Habemus presidente: mandato por la paz con injusticia social

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Habemus presidente

Santos ha sido elegido nuevamente presidente de Colombia, con un 51% de los votos emitidos, en medio de una perenne crisis de legitimidad -la abstención nuevamente fue la ganadora, llegando al 52%, más 4% de voto en blanco. Más de la mitad del electorado no se acercó a las urnas pese al terrorismo histérico mediático, que de lado y lado describía panoramas apocalípticos después del 15 de Junio, o a las encuestas amañadas. El triunfo de Santos no debería sorprender a nadie: las elecciones no definen nada, sino que sancionan apenas, con un tenue barniz democrático, lo que ya estaba decidido. Con el respaldo del capital financiero, de los empresarios, de los EEUU y de la Unión Europea, era imposible que Santos perdiera. Como dijera el profesor Renán Vega en una entrevista “Las elecciones simplemente son como el cierre de esos proyectos en marcha que llevan mucho más tiempo de consolidación en el país en términos políticos”[1].

Aunque un sector de la izquierda quiera ver este resultado electoral como un voto por la paz, o más aun, como el equivalente colombiano a Stalingrado o al Día-D (dependiendo de su persuasión ideológica) en la derrota del “fascismo”, lo cierto es que tanto el aumento en la votación de Santos como una cierta baja del abstencionismo, tienen más que ver con la fuerza aplanadora de las maquinarias electorales, particularmente en la Costa caribe[2], incluidas la compra de votos a granel y la mermelada para todos los gustos. Aunque es discutible el peso de la izquierda en el resultado electoral (en ciertas zonas hubo claras transferencias, incluida Bogotá, no así en otras), lo cierto es que la izquierda tuvo un rol clave no en decidir las elecciones, sino en ayudar a lavar la imagen de Santos ante la opinión pública.

Santos inicia un nuevo período de gobierno en la misma crisis crónica de legitimidad del régimen colombiano, pero con una imagen fresca. Este triunfo electoral y todo el manejo propagandístico que se hizo en torno al “candidato de la paz”, han ayudado a disociar su imagen de los falsos positivos, del bombardeo a Ecuador, de su catastrófica gestión social anti-popular, de su ministerio de guerra y de su ministerio de palmicultura, de todos los engaños y promesas incumplidas al pueblo campesino, de los tratados de libre comercio, de la impunidad militar, de la ley de seguridad ciudadana y la criminalización de la protesta… se ha echado una buena cantidad de tierra sobre los muertos de estos cuatro años en que el pueblo no ha dejado de movilizarse y ¿los presos políticos?, muy bien gracias. Santos emerge de la contienda electoral, indudablemente, con una imagen renovada.

Pero importantes sectores de la izquierda hicieron un poco más que esto. Además, al personalizar –junto a los santistas- el proceso de paz en la figura del presidente, han ayudado a que la paz, originalmente una conquista del pueblo movilizado (y en últimas hasta un deber constitucional), pueda ser redefinida en este segundo período de gobierno en los términos de Santos. El presidente tiene las llaves de la paz, ahora sí, bien guardaditas en su bolsillo y no las compartirá con nadie, a menos que sea hacia la derecha. Ya los analistas van sacando sus conclusiones: Santos ha logrado un mandato para avanzar en el proceso de paz, pero tendrá que hacer concesiones al 46% de votos uribistas que ellos interpretan como más mano dura[3]. El mandato por la pax santista, ergo, incluirá bajar las “expectativas” a las FARC-EP y al ELN. Como dice el análisis de la Silla Vacía, el resultado electoral “quizás, ayude a focalizar la discusión en la mesa en lo posible, más que en lo deseable”[4]. O sea, pisar el acelerador para lograr, cuanto antes, la paz con injusticia social. El análisis de Semana es aún más claro al definir que la pax santista consistirá, sencillamente, en “llevar las conversaciones de La Habana y las que se hagan inicialmente en Ecuador, Brasil u otro país con el ELN a que esas dos guerrillas acepten desmovilizarse y desarmarse”[5]. La paz ha sido definitivamente divorciada de los cambios estructurales para superar las causas del conflicto; a lo mejor hay cambios que habrá que hacer, pero nada muy radical, aunque demagógicamente se invoquen “cambios profundos” que solamente pueden creer los más ingenuos[6]. En palabras del mismo artículo de Semana, “Santos no tiene, pues, carta blanca para negociar con las FARC. Las líneas rojas que su propio gobierno se trazó al emprender este camino han sido reforzadas y, si se quiere, reducidas por el resultado electoral”.

Santos logró algo histórico además en el plano político. Logró volver a recomponer el bipartidismo bajo los colores del uribismo y de su propia tolda. El término “oposición”, de hecho, ha sido apropiado –gracias a los manejos mediáticos y al encuadramiento electoral de la izquierda- por el uribismo, con quienes objetivamente, comparte más que lo que los divide. Santos es, sin dudas, un hábil jugador en medio de la debilidad estructural de su mandato. De hecho, debe ser en el mundo el único presidente de derecha, delfín de lo más granado de la odiada oligarquía, involucrado en groseras violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, que ha recibido un respaldo electoral importante por parte de la izquierda. En la práctica, Santos logró unir a la izquierda colombiana a un grado que no logró ni la candidatura de Clara López ni el paro agrario del 2014. Lo que demuestra lo astuta que es la oligarquía colombiana. Son unos berracos; no por nada llevan dos siglos en el poder, manejando uno de los Estados más reticentes a la reforma social.

¿Qué se viene ahora? Santos intentará consolidar su proyecto de la unidad nacional, conciliando con el uribismo, en torno al discurso de la paz minimalista en medio del recrudecimiento de la ofensiva. Recordemos que el mismo día que supuestamente se votaba guerra o paz, el gobierno se felicitaba por el presunto abatimiento de Román Ruiz, líder del Frente 18 de las FARC-EP (pese al cese al fuego unilateral), quien al final resultó no ser el muerto… o sea, otro falso positivo[7]. A la izquierda no tendrá que hacerle mayores concesiones porque no tiene capacidad de exigirlas. A algunos en la izquierda les tocará la mermelada (alcaldía de Bogotá), a otros con un plato de lentejas les bastará (por ejemplo, si les hacen la vista gorda ante casos de corrupción de ciertos familiares). Pero la mayoría tendrá que contentarse con las promesas de lentejas, porque las concesiones serán con la “oposición oficial” (uribismo). Lo que no impedirá que un sector se quede pegado con mermelada, lentejas y promesas, al “presidente de la paz”, secundando su mandato por la paz con injusticia social con la esperanza de que el régimen sea un poco más “incluyente” (o sea, que los inviten a co-administrar los escalones más bajos del sistema que existe, abandonando toda ilusión de cambio social). Tal vez veremos más ritos indígenas de armonización, más treguas sindicales de 100 ó de 1000 días, y más dirigentes de izquierda diciendo que actualmente es inoportuno luchar, que no hay que desestabilizar, que hay que rodear la paz (o sea, rodear a Santos). El país político sesionando en pleno.

El voto táctico de la izquierda oculta en el fondo una derrota estratégica de ésta. Derrota que no es de las últimas dos semanas, sino que se arrastra de largo y que se ha expresado en su incapacidad de canalizar el descontento popular en un programa de lucha, en una renovación de la política y en deshacerse de los métodos de la política tradicional, metiéndole cuerpo al promisorio proyecto de unidad desde abajo que comenzó a forjarse en la Cumbre Agraria y Popular. Sólo tal vez así, se podrá llegar a más de la mitad del país que mira a la distancia, con asco e indiferencia, desde su pobreza y exclusión social, sin inmutarse, a ese país político ajeno. Lo único que podría inclinar la balanza hacia la paz con justicia social es la fuerza de la lucha popular, del pueblo organizado. Pero para ello hay que vencer los caudillismos y burocratismos de esa “ciudad letrada” que mira con desconfianza al bajo pueblo y a su iniciativa espontánea. Esa ciudad letrada que confía más en la negociación por arriba que en la capacidad de lucha de los de abajo. La izquierda oficial ha demostrado tener más capacidad para desmovilizar que para movilizar, más capacidad para elegir al mal menor que para ser alternativa política. Así las cosas, los dados parece que en este segundo período estarán inclinados hacia la paz en los términos de Santos. A menos que haya una asonada al interior de la izquierda que dé por el traste con los verticalismos, oportunismos, sectarismos, personalismos y todos los ismos que le impiden crecer y convertirse en alternativa política, no para el pueblo, sino que construida desde el pueblo. Si no, lo que nos espera, es el destino de ser Guatepeor: algo así como tener la violenta paz de Guatemala, pero elevada al cubo.

José Antonio Gutiérrez D.
16 de Junio, 2014


[1] http://www.lahaine.org/index.php?p=78255
[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/elecciones-colomb…918-3
[3] http://www.semana.com/opinion-online/articulo/hablarle-…071-3 Digo “interpretan” porque ese 46% del voto no es más ideológico que el de Santos: también responde a maquinarias, mermelada, compra de votos, chocorazos y al sentimiento anti-santista. Pensar que el voto “uribista” es homogéneo es insostenible.
[4] http://lasillavacia.com/historia/elecciones-presidencia…47921
[5] http://www.semana.com/nacion/articulo/habra-acuerdo-de-…888-3
[6] http://www.semana.com/nacion/elecciones-2014/articulo/j…061-3
[7] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/policia-d…98468

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Difundimos: Festibazar Libertatia: ¡Otro mundo es posible!

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No somos iguales o si quiera parecidas, somos personas como tú, ellas, nosotras, que un día, hace más de dos años y medio, decidimos unirnos y luchar… cada una tenía una historia, una ideología, un discurso, más de una lucha encima, pero poco cansancio y una pasión infrenable por construir un mundo nuevo. Aún queríamos mirar hacia las estrellas imaginando otros mundos posibles, esos que sólo lograremos con las otras y con las diferentes.
Así, empezamos, enfrentando todo un mar de malos augurios y pocas posibilidades: el paramilitarismo, el miedo, el individualismo, la rutina, la represión, el sectarismo, la señalización, el cansancio y otros muchos males. Empezamos este sueño enarbolando las banderas del Capitan Misson, Caraccioli y la de todas las esclavas del mundo para construir un lugar real del tamaño de nuestros sueños, a eso le apostamos desde el Centro Social Libertatia, a construir, entre todas, juntándonos y reconociéndonos desde nuestras diferencias en la lucha constante de nuestro trabajo diario. Así, al cerrar los ojos, han pasado más de dos años y medio, más de 800 días de lucha, desde que esto comenzó, nos hemos encontrado con muchas compañeras que desde el inicio le apostaron a todo, otras compañeras que siempre están y otras que cada día llegan, nos fuimos formando, fuimos creciendo, ahora somos muchas más, pero también más conscientes, más luchadoras, más comprometidas y más radicales.
Empezamos esta lucha, la lucha por cambiar el mundo, siendo personas nuevas, le apostamos a la educación popular como lucha liberadora de este sistema que nos impone una educación bancarizada y mercantilizada. Le apostamos a la lucha antipatriarcal conscientes de la necesidad del feminismo como eje transversal para construir mujeres, hombres y géneros nuevos. También, le apostamos a una tecnología y a una ciencia diferentes, unas que nos permitan cubrir nuestras necesidades reales sin destruir el planeta bajo modelos arrasadores.
También queremos una nueva cultura en la que el teatro,la música, la pintura y las artes no sean una cuestión de elite y prestigio sino un forma de expresarnos y sensibilizarnos, que no estén alejadas de nuestras vidas y de nuestros territorios… En general, en ésta lucha hemos apostado por tomar en nuestras manos nuestros propios destinos tomando por asalto la esperanza, construyendo nuevas vidas y nuevos mundos.
En este camino constante y sinuoso empezamos y, aunque sabemos que nos falta mucho, sabemos que echamos a andar y que en el camino dejamos y construimos lo que nos sirva como colectivo… Pero, esta vez, después de más de dos años las invitamos a bailar, a crear, a discutir y a compartir, a gozar estos tres días de celebración:

Sábado (28 de junio) día 1: Praxis desde la loma

 
Queremos conocer y discutir nuestras apuestas. Tendremos foros, ponencias y mesas de discusión respecto a varias problemáticas:

– Otro campo puede ser posible
– Otra ciencia puede ser posible
– Otra educación puede ser posible
– La diversidad de lo posible
– Formas organizativas y proyectos políticos posibles.

Domingo (29 de junio) día 2: Llena de color este mundo 

Vamos a construir un mundo de color; si eres artista, graffitera, o te gusta el color te invitamos a compartirnos tus intervenciones en el espacio físico del Centro Social Libertatia, “El Esqueleto” y las calles principales.

Lunes (30 de junio) día 3: ¡A romperla: mueve el esqueleto!

Vamos a Bailar, a gozar, a disfrutar porque nuestras apuestas también son con música, baile, movimientos y mucho color. El lunes queremos que nos compartas tus apuestas artísticas; si cantas, bailas, proclamas ven y nos compartes tu arte:

 

Tendrémos intervenciones musicales de todos los géneros: Salsa, Vallenato, Carranga, Andina, Punk, Metal (Trash e industrial), Ska y Rap.

 

Como siempre, desde el Centro Social Libertatia, les enviamos un fuerte abrazo, mucha esperanza y la invitación a conocernos y luchar juntas.

Centro Social Libertatia
Barrio Arborizadora Alta, Localidad Ciudad Bolívar
Transversal 36 No 69j-61 sur
Correo: centrosociallibertatia@subvertising.org
Teléfono: 2655672

Compartimos: Feminismo Ⓐnarquista: Perspectivas & Experiencias

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“Ahora la mujer se enfrenta a la necesidad de emanciparse de la emancipación, si realmente quiere ser libre” -Emma Goldman-

En el marco de la electiva de la Escuela de Estudios de Género, “Iniciación a los estudios feministas y de género” de la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá, hemos decidido realizar una charla sobre las posturas y apuestas del feminismo anarquista.

A través de una ponencia teórica basada en los postulados de la feminista y anarquista Emma Goldman y de dos experiencias organizativas de América Latina: Colectivo Mujeres Libres (Colombia. 1997-2006) y La Alzada, Acción Feminista Libertaria (Chile. 2013 – Actualidad), buscaremos discutir sobre el papel que tiene esta tendencia del feminismo en la construcción de un movimiento feminista de carácter clasista y que se encuentre del lado de las luchas del pueblo; además de analizar la posible relación entre las apuestas y prácticas del feminismo libertario y el feminismo popular latinoaméricano. Por último, uno de los objetivos del evento será plantear algunos retos que tenemos en nuestros territorios como anarquistas y además feministas en la actualidad.

En la charla y presentando la experiencia del Colectivo Mujeres Libres (Colombia) nos acompañará Sonia Torres, ex-militante de este colectivo y del Proyecto Cultural Alas de Xue (PCAX).

Nos vemos el próximo jueves, 19 de junio a las 2pm en el Salón 114, Aulas de Ciencias Humanas (Edificio 212) de la Universidad Nacional sede Bogotá.

¡Les Esperamos!

NO VOTO POR LA PAZ, TAMPOCO POR LA GUERRA

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Respecto a las siguientes elecciones presidenciales

Articulo 1

En medio de locas de naranjas e hijos no prestados para la guerra transcurre el actual circo electoral, que llega a su tercer clímax después del 9 de marzo y el 18 de mayo. Al igual que en las anteriores oportunidades hoy salen los payasos protagonistas: desde mujeres de la “clase media”[1] trabajando para Uribe hasta, quienes con la alternativa no tan “Clara”, llaman a votar por el Santismo Positivo. Todo un espectáculo, donde a las de abajo se nos ve de nuevo como simples espectadoras cuyo único rol será legitimar por medio del voto su “democracia”, es decir, la explotación y la miseria durante por lo menos 4 años más.

Este articulo pretende analizar brevemente este panorama, pero también proponer líneas de acción y elementos con los cuales podamos romper este guion ya escrito, escapar de él para ser nosotras mismas –las históricamente excluidas- quienes llevemos las riendas de nuestras vidas y nuestras comunidades, barriendo hoy con el bochornoso espectáculo de derechas peleándose e izquierdas tibias cargándole ladrillos al enemigo.

Santos y Zuluaga la misma mierda son:

Matan al pueblo y dicen que no… y lo peor es que hay quienes le creen a uno o al otro. Existe una falsa disyuntiva, impuesta no solo por los medios tradicionales de desinformación sino tristemente también por algunos sectores de la “oposición” que utilizan sus páginas, medios alternativos y espacios para “votar por la paz”. Para efectos ilustrativos me atreveré a comparar la pelea entre Santos y Uribe con los hoy problemas entre Clara López –ex candidata del Polo- y Jorge Robledo –senador reelecto del mismo-, guardando las distancias necesarias para este ejercicio: Por un lado Santos se nos muestra en esta coyuntura como un político táctico, pragmático, que ve en la “paz” una necesidad económica que permita a la burguesía nacional e imperialista sacar más provecho de la explotación de nuestras tierras sin elementos de resistencia en su contra. Bien sabemos que Santos no cree en la justicia social, con paz o sin ella, y que mucho menos renunciará a los intereses de clase que él representa; en esa misma línea pero en el espejo izquierdo nos encontramos con Clara López, también con Iván Cepeda, Gustavo Petro, el Partido Comunista Colombiano (atrincherado en la burocracia de la Unión Patriótica) y una larga lista de militantes identificados anteriormente con líneas revolucionarias, que si bien no creen en Santos (como tampoco él no cree en ellas ni en su concepción de paz), por táctica y pragmatismo llamaron a votar por él, pero no por él, sino a votar por la “paz” (ahora la “justicia social” se diluyó) o en “contra” de Uribe, para sonar más bonito.

En la otra cara del asunto nos encontramos con Uribe, un hombre que va con exactamente los mismos objetivos que Santos, pero la falta de táctica y pragmatismo le llevan a no pensar con la cabeza fría: se cree el dueño del país, el libertador de la causa de la patria en contra del “castro-chavismo” y el salvador que tanto necesitamos, todo ello alimentado por su deseo de sangre y venganza que eleva la guerra a otro nivel, aunque quiera ocultarla a través de su títere Zuluaga; Jorge Robledo y otros militantes que giran orbitalmente alrededor suyo se caracterizan también por tener un elevado ego, no piensan tácticamente en correspondencia con su línea política[2] (que no tiene nada de obrera, independiente ni revolucionaria), además de creerse los salvadores de la causa de los pobres, donde sin Robledo no existe oposición en el país. Ya de la izquierda se hablará más adelante, de momento profundizare sobre la “disputa” entre Santos y Zuluaga.

Artiuclo 3

La burguesía no es una clase estática, por el contrario se acomoda al camino más sencillo que tiene para, al mismo tiempo, mantener alta la producción y detentar el poder, es por eso que es una clase revolucionaria (entendida como dinámica, en siempre movimiento, transformando las condiciones de producción permanentemente), especialmente en momentos de crisis tanto económica como política. Sabemos que a nivel internacional el capitalismo se está repensando a sí mismo, donde ya entrado en una fase más consolidada de aldea global plantea nuevas estrategias de aniquilamiento de la resistencia social organizada: por un lado ofrece parte de su aparato a viejas enemigas para que le ayuden a administrar su negocio estatal y a su vez apaciguar la llama de indignación (Chile o Uruguay, por ejemplo, o si se quiere el exguerrillero del M19 Gustavo Petro, hoy alcalde de Bogotá y pieza clave del programa Santista); en otros casos ha prescindido de sus viejos aliados quienes encaraban una forma de reprimir que a su vez ponía pueblos en contra del apoyo extranjero a estos regímenes (como en el caso de Irak o más recientemente en Egipto); tenemos también una estrategia de aniquilación, no solo a procesos insurgentes sino a actores sociales potencialmente revolucionarios, que se está llevando a cabo también no solo en Colombia si no en conflictos alrededor del mundo, como en medio oriente (la guerra del Estado Turco contra el pueblo kurdo, por ejemplo); finalmente también ha decidido ceder en su estrategia militarista (sin abandonarla por completo) y negociar con diferentes procesos armados, intentando llegar a acuerdos que les lleven a escenarios donde se entre al juego burgués (el caso por ejemplo del ETA en España, el IRA en Irlanda y obviamente las FARC y el ELN en Colombia). Hoy la burguesía nacional se encuentra dividida en dos concepciones de los medios a utilizar: el ala Santista que pretende llegar a un espacio como el primero y el ala militarista de Uribe que pretende ir desgastando militarmente a las insurgencias. Pero en ambos casos el objetivo final es el mismo, y nuestro destino también será el mismo para ambos programas: se explotados o morir luchando.

Esa tal paz no existe:

“Si la guerra trajo muerte, la paz trajo esclavitud”, dice la canción. “Voy a votar por la paz” dicen las despistadas. Quien hoy en día crea que es posible la paz en el sistema neoliberal mientras aun exista la lucha de clases ha de vivir en los mundos imaginarios del capitalismo social y humano.

Una de las primeras tareas que tenemos que empezar a impulsar dentro de los círculos sociales es dejar de hablar de paz, sacar ese término de nuestro léxico cuando se quiere hacer referencia a otra cosa completamente distinta. Un voto por Santos no es un voto por la paz, es un voto por la continuación de una conversación donde no se está negociando el sistema del país, principal culpable de las muertes producto de esta guerra, una guerra que a veces no huele a tiros sino a niñas muriendo de hambre, a pacientes asesinadas por la negligencia en la entrada del hospital, a obreras ultimadas por las condiciones indignas de trabajo en minas, fabricas, obras y campos. Porque la paz no es el silencio de los fusiles, pero tampoco será la izquierda compartiendo gobierno con la derecha, siendo los verdugos del mañana como hoy lo son en Chile, Brasil o Uruguay. El capitalismo y el sistema estatal autoritario solo existen en la medida que haya guerra, sea esta sin declarar o cantada a los cuatro vientos. La mera explotación es guerra contra los pobres, como lo es la represión la guerra llevada a otro nivel contra quienes luchan y se organizan. La paz que busca la derecha es la paz como negocio, como anteriormente se identificaba con el negocio de la guerra, ambos en su momento son lecturas de cómo obtener mayor provecho del saqueo de nuestros territorios y los subproductos que ello genera. Esto no quiere decir que no busquemos la paz o seamos amantes de la guerra más inhumana, ¡Claro que queremos la paz!, pero siguiendo la línea de nuestra ética libertaria es imposible –por lo menos para mí- mentirle a mi familia, a mi barrio, a mis compañeras de estudio o trabajo, a las compañeras militantes, diciéndoles que es posible la paz mientras el capitalismo siga explotando y el Estado –cualquiera- siga oprimiendo. La paz que deseamos pasa por seguir caminos de victoria para el pueblo organizado.

Entonces ello permite también acabar con un mito extendido dentro de gran parte de la izquierda parlamentaria. “Porqué con Uribe se hace oposición desde una fosa común y con Santos desde la cárcel” se escucha por ahí. Parece que a más de uno se le ha olvidado las muertas en los diferentes paros campesinos -12 solo en el Paro Nacional Agrario del 2013-, fácilmente se les borro de la memoria nuestras compañeras estudiantes asesinadas en el gobierno Santista –como Farid Cheng Lugo el día en que se inició el Paro Nacional Universitario en el 2011- y tal parece que la amnesia llego tan profundo que ya no existen los falsos positivos de hoy, que en su momento fueron impulsados por el presidente actual que quería que las madres de Soacha le prestaran sus hijos para disfrazarlos de guerrilleros caídos en combate. ¡Píldora para la memoria necesita también la izquierda “táctica” del país! Que Santos no encuentre necesario llevar adelante el programa fascista como el de la seguridad democrática no implica que sea un humanista liberal o un hombre de paz, solo demuestra lo inteligente que es la derecha y lo fácil que cambia de parecer. Sabemos muy bien que si las condiciones cambian, por ejemplo, en La Habana o en los combates en los campos, Santos pateará la mesa de negociaciones sin remordimiento y empuñara de nuevo la motosierra –que oxidada no está- con la misma frialdad o más que con lo que lo hizo Uribe o la haría Zuluaga. Y aquí el debate tampoco se debe volver cuantitativo (quien reprime más o quien reprime menos), sino en lo que es en realidad, en el monstruo que se puede convertir o en el Santo detrás del cual se puede ocultar. Esa es la inteligencia de la derecha.

Y de hecho es tan inteligente que se nos muestra dividida. Es más, bien sabemos que la burguesía, para garantizar el poderío que tiene, recurre a espectáculos teatrales bien montados, y que hoy se visualizan mejor: recurre a la polarización. Porque ahora la cuestión no es de izquierda contra derecha, sino de derecha contra extrema derecha, pero que la diferencia si “parece” similar. Los medios se han empeñado en mostrar a un candidato como la antítesis del otro: la “guerra” versus la “paz”, las casas gratis contra las caras, los días festivos pagos contra los que no, etc. Pero a diferencia de otras veces, ya no solo los medios mienten sino que la izquierda vendida le hace el favor a la derecha: le repite el pueblo mil veces que efectivamente Santos es diametralmente diferente a Uribe y por ello habrá que votarle, con el mayor pesar del mundo.

Y hablando de “izquierdas”…

Ya mencionábamos que hoy por hoy las parlamentarias se dividieron en dos: quienes llaman a votar por Santos por “táctica” y quienes de otro lado dicen apoyar el voto en Blanco, nulo o la abstención –“táctica” también, por cierto-. Sin embargo es importante acotar también que una parte importante de los sectores comprometidos con las luchas sociales han sido claros en su posición: lo importante no es el resultado electoral, sino la organización y la movilización.

Cabe anotar que esta izquierda parlamentaria aún se mueve en torno a los círculos de burgueses con inclinaciones progresistas. Bien lo demostró Clara López en su anterior campaña: una mujer que desde la comodidad y la herencia monetaria familiar se atreve a señalar cuáles son los problemas de los que adolecemos las que no tenemos a veces con que movilizarnos, comer o vestirnos. De igual manera actúa el MOIR, organización dirigida por la burguesía y pequeño burguesía progresista, que cree que la solución está en el “empresariado” nacional con compromiso social. Y ni que hablar del Partido Comunista Colombiano que impulso la campaña de Aida Avella y sus gustos por el capitalismo con sentido “social”.

Dentro de este matiz es importante también señalar que una parte de la izquierda se encuentra impulsando el voto en blanco o en nulo, resguardándose en una coherencia que hasta ahora conocemos quienes hemos visto como se han vendido diferentes procesos organizativos y paros por su culpa[3], que ven la organización popular como simple trampolín para entrar al mundo de la democracia burguesa. Otro sector que se ha identificado con la abstención y el voto en blanco o nulo han sido quienes desde posiciones más a la izquierda han sido críticos de quienes entraron al juego electoral. Una acotación necesaria en este punto es la diferenciación entre una abstención táctica y la activa, la primera se manifiesta en organizaciones que no llaman a votar por ningún candidato pues no pudieron poner uno propio, hasta quienes no niegan la vía electoral, soló que aún “no es el momento”. Nuestra abstención no es táctica ni temporal, es activa y combativa, ello quiere decir que nos abstenemos de ejercer el voto no porque no veamos nuestro programa reflejado en algún candidato o porque pensemos en acumular mayor fuerza electoral para la siguiente vez: nuestra concepción estratégica de autogestión, autonomía y de ruptura revolucionaria se consuma también en el hecho de negarnos a participar en su circo electoral[4]. De nuevo el llamado es a no votar, pero si a organizarse y luchar.

¿Qué propone entonces la abstención activa? ¿Qué se nos viene?

Articulo 2

Somos conscientes de que no asistiendo a sus urnas no logramos mayor cambio, pero no nos confundamos, de igual manera ir a las urnas tampoco nos traerá la anhelada libertad, quizás nos la quita cada vez más cada 4 años. Por eso también somos críticas de una propuesta que no vaya más allá del electoralismo a la inversa, es decir, de que nos aparezcamos cada 4 años a lanzar panfletos y pintas invitando a no votar y desaparecernos mientras no exista coyuntura electoral. La abstención por sí sola no propone nada, por eso hablamos de ser activos políticamente, donde el verdadero cambio hay que desarrollarlo por fuera de las urnas, en las aulas, calles y campos. Entonces esa necesidad de trabajo de base y de organización popular es el verdadero catalizador de la transformación, es por eso que nuestro programa debe ver en la inserción social su principal objetivo y foco de acción.

Esta entonces nuestra tarea permanente y constante, que podríamos considerar de una u otra manera una política del día a día, sin embargo creo pertinente también desarrollar dos líneas de acción estratégicas que nos permitan desarrollar un trabajo desde abajo con cada vez mayor eficacia: en primer lugar como objetivo a corto plazo es importante acrecentar los niveles de coordinación entre las anarquistas que venimos desarrollando militancia en los movimientos sociales, dejando de lado sectarismos y personalismos que lo único que hacen es daño al movimiento ácrata en Colombia; por otro lado, en un mediano plazo, es necesario acrecentar las tendencias de base y combativas desde donde estemos trabajando, junto con compañeras que con intenciones revolucionarias se piensan una manera de hacer las transformaciones necesarias desde abajo y por fuera del marco institucional liberal.

Los retos que tenemos a la vista son claros: en caso de que se firme la paz es nuestro el deber no permitir que se respire un aire de entreguismo o de concertación, donde la lucha de clases no sea ya necesaria, sino que por el contrario la organización y la movilización se deben radicalizar, es decir, calar cada vez más profundo en sus análisis y en el desarrollo de la conciencia clasista. Por otro lado también tenemos la tarea de enfrentar cualquiera sea el programa que gane las elecciones, pues las diferencias no serían muchas como ya se han señalado, para ambos casos sabemos cuál es la actitud del gobierno contra las que luchan. Las cartas están sobre la mesa, los actores en el circo, solo nos queda luchar, luchar y luchar para ver si de una vez por todas podemos escoger nuestra mejor alternativa, y no como siempre “la menos peor”.

Steven Crux

[1] Como le gusta hacerse llamar a sí misma la burguesa candidata del Partido (Ultra) Conservador Marta Lucía Ramírez. Link: http://www.las2orillas.co/marta-lucia-ramirez-la-tenacidad-de-una-mujer-de-clase-media/

[2]Con esto no quiero decir que sea táctico votar por Santos, solo me sorprende que el MOIR haya defendido a Samuel Moreno, uno de los mayores ladrones que ha tenido Bogotá como alcalde, pero no les duele atacar a Clara López y otros de sus compañeras. Ese es el reformismo de los sectarios ambiguos, que se muestran para con unos “radicales” pero con otros “amplios”.

[3]Solo basta con señalar la actitud del MOIR, por ejemplo, en el plano estudiantil, donde a través de la OCE replica que no votarán por Santos ni por Zuluaga en nombre de los que mantienen la lucha, misma lucha que vendieron en la retirada sin consulta a los procesos asamblearios locales para el Paro Nacional Universitario del 2011 o en el retraso a las vías de acción por parte de quienes impulsan la huelga como forma de presión.

[4]Al respecto ver: La lucha esta en las calles y no en las urnas. Link: http://www.anarkismo.net/article/26865

Difundimos: El “feminismo popular” a propósito de la defensa de las compañeras del colectivo Feministas Populares Movimiento de Mujeres

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Este debate planteado, aunque por colectivos recien formados (tanto la denuncia como sus respuestas), nos ha sido y, así debe serlo, eje de debates en nuestros grupos de trabajo y camellos barriales. Ya que, como feministas y revolucionarias, se nos hace indispensable pensarnos la destrucción del sistema patriarcal no sólo después de la transformación del mundo y sus condiciones materiales si no a la par de este.

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Entendemos y compartimos la profunda indignación frente a los actos de acoso de compañeros en nuestras organizaciones. También, entendemos la importancia de dar los debates en paralelo al trabajo diario, en ese trabajo político y territorial que nos une y nos alimenta.

Estas reflexiones las hacemos desde lo que somos, ya que si bien nos reivindicamos como feministas, putas, queer, brujas y lesbianas, también lo hacemos como mujeres trabajadoras, campesinas, compañeras, amantes, hijas y porque no madres, siempre que esta sea nuestra opción libre y digna sobre nuestros cuerpos en los que no intervengan ni el Estado, ni demas personas externas.

Y lo decimos por que es cierto, una cosa será plantear el debate feminista y las construcciones de género en Chapinero teniendo como interlocutoras mujeres y hombres que se reconocen asi mismas como feminsitas o antripatriarcales y otra, completamente diferente, será hacerlo con una mujer, una vecina trabajadora doméstica que tiene dos hijos, lleva casada veinte años y una de sus rutinas semanales es soportar los golpes y el maltrato psicologico del marido los viernes o sábados en la noche. Y lo decimos porque asi es, asi lo sentimos, una cosa es hablar del género sus deconstrucciones y construcciones cuando nos sentimos seguras en nuestros apartamentos y tenemos independencia económica y otra cuando lo hacemos después de subir la loma veinte minutos en las noches con miedo y no sólo de posibles hombres misogenos y acosadores sino del paramiliatrismo y la limpieza social.

Sin embargo no estamos de acuerdo en la defensa ultranza que hacen las compañeras del compañero mencionado primero, porque es desconocer prácticas generalizadas en el movimeinto social o es que estamos desconociendo las practicas patriarcales entre el movimeinto estudiantil, el acoso en las fiestas o la “línea colchón” y no sólo en este espacio reivindicativo, estamos desconociendo las prácticas de violación entre los cabildos indígenas y consejos comunitarios afros o estamos desconociendo las relaciones machistas en el movimiento agrario o las zonas de reseva campesina.  No, no lo hacemos de hecho incitamos a las mujeres, a nuestras compañeras, sean estas organizadas o no o pertencienentes a estos espacios, a la critica y a la autocritica, a la reflexión frente a nuestras prácticas cotidianas.

Segundo, porque si bien entendemos la guerra en la que vivimos y la ideología de este país godo y retardatario y sepanlo lo conocemos de primera mano, es como vivimos y luchamos, bajo la represión estatal y paraestatal que esta presente en nuestros territorios, tanto que se respira miedo después de las 6pm por toque de queda impuestos, así como conocemos el hambre esa que carcome los intestinos y no nos deja pensar, pero es justamente por eso porque lo vivimos, porque lo conocemos y los sentimos que somos feministas radicales y nuestras apuestas son transfromadoras y revolucionarias.

No consideramos que un acto de  solidaridad sea justificar, omitir o considerar que los debates deben ser internos frente a los actos patriarcales dentro de nuestros proesos, al contrario la unica forma de contrarestar este sistema de mierda, sus prácticas y sus discursos será dandonos los debates nosotras siendo fuertes no escondiendonos o justificandonos, es criticandonos y formandonos, no es un acto de señalización  enunciar los actos patriarcales de los compañeros, no estamos justificando la represión o es que las mujeres afros se deben callar los actos de violación en el Baudo o en el Jiguamiando para fortalecer las zonas de paz o es que las muejres iku deberian callar los actos sexistas y machistas de los que sufren por fortalecer la organización y noser complices de los terratenientes y gamonales, no bajo ninguna circunstancia señalar o crtiticar las prácticas retardatarias en nuestras organizaciones será ponernos del lado de los poderosos o de los opresores o debilitar las organizaciones es, de hecho e insistimos, la forma de fortalecerlas y construir realmente y no en discursos o en abstracto un mundo nuevo, una transfromación radical.

No estamos de acuerdo con la proposición planteada que señalar las prácticas que nos discriminan es una falta de respeto o un sabotaje a los procesos, no es asi nosotras tenemos apuestas colectivas, barriales y populares y no señalaremos nunca de saboteadoras o señaladoras a las compañeras, organizadas o no, que nos critican o es que las apuestas transformadoras no pasan por encontrarnos, discutir y construir, y así es que realmente se logra la unidad, no la hegemónica que nos impone este estado y la mayorìa de organizaciones de izquierda, esa real, esa que se forja a partir de la diferencia que se contruye y se debate, en el camello diario, en las trasnochadas, en la construcción colectiva, en el miedo conjunto, en las marchas, en la educación popular, en la creación de tecnologías alternativas, en fin esa que se construye en nuestras apuestas y prácticas revolucionarias.

Por ùltimo, reivindicamos el debate porque para esto deber servir estas criticas, no para cerrar filas en la defensa de los compañeros al considerar un ataque a los procesos o a los señalamientos de las colectivas feministas que hacen parte de la plataforma, pero tampoco en el ataque sistemático, perse   a los “hombres” por su condición de género de hecho también social e impuesta, ni para llamarnos o atacarnos diciendonos pseudo feministas o feminazis, sino para darnos los debates, reformar nuestras prácticas ya que si bien la revolución será feminista o no será, el feminismo si no es concebido como una apuesta revolucionaria conjunta y mixta es, por lo general, servil y complice del establecimiento y del orden hegemónico.

Feministas-Centro Social Libertatia

Invitamos: Conversatorio «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera»

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Les extendemos la invitación a (re)crear memoria:

El Departamento de Ciencias Sociales y la Facultad de Humanidades de la Universidad Pedagógica Nacional invitan a la comunidad universitaria a participar del Conversatorio «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera». Recordaremos en el día del evento al profesor Darío Betancourt (1999), a los estudiantes Oscar Arcos (2012), Daniel Garzón (2012), Lizaida Ruiz (2012), Miguel Ángel Quiroga (1998), Cristina del Pilar Guarín (1985), entre otros compañeros que aportaron al Departamento de Ciencias Sociales, a la Facultad de Humanidades y en general a la UPN Auditorio Paulo Freire Mayo 30 de 2014 Hora: 3:00 p.m.a 5:00 p.m.

Ahí están pintados, toditicos

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Tomado de: http://anarkismo.net/article/26996

Ahi estan

El terrorismo de Estado en Colombia no puede explicarse por los descalabros sicóticos de algunos individuos. Es algo demasiado estructural, bien planificado, demasiado sistemático, extendido y persistente como para tener su explicación en las perversiones individuales de un grupo, más o menos numeroso, de ciudadanos sádicos. Aunque nos asombre la sevicia extrema a la que se recurre para torturar y masacrar a los que representen un peligro para la hegemonía de la clase dominante, que incluye todo un repertorio de la crueldad que alcanza el paroxismo en las Casas de Pique, el terrorismo de Estado y su hijo pródigo (el paramilitarismo), no son expresión de una demencia colectiva ni un acto de desquiciados, sino que expresión de una fría política burocrática. La mayoría de los millones de personas que participan en el engranaje del terrorismo de Estado no son sádicos por naturaleza, sino personas que “hacen su trabajo”, que cumplen funciones como apretar el botón (o jalar el gatillo), hacer llamadas, chuzar teléfonos, hacer denuncias, trasladar personas secuestradas (para que otros las desaparezcan), reclutar candidatos a “falsos positivos”, etc. Tareas de por sí limpias, que no salpican de sangre, en las cuales el individuo puede disociarse moralmente del resultado de sus acciones. “Yo no maté a nadie, no soy un asesino, seguí órdenes”. El terror es una industria tecnificada, moderna, prueba de la eficacia en la organización capitalista del trabajo en Colombia.

Aunque la mayoría de los individuos que viven de manufacturar el terror no tengan inclinaciones sicóticas, o las terminan desarrollando en el camino, o terminan con una disociación muy fuerte entre el ser y el hacer. Los paramilitares, cada cual con cientos de asesinatos de personas inermes a cuestas, afirmaban patéticamente en sus declaraciones que ellos, en realidad, “no eran monstruos”… que eran padres responsables, maridos amorosos, etc. Alienación pura y dura. Sin embargo, no deja de llamar la atención la capacidad que el Estado tiene para garantizarse los servicios y la lealtad de individuos francamente enfermos para animar la realización de tareas de corte terrorista. En realidad, los individuos con motivaciones sicóticas no serán todos, pero son el motor que mantiene a la maquinaria andando. No basta la inercia de los empleados obedientes, se requiere individuos fanáticos, entusiastas, en la industria del terror para activar la motosierra y picar al fiambre a machetazos. La estructura del Estado, así como sus múltiples tentáculos paralelos (el Estado profundo), es un caldo de cultivo para esta clase de personajes siniestros. En el terrorismo de Estado se juntan el hambre con las ganas de comer: la insensibilidad burocrática con la crueldad patológica[1].

El hacker Andrés Sepúlveda, empleado de la campaña de Zuluaga y socio del ejército, a quienes entregaba las interceptaciones del proceso de negociaciones en La Habana para que fueran utilizadas como parte de la propaganda negra de los guerreristas, es la mejor prueba de lo que decimos. Este “héroe” -como se describe el mismo, haciéndose eco de esa consigna que “los héroes sí existen”-, con simpatías por el nazi-fascismo y su expresión criolla, el uribismo, repite el mantra de la derecha de ultratumba que reclama que la lucha militar contra las FARC-EP también debe golpear a sus “cómplices que actúan en el campo y en las ciudades sin uniforme”[2]. Así han justificado el genocidio de la UP, de A Luchar, del Frente Popular y el holocausto paramilitar que ha consumido una generación completa de colombianos y desplazado a más de seis millones de campesinos. Las inclinaciones perversas de Sepúlveda tienen un sustento ideológico en esa amalgama de ideas fascistas, conservadoras y neoliberales que tienen su principal adalid en la figura de Uribe Vélez.

Su cuenta de Twitter da prueba de las inclinaciones sicóticas de Sepúlveda. Algunas perlas que trinó fueron “me gusta el olor a muerte”; “no hay nada peor que emborracharte y despertarte con alguien que no sabes ni su nombre, ni cómo la conociste, ni por qué está muerta”; “la guerra es la manera más romántica de solucionar nuestros problemas”; “pero recuerden, los quiero matar a todos”; “matar es un arte que no admite sutilezas”; “sólo guiño mi ojo izquierdo para apuntar mejor”; y el trino más tenebroso de todos, “Grande Uribe!!!”[3]. Esta es la clase de tendencias que se albergan en la ideología derechista representada por el uribismo: una ideología fundamentada en la violencia, en el ultra-conservadurismo, en la intolerancia extrema, en el machismo, en el racismo, en el patriarcalismo. La expresión política de la descomposición propia de una sociedad secuestrada por la mafia y el paramilitarismo. Sepúlveda es un caso extremo, pero cual más cual menos, expresa la esencia de lo que piensan los uribistas, esos que aúllan como fieras excitadas ante el olor de sangre, que piden más muertos y que comparten con morboso placer de necrófilos las fotos sanguinolentas de guerrilleros asesinados. A lo mejor a muchos les sorprendan los twitters de este aprendiz de paraco, pero ese es el espejo en el que tienen que verse reflejados. Ahí está pintado el uribismo. Violento con los más débiles, troglodita, sádico.

El santismo, aunque más burocrático y estirado, tampoco se queda atrás: no reparten por internet fotos de cadáveres mutilados, pero lloran de alegría cuando les traen la cabeza de un comandante guerrillero, dan incentivos económicos y profesionales para aumentar el conteo de muertos[4], no agitan las motosierras pero son amigos de los bombardeos “quirúrgicos” e “inteligentes”, aunque no menos letales. Estas coincidencias de fondo no son casualidades basadas en una mera patología sicosocial, sino que reflejan un proceso estructural de “fascistización” en Colombia, que ya hemos denunciado[5], el cual va de la mano no solamente del surgimiento de redes de poder paralelas ante la crisis de hegemonía del Estado centralizado, sino que sobretodo, de la predominancia en el aparato represivo de la policía política, entendida en un sentido amplio. No se trata solamente ya de la DASpolítica, ni de una Andrómeda, sino de todo un universo encargado de vigilar, supervisar, inmiscuirse en los pensamientos y en la intimidad de las personas, y de castigar a los que consideren que se han descarriado. Esto, sumado a un proceso de descomposición mafiosa de la oligarquía que se ha acelerado en las últimas dos décadas (como lo atestiguan todos los escándalos que están aflorando en la campaña presidencial), en el cual los límites de lo lícito y lo ilícito se desdibujan progresivamente. Como botón de muestra, el padre de Sepúlveda, con lógica impecable, decía que su querubín no podía ser un delincuente porque él combatía a los “delincuentes”[6]. Elemental, mi querido Watson. El único delito que merece tal nombre es el disenso político; ante esta “abominación”, todo vale. Así refundaron la patria.

En más de alguna ocasión hemos señalado que la oligarquía colombiana es la más sanguinaria del continente, y ni el uribismo ni el santismo salen librados, aunque no se manchen directamente las manos de sangre. Para eso tienen un ejército (uniformado y de civil) de obedientes burócratas y de entusiastas asesinos en serie. Sepúlveda es apenas la prueba viviente de que hay algo espantoso que se oculta detrás de la fachada carnavalesca del país dizque “más feliz del mundo”.

José Antonio Gutiérrez D.
13 de Mayo, 2014


[1] Para un análisis penetrante de este fenómeno en el contexto del nazismo, se puede revisar el trabajo de Michael Mann “Were the perpetrators of genocide ‘ordinary men’ or ‘real nazis’?” (Holocaust and Genocide Studies, 2000, 4(3): 331-366)

[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/andres-fernando-s…311-3

[3] http://www.semana.com/nacion/articulo/los-trinos-de-lin…189-3

[4] No hay que olvidar que fue Santos quien como ministro de defensa, es responsable del escalamiento de los “falsos positivos” y de otros crímenes de guerra y de lesa humanidad.

[5] http://www.anarkismo.net/article/17240

[6] http://www.semana.com/nacion/articulo/andres-fernando-s…311-3