Trabajadoras

A mis compañeras y compañeros

Minientrada Posted on

trabajadores

 

Pero -dicen los economistas- los propietarios, los capitalistas, los patrones, están igualmente forzados a buscar y a comprar el trabajo del proletario. Es verdad, están obligados a ello, pero no igualmente. ¡Ah, si hubiese igualdad entre el que demanda y el que ofrece, entre la necesidad de comprar el trabajo y la de venderlo, no existirían la esclavitud y la miseria del proletariado! Pero es que entonces no habría tampoco ni capitalistas ni propietarios, ni proletariado, ni ricos ni pobres; no habría nada más que trabajadores. Los explotadores no son y no pueden ser tales precisamente más que porque esa igualdad no existe. “ -M. Bakunin -El sistema capitalista

El sistema Capitalista en el que vivimos nos ha hecho sentir la constante necesidad de responder con la obligación de acceder a un empleo para contribuir con nuestros gastos – salud, alimentación, vivienda, vestuario y ocio – y los gastos de las que nos rodean, con el fin de sobrevivir e intentar de alguna u otra manera mejorar nuestras condiciones reales de existencia. Esta situación se torna más compleja cuando la necesidad es en mayor medida la que dicta el tipo de trabajo al que puede acceder una persona perteneciente a las clases oprimidas en una economía capitalista, donde impera la explotación de las mismas.

En América Latina las economías se enfocan en la extracción de materia prima, los servicios y el turismo, esto genera una oferta determinada de trabajo para las personas con mano de obra “calificada” y mano de obra simple. Como en todo el mundo, un reducido sector de la población tiene la posibilidad de ocupar aquellos empleos de dirección, administración y explotación, – como dice uno de los viejos barbudos del siglo XX1-, mientras la mayoría de personas se ven forzadas a realizar los trabajos más penosos, con mayor riesgo, esfuerzo y competencia, sumado a esto, la mala remuneración que reciben por ello.

Bajo esta condición podemos comenzar a entender por qué nuestros puestos de trabajos suelen carecer de unos mínimos de seguridad, y más en tiempos de medidas de flexibilización laboral, en donde el patrón tiene el sartén por el mango, y puede disponer de una fuerza de trabajo muy basta que en cualquier momento está dispuesta a emplear para reemplazar a un compañero o compañera que no esté realizando “bien” su labor. No en vano, una de las máximas consignas del capitalismo es que “aquí nadie es indispensable”, si usted no está de acuerdo con las reglas de la empresa y el patrón, detrás suyo habrá quienes estén dispuestos a aceptarlas, debido a la penosa necesidad a la que nos referimos al inicio del texto.

En los sectores más informales de la economía, esto es pan de cada día, supongamos un negocio de comidas rápidas, en donde las labores que allí se ejercen, no requieren de una capacitación exhaustiva, pues gracias a la esencia del modelo Taylorista, lo único que es necesario aprender son 3 o 4 tareas que se deben repetir incesantemente las 8, 10 o 12 horas de trabajo que disponga. Las posibilidades de obtener un trabajo como este son amplias en la medida que cualquier persona podría realizar esta labor, por ello su demanda es muy extensa, lo que da una posición de privilegio al que oferta el trabajo, es decir, al que posee los medios de producción. Siguiendo con lo que se decía hace 200 años:

Concluido a término y reservando al obrero la facultad de dejar a su patrón, no constituye más que una especie de servidumbre voluntaria y pasajera. Si, pasajera y voluntaria solo desde el punto de vista jurídico, pero de ningún modo desde la posibilidad económica. El obrero tiene siempre el derecho de abandonar a su patrón, pero, ¿dispone de los medios?

Y si lo abandona, ¿será para comenzar una existencia libre en la que no tendrá otro patrón más que a sí mismo? No, será para venderse a un nuevo patrón. Será impulsado a ello fatalmente por esa misma hambre, esa libertad del obrero que exaltan tanto los economistas, los juristas y los republicanos burgueses, no es más que una libertad teórica sin ningún medio de realización posible, por consiguiente, una libertad ficticia, una mentira”.

Si consideramos que el patrón tiene la ventaja de tener a su disposición cuando quiera, personas a las cuales puede contratar y siguiendo la lógica capitalista de maximizar las ganancias, esto conlleva necesariamente a que las condiciones de trabajo no sean una prioridad en el negocio, es decir, que los trabajadores no tengan el descanso necesario por la labor que están realizando, o que las máquinas y herramientas con las que ejecutan sus labores no estén en óptimas condiciones, también, es recurrente que los implementos de trabajo muchas veces no son suministrados por la empresa, y por ende, deben ser asumidos por el trabajador, junto con un largo etcétera.

Al encontrarnos en esta situación, las trabajadoras históricamente han buscado organizarse para mejorar las condiciones de vida, puesto que sabemos que no estamos en relación de igualdad frente al patrón, y esto seguramente muchas de nosotras lo han vivido; si una o dos trabajadoras comienzan a exigir por mejoras, estas son tratadas como instigadoras, subversivas, comunistas, revoltosas y un sinfín de palabrerías con la intencionalidad de desprestigiar y desdibujar las justas exigencias de las trabajadoras.

Esto nos ha permitido aprender de las experiencias pasadas en las que la organización nos ha conducido a mejores puertos. Son múltiples ejemplos que se pueden citar para recalcar este punto, como la jornada de 8 horas de trabajo, la celebración de días festivos, cubertura en salud y otros, sin embargo, cabe aclarar que aquellas “victorias” del movimiento obrero de antaño, hoy se quedan cortas para los objetivos, lineamientos y estrategias de las organizaciones sindicales revolucionarias, o bueno, del tipo sindical que le apostaría tomar los medios de producción y construir la revolución social.

Empero, estas victorias arrancadas con sudor y sangre de otras compañeras en épocas atrás, no son hoy en día tenidas en cuenta por el miedo que nos da hablar entre nosotras, o hablar con el patrón. Hemos naturalizado las malas condiciones laborales que hemos experimentado, vemos normal que si nos piden horas extras no las cobremos, si nos enfermamos por culpa del trabajo nos descuenten el día asumiendo como propia la culpa de que nuestros cuerpos no resistan la fatiga. Pareciese que vemos con buenos ojos que despidan a un compañero porque prefiere faltar al trabajo para quedarse en casa cuidando a su hijo enfermo porque no tiene sentido de responsabilidad con el trabajo. Nos educan para agradecer estas condiciones, desde pequeñas nos dicen que el trabajo es una bendición, y debemos conservarlo sin hablar muy alto o inclusive siquiera dirigirle la palabra al jefe. Es verdad, tenemos que ser conscientes que estamos trabajando, y como la situación no es la mejor, no podemos darnos el lujo de quedarnos sin trabajo, pero al mismo tiempo debemos ser conscientes que la relación entre el dueño de la empresa y nosotras no es solo desigual, sino injusta.

La naturalización de esta cotidianidad nos ha hecho también ver enemigas entre las mismas trabajadoras, esta, es una de las grandes victorias del Capitalismo: La división y confrontación en la que nos vemos inmersas, no sólo al momento de conseguir un empleo, sino en el momento de ejecutarlo, donde somos testigos de situaciones lamentables como la competencia entre dos o más trabajadoras por buscar la aprobación de su jefe y así elevar su status con altas probabilidades de convertirse en esquiroles, perdiendo con esto, su dignidad, respeto de sus compañeros y compañeras de trabajo y facilitando las dinámicas de explotación ejercidas por el patrón.

Teniendo en cuenta esto, vale la pena preguntarse: ¿Cómo es posible que personas que vivimos 8 horas bajo las mismas condiciones de explotación nos hagamos la vida imposible porque ella es más alta, él es más callado, o me miro mal o cualquier situación que se genera por estar en una jornada de trabajo estresante? Tenemos que detenernos a pensar por qué nos amargamos la vida nosotras mismas, y de paso, le hacemos el juego al Capitalismo. Es claro que también existen compañeras que deciden deliberadamente seguir este juego, puesto que lo hacen por falta de conciencia de lo que significa ser trabajadora, pero debe ser claro también para nosotras que en las demás relaciones debe aflorar el apoyo mutuo y la solidaridad.

Es cierto que existen toda clase de roles en la dinámica del trabajo, entre los cuales el patrón da algún grado de responsabilidad a una o dos compañeras para que realicen tareas de coordinación o administración. Si estuviésemos en algún momento en esta posición es claro con quién debemos estar y a quién le debemos nuestra solidaridad, puesto que ese cargo por más que tenga responsabilidades no debe ser para convertirse en acolito de los intereses del dueño, por el contrario, debe ser un puesto de conquista para mejorar las condiciones de trabajo de todas las personas que realmente generamos la riqueza social y estamos en condición de explotación.

Por ello, es urgente generar charlas amenas entre las trabajadoras, deberíamos mostrar interés por nuestras familias, por nuestras vidas fuera de los lugares de trabajo, salir a tomar una cerveza o comer un helado, puesto que, si afianzamos las relaciones personales entre nosotras, nos será más fácil el día de mañana hacerle frente a un reclamo por un pago, por un merecido día de descanso, por el derecho a vivir una enfermedad, una indemnización o un despido, y al mismo tiempo, al Capitalismo. Estas estrategias no nacen de un libro escrito por algún barbudo de esos que nos gustan del siglo XIX o XX, esta postura debe partir desde la solidaridad y el apoyo mutuo entre iguales. Seguramente mañana cambiaremos de trabajo y encontraremos una situación similar, pero en el fondo la cuestión radica en ir acumulando y seguir persiguiendo la utopía de un mundo nuevo donde primen las relaciones humanas a las relaciones comerciales. Queda mucho por hacer, ¡Trabajo es lo que hay!.

¿Queréis que los hombres no opriman a otros? Haced que no tengan nunca el poder de oprimirlos. ¿Queréis que respeten la libertad, los derechos, el carácter humano de sus semejantes? Haced que estén forzados a respetarlos: No forzados por la voluntad ni por la acción opresiva de otros hombres, ni por la represión del estado y de las leyes, necesariamente representadas y aplicadas por hombres, los que los harían esclavos a su vez, sino por la organización misma del medio social: organización constituida de modo que aun dejando a cada uno el más entero goce de su libertad no deje a nadie la posibilidad de elevarse por encima de los demás, ni de dominarlos, de otro modo que por la influencia natural de las cualidades intelectuales o morales que poseen, sin que esa influencia pueda imponerse nunca como un derecho ni apoyarse en una institución política cualquiera.”

Anuncios

Palabras de Irving Abrahams

Vídeo Posted on Actualizado enn

A continuación compartimos unas breves, pero lucidas palabras de Irving Abrahams, Militante del sindicato IWW -Industrial Workers of the World”, uno de los sindicatos con tradición libertaria más importante de Estados Unidos y Canada, a pesar de que tiene seccionales en varias partes del mundo anglosajón, como Irlanda, Australia, Reino Unido, entre otros. Demostrando que el Anarquismo siempre ha estado presente en la lucha de las trabajadoras organizadas.

¿Quién la tiene Clara?

Posted on Actualizado enn

“Porque el proceso de paz de La Habana está llegando a su punto culminante y el Presidente ha decidido conformar un gabinete para hacer el tránsito del conflicto armado al posconflicto, a la construcción de paz y de reconciliación. Hace dos años tomé la decisión, al lado de muchos sectores del Polo y de la izquierda, de dar el paso y de votar por el presidente Santos para proteger el mandato de paz, y pienso que en este momento ese mandato está llegando al punto en el que todos los que pensamos que la paz es lo más estratégico que tiene Colombia tenemos que entrar a colaborar.”

-Clara López Obregón

13133327_1340341072648564_310429337701927225_n

Quizás resulta extraño iniciar un escrito de nuestra autoría citando a la actual Ministra de Trabajo del Gobierno Santos, sin embargo, lejos de un viraje a la socialdemocracia,  nuestra intención radica en desglosar algunos de los elementos analíticos que permitan comprender el porqué de la decisión de aceptar el cargo, de la hasta entonces Presidenta del “único” partido de oposición de “Izquierda” en nuestro país. Suspicacia debe producir el comportamiento de este personaje que desde su discurso  ha enunciado tener  como bien supremo el punto común de la Paz, y para ello,  decide apoyar el plan de gobierno de Juan Manuel Santos haciéndose parte del mismo.

El panorama desde un principio nos llena de dudas, si tenemos en cuenta que  el empalme entre el anterior Ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, otrora, sindicalista Burocrático consagrado,  será muy fácil ya que los dos han estado  en contertulio desde la Administración que “Lucho” lideró en la Capital entre los años 2004 y 2007. En consecuencia, antes que un cambio en la orientación del Ministerio, lo que factiblemente encontremos es la continuación del proyecto vigente robustecido con la ralea burocrática de “izquierda”.

En contraposición a lo que se podría llegar a afirmar, somos conscientes  del momento que estamos viviendo en Colombia y las implicaciones que derivan de la decisión de las insurgencias de negociar con el Estado la dejación de armas, entre otras acciones, como parte necesaria para generar las condiciones para que les permitan hacer política dentro de los marcos del establecimiento. Por ello creemos pertinente remitirnos a lo que  la nueva ministra de trabajo cree en que está en juego en  el actual proceso de Paz con las FARC-EP en La Habana.

En estos momentos, tres de los seis puntos establecidos en las conversaciones previas, tienen un acuerdo parcial entre las dos partes, puntos de relativa importancia si se mira lo que falta, estos son: Política de desarrollo agrario integral, participación política y solución al problema de las drogas ilícitas. En conversaciones están el resto de puntos que se consideran los más espinosos y por tanto más importantes para el desarrollo efectivo de un pacto de no agresión entre las dos partes; víctimas, fin del conflicto e implementación, verificación  y refrendación de lo pactado. Es decir, el punto crucial al que hace referencia Clara López, es el de una intencionalidad de las dos partes por concretar un cese de hostilidades y una posibilidad para ingresar a la lucha parlamentaria sin prejuicios. Tema de más complicado, pero que no logra discutir el avance de las políticas Neoliberales en el modelo de país que impulsa un gobierno como el de Juan Manuel Santos, que si se lee un poco de historia económica, va totalmente encaminado a lo que la otra “oposición”, la de derecha en cabeza del Centro Democrático, le ha apostado desde sus inicios, es decir entregar las tierras y la fuerza productiva del país a las multinacionales.

Este gabinete que bien lo dice la Ministra se ha conformado para el Posconflicto (Posacuerdo para nosotras), motivo por el cual a ella se le encomendó seguir con las políticas de gobierno, en el sector laboral, que dejo implementadas Lucho Garzón. Se adecua con los lagartos y estrategas de siempre, como el nuevo ministro de ambiente, Luis Gilberto Murillo, experto en Minería a Cielo Abierto, que tiene la tarea de ajustar el sector agroindustrial y minero-energético a los nuevos territorios que van a ser explotados donde antiguamente hacia presencia la insurgencia.

Esta táctica de los dueños del país no es nueva, siempre ha posicionado esquiroles en los ministerios de trabajo, en nuestro pasado reciente  esta senda se inaugura con Angelino Garzón, otro de los viejos sindicalistas rendidos al patrón, continuando con Luis Eduardo Garzón, y ahora una ficha que siempre ha considerado la derecha para lavar su imagen como lo es Clara López. Nada extraño recordando su procedencia de las mismas cunas que el presidente y la burguesía criolla, a sabiendas que el pellejo político en un ruedo como el colombiano no se desgasta con estos virajes ideológicos.

Y como dicen por ahí: “Recordar es vivir”. Recordamos  entonces que nuestra vida nacional está plagada de personajes que se decían estar férreamente en la oposición del gobierno, y que tristemente para sus convicciones, al ver dinero en puesticos y una vida mejor acomodada se olvidaron de ser rojos  para convertirse en verdecitos, azulitos, amarillitos y toda la paleta de colores de la que saltan de  uno a otro frecuentemente.

Pasados los acuerdos que se dieron con insurgencias desde 1988 como la Corriente de Renovación Socialista, (CRS, sector en las filas del Ejército de Liberación Nacional, ELN) parte del Ejército Popular de Liberación (EPL), Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), Movimiento 19 de Abril (M-19) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), sus dirigentes entraron a ocupar puestos de gran calibre en la burocracia izquierdista, olvidando la lucha de clases y las legítimas convicciones donde los pueblos y las comunidades debían ser sus protagonistas. Los partidos democráticos de izquierdas, las fundaciones y ONG fueron punto de escape para las personas desmovilizadas, aunque hay que nombrar también aquellas que han despreciado este camino de traición a los sectores expoliados que decían representar, y siguen intentando de una u otra forma transformar la realidad de los suyos.

Como se ha visto, después del 2000 el ministerio de trabajo ha estado en manos de supuestos personajes de “izquierda”, pero los resultados han sido lo contrario a lo que los partidistas de la izquierda parlamentaria  balbucean, en cuanto a que se han profundizado las políticas de explotación del sector trabajador en Colombia haciendo que cada vez más tengamos el vergonzoso galardón por ser uno de los países más inequitativos del mundo, esto, gracias a su imagen de progresistas, como lo dicta el manual de la tercera vía, para luego implementar políticas que van en contra de los intereses de las trabajadoras.

Es por ello que nos preguntamos: ¿Cómo estas personas pueden seguir argumentando que la vía electoral es una herramienta de disputa para la transformación social? Es igual que como el verdugo que  nos deja elegir con cual hacha quisiéramos que cortaran nuestras cabezas.

La lucha de clases debe ser el vector  por el cual deben trascender todos nuestros esfuerzos, desde abajo y con la gente, y no desde arriba con la élite. Por ello seguimos denunciando las burocracias y pseudoizquierdas burguesas anteponiendo la acción directa desde las bases.

¡A las Calles a Parar!: Perspectivas frente al paro nacional 17M

Minientrada Posted on Actualizado enn

Imagen

En medio de un convulsionado panorama político nacional, se espera de las jornadas de movilización nacional convocadas por diferentes sectores sociales una respuesta a la altura de las circunstancias. No podemos estar peor y cada diagnostico sobre la situación actual lo reafirma.

¡Apagón! Dicen desde arriba cuando a sabiendas de lo que realmente ocurre está ligado a la desbordada situación producto directo por una parte de la acumulación por desposesión propio de las transnacionales extractivistas que tienen sus extensos enclaves en nuestras regiones, y por otro lado, las respectivas ganancias que benefician como siempre al sector privado que ahora en tiempos de crisis le van a vender energía al país.

Por la misma vía, las fuerzas para estatales se han reconfigurado dejando entrever su estrategia explicita de cara a lo que se avecina: El tan mentado “post-conflicto” que hace revivir los más horribles fantasmas del pasado “unión patriótica” ,“A Luchar, se convierten en inevitables y dolorosos referentes frente a las nuevas formas en que se tornaran los conflictos a lo largo y ancho del pedazo de tierra llamado Colombia. La semana pasada tomando el siguiente encabezado del portal web Rebelion.org. Cuatro líderes sociales asesinados en menos de 10 días, un joven líder de la JUCO de Soacha, un líder indígena del Cauca, una lideresa campesina también del Cauca y un líder campesino del Bagre, Antioquia. La semana pasada a líderes sindicales del Atlántico les llegó a su casa la cabeza de un perro diciéndoles que les iba a pasar lo mismo y por todo el país pululan los panfletos de “limpieza social”. Pero nada de eso ha sido gran noticia en los medios, medios que sí llevan una semana horrorizados porque las FARC fueron a Conejo”.

Aparte de esto, y como lo hemos mencionado en editoriales anteriores, la situación de la guajira no da más: hambre, saqueo y muerte son la constante en este departamento caribeño; la resolución de las licenciaturas va viento en popa y las violaciones a la autonomía universitaria son pan de cada día en las universidades públicas del país; la profesión docente no tiene las suficientes garantías para un ejercicio digno de la labor; corruptelas, desvió de recurso donde casos como el de reficar y saludcoop resultan dicientes; la ley ZIDRES en claro detrimento de los intereses del campesinado y en clara dinámica de sostenimiento de uno de los ejes vertebrales del conflicto armado: la tenencia de la tierra en pocas manos; y así sucesivamente hemos venido siendo espectadores de un desgarrador cuadro social y político acompañado de la retórica de paz de parte del gobierno nacional que este jueves en plenas movilizaciones demostrara cuan endeble o cobarde puede ser la respuesta ante las peticiones demandadas por un número importante de ciudadanos inconformes.

En ese sentido entendemos desde el espectro libertario que este escenario reviste una importancia de talante histórico en el cual nos veremos abocados a las calles nuevamente pues es desde ahí donde se deben producir las verdaderas transformaciones que son necesarias en este país agobiado, por donde surca la muerte y la destrucción, pero que a su vez, y en sentido contrario corre rabiosa y digna la justa resistencia de sus pueblos que creemos debemos concebir a este Paro para consolidar propuestas concretas pensadas en perspectiva estratégica de largo plazo que rompa de esta manera con el coyunturalismo y pueda generar rupturas a medida que se vayan dando las posibilidades. Esto a colación porque las apuestas de varias organizaciones será entrar a pactar con el gobierno nacional prestos a sacar la mejor tajada, pero seguramente, no, para aquellos que “representan”, sino para sus propios intereses individuales. Esquiroles que se saciaran y harán de la jornada de movilización un trampolín político, consolidando sus plataformas burocráticas que como veces anteriores dinamitan cualquier posibilidad de camino hacía una ruptura revolucionaria capaz de disputarle y despojar a la clase dirigente la posibilidad de que decidan por nosotr@s, que decidan sobre nuestras vidas.

Y así, el jueves nos encontraremos en la jornada del paro dispuestos una vez más a hacer de nuestras rebeldías un volcán de dignidad.

En las Calles nos Vemos.

Colectivo Contrainformativo Subversión

Paro Nacional o Saludo a la Bandera

Posted on Actualizado enn

Imagen

… la huelga general no es un producto artificial, programado y decretado, sino un fenómeno histórico que se produce necesariamente en un momento determinado sobre la base de las relaciones sociales existentes. Este problema no podría ser considerado y discutido a través de especulaciones abstractas sobre la posibilidad e imposibilidad, la utilidad o la influencia dañina de la huelga general sino solamente mediante el examen de las condiciones sociales e históricas, de donde proviene ese fenómeno particular de la fase actual de la lucha de clases. Con otras palabras, se trata no de un juicio subjetivo determinado por lo que es deseable sino de un análisis de las fuentes de la huelga general desde el punto de vista de la necesidad histórica.”[1]

-Rosa Luxemburgo-

Mucho se ha hablado sobre la convocatoria que surgió hace unas semanas en las redes sociales para lanzar un inminente Paro Nacional el día 24 de Enero del presenta año. Convocatoria que algunos podrían encasillar como parte del acervo de   “nuevos métodos de lucha”, que a su vez, irían de la mano de “nuevas ciudadanías” empoderadas a través del acceso a internet en muchas ocasiones desde la comodidad de su casas. Aun así, aunque estas personas no pertenezcan al eslabón más explotado de nuestra sociedad, lo cierto es que a pesar de su condición, alcanzan a ser laceradas por el reciente paquete de medidas adoptado por el Gobierno de Juan Manuel Santos a inicios de la segunda mitad de su mandato. Lo anterior explicaría en parte de dónde surge la polémica convocatoria.

Desde un ángulo distinto, otros prefieren la interpretación según la cual estas convocatorias no son más que un impulso pasajero en algunos sectores de la clase media, que optan por pegar alaridos al son de la agenda del gobierno, es decir, solo levantan su voz de indignación cada vez que el Estado nos mete un “gol”. En consecuencia, a la venta de Isagen se responde con voces “patrióticas” cuestionando el por qué este gobierno ha prostituido la soberanía nacional a un emporio canadiense que apadrinado por Tony Blair, íntimo amigo de Juan Manuel Santos, compró por unos cuantos pesos una de las principales empresas generadoras de energía que poseían “los Colombianos”. Entre tanto, frente a la acostumbrada lucha por un salario mínimo, también se escuchan voces que se levantan para entonar las mismas frases con las que abrimos las discusiones al inicio de año: “… Todo sube menos el Salario…”. De igual manera, otros temas “menos populares” también ocupan la indignación momentánea de la que sufrimos las mismas expoliadas de siempre: La represa del Quimbo, Las discusiones entre la insurgencia y el Estado en la Habana, la reserva Van der Hammer en Bogotá, el fenómeno del niño, el aumento al IVA, el metro en Bogotá, las zonas de reserva campesina, la milenaria lucha indígena en el Cauca y un muy largo ETC….

El paro nacional o la huelga general, como lo decía Rosa Luxemburgo a inicios del siglo XX, no puede ser un producto artificial, que se nos ocurrió con el cambio de año, ni puede ser decretado por unas cuantas personalidades de las redes sociales o por esos presidentes de los sindicatos que aparecen cada tanto en los noticieros haciendo gala de frases incendiarias que llaman a las masas a una gran manifestación, pero que en términos organizativos, sigue siendo música de fondo para la trabajadora no organizada. Son llamados que se desvanecen en el aire para la mamá o el papá que está más preocupado por las lista interminable de útiles escolares de sus hijas que de salir un domingo a demostrar su indignación frente a los edificios más simbólicos del Estado colombiano.

A pesar de lo anterior, hay que insistir en ser claras frente a la necesidad de un paro nacional, el cual tome fuerza a través de procesos históricos como ha ocurrido en otras épocas tal cual como sucedió en el año 1977[2]. Lo que tiene que cambiar, es nuestra capacidad de contribuir a que este sentir sea apropiado con mayor vehemencia como para tocar las fibras de las trabajadoras que se levantan día tras día, desde las 4 am, para conseguir unos pesos que logren cubrir las necesidades y gastos que el modelo de vida que nos venden en la radio, la Tv, entre otras, imponen como única posibilidad de existir, alejándonos de aquellos asuntos que convocan a lo más sustancial de nuestro vivir.

En ese sentido, entendemos el Paro nacional como una herramienta válida para iniciar la movilización en torno a un programa de emancipación social que logre hacer tambalear los salones de discusión de la Casa de Nariño, del Club El Nogal, del Jockey Club y de otros tantos espacios físicos de poder donde los dueños país pactan los movimientos que salvaguardan sus privilegios acompañados de un buen whisky en las rocas. Empero, para lograr este objetivo debemos hacer adecuadamente todas las tareas que ello requiere, así pues, podemos afirmar que no estamos haciendo bien la tarea como luchadoras sociales si nuestra capacidad de reacción se define de acuerdo a la agenda que el Estado nos impone: ayer por ejemplo, fue la reelección de Juan Manuel Santos frente al retorno del gobierno ultraconservador de Álvaro Uribe Vélez, y lo único que se pudo hacer, fue acomodarnos a la agenda que la oligarquía más moderada y por ello más inteligente nos ajustaba. Hoy fue la venta de Isagen frente a la cual nos comenzamos a organizar y agitar semanas antes de una “subasta” que estaba definida hace mucho tiempo, mañana, podría bien ser la lucha en torno a la refrendación de los Diálogos de Paz con las FARC, o bien algo más localista, como el Plan de Desarrollo y posterior Plan de Ordenamiento Territorial de la Administración Peñalosa/VargasLleras.

“Quien se propusiese hacer de la huelga general, en tanto que forma de la acción proletaria, el objeto de una agitación preordenada, y difundiese esa “idea” para ganarse para ella, según él, poco a poco a la clase obrera, perdería su tiempo en una actividad absurda e insensata. Sería lo mismo si alguien quisiera hacer de la idea de la revolución y de la lucha de barricadas un objeto de agitación. La huelga general ha devenido hoy en día el punto central del interés vital de la clase obrera alemana e internacional, pues es una nueva forma de combate y como tal el síntoma de una profunda revolución en las relaciones y condiciones de la lucha de clases. Es una buena prueba del sano instinto revolucionario y de la viva consciencia de la masa. obrera alemana que, a pesar de la resistencia encarnizada de sus dirigentes sindicales, se gira hacia ese nuevo problema con un interés tan caluroso”[3]

Es ahora cuando se hace más que necesario leernos como movimiento social amplio, o en su defecto, si estas líneas llegasen a ser leídas únicamente por anarquistas, les invitamos a reflexionar sobre el momento en el que nos encontramos indagandonos por el papel que podríamos desempeñar frente a una situación que tiene la posibilidad de ser revolucionaria, siempre y cuando, avancemos en la toma de conciencia por parte de los trabajadores como actores principales de su propia emancipación.

Por ende, tenemos que actuar con eficacia frente al panorama que se revela ante nosotros, porque hasta para convocar un paro nacional la derecha ni corta ni perezosa nos ha sacado ventaja moviendo sus fichas, y eso, partiendo de que la iniciativa de parar este 24 de enero sea desde una posición sana de desobediencia social de aquellos que se encuentran al margen de las estructuras tradicionales, y no, como parte de la agenda de los sectores más reaccionarios de la sociedad colombiana, en cabeza del Centro Democrático. Razón por la cual podemos decir que frente a un escenario de nebulosa orientación política, esta convocatoria de indignación ciudadana, puede ser un trampolín para que la derecha tome estos espacios para promulgar sus consignas, frente a la “disidencia” en el modelo administrativo del Gobierno Santos y los Diálogos con las FARC. Será entonces la estrategia más audaz la que logre definir a que sector acumulará la iniciativa: si a la rancia clase dominante o a los intereses de quienes históricamente han sido vilipendiados en el país.

La situación se aclarará a medida que los días vayan pasando y podremos ver desde que perspectiva se juega este impulso de movilización ciudadana, de acuerdo a como se van posicionando los medios hegemónicos de comunicación, como se van perfilando los principales formadores de opinión, tanto de izquierda como de derecha.

Las cartas están sobre la mesa y el papel de las luchadoras sociales debe ser preponderante para lograr de nuevo posicionar en las discusiones con las vecinas, amigas, compañeras de estudio y trabajo, entre otras, la importancia que una huelga general o un Paro Nacional -debidamente desarrollados- , que nos permitan trazar una táctica coherente con el momento histórico que estamos afrontando y poder desarrollar una articulación que hoy en día es más necesaria y que tienda a elevar estas luchas a una verdadera situación de ruptura que transforme las míseras condiciones de existencia.

[1]                     “ANARQUISTAS, SOCIALDEMÓCRATAS Y HUELGA GENERAL – Rosa Luxemburgo” Consultado en https://www.marxists.org/espanol/luxem/1912/abril/17iv.htm

[2]             Se hace referencia al paro cívico nacional de 1977. Un importante hito histórico de la movilización social en el país

[3]                     IDEM

Las víctimas más allá de los acuerdos

Posted on Actualizado enn

Plantilla-ImagenEl tema de la reparación de víctimas, ha sido un tema recurrente no solo en la mesa de negociación de la Habana sino en el grueso de la población colombiana. En el meollo del asunto la interrogante constante es cómo asegurar los mecanismos necesarios para que posterior a la firma de los acuerdos se cumpla con los estándares exigidos por la corte institucional como lo son: Verdad, Justicia, reparación y garantías de no repetición.

Según los estándares internacionales establecidos para la aplicación de justicia transicional en la finalización de un conflicto, se firmó en septiembre del presente año un acuerdo de justicia transicional bajo un tribunal especial para la paz que se encargará de diseñar los mecanismos por medio de los cuales se darán las garantías del cumplimiento del proceso, así como de la aplicación de los estándares establecidos. A partir de ello, se acordó que se establecerían amnistías e indultos lo más amplias posibles, determinando tentativamente penas punitivas que van desde el indulto absoluto hasta 8 años de condena. Todo esto enmarcado en el eje central de la reparación: La verdad. Una de las características a resaltar, no solo desde la firma del acuerdo de justicia sino desde la propuesta de la FARC-EP, es la de instalar una comisión de la verdad, que ha logrado establecer algunos elementos que marcan la pauta en el avance del reconocimiento de las víctimas para su posterior reparación, incluido en ello el “castigo” a sus victimarios de las que serían parte las penas punitivas acordadas.

Con estos anuncios, los pronunciamientos de diferentes sectores políticos y sociales no se hicieron esperar, uno de los más controversiales ha sido del ex presidente y senador de la república Álvaro Uribe Vélez, quien a partir de una comunicado público el mismo día de la firma de estos acuerdos manifestó su descontento. Su pronunciamiento se enmarco en la indignación por la equiparación de las fuerzas armadas y la población civil con “los terroristas de las farc”, así como su rechazo, como lo ha manifestado desde el inicio de los diálogos, sobre la presencia de la “Dictadura de Venezuela” entro otros temas. Por otra parte el grueso del movimiento social y la izquierda colombiana así como los aliados del gobierno celebraron esta firma, evidentemente enmarcados en diferentes intereses y desde diferentes puntos de vista.

Y entre tanto pronunciamiento ¿En dónde están realmente las víctimas?

La justicia consensuada en estos acuerdos es de carácter restaurativo, es decir, que busca restablecer las relaciones entre las víctimas y los victimarios a través de una reparación integral que pase por la reconciliación de toda la sociedad. Dentro de este punto, es importante resaltar que cuando se habla de reparación de víctimas a partir de sus victimarios, se habla también de cómo el gobierno reparará a la población que ha sido víctima de sus intentos de combatir la insurgencia, bien sea estatal o paraestatalmente.desplazados

En ese marco, el gobierno nacional crea en el año 2012 la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, el cual bajo la firma de estos acuerdos y la próxima firma (en caso de que así sea) de los acuerdos en general, será afianzado como mecanismo de registro y control de reparación de víctimas en el país. Estableciendo su misión, visión, enfoques y objetivos tanto estratégicos como tácticos, podemos leer en estos últimos, planteamientos como: “Retornar y/o reubicar a las víctimas del conflicto en condiciones de seguridad, dignidad y voluntariedad.” Y “Adelantar acciones de pedagogía social encaminadas al reconocimiento de las víctimas como sujetos de derechos y al ejercicio pleno de su ciudadanía.”, así como toda una estrategia de reparación enfocada en la restitución de tierras y construcción de vida digna – al menos en el discurso – para las víctimas y la población en general, buscando la reconstrucción social, política y económica de la nación.

En datos concretos esta unidad de reparación tiene en el registro único de víctimas 7´758.935 personas afectadas, de las cuales según esta misma plataforma han sido sujeto de asistencia y reparación 5´932.213 de ellas. A primera vista, estas cifras nos hacen preguntarnos ¿cómo ha sido el proceso de registro de las más de 7 millones de personas mencionadas teniendo en cuenta la dificultad en términos de acceso qué tendrían ellas a estas plataformas virtuales reconocimiento las condiciones de la ruralidad colombiana de donde mayoritariamente provienen estas personas? , y por lo tanto, sin atrevernos a especular sobre cifras ¿Qué cantidad de víctimas hay realmente en el país? Y ¿Cuáles han sido los parámetros en esta supuesta reparación a más de 5 millones de ellas? Para esto hemos querido contrastar con pequeños ejemplos la situación del reconocimiento de víctimas en estas apuestas gubernamentales en prácticas concretas.

El 21 de septiembre de 2015 el periódico El Tiempo titulaba: “Con gases lacrimógenos ESMAD se toma edificio con desplazados”, así pues en casos como este, observamos cual es la verdadera atención que se le ofrece a la víctimas, en ese sentido tratando de dilucidar una respuesta un poco más clara a nuestra segunda pregunta, nos remitimos al mencionado articulo en donde Ruby Teresa Mosquera, desplazada de Caucasia, Antioquia afirma: “Llevo doce años con dos subsidios aprobados, con tutelas y ni así cumplen”. De esta manera, casos como el suyo abundan en el país como muestra de las condiciones de “reparación” con que cuentan las mas de 5 millones de personas atendidas por las medidas estatales según sus propias cifras.

En los datos de la plataforma de víctimas, en el departamento del Caquetá, municipio de Albania, se registran para el año 2015 un total de 24 personas expulsadas y 25 personas recibidas en la unidad. No obstante, en la actualidad, se encuentran asentadas en una de las tantas zonas periféricas de Bogotá más de 75 personas, la mayoría de la vereda de Aguas Claras, perteneciente al mencionado municipio. Estas 75 personas pertenecientes solo a una vereda, que se encuentran en la ciudad hace casi 2 meses, manifiestan haber asistido a reuniones realizando peticiones al Estado en busca de ayuda sin respuesta alguna. Lo anterior es contrastable con las 24 personas que dice el gobierno han sido expulsadas en el presente año del municipio completo, siendo el 1 de Noviembre la fecha de la última actualización de la base de datos de la unidad.

Igualmente, el 11 de noviembre de 2015 Agencia Prensa Rural titulaba: “Casas campesinas ocupadas ilegalmente por Ejército en Cauca” denunciando como desde el 23 de octubre se han venido haciendo saqueos a predios campesinos en diferentes municipios de dicho departamento en donde se han registrado gran cantidad de víctimas del conflicto armado y social en Colombia. Con estos tres ejemplos, que aunque se quedan muy cortos, es posible evidenciar las verdaderas intenciones de reparación de las que se mofa el gobierno. Preguntamos entonces nosotros: ¿Esta es la reparación de Santos?

Con el intento de ilustrar algunos casos que reflejan la situación actual de las víctimas, parece bastante paradójico que sean personas que desde la comodidad de sus computadores generen oposición o apoyo férreo teniendo en cuenta que nunca han sido objeto ni conocen de primera mano las condiciones que millones de víctimas del conflicto social en Colombia han padecido en el desenvolvimiento de la guerra. Y aún peor, el cinismo de las personas que al ser actores claves con profunda responsabilidad en la situación que posibilita la existencia de víctimas, pretendan establecer condiciones de reparación que mas allá de generar reconstrucción de tejido social, ahondan en el conflicto. Bastante clara es ya la postura del gobierno frente a las víctimas, a quienes solo pretende atender en el marco de la negociación de unos acuerdos de la Habana, que por cierto, pueden llegar a favorecer sus políticas neoliberales en otros puntos que se encuentran en calidad de negociación – este escenario si bien no es inexorable si es posible- y es en ese contexto en el que juega la clase dominante en el marco de las relaciones costo/beneficio, en otras palabras, estamos ante un tira y afloje en la coyuntura generada durante la firma de los acuerdos y la que se pueda generar posterior a ellos, se firmen o no. Así pues es necesario preguntarnos ¿Está dentro de las intenciones del gobierno la reparación de las víctimas más allá de lo que dentro de sus intereses pueda llegar a negociar con los acuerdos?, bastaría mirar su proceder para sacar sus propias conclusiones.

Visto de esta forma, afirmamos vehementemente que la reparación de las víctimas así como la construcción de una vida digna de todas las personas, no debe estar sujeta a una negociación a conveniencia del alcance que pueda tener uno u otro actor. Esta posibilidad de vida digna debe ser una lucha desde las víctimas mismas, aquellas quienes conocen más que nadie cual ha sido su proceso y como se deben reparar. Es por esto que nosotras como anarquistas debemos estar en las calles, de la mano con aquellas a quienes no les han permitido que su voz resuene hasta La Habana. Ellas,   quienes conocen más que nadie el conflicto sin haber leído o escrito sobre él y en quienes debe estar la decisión de pactar, o no, la forma de reparación y las políticas que, respondiendo a la necesidad de construcción de paz, beneficien a todas las que históricamente han sido vilipendiadas.

DE PAROS, HUELGAS Y BUROCRACIAS SINDICALES

Posted on Actualizado enn

Reflexiones en torno a las luchas del sector educativo en Colombia, la multisectorialidad y la acción directa popular

11209707_1113401178675889_6025932849442470632_nLa situación actual en Colombia en el sector educativo ha estado girando en torno a una serie de conflictos, coyunturas y escándalos que sacuden el magisterio, las universidades públicas y los colegios en diferentes territorios del país. Por un lado ha concluido la etapa de pre-negociación de dos de estos conflictos -por lo menos en lo que respecta a las direcciones sindicales y los actores con los que se interlocuta directamente-, a saber, la asamblea permanente de las trabajadoras de la Universidad Nacional, impulsada por el Comité Pro-Mejora Salarial, y el paro de los profesores agrupados dentro de la Federación Colombiana de Educadores. Así mismo empieza con pisada fuerte las movilizaciones, dinámicas de asamblea permanente y paros estudiantiles en universidades como la Industrial de Santander, la misma Universidad Nacional, la Pedagógica Nacional (cuyas peticiones tienen relación directa con el paro del magisterio), el Politécnico Jaime Isaza, la Unicordoba, Unipamplona, y que se han saldado con victorias en las ultimas semanas en la Unillanos. Tampoco podemos pasar por alto las demandas y procesos de movilización de profesores universitarios en la UIS y la USCO, o la protesta que han impulsado estudiantes de secundaria, sobre todo en el marco del paro nacional docente o por demandas locales, que se ha manifestado con diferentes tomas a centros educativos durante los últimos meses, como ha venido sucediendo en Bogotá en localidades como Kennedy, los Mártires o Usme.

Esta arremetida de los diferentes estamentos educativos debemos entenderla y dimensionarla a través de dos ejes coyunturales: por un lado los diálogos de paz entre las insurgencias y el gobierno, y de otro lado, la imposición del Plan Nacional de Desarrollo del gobierno Santos para el periodo 2015-2018. Estos dos escenarios representan claramente las dos perspectivas de país, a groso modo y dejando de lado por un momento los matices interinos, de la burguesía criolla y de los movimientos sociales. Así, mientras desde el sector educativo se hace énfasis en el papel de la educación en la construcción de alternativas al actual conflicto armado, el gobierno no duda en arreciar la guerra contra los movimientos sociales (que se manifiesta en el caso particular con el trato militar a las demandas de profesoras y estudiantes, así como en el uso recurrente de la herramienta paramilitar, auspiciada entre otros por directivas de universidades, como se ha denunciado en la UIS o en la Unicordoba); de igual forma, los estamentos organizados dentro de universidades y colegios seguimos insistiendo en la necesidad de desfinanciar la guerra para mejorar la educación pública de carácter gratuito, mientras al mismo tiempo el gobierno insiste en la privatización a través de su nuevo Plan de Desarrollo y políticas como el programa “Ser Pilo Paga”, que transfiere recursos a la educación privada. En el mismo PND se hace la salvedad en la primera página de que ha sido pensado para seguir los lineamientos de la OCDE, grupo selecto de países al cual el Estado Colombiano pretende entrar, lo que ya nos ubica las coyunturas dentro del panorama superestructural del sistema: la inclusión de Colombia en el nuevo mercado internacional, ocupando su papel dentro de la división internacional del trabajo. No sobra también recordar que precisamente un amplio sector de FECODE llamó a votar por Santos el año pasado, impulsados por la necesidad de continuar los dialógicos de paz, mismo sector que tiene también responsabilidad política por la negociación que vendió el paro de docentes, dinámica que se repitió con un amplio margen de organizaciones estudiantiles que hoy se limitan para construir un movimiento estudiantil verdaderamente fuerte, mientras no escatimaban esfuerzos en las anteriores elecciones y que descaradamente apoyaron la reelección de Santos, al tiempo que se padecía un reflujo estratégico por la falta de dinamismo con problemáticas locales.

Para quienes nos pensamos una alternativa autónoma desde los movimientos sociales ha sido importante abordar estos dos ejes con mayor profundidad a lo que ofrecen los sectores reformistas e incluso las mismas insurgencias (que en el caso concreto de La Habana parece centrarse en gran medida en el tema de la Participación Política), intentando partir de una critica antiestatal a los diálogos de “paz” y al modelo de país que se piensa el Estado y se materializa ahora con el PND. En esa misma linea es importante que desde nuestra perspectiva política e ideológica podamos posicionarnos en torno al paradigma de la educación en el sistema actual de cosas y nuestras posturas frente a los diferentes conflictos que se han venido forjando al calor de la lucha organizada, pudiendo plantear propuestas concretas y estratégicas para los tiempos actuales y venideros:

Multisectorialidad social y educativa; la construcción de banderas de lucha conjuntas:

Debemos partir de la significación misma que tienen los procesos de resistencia, de sus alcances y limitaciones. Desde el paro nacional universitario del 2011 el sector educativo a nivel nacional había presentado cierto reflujo, en una retroceso que ha significado perder la capacidad de disputa frente a temas que nos conciernen en lo inmediato (como el acuerdo 2034 que parece haber pasado relativamente por desapercibido), mientras movimientos como el agrario y los indígenas han venido aumentado su beligerancia y perspectiva de acción, especialmente durante el Paro Nacional Agrario del 2013 y las diferentes protestas en el Cauca, Catatumbo, Arauca y otras regiones del país. Es de aquí de donde debemos partir para poder pensarnos como sector educativo dentro de los movimientos sociales: es importante ubicarnos dentro de grandes abanicos de lucha, unificando demandas y articulando banderas. Ello no pasa por simple comentario, como hemos visto, una derrota ahora mismo implicaría un nuevo reflujo que nos daría un paso atrás durante un par de años más, mientras que una arremetida social en este momento podría ubicar al pueblo organizado en una nueva dimensión de disputa, le dotaría de nuevas esperanzas y ampliaría horizontes.

A la hora de hablar de unidad debemos también ser críticos con la manera en que se ha tratado el problema desde algunos actores que hacen parte protagónica de los movimientos sociales, especialmente en el como se entienden a si mismas las supuestas “vanguardias” (reproduciendo recelos y sectarismos) y su relación con el aspecto electoral, que fue tan crucial durante las anteriores elecciones presidenciales y que muy probablemente vuelva a ser eje de discusión en las siguientes contiendas regionales. Cuando hablamos de una unidad de los sectores en lucha debemos partir de un concepto federalista, que respeta la autonomía cuando parte de mínimos colectivos sin negar el papel de lo particular. Así, el concepto de multisectorialidad nos puede ser de ayuda para articular a los movimientos sociales en el país, y el particular, al sector educativo, quizás de una manera similar a como se ha planteado la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, conservando criticas constructivas y propositivas.

Entender la articulación de las luchas de los estamentos educativos a nivel nacional (profesores, trabajadoras de centros educativos y estudiantes de secundaria y educación superior, incluso de los mismas madres y padres de familia, así como de las comunidades que tienen vínculos directos con escuelas y universidades) es entender que las banderas de lucha nos unen bajo propósitos concretos:

Para construir esta multisectorialidad educativa debemos partir de las demandas de resistencia que nos unen: el rechazo a cualquier forma de privatización que busca elitizar la educación, la critica a la tercerización laboral, el respeto de la autonomía y la libertad de cátedra (cuyo valor a cobrado peso con el reciente encarcelamiento y amenazas a profesores universitarios) y la plena financiación de la educación pública y salarios dignos y nivelados (que no es más que reivindicación necesaria en un gobierno que sigue desangrando a la población productora a través de altos impuestos mientras tiene la mano blanda con las multinacionales que explotan los recursos naturales y humanos del país). Sin embargo, como ya se ha dicho, es importante que las libertarias sepamos llevar más allá esas demandas a través de las prácticas mismas y de la experiencia adquirida por los movimientos sociales. La construcción de alternativas pedagógicas (la educación popular o comunitaria, por ejemplo) debe ser un objetivo que nos debemos plantear, aunque en sí mismo no es una disputa con el régimen sino más bien implica la articulación de quienes nos venimos pensando la educación más allá del paradigma estatal.

Contra la burocracia sindical y estudiantil, acción directa popular:

Otro punto que debemos impulsar los sectores revolucionarios y autónomos en conjunto, y que requiere de una especial atención en el corto plazo, es la recuperación de los espacios gremiales para las bases, es decir, para quienes son la razón misma de ser de cualquier organización. No se puede citar mejor ejemplo que el reciente levantamiento del paro nacional de docentes por parte de la junta burocrática de FECODE, que en una sucia jugada entregó al gobierno todo lo construido a punta de trabajo de hormiga por las profesoras a lo largo y ancho del país. El acuerdo deja por fuera puntos clave para el gremio magisterial (especialmente para las docentes que están en los escalafones más bajos), así como demostró una sordera por parte de la dirección del sindicato más grande de Colombia, quien desconoció el llamado hecho desde diferentes regiones y localidades para poder aprovechar el momento histórico y ganar algo más que que una palmada en la espalda, no solo en términos salariales sino políticos (el acuerdo final no obliga al gobierno a ceder en sus columnas vertebrales, lo que parece terminar fortaleciéndolo en contra de la movilización popular y sindical). Tampoco podemos pasar por alto el ejemplo de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, que reproduciendo los síntomas de peor burocratismo, verticalismo y sectarismo posible, decantó en uno de los fracasos más estrepitosos que halla tenido el movimiento estudiantil en las ultimas décadas. Otro es el caso de las trabajadoras de las universidades, quienes han revitalizado prácticas del sindicalismo revolucionario en conflictos como el de la Universidad Nacional, aunque bastante camino falta para derrotar ciertas tendencias al personalismo y extender la consciencia critica en otras universidades. En torno al movimiento secundario es preciso tener presente que aun se encuentra en un nivel bajo de organización, punto que es preciso fortalecer.

Para construir una nueva apuesta, para nuestro caso multisectorial, es preciso barrer las burocracias, fortalecer la horizontalidad y la democracia directa, y dotar de cada vez más fuerza organizativa a los procesos que se encuentran en dispersión. Estas propuestas se tienen que materializar en los escenarios que hemos mencionado. Por ejemplo se ha hablado de la posibilidad de articular desde lo regional los procesos de profesoras que han estado en disenso con las imposiciones de la dirección de FECODE, con la idea de pedir la renuncia de la junta directiva y re-negociar algunos puntos del pliego. Así mismo ha venido sonando en varios círculos universitarios convocar espacios de encuentro de procesos de base y asambleas gremiales desde las ciudades y regiones, con el fin en el mediano plazo de poder construir un Encuentro Nacional de Educación Superior, que se construya a partir de las localidades y no de las cuotas políticas, desde las necesidades gremiales y no empujando a las malas las agendas ideológicas de cada organización, que parta de la necesidad de articulación de las que luchan y no del personalismo de dirigentes que pretenden iniciar carrera electoral con el movimiento estudiantil como trampolín.

Para poder construir esta multisectorialidad es importante también fortalecer los espacios triestamentarios en diferentes universidades, blindandónos con solidaridad y apoyo mutuo, así como estrechar relaciones entre las profesoras del magisterio, las estudiantes de colegios y sus acudientes, quienes son las que deben dar las luchas en lo que respecta a los problemas locales de cada centro de estudios y contra la educación de mercado que pretende imponer el gobierno, así como desbordarse a sí mismas y ubicarse territorialmente en los problemas de los barrios, localidades, veredas y ciudades donde se encuentran, de la mano con las comunidades en resistencia. Este empoderamiento desde abajo es lo que llamamos acción directa popular, y que expresa la táctica que proponemos para poder construir horizontalidad, democracia radical y combatividad dentro de los movimientos sociales.

La acción directa popular es reconocer al sujeto social como el determinante de su sector. Es decir, son las estudiantes las que le dan sentido al movimiento estudiantil, no las “dirigentes” organizadas; son las profesoras la razón de ser de un sindicato de maestras, no las directivas liberadas y subvencionadas, por citar dos ejemplos. Esto es un claro principio político que nos remite a la máxima de la I Internacional (“la emancipación de las trabajadoras será llevada a cabo por ellas mismas”) pero que también tiene un peso estratégico: los paros, asambleas permanentes y huelgas se deben ganar en las calles, en la organización desde abajo y en la construcción multisectorial, y no debe recaer en la capacidad de negociación de las mesas de interlocutoras o en la maquinaria política de los proyectos partidarios; es la fuerza de las bases lo realmente decisivo e importante para un proyecto de emancipación en el largo plazo, aunque eso signifique derrotas tácticas cuando no se consigan ciertas reivindicaciones pero se gane en términos de organización y consciencia, que es lo que influye en un proceso de ruptura revolucionaria. Aquí es donde se desmenuza más la propuesta de la acción directa, decantada en el asamblearismo de abajo a arriba, desde los espacios que nos encuentran en lo cotidiano (como grados, carreras, colegios, etc) hasta los escenarios de índole común más general (regiones, universidades, el mismo ámbito nacional, etc). Esta táctica limita a la verticalidad y el partidismo, que se puedan apropiar de los espacios de las maneras más descaradas, cosa que a larga permite el ascenso de una burocracia que actúa por intereses particulares o en la búsqueda de cuotas políticas y no como delegadas mandatadas por los procesos de base.

Ha estado en la mente de varios sectores libertarios y autónomos caminar por este sendero, pero es impostergable la necesidad de materializar las tareas desde los objetivos planteados en el corto plazo, que empiezan por los escenarios locales y el fortalecimiento de la organización desde abajo, encontrándonos en los ritmos de las luchas, que esperemos más pronto que tarde, sea un ritmo acelerado por una alternativa revolucionaria, antiautoritaria y radical. Por ello se hace necesario pensarnos este tipo de encuentros de procesos de base y consejos estudiantiles, de estudiantes de secundaria y de espacio sindicales locales de trabajadoras y profesoras para ir caminando hacia una articulación sectorial nacional de cada uno de los estamentos, a la vez que podríamos empezar a posicionar en el mediano plazo la creación de una Mesa Social Educativa, que se plantee como una federación general que se piensa las problemáticas de la educación en Colombia y articula las luchas, para hacer de la unidad la herramienta con la cual el pueblo organizado avanza en pro de construir nuevas maneras de enseñar(nos) y aprender.

Steven Crux
Mayo 2015