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La Reconciliación en el país del sagrado corazón: ¿Entre quienes y para qué?

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Últimamente ha adquirido notoria relevancia hablar de reconciliación al interior de la sociedad colombiana. Dicho concepto es utilizado de múltiples formas, a tal punto que su interpretación llega a ser confusa, en especial, cuando el Estado quiere imponer la interpretación más conveniente para la clase que detenta el Poder. Como dirían las mamás, pues busque en el Diccionario y eso hicimos; la Real Academia de la Lengua Española (R.A.E) afirma que el término de reconciliación alude a “1. Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos.”

Si partimos de esta definición sería lógico pensar que alguna vez estuvimos unidos, puesto que para acordar los “ánimos desunidos”, tal como se menciona en la definición, en algún momento de la historia tuvimos que tener algún tipo de acuerdo que nos cohesionara como grupo social. Así pues, la base filosófica de la idea de reconciliación comienza a desvanecerse frente a lo que ha sido nuestra realidad histórica puesto que en Colombia ni siquiera se ha consolidado un proyecto de nación -ideario bastante discutible de entrada-. Esto se hace evidente en las pugnas que se han dado en nuestro territorio desde la gesta bolivariana, pasando por el surgimiento de los partidos políticos, la guerra de los mil días, la época de la violencia, y en general, nuestra historia reciente, por tan sólo citar algunos referentes, en ese sentido, si no podemos hablar ni siquiera de un proyecto artificial como lo es el de nación en Colombia, mucho menos puede hacerse sobre uno de implicaciones mucho más profundas como lo es el de “Pueblo”.

Ahora bien, en caso de que hipotéticamente fuese posible dejar de lado lo que señalamos anteriormente aparecerían en el escenario otros elementos que igualmente problematizarían el concepto de reconciliación que tanto se promueve hoy en día. Aunque existiese dicha situación idílica en la que fuese posible una reconciliación, en lo que el término se refiere, sería obvio preguntar ¿en Colombia quienes tendrían que ponerse de acuerdo? Y ¿con qué fines sostendrían lo acordado?

Si hablamos de esto con algún funcionario del Estado, nos dirían que simplemente se trata de reconciliarnos como país, lo que traducido de nuestra parte en palabras más sinceras, significa reconciliarnos entre quienes han sufrido esta guerra – desde sus orígenes-, condenados a sobrevivir por debajo de la línea de pobreza, vendiendo nuestra mano de obra de forma miserable; con aquellos que la han comprado beneficiándose de nuestra explotación.

Por ello no nos resulta descabellado afirmar que lo que realmente se busca promover es que nos reconciliemos con las clases que se han beneficiado de nuestra hambre, que nos han robado nuestras raíces y nuestra tierra. La dignidad nos impide estar dispuestos a esto, ya que no podemos olvidar que lo que aquí sale a la luz es la existencia de la lucha de clases, un claro antagonismo en la historia en el que no es posible acordar cuando lo que está en juego son modos radicalmente diferentes de ser/estar en el mundo. No estaríamos nosotros y esperamos que ustedes tampoco estimados lectores, en estar de acuerdo en que existan pobres y ricos, que para que el patrón viva cómodamente con su familia nosotros tengamos que estar sobreexplotados en el trabajo, o tener que sacrificar horas de nuestras vidas por salarios ridículos mientras otros ganan millones durmiendo en una cómoda silla en el Senado por tan sólo citar ejemplos.

Como no se trata una cuestión de voluntades, y eso si lo hemos aprendido en los libros de historia, no podemos esperar ni reconciliar lo que nunca ha sido conciliado, ni tampoco llegar a acuerdos cuando unos tienen la barriga llena y otros no. Por ello insistimos en reconocer de manera abierta y franca, que lo que realmente vivimos es una lucha constante entre dos intereses y que para superar este estadio, es necesario que desaparezcan las condiciones que posibilitan los antagonismos de clase, es decir, las condiciones materiales concretas, si queremos ser más específicas, que el pan, la tierra, el ocio, y el descanso deje de ser el lujo de unos y la preocupación de otros, para ser el disfrute de todas.

Esta reflexión surge para iniciar el debate sobre el momento histórico que vivimos, y como desde el movimiento anarquista podemos afrontarlo sin temor a expresar nuestra posición, momento en el cual las principales insurgencias del país, han entrado como varios años atrás en etapas de diálogos, las FARC-EP con la expectativa de que el gobierno Santos cumpla lo acordado, y el ELN ad portas de una negociación que se plantea mucho más ambiciosa en su agenda inicial, pero que veremos desde el 8 de Febrero a que tanto está dispuesto a discutir un país controlado por grandes mafias nacionales o internacionales que han demostrado no estar dispuestas a ceder en sus intereses de clase.

Colectivo Contra informativo Subversión

¿Puede la tristeza ser potencia revolucionaria?

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La vida es una fuente inagotable de decepciones, tal vez

porque es una fuente inagotable de esperanzas”1

Los ojos de los marinos son casi siempre unos ojos

muy tranquilos y muy calmados. Tal vez, es el

hábito de las tormentas el que les ha dado

esa serenidad”2

Es bastante recurrente en las discusiones que versan sobre aquello que sería necesario para vivir en un mundo mucho más fraterno y digno escuchar argumentos que aluden a diferentes planos de la vida social como la economía, la política o la cultura, sin embargo, es muy poco lo que se ha dicho sobre el plano emocional que estaría vinculado a un proceso de transformación de tal envergadura. Paralelamente, pareciese existir un acuerdo tácito entre la mayoría de los matices, de izquierda o de derecha, en reconocer en la alegría bien sea como práctica o como fin, un factor indispensable para el cambio social. El acuerdo es aún mayor cuando a la tristeza se refiere, ya que ambas opciones políticas suelen condenarle puesto que desde su perspectiva aparece como un ostracismo que inmoviliza perse cualquier posibilidad de acción.

Precisamente será el carácter absoluto con el que se suele referir a la tristeza el que generará las inquietudes que motivaron a escribir el presente artículo en el cual de entrada anunciamos que partimos de la sospecha que la intromisión del capitalismo en el mundo de las emociones ha logrado por un lado cooptar la alegría para hacerle funcional en el desarrollo mercantil, y por otro, despojar a la tristeza de los alcances revolucionarios que podría llegar a tener si fuese conducida de una manera determinada, tanto una cosa como la otra, serán dos caras de una misma moneda que contribuye al aseguramiento y reproducción de las condiciones de explotación características de la voracidad del sistema capitalista. Para sostener nuestra tesis, acudiremos a breves referencias que giran en torno al mundo del trabajo en la actualidad, y a su vez, también nos apoyaremos en elementos relacionados con el estereotipo de masculinidad imperante.

Lo primero que habría que apuntar en ese sentido es la comprensión del funcionamiento del mundo del trabajo en las sociedades contemporáneas y su relación con la alegría. Así pues, afirmamos que la división internacional del trabajo se expresa en dos modelos aparentemente antagónicos pero que en realidad son sólo la necesidad del capitalismo de ajustarse a determinados niveles de la producción de bienes y servicios según las dinámicas que puja la relación centro-periferia. Los modelos a los que nos referimos son los que han sido denominados como Taylorismo y Toyotismo, cada uno de ellos, funcional a determinados contextos.

Como se sabe, el Taylorismo deviene de su mentor Frederick Taylor quien bajo la expectativa de organizar científicamente el trabajo ideó un modelo en el que buscaba hacer más efectiva la producción para maximizar la ganancia. Para tal fin, el modelo de trabajo proponía organizarle bajo la línea de tres elementos fundamentales a tener cuenta: en primera medida separar a los obreros (y su conocimiento) del proceso de trabajo para ser apropiado por la gerencia, y de esta manera, asegurar el control de estos frente a los primeros. En segundo lugar y en estricta ligazón con el elemento anterior, con el conocimiento que ha sido despojado del obrero y apropiado por su patrón, lo siguiente es sistematizarlo de tal manera que sea él quien siempre puede disponer de su transmisión para que cualquier persona pueda desempeñarlo, y finalmente, el tercer elemento a tener en cuenta será la aplicación de la separación del conocimiento del trabajador y su monopolio por parte del patrón quien podrá entonces diseñar y planificar a su antojo la totalidad del proceso de producción. Con todo ello, lo que se presentó fue la conversión de los trabajadores y sus saberes en meras piezas de engranaje encargadas de desarrollar tareas especializadas tal cual y cómo funcionan las grandes líneas de montaje en las que el control del tiempo y las actividades es fundamental. Por otra parte, el Toyotismo aparece como una expresión de un capitalismo más contemporáneo en el que se busca promover un sistema de gestión “amable” con el trabajador, pero que en realidad, es sólo una careta que sigue reproduciendo la explotación. En efecto, en el Toyotismo se busca proyectar una imagen distinta de los círculos de trabajo tradicionales, para ello, promueve una supuesta mayor independencia e incidencia de los trabajadores mediante escenarios de participación que bajo el esquema de “cultura empresarial” les integra en algunos planos decisorios que en lo absoluto modifican las estructuras verticales de la empresas, y por el contrario, están orientados a fortalecerlas en su ordenamiento vigente, así pues, serán comunes los conocidos círculos de calidad, las “bonificaciones al emprendimiento”, entre otras, que promueven inculcar en el trabajador un sentimiento de “pertenencia” con la empresa de tal manera que esté dispuesto a entregarle lo mejor de sus habilidades y recibir un escueto reconocimiento por ello, en últimas, el Toyotismo aparece como una expresión sutil en apariencia, pero no en su fondo, de la explotación capitalista.

Ahora bien, fácilmente el lector se podría preguntar qué tiene que ver todo esto con las afirmaciones sobre la alegría realizadas en los párrafos anteriores, y no es para menos, ya que en lo enmarañado de las descripciones se ocultaría el papel que juegan las emociones como trataremos de mostrar a continuación. Hace casi dos siglos mientras Marx adelantaba sus teorizaciones respecto a las transformaciones que se daban en el mundo del trabajo jalonadas por el impacto de la revolución industrial se hacía evidente para él que sus implicaciones trascendían del oficio meramente manual para el naciente proletario, en efecto, uno de los aportes más relevantes en la materia planteados por el alemán tiene que ver con su acertada descripción de los nocivos efectos del trabajo asalariado más allá de sus evidentes implicaciones en lo que a la producción se refiere. En otras palabras, Marx identifica que con la alienación del trabajo no sólo se destruyen las formas que hasta el momento habían existido para realizarlo, sino que conjuntamente, se destruye el sujeto y su significación en relación a la obra producida en el acto de trabajar. Para ser precisos, Marx señalará:

¿En qué consiste la alienación del trabajo?. Ante todo, en el hecho de que el trabajo es exterior al obrero, es decir, que no pertenece a su ser; que, en consecuencia, el obrero no se afirma en su trabajo, sino que se niega; no se siente cómodo, sino desventurado; no despliega una libre actividad física e intelectual, sino que martiriza su cuerpo y arruina su espíritu.(…) el carácter exterior del trabajo con respecto del obrero aparece en el hecho de que no es un bien propio de este, sino un bien de otro; que no pertenece al obrero, que en el trabajo el obrero no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro.3

Visto de esta manera, el trabajo que emerge con el capitalismo destruye en el obrero su sentido de la existencia frente al acto creativo de producir la obra y hace que pierda su carácter de afirmación del ser que le ejecuta para convertirse en mera actividad que asegura unas condiciones de subsistencia. Con todo ello, nos dirá Marx, el trabajo se convierte en un suplicio del cual se espera salir lo más pronto posible, será característico entonces, que en el obrero se gesten sentimientos de martirio, desazón, frustración, entre otros, en la medida que es absorbido por las condiciones del trabajo alienado. Así pues, conforme con el paso del tiempo y la mundialización de las formas del trabajo asalariado, se harán igualmente extendidos y cada vez más agudos los sentimientos de amargura en el proletariado a lo largo y ancho de la geografía planetaria, sin embargo, el sistema del capitalista no ha sido mero observante de esta situación, y por el contrario, de manera concienzuda y dedicada ha puesto sus esfuerzos en controlar los posibles efectos negativos de su propia naturaleza del tal manera que su reproducción no se vea amenazada.

En correspondencia, no es de extrañar que desde el mismo momento que se comienza a masificar el trabajo asalariado, y con él, las formas de resistencia del naciente proletario vía sabotaje de las máquinas y fábricas acompañado de la vehemencia de no integrarse a estas últimas, se promovió e impuso un discurso desde las elites que condenó con apelativos como holgazanería, vagancia, entre otros, la negativa a trabajar asalariadamente. Este discurso aún vigente hasta nuestros días tiene otros correlatos que le alimentan de manera sutil, por ejemplo, el hecho de justificar una actitud positiva en torno a la productividad, que si se tiene en cuenta la inoperancia de la normativa social patriarcal existente, podría entenderse uno de los varios motivos por los cuales el prototipo de masculinidad agenciado pone de relieve para los hombres -según su puesta naturaleza- actitudes de negación de aquellos elementos sensitivos/sentimentales que no se asocien con la fuerza/fortaleza que les distinguiría. Por tanto, parecería que un discurso revolucionario en la actualidad debería tener en cuenta una concepción de la masculinidad en la que se le aprecie de una forma radicalmente distinta, puesto en sentido literario Octavio Giraldo escribió:

¡Nada más bello que un hombre llorando! Es un testimonio de que es una persona humana, con sentimientos, escapado del macho artificial para ser el hombre real y valioso que sabe tanto de coraje y valor como de amor, ternura y dolor. Hermosa estampa de amante, padre, amigo, ser sensible, dador de ternura, atención, afecto. Valiente confesión de las debilidades reales. Destrucción de fachadas hirsutas y mentirosas.4

Así pues, es posible afirmar que si el capitalismo realiza una promoción de la alegría (en otras ocasiones utiliza a modo de sinonimo el concepto de felicidad) es desde un interes utilitario fijado a partir de la necesidad de reproducirse de una forma mucho más eficaz ya que un trabajador que no se siente motivado en su tarea no tiene el mismo margen de productividad que uno que si lo esté. Para no ir tan lejos, podemos encontrar afirmaciones como “las personas felices incrementan su productividad hasta en 88% en comparación con aquellas que no tienen un estado de ánimo positivo en el centro de trabajo, reveló una investigación de la consultora Crecimiento Sustentable.”5, o, “de acuerdo con el estudio ‘Felicidad y trabajo’, la gente feliz presenta hasta 33% mayor energía y dinamismo, que deriva en mayor eficiencia y productividad en las empresas.” 6, presentes en un articulo del portal mexicano “El Economista” citadas únicamente a manera de ejemplo sobre el ideario que desde el capitalismo es agenciado al respecto7. En esta perspectiva se encuentra un hilo conductor que deja en evidencia los esfuerzos del sistema por encubrir la desazón, y con ella el bajo rendimiento, que produce en el proletariado las condiciones del trabajo alienado, materializados en caudales de productos literarios, cinematográficos, publicitarios, televisivos, entre otros, que tiene su expresión más grotesca en los programas de “autoayuda” y “superación personal” tan de boga en la actualidad.

Después de todo esto, quedan puestas las cartas del capitalismo sobre la mesa en relación a su vocación real de promover trabajadores (por no decir esclavos) contentos y satisfechos en su labor ya que es un imperativo para su explotación eficaz en términos de productividad, sin embargo y a pesar de ello, aún lo dicho no da lumbre sobre cómo la tristeza podría albergar una potencia revolucionaria, cuestión a la que dedicaremos las últimas líneas del presente artículo. En ese sentido lo primero que debemos aclarar es a qué nos referimos cuando hablamos de potencia, así pues, retomamos las reflexiones del filósofo Aristóteles8 quien señalaba que la potencia (o poder) debe ser entendida como posibilidad en relación al cambio. Por tal motivo, la potencia se expresará como oportunidad de la transformación que efectivamente se produce, o también, como la posibilidad de que no lo haga, bien sea en el sujeto u en la intervención que este realiza a su alrededor. Es clave tener en cuenta que para el filósofo griego, la potencia necesariamente requerirá de una condición inexorable para su consecución: encontrarse libre de obstáculos externos que le permitan ser. Es precisamente este elemento el que podría llegar a dotarle de carácter revolucionario.

Interpretamos que algo es revolucionario en la medida que logra trastocar profundamente la raíz de una estructura determinada para darle paso a un nuevo estadio. Dicho ello, afirmamos que la impronta revolucionaria de la tristeza estaría ligada a las condiciones que le son originarias, en otras palabras, lo que decimos es que si la tristeza de las sociedades contemporáneas está ligada a manera de consecuencia directa por la dinámicas de explotación propias del sistema capitalista, en ellas mismas se podría encontrar el germen que permita superarlas. Si el trabajo alienado produce rabia, frustración, y en últimas, la negativa del propio ser, es momento de recuperar nuestras emociones como la potencia de la que habló Aristóteles, es decir, como posibilidad de cambio. Porque rechazamos la intromisión del capitalismo en nuestro mundo sensible, negamos que nuestra tristeza nos petrifique, del mismo modo, que nos negamos a hacer de la alegría un lubricante para el correcto funcionamiento de la estertora maquinaria de la voracidad capitalista. A cambio de ello, reivindicamos que nuestra tristeza y lo que de ella se desprenda, como todo nuestro universo sensitivo, estén en función de humanizar la existencia, y no, de inmovilizarnos en nuestra propia explotación. Reivindicamos entonces que nuestras emociones sean la gasolina de mundos nuevos, que la alegría sea para colorear la fraternidad, y la rabia, tenga su lugar para extinguir en la ferocidad de su fuego las prácticas que desde el capitalismo nos han condenado a una desolación que contraria la ley de vida, que no es otra cosa, que la ley del constante cambio.

Contra el sistema y su alienación: Proletarios frustrados de todo el mundo…..¡atacad!

1VARGAS,Vila. José María. Diario secreto. Arango Editores. Bogotá, Colombia. (1989). p 123.

2Ibid, p 124

3MARX,Karl. Manuscritos de 1844. Tesis económicas, políticas y filosóficas. Ediciones Génesis. Bogotá,Colombia. Pp 106 – 107.

4GIRALDO,Octavio. Los héroes también lloran: por una auténtica masculinidad. Litocencoa. Cali, Colombia. (2003). P 8.

5Trabajadores más felices son 88% más productivos. Disponible en: http://eleconomista.com.mx/finanzas-personales/2012/01/04/trabajadores-felices-son-88-mas-productivos

6Ibid

7Otros relatos similares se encuentran en “El poder de la alegría en el trabajo” Disponible en: http://www.newfield.cl/newsletters-antiguos/alegria-trabajo y “La gente feliz es más productiva” Disponible en: http://www.lagranepoca.com/vida/41651-la-gente-feliz-es-mas-productiva.html

8Presentes en la Metafísica, Libros V y IX.

Palabras de Irving Abrahams

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A continuación compartimos unas breves, pero lucidas palabras de Irving Abrahams, Militante del sindicato IWW -Industrial Workers of the World”, uno de los sindicatos con tradición libertaria más importante de Estados Unidos y Canada, a pesar de que tiene seccionales en varias partes del mundo anglosajón, como Irlanda, Australia, Reino Unido, entre otros. Demostrando que el Anarquismo siempre ha estado presente en la lucha de las trabajadoras organizadas.

Resistencias Multicolores

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*El siguiente artículo hace un esbozo básico de las resistencias de los pueblos en Colombia. Es una pincelada histórica general. Se centra en buena medida al proceso indígena, pero sin entrar a fondo. La segunda y quizás tercera parte se irá construyendo a partir de este texto.

Una mirada al caminar de las comunidades, en el cual cada paso, se dirige por el andar de la comunidad, la identidad, la cultura y el territorio.

“Cuentan nuestras gentes más ancianas, nuestros jefes, que los dioses hicieron al mundo, hicieron a los hombres y a las mujeres de maíz primero. Y que les pusieron precisamente el corazón de maíz.
Pero que el maíz se acabó y que algunos hombres y mujeres no alcanzaron corazón.
Pero también se acabó el color de la tierra, y empezaron a buscar otros colores y entonces les tocó corazón de maíz a gente que es blanca, roja o amarilla. Por eso hay aquí gente que no tiene el color moreno de los indígenas, pero tienen el corazón de maíz, y por eso están con nosotros.
Dicen nuestros más antiguos que la gente que no agarró corazón luego lo ocupó, ocupó el espacio vacío con el dinero, y que esa gente no importa qué color tenga, tiene el corazón de color verde dólar.
Y dicen nuestros antiguos que, cada tanto, la tierra busca proteger a sus hijos, a los hombres y mujeres de maíz. Y que llega un momento -que es cuando la noche es más difícil- donde la tierra se cansa y necesita que esos hombres y mujeres le ayuden a vivir”.

Los otros cuentos, Volumen 2

Según la historia oficial, hace un poco más de 500 años, una oleada de “conquistadores” (invasores) europeos comenzaron a usurpar tierras americanas. Podremos decir que al sol de hoy no se han regresado por donde vinieron. Digamos entonces que los que están ahora, -unos cuantos siglos después-, se encuentran con más poder, más dinero y más tierras; con aquella violencia; física y simbólica, compañera de aquellos. Invasores que se han “transformado” en empresas contribuyentes para la economía mundial (transnacionales). Por acá, andan rodando más de 700 de éstas1, europeas, asiáticas y norteamericanas.

Por allá, en los siglos XVI-XVII-XVIII saquearon oro, plata y metales preciosos; hoy, siglo XXI, quieren llevar nuestras aguas, el olor de nuestras plantas, los colores de los bosques, los saberes de las abuelas y la cultura material e inmaterial de nuestros pueblos, y por demás seguir pretendiendo que hagamos todo a lo que ellos no están dispuestos. Leer el resto de esta entrada »

NÉSTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA EL FISCAL “QUE SE NECESITA”

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Como parte de la iniciativa del Colectivo Contrainformativo Sub*Versión de hacer de la comunicación una herramienta contrahegemónica, lanzamos una nueva sección titulada “Escriben las que luchan”, en la que buscamos publicar los artículos, poemas, ensayos, entre otros materiales, enviados por aquellas personas que deseen apropiarse del espacio abriendo nuevos canales para el aprendizaje y el debate.
Iniciamos de esta manera con la colaboración de David quien nos hace llegar un articulo sobre el fiscal general de la nación Nestor Humberto Martínez. Aclaramos que su contenido es competencia exclusiva de su autor, y por tanto, no expresa la postura del colectivo. En especial, los elementos referidos a la refrendación del Estado y lo que se denomina como “política criminal”
Invitamos a todos y todas a hacernos llegar sus aportes, nutrir los debates y construir en la discusión franca y horizontal.
¡Escriben las que luchan!
Colectivo Contrainformativo Sub*Versión “

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NÉSTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA EL FISCAL “QUE SE NECESITA”

Con el potencial post acuerdo, se erige como figura de suma importancia el fiscal general de la nación, no por las facultades extraordinarias y claro ordinarias que de común se suelen atribuir, tampoco por la relevancia de su cargo en aspectos de política criminal, que no política penal, mucho menos por ser, sin duda alguna el funcionario del estado con más poder violento directo, sino por lo que significa este matizado, por no decir obscuro personaje, Néstor Humberto Martinez Neira.

No hay tal vez un mayor expositor del chaqueterismo en este territorio, como el nuevo súper fiscal. Su trayectoria como alfil del sátrapa de turno es verdaderamente conmovedora, Con el señor Virgilio Barco Vargas, con Samper, con Pastrana, Santos y hasta con el amigo Quique Peñaloza. Aunque el fiscal guarde miles de similitudes con el variopinto de las filas politiqueras de este territorio, es justamente ese recorrido perfectamente engranado en el ámbito de derecho público y privado que no derecho penal y su no relación con el tenebroso Uribe Vélez, lo que nos ocupa en esta esquela.

Primero que todo y por mera intuición se habría de inteligir que el encargado de manejar las riendas de la herramienta violenta y opresora del estado, por antonomasia, al menos debería tener cierta idea de lo que enmarca el derecho penal; pero en esta antilógica al orden no es así, tal razón a priori parece un disparate puesto que se deje librado a su suerte la manivela del órgano acusador y quien realmente aplica los lineamientos de la política criminal. Pero si se entiende que el fiscal es un funcionario politiquero que se mueve como peón al servicio del statu quo, la relevancia ebulle cuando se trata de alguien con escasos conocimientos en materia penal que no punitivista.

Hay que ubicarse en el potencial escenario del post acuerdo. Un territorio serio dirigiría su política criminal, sus estrategias de castigo hacía esferas no punitivistas, es decir hacía una aplicación del derecho acorde con las necesidades de justicia transaccional (ojo leer bien), en otras palabras, mandar el timón a orbitas de reflexión, perdón, respeto, tolerancia y verdad; premisas que no tienen una relación directa con la sed de penas dentro de muros.

Entonces en esta escena es bastante útil un elemento que no entienda las cuitas de la sociedad ni mucho menos los hilos conductores de un acuerdo de cese de parte del conflicto. Claro, en su cabeza solamente estará el pensamiento de administrar y penalizar, lo que en términos de los medios de desinformación, hambrientos de populismo punitivo es perfecto puesto que se vende la idea de que no habrá impunidad, hablando de esta en términos de peligrosísmo; el mismo Lombroso debe revolcarse en su puerca tumba al observar tal tontería.

Ahora, un engrane que cabe perfecto en un espíritu colectivo de venganza es una maravilla para las intenciones de gran parte de los sectores sociales de este lugar. Néstor Humberto no solamente es un estandarte del transfuguismo político sino además el gallardete de la no impunidad, o sea de la persecución política disfrazada de persecución penal a sectores de la oposición y a militantes y ex militantes de los grupos parcialmente convergentes en un pacto.

El icono que representa Néstor Humberto es el busto de una convergencia demagógica que gira entorno a una reconciliación con garrotes en la mano, en otras palabras el súper fiscal que todos necesitan se yergue como una solución violenta a las carestías del post acuerdo. Su fácil adecuación al entorno politiquero del país le permite con sus funciones mantener felices a todos, implantando penas, creando y eliminando tipos penales, de esta forma el aparato castigador del estado actuará no siguiendo las directrices de la política criminal y de los acuerdos sino atendiendo las peticiones de cada sátrapa.

Entonces ahora su no relación con Uribe Vélez  también es relevante puesto que dicen las voces autorizadas (jumentos de revista) que puede llegar a fungir como mediador entre esa ultraderecha opresora contra paz y la ultra derecha liberal, de todas formas, sea como fuere, Néstor Humberto, es el fiscal que todo el mundo necesita, menos el país.

Continuará.

¡HAY TABLA!. EL ABSURDO DEL NUEVO CÓDIGO DE POLICÍA

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ImagenYa vamos por la mitad del mal llamado “año de la paz”, se han dado varios de  los pasos  para llegar a tal fin según el discurso oficial, ya se mencionó con bombos y platillos que “el último día de la guerra” había llegado. Y bueno,  vale la pena reconocer que efectivamente es un hecho histórico, un hito en la realidad del país -eso es una verdad a voces-,  pero decir que vivimos el “último día de la guerra” trae consigo un sesgo político, social, cultural y económico de la realidad bastante fuerte, no es más que lo que podría mencionarse en términos literarios: toda una hipérbole.

Es necesario traer esto a colación porque aunque a más de una le moleste que se cuestione el lugar común en el que se está convirtiendo el “fin de la guerra” a partir  de una que otra verdad olvidada, aparece esta oportunidad de forma perfecta para ahondar en la llaga, y como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, aquí vamos, no sin antes mencionar que más allá de molestar a quienes han expresado una particular amnesia política  y  aquellas que se identifican con las fuerzas represivas del Estado, nuestro verdadero interés es obedece al  llamado que nos hace la historia y la memoria en este complejo momento.

En primer lugar, hay que hacer el debido llamado a la memoria: Estamos en un país donde hay que mencionar, recordar y repetir lo obvio, estamos en el país donde la gente olvida fácil cuando no le toca, donde la gente vive con miedo, miedo de que la roben, la maten, la violen, la desparezcan, de decir lo que piensa, de luchar por un mundo mejor; estamos en el país donde niños y niñas mueren por desnutrición a diario, en el país en el que lo primero que le descuentan a usted de su suelo ganado con el sudor de su frente es la salud y cuando usted está al borde de la muerte por ser atropellada o por sufrir un infarto en la mitad de la calle, las autoridades lo primero que hacen es llamar a los “antimotines” en lugar de llamar a una ambulancia, estamos en el país donde los congresistas ganan casi treinta millones y usted que es profesional gana sí acaso uno.

Esto es el pan de cada día en Colombia y lo paradójico del asunto es que a la gente se le olvida y lo peor de todo, cree que vive en el país más feliz del mundo. Por esto, queridas lectoras, en este país hay que repetir lo obvio, aunque suene elemental.

Hace algunos días, salió a la luz la polémica noticia acerca de la formulación y trámite del nuevo código de policía en el país. Tan pronto esto sucedió, algunos sectores aplaudieron la iniciativa puesto que el Código de policía no había sido modificado hace más de cuarenta años y lo más plausible era buscar renovarlo; por otro lado, algunas activistas de la socialdemocracia creyeron con gran motivación que este sería el momento en que la policía daría a conocer su nueva doctrina dentro del mal llamado “posconflicto”, en el que mostrarían su inexistente faceta de una policía enfocada en una política de derechos Humanos.

Permítannos reírnos. Solamente fue conocer los primeros apartados del articulado para comprender que muy al contrario de lo que se decía, este sería la profundización primero, de la lucha de clases encarnada en la historia de este país; segundo, del cruento accionar de la policía  y por último, de la estigmatización y miedo dentro de la población de a pie. Vamos a explicar poco a poco el porqué de las anteriores afirmaciones para que después no se diga que son simplemente afirmaciones ligeras, producto de las acaloradas discusiones de la paranoia del radicalismo político.

En el artículo No. 1 del mencionado código de policía nos señalan idílicamente que el objeto del mismo no es ni más ni menos sino de carácter preventivo para el cumplimiento de deberes de las personas y determinar el poder, función y actividad de la policía, todo esto de la mano del ejercicio de la libertad de cada persona, su dignidad y de acuerdos pacíficos y de conciliación, respetando la vida, las diferencias y los derechos humanos.

Frente a esto último, el artículo 10 sobre los deberes de la policía,  en el numeral 11 menciona que la policía debe “Evitar al máximo el uso de la fuerza y de no ser esto posible, limitarla al mínimo necesario”.  De igual forma, el artículo 166 sobre el “Uso de la fuerza” señala: “Es el medio material, necesario, proporcional y racional, empleado por el personal uniformado de la Policía Nacional, como último recurso físico para proteger la vida e integridad física de las personas incluida la de ellos mismos, sin mandamiento previo y escrito, para prevenir, impedir o superar la amenaza o perturbación de la convivencia y la seguridad pública, de conformidad con la ley” , esta afirmación igual que en el párrafo anterior, no sólo es idílica sino que también deja abierta la puerta de la confusión  y poca claridad respecto a la realidad puesto que llega a preguntarse: ¿Cuál es el mínimo de fuerza necesario para un policía?

Esto adquiere notoria relevancia cuando se tiene presente que la policía es uno de los actores más violentos hoy en día en el país.¿Será que un policía pensará esto cuando las marchas universitarias, de indígenas y trabajadoras se manifiesten? Pagamos por ver…

En este sentido, el código en mención nos enlista una serie de comportamientos que no debemos realizar (artículo 35) procurando homogeneizar el comportamiento de las personas, pues afectan la “armónica” convivencia de las calles y campos del país. Así que, queridas lectoras, cuidado con lo siguiente: Si usted se atreve siquiera a desacatar, desconocer e impedir la función de la policía, hay tabla. Si usted impide, obstaculiza o se resiste a permitir su identificación e individualización por parte de la policía, hay tabla; si usted se niega a darles información sobre su lugar de residencia, domicilio y actividad, hay tabla; si se niega a una requisa, hay tabla, si protesta sin pedir permiso, hay tabla…

No contentos con que tengamos que quedarnos calladas con cuanta cosa se le ocurra a la policía en aras de la seguridad ciudadana, han logrado profundizar la estigmatización de la población de a pie, porque es que ¿A quién no le da desconfianza decirle a un policía dónde vive y trabaja? ¡A cualquiera!, ¿A cuántos que tengan el pelo largo, con pintas de hippies, metaleros o punkeros no los han requisado y de paso una que otra vez golpeado “porque si”, porque al policía le pareció “sospechoso”? ¿De qué? Vaya uno a saber.

¿Cuántos no han tenido que ganarse una noche en UPJ por atreverse a desconocer o desacatar alguna desfasada disposición  de la policía? A muchos. Pues con el código esto tendrá respaldo legal, es decir, seguirá su detestable autoritarismo pero bajo el amparo de la ley.

Por su parte, los vendedores ambulantes no podrán ocupar el espacio público. La multa será de 91.928 pesos, unos 4 SMDLV; los grafitis están prohibidos. La policía podrá imponer multas, pero “no emplear la fuerza”, ni decomisar los elementos usados para el grafitis. El infractor deberá reparar los daños y pagar una sanción de 8 SMDLV (183.856 pesos).[1] Esperamos por tanto que no haya más casos como el de Diego Felipe Becerra, un joven asesinado a manos de la policía por realizar un grafiti en una de las calles del país.

Asimismo, quien destruya, manipule, altere o fuerce las puertas o sistemas de acceso en un sistema de transporte masivo (estaciones, buses articulados, metro, tranvía, vehículo férreo, cable aéreo) o vehículos de servicio público o urbano de pasajeros la multa será de $367.709 . Por agredir, irrespetar o desafiar a un policía, por llamadas que se hagan a la línea de emergencia 123 que sean para realizar bromas o por agredir física o verbalmente a miembros de la comunidad LGBT la multa será de $735.418.[2]

 Además, con el código lograron llevar a esta instancia la regulación y criminalización de la protesta social. En el Capítulo II de “Expresiones o manifestaciones” nos dicen en pocas palabras que existe constitucionalmente el derecho a la protesta, pero para que esto sea posible usted debe pedir permiso para hacerlo. Algunos dicen: “no es un permiso, simplemente es avisar a las autoridades que la manifestación se va a realizar”. ¿Avisar?, ¿Nos damos cuenta del carácter de esta afirmación? Es como cuando nuestros padres nos han dicho: “Esta bien, no me pida permiso, pero avíseme dónde y con quién va a estar para buscarla en dado caso”. De igual forma, el aviso debe ser de carácter formal, por escrito, en él debe indicarse el día, hora, sitio y recorrido de la manifestación; es decir que el factor sorpresa que mayoritariamente caracteriza a una manifestación queda anulada, ¡Quién dijo que para protestar hay que pedir permiso!

Asimismo, este permiso debe estar firmado al menos por tres personas, quienes serán en cierto modo las responsables de la manifestación. ¿Quién se “embalará” con esto? Habrá que ver. ¿Qué pasará con estas personas en dado caso de que la manifestación “se salga de las manos”? Ya lo estamos imaginando. Por último, el código es muy claro al señalar que: “Toda reunión y manifestación que cause alteraciones a la convivencia podrá ser disuelta” (artículo 52). Queda en el aire el cómo y el cuándo, aspecto bastante delicado teniendo en cuenta nuevamente los antecedentes de tan repudiable institución como lo es la Policía Nacional.

Algo que parece bastante curioso y hasta risible es el artículo 54 que menciona a modo de premio de consolación sobre la “protección del ejercicio del derecho de reunión y manifestación pública frente a señalamientos infundados. Con el fin de amparar el ejercicio del derecho a la reunión o movilización pacífica, queda prohibido divulgar mensajes engañosos en torno a quienes convocan o participan en las manifestaciones, así como hacer públicamente señalamientos falsos de la relación de los manifestantes con grupos armados al margen de la ley o deslegitimar por cualquier medio el ejercicio del derecho constitucional de reunión y manifestación pública y pacífica”. Ajá y ahora nos preguntamos ¿Acaso se van a autoseñalar, autocastigar, autocriminalizar? ¿Cómo van a impedir que esto suceda si son ellos quienes lo hacen?, este artículo fue a todas luces una palmadita en la espalda para la gente que lucha y se manifiesta.

A modo de información o notificación, el código menciona que la fuerza disponible (como ya fueron “avisados”) estará siempre presente en una movilización supuestamente teniendo en cuenta todo el protocolo de seguridad y derechos humanos.Por su parte, los antimotines “sólo serán enviados cuando no sea posible por otro medio controlar graves  e inminentes amenazas a los derechos”, es decir que cuando lleguen los escuadrones de la muerte, arribarán a cumplir su función en esencia: “Tirar a matar” con el fin de “salvaguardad la seguridad y los derechos de la ciudadanía”¿Quién se los va a impedir?… ¡Vaya perlas las de este código de policía!

Finalmente, en cuanto a las medidas correctivas, el código nuevamente nos enlista algunas categorías y procedimientos que procederán para llevar a cabo sus funciones, las cuales debemos prestarles también mucha atención a algunas de ellas:

 1) Las órdenes de policía: Las órdenes podrán ser verbales o escritas y  serán de obligatorio cumplimiento, ya le han advertido en artículos anteriores que usted no puede negarse ni desobedecer las órdenes de un policía o hay tabla;

 2) Traslado por protección: Cuando la vida e integridad de una persona o de terceros esté en riesgo o peligro, el personal uniformado de la Policía Nacional, podrá trasladarla para su protección o la de terceros (artículo 155), es decir que cuando una persona en estado de indefensión o de alteración de la conciencia por consumo de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas, cuando esté involucrada en riñas o situaciones similares será conducido a un CAI para “protegerla de cualquier peligro de la calle”. Cualquiera diría que la policía tiene corazón con este artículo. Pero, querida lectora, si usted es de las que le gusta tomarse sus traguitos, recuerde que primero, no puede consumirlos en un espacio público, pues también habrá tabla, y además si es de las que deambula por ahí con su “parche”, y si se encuentra a algún policía será conducida de inmediato al CAI más cercano, y por último recuerde, si se resiste, hay tabla.

3) Medios de apoyo: “El personal uniformado de la Policía Nacional podrá utilizar medios de apoyo de carácter técnico, tecnológico o de otra naturaleza, que estén a su alcance, para prevenir y superar comportamientos o hechos contrarios a la convivencia y la seguridad pública”. Con esto queda claro que cuánta cosa se le ocurra lanzar a la policía y al ESMAD a la población frente a un reclamo, queja, o movilización está permitido por este código con el fin de superar algo que esté en contra de la “seguridad ciudadana”.

Es decir que si no hacemos algo pronto al respecto seguirán existiendo víctimas por el brutal accionar de la policía y el ESMAD, se profundizará gracias a este permiso que el escuadrón de la muerte recibe con el código. Basta con  recordar la muerte del estudiante de la universidad Distrital Miguel Ángel Barbosa en los últimos meses, quien fue asesinado por el ESMAD en una manifestación, pues se confirmó hace un par de días por el dictamen de medicina legal que Miguel Ángel fue asesinado[3]. Asimismo, el desarrollo del actual paro camionero, el cual ha sido reprimido fuertemente por el escuadrón de la muerte, que  haciéndole “honor” a su nombre la semana pasada asesinó a uno de sus manifestantes en Duitama, Boyacá, uno de los epicentros de la protesta camionera. Tan pronto se conoció la apenada noticia, los medios de comunicación salieron a decir que este había muerto a causa de manipulación de explosivos, sin embargo, medicina legal señaló que la muerte había sido causada por impacto de gas lacrimógeno en su rostro, ocasionándole la muerte. Las evidencias son claras, el ESMAD en lo que lleva de transcurrido el año ha asesinado (de forma comprobada) a dos personas en medio de manifestaciones en pro de mejores condiciones de existencia.

4) La asistencia militar (Artículo 170) el cual legaliza lo siguiente: “Es el instrumento legal que puede aplicarse cuando hechos de grave alteración de la seguridad y la convivencia lo exijan, o ante riesgo o peligro inminente, o para afrontar emergencia o calamidad pública, a través del cual el Presidente de la República, podrá disponer, de forma temporal y excepcional de la asistencia de la fuerza militar”.

Es en particular en este último  artículo en el que se profundiza la doctrina y complicidad existente entre las Fuerzas Militares y de policía del país, las cuales apuntan a un mismo lugar en el que buscan controlar el orden y salvaguardar la seguridad ciudadana y nacional a como dé lugar, utilizando los medios que sean necesarios para tal fin manipulando el discurso de la convivencia y resolución pacífica de conflictos en medio de un momento histórico de “posconflicto”. En este sentido, es evidente que las instituciones armadas ya no se fortalecerán en primera medida para atacar a ese enemigo interno llamado “guerrilla” sino a todo aquellos que desobedezcan a la autoridad y se posicionen en contra de su doctrina por los medios pacíficos o no pacíficos.

Es cierto cuando algunos expertos mencionan que “Vamos a tener problemas por el criterio vago con el que se redactaron algunas disposiciones del nuevo código de policía y la paridad del elemento para que el policía determine cuándo una actividad es temeraria. Se han dejado conductas muy abiertas para que la Policía las interprete a su criterio. Eso va a traer problemas porque se interpretarán de varias maneras (…) Un código ambiguo no es lo único (…) con la nueva ley se pretende homogenizar a la sociedad y crear un solo patrón de conducta, lo que es imposible por aquello de las libertades individuales”[4].

De igual forma, se vislumbran algunos de los matices de la lucha de clases pues, es evidente que quienes son señalados, perseguidos, requisados, maltratados y asesinados por la policía son personas pertenecientes a las clases explotadas, asimismo, los policías generalmente provienen de familias pertenecientes a esta misma clase social, sin embargo, son quienes defienden los intereses de las clases explotadoras a costa de innumerables vejámenes en contra de la población vulnerada.

Así que, una persona de la clase explotada que se manifieste en contra de las políticas de las clases que la mantienen en esa condición, deberá seguir pagando, profundizándose los abusos sociales, políticos y económicos de un sistema que las oprime cada día más y en el que ahora también deberán pagar innumerables multas, que si no son saldadas en el plazo de un mes, generarán unos intereses al respecto y así, el circulo vicioso de la pobreza continuará reforzándose.

 Cabe resaltar que nuestra crítica a diferencia de algunos sectores, no va encaminada únicamente a la reforma del estatuto policial, pues desde que las desigualdades del sistema mundo se perpetúen, habrá gente rica que le pagará a gente pobre para que controlen, persigan y reprendan a la otra gente pobre que se plantee una solución para esta realidad. Sabemos que la policía y las fuerzas militares están ahí para perpetuar el (Des)orden. Por esto, la invitación queda abierta a que sigamos movilizándonos, sigamos protestando ante cada situación de injusticia, sigamos cuestionando el status quo, sigamos incomodando el sistema y sus fuerzas represivas, sigamos apoyando las justas causas de quienes son reprimidas a diario, sigamos buscando alternativas al capitalismo y a la represión, sigamos buscando mejores condiciones de existencia abriendo paso a nuevos proyectos de transformación y lucha, pues esto es lo único y más valioso que nos queda en un mundo como este y en un país donde hay que repetir lo obvio.

[1]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134
  [2]http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/sigue-polemica-por-nuevo-codigo-policia-aprobado-camara
[3] http://www.contagioradio.com/dictamen-de-medicina-legal-confirmaria-que-miguel-angel-barbosa-fue-asesinado-articulo-26185/
[4]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134

¡El Bagre y el Urabá! Testigos presentes del Futuro anunciado.

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Los últimos acontecimientos acaecidos en el Urabá y  el Bagre Antioquia,  donde se vive una arremetida paramilitar denotan un sintomático problema social que tiene que ver con algunos matices a analizar que tejen el complejo panorama para estas comunidades que se encuentran en el centro del huracán del conflicto que azota a nuestro país. Sin mencionar los recientes sucesos de La Uribe, Meta, de claro accionar criminal de la Fuerza Pública. En el caso del Bagre según el Observatorio de Derechos Humanos y Paz del Instituto Popular de Capacitación (IPC) se registran: “desaparición forzada (en dos veredas dos, hombres de 84 y 20 años), asesinatos, confinamientos o desplazamiento forzado (de 570 personas que conforman 193 familias de las veredas La Llana, Moqui, La Primavera, El Coral, El Oso y El Castillo, pertenecientes al corregimiento de Puerto Claver)”. Y en el Uraba, en medio del proceso de restitución de tierras al que se opone airadamente la derecha “narcoparatraqueta”: “Desde 2012 los campesinos han venido retornando a sus tierras, algunos de manera voluntaria otros con acompañamiento institucional; sin embargo en estos últimos meses ellos han venido recibiendo amenazas de grupos ilegales que se hacen llamar gaitanistas, quienes los han amenazado de muerte, les han quitado el ganado que ellos cuidan para su subsistencia, también les han quemado sus viviendas y algunos los han agredido físicamente” presiones que se han intensificado en estos últimos días . Según Nora Saldarriaga -subdirectora de la Fundación Forjando Futuros- .

No podemos concebir los problemas sociales al margen del desarrollo histórico pues sería un craso error que nos impediría ver la verdadera dimensión de lo que se está viviendo. Estas zonas del país –que no son las únicas por supuesto- han estado inmersas en un incesante conflicto armado que las ha desangrado permanentemente y que hunde sus causas fundamentales en el despojo de la tierra a mano de fuerzas oscuras sostenedoras del proyecto capitalista criollo, fértiles y hermosas tierras que han  tenido que sucumbir ante el avance desproporcionado de la guerra  con fines lucrativos y que tiene como principales actores armados a los aparatos represivos del estado, ilegales o no en clara connivencia entre los dos.

Pero este fenómeno paramilitar en proceso de reconfiguración no ha sido fortuito y habrá que entenderlo muy bien como una táctica básica del bloque hegemónico dominante que siempre ha utilizado la sangre y el fuego para legitimar sus nefastos intereses y superar los antagonismos propios de la lucha de clases a la que nos vemos enfrentados,  teniendo como respuesta,   la acción colectiva de los movimientos sociales, y también,  en la fuerza adquirida por las fuerzas insurgentes. Esas mismas que hoy se encuentran en procesos complejos de diálogos de paz con el gobierno nacional: Las FARC-EP en fase definitiva y el ELN en un inicio truncado por diversas tensiones entre las partes.

En ese sentido, dicho contexto político de diálogos de paz es el que enmarca los hechos a mencionar  de arremetida paramilitar -que volvemos a recalcar no son los únicos en el país- y que nos lleva a problematizar los mismos a sazón de los acuerdos últimos alcanzados por las FARC-EP y que cambian totalmente la correlación de fuerzas en estos territorios. La paz que el Estado necesita, se debe leer como dispositivo imperialista y de consolidación del neoliberalismo que es a lo que le apuesta la elite cafetera, la cual le conviene la suspensión de hostilidades por parte de la insurgencia para afianzar la entrada sin presión de grandes intereses Multinacionales, resguardadas como desde la época de la United Fruit Company, por parte de ejércitos Paramilitares.

Con esto queremos poner el dedo en la llaga tratando de interpretar a las comunidades en su clamor de paz pues son ellas las que han llevado la peor parte en esta guerra. Pero son ellas mismas y en ejercicio claro de autonomía y autodeterminación, que tienen que fortalecer sus procesos de base y forjar una estrategia que impida que este fenómeno siga existiendo. Por lo que no es posible en estos momentos hacernos los de la vista gorda, para estar alertas a quienes estamos llamados a ocupar un papel fundamental dentro de la lucha de clases desde las propuestas organizativas autónomas, pues el paramilitarismo no da tregua y como nefastas visiones de lo que puede pasar en un futuro se aparecen como ejemplos concretos el Bagre y el Urabá.

Colectivo Contra-informativo Subversión.