Resistencias Multicolores

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*El siguiente artículo hace un esbozo básico de las resistencias de los pueblos en Colombia. Es una pincelada histórica general. Se centra en buena medida al proceso indígena, pero sin entrar a fondo. La segunda y quizás tercera parte se irá construyendo a partir de este texto.

Una mirada al caminar de las comunidades, en el cual cada paso, se dirige por el andar de la comunidad, la identidad, la cultura y el territorio.

“Cuentan nuestras gentes más ancianas, nuestros jefes, que los dioses hicieron al mundo, hicieron a los hombres y a las mujeres de maíz primero. Y que les pusieron precisamente el corazón de maíz.
Pero que el maíz se acabó y que algunos hombres y mujeres no alcanzaron corazón.
Pero también se acabó el color de la tierra, y empezaron a buscar otros colores y entonces les tocó corazón de maíz a gente que es blanca, roja o amarilla. Por eso hay aquí gente que no tiene el color moreno de los indígenas, pero tienen el corazón de maíz, y por eso están con nosotros.
Dicen nuestros más antiguos que la gente que no agarró corazón luego lo ocupó, ocupó el espacio vacío con el dinero, y que esa gente no importa qué color tenga, tiene el corazón de color verde dólar.
Y dicen nuestros antiguos que, cada tanto, la tierra busca proteger a sus hijos, a los hombres y mujeres de maíz. Y que llega un momento -que es cuando la noche es más difícil- donde la tierra se cansa y necesita que esos hombres y mujeres le ayuden a vivir”.

Los otros cuentos, Volumen 2

Según la historia oficial, hace un poco más de 500 años, una oleada de “conquistadores” (invasores) europeos comenzaron a usurpar tierras americanas. Podremos decir que al sol de hoy no se han regresado por donde vinieron. Digamos entonces que los que están ahora, -unos cuantos siglos después-, se encuentran con más poder, más dinero y más tierras; con aquella violencia; física y simbólica, compañera de aquellos. Invasores que se han “transformado” en empresas contribuyentes para la economía mundial (transnacionales). Por acá, andan rodando más de 700 de éstas1, europeas, asiáticas y norteamericanas.

Por allá, en los siglos XVI-XVII-XVIII saquearon oro, plata y metales preciosos; hoy, siglo XXI, quieren llevar nuestras aguas, el olor de nuestras plantas, los colores de los bosques, los saberes de las abuelas y la cultura material e inmaterial de nuestros pueblos, y por demás seguir pretendiendo que hagamos todo a lo que ellos no están dispuestos. Leer el resto de esta entrada »

NÉSTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA EL FISCAL “QUE SE NECESITA”

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Como parte de la iniciativa del Colectivo Contrainformativo Sub*Versión de hacer de la comunicación una herramienta contrahegemónica, lanzamos una nueva sección titulada “Escriben las que luchan”, en la que buscamos publicar los artículos, poemas, ensayos, entre otros materiales, enviados por aquellas personas que deseen apropiarse del espacio abriendo nuevos canales para el aprendizaje y el debate.
Iniciamos de esta manera con la colaboración de David quien nos hace llegar un articulo sobre el fiscal general de la nación Nestor Humberto Martínez. Aclaramos que su contenido es competencia exclusiva de su autor, y por tanto, no expresa la postura del colectivo. En especial, los elementos referidos a la refrendación del Estado y lo que se denomina como “política criminal”
Invitamos a todos y todas a hacernos llegar sus aportes, nutrir los debates y construir en la discusión franca y horizontal.
¡Escriben las que luchan!
Colectivo Contrainformativo Sub*Versión “

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NÉSTOR HUMBERTO MARTINEZ NEIRA EL FISCAL “QUE SE NECESITA”

Con el potencial post acuerdo, se erige como figura de suma importancia el fiscal general de la nación, no por las facultades extraordinarias y claro ordinarias que de común se suelen atribuir, tampoco por la relevancia de su cargo en aspectos de política criminal, que no política penal, mucho menos por ser, sin duda alguna el funcionario del estado con más poder violento directo, sino por lo que significa este matizado, por no decir obscuro personaje, Néstor Humberto Martinez Neira.

No hay tal vez un mayor expositor del chaqueterismo en este territorio, como el nuevo súper fiscal. Su trayectoria como alfil del sátrapa de turno es verdaderamente conmovedora, Con el señor Virgilio Barco Vargas, con Samper, con Pastrana, Santos y hasta con el amigo Quique Peñaloza. Aunque el fiscal guarde miles de similitudes con el variopinto de las filas politiqueras de este territorio, es justamente ese recorrido perfectamente engranado en el ámbito de derecho público y privado que no derecho penal y su no relación con el tenebroso Uribe Vélez, lo que nos ocupa en esta esquela.

Primero que todo y por mera intuición se habría de inteligir que el encargado de manejar las riendas de la herramienta violenta y opresora del estado, por antonomasia, al menos debería tener cierta idea de lo que enmarca el derecho penal; pero en esta antilógica al orden no es así, tal razón a priori parece un disparate puesto que se deje librado a su suerte la manivela del órgano acusador y quien realmente aplica los lineamientos de la política criminal. Pero si se entiende que el fiscal es un funcionario politiquero que se mueve como peón al servicio del statu quo, la relevancia ebulle cuando se trata de alguien con escasos conocimientos en materia penal que no punitivista.

Hay que ubicarse en el potencial escenario del post acuerdo. Un territorio serio dirigiría su política criminal, sus estrategias de castigo hacía esferas no punitivistas, es decir hacía una aplicación del derecho acorde con las necesidades de justicia transaccional (ojo leer bien), en otras palabras, mandar el timón a orbitas de reflexión, perdón, respeto, tolerancia y verdad; premisas que no tienen una relación directa con la sed de penas dentro de muros.

Entonces en esta escena es bastante útil un elemento que no entienda las cuitas de la sociedad ni mucho menos los hilos conductores de un acuerdo de cese de parte del conflicto. Claro, en su cabeza solamente estará el pensamiento de administrar y penalizar, lo que en términos de los medios de desinformación, hambrientos de populismo punitivo es perfecto puesto que se vende la idea de que no habrá impunidad, hablando de esta en términos de peligrosísmo; el mismo Lombroso debe revolcarse en su puerca tumba al observar tal tontería.

Ahora, un engrane que cabe perfecto en un espíritu colectivo de venganza es una maravilla para las intenciones de gran parte de los sectores sociales de este lugar. Néstor Humberto no solamente es un estandarte del transfuguismo político sino además el gallardete de la no impunidad, o sea de la persecución política disfrazada de persecución penal a sectores de la oposición y a militantes y ex militantes de los grupos parcialmente convergentes en un pacto.

El icono que representa Néstor Humberto es el busto de una convergencia demagógica que gira entorno a una reconciliación con garrotes en la mano, en otras palabras el súper fiscal que todos necesitan se yergue como una solución violenta a las carestías del post acuerdo. Su fácil adecuación al entorno politiquero del país le permite con sus funciones mantener felices a todos, implantando penas, creando y eliminando tipos penales, de esta forma el aparato castigador del estado actuará no siguiendo las directrices de la política criminal y de los acuerdos sino atendiendo las peticiones de cada sátrapa.

Entonces ahora su no relación con Uribe Vélez  también es relevante puesto que dicen las voces autorizadas (jumentos de revista) que puede llegar a fungir como mediador entre esa ultraderecha opresora contra paz y la ultra derecha liberal, de todas formas, sea como fuere, Néstor Humberto, es el fiscal que todo el mundo necesita, menos el país.

Continuará.

¡HAY TABLA!. EL ABSURDO DEL NUEVO CÓDIGO DE POLICÍA

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ImagenYa vamos por la mitad del mal llamado “año de la paz”, se han dado varios de  los pasos  para llegar a tal fin según el discurso oficial, ya se mencionó con bombos y platillos que “el último día de la guerra” había llegado. Y bueno,  vale la pena reconocer que efectivamente es un hecho histórico, un hito en la realidad del país -eso es una verdad a voces-,  pero decir que vivimos el “último día de la guerra” trae consigo un sesgo político, social, cultural y económico de la realidad bastante fuerte, no es más que lo que podría mencionarse en términos literarios: toda una hipérbole.

Es necesario traer esto a colación porque aunque a más de una le moleste que se cuestione el lugar común en el que se está convirtiendo el “fin de la guerra” a partir  de una que otra verdad olvidada, aparece esta oportunidad de forma perfecta para ahondar en la llaga, y como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, aquí vamos, no sin antes mencionar que más allá de molestar a quienes han expresado una particular amnesia política  y  aquellas que se identifican con las fuerzas represivas del Estado, nuestro verdadero interés es obedece al  llamado que nos hace la historia y la memoria en este complejo momento.

En primer lugar, hay que hacer el debido llamado a la memoria: Estamos en un país donde hay que mencionar, recordar y repetir lo obvio, estamos en el país donde la gente olvida fácil cuando no le toca, donde la gente vive con miedo, miedo de que la roben, la maten, la violen, la desparezcan, de decir lo que piensa, de luchar por un mundo mejor; estamos en el país donde niños y niñas mueren por desnutrición a diario, en el país en el que lo primero que le descuentan a usted de su suelo ganado con el sudor de su frente es la salud y cuando usted está al borde de la muerte por ser atropellada o por sufrir un infarto en la mitad de la calle, las autoridades lo primero que hacen es llamar a los “antimotines” en lugar de llamar a una ambulancia, estamos en el país donde los congresistas ganan casi treinta millones y usted que es profesional gana sí acaso uno.

Esto es el pan de cada día en Colombia y lo paradójico del asunto es que a la gente se le olvida y lo peor de todo, cree que vive en el país más feliz del mundo. Por esto, queridas lectoras, en este país hay que repetir lo obvio, aunque suene elemental.

Hace algunos días, salió a la luz la polémica noticia acerca de la formulación y trámite del nuevo código de policía en el país. Tan pronto esto sucedió, algunos sectores aplaudieron la iniciativa puesto que el Código de policía no había sido modificado hace más de cuarenta años y lo más plausible era buscar renovarlo; por otro lado, algunas activistas de la socialdemocracia creyeron con gran motivación que este sería el momento en que la policía daría a conocer su nueva doctrina dentro del mal llamado “posconflicto”, en el que mostrarían su inexistente faceta de una policía enfocada en una política de derechos Humanos.

Permítannos reírnos. Solamente fue conocer los primeros apartados del articulado para comprender que muy al contrario de lo que se decía, este sería la profundización primero, de la lucha de clases encarnada en la historia de este país; segundo, del cruento accionar de la policía  y por último, de la estigmatización y miedo dentro de la población de a pie. Vamos a explicar poco a poco el porqué de las anteriores afirmaciones para que después no se diga que son simplemente afirmaciones ligeras, producto de las acaloradas discusiones de la paranoia del radicalismo político.

En el artículo No. 1 del mencionado código de policía nos señalan idílicamente que el objeto del mismo no es ni más ni menos sino de carácter preventivo para el cumplimiento de deberes de las personas y determinar el poder, función y actividad de la policía, todo esto de la mano del ejercicio de la libertad de cada persona, su dignidad y de acuerdos pacíficos y de conciliación, respetando la vida, las diferencias y los derechos humanos.

Frente a esto último, el artículo 10 sobre los deberes de la policía,  en el numeral 11 menciona que la policía debe “Evitar al máximo el uso de la fuerza y de no ser esto posible, limitarla al mínimo necesario”.  De igual forma, el artículo 166 sobre el “Uso de la fuerza” señala: “Es el medio material, necesario, proporcional y racional, empleado por el personal uniformado de la Policía Nacional, como último recurso físico para proteger la vida e integridad física de las personas incluida la de ellos mismos, sin mandamiento previo y escrito, para prevenir, impedir o superar la amenaza o perturbación de la convivencia y la seguridad pública, de conformidad con la ley” , esta afirmación igual que en el párrafo anterior, no sólo es idílica sino que también deja abierta la puerta de la confusión  y poca claridad respecto a la realidad puesto que llega a preguntarse: ¿Cuál es el mínimo de fuerza necesario para un policía?

Esto adquiere notoria relevancia cuando se tiene presente que la policía es uno de los actores más violentos hoy en día en el país.¿Será que un policía pensará esto cuando las marchas universitarias, de indígenas y trabajadoras se manifiesten? Pagamos por ver…

En este sentido, el código en mención nos enlista una serie de comportamientos que no debemos realizar (artículo 35) procurando homogeneizar el comportamiento de las personas, pues afectan la “armónica” convivencia de las calles y campos del país. Así que, queridas lectoras, cuidado con lo siguiente: Si usted se atreve siquiera a desacatar, desconocer e impedir la función de la policía, hay tabla. Si usted impide, obstaculiza o se resiste a permitir su identificación e individualización por parte de la policía, hay tabla; si usted se niega a darles información sobre su lugar de residencia, domicilio y actividad, hay tabla; si se niega a una requisa, hay tabla, si protesta sin pedir permiso, hay tabla…

No contentos con que tengamos que quedarnos calladas con cuanta cosa se le ocurra a la policía en aras de la seguridad ciudadana, han logrado profundizar la estigmatización de la población de a pie, porque es que ¿A quién no le da desconfianza decirle a un policía dónde vive y trabaja? ¡A cualquiera!, ¿A cuántos que tengan el pelo largo, con pintas de hippies, metaleros o punkeros no los han requisado y de paso una que otra vez golpeado “porque si”, porque al policía le pareció “sospechoso”? ¿De qué? Vaya uno a saber.

¿Cuántos no han tenido que ganarse una noche en UPJ por atreverse a desconocer o desacatar alguna desfasada disposición  de la policía? A muchos. Pues con el código esto tendrá respaldo legal, es decir, seguirá su detestable autoritarismo pero bajo el amparo de la ley.

Por su parte, los vendedores ambulantes no podrán ocupar el espacio público. La multa será de 91.928 pesos, unos 4 SMDLV; los grafitis están prohibidos. La policía podrá imponer multas, pero “no emplear la fuerza”, ni decomisar los elementos usados para el grafitis. El infractor deberá reparar los daños y pagar una sanción de 8 SMDLV (183.856 pesos).[1] Esperamos por tanto que no haya más casos como el de Diego Felipe Becerra, un joven asesinado a manos de la policía por realizar un grafiti en una de las calles del país.

Asimismo, quien destruya, manipule, altere o fuerce las puertas o sistemas de acceso en un sistema de transporte masivo (estaciones, buses articulados, metro, tranvía, vehículo férreo, cable aéreo) o vehículos de servicio público o urbano de pasajeros la multa será de $367.709 . Por agredir, irrespetar o desafiar a un policía, por llamadas que se hagan a la línea de emergencia 123 que sean para realizar bromas o por agredir física o verbalmente a miembros de la comunidad LGBT la multa será de $735.418.[2]

 Además, con el código lograron llevar a esta instancia la regulación y criminalización de la protesta social. En el Capítulo II de “Expresiones o manifestaciones” nos dicen en pocas palabras que existe constitucionalmente el derecho a la protesta, pero para que esto sea posible usted debe pedir permiso para hacerlo. Algunos dicen: “no es un permiso, simplemente es avisar a las autoridades que la manifestación se va a realizar”. ¿Avisar?, ¿Nos damos cuenta del carácter de esta afirmación? Es como cuando nuestros padres nos han dicho: “Esta bien, no me pida permiso, pero avíseme dónde y con quién va a estar para buscarla en dado caso”. De igual forma, el aviso debe ser de carácter formal, por escrito, en él debe indicarse el día, hora, sitio y recorrido de la manifestación; es decir que el factor sorpresa que mayoritariamente caracteriza a una manifestación queda anulada, ¡Quién dijo que para protestar hay que pedir permiso!

Asimismo, este permiso debe estar firmado al menos por tres personas, quienes serán en cierto modo las responsables de la manifestación. ¿Quién se “embalará” con esto? Habrá que ver. ¿Qué pasará con estas personas en dado caso de que la manifestación “se salga de las manos”? Ya lo estamos imaginando. Por último, el código es muy claro al señalar que: “Toda reunión y manifestación que cause alteraciones a la convivencia podrá ser disuelta” (artículo 52). Queda en el aire el cómo y el cuándo, aspecto bastante delicado teniendo en cuenta nuevamente los antecedentes de tan repudiable institución como lo es la Policía Nacional.

Algo que parece bastante curioso y hasta risible es el artículo 54 que menciona a modo de premio de consolación sobre la “protección del ejercicio del derecho de reunión y manifestación pública frente a señalamientos infundados. Con el fin de amparar el ejercicio del derecho a la reunión o movilización pacífica, queda prohibido divulgar mensajes engañosos en torno a quienes convocan o participan en las manifestaciones, así como hacer públicamente señalamientos falsos de la relación de los manifestantes con grupos armados al margen de la ley o deslegitimar por cualquier medio el ejercicio del derecho constitucional de reunión y manifestación pública y pacífica”. Ajá y ahora nos preguntamos ¿Acaso se van a autoseñalar, autocastigar, autocriminalizar? ¿Cómo van a impedir que esto suceda si son ellos quienes lo hacen?, este artículo fue a todas luces una palmadita en la espalda para la gente que lucha y se manifiesta.

A modo de información o notificación, el código menciona que la fuerza disponible (como ya fueron “avisados”) estará siempre presente en una movilización supuestamente teniendo en cuenta todo el protocolo de seguridad y derechos humanos.Por su parte, los antimotines “sólo serán enviados cuando no sea posible por otro medio controlar graves  e inminentes amenazas a los derechos”, es decir que cuando lleguen los escuadrones de la muerte, arribarán a cumplir su función en esencia: “Tirar a matar” con el fin de “salvaguardad la seguridad y los derechos de la ciudadanía”¿Quién se los va a impedir?… ¡Vaya perlas las de este código de policía!

Finalmente, en cuanto a las medidas correctivas, el código nuevamente nos enlista algunas categorías y procedimientos que procederán para llevar a cabo sus funciones, las cuales debemos prestarles también mucha atención a algunas de ellas:

 1) Las órdenes de policía: Las órdenes podrán ser verbales o escritas y  serán de obligatorio cumplimiento, ya le han advertido en artículos anteriores que usted no puede negarse ni desobedecer las órdenes de un policía o hay tabla;

 2) Traslado por protección: Cuando la vida e integridad de una persona o de terceros esté en riesgo o peligro, el personal uniformado de la Policía Nacional, podrá trasladarla para su protección o la de terceros (artículo 155), es decir que cuando una persona en estado de indefensión o de alteración de la conciencia por consumo de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas, cuando esté involucrada en riñas o situaciones similares será conducido a un CAI para “protegerla de cualquier peligro de la calle”. Cualquiera diría que la policía tiene corazón con este artículo. Pero, querida lectora, si usted es de las que le gusta tomarse sus traguitos, recuerde que primero, no puede consumirlos en un espacio público, pues también habrá tabla, y además si es de las que deambula por ahí con su “parche”, y si se encuentra a algún policía será conducida de inmediato al CAI más cercano, y por último recuerde, si se resiste, hay tabla.

3) Medios de apoyo: “El personal uniformado de la Policía Nacional podrá utilizar medios de apoyo de carácter técnico, tecnológico o de otra naturaleza, que estén a su alcance, para prevenir y superar comportamientos o hechos contrarios a la convivencia y la seguridad pública”. Con esto queda claro que cuánta cosa se le ocurra lanzar a la policía y al ESMAD a la población frente a un reclamo, queja, o movilización está permitido por este código con el fin de superar algo que esté en contra de la “seguridad ciudadana”.

Es decir que si no hacemos algo pronto al respecto seguirán existiendo víctimas por el brutal accionar de la policía y el ESMAD, se profundizará gracias a este permiso que el escuadrón de la muerte recibe con el código. Basta con  recordar la muerte del estudiante de la universidad Distrital Miguel Ángel Barbosa en los últimos meses, quien fue asesinado por el ESMAD en una manifestación, pues se confirmó hace un par de días por el dictamen de medicina legal que Miguel Ángel fue asesinado[3]. Asimismo, el desarrollo del actual paro camionero, el cual ha sido reprimido fuertemente por el escuadrón de la muerte, que  haciéndole “honor” a su nombre la semana pasada asesinó a uno de sus manifestantes en Duitama, Boyacá, uno de los epicentros de la protesta camionera. Tan pronto se conoció la apenada noticia, los medios de comunicación salieron a decir que este había muerto a causa de manipulación de explosivos, sin embargo, medicina legal señaló que la muerte había sido causada por impacto de gas lacrimógeno en su rostro, ocasionándole la muerte. Las evidencias son claras, el ESMAD en lo que lleva de transcurrido el año ha asesinado (de forma comprobada) a dos personas en medio de manifestaciones en pro de mejores condiciones de existencia.

4) La asistencia militar (Artículo 170) el cual legaliza lo siguiente: “Es el instrumento legal que puede aplicarse cuando hechos de grave alteración de la seguridad y la convivencia lo exijan, o ante riesgo o peligro inminente, o para afrontar emergencia o calamidad pública, a través del cual el Presidente de la República, podrá disponer, de forma temporal y excepcional de la asistencia de la fuerza militar”.

Es en particular en este último  artículo en el que se profundiza la doctrina y complicidad existente entre las Fuerzas Militares y de policía del país, las cuales apuntan a un mismo lugar en el que buscan controlar el orden y salvaguardar la seguridad ciudadana y nacional a como dé lugar, utilizando los medios que sean necesarios para tal fin manipulando el discurso de la convivencia y resolución pacífica de conflictos en medio de un momento histórico de “posconflicto”. En este sentido, es evidente que las instituciones armadas ya no se fortalecerán en primera medida para atacar a ese enemigo interno llamado “guerrilla” sino a todo aquellos que desobedezcan a la autoridad y se posicionen en contra de su doctrina por los medios pacíficos o no pacíficos.

Es cierto cuando algunos expertos mencionan que “Vamos a tener problemas por el criterio vago con el que se redactaron algunas disposiciones del nuevo código de policía y la paridad del elemento para que el policía determine cuándo una actividad es temeraria. Se han dejado conductas muy abiertas para que la Policía las interprete a su criterio. Eso va a traer problemas porque se interpretarán de varias maneras (…) Un código ambiguo no es lo único (…) con la nueva ley se pretende homogenizar a la sociedad y crear un solo patrón de conducta, lo que es imposible por aquello de las libertades individuales”[4].

De igual forma, se vislumbran algunos de los matices de la lucha de clases pues, es evidente que quienes son señalados, perseguidos, requisados, maltratados y asesinados por la policía son personas pertenecientes a las clases explotadas, asimismo, los policías generalmente provienen de familias pertenecientes a esta misma clase social, sin embargo, son quienes defienden los intereses de las clases explotadoras a costa de innumerables vejámenes en contra de la población vulnerada.

Así que, una persona de la clase explotada que se manifieste en contra de las políticas de las clases que la mantienen en esa condición, deberá seguir pagando, profundizándose los abusos sociales, políticos y económicos de un sistema que las oprime cada día más y en el que ahora también deberán pagar innumerables multas, que si no son saldadas en el plazo de un mes, generarán unos intereses al respecto y así, el circulo vicioso de la pobreza continuará reforzándose.

 Cabe resaltar que nuestra crítica a diferencia de algunos sectores, no va encaminada únicamente a la reforma del estatuto policial, pues desde que las desigualdades del sistema mundo se perpetúen, habrá gente rica que le pagará a gente pobre para que controlen, persigan y reprendan a la otra gente pobre que se plantee una solución para esta realidad. Sabemos que la policía y las fuerzas militares están ahí para perpetuar el (Des)orden. Por esto, la invitación queda abierta a que sigamos movilizándonos, sigamos protestando ante cada situación de injusticia, sigamos cuestionando el status quo, sigamos incomodando el sistema y sus fuerzas represivas, sigamos apoyando las justas causas de quienes son reprimidas a diario, sigamos buscando alternativas al capitalismo y a la represión, sigamos buscando mejores condiciones de existencia abriendo paso a nuevos proyectos de transformación y lucha, pues esto es lo único y más valioso que nos queda en un mundo como este y en un país donde hay que repetir lo obvio.

[1]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134
  [2]http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/sigue-polemica-por-nuevo-codigo-policia-aprobado-camara
[3] http://www.contagioradio.com/dictamen-de-medicina-legal-confirmaria-que-miguel-angel-barbosa-fue-asesinado-articulo-26185/
[4]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134

¡El Bagre y el Urabá! Testigos presentes del Futuro anunciado.

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Los últimos acontecimientos acaecidos en el Urabá y  el Bagre Antioquia,  donde se vive una arremetida paramilitar denotan un sintomático problema social que tiene que ver con algunos matices a analizar que tejen el complejo panorama para estas comunidades que se encuentran en el centro del huracán del conflicto que azota a nuestro país. Sin mencionar los recientes sucesos de La Uribe, Meta, de claro accionar criminal de la Fuerza Pública. En el caso del Bagre según el Observatorio de Derechos Humanos y Paz del Instituto Popular de Capacitación (IPC) se registran: “desaparición forzada (en dos veredas dos, hombres de 84 y 20 años), asesinatos, confinamientos o desplazamiento forzado (de 570 personas que conforman 193 familias de las veredas La Llana, Moqui, La Primavera, El Coral, El Oso y El Castillo, pertenecientes al corregimiento de Puerto Claver)”. Y en el Uraba, en medio del proceso de restitución de tierras al que se opone airadamente la derecha “narcoparatraqueta”: “Desde 2012 los campesinos han venido retornando a sus tierras, algunos de manera voluntaria otros con acompañamiento institucional; sin embargo en estos últimos meses ellos han venido recibiendo amenazas de grupos ilegales que se hacen llamar gaitanistas, quienes los han amenazado de muerte, les han quitado el ganado que ellos cuidan para su subsistencia, también les han quemado sus viviendas y algunos los han agredido físicamente” presiones que se han intensificado en estos últimos días . Según Nora Saldarriaga -subdirectora de la Fundación Forjando Futuros- .

No podemos concebir los problemas sociales al margen del desarrollo histórico pues sería un craso error que nos impediría ver la verdadera dimensión de lo que se está viviendo. Estas zonas del país –que no son las únicas por supuesto- han estado inmersas en un incesante conflicto armado que las ha desangrado permanentemente y que hunde sus causas fundamentales en el despojo de la tierra a mano de fuerzas oscuras sostenedoras del proyecto capitalista criollo, fértiles y hermosas tierras que han  tenido que sucumbir ante el avance desproporcionado de la guerra  con fines lucrativos y que tiene como principales actores armados a los aparatos represivos del estado, ilegales o no en clara connivencia entre los dos.

Pero este fenómeno paramilitar en proceso de reconfiguración no ha sido fortuito y habrá que entenderlo muy bien como una táctica básica del bloque hegemónico dominante que siempre ha utilizado la sangre y el fuego para legitimar sus nefastos intereses y superar los antagonismos propios de la lucha de clases a la que nos vemos enfrentados,  teniendo como respuesta,   la acción colectiva de los movimientos sociales, y también,  en la fuerza adquirida por las fuerzas insurgentes. Esas mismas que hoy se encuentran en procesos complejos de diálogos de paz con el gobierno nacional: Las FARC-EP en fase definitiva y el ELN en un inicio truncado por diversas tensiones entre las partes.

En ese sentido, dicho contexto político de diálogos de paz es el que enmarca los hechos a mencionar  de arremetida paramilitar -que volvemos a recalcar no son los únicos en el país- y que nos lleva a problematizar los mismos a sazón de los acuerdos últimos alcanzados por las FARC-EP y que cambian totalmente la correlación de fuerzas en estos territorios. La paz que el Estado necesita, se debe leer como dispositivo imperialista y de consolidación del neoliberalismo que es a lo que le apuesta la elite cafetera, la cual le conviene la suspensión de hostilidades por parte de la insurgencia para afianzar la entrada sin presión de grandes intereses Multinacionales, resguardadas como desde la época de la United Fruit Company, por parte de ejércitos Paramilitares.

Con esto queremos poner el dedo en la llaga tratando de interpretar a las comunidades en su clamor de paz pues son ellas las que han llevado la peor parte en esta guerra. Pero son ellas mismas y en ejercicio claro de autonomía y autodeterminación, que tienen que fortalecer sus procesos de base y forjar una estrategia que impida que este fenómeno siga existiendo. Por lo que no es posible en estos momentos hacernos los de la vista gorda, para estar alertas a quienes estamos llamados a ocupar un papel fundamental dentro de la lucha de clases desde las propuestas organizativas autónomas, pues el paramilitarismo no da tregua y como nefastas visiones de lo que puede pasar en un futuro se aparecen como ejemplos concretos el Bagre y el Urabá.

Colectivo Contra-informativo Subversión.

¡Y tu Tranquilo! Que seguimos por lo mismo

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Más allá de las cortinas de humo con aroma a fútbol mercantilizado la situación del país sigue agitándose por las convulsivas aguas de la crisis económica, social y política que se ve manifestada por unos hechos en específico: La minga agraria campesina étnica y popular, el nuevo código de policía, el plan de desarrollo distrital y la reglamentación de la ley Zidres, entre otros tantos que en efecto advierten el turbado clima político y social en el que nos encontramos.

Luego de arduas movilizaciones en nuestros campos por lo largo y ancho de nuestra geografía , la minga agraria campesina étnica y popular y sus sectores convocantes dan parte de victoria después de concertar con el gobierno nacional algunos puntos en los que se cuentan: garantías para la movilización, avances para el reconocimiento de los territorios Campesinos Agroalimentarios, construcción de política pública minero energética. Etc. (1) en la voz de Horacio Duque para el portal web: Rebelion.org

“La Minga dio lo que tenía que dar y pedirle más es una insensatez. No fue un movimiento pensado para destruir de una el modelo neoliberal, pues el acumulado aun no da para esa importante tarea. Se trató de otra experiencia histórica que enriquece la lucha popular y democrática, como aquella ocurrida con los paros campesinos del 2013.

Sera in referente y un antecedente de nuevas luchas, esas si contra el modelo capitalista depredador que el señor Santos rechaza poder cambiar pues él lo representa y se lucra con el mismo. Es su agente político central.(2)

Si bien es cierto que  la minga sirve como un referente de movilización y de repunte de las luchas sociales habrá que problematizar la acción colectiva de la misma y cuáles son en verdad  los acumulados políticos para el movimiento social en general. Frente a ello, nosotras planteamos algunas preguntas que ayuden a generar debate: ¿Qué papel juegan en este escenario de movilización la insurgencia sentada en la mesa de diálogos?, ¿Qué papel jugaron y cuáles fueron las ganancias políticas para las plataformas convocantes?  ¿Cómo se desarrollará el panorama  si el gobierno sigue incumpliendo los acuerdos pactados? Interrogantes que invitan a la reflexión y a la crítica fraterna pues estos escenarios de lucha no pueden ser bandera en específico de organizaciones particulares,  sino que tienen que estar arraigadas en la gente que desde los campos y las ciudades se alzan contra las políticas neoliberales, es decir, habrá que privilegiar al movimiento social, el trabajo de base frente a las agendas políticas de tal o cual organización. La lucha de clases no da tregua y habrá que seguir agudizando las contradicciones tratando de juntarnos desde la diferencia apostándole a la unión clasista y multisectorial.

A su vez, resulta importante poner en duda lo acordado, pues  esas tales garantías para la movilización que el gobierno prometió no existen, y lo acontecido semanas atrás lo demostró al pasar los debates en la cámara de representantes que en dos días aprobaron el nuevo código de policía que en un claro ejercicio nos aproxima a los nebulosos años del siglo XIX y XX regidos por la constitución de 1886 donde prima el estado de sitio y la represión brutal, o peor aún nos trae a la memoria los intensos años de finales de los 70 y comienzos de los 80 con el estatuto de seguridad de Julio Cesar Turbay Ayala que hoy por hoy ha sido renombrado por los áulicos de la oligarquía al cumplirse 100 años de su fatal nacimiento. Esto lo decimos porque en el nuevo código de policía con el pretexto de generar un clima apacible para el ciudadano promedio lo que contiene es una seguidilla de normas que apuntan a seguir criminalizando la protesta social y segregando a población segregada -valga la redundancia- al atacar con ahínco  a las trabajadoras informales, cercenando las pocas garantías que permitían la defensa y autonomía de los ciudadanos y abriéndole las puertas a la brutalidad policial, que por años hemos vivido, pero que de ahora en adelante tendrá el marco legal que siempre quiso para seguir vulnerando nuestra dignidad, denostando nuevamente que este código no es más sino el fiel reflejo de los intereses de la clase hegemónica enquistada en el poder desde hace muchos lustros.

A su vez,  el consejo en el contexto local  acaba de aprobar en el consejo distrital el plan de desarrollo “Bogotá mejor para todos” (3) donde vulnera el derecho a la ciudad para las clases populares que es mayoritaria en la capital. Podemos encontrar allí el detrimento de lo público en beneficio del sector privado, el desarrollo capitalista a costas del medio ambiente y del entorno – la reserva Van der Hammen – el fraccionamiento de derechos y la gestión pública sin la participación de los bogotanos centralizando en su corte burocrática el destino de la capital, en palabras del portal web Radio Macondo: “Peñalosa quiere construir una ciudad en función de devolver los mercaderes al templo y es por eso que ninguna de sus políticas se piensa por fuera de las alianzas público privadas”. (4)  Esto sin mencionar el plan de ordenamiento territorial  el cual  pone bajo su interés  predios pertenecientes a la Universidad Nacional de Colombia y los entrega a constructoras, devolviendo el favor de inversión de sus patrocinadores en la campaña, cumpliendo a cabalidad los sueños de cemento de Enriquito  y el proceso de renovación del centro, que se manifiesta con el acelerado desenvolvimiento el operativo represivo en la calle del “Bronx” donde, obviamente  no se busca erradicar el problema de dependencia de varias personas por las drogas ilegales sino que busca desplazar esta población problemática a otras zonas de la ciudad generando entre otras sensación de inseguridad entre la gente legitimando de esta manera la entrada en vigencia del nuevo código de policía. Todo muy bien orquestado.

Por otra parte y para finalizar ya está lista, en el congreso la reglamentación de la ley Zidres que favorece al empresariado gamonalesco y vulnera al campesinado. Es en sí una contrarreforma agraria integral propia del proyecto de país de la clase en el poder, que se jacta de acordar en la Habana reformas al desarrollo agrario integral y acá mediante leguleyadas le entrega el campo colombiano al capital nacional y transnacional.

“Las Zidres son identificadas como zonas de difícil desarrollo, con bajos índices de pobreza, alejadas de los centros urbanos, es decir: zonas en cualquier lugar de Colombia. Con esto se abre el camino para que los campesinos sean expropiados para darle tierra a los empresarios, se borran de un tajo las condiciones de adjudicación de baldíos, entre otras. Según la exposición de motivos, las Zidres estarán en los departamentos de Arauca, Meta, Vichada, Putumayo, Cauca y Antioquia, y serán los ministros del gabinete quienes determinen cuáles zonas del país se conviertan en Zidres”. (5)

En definitiva lo aquí planteado expresa unas cuantas de las muchas disputas  sociales en el marco de la lucha de clases imperante, donde se hace necesario seguir resistiendo al capital desde todos los flancos,  y proponer alternativas que nos saquen del atolladero, a su vez es un llamado a generar análisis de coyuntura crítico pues no le  podemos seguir dando la razón a David Harvey cuando afirma “la izquierda olvido ser anticapitalista” lo que implica abandonar cualquier posición filantrocapitalista y tomar la calles de campos y ciudades para luchar! Y sí , tú tranquilo! que seguimos en lo mismo pero en las justas luchas organizadas de las clases populares encontraremos y construiremos el camino de la rebelión.

  1. http://congresodelospueblos.org/comunicados-congreso-de-los-pueblos/item/933-la-cumbre-agraria-campesina-etnica-y-popular-avanza-como-propuesta-de-pais.html
  2. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213392&titular=minga-agraria-afianza-derechos-conquistados-
  3. http://aplicaciones.sdp.gov.co:7777/pdd/anteproyecto_plan_distrital_desarrollo_2016_2019.pdf
  4. http://radiomacondo.fm/2016/03/26/plan-distrital-desarrollo-enrique-penalosa-recuperar-bogota/
  5. http://prensarural.org/spip/spip.php?article17171

Reflexiones al anuncio del Cese al fuego y de hostilidades Bilateral entre el Gobierno Nacional y las Farc-Ep

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Hoy, 23 de junio del 2016 se vive un momento histórico en toda la nación, la insurgencia de las Farc-Ep y el gobierno nacional llegan a un acuerdo sobre el cese al fuego y de hostilidades de manera bilitareal y definitiva. En ese marco, es innegable la importancia que tiene este suceso en lo que concierne a la agenda política de la  organización alzada en armas desde hace 52 años.

Dadas las implicaciones propias de la guerra, se hace necesario  problematizar las repercusiones de la firma del acuerdo. La primera de ellas: el cese de hostilidades no significa el ultimo día de la guerra o el fin del conflicto como algunos han anunciado, y esto habrá que tenerlo presente, pues es innegable la existencia tanto de circunstancias como de actores armados bien sean  fuerzas rebeldes o paraestatales —sin punto de comparación—  que desbordan los alcances de pueda tener la voluntad de las Farc-EP y el gobierno nacional. A partir de lo anterior, no resulta descabellado pronosticar un recrudecimiento de las hostilidades para aquellos sectores que se encuentren fuera del marco del mencionado acuerdo.  Es más, tras este acuerdo las elites políticas y económicas preparan una nueva reacción que podemos avizorar: el nuevo código de policía y la consolidación de la criminalización de la protesta social, la ley Zidres y la contrarreforma agraria que este significa, hacen parte de un larguísimo etc’s de leguleyadas  sectorizadas que apuntan a desarticular al movimiento social y golpear a parte del mismo sobre todo si se trata de procesos independientes o autónomos.

En ese sentido lo que para un sector importante de la izquierda,— incluida  la insurgencia—  junto con grandes segmentos de la población colombiana leen como una victoria, para otras, nos debe implicar un reto que pasa por diferentes cuestiones: Primero, reafirmar en la acción  que  la agenda política de las FARC-EP no  es el derrotero de luchas sociales del país –aunque haga parte de si—y segundo,  el  fortalecimiento de  los procesos autónomos con miras a su articulación  con el fin de que a través del trabajo conjunto podamos garantizar los procesos de movilización social en medio de un conflicto de clases latente y aún vigente como se constata en la consolidación del modelo neoliberal en Colombia asentado en la explotación minero energética, la invasión del capital extranjero, entre otras circunstancias. Es un momento histórico y lo tendremos que afrontar  como tal: Una lucha de clases, apostándole al  trabajo de base y la inserción social.

¡Ay hombe! El Vallenato al son de la lucha de clases

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Son las masacres más grandes
las que vemos aquí cada día
el que no muere de hambre
lo mata la policía.[1]
 
Los platos que rompe el gobierno
los paga mi pueblo trabajando bajo el sol
 no tienen ni solar ni techo
porque su trabajo no tiene valor
se pasan la vida luchando pero este cantante de la población
seguirá con su empeño hasta alcanzarlo
para que a mi pueblo olvidado le llegue la redención
el sistema nos tiene marginados
pero hay que seguir peleando hasta ser el vencedor[2] 

[1]    Canción “Usted, señor presidente”. Interpretada por Máximo Jiménez. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6gultbdT5ek
[2]    Canción “La ley del embudo”. Escrita por Hernando Marín e interpretada por Beto Zabaleta. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=k1SFbQvCLrs

 

 

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No es  una novedad afirmar que alrededor del género Vallenato  se refuerzan algunos de los valores más retardatarios de la sociedad colombiana[1], y que desafortunadamente,  se potencian mutuamente tales como: el patriarcado, la misoginia, la homofobia, el gamonalismo, entre otros. Muestra de lo anterior fue la polémica[2] desatada a raíz del prefabricado y mercantil beso que se dieron en tarima   los intérpretes  Silvestre Dangond y Poncho Zuleta en la más reciente edición del Festival de La Leyenda Vallenata celebrado en la ciudad de Valledupar  hace tan solo algunas semanas. No obstante, a pesar de que es innegable el predominio machista y autoritario que se ha asentado históricamente en este género musical, también lo es, que tales expresiones no son destino manifiesto. Por el contrario, encontramos en el desarrollo del Vallenato referentes importantes que permiten inferir que la lucha de clases se ha enconado en su interior. Frente a esta última afirmación, dedicaremos de manera somera las líneas del presente artículo.

 

Lo primero que habría que tratar refiere a los orígenes del Vallenato en sí mismo. En efecto, su génesis puede rastrearse en el contexto del siglo XIX en el que paradójicamente predominaba la producción agrícola, pero a su vez, podría señalarse la existencia de una condición de marginalidad rural en tanto el proyecto nación era mucho más nebuloso que en la actualidad, derivando  en una precaria conexión entre las distintas regiones agudizada por las dificultades a nivel de comunicación y vías de transporte. Sumado a ello, encontramos que gran parte de la población colombiana era analfabeta, y es precisamente allí, donde el Vallenato encontrará su cuna en un ambiente en el que se carecían de medios/espacios para la  expresión de los diversos grupos poblacionales y su respectivo quehacer.

 

Así pues, los expositores primitivos del Vallenato hacían descripciones simples de su ámbito cotidiano, en ese sentido, serán recurrentes las alegorías a la vida del jornalero. Es de anotar, que estos cantos se realizaban en íntimas reuniones entre amigos o familiares al son de unos tragos, cuestión que deja en evidencia, que además de cumplir un papel como mecanismo de expresión popular de un sector subalterno, y por tanto generador de realidad, el Vallenato también constituía un eje de articulación social. En este punto, es importante hacer mención al papel del Juglar dentro de la historia Vallenato como expositor primitivo de este, ya que a pesar de lo rudimentario de su quehacer, el juglar como figura de correo ambulante entre las poblaciones cumplió un papel significativo llevando toda clase de mensajes musicalizados con un acordeón convirtiéndose en viva voz del acontecer de las regiones de la Costa Atlántica Colombiana, y precursor, de lo que posteriormente será este género musical.

 

Ahora bien, aunque progresivamente el Vallenato logró fundirse al interior de las clases populares, este proceso se centró casi que exclusivamente en la costa colombiana puesto que para aquel entonces predominaba (¿o predomina?) en el país  una valorización social y cultural jerárquica en la que primaba con total holgura las disposiciones de los llamados territorios andinos. Conexo con ello, no es de extrañar que al momento de ingresar el acordeón a territorio nacional no haya sido recibido con buenos ojos de parte de  las clases dominantes urbanas puesto que no era sinónimo de la “alta cultura” de corte europeo[3] privilegiada en ese momento, y por el contrario, el acordeón era relacionado como un instrumento referido para las clases inferiores. Cuestión que deja en evidencia que el Vallenato no sólo emerge como una expresión musical cualquiera, sino que es  representación de las pugnas sociales y culturales en el marco de las tensiones entre sectores subalternos y las elites. Muestra de ello fue el Artículo 62 de los reglamentos del Club de Valledupar –donde se reunían los propietarios de tierras, políticos y empresarios- el cual rezaba:

Queda terminantemente prohibido llevar a los salones del Club música de acordeón, guitarras o parrandas parecidas…”[4]

 

Por otra parte, en el Vallenato los elementos referentes de ser expresiones  de la lucha de clases no se limitan a las pugnas anteriormente señaladas, ya que además de las disputas por la representación, encontramos también en diversos pasajes musicales que  sus contenidos líricos constituyen  claras refutaciones frente al orden social vigente caracterizado por la injusticia, el oprobio y el despojo. En efecto, podría hablarse de la existencia de un “Vallenato protesta” casi siempre referido a cantautores pertenecientes a grupos insurgentes de los cuales uno de sus exponentes más reconocidos es Julián Conrado[5], sin embargo, estos sólo constituyen una parte de todo el crisol que compone esta expresión del género Vallenato, razón por la cual, no es casual encontrar canciones fuera de estos grupos con alto contenido social y político, especialmente, entre las décadas de los años 50’s y 80’s. Examinamos a continuación algunos ejemplos.

 

Santander Duran Escalona compuso una obra titulada “Las Bananeras” que encontró en la voz de Jorge Oñate[6] a mediados de la década del 70 su versión más popular.  En un   fragmento de la mencionada obra se dice lo siguiente: “Solo quedan los recuerdos escondidos, de las cumbias, de la gaita, la guitarra y el tambo. De las balas con  que el pueblo fue abatido en las plazas y caminos cuando la huelga estalló. Porque allá en la zona bananera, allá sufre sin queja  un pueblo soñador”. De lo anterior resaltan dos elementos fundamentales: en primera medida, se rescata la reivindicación de la memoria de uno de los hechos más significativos del movimiento obrero en Colombia como lo fue la Huelga de las Bananeras y la posterior respuesta de la oligarquía criolla que desde ese momento ya se mostraba servil, tal cual como sucede en la actualidad, a los intereses del capital extranjero. Igualmente, es importante señalar que junto con el relato, esté viene acompañado de posicionamiento, es decir, que además de relatar la historia el autor tiene la clara intencionalidad de agenciar un discurso posicionado, un lugar de enunciación que por su escritura en la que hacen simbiosis elementos propios de la cultura del Caribe y el sentir que produjo los vejámenes orquestados por la United Fruit Company, se puede afirmar que la vocación de esta pieza musical es ante todo una apuesta por enarbolar la dignidad de aquellos que sufrieron el oprobio.

Junto con los relatos históricos, encontramos otras narraciones a que pesar no referirse a un suceso puntual logran evidenciar reivindicaciones de diversos sectores sociales, que aunque diferentes en su particularidad, se encuentran ligados a partir de las condiciones de explotación que tienen lugar en Colombia. En ese marco a manera de ejemplo,  aparece la canción  “Los maestros”[7] de Hernando Marín en la que se denuncia  de forma contundente el vilipendio del que son objeto los educadores en el país negándoles la importancia de su quehacer como se constata en las siguientes líneas :

… es aquel montón de hombres y mujeres que lucha incansablemente por educar la humanidad, el maestro va a la escuela diariamente, no le importan que critiquen su aguerrida voluntad (…) También se que este gobierno les paga de vez en cuando, y otras veces por milagro les paga de mes en mes, ese es otro que no sabe agradecer quienes sus hijos tan bien que los están enseñando, no se acuerdan que fueron niños también, y sea hombre o sea mujer debe ser considerado pero como ellos tienen el poder, y las gallinas de arriba le echan flores a las de abajo

De la misma manera, Daniel Celedón Orsini compuso el tema “La lavandera”[8] como un relato  en el que se expone las duras condiciones que afrontaban  aquellas mujeres que ganaban su sustento y el de los suyos  en el ingrato oficio de lavar ropa de familias acomodadas, es de anotar, que Orsini deja entre ver de forma clara su respeto y admiración por estas luchadoras populares. Dejemos que sea la propia canción la que nos hable de ello:

Lavandera que va sufriendo y en tu silencio lloras tu quejas vas expuesta cual hoja al viento con cargamento de ropa ajena,
de pasar el agua corriendo quizás va huyendo de tantas penas y en lavasa de mundo negro se va fundiendo tu piel morena.  Lavandera manduqueando va todo el mugre de la sociedad
dale duro dale mas y mas que hay tantas cosas que deben blanquear(…)Lavandera de poca sombra nadie te nombra nadie te llama  y en tu casa hay llanto de sobra si lo que cobras ya no te alcanza
cada aurora un bojote de ropa y en cada gota se te va el alma , forjadora misión de pompa jabón que engloba desesperanzas.

Así pues,  en la misma línea argumentativa David Sánchez en “El indio Sinuano”[9]  nos muestra la realidad de otro sector social como lo es el indígena de la siguiente manera:  “Y mi tierra me quitaron de las manos, despojado quedé yo con mis hermanos, al abrigo de los vientos, relegado a los pantanos, y mi nombre destruyeron para siempre, con sus nombres bautizaron a mi gente(…)Y mi historia la contaron al revés, me dejaron pocas cosas que servir ,y lo único que queda de mi raza lo usaron para burlarse de mí”. Con todo ello, se puede dimensionar la riqueza y variedad de temáticas sociales presentes en el “Vallenato Protesta” permitiendo afirmar que su vocación no obedece es un hecho baladí, por el contrario, es una clara determinación de la existencia de compositores e intérpretes del género comprometidos con la realidad del país al margen de aquello que los referentes tradicionales que agencian el Vallenato han designado como tal.

Sin embargo,  las élites de este país tienen la particularidad de cooptar todo sentir que emane del pueblo para voltearlo hacia su propia esclavitud, en las grandes parrandas o bautizos que se hacían en las casonas de las familias más adineradas de la Costa, las cuales se caracterizaban por contratar una orquesta que tocaba solo música europea, pero que entrando en juego el tiempo y el alcohol, y posterior a que la orquesta terminaba su función, los dueños de casa invitaban a los cocineros y meseros, que tenían su propia fiesta en la cocina al son del acordeón, la caja y la guacharaca, para que amenizarán la fiesta de sus patrones.

A manera de correlato, es posible enunciar que se ha constituido con el paso del tiempo una comunidad del Vallenato que obedece a los cambios sociales y políticos propios del capitalismo que de manera inexorable afectaron las dinámicas al interior del género. En efecto, a partir de la década de los 80’s se da un proceso de internacionalización del Vallenato en concordancia con la apertura de las comunicaciones, y en general, con la gestación del modelo neoliberal que tendrá su fiel expresión una década después. En este proceso, emergerán empresas musicales que junto con integración de los artistas a los parámetros  de la seguridad para los trabajadores en términos normativos darán la apariencia de un mejoramiento respecto a quehacer, empero, no es fortuito que para esta época se den lucrativos negocios como lo es el caso de la asociación Sayco quien bajo el sofisma de la defensa de los derechos de los artistas logró constituir un monopolio alrededor de los mismos.

Desde allí se abrió la puerta a la instrumentalización del género Vallenato en concordancia con las dinámicas del mercado. Así pues, el fortalecimiento de una industria fonográfica y la proyección de los artistas como productos dentro del círculo mercantil despojaron al Vallenato de su extracción popular. Para hacerlo, el capitalismo lo fundió con otros géneros musicales, en particular, el pop[10] para irradiarlo de un aire que le diese de mayor rentabilidad en el marco de una sociedad que tiene como vector fundamental el consumo. Igualmente, el capitalismo en su búsqueda por apropiarse de la riqueza del Vallenato banalizó su contenido lírico para darle mayor preponderancia a la producción instrumental creando piezas que incentivan la fiesta, elemento que no es nuevo dentro de las dinámicas del género, sin embargo, lo que resulta novedoso es su inserción en festivales del gran envergadura en los que se mueve bastante dinero en patrocinios, publicidad, licor, entre otros. En este festín del consumo y el comercio hasta los artistas han sido transformados para poderse ofertar como productos de vitrina, en ese sentido y en especial en lo que ha sido llamado “la nueva ola”, es recurrente ver que la estética del juglar se perdió para darle paso a jóvenes con atuendos y cortes de moda que recuerdan más a yuppies universitarios antes que a representantes del sentimiento popular.

Con todo ello queda de manifiesto que la lucha de clases también se ha vivido y se vive dentro del género Vallenato. Dicha disputa va desde sus remotos orígenes como expresión propia de sectores explotados que encontraron en la música fuente importante de construcción de tejido social a partir de su cotidianidad cuestión que contó con el rechazo de las clases altas para quienes estas melodías representaban la vulgaridad del “populacho”. Pero las cosas no acaban allí, el Vallenato también ha sido la ventana para diversas reivindicaciones políticas y sociales como observamos con algunos ejemplos que no se agotan en sí mismos sino que por el contrario invitan a profundizar la investigación sobre estas obras cargadas de rebeldía. Lo anterior cobra especial vigencia en una época que le rinde culto a trivialidad y la estupidez destruyendo a su paso expresiones culturales como lo es el Vallenato al convertirlas en otro artilugio de la sociedad del espectáculo[11] que nos invita a parrandear mientras el mundo colapsa en su propia fetidez.

Que las próximas tonadas de los acordeones sean para cantarla al capitalismo: ¡Y va a caer!

[1]    Algunos episodios de la vida y obra de Diomedes Díaz son ilustrativos al respecto. Ejemplo en canciones tales como “La culpa fue tuya” y “La plata”.

[2]    Nos referimos al despliegue mediático dado al suceso, y las reacciones del público en espacios como foros y redes virtuales.
[3]    ESPITIA,Marco De León. El Vallenato. Origen y evolución. La historia bien cantada. Editorial Sic. Bucaramanga,Colombia. (2010).
[4]     SAMPER PIZANO, Daniel. TAFUR, Pilar. 100 Años de Vallenato. Editorial Aguilar (2016)
[5]    Integrante de las Farc-EP. Entre sus canciones más conocidas se destacan: “Regresó Simón”, “Nada personal”, “Palabrota”, “Bolivariando”.
[6]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=RiIusmQVaHc
[7]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=LOVpmdExx-0
[8]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=NO6hCXN3H-8
[9]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=cq3v2AfHW-A
[10]  Casos como el de Silvestre Dangond, Pipe Pelaez, Peter Manjarez, entre otros.
[11]  Concepto tomado de Guy Debord.