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ALCA. 10 años de lucha “Antiimperialista”

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Hace 10 años veíamos como en la calles de Buenos Aires los movimientos sociales y sindicales comenzaban a ver el fruto de las luchas de la década anterior, en las calles se escuchaba un fuerte y claro “No al ALCA”, de donde posteriormente gobiernos –progresistas o populistas- se tomaron la imagen de rigor para quitarle protagonismo a sus principales actores. En la foto no quedaron los hombres y mujeres que se enfrentaron años atrás en Bolivia por la privatización del Agua y del Gas, o los múltiples levantamientos indígenas en México y Ecuador, o la fortaleza de los movimientos sindicales en Argentina en el Corralito o miles y miles de personas que en su día a día luchan por recuperar su vida del modelo Neoliberal que los condena a la miseria y el hambre.

Ahora bien, es necesario contextualizar que el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio para las Américas) no se desarrolló gracias a un cabezazo de iluminación del entonces presidente de EEUU: George W. Bush hijo. En realidad, fue producto del empeño de las grandes corporaciones dueñas de este Hemisferio para lograr competir de tú a tú en la nueva pugna del capitalismo mundial que conformaría una triada con el posicionamiento en el panorama político de la Unión Europea y Japón. En ese sentido, el ALCA se planteó desde 1990, con la firma del NAFTA – Tratado de Libre Comercio de América del Norte- como un proyecto de control imperialista por parte de EEUU para competir junto a sus nuevos oponentes tanto económica como políticamente.

Las apuestas de los EEUU, como se caracterizaron en el periodo de Bush hijo, fueron cínicas y sinvergüenzas. La ilusión del gobierno norteamericano era crear un tratado de libre comercio en bloque con todos los países del continente afianzando su control frente a los mismos, exceptuando obviamente a Cuba, ya que para aquel entonces no se tenían relaciones comerciales debido al bloqueo impuesto a la pequeña isla.

En ese marco, la cita de resistencia fue esta vez en los días calurosos del verano bonaerense, donde miles de militantes sindicalistas y movimientos sociales se vieron en la cumbre de los pueblos, paralela a la IV Cumbre de las Américas, donde ratificaron el trabajo antiimperialista que habían acumulado en los años anteriores desde sus distintos campos de acción. Vale la pena recordar que las apuestas anarquistas a diferencia de la actualidad, estuvieron presentes en estas campañas y conferencias haciendo estudios sobre las implicaciones del ALCA y los tratados de Libre Comercio, pero también, dejaron de manifiesto su oposición accionando en las calles y haciendo un enérgico llamado a resistir desde todos los campos posibles.

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Después de las notorias luchas antiglobalización que marcaron el final del siglo XX y comienzos del Siglo XXI, las contrapropuestas de integración de América no se hicieron esperar, y como podría suponerse, fueron concebidas una vez más por una política “desde arriba” en las cuales los gobiernos progresistas o populistas que comenzaban su ciclo por aquella época impulsaron una alternativa de integración en donde, al menos a nivel discursivo,   los pueblos fueran protagonistas. Entonces se hicieron comunes las banderas que prometían superar un estado en el que la competencia y la avaricia no fueran los valores que determinaran las conveniencias en las prácticas comerciales. En contraposición, se invitó a encarnar los más grandes valores exaltados por los pueblos que conformaban el naciente Bloque contra hegemónico y antiimperialista.

Allí nació la “Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América” que marcó un punto más de esperanza de los pueblos de América Latina y el Caribe contra el Imperialismo yankee. Esta propuesta fue perdiendo legitimidad cada vez que se veía que los mismos gobiernos que se oponían a la injerencia económica y comercial de EEUU, ratificaban lazos comerciales con multinacionales de distintos sectores económicos fuertemente ligados a las grandes corporaciones como lo es Chevron[1] por tan sólo citar un ejemplo.

En este nuevo panorama, 10 años después deberían ser suficientes para ver los frutos de la supuesta formación de militantes en países con gobiernos progresistas durante la última década, cuestión que queda bastante entre dicho al evaluar los réditos de lo que algunos han llamado el “Socialismo del siglo XXI”. Actualmente en ese panorama las cosas están cambiando en estos países, como lo es el caso de Argentina, donde el nuevo gobierno de derecha se posiciona para redireccionar las estrategias comerciales que venían dándose con el Bloque “contra hegemónico”, por ello, no es de extrañar que el nuevo presidente proponga la desvinculación del país de la MERCOSUR como primer acto de posesión. A su vez, en Venezuela si se llegase a posicionar un gobierno de derecha -no resulta descabellado contemplarlo-, su función tenderá a desmovilizar y reprimir a los movimientos sociales que en estos tiempos ha tenido un cuestionable repunte bien sea por conveniencia con el gobierno, o por una verdadera formación militante.

Esta situación nos permite reflexionar una vez más que la verdadera unión de los pueblos debe darse desde abajo, con las oprimidas y en vistas de crear alternativas al capitalismo mundial, desplazando desde nuestro actuar la lógica cotidiana de mercado en la que los gobiernos, progresistas o no, nos tienen inmersos desde hace marras. Es hora de que los principios anarquistas se posicionen en el movimiento social como verdadera alternativa al poder, para ello, la tarea es ardua y requiere inexorablemente retomar el vector social para que estas propuestas marquen un nuevo rumbo en los movimientos sociales. No podemos permitirnos más quedarnos en el guetto, convenciéndonos de manera estéril entre nosotras si una reivindicación es o no verdaderamente revolucionaria y si podríamos apoyarla o no. Es con la gente, con la vecina, el trabajador, el estudiante, finalmente con todas las nuestras, que tenemos que empezar a materializar la solidaridad, la acción directa y la autogestión. Entre todas tenemos que leer la historia, ¡nuestra historia!, recalcando nuestros pequeños triunfos como la derrota del ALCA, pero sin perder de ruta también nuestras fallas. No podemos seguir delegando en otras nuestra búsqueda por la libertad, Solo las que luchan serán libres!!

 

[1] http://issuu.com/ellibertario/docs/chevron_vzla