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Wayne Price – “La Abolición del Estado. Perspectivas anarquistas y marxistas”

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Wayne Price – “La Abolición del Estado. Perspectivas anarquistas y marxistas”

Reseña

Wayne Price, escritor1 y activista que ha centrado su actividad en desarrollar algunos de los conceptos del Anarco-Comunismo, ha concentrando esta vez la atención sobre una pregunta fundamental en el análisis político moderno, en especial para los y las anarquistas, ¿Es posible abolir el Estado?.

Este libro se encuentra organizado en tres partes fundamentales, la primera gira entorno en hacer un recorrido teórico sobre las concepciones vigentes sobre el Estado: ¿Qué és?, ¿Cúal es su función?, ¿se puede rescatar algo de él para una futura sociedad? en clave de abordar de lleno en el debate sobre la superación del Estado. A través de una lectura simple, con varias referencias históricas y de diversos pensadores, comienza el contrapunteo entre los planteamientos marxistas, desde el propio Marx pasando por Stalin, incluyendo a Trotski, Mao y Lenin, pero a la vez profundizando en teóricos más libertarios de la vertiente Marxista; y los planteos del Anarquismo, retomando a Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Proudhon, Bookchin y otros.

La idea central del libro busca evidenciar las alternativas que frente al Estado han optado pueblos de todo el mundo, que han llevado a la práctica en diferentes momentos históricos destacando aciertos y errores a manera de aprendizajes. Así reflexiona, sin pretender dar una respuesta puntual y definitiva para todas las dificultades que podrían salir a flote con la abolición del Estado en una sociedad libre, a plantear la idea de una “sociedad experimental”, la cual a medida que vaya afrontando los problemas y con un horizonte libertario podrá sugerir nuevas formulas que en este momento nos serían difíciles de imaginar.

La segunda parte del libro se centra en la revisión tanto histórica como teórica de algunas revoluciones obreras (Rusa, Española y la victoria sobre el Nazismo en Alemania), en las cuales identifica prácticas comunes que contribuyeron a la efervescencia revolucionaria de las distintas experiencias, como por ejemplo la creación de consejos populares o asambleas, el experimento de nuevos sistemas de organizaciones de productores y de milicias de defensa revolucionaria, entre otros. Al mismo tiempo, enfatiza los errores cometidos por marxistas y anarquistas en estas experiencias entre los que tendrá en cuenta la noción centralista en la revolución rusa que reprodujo el leninismo para la consolidación del Capitalismo de Estado, o el caso de la revolución española que jugo la misma carta centralista en la integración de algunos anarquistas en cargos burocráticos de la Generalitat catalana.

En la tercera y última parte del libro, se ofrece una reflexión profunda sobre el concepto de Democracia, y su pretendido antagonismo con el Anarquismo. Mediante la exploración del termino y su contenido a través de la historia, el autor nos plantea una ruptura del significado, entre la Democracia y el Estado, sosteniendo de manera sencilla que el anarquismo lo que en últimas ha pretendido es una “sociedad democrática sin Estado”.

Este material es recomendado en momentos en que el Estado vuelve a plantearse como “garante” del desarrollo social, y más en épocas del mal llamado “Posconflicto” en Colombia, ya que las dos partes pretendidamente antagónicas buscan reforzar la noción del Estado central como símbolo de prosperidad social. Wayne nos recuerda que varias sociedades incluso más condicionadas por la imposición del Estado, han logrado dar grandes pasos en busca de la emancipación de los y las oprimidas tanto del campo como de la ciudad. Sus ideas entran a refrescar el debate que como movimiento anarquista hemos obviado en la coyuntura que atraviesa el país sin perder de vista que la discusión debe romper con el marco institucional burgués, y en ese sentido, debe buscar en la organización efectiva de la sociedad una práctica Libertaria-democrática. Es decir, en Palabras del mismo Wayne:

“El programa del anarquismo consiste en reemplazar a la

maquinaria burocrático-militar del Estado con una federación

de asambleas y asociaciones populares, tan descentralizada

como sea prácticamente posible. Esto es la democracia sin el

Estado. Cualquier otro programa, como por ejemplo permane-

cer dentro de los límites del Estado existente pero haciéndolo

“más democrático” (el “socialismo democrático” o la “demo-

cracia liberal radical”), es una capitulación a la “democracia”

como un encubrimiento del dominio de una minoría, del capita-

lismo patriarcal y racista y su Estado burocrático”

1Wayne Price es un activo escritor del portal Anarkismo.net

Otros textos recomendados del Autor: ¿Qué es el anarquismo de lucha de clases?

Un nuevo Falso Positivo en el Gobierno del Nobel de Paz

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falpo

Lo que ellos nunca supieron fue que vendándome los ojos por tanto tiempo terminaría por fin aprendiendo a ver. De lo que tampoco se enteraron fue que por entre las heridas de las cadenas me retoñaron las ansias de libertad como malezas florecidas”

Antonio Camacho Rugeles

Común se ha convertido en este país, ver cómo los medios corporativos de comunicación, – mejor, de desinformación-, se configuran como jueces y jurados de las vidas de jóvenes involucrados en las luchas sociales por una vida digna. No es nuevo, levantarse con noticias de personas asesinadas o detenidas por ser señaladas de ser “terroristas”, “guerrilleras”, “agitadoras” y un largo de etiquetas que intentan exponer a estudiantes, campesinas, indígenas, trabajadoras y/o toda aquella persona que cuestione el sistema político y económico o al mismo Estado a un escarnio público desgarrador con el fin de exterminar sus vidas, sus familias, sus carreras profesionales, su dignidad, ante un país que lamentablemente, todavía traga entero.

Los medios de des-información lo hicieron con el profesor Miguel Ángel Beltrán, crítico y académico importante para la historia de este país señalado con pruebas risibles de pertenecer a las FARC; hace dos años, la historia se repitió con las 13 compañeras estudiantes -en su mayoría- de la Universidad Pedagógica Nacional, condenadas por los medios de pertenecer a una célula urbana del Ejército de Liberación Nacional (ELN)1. No bastándoles con esto, y aun fracasando en su intento por acabarlos política y judicialmente como soñaban, pues en ambos casos tuvieron que ser dejados en libertad, repetimos, por las risibles pruebas que se mostraron en su contra y por el absurdo procedimiento llevado a cabo en su momento, lo volvieron a hacer también con el caso de Mateo Gutiérrez2; el cual fue señalado de pertenecer al ELN, posteriormente vinculándolo a una célula de la organización Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP).

El domingo pasado, 25 de Junio, los medios inician sus emisiones con la detención de 9 compañeras acusadas de participar en la detonación del artefacto explosivo del pasado 17 de Junio, en el Centro Comercial Andino que dejó el saldo de tres personas muertas. Por un lado el ELN condenó el ataque y negó algún vínculo con la acción3 y por otro, el MRP a través de un video y un comunicado escrito, condenaron la acción y señalaron la conveniencia que estos hechos le producen a la extrema derecha del país.4 No hay que olvidar cómo desde el mismo Estado y desde grupos paramilitares se han ejecutado actos terroristas para crear un clima de inseguridad, y culpar, como lo ha venido haciendo, a organizaciones sociales y populares. Para la muestra, cabe mencionar los atentados que produjeron las Fuerzas Militares días antes de la posesión del segundo mandato de Álvaro Uribe, el cual venia posicionando en la opinión pública un ambiente de guerra total.5

Las historias parecieran ser escritas por el mismo autor, una acción militar importante que sacude la inmaculada capital, posterior a ello, un circo mediático en cabeza de las principales autoridades distritales, que incluyen una declaración en el lugar de la escena, posterior a ello declaraciones muy sentidas del Gobierno Nacional, predicando “la tenacidad de todo un pueblo que no se doblega al terrorismo, que confía en sus instituciones y que no descansará para poder dar con el paradero de aquellos que osan irrumpir la tranquilidad de la capital”. Acto seguido, las autoridades con todo un despliegue al mejor estilo de Hollywood, capturan a los “culpables”. Sin duda hay que apostar por “culpables” que sirvan de carne de cañón para dar un mensaje a toda la sociedad, el manual dice que hay que revisar los pasillos y aulas de las principales Universidades públicas del país, como bien lo anuncio el periódico El Tiempo6.

Así pues, en medio de la tan evidente artificiosidad del relato de los entes investigadores respecto a las responsabilidades de la explosión en el Centro Comercial Andino, resaltan algunos elementos que desde ya ponen en sospecha las “decenas” de pruebas7 que corroborarían su versión de los hechos. En primera medida se podría hacer mención a las inconsistencias presentes sobres los imputados tales como los relatos hablados8 que no coinciden en lo más mínimo con los presuntos implicados, situación que recuerda las injurias9 sobre Mateo Gutiérrez a las que nos hemos referido en párrafos anteriores. Por otra parte, la línea de incongruencias continua respecto a los procesos de captura como se evidencia en el caso de Iván Ramírez, quien fuese retenido en supuesta flagrancia y posteriormente tendría que ser puesto en libertad por irregularidades en el proceso10, lo cual permite inferir, que la tan mentada “contundencia” de los hallazgos que se ciernen alrededor del caso se encuentra en entredicho.11 No es de extrañar entonces la poca creatividad manifiesta por los entes investigativos quienes se han referido a los supuestos “alías” de los detenidos según alguna de sus características físicas, en ese sentido, se designaron motes12 entre los que se destacan por su obviedad: “El calvo”, “la japonesa”y “el barbas”, los cuales permiten corroborar la “lucidez” de quienes emiten los señalamientos.

Sin embargo, la oleada de incoherencias no termina allí ya que existen otros elementos que igualmente invitan a cuestionar la versión oficial de los hechos. Ejemplo de ello es el vaivén ideológico bajo el cual se ha tratado de etiquetar al MRP a quienes inicialmente señalaron de ser una célula urbana del ELN13, posteriormente, se dijo que estarían compuestos principalmente por “extremistas y anárquicos”14, y hasta se ha dicho que tendrían un origen Maoista15. En otras palabras el MRP sería según la astucia policial, un sancocho de diversas expresiones políticas que logró poner deacuerdo al Che Guevara, Bakunin y Mao Tse Tung en una misma organización. ¡Logro nunca antes visto en la izquierda criolla!. Semejante despropósito sólo es posible en un país en el que la demencia es pan de cada día, y para la muestra, las declaraciones del Senador del Centro “Democrático” Daniel Cabrales ante la tragedia en Mocoa , según él, producto de dinamita de las FARC-EP16 , o , la especulaciones sobre la participación de la Francesa Julie Huynh en la explosión del Centro Comercial Andino17.

Otro de los elementos que causa sospecha sobre este caso tiene que ver con la hipótesis manejada por las autoridades según la cual el artefacto explosivo habría detonado por error en un día y hora no previstos18 ya que no se estaría buscando la afectación a civiles. Contemplando por un sólo momento que esto pudiese ser posible, surge a manera de pregunta ¿por qué no se encontraron panfletos que reivindicarían la acción como ha característico de parte del MRP?. Estos y otros elementos se unen en una larga cadena de incongruencias en lo que respecta a la versión de los hechos difundida por las autoridades y a partir de la cual se imputan cargos a los detenidos.

El resto viene siendo historia contemporánea, el enemigo ya no está en el monte, ahora el Estado, se ha encargado de crear un nuevo enemigo, – como lo hizo hace más de 60 años con la creación de un enemigo interno que sirviera para justificar sus atrocidades incluida la corrupción que acompaña sin cesar al Estado-, este enemigo ya no es mayoritariamente campesino, ahora es urbano, joven, crítico, pero sobretodo, lo que no puede faltar es que sea estudiante o egresado de una universidad pública, eso, según los terroristas de Estado, es un dato clave ante este nuevo panorama. Sin embargo, los/as estudiantes siguen luchando por la libertad, pero esta vez tras las rejas, otras, en cambio salen a solidarizarse con aquellas con las que alguna vez compartieron un café, un cigarro, una marcha o una clase. Una vez más la calle de Paloquemao -y todas, en general-, nos convoca a hacer de la solidaridad un acto.

Sabemos muy bien que estos casos se multiplican por todo el territorio, jóvenes luchadoras son condenadas a callar tras las rejas, inculpados de diversos delitos o enviados al exilio. Desafortunadamente algunos de estos casos no son tan mediáticos, pero por ellos también levantamos nuestra rabia. El plan de desmoralizar, callar y atemorizar a la juventud, las indígenas, campesinas, trabajadoras y mujeres es sistemático. Los medios se constituyen en la punta de lanza, para contrarrestar a una generación, que sabe muy bien que el conflicto continúa.

Basta ya de Falsos Positivos Judiciales para mostrar resultados ante una opinión pública desinformada, basta ya de acabar con los sueños de tantas jóvenes que quieren un mundo mejor, basta ya del terrorismo de un Estado que NO quiere la paz. La historia nos demuestra que, aunque se cierre un conflicto armado, el conflicto social se perpetúa y se profundiza, sabemos que los que siempre han estado en el Poder van a hacer hasta lo imposible por perpetuarse, es por ello que las palabras y actos solidarios transgredan el orden jurídico, y político de este Estado inviable.

¡No estamos todas, faltan las presas! ¡Libres las queremos!

SubVersión- Colectivo contrainformativo.

4 Declaración Movimiento Revolucionario del Pueblo MRP https://www.youtube.com/watch?v=9L2MfxV_H-E

Desalojos Nunca Más!

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Solidaridad con la comunidad desplazada del barrio Bilbao por el Gobierno Distrital de la ciudad de Bogotá el pasado 24 de abril.
Antes de ver los primeros rayos del sol, los habitantes de Bilbao verían los escudos de la fuerza policial entrar a su barrio, en una marcha no muy amable, acompañados de la Personería Distrital, brillando por su ausencia Derechos Humanos.
Un mes antes de la presencia policial, funcionarios de la alcaldía mayor de Bogotá, visitaron la comunidad para un supuesto censo de familias del sector, engañándolas para recoger sus firmas, en lo que posteriormente sería la “notificación/aprobación” para un desalojo voluntario; en el cual, se daba un plazo de cinco días, de lo contrario, el uso de la fuerza estaría presente.
El Escuadrón Móvil Antidisturbios, inauguró la actividad lanzando gases lacrimógenos, disparando bolas de goma y golpeando con sus bolillos a niñas y niños, personas en condición de discapacidad y de la tercera edad. Simultáneamente, otros agentes, se encargarían de prender fuego a las casas, según relata la comunidad. Dejando sin oportunidad de salvar utensilios personales o familiares.
Más de mil personas desalojarían sus casas, quedando en la intemperie sin rumbo alguno. Mientras tanto, el Distrito sin planes de reubicación o soluciones efectivas.
Cinco días después del suceso, cientos de personas siguen pasando la noche a la deriva, esperando una solución real y efectiva, organizándose para conquistar el derecho a una vivienda digna.
Así pues, denunciamos al alcalde Enrique Peñalosa, al Esmad y las instituciones del distrito por lo que pueda pasar en un posible segundo desalojo.

¡Por el derecho a la ciudad, lucha y organización!

Palabras de Lorenzo Morales-Vocalista del Grupo “El Noi del Sucre”

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Lorenzo Morales vocalista de “Noi del Sucre” y “Los Muertos de Cristo”, habla sobre el proyecto “El Noi del Sucre” y la importancia de la Autogestión como herramienta de lucha.

Biblioteca Popular José Ingenieros. Buenos Aires Abril 2017

La Reconciliación en el país del sagrado corazón: ¿Entre quienes y para qué?

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Últimamente ha adquirido notoria relevancia hablar de reconciliación al interior de la sociedad colombiana. Dicho concepto es utilizado de múltiples formas, a tal punto que su interpretación llega a ser confusa, en especial, cuando el Estado quiere imponer la interpretación más conveniente para la clase que detenta el Poder. Como dirían las mamás, pues busque en el Diccionario y eso hicimos; la Real Academia de la Lengua Española (R.A.E) afirma que el término de reconciliación alude a “1. Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos.”

Si partimos de esta definición sería lógico pensar que alguna vez estuvimos unidos, puesto que para acordar los “ánimos desunidos”, tal como se menciona en la definición, en algún momento de la historia tuvimos que tener algún tipo de acuerdo que nos cohesionara como grupo social. Así pues, la base filosófica de la idea de reconciliación comienza a desvanecerse frente a lo que ha sido nuestra realidad histórica puesto que en Colombia ni siquiera se ha consolidado un proyecto de nación -ideario bastante discutible de entrada-. Esto se hace evidente en las pugnas que se han dado en nuestro territorio desde la gesta bolivariana, pasando por el surgimiento de los partidos políticos, la guerra de los mil días, la época de la violencia, y en general, nuestra historia reciente, por tan sólo citar algunos referentes, en ese sentido, si no podemos hablar ni siquiera de un proyecto artificial como lo es el de nación en Colombia, mucho menos puede hacerse sobre uno de implicaciones mucho más profundas como lo es el de “Pueblo”.

Ahora bien, en caso de que hipotéticamente fuese posible dejar de lado lo que señalamos anteriormente aparecerían en el escenario otros elementos que igualmente problematizarían el concepto de reconciliación que tanto se promueve hoy en día. Aunque existiese dicha situación idílica en la que fuese posible una reconciliación, en lo que el término se refiere, sería obvio preguntar ¿en Colombia quienes tendrían que ponerse de acuerdo? Y ¿con qué fines sostendrían lo acordado?

Si hablamos de esto con algún funcionario del Estado, nos dirían que simplemente se trata de reconciliarnos como país, lo que traducido de nuestra parte en palabras más sinceras, significa reconciliarnos entre quienes han sufrido esta guerra – desde sus orígenes-, condenados a sobrevivir por debajo de la línea de pobreza, vendiendo nuestra mano de obra de forma miserable; con aquellos que la han comprado beneficiándose de nuestra explotación.

Por ello no nos resulta descabellado afirmar que lo que realmente se busca promover es que nos reconciliemos con las clases que se han beneficiado de nuestra hambre, que nos han robado nuestras raíces y nuestra tierra. La dignidad nos impide estar dispuestos a esto, ya que no podemos olvidar que lo que aquí sale a la luz es la existencia de la lucha de clases, un claro antagonismo en la historia en el que no es posible acordar cuando lo que está en juego son modos radicalmente diferentes de ser/estar en el mundo. No estaríamos nosotros y esperamos que ustedes tampoco estimados lectores, en estar de acuerdo en que existan pobres y ricos, que para que el patrón viva cómodamente con su familia nosotros tengamos que estar sobreexplotados en el trabajo, o tener que sacrificar horas de nuestras vidas por salarios ridículos mientras otros ganan millones durmiendo en una cómoda silla en el Senado por tan sólo citar ejemplos.

Como no se trata una cuestión de voluntades, y eso si lo hemos aprendido en los libros de historia, no podemos esperar ni reconciliar lo que nunca ha sido conciliado, ni tampoco llegar a acuerdos cuando unos tienen la barriga llena y otros no. Por ello insistimos en reconocer de manera abierta y franca, que lo que realmente vivimos es una lucha constante entre dos intereses y que para superar este estadio, es necesario que desaparezcan las condiciones que posibilitan los antagonismos de clase, es decir, las condiciones materiales concretas, si queremos ser más específicas, que el pan, la tierra, el ocio, y el descanso deje de ser el lujo de unos y la preocupación de otros, para ser el disfrute de todas.

Esta reflexión surge para iniciar el debate sobre el momento histórico que vivimos, y como desde el movimiento anarquista podemos afrontarlo sin temor a expresar nuestra posición, momento en el cual las principales insurgencias del país, han entrado como varios años atrás en etapas de diálogos, las FARC-EP con la expectativa de que el gobierno Santos cumpla lo acordado, y el ELN ad portas de una negociación que se plantea mucho más ambiciosa en su agenda inicial, pero que veremos desde el 8 de Febrero a que tanto está dispuesto a discutir un país controlado por grandes mafias nacionales o internacionales que han demostrado no estar dispuestas a ceder en sus intereses de clase.

Colectivo Contra informativo Subversión

¿Puede la tristeza ser potencia revolucionaria?

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La vida es una fuente inagotable de decepciones, tal vez

porque es una fuente inagotable de esperanzas”1

Los ojos de los marinos son casi siempre unos ojos

muy tranquilos y muy calmados. Tal vez, es el

hábito de las tormentas el que les ha dado

esa serenidad”2

Es bastante recurrente en las discusiones que versan sobre aquello que sería necesario para vivir en un mundo mucho más fraterno y digno escuchar argumentos que aluden a diferentes planos de la vida social como la economía, la política o la cultura, sin embargo, es muy poco lo que se ha dicho sobre el plano emocional que estaría vinculado a un proceso de transformación de tal envergadura. Paralelamente, pareciese existir un acuerdo tácito entre la mayoría de los matices, de izquierda o de derecha, en reconocer en la alegría bien sea como práctica o como fin, un factor indispensable para el cambio social. El acuerdo es aún mayor cuando a la tristeza se refiere, ya que ambas opciones políticas suelen condenarle puesto que desde su perspectiva aparece como un ostracismo que inmoviliza perse cualquier posibilidad de acción.

Precisamente será el carácter absoluto con el que se suele referir a la tristeza el que generará las inquietudes que motivaron a escribir el presente artículo en el cual de entrada anunciamos que partimos de la sospecha que la intromisión del capitalismo en el mundo de las emociones ha logrado por un lado cooptar la alegría para hacerle funcional en el desarrollo mercantil, y por otro, despojar a la tristeza de los alcances revolucionarios que podría llegar a tener si fuese conducida de una manera determinada, tanto una cosa como la otra, serán dos caras de una misma moneda que contribuye al aseguramiento y reproducción de las condiciones de explotación características de la voracidad del sistema capitalista. Para sostener nuestra tesis, acudiremos a breves referencias que giran en torno al mundo del trabajo en la actualidad, y a su vez, también nos apoyaremos en elementos relacionados con el estereotipo de masculinidad imperante.

Lo primero que habría que apuntar en ese sentido es la comprensión del funcionamiento del mundo del trabajo en las sociedades contemporáneas y su relación con la alegría. Así pues, afirmamos que la división internacional del trabajo se expresa en dos modelos aparentemente antagónicos pero que en realidad son sólo la necesidad del capitalismo de ajustarse a determinados niveles de la producción de bienes y servicios según las dinámicas que puja la relación centro-periferia. Los modelos a los que nos referimos son los que han sido denominados como Taylorismo y Toyotismo, cada uno de ellos, funcional a determinados contextos.

Como se sabe, el Taylorismo deviene de su mentor Frederick Taylor quien bajo la expectativa de organizar científicamente el trabajo ideó un modelo en el que buscaba hacer más efectiva la producción para maximizar la ganancia. Para tal fin, el modelo de trabajo proponía organizarle bajo la línea de tres elementos fundamentales a tener cuenta: en primera medida separar a los obreros (y su conocimiento) del proceso de trabajo para ser apropiado por la gerencia, y de esta manera, asegurar el control de estos frente a los primeros. En segundo lugar y en estricta ligazón con el elemento anterior, con el conocimiento que ha sido despojado del obrero y apropiado por su patrón, lo siguiente es sistematizarlo de tal manera que sea él quien siempre puede disponer de su transmisión para que cualquier persona pueda desempeñarlo, y finalmente, el tercer elemento a tener en cuenta será la aplicación de la separación del conocimiento del trabajador y su monopolio por parte del patrón quien podrá entonces diseñar y planificar a su antojo la totalidad del proceso de producción. Con todo ello, lo que se presentó fue la conversión de los trabajadores y sus saberes en meras piezas de engranaje encargadas de desarrollar tareas especializadas tal cual y cómo funcionan las grandes líneas de montaje en las que el control del tiempo y las actividades es fundamental. Por otra parte, el Toyotismo aparece como una expresión de un capitalismo más contemporáneo en el que se busca promover un sistema de gestión “amable” con el trabajador, pero que en realidad, es sólo una careta que sigue reproduciendo la explotación. En efecto, en el Toyotismo se busca proyectar una imagen distinta de los círculos de trabajo tradicionales, para ello, promueve una supuesta mayor independencia e incidencia de los trabajadores mediante escenarios de participación que bajo el esquema de “cultura empresarial” les integra en algunos planos decisorios que en lo absoluto modifican las estructuras verticales de la empresas, y por el contrario, están orientados a fortalecerlas en su ordenamiento vigente, así pues, serán comunes los conocidos círculos de calidad, las “bonificaciones al emprendimiento”, entre otras, que promueven inculcar en el trabajador un sentimiento de “pertenencia” con la empresa de tal manera que esté dispuesto a entregarle lo mejor de sus habilidades y recibir un escueto reconocimiento por ello, en últimas, el Toyotismo aparece como una expresión sutil en apariencia, pero no en su fondo, de la explotación capitalista.

Ahora bien, fácilmente el lector se podría preguntar qué tiene que ver todo esto con las afirmaciones sobre la alegría realizadas en los párrafos anteriores, y no es para menos, ya que en lo enmarañado de las descripciones se ocultaría el papel que juegan las emociones como trataremos de mostrar a continuación. Hace casi dos siglos mientras Marx adelantaba sus teorizaciones respecto a las transformaciones que se daban en el mundo del trabajo jalonadas por el impacto de la revolución industrial se hacía evidente para él que sus implicaciones trascendían del oficio meramente manual para el naciente proletario, en efecto, uno de los aportes más relevantes en la materia planteados por el alemán tiene que ver con su acertada descripción de los nocivos efectos del trabajo asalariado más allá de sus evidentes implicaciones en lo que a la producción se refiere. En otras palabras, Marx identifica que con la alienación del trabajo no sólo se destruyen las formas que hasta el momento habían existido para realizarlo, sino que conjuntamente, se destruye el sujeto y su significación en relación a la obra producida en el acto de trabajar. Para ser precisos, Marx señalará:

¿En qué consiste la alienación del trabajo?. Ante todo, en el hecho de que el trabajo es exterior al obrero, es decir, que no pertenece a su ser; que, en consecuencia, el obrero no se afirma en su trabajo, sino que se niega; no se siente cómodo, sino desventurado; no despliega una libre actividad física e intelectual, sino que martiriza su cuerpo y arruina su espíritu.(…) el carácter exterior del trabajo con respecto del obrero aparece en el hecho de que no es un bien propio de este, sino un bien de otro; que no pertenece al obrero, que en el trabajo el obrero no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro.3

Visto de esta manera, el trabajo que emerge con el capitalismo destruye en el obrero su sentido de la existencia frente al acto creativo de producir la obra y hace que pierda su carácter de afirmación del ser que le ejecuta para convertirse en mera actividad que asegura unas condiciones de subsistencia. Con todo ello, nos dirá Marx, el trabajo se convierte en un suplicio del cual se espera salir lo más pronto posible, será característico entonces, que en el obrero se gesten sentimientos de martirio, desazón, frustración, entre otros, en la medida que es absorbido por las condiciones del trabajo alienado. Así pues, conforme con el paso del tiempo y la mundialización de las formas del trabajo asalariado, se harán igualmente extendidos y cada vez más agudos los sentimientos de amargura en el proletariado a lo largo y ancho de la geografía planetaria, sin embargo, el sistema del capitalista no ha sido mero observante de esta situación, y por el contrario, de manera concienzuda y dedicada ha puesto sus esfuerzos en controlar los posibles efectos negativos de su propia naturaleza del tal manera que su reproducción no se vea amenazada.

En correspondencia, no es de extrañar que desde el mismo momento que se comienza a masificar el trabajo asalariado, y con él, las formas de resistencia del naciente proletario vía sabotaje de las máquinas y fábricas acompañado de la vehemencia de no integrarse a estas últimas, se promovió e impuso un discurso desde las elites que condenó con apelativos como holgazanería, vagancia, entre otros, la negativa a trabajar asalariadamente. Este discurso aún vigente hasta nuestros días tiene otros correlatos que le alimentan de manera sutil, por ejemplo, el hecho de justificar una actitud positiva en torno a la productividad, que si se tiene en cuenta la inoperancia de la normativa social patriarcal existente, podría entenderse uno de los varios motivos por los cuales el prototipo de masculinidad agenciado pone de relieve para los hombres -según su puesta naturaleza- actitudes de negación de aquellos elementos sensitivos/sentimentales que no se asocien con la fuerza/fortaleza que les distinguiría. Por tanto, parecería que un discurso revolucionario en la actualidad debería tener en cuenta una concepción de la masculinidad en la que se le aprecie de una forma radicalmente distinta, puesto en sentido literario Octavio Giraldo escribió:

¡Nada más bello que un hombre llorando! Es un testimonio de que es una persona humana, con sentimientos, escapado del macho artificial para ser el hombre real y valioso que sabe tanto de coraje y valor como de amor, ternura y dolor. Hermosa estampa de amante, padre, amigo, ser sensible, dador de ternura, atención, afecto. Valiente confesión de las debilidades reales. Destrucción de fachadas hirsutas y mentirosas.4

Así pues, es posible afirmar que si el capitalismo realiza una promoción de la alegría (en otras ocasiones utiliza a modo de sinonimo el concepto de felicidad) es desde un interes utilitario fijado a partir de la necesidad de reproducirse de una forma mucho más eficaz ya que un trabajador que no se siente motivado en su tarea no tiene el mismo margen de productividad que uno que si lo esté. Para no ir tan lejos, podemos encontrar afirmaciones como “las personas felices incrementan su productividad hasta en 88% en comparación con aquellas que no tienen un estado de ánimo positivo en el centro de trabajo, reveló una investigación de la consultora Crecimiento Sustentable.”5, o, “de acuerdo con el estudio ‘Felicidad y trabajo’, la gente feliz presenta hasta 33% mayor energía y dinamismo, que deriva en mayor eficiencia y productividad en las empresas.” 6, presentes en un articulo del portal mexicano “El Economista” citadas únicamente a manera de ejemplo sobre el ideario que desde el capitalismo es agenciado al respecto7. En esta perspectiva se encuentra un hilo conductor que deja en evidencia los esfuerzos del sistema por encubrir la desazón, y con ella el bajo rendimiento, que produce en el proletariado las condiciones del trabajo alienado, materializados en caudales de productos literarios, cinematográficos, publicitarios, televisivos, entre otros, que tiene su expresión más grotesca en los programas de “autoayuda” y “superación personal” tan de boga en la actualidad.

Después de todo esto, quedan puestas las cartas del capitalismo sobre la mesa en relación a su vocación real de promover trabajadores (por no decir esclavos) contentos y satisfechos en su labor ya que es un imperativo para su explotación eficaz en términos de productividad, sin embargo y a pesar de ello, aún lo dicho no da lumbre sobre cómo la tristeza podría albergar una potencia revolucionaria, cuestión a la que dedicaremos las últimas líneas del presente artículo. En ese sentido lo primero que debemos aclarar es a qué nos referimos cuando hablamos de potencia, así pues, retomamos las reflexiones del filósofo Aristóteles8 quien señalaba que la potencia (o poder) debe ser entendida como posibilidad en relación al cambio. Por tal motivo, la potencia se expresará como oportunidad de la transformación que efectivamente se produce, o también, como la posibilidad de que no lo haga, bien sea en el sujeto u en la intervención que este realiza a su alrededor. Es clave tener en cuenta que para el filósofo griego, la potencia necesariamente requerirá de una condición inexorable para su consecución: encontrarse libre de obstáculos externos que le permitan ser. Es precisamente este elemento el que podría llegar a dotarle de carácter revolucionario.

Interpretamos que algo es revolucionario en la medida que logra trastocar profundamente la raíz de una estructura determinada para darle paso a un nuevo estadio. Dicho ello, afirmamos que la impronta revolucionaria de la tristeza estaría ligada a las condiciones que le son originarias, en otras palabras, lo que decimos es que si la tristeza de las sociedades contemporáneas está ligada a manera de consecuencia directa por la dinámicas de explotación propias del sistema capitalista, en ellas mismas se podría encontrar el germen que permita superarlas. Si el trabajo alienado produce rabia, frustración, y en últimas, la negativa del propio ser, es momento de recuperar nuestras emociones como la potencia de la que habló Aristóteles, es decir, como posibilidad de cambio. Porque rechazamos la intromisión del capitalismo en nuestro mundo sensible, negamos que nuestra tristeza nos petrifique, del mismo modo, que nos negamos a hacer de la alegría un lubricante para el correcto funcionamiento de la estertora maquinaria de la voracidad capitalista. A cambio de ello, reivindicamos que nuestra tristeza y lo que de ella se desprenda, como todo nuestro universo sensitivo, estén en función de humanizar la existencia, y no, de inmovilizarnos en nuestra propia explotación. Reivindicamos entonces que nuestras emociones sean la gasolina de mundos nuevos, que la alegría sea para colorear la fraternidad, y la rabia, tenga su lugar para extinguir en la ferocidad de su fuego las prácticas que desde el capitalismo nos han condenado a una desolación que contraria la ley de vida, que no es otra cosa, que la ley del constante cambio.

Contra el sistema y su alienación: Proletarios frustrados de todo el mundo…..¡atacad!

1VARGAS,Vila. José María. Diario secreto. Arango Editores. Bogotá, Colombia. (1989). p 123.

2Ibid, p 124

3MARX,Karl. Manuscritos de 1844. Tesis económicas, políticas y filosóficas. Ediciones Génesis. Bogotá,Colombia. Pp 106 – 107.

4GIRALDO,Octavio. Los héroes también lloran: por una auténtica masculinidad. Litocencoa. Cali, Colombia. (2003). P 8.

5Trabajadores más felices son 88% más productivos. Disponible en: http://eleconomista.com.mx/finanzas-personales/2012/01/04/trabajadores-felices-son-88-mas-productivos

6Ibid

7Otros relatos similares se encuentran en “El poder de la alegría en el trabajo” Disponible en: http://www.newfield.cl/newsletters-antiguos/alegria-trabajo y “La gente feliz es más productiva” Disponible en: http://www.lagranepoca.com/vida/41651-la-gente-feliz-es-mas-productiva.html

8Presentes en la Metafísica, Libros V y IX.

Palabras de Irving Abrahams

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A continuación compartimos unas breves, pero lucidas palabras de Irving Abrahams, Militante del sindicato IWW -Industrial Workers of the World”, uno de los sindicatos con tradición libertaria más importante de Estados Unidos y Canada, a pesar de que tiene seccionales en varias partes del mundo anglosajón, como Irlanda, Australia, Reino Unido, entre otros. Demostrando que el Anarquismo siempre ha estado presente en la lucha de las trabajadoras organizadas.