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Memoria y Lucha de Clases. A propósito de trágicos sucesos del movimiento estudiantil en Colombia.

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El destino se muestra en cuanto observamos una vida
como  algo condenado, en el fondo como algo
que primero fue ya condenado y, a continuación,
se hizo culpable. Walter Benjamin

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Marzo es un mes particularmente trágico para la memoria del movimiento estudiantil  colombiano en su expresión contemporánea. En efecto, son al menos seis las muertes registradas en los últimos 10 años ( Oscar Salas[1] , Andrés Arteaga[2]  ,  Ricardo Molina[3], Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón[4]) en sucesos que se han visto teñidos por toda clase de polémicas  alrededor de las circunstancias, móviles y personas involucradas. Ello no debe causar extrañeza si tenemos en cuenta que a pesar de las diferencias espaciales y temporales que caracterizan cada uno de los sucesos, igualmente, existen algunos elementos a saber que les hacen vinculantes entre sí: ser jóvenes, provenir de extracción popular, estudiar en Universidades Públicas, y ser poseedores de un pensamiento-acción crítico frente a la decadente situación del país. De manera pendenciera, los medios de (des)información masiva han promovido un discurso tendiente a construir un imaginario colectivo en el que se estigmatiza como enemigo del bienestar social todo aquel sujeto que posea las características anteriormente enunciadas, todo a su vez,  como parte de la táctica  que busca justificar la represión de la que son objeto estas personas, agenciada de igual manera y de forma premeditada, desde las altas esferas del poder.

 

Así pues, queda de manifiesto que el desenvolvimiento de la lucha de clases también se da en el plano de la memoria puesto que la disputa no se limita únicamente a los recuerdos de ciertos eventos y/o personajes, en el fondo, de lo que se trata es de la mutilación de los significados de los proyectos de resistencia forjados en las clases explotadas por parte de la elite dominante, y  a su vez, la férrea defensa que dan  dichas clases por hacer viva acción las connotaciones  de su memoria pues es allí donde reside el sentido de su quehacer.  En otras palabras, la memoria no sólo es recuerdo del pasado, es ante todo, guía para el presente y el futuro de quienes la agencian. Semejante disputa no es una cuestión exclusiva  de nuestro territorio, por el contrario, es la naturaleza del capitalismo que se erige como:

 

“una máquina eficiente de segregación, o podría también decirse, de inutilización de las memorias de las víctimas. Y también, una máquina capaz de obtener un alto grado de perfeccionamiento en la construcción insoslayable de sus nuevas víctimas, es decir, en la creación de unas víctimas que ya no saben que lo son, o que el dolor ya no existe en ellas”.[5]

 

Es a raíz de lo expuesto que se hace comprensible el afán de las clases dominantes en Colombia por apropiarse de la memoria de las víctimas deslegitimándolas mediante la injuria y la calumnia pues la función de tal proceder está ligado a encubrir el status político de las víctimas como parte del proceso de subyugación del que son objeto. De esta forma, la elite del país impone  relatos ficcionales que nublan las representaciones que las víctimas elaboran sobre la memoria, y a partir de allí, buscan minar el camino mediante el cual se construyen los pensamientos, sentidos y reflexiones que posibilitan nuevas conciencias que materialicen los proyectos de sociedad alternativos al imperante despotismo capitalista.  Bastará repasar brevemente la presentación de los casos en los medios masivos de (des)información para constatar lo señalado.

 

El 8 de Marzo de 2006 en medio de unas protestas en la Universidad Nacional de Colombia es asesinado Oscar Salas, estudiante de Lengua Castellana de la Universidad Distrital, producto de una canica que ingresó por uno de sus ojos al estallar una recalzada arrojada por un integrante del E.S.M.A.D (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) como se ha relatado en algunos medios[6]. Desde entonces, es mucho lo que se ha dicho en relación a la brutalidad con la que opera este organismo que lejos de la retórica de controlar el orden público, ha demostrado con nefasta suficiencia, que su función real es la represión cruda y descarnada midiendo resultados en términos de heridos y asesinados en el marco de la legitima protesta. De manera paralela, los grandes emporios de la comunicación han guardado un silencio cómplice que ha terminado por calar en la mayoría de la población, incluida la propia Universidad Distrital en la que estudiantes y docentes por desconocimiento u omisión, han desterrado la memoria de Oscar Salas del discurso colectivo salvo algunas excepciones de esfuerzos minoritarios principalmente de allegados al joven estudiante. No siendo suficiente con ello, la madre de Oscar, Ana Benilda Ángel, ha recibo toda clase de amenazas[7] a raíz de su perseverante trabajo alrededor del esclarecimiento del asesinato de su hijo con lo cual queda de manifiesto el interés de quienes están detrás de la muerte de Salas por acallar cualquier resquicio de memoria sobre la impunidad que ha revestido este suceso.

Pasarían cinco años para que otro suceso en el mes de Marzo volviese a enlutar el ya trajinado movimiento estudiantil en Colombia, esta vez, el epicentro sería la Universidad de Nariño en la ciudad de Pasto. Cuentan los testigos, que una fuerte explosión conmocionó el centro educativo la noche del 29 de Marzo de 2011 en la que resultaron heridos 8 estudiantes, de los cuales tres fallecieron posteriormente, siendo el primero de ellos Andrés Arteaga a tan sólo dos días después de los trágicos acontecimientos (sus compañeros Vanesa Calvache y Luis Guillermo Hernández lo harían en las semanas siguientes[8]). Un día después, se presentarían fuertes protestas en diversas universidades de Bogotá, Tunja, la Costa Atlántica y Medellín como rechazo a la reforma de la ley 30 que se comenzaba a avizorar; rápidamente,  la maquinaria de (des)información criolla vinculó estos hechos con los acaecidos en la ciudad de Pasto y difundió declaraciones con la clara intención de estigmatizar. Ejemplo de ello  seria  las del aquel entonces Vicepresidente de la república Angelino Garzón cuando afirmó: “una cosa es la protesta y otra la criminalidad(…)todas estas expresiones de violencia, que son contrarias al espíritu crítico estudiantil, conllevan a que las universidades se conviertan en escenarios de guerra”[9]. De la misma manera, el discurso macartista tuvo su expresión local en uno de los decanos de la Universidad que contó con amplia difusión de medios como Caracol Noticias que hacían juego con las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos quien a través de Twitter señaló: “el gobierno no va a permitir que la violencia de unos pocos se apodere de las universidades(…)se actuará con toda la contundencia”[10], sin embargo, a pesar de toda la turba inquisidora que se levantó en este episodio, vale la pena recalcar la actitud de quien auspiciaba como rector de la Universidad de Nariño, el señor Silvio Sánchez Fajardo que de manera decorosa y respetuosa salió a la defensa de los estudiantes involucrados en la explosión.

 

Un año después y con tan sólo pocos días de diferencia, el dolor se trasladaría a las ciudades de Tunja y Bogotá dejando una estela de muerte a su paso. El primer episodio estuvo marcado por la muerte de Ricardo Molina[11] estudiante de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, el 23 de Marzo de 2012 tras batallar con las fuertes lesiones producidas por una confusa explosión en el marco de una protesta desarrollada algunos días atrás. Señalamos  que  fue una confusa explosión ya que si bien las autoridades adjudicaron los hechos al manejo de explosivos por parte del estudiante, esta versión se encuentra sujeta a crítica, pues posee varias inconsistencias  frente a lo relatado, tales como el acontecer del suceso, el rango de la explosión, la forma  como se comprometió la humanidad de Ricardo, entre otras. Sea como fuere, hasta el día de hoy no existe un dictamen definitivo, ni tampoco, presunción de inocencia  en los grandes medios de  (des)información. Por otra parte, no habría pasado el sinsabor de lo ocurrido en Tunja cuando un nuevo golpe se asestaría contra el movimiento estudiantil, esta vez, en la ciudad de Bogotá específicamente en la localidad de Suba con la muerte de Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón en la residencia de este último el 25 de Marzo de 2012. Estos hechos merecen particular atención con lo expuesto en este artículo pues es uno de los casos en los que mayor cantidad de falacias y vituperios han arrojado los criminales del periodismo criollo quienes mercadean de manera irresponsable con el dolor ajeno con tal de vender “la chiva” del momento.

 

En efecto, apenas el país conoció la noticia de la explosión en la que murieron los estudiantes y la egresada de la Universidad Pedagógica Nacional, ya se tenía lista la versión  “oficial” sin ningún tipo de rigor investigativo (la ineptitud periodística abjurada tener claras las circunstancias de la explosión, aunque aún días después, ¡seguían confundiendo los nombres y carreras universitarias de los implicados!) en la que se señalaba que Lizaida, Óscar y Daniel se encontraban manejando la estrambótica cifra de 10 kilos de explosivos[12]. Y además de ello, asegurando en contra de la lógica más elemental, que los fallecidos se encontraban en estado de alicoramiento al momento de la explosión. Esta artificiosidad de versión fue acompañada como es costumbre en los inquisidores medios de (des)información masiva con la aseveración de que los estudiantes estarían vinculados con grupos al margen de la ley según lo demostraría el supuesto hallazgo de panfletos alusivos a la insurgencia, que al igual que el mítico computador de Raúl Reyes, mágicamente no resultaron afectados por la explosión[13].  Para rematar, la versión sobre el objeto de la fabricación de los explosivos cambió conforme fueron avanzando los días producto de la “sagaz” investigación que pasó de afirmar que se utilizarían el 1ro de mayo[14]  ¡para luego salir con la fantochada de que los fallecidos estarían planeando  un atentado en el Festival Iberoamericano de Teatro![15] .

Junto con lo anterior, es necesario manifestar y desenmascarar las posiciones de “grandes” políticos de nuestro ámbito nacional que haciendo un papel acomodado señalando la paja en el ojo ajeno,  ahora que se encuentran desmovilizados de toda lucha social, como el entonces Secretario de Gobierno de Bogotá, Antonio Navarro Wolf[16], el cual de manera pendenciera sigue el libreto de las fuerzas Militares, al acusar a los jóvenes de pertenecer a estructuras de la insurgencia, y pero aún, haciendo hincapié en la responsabilidad de los padres, por acción u omisión, al permitir que jóvenes se reúnan en una casa, vulnerando de lleno la posibilidad de reunión de jóvenes con sueños transformadores.

Como se vio, todos los casos referidos anteriormente han contado con la distorsión y manipulación de manera premeditada de los grandes conglomerados encargados de la difusión de la (des)información masiva en plena sintonía con los intereses de los gobernantes de turno. En ese sentido, contribuyen a la estigmatización de la juventud que se atreve a plantear alternativas de sociedad mediante la difusión de mensajes tendenciosos que buscan en los jóvenes universitarios de extracción humilde un enemigo a temer tal y como acontece en algunas notas “periodísticas”[17].

Es evidente entonces la capacidad que han mostrado los poderosos para agenciar discursos sobre la memoria de las víctimas que negativizan sus experiencias instalándose en la vida cotidiana de estas haciéndoles infértiles en la re-creación de sus proyectos de transformación. Esto tiene implicaciones inmediatas en lo que a la izquierda se refiere puesto que implica la desaparición de sus referentes y el contenido ideológico de los mismos[18]. En Colombia esta situación es bastante grave ya que no sólo habría que hablar de la posibilidad de tener memoria como sucede en algunos contextos, sino que además,  es necesario hablar de la posibilidad de poder hacer algo con ella, es decir, vivenciarla en la acción en el marco de un conflicto político, social y armado que ha arreciado con virulencia contra el pensamiento crítico.

Es por esto que cobra vigencia que:

Ante este situación, es muy necesario buscar referentes históricos positivos que ayuden a la izquierda a reconstruirse ideológicamente y sea capaz de luchar contra la cultura dominante, para reconstruirse también organizativamente, con el objetivo de que las clases populares dominadas puedan dotarse de los instrumentos orgánicos de lucha necesarios para combatir la implantación de un régimen político y económico injusto, basado en el “darwinismo” social, impuesto a través de una aparente democracia en unos casos y de la fuerza en otros[19]

A la luz de lo enunciado, encontramos en la memoria no sólo una posibilidad, sino también, una responsabilidad con los esfuerzos y legados de quienes precedieron y dieron lo mejor de sí por una sociedad mucho más fraterna.  En la memoria encontramos una rica fuente de reflexión que dota de sentido nuestro quehacer en el presente que nos muestran que el oprobio no es destino manifiesto, y que por el contrario, en la diversidad del movimiento social podemos encontrar referentes que nos ayuden a afrontar de manera pertinente los desafíos de la decadencia contemporánea.  En últimas :

La construcción de nuestra memoria histórica, entonces, no se limita a la reivindicación de nuestros muertos sino que recobra los sueños y proyectos por los que entregaron sus vidas. Implica ejercicios de investigación que pongan de nuevo a nuestro alcance las diversas formas de organización y de trabajo de los sectores populares en Colombia para oponerse a la opresión del capital. Y esto no solo como una forma de ampliar nuestro conocimiento de la historia desde los sectores populares sino como la manera de no declarar el pasado como clausurado y aceptar nuestra actual realidad como algo natural y definitivo. El pasado de los oprimidos sigue vivo y es la fuerza que alimenta nuestras luchas, la posibilidad de preñar el presente con otros mundos posibles[20]

 

 

[1]          8 de Marzo  de 2006
[2]          31 de Marzo de 2011
[3]          22 de Marzo de 2012
[4]          Aunque Lizaida ya era egresada, fue parte activa en la Universidad Pedagógica Nacional. Murió junto con los estudiantes Óscar Arcos y Daniel Garzón el 25 de Marzo de 2012.
[5]    TASSO,Pablo. Sobre la memoria, la conciencia y el pensamiento en América Latina. Entre la laguna y el pantano.
[6]    Ver en : Oscar Salas y las víctimas del Esmad. En: http://www.elespectador.com/esmad/columna189286-oscar-salas-y-victimas-del-esmad
[7]    Ver en: Ana, madre de Oscar Salas, estudiante universitario asesinado por el Esmad, se encadena a las afueras de la fiscalía. En: http://www.colectivodeabogados.org/Ana-madre-de-Oscar-Salas
[8]    Ver en: A 3 se eleva número de muertos por explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.vanguardia.com/historico/100402-a-3-se-eleva-numero-de-muertos-por-explosion-en-la-universidad-de-narino
[9]    Ver en: Investigan causas de explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/investigan-causas-de-explosion-universidad-de-narino-articulo-260313
[10]  Ver en: Universitario murió tras una explosión. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-4480113
[11]  Ver en: Murió estudiante tras explosión en la Uptc. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11411041
[12]  Ver en: Explosión en suba deja tres estudiantes muertos. En: http://noticiasunolaredindependiente.com/2012/03/25/noticias/explosion-en-suba-deja-tres-estudiantes-muertos/
[13]  Ibid
[14]  Ibid
[15]  Ver en: Estudiantes muertos en Suba estarían preparando atentado en festival. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11658122
[16]   Ver: Explosión en Suba se debió a fabricación de papas bomba En: http://www.elespectador.com/noticias/bogota/explosion-suba-se-debio-fabricacion-de-papas-bomba-articulo-334399
[17]  Ver por ejemplo: Crece alarma por uso de explosivos mortíferos entre estudiantes. En: http://www.semana.com/nacion/articulo/crece-alarma-uso-explosivos-mortiferos-entre-estudiantes/255596-3
[18]  Por una memoria de lucha. En: http://www.foroporlamemoria.info/2012/09/por-una-memoria-de-lucha/
[19]  Ibid
[20]  La memoria como herramienta en la lucha de clases. En: http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6973:la-memoria-como-herramienta-en-la-luca-de-clases&catid=58:opinion&Itemid=182