a su vez, la realización de tactos inescrupulosos por médicos y unos 5, 6, 7, 8 aprendices que ven a la mujer como el objeto que todos pueden tocar para aprender mejor la obstetricia… dejan a la mujer en un grado de inferioridad que tal vez nunca haya tenido que vivir en su vida y que en el momento más especial de la misma ha tenido que hacerlo, lamentablemente.

Una mujer cuenta: “Estamos semidesnudas, en presencia de extraños, muchas veces solas, en espacios que nos son desconocidos y en los que no ejercemos ningún poder, en posición de sumisión total: con las piernas abiertas y levantadas, tumbadas contra la espalda, con los genitales expuestos y está en juego nuestra vida y la de nuestros hijos.”4

Por otro lado, es violenta la forma en la que el/la hija es separada bruscamente de la madre al nacer, sin dejarla vivir ese momento único y maravilloso, en la que los lazos de amor creados desde su barriga buscan materializarse con la necesidad de un primer abrazo. Está comprobado científicamente que esto ayuda a las relaciones de apego y beneficia al bebé en el control de la temperatura y regulación emocional.5 Esto nos lleva a pensar que se hace necesario recordar, por más ridículo que debiera ser, que el nacimiento de un ser y de su madre, requieren todo el respeto del mundo.

Un testimonio cuenta: “Dijo el anestesista ‘Ese es Aner’. Se lo llevaron, lo trajeron vestido y limpio, me dijeron ‘dale un beso’, como si fuera una orden, y se lo llevaron. Estuve tres o cuatro horas en la sala del despertar, no paraba de llorar para que me trajeran al niño, quería darle el pecho. Había cinco pacientes más, una sin útero, yo gritaba que me trajeran al niño. Me decían ‘estás loca’. Vino un celador contando: ‘tranquila, chica, si yo ya he visto a tu niño y es muy bonito.’ ¡Cómo si eso me animara! Todo el mundo lo había visto menos su propia madre.6

A todo esto podemos sumarle que en la mayoría de los casos se les priva a las mujeres de parir junto a su compañero sentimental, padre de su hijo/a o de la persona que ella decida tener a su lado en ese momento, lo cual siembra un desgaste emocional de la madre quien debe no solo resistir el dolor físico de un parto, sino el de saberse sola y sin apoyo.

Violencia física, la mujer como máquina de reproducción.

En el momento del parto, los médicos acuden a la artimaña inhumana de inducir partos por comodidad ya que para ellos, entre más rápido realicen el procedimiento, mejor librados saldrán y con tiempo a su favor, como si la mujer fuese una máquina de reproducir bebés en tiempo récord.

Entre las excusas más mencionadas se encuentran: que la mujer tiene la pelvis muy estrecha, lo que dificultaría un parto natural, o deducciones tales como: “si no dilata rápido, le haremos cesárea”. Se ha naturalizado la cesárea, es como si fuera ‘la otra forma de parir’ cuando en realidad es un recurso médico, que tiene una indicación precisa. A nadie le operan el apéndice por las dudas”, ejemplifica María Pichot, fundadora de la asociación civil Dando a luz.7.

No por capricho la OMS realiza una serie de recomendaciones para los profesionales de la salud y los centros de atención médica, que sorprendentemente rayan con el salvajismo: Por un lado, procurar evitar la maniobra llamada kristeller, que trata de empujar al bebé dentro del vientre para agilizar su nacimiento. Frente a ello, una mujer cuenta: “Me hicieron muchos tactos dolorosos e innecesarios. Una enfermera incluso se sentó sobre mi panza para ver si el bebé bajaba. Al final tuve una cesárea espantosa, me hicieron cualquier cosa. Yo no existía”8. Asimismo, la utilización del instrumento conocido como fórceps9, el cual pone en riesgo a la madre, pero especialmente al bebé cuando este instrumento es utilizado para halarlo desde la cabeza, pudiendo generar daños irreversibles en su cráneo.

De otro lado, evitar la episiotomía, entendida como un corte realizado en la zona perianal para agrandar la apertura de la vagina, practica muy común, especialmente en partos de alto riesgo. Muchas veces esta práctica no es siquiera consultada a la directamente implicada: la madre, a la cual, en situación de vulnerabilidad le practican lo que les parezca más fácil en el momento, sin importar la opinión o posición de ella. De igual forma, el abuso de medicalización sin consulta previa a la madre con el fin de aumentar las contracciones para que estas se produzcan en un lapso de un minuto entre cada una durante aproximadamente 4 horas.

Otra recomendación de la OMS es: no obligar a la madre a parir en posición horizontal o inmovilizada, pues está comprobado que esta posición genera mucho más dolor e incomodidad en la madre y puede resultar también riesgosa para su bebé. Cada mujer debe decidir libre la posición en la que se sienta más cómoda para parir a sus hijos. De esto, se ha construido un saber no-occidentales y des-occidentales a partir de las prácticas de algunas parteras del Pacífico colombiano o indígenas latinoamericanas y doulas10, que más allá de una guía a la hora de concebir un ser, se construye como una convicción política y social de su pueblo. Finalmente, sugiere evitar la maniobra Hamilton, en la que el médico desprende del cuello del útero las membranas que rodean el bebé utilizando las manos o algún otro instrumento con el fin de permitir el desprendimiento que lo mantiene unido al útero.

¿Qué nos queda después de esto?

Sin duda alguna, este artículo es una invitación, un abrebocas para que las personas se motiven investigar con mayor profundidad esta violencia que por lo menos en Colombia, se presenta de manera silenciosa e impune en uno de los momentos más importantes en la vida de una madre. De esta manera, la denuncia como primer paso, urgente y necesaria, que permita o motive a otras madres, mujeres y hombres a denunciarla, así como buscar alternativas para difundirla y generar cuestionamientos de la medicina tradicional que se nos ha impuesto, y así permitirnos pensar que otro tipo de medicina y partos, en este caso, son posibles, que tenemos derecho a decidir libremente si queremos ser madres o no. Si es el caso, a tener una maternidad digna, viva y a la altura del momento, donde la madre, el padre, su hijo/a y su círculo familiar sean partícipes de esta experiencia única. Ejemplos de resistencia y nuevas formas de hacerlo han empezado a vislumbrarse y a reaparecer, como se mencionó con anterioridad con las parteras indígenas y del pacífico, que con un conocimiento popular, saben mucho más de dignidad que los obstetras que tienen una visión machista y egoísta del parto; las doulas por su parte, como apoyo emocional, tan necesario en estos momentos y tan evadido por los centros de salud.

De esta manera, la denuncia deberá ser cada día más efectiva, si abrazamos estas causas como propias y reivindicamos nuestras libertades como mujeres, que piensan, sueñan y transforman, todo por un mundo mejor para vivir.

1 Tiempo después del parto (pos parto), generalmente constituido los 40 siguiente días, conocidos comúnmente como la “dieta”. Momento de especial cuidado para la recuperación exitosa de la madre.

4 ¿Qué es la violencia obstétrica? Algunos aspectos sociales, éticos y jurídicos.[En línea] Francisca Fernández Guillén. Dilemata año 7 (2015), n° 18 , 113-128. ISSN 1989 – 7022.

5 Ibíd.

6 Ibíd.

8 Íbid.

9 Instrumento en forma de pinzas o tenazas que se utiliza en el momento del parto para ayudar a la extracción rápida del bebé, simulando un parto normal.

10 Es una persona capacitada en el parto, que proporciona apoyo emocional, físico y educativo a una madre que está esperando, está experimentando el parto, o ha dado a luz recientemente. El propósito de la doula es ayudar a las mujeres tener una experiencia de parto seguro, memorable, y empoderando.

¡Siempre perdemos!

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abstencion

 

La jornada de elecciones del pasado 27 de mayo aparece como un momento histórico trascendental para la vida de millones de personas, pues se dice, que a partir de lo ocurrido se presentan al país dos rutas diametralmente opuestas para los años venideros: El infierno de Duque o el paraíso de Petro. Teniendo en cuenta el momento político actual y la correlación de fuerzas existente, es muy probable que en la segunda vuelta quien salga victorioso en los comicios electorales, sea el títere del gamonal que gobierna desde la comodidad del Ubérrimo. Con ello, resulta evidente que la política de mano dura será la constante, por lo menos durante los próximos cuatro años. Ahora bien, en este panorama nuestra apuesta analítica no va encaminada a depositar incontables esfuerzos que contribuyan a hacerle un contra peso a Duque mediante una táctica publicitaria de convencimiento de masas. A nuestro juicio, lo interesante del escenario que se avecina, radica en la necesidad de desarrollar una nueva estrategia que permita acumular fuerzas para enfrentar la arremetida de la ultraderecha criolla, y conjuntamente, de forma colectiva encontremos soluciones a los problemas estructurales que afrontamos como sociedad.

Sin embargo, es engorroso el panorama de país que Duque se piensa para su mandato, que, aunque nunca reconoceremos (sea de éste o de Petro), en un cortísimo y corto plazo, no beneficiará los intereses de las clases oprimidas ni tampoco su movilización y exigencia de demandas. Por el contrario, se vislumbra una unificación de poderes que estarán al alcance de sus intereses, tan cercanos al fascismo: Control del poder ejecutivo (presidencia); del legislativo con Uribe, como presidente del Congreso; y la posible unificación de las cortes en la rama judicial, tendría un totalitarismo absoluto para su gobernanza, entre otros males. Leer el resto de esta entrada »

1ero Mayo 2018 ¡Desde el Sur y con la Gente! (Videopasquín)

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Videopasquín de la movilización en el sur de la ciudad de Bogotá en la conmemoración de la clase trabajadora. (2018)

 

A mis compañeras y compañeros

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trabajadores

 

Pero -dicen los economistas- los propietarios, los capitalistas, los patrones, están igualmente forzados a buscar y a comprar el trabajo del proletario. Es verdad, están obligados a ello, pero no igualmente. ¡Ah, si hubiese igualdad entre el que demanda y el que ofrece, entre la necesidad de comprar el trabajo y la de venderlo, no existirían la esclavitud y la miseria del proletariado! Pero es que entonces no habría tampoco ni capitalistas ni propietarios, ni proletariado, ni ricos ni pobres; no habría nada más que trabajadores. Los explotadores no son y no pueden ser tales precisamente más que porque esa igualdad no existe. “ -M. Bakunin -El sistema capitalista

El sistema Capitalista en el que vivimos nos ha hecho sentir la constante necesidad de responder con la obligación de acceder a un empleo para contribuir con nuestros gastos – salud, alimentación, vivienda, vestuario y ocio – y los gastos de las que nos rodean, con el fin de sobrevivir e intentar de alguna u otra manera mejorar nuestras condiciones reales de existencia. Esta situación se torna más compleja cuando la necesidad es en mayor medida la que dicta el tipo de trabajo al que puede acceder una persona perteneciente a las clases oprimidas en una economía capitalista, donde impera la explotación de las mismas.

En América Latina las economías se enfocan en la extracción de materia prima, los servicios y el turismo, esto genera una oferta determinada de trabajo para las personas con mano de obra “calificada” y mano de obra simple. Como en todo el mundo, un reducido sector de la población tiene la posibilidad de ocupar aquellos empleos de dirección, administración y explotación, – como dice uno de los viejos barbudos del siglo XX1-, mientras la mayoría de personas se ven forzadas a realizar los trabajos más penosos, con mayor riesgo, esfuerzo y competencia, sumado a esto, la mala remuneración que reciben por ello.

Bajo esta condición podemos comenzar a entender por qué nuestros puestos de trabajos suelen carecer de unos mínimos de seguridad, y más en tiempos de medidas de flexibilización laboral, en donde el patrón tiene el sartén por el mango, y puede disponer de una fuerza de trabajo muy basta que en cualquier momento está dispuesta a emplear para reemplazar a un compañero o compañera que no esté realizando “bien” su labor. No en vano, una de las máximas consignas del capitalismo es que “aquí nadie es indispensable”, si usted no está de acuerdo con las reglas de la empresa y el patrón, detrás suyo habrá quienes estén dispuestos a aceptarlas, debido a la penosa necesidad a la que nos referimos al inicio del texto.

En los sectores más informales de la economía, esto es pan de cada día, supongamos un negocio de comidas rápidas, en donde las labores que allí se ejercen, no requieren de una capacitación exhaustiva, pues gracias a la esencia del modelo Taylorista, lo único que es necesario aprender son 3 o 4 tareas que se deben repetir incesantemente las 8, 10 o 12 horas de trabajo que disponga. Las posibilidades de obtener un trabajo como este son amplias en la medida que cualquier persona podría realizar esta labor, por ello su demanda es muy extensa, lo que da una posición de privilegio al que oferta el trabajo, es decir, al que posee los medios de producción. Siguiendo con lo que se decía hace 200 años:

Concluido a término y reservando al obrero la facultad de dejar a su patrón, no constituye más que una especie de servidumbre voluntaria y pasajera. Si, pasajera y voluntaria solo desde el punto de vista jurídico, pero de ningún modo desde la posibilidad económica. El obrero tiene siempre el derecho de abandonar a su patrón, pero, ¿dispone de los medios?

Y si lo abandona, ¿será para comenzar una existencia libre en la que no tendrá otro patrón más que a sí mismo? No, será para venderse a un nuevo patrón. Será impulsado a ello fatalmente por esa misma hambre, esa libertad del obrero que exaltan tanto los economistas, los juristas y los republicanos burgueses, no es más que una libertad teórica sin ningún medio de realización posible, por consiguiente, una libertad ficticia, una mentira”.

Si consideramos que el patrón tiene la ventaja de tener a su disposición cuando quiera, personas a las cuales puede contratar y siguiendo la lógica capitalista de maximizar las ganancias, esto conlleva necesariamente a que las condiciones de trabajo no sean una prioridad en el negocio, es decir, que los trabajadores no tengan el descanso necesario por la labor que están realizando, o que las máquinas y herramientas con las que ejecutan sus labores no estén en óptimas condiciones, también, es recurrente que los implementos de trabajo muchas veces no son suministrados por la empresa, y por ende, deben ser asumidos por el trabajador, junto con un largo etcétera.

Al encontrarnos en esta situación, las trabajadoras históricamente han buscado organizarse para mejorar las condiciones de vida, puesto que sabemos que no estamos en relación de igualdad frente al patrón, y esto seguramente muchas de nosotras lo han vivido; si una o dos trabajadoras comienzan a exigir por mejoras, estas son tratadas como instigadoras, subversivas, comunistas, revoltosas y un sinfín de palabrerías con la intencionalidad de desprestigiar y desdibujar las justas exigencias de las trabajadoras.

Esto nos ha permitido aprender de las experiencias pasadas en las que la organización nos ha conducido a mejores puertos. Son múltiples ejemplos que se pueden citar para recalcar este punto, como la jornada de 8 horas de trabajo, la celebración de días festivos, cubertura en salud y otros, sin embargo, cabe aclarar que aquellas “victorias” del movimiento obrero de antaño, hoy se quedan cortas para los objetivos, lineamientos y estrategias de las organizaciones sindicales revolucionarias, o bueno, del tipo sindical que le apostaría tomar los medios de producción y construir la revolución social.

Empero, estas victorias arrancadas con sudor y sangre de otras compañeras en épocas atrás, no son hoy en día tenidas en cuenta por el miedo que nos da hablar entre nosotras, o hablar con el patrón. Hemos naturalizado las malas condiciones laborales que hemos experimentado, vemos normal que si nos piden horas extras no las cobremos, si nos enfermamos por culpa del trabajo nos descuenten el día asumiendo como propia la culpa de que nuestros cuerpos no resistan la fatiga. Pareciese que vemos con buenos ojos que despidan a un compañero porque prefiere faltar al trabajo para quedarse en casa cuidando a su hijo enfermo porque no tiene sentido de responsabilidad con el trabajo. Nos educan para agradecer estas condiciones, desde pequeñas nos dicen que el trabajo es una bendición, y debemos conservarlo sin hablar muy alto o inclusive siquiera dirigirle la palabra al jefe. Es verdad, tenemos que ser conscientes que estamos trabajando, y como la situación no es la mejor, no podemos darnos el lujo de quedarnos sin trabajo, pero al mismo tiempo debemos ser conscientes que la relación entre el dueño de la empresa y nosotras no es solo desigual, sino injusta.

La naturalización de esta cotidianidad nos ha hecho también ver enemigas entre las mismas trabajadoras, esta, es una de las grandes victorias del Capitalismo: La división y confrontación en la que nos vemos inmersas, no sólo al momento de conseguir un empleo, sino en el momento de ejecutarlo, donde somos testigos de situaciones lamentables como la competencia entre dos o más trabajadoras por buscar la aprobación de su jefe y así elevar su status con altas probabilidades de convertirse en esquiroles, perdiendo con esto, su dignidad, respeto de sus compañeros y compañeras de trabajo y facilitando las dinámicas de explotación ejercidas por el patrón.

Teniendo en cuenta esto, vale la pena preguntarse: ¿Cómo es posible que personas que vivimos 8 horas bajo las mismas condiciones de explotación nos hagamos la vida imposible porque ella es más alta, él es más callado, o me miro mal o cualquier situación que se genera por estar en una jornada de trabajo estresante? Tenemos que detenernos a pensar por qué nos amargamos la vida nosotras mismas, y de paso, le hacemos el juego al Capitalismo. Es claro que también existen compañeras que deciden deliberadamente seguir este juego, puesto que lo hacen por falta de conciencia de lo que significa ser trabajadora, pero debe ser claro también para nosotras que en las demás relaciones debe aflorar el apoyo mutuo y la solidaridad.

Es cierto que existen toda clase de roles en la dinámica del trabajo, entre los cuales el patrón da algún grado de responsabilidad a una o dos compañeras para que realicen tareas de coordinación o administración. Si estuviésemos en algún momento en esta posición es claro con quién debemos estar y a quién le debemos nuestra solidaridad, puesto que ese cargo por más que tenga responsabilidades no debe ser para convertirse en acolito de los intereses del dueño, por el contrario, debe ser un puesto de conquista para mejorar las condiciones de trabajo de todas las personas que realmente generamos la riqueza social y estamos en condición de explotación.

Por ello, es urgente generar charlas amenas entre las trabajadoras, deberíamos mostrar interés por nuestras familias, por nuestras vidas fuera de los lugares de trabajo, salir a tomar una cerveza o comer un helado, puesto que, si afianzamos las relaciones personales entre nosotras, nos será más fácil el día de mañana hacerle frente a un reclamo por un pago, por un merecido día de descanso, por el derecho a vivir una enfermedad, una indemnización o un despido, y al mismo tiempo, al Capitalismo. Estas estrategias no nacen de un libro escrito por algún barbudo de esos que nos gustan del siglo XIX o XX, esta postura debe partir desde la solidaridad y el apoyo mutuo entre iguales. Seguramente mañana cambiaremos de trabajo y encontraremos una situación similar, pero en el fondo la cuestión radica en ir acumulando y seguir persiguiendo la utopía de un mundo nuevo donde primen las relaciones humanas a las relaciones comerciales. Queda mucho por hacer, ¡Trabajo es lo que hay!.

¿Queréis que los hombres no opriman a otros? Haced que no tengan nunca el poder de oprimirlos. ¿Queréis que respeten la libertad, los derechos, el carácter humano de sus semejantes? Haced que estén forzados a respetarlos: No forzados por la voluntad ni por la acción opresiva de otros hombres, ni por la represión del estado y de las leyes, necesariamente representadas y aplicadas por hombres, los que los harían esclavos a su vez, sino por la organización misma del medio social: organización constituida de modo que aun dejando a cada uno el más entero goce de su libertad no deje a nadie la posibilidad de elevarse por encima de los demás, ni de dominarlos, de otro modo que por la influencia natural de las cualidades intelectuales o morales que poseen, sin que esa influencia pueda imponerse nunca como un derecho ni apoyarse en una institución política cualquiera.”

Palabras de Irving Abrahams

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A continuación compartimos unas breves, pero lucidas palabras de Irving Abrahams, Militante del sindicato IWW -Industrial Workers of the World”, uno de los sindicatos con tradición libertaria más importante de Estados Unidos y Canada, a pesar de que tiene seccionales en varias partes del mundo anglosajón, como Irlanda, Australia, Reino Unido, entre otros. Demostrando que el Anarquismo siempre ha estado presente en la lucha de las trabajadoras organizadas.