Apartados

Un nuevo Falso Positivo en el Gobierno del Nobel de Paz

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Lo que ellos nunca supieron fue que vendándome los ojos por tanto tiempo terminaría por fin aprendiendo a ver. De lo que tampoco se enteraron fue que por entre las heridas de las cadenas me retoñaron las ansias de libertad como malezas florecidas”

Antonio Camacho Rugeles

Común se ha convertido en este país, ver cómo los medios corporativos de comunicación, – mejor, de desinformación-, se configuran como jueces y jurados de las vidas de jóvenes involucrados en las luchas sociales por una vida digna. No es nuevo, levantarse con noticias de personas asesinadas o detenidas por ser señaladas de ser “terroristas”, “guerrilleras”, “agitadoras” y un largo de etiquetas que intentan exponer a estudiantes, campesinas, indígenas, trabajadoras y/o toda aquella persona que cuestione el sistema político y económico o al mismo Estado a un escarnio público desgarrador con el fin de exterminar sus vidas, sus familias, sus carreras profesionales, su dignidad, ante un país que lamentablemente, todavía traga entero.

Los medios de des-información lo hicieron con el profesor Miguel Ángel Beltrán, crítico y académico importante para la historia de este país señalado con pruebas risibles de pertenecer a las FARC; hace dos años, la historia se repitió con las 13 compañeras estudiantes -en su mayoría- de la Universidad Pedagógica Nacional, condenadas por los medios de pertenecer a una célula urbana del Ejército de Liberación Nacional (ELN)1. No bastándoles con esto, y aun fracasando en su intento por acabarlos política y judicialmente como soñaban, pues en ambos casos tuvieron que ser dejados en libertad, repetimos, por las risibles pruebas que se mostraron en su contra y por el absurdo procedimiento llevado a cabo en su momento, lo volvieron a hacer también con el caso de Mateo Gutiérrez2; el cual fue señalado de pertenecer al ELN, posteriormente vinculándolo a una célula de la organización Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP).

El domingo pasado, 25 de Junio, los medios inician sus emisiones con la detención de 9 compañeras acusadas de participar en la detonación del artefacto explosivo del pasado 17 de Junio, en el Centro Comercial Andino que dejó el saldo de tres personas muertas. Por un lado el ELN condenó el ataque y negó algún vínculo con la acción3 y por otro, el MRP a través de un video y un comunicado escrito, condenaron la acción y señalaron la conveniencia que estos hechos le producen a la extrema derecha del país.4 No hay que olvidar cómo desde el mismo Estado y desde grupos paramilitares se han ejecutado actos terroristas para crear un clima de inseguridad, y culpar, como lo ha venido haciendo, a organizaciones sociales y populares. Para la muestra, cabe mencionar los atentados que produjeron las Fuerzas Militares días antes de la posesión del segundo mandato de Álvaro Uribe, el cual venia posicionando en la opinión pública un ambiente de guerra total.5

Las historias parecieran ser escritas por el mismo autor, una acción militar importante que sacude la inmaculada capital, posterior a ello, un circo mediático en cabeza de las principales autoridades distritales, que incluyen una declaración en el lugar de la escena, posterior a ello declaraciones muy sentidas del Gobierno Nacional, predicando “la tenacidad de todo un pueblo que no se doblega al terrorismo, que confía en sus instituciones y que no descansará para poder dar con el paradero de aquellos que osan irrumpir la tranquilidad de la capital”. Acto seguido, las autoridades con todo un despliegue al mejor estilo de Hollywood, capturan a los “culpables”. Sin duda hay que apostar por “culpables” que sirvan de carne de cañón para dar un mensaje a toda la sociedad, el manual dice que hay que revisar los pasillos y aulas de las principales Universidades públicas del país, como bien lo anuncio el periódico El Tiempo6.

Así pues, en medio de la tan evidente artificiosidad del relato de los entes investigadores respecto a las responsabilidades de la explosión en el Centro Comercial Andino, resaltan algunos elementos que desde ya ponen en sospecha las “decenas” de pruebas7 que corroborarían su versión de los hechos. En primera medida se podría hacer mención a las inconsistencias presentes sobres los imputados tales como los relatos hablados8 que no coinciden en lo más mínimo con los presuntos implicados, situación que recuerda las injurias9 sobre Mateo Gutiérrez a las que nos hemos referido en párrafos anteriores. Por otra parte, la línea de incongruencias continua respecto a los procesos de captura como se evidencia en el caso de Iván Ramírez, quien fuese retenido en supuesta flagrancia y posteriormente tendría que ser puesto en libertad por irregularidades en el proceso10, lo cual permite inferir, que la tan mentada “contundencia” de los hallazgos que se ciernen alrededor del caso se encuentra en entredicho.11 No es de extrañar entonces la poca creatividad manifiesta por los entes investigativos quienes se han referido a los supuestos “alías” de los detenidos según alguna de sus características físicas, en ese sentido, se designaron motes12 entre los que se destacan por su obviedad: “El calvo”, “la japonesa”y “el barbas”, los cuales permiten corroborar la “lucidez” de quienes emiten los señalamientos.

Sin embargo, la oleada de incoherencias no termina allí ya que existen otros elementos que igualmente invitan a cuestionar la versión oficial de los hechos. Ejemplo de ello es el vaivén ideológico bajo el cual se ha tratado de etiquetar al MRP a quienes inicialmente señalaron de ser una célula urbana del ELN13, posteriormente, se dijo que estarían compuestos principalmente por “extremistas y anárquicos”14, y hasta se ha dicho que tendrían un origen Maoista15. En otras palabras el MRP sería según la astucia policial, un sancocho de diversas expresiones políticas que logró poner deacuerdo al Che Guevara, Bakunin y Mao Tse Tung en una misma organización. ¡Logro nunca antes visto en la izquierda criolla!. Semejante despropósito sólo es posible en un país en el que la demencia es pan de cada día, y para la muestra, las declaraciones del Senador del Centro “Democrático” Daniel Cabrales ante la tragedia en Mocoa , según él, producto de dinamita de las FARC-EP16 , o , la especulaciones sobre la participación de la Francesa Julie Huynh en la explosión del Centro Comercial Andino17.

Otro de los elementos que causa sospecha sobre este caso tiene que ver con la hipótesis manejada por las autoridades según la cual el artefacto explosivo habría detonado por error en un día y hora no previstos18 ya que no se estaría buscando la afectación a civiles. Contemplando por un sólo momento que esto pudiese ser posible, surge a manera de pregunta ¿por qué no se encontraron panfletos que reivindicarían la acción como ha característico de parte del MRP?. Estos y otros elementos se unen en una larga cadena de incongruencias en lo que respecta a la versión de los hechos difundida por las autoridades y a partir de la cual se imputan cargos a los detenidos.

El resto viene siendo historia contemporánea, el enemigo ya no está en el monte, ahora el Estado, se ha encargado de crear un nuevo enemigo, – como lo hizo hace más de 60 años con la creación de un enemigo interno que sirviera para justificar sus atrocidades incluida la corrupción que acompaña sin cesar al Estado-, este enemigo ya no es mayoritariamente campesino, ahora es urbano, joven, crítico, pero sobretodo, lo que no puede faltar es que sea estudiante o egresado de una universidad pública, eso, según los terroristas de Estado, es un dato clave ante este nuevo panorama. Sin embargo, los/as estudiantes siguen luchando por la libertad, pero esta vez tras las rejas, otras, en cambio salen a solidarizarse con aquellas con las que alguna vez compartieron un café, un cigarro, una marcha o una clase. Una vez más la calle de Paloquemao -y todas, en general-, nos convoca a hacer de la solidaridad un acto.

Sabemos muy bien que estos casos se multiplican por todo el territorio, jóvenes luchadoras son condenadas a callar tras las rejas, inculpados de diversos delitos o enviados al exilio. Desafortunadamente algunos de estos casos no son tan mediáticos, pero por ellos también levantamos nuestra rabia. El plan de desmoralizar, callar y atemorizar a la juventud, las indígenas, campesinas, trabajadoras y mujeres es sistemático. Los medios se constituyen en la punta de lanza, para contrarrestar a una generación, que sabe muy bien que el conflicto continúa.

Basta ya de Falsos Positivos Judiciales para mostrar resultados ante una opinión pública desinformada, basta ya de acabar con los sueños de tantas jóvenes que quieren un mundo mejor, basta ya del terrorismo de un Estado que NO quiere la paz. La historia nos demuestra que, aunque se cierre un conflicto armado, el conflicto social se perpetúa y se profundiza, sabemos que los que siempre han estado en el Poder van a hacer hasta lo imposible por perpetuarse, es por ello que las palabras y actos solidarios transgredan el orden jurídico, y político de este Estado inviable.

¡No estamos todas, faltan las presas! ¡Libres las queremos!

SubVersión- Colectivo contrainformativo.

4 Declaración Movimiento Revolucionario del Pueblo MRP https://www.youtube.com/watch?v=9L2MfxV_H-E

Palabras de Lorenzo Morales-Vocalista del Grupo “El Noi del Sucre”

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Lorenzo Morales vocalista de “Noi del Sucre” y “Los Muertos de Cristo”, habla sobre el proyecto “El Noi del Sucre” y la importancia de la Autogestión como herramienta de lucha.

Biblioteca Popular José Ingenieros. Buenos Aires Abril 2017

La Reconciliación en el país del sagrado corazón: ¿Entre quienes y para qué?

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Últimamente ha adquirido notoria relevancia hablar de reconciliación al interior de la sociedad colombiana. Dicho concepto es utilizado de múltiples formas, a tal punto que su interpretación llega a ser confusa, en especial, cuando el Estado quiere imponer la interpretación más conveniente para la clase que detenta el Poder. Como dirían las mamás, pues busque en el Diccionario y eso hicimos; la Real Academia de la Lengua Española (R.A.E) afirma que el término de reconciliación alude a “1. Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos.”

Si partimos de esta definición sería lógico pensar que alguna vez estuvimos unidos, puesto que para acordar los “ánimos desunidos”, tal como se menciona en la definición, en algún momento de la historia tuvimos que tener algún tipo de acuerdo que nos cohesionara como grupo social. Así pues, la base filosófica de la idea de reconciliación comienza a desvanecerse frente a lo que ha sido nuestra realidad histórica puesto que en Colombia ni siquiera se ha consolidado un proyecto de nación -ideario bastante discutible de entrada-. Esto se hace evidente en las pugnas que se han dado en nuestro territorio desde la gesta bolivariana, pasando por el surgimiento de los partidos políticos, la guerra de los mil días, la época de la violencia, y en general, nuestra historia reciente, por tan sólo citar algunos referentes, en ese sentido, si no podemos hablar ni siquiera de un proyecto artificial como lo es el de nación en Colombia, mucho menos puede hacerse sobre uno de implicaciones mucho más profundas como lo es el de “Pueblo”.

Ahora bien, en caso de que hipotéticamente fuese posible dejar de lado lo que señalamos anteriormente aparecerían en el escenario otros elementos que igualmente problematizarían el concepto de reconciliación que tanto se promueve hoy en día. Aunque existiese dicha situación idílica en la que fuese posible una reconciliación, en lo que el término se refiere, sería obvio preguntar ¿en Colombia quienes tendrían que ponerse de acuerdo? Y ¿con qué fines sostendrían lo acordado?

Si hablamos de esto con algún funcionario del Estado, nos dirían que simplemente se trata de reconciliarnos como país, lo que traducido de nuestra parte en palabras más sinceras, significa reconciliarnos entre quienes han sufrido esta guerra – desde sus orígenes-, condenados a sobrevivir por debajo de la línea de pobreza, vendiendo nuestra mano de obra de forma miserable; con aquellos que la han comprado beneficiándose de nuestra explotación.

Por ello no nos resulta descabellado afirmar que lo que realmente se busca promover es que nos reconciliemos con las clases que se han beneficiado de nuestra hambre, que nos han robado nuestras raíces y nuestra tierra. La dignidad nos impide estar dispuestos a esto, ya que no podemos olvidar que lo que aquí sale a la luz es la existencia de la lucha de clases, un claro antagonismo en la historia en el que no es posible acordar cuando lo que está en juego son modos radicalmente diferentes de ser/estar en el mundo. No estaríamos nosotros y esperamos que ustedes tampoco estimados lectores, en estar de acuerdo en que existan pobres y ricos, que para que el patrón viva cómodamente con su familia nosotros tengamos que estar sobreexplotados en el trabajo, o tener que sacrificar horas de nuestras vidas por salarios ridículos mientras otros ganan millones durmiendo en una cómoda silla en el Senado por tan sólo citar ejemplos.

Como no se trata una cuestión de voluntades, y eso si lo hemos aprendido en los libros de historia, no podemos esperar ni reconciliar lo que nunca ha sido conciliado, ni tampoco llegar a acuerdos cuando unos tienen la barriga llena y otros no. Por ello insistimos en reconocer de manera abierta y franca, que lo que realmente vivimos es una lucha constante entre dos intereses y que para superar este estadio, es necesario que desaparezcan las condiciones que posibilitan los antagonismos de clase, es decir, las condiciones materiales concretas, si queremos ser más específicas, que el pan, la tierra, el ocio, y el descanso deje de ser el lujo de unos y la preocupación de otros, para ser el disfrute de todas.

Esta reflexión surge para iniciar el debate sobre el momento histórico que vivimos, y como desde el movimiento anarquista podemos afrontarlo sin temor a expresar nuestra posición, momento en el cual las principales insurgencias del país, han entrado como varios años atrás en etapas de diálogos, las FARC-EP con la expectativa de que el gobierno Santos cumpla lo acordado, y el ELN ad portas de una negociación que se plantea mucho más ambiciosa en su agenda inicial, pero que veremos desde el 8 de Febrero a que tanto está dispuesto a discutir un país controlado por grandes mafias nacionales o internacionales que han demostrado no estar dispuestas a ceder en sus intereses de clase.

Colectivo Contra informativo Subversión

¿Puede la tristeza ser potencia revolucionaria?

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La vida es una fuente inagotable de decepciones, tal vez

porque es una fuente inagotable de esperanzas”1

Los ojos de los marinos son casi siempre unos ojos

muy tranquilos y muy calmados. Tal vez, es el

hábito de las tormentas el que les ha dado

esa serenidad”2

Es bastante recurrente en las discusiones que versan sobre aquello que sería necesario para vivir en un mundo mucho más fraterno y digno escuchar argumentos que aluden a diferentes planos de la vida social como la economía, la política o la cultura, sin embargo, es muy poco lo que se ha dicho sobre el plano emocional que estaría vinculado a un proceso de transformación de tal envergadura. Paralelamente, pareciese existir un acuerdo tácito entre la mayoría de los matices, de izquierda o de derecha, en reconocer en la alegría bien sea como práctica o como fin, un factor indispensable para el cambio social. El acuerdo es aún mayor cuando a la tristeza se refiere, ya que ambas opciones políticas suelen condenarle puesto que desde su perspectiva aparece como un ostracismo que inmoviliza perse cualquier posibilidad de acción.

Precisamente será el carácter absoluto con el que se suele referir a la tristeza el que generará las inquietudes que motivaron a escribir el presente artículo en el cual de entrada anunciamos que partimos de la sospecha que la intromisión del capitalismo en el mundo de las emociones ha logrado por un lado cooptar la alegría para hacerle funcional en el desarrollo mercantil, y por otro, despojar a la tristeza de los alcances revolucionarios que podría llegar a tener si fuese conducida de una manera determinada, tanto una cosa como la otra, serán dos caras de una misma moneda que contribuye al aseguramiento y reproducción de las condiciones de explotación características de la voracidad del sistema capitalista. Para sostener nuestra tesis, acudiremos a breves referencias que giran en torno al mundo del trabajo en la actualidad, y a su vez, también nos apoyaremos en elementos relacionados con el estereotipo de masculinidad imperante.

Lo primero que habría que apuntar en ese sentido es la comprensión del funcionamiento del mundo del trabajo en las sociedades contemporáneas y su relación con la alegría. Así pues, afirmamos que la división internacional del trabajo se expresa en dos modelos aparentemente antagónicos pero que en realidad son sólo la necesidad del capitalismo de ajustarse a determinados niveles de la producción de bienes y servicios según las dinámicas que puja la relación centro-periferia. Los modelos a los que nos referimos son los que han sido denominados como Taylorismo y Toyotismo, cada uno de ellos, funcional a determinados contextos.

Como se sabe, el Taylorismo deviene de su mentor Frederick Taylor quien bajo la expectativa de organizar científicamente el trabajo ideó un modelo en el que buscaba hacer más efectiva la producción para maximizar la ganancia. Para tal fin, el modelo de trabajo proponía organizarle bajo la línea de tres elementos fundamentales a tener cuenta: en primera medida separar a los obreros (y su conocimiento) del proceso de trabajo para ser apropiado por la gerencia, y de esta manera, asegurar el control de estos frente a los primeros. En segundo lugar y en estricta ligazón con el elemento anterior, con el conocimiento que ha sido despojado del obrero y apropiado por su patrón, lo siguiente es sistematizarlo de tal manera que sea él quien siempre puede disponer de su transmisión para que cualquier persona pueda desempeñarlo, y finalmente, el tercer elemento a tener en cuenta será la aplicación de la separación del conocimiento del trabajador y su monopolio por parte del patrón quien podrá entonces diseñar y planificar a su antojo la totalidad del proceso de producción. Con todo ello, lo que se presentó fue la conversión de los trabajadores y sus saberes en meras piezas de engranaje encargadas de desarrollar tareas especializadas tal cual y cómo funcionan las grandes líneas de montaje en las que el control del tiempo y las actividades es fundamental. Por otra parte, el Toyotismo aparece como una expresión de un capitalismo más contemporáneo en el que se busca promover un sistema de gestión “amable” con el trabajador, pero que en realidad, es sólo una careta que sigue reproduciendo la explotación. En efecto, en el Toyotismo se busca proyectar una imagen distinta de los círculos de trabajo tradicionales, para ello, promueve una supuesta mayor independencia e incidencia de los trabajadores mediante escenarios de participación que bajo el esquema de “cultura empresarial” les integra en algunos planos decisorios que en lo absoluto modifican las estructuras verticales de la empresas, y por el contrario, están orientados a fortalecerlas en su ordenamiento vigente, así pues, serán comunes los conocidos círculos de calidad, las “bonificaciones al emprendimiento”, entre otras, que promueven inculcar en el trabajador un sentimiento de “pertenencia” con la empresa de tal manera que esté dispuesto a entregarle lo mejor de sus habilidades y recibir un escueto reconocimiento por ello, en últimas, el Toyotismo aparece como una expresión sutil en apariencia, pero no en su fondo, de la explotación capitalista.

Ahora bien, fácilmente el lector se podría preguntar qué tiene que ver todo esto con las afirmaciones sobre la alegría realizadas en los párrafos anteriores, y no es para menos, ya que en lo enmarañado de las descripciones se ocultaría el papel que juegan las emociones como trataremos de mostrar a continuación. Hace casi dos siglos mientras Marx adelantaba sus teorizaciones respecto a las transformaciones que se daban en el mundo del trabajo jalonadas por el impacto de la revolución industrial se hacía evidente para él que sus implicaciones trascendían del oficio meramente manual para el naciente proletario, en efecto, uno de los aportes más relevantes en la materia planteados por el alemán tiene que ver con su acertada descripción de los nocivos efectos del trabajo asalariado más allá de sus evidentes implicaciones en lo que a la producción se refiere. En otras palabras, Marx identifica que con la alienación del trabajo no sólo se destruyen las formas que hasta el momento habían existido para realizarlo, sino que conjuntamente, se destruye el sujeto y su significación en relación a la obra producida en el acto de trabajar. Para ser precisos, Marx señalará:

¿En qué consiste la alienación del trabajo?. Ante todo, en el hecho de que el trabajo es exterior al obrero, es decir, que no pertenece a su ser; que, en consecuencia, el obrero no se afirma en su trabajo, sino que se niega; no se siente cómodo, sino desventurado; no despliega una libre actividad física e intelectual, sino que martiriza su cuerpo y arruina su espíritu.(…) el carácter exterior del trabajo con respecto del obrero aparece en el hecho de que no es un bien propio de este, sino un bien de otro; que no pertenece al obrero, que en el trabajo el obrero no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro.3

Visto de esta manera, el trabajo que emerge con el capitalismo destruye en el obrero su sentido de la existencia frente al acto creativo de producir la obra y hace que pierda su carácter de afirmación del ser que le ejecuta para convertirse en mera actividad que asegura unas condiciones de subsistencia. Con todo ello, nos dirá Marx, el trabajo se convierte en un suplicio del cual se espera salir lo más pronto posible, será característico entonces, que en el obrero se gesten sentimientos de martirio, desazón, frustración, entre otros, en la medida que es absorbido por las condiciones del trabajo alienado. Así pues, conforme con el paso del tiempo y la mundialización de las formas del trabajo asalariado, se harán igualmente extendidos y cada vez más agudos los sentimientos de amargura en el proletariado a lo largo y ancho de la geografía planetaria, sin embargo, el sistema del capitalista no ha sido mero observante de esta situación, y por el contrario, de manera concienzuda y dedicada ha puesto sus esfuerzos en controlar los posibles efectos negativos de su propia naturaleza del tal manera que su reproducción no se vea amenazada.

En correspondencia, no es de extrañar que desde el mismo momento que se comienza a masificar el trabajo asalariado, y con él, las formas de resistencia del naciente proletario vía sabotaje de las máquinas y fábricas acompañado de la vehemencia de no integrarse a estas últimas, se promovió e impuso un discurso desde las elites que condenó con apelativos como holgazanería, vagancia, entre otros, la negativa a trabajar asalariadamente. Este discurso aún vigente hasta nuestros días tiene otros correlatos que le alimentan de manera sutil, por ejemplo, el hecho de justificar una actitud positiva en torno a la productividad, que si se tiene en cuenta la inoperancia de la normativa social patriarcal existente, podría entenderse uno de los varios motivos por los cuales el prototipo de masculinidad agenciado pone de relieve para los hombres -según su puesta naturaleza- actitudes de negación de aquellos elementos sensitivos/sentimentales que no se asocien con la fuerza/fortaleza que les distinguiría. Por tanto, parecería que un discurso revolucionario en la actualidad debería tener en cuenta una concepción de la masculinidad en la que se le aprecie de una forma radicalmente distinta, puesto en sentido literario Octavio Giraldo escribió:

¡Nada más bello que un hombre llorando! Es un testimonio de que es una persona humana, con sentimientos, escapado del macho artificial para ser el hombre real y valioso que sabe tanto de coraje y valor como de amor, ternura y dolor. Hermosa estampa de amante, padre, amigo, ser sensible, dador de ternura, atención, afecto. Valiente confesión de las debilidades reales. Destrucción de fachadas hirsutas y mentirosas.4

Así pues, es posible afirmar que si el capitalismo realiza una promoción de la alegría (en otras ocasiones utiliza a modo de sinonimo el concepto de felicidad) es desde un interes utilitario fijado a partir de la necesidad de reproducirse de una forma mucho más eficaz ya que un trabajador que no se siente motivado en su tarea no tiene el mismo margen de productividad que uno que si lo esté. Para no ir tan lejos, podemos encontrar afirmaciones como “las personas felices incrementan su productividad hasta en 88% en comparación con aquellas que no tienen un estado de ánimo positivo en el centro de trabajo, reveló una investigación de la consultora Crecimiento Sustentable.”5, o, “de acuerdo con el estudio ‘Felicidad y trabajo’, la gente feliz presenta hasta 33% mayor energía y dinamismo, que deriva en mayor eficiencia y productividad en las empresas.” 6, presentes en un articulo del portal mexicano “El Economista” citadas únicamente a manera de ejemplo sobre el ideario que desde el capitalismo es agenciado al respecto7. En esta perspectiva se encuentra un hilo conductor que deja en evidencia los esfuerzos del sistema por encubrir la desazón, y con ella el bajo rendimiento, que produce en el proletariado las condiciones del trabajo alienado, materializados en caudales de productos literarios, cinematográficos, publicitarios, televisivos, entre otros, que tiene su expresión más grotesca en los programas de “autoayuda” y “superación personal” tan de boga en la actualidad.

Después de todo esto, quedan puestas las cartas del capitalismo sobre la mesa en relación a su vocación real de promover trabajadores (por no decir esclavos) contentos y satisfechos en su labor ya que es un imperativo para su explotación eficaz en términos de productividad, sin embargo y a pesar de ello, aún lo dicho no da lumbre sobre cómo la tristeza podría albergar una potencia revolucionaria, cuestión a la que dedicaremos las últimas líneas del presente artículo. En ese sentido lo primero que debemos aclarar es a qué nos referimos cuando hablamos de potencia, así pues, retomamos las reflexiones del filósofo Aristóteles8 quien señalaba que la potencia (o poder) debe ser entendida como posibilidad en relación al cambio. Por tal motivo, la potencia se expresará como oportunidad de la transformación que efectivamente se produce, o también, como la posibilidad de que no lo haga, bien sea en el sujeto u en la intervención que este realiza a su alrededor. Es clave tener en cuenta que para el filósofo griego, la potencia necesariamente requerirá de una condición inexorable para su consecución: encontrarse libre de obstáculos externos que le permitan ser. Es precisamente este elemento el que podría llegar a dotarle de carácter revolucionario.

Interpretamos que algo es revolucionario en la medida que logra trastocar profundamente la raíz de una estructura determinada para darle paso a un nuevo estadio. Dicho ello, afirmamos que la impronta revolucionaria de la tristeza estaría ligada a las condiciones que le son originarias, en otras palabras, lo que decimos es que si la tristeza de las sociedades contemporáneas está ligada a manera de consecuencia directa por la dinámicas de explotación propias del sistema capitalista, en ellas mismas se podría encontrar el germen que permita superarlas. Si el trabajo alienado produce rabia, frustración, y en últimas, la negativa del propio ser, es momento de recuperar nuestras emociones como la potencia de la que habló Aristóteles, es decir, como posibilidad de cambio. Porque rechazamos la intromisión del capitalismo en nuestro mundo sensible, negamos que nuestra tristeza nos petrifique, del mismo modo, que nos negamos a hacer de la alegría un lubricante para el correcto funcionamiento de la estertora maquinaria de la voracidad capitalista. A cambio de ello, reivindicamos que nuestra tristeza y lo que de ella se desprenda, como todo nuestro universo sensitivo, estén en función de humanizar la existencia, y no, de inmovilizarnos en nuestra propia explotación. Reivindicamos entonces que nuestras emociones sean la gasolina de mundos nuevos, que la alegría sea para colorear la fraternidad, y la rabia, tenga su lugar para extinguir en la ferocidad de su fuego las prácticas que desde el capitalismo nos han condenado a una desolación que contraria la ley de vida, que no es otra cosa, que la ley del constante cambio.

Contra el sistema y su alienación: Proletarios frustrados de todo el mundo…..¡atacad!

1VARGAS,Vila. José María. Diario secreto. Arango Editores. Bogotá, Colombia. (1989). p 123.

2Ibid, p 124

3MARX,Karl. Manuscritos de 1844. Tesis económicas, políticas y filosóficas. Ediciones Génesis. Bogotá,Colombia. Pp 106 – 107.

4GIRALDO,Octavio. Los héroes también lloran: por una auténtica masculinidad. Litocencoa. Cali, Colombia. (2003). P 8.

5Trabajadores más felices son 88% más productivos. Disponible en: http://eleconomista.com.mx/finanzas-personales/2012/01/04/trabajadores-felices-son-88-mas-productivos

6Ibid

7Otros relatos similares se encuentran en “El poder de la alegría en el trabajo” Disponible en: http://www.newfield.cl/newsletters-antiguos/alegria-trabajo y “La gente feliz es más productiva” Disponible en: http://www.lagranepoca.com/vida/41651-la-gente-feliz-es-mas-productiva.html

8Presentes en la Metafísica, Libros V y IX.

Resistencias Multicolores

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*El siguiente artículo hace un esbozo básico de las resistencias de los pueblos en Colombia. Es una pincelada histórica general. Se centra en buena medida al proceso indígena, pero sin entrar a fondo. La segunda y quizás tercera parte se irá construyendo a partir de este texto.

Una mirada al caminar de las comunidades, en el cual cada paso, se dirige por el andar de la comunidad, la identidad, la cultura y el territorio.

“Cuentan nuestras gentes más ancianas, nuestros jefes, que los dioses hicieron al mundo, hicieron a los hombres y a las mujeres de maíz primero. Y que les pusieron precisamente el corazón de maíz.
Pero que el maíz se acabó y que algunos hombres y mujeres no alcanzaron corazón.
Pero también se acabó el color de la tierra, y empezaron a buscar otros colores y entonces les tocó corazón de maíz a gente que es blanca, roja o amarilla. Por eso hay aquí gente que no tiene el color moreno de los indígenas, pero tienen el corazón de maíz, y por eso están con nosotros.
Dicen nuestros más antiguos que la gente que no agarró corazón luego lo ocupó, ocupó el espacio vacío con el dinero, y que esa gente no importa qué color tenga, tiene el corazón de color verde dólar.
Y dicen nuestros antiguos que, cada tanto, la tierra busca proteger a sus hijos, a los hombres y mujeres de maíz. Y que llega un momento -que es cuando la noche es más difícil- donde la tierra se cansa y necesita que esos hombres y mujeres le ayuden a vivir”.

Los otros cuentos, Volumen 2

Según la historia oficial, hace un poco más de 500 años, una oleada de “conquistadores” (invasores) europeos comenzaron a usurpar tierras americanas. Podremos decir que al sol de hoy no se han regresado por donde vinieron. Digamos entonces que los que están ahora, -unos cuantos siglos después-, se encuentran con más poder, más dinero y más tierras; con aquella violencia; física y simbólica, compañera de aquellos. Invasores que se han “transformado” en empresas contribuyentes para la economía mundial (transnacionales). Por acá, andan rodando más de 700 de éstas1, europeas, asiáticas y norteamericanas.

Por allá, en los siglos XVI-XVII-XVIII saquearon oro, plata y metales preciosos; hoy, siglo XXI, quieren llevar nuestras aguas, el olor de nuestras plantas, los colores de los bosques, los saberes de las abuelas y la cultura material e inmaterial de nuestros pueblos, y por demás seguir pretendiendo que hagamos todo a lo que ellos no están dispuestos. Leer el resto de esta entrada »

¡Y tu Tranquilo! Que seguimos por lo mismo

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Más allá de las cortinas de humo con aroma a fútbol mercantilizado la situación del país sigue agitándose por las convulsivas aguas de la crisis económica, social y política que se ve manifestada por unos hechos en específico: La minga agraria campesina étnica y popular, el nuevo código de policía, el plan de desarrollo distrital y la reglamentación de la ley Zidres, entre otros tantos que en efecto advierten el turbado clima político y social en el que nos encontramos.

Luego de arduas movilizaciones en nuestros campos por lo largo y ancho de nuestra geografía , la minga agraria campesina étnica y popular y sus sectores convocantes dan parte de victoria después de concertar con el gobierno nacional algunos puntos en los que se cuentan: garantías para la movilización, avances para el reconocimiento de los territorios Campesinos Agroalimentarios, construcción de política pública minero energética. Etc. (1) en la voz de Horacio Duque para el portal web: Rebelion.org

“La Minga dio lo que tenía que dar y pedirle más es una insensatez. No fue un movimiento pensado para destruir de una el modelo neoliberal, pues el acumulado aun no da para esa importante tarea. Se trató de otra experiencia histórica que enriquece la lucha popular y democrática, como aquella ocurrida con los paros campesinos del 2013.

Sera in referente y un antecedente de nuevas luchas, esas si contra el modelo capitalista depredador que el señor Santos rechaza poder cambiar pues él lo representa y se lucra con el mismo. Es su agente político central.(2)

Si bien es cierto que  la minga sirve como un referente de movilización y de repunte de las luchas sociales habrá que problematizar la acción colectiva de la misma y cuáles son en verdad  los acumulados políticos para el movimiento social en general. Frente a ello, nosotras planteamos algunas preguntas que ayuden a generar debate: ¿Qué papel juegan en este escenario de movilización la insurgencia sentada en la mesa de diálogos?, ¿Qué papel jugaron y cuáles fueron las ganancias políticas para las plataformas convocantes?  ¿Cómo se desarrollará el panorama  si el gobierno sigue incumpliendo los acuerdos pactados? Interrogantes que invitan a la reflexión y a la crítica fraterna pues estos escenarios de lucha no pueden ser bandera en específico de organizaciones particulares,  sino que tienen que estar arraigadas en la gente que desde los campos y las ciudades se alzan contra las políticas neoliberales, es decir, habrá que privilegiar al movimiento social, el trabajo de base frente a las agendas políticas de tal o cual organización. La lucha de clases no da tregua y habrá que seguir agudizando las contradicciones tratando de juntarnos desde la diferencia apostándole a la unión clasista y multisectorial.

A su vez, resulta importante poner en duda lo acordado, pues  esas tales garantías para la movilización que el gobierno prometió no existen, y lo acontecido semanas atrás lo demostró al pasar los debates en la cámara de representantes que en dos días aprobaron el nuevo código de policía que en un claro ejercicio nos aproxima a los nebulosos años del siglo XIX y XX regidos por la constitución de 1886 donde prima el estado de sitio y la represión brutal, o peor aún nos trae a la memoria los intensos años de finales de los 70 y comienzos de los 80 con el estatuto de seguridad de Julio Cesar Turbay Ayala que hoy por hoy ha sido renombrado por los áulicos de la oligarquía al cumplirse 100 años de su fatal nacimiento. Esto lo decimos porque en el nuevo código de policía con el pretexto de generar un clima apacible para el ciudadano promedio lo que contiene es una seguidilla de normas que apuntan a seguir criminalizando la protesta social y segregando a población segregada -valga la redundancia- al atacar con ahínco  a las trabajadoras informales, cercenando las pocas garantías que permitían la defensa y autonomía de los ciudadanos y abriéndole las puertas a la brutalidad policial, que por años hemos vivido, pero que de ahora en adelante tendrá el marco legal que siempre quiso para seguir vulnerando nuestra dignidad, denostando nuevamente que este código no es más sino el fiel reflejo de los intereses de la clase hegemónica enquistada en el poder desde hace muchos lustros.

A su vez,  el consejo en el contexto local  acaba de aprobar en el consejo distrital el plan de desarrollo “Bogotá mejor para todos” (3) donde vulnera el derecho a la ciudad para las clases populares que es mayoritaria en la capital. Podemos encontrar allí el detrimento de lo público en beneficio del sector privado, el desarrollo capitalista a costas del medio ambiente y del entorno – la reserva Van der Hammen – el fraccionamiento de derechos y la gestión pública sin la participación de los bogotanos centralizando en su corte burocrática el destino de la capital, en palabras del portal web Radio Macondo: “Peñalosa quiere construir una ciudad en función de devolver los mercaderes al templo y es por eso que ninguna de sus políticas se piensa por fuera de las alianzas público privadas”. (4)  Esto sin mencionar el plan de ordenamiento territorial  el cual  pone bajo su interés  predios pertenecientes a la Universidad Nacional de Colombia y los entrega a constructoras, devolviendo el favor de inversión de sus patrocinadores en la campaña, cumpliendo a cabalidad los sueños de cemento de Enriquito  y el proceso de renovación del centro, que se manifiesta con el acelerado desenvolvimiento el operativo represivo en la calle del “Bronx” donde, obviamente  no se busca erradicar el problema de dependencia de varias personas por las drogas ilegales sino que busca desplazar esta población problemática a otras zonas de la ciudad generando entre otras sensación de inseguridad entre la gente legitimando de esta manera la entrada en vigencia del nuevo código de policía. Todo muy bien orquestado.

Por otra parte y para finalizar ya está lista, en el congreso la reglamentación de la ley Zidres que favorece al empresariado gamonalesco y vulnera al campesinado. Es en sí una contrarreforma agraria integral propia del proyecto de país de la clase en el poder, que se jacta de acordar en la Habana reformas al desarrollo agrario integral y acá mediante leguleyadas le entrega el campo colombiano al capital nacional y transnacional.

“Las Zidres son identificadas como zonas de difícil desarrollo, con bajos índices de pobreza, alejadas de los centros urbanos, es decir: zonas en cualquier lugar de Colombia. Con esto se abre el camino para que los campesinos sean expropiados para darle tierra a los empresarios, se borran de un tajo las condiciones de adjudicación de baldíos, entre otras. Según la exposición de motivos, las Zidres estarán en los departamentos de Arauca, Meta, Vichada, Putumayo, Cauca y Antioquia, y serán los ministros del gabinete quienes determinen cuáles zonas del país se conviertan en Zidres”. (5)

En definitiva lo aquí planteado expresa unas cuantas de las muchas disputas  sociales en el marco de la lucha de clases imperante, donde se hace necesario seguir resistiendo al capital desde todos los flancos,  y proponer alternativas que nos saquen del atolladero, a su vez es un llamado a generar análisis de coyuntura crítico pues no le  podemos seguir dando la razón a David Harvey cuando afirma “la izquierda olvido ser anticapitalista” lo que implica abandonar cualquier posición filantrocapitalista y tomar la calles de campos y ciudades para luchar! Y sí , tú tranquilo! que seguimos en lo mismo pero en las justas luchas organizadas de las clases populares encontraremos y construiremos el camino de la rebelión.

  1. http://congresodelospueblos.org/comunicados-congreso-de-los-pueblos/item/933-la-cumbre-agraria-campesina-etnica-y-popular-avanza-como-propuesta-de-pais.html
  2. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213392&titular=minga-agraria-afianza-derechos-conquistados-
  3. http://aplicaciones.sdp.gov.co:7777/pdd/anteproyecto_plan_distrital_desarrollo_2016_2019.pdf
  4. http://radiomacondo.fm/2016/03/26/plan-distrital-desarrollo-enrique-penalosa-recuperar-bogota/
  5. http://prensarural.org/spip/spip.php?article17171

¡Ay hombe! El Vallenato al son de la lucha de clases

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Son las masacres más grandes
las que vemos aquí cada día
el que no muere de hambre
lo mata la policía.[1]
 
Los platos que rompe el gobierno
los paga mi pueblo trabajando bajo el sol
 no tienen ni solar ni techo
porque su trabajo no tiene valor
se pasan la vida luchando pero este cantante de la población
seguirá con su empeño hasta alcanzarlo
para que a mi pueblo olvidado le llegue la redención
el sistema nos tiene marginados
pero hay que seguir peleando hasta ser el vencedor[2] 

[1]    Canción “Usted, señor presidente”. Interpretada por Máximo Jiménez. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6gultbdT5ek
[2]    Canción “La ley del embudo”. Escrita por Hernando Marín e interpretada por Beto Zabaleta. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=k1SFbQvCLrs

 

 

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No es  una novedad afirmar que alrededor del género Vallenato  se refuerzan algunos de los valores más retardatarios de la sociedad colombiana[1], y que desafortunadamente,  se potencian mutuamente tales como: el patriarcado, la misoginia, la homofobia, el gamonalismo, entre otros. Muestra de lo anterior fue la polémica[2] desatada a raíz del prefabricado y mercantil beso que se dieron en tarima   los intérpretes  Silvestre Dangond y Poncho Zuleta en la más reciente edición del Festival de La Leyenda Vallenata celebrado en la ciudad de Valledupar  hace tan solo algunas semanas. No obstante, a pesar de que es innegable el predominio machista y autoritario que se ha asentado históricamente en este género musical, también lo es, que tales expresiones no son destino manifiesto. Por el contrario, encontramos en el desarrollo del Vallenato referentes importantes que permiten inferir que la lucha de clases se ha enconado en su interior. Frente a esta última afirmación, dedicaremos de manera somera las líneas del presente artículo.

 

Lo primero que habría que tratar refiere a los orígenes del Vallenato en sí mismo. En efecto, su génesis puede rastrearse en el contexto del siglo XIX en el que paradójicamente predominaba la producción agrícola, pero a su vez, podría señalarse la existencia de una condición de marginalidad rural en tanto el proyecto nación era mucho más nebuloso que en la actualidad, derivando  en una precaria conexión entre las distintas regiones agudizada por las dificultades a nivel de comunicación y vías de transporte. Sumado a ello, encontramos que gran parte de la población colombiana era analfabeta, y es precisamente allí, donde el Vallenato encontrará su cuna en un ambiente en el que se carecían de medios/espacios para la  expresión de los diversos grupos poblacionales y su respectivo quehacer.

 

Así pues, los expositores primitivos del Vallenato hacían descripciones simples de su ámbito cotidiano, en ese sentido, serán recurrentes las alegorías a la vida del jornalero. Es de anotar, que estos cantos se realizaban en íntimas reuniones entre amigos o familiares al son de unos tragos, cuestión que deja en evidencia, que además de cumplir un papel como mecanismo de expresión popular de un sector subalterno, y por tanto generador de realidad, el Vallenato también constituía un eje de articulación social. En este punto, es importante hacer mención al papel del Juglar dentro de la historia Vallenato como expositor primitivo de este, ya que a pesar de lo rudimentario de su quehacer, el juglar como figura de correo ambulante entre las poblaciones cumplió un papel significativo llevando toda clase de mensajes musicalizados con un acordeón convirtiéndose en viva voz del acontecer de las regiones de la Costa Atlántica Colombiana, y precursor, de lo que posteriormente será este género musical.

 

Ahora bien, aunque progresivamente el Vallenato logró fundirse al interior de las clases populares, este proceso se centró casi que exclusivamente en la costa colombiana puesto que para aquel entonces predominaba (¿o predomina?) en el país  una valorización social y cultural jerárquica en la que primaba con total holgura las disposiciones de los llamados territorios andinos. Conexo con ello, no es de extrañar que al momento de ingresar el acordeón a territorio nacional no haya sido recibido con buenos ojos de parte de  las clases dominantes urbanas puesto que no era sinónimo de la “alta cultura” de corte europeo[3] privilegiada en ese momento, y por el contrario, el acordeón era relacionado como un instrumento referido para las clases inferiores. Cuestión que deja en evidencia que el Vallenato no sólo emerge como una expresión musical cualquiera, sino que es  representación de las pugnas sociales y culturales en el marco de las tensiones entre sectores subalternos y las elites. Muestra de ello fue el Artículo 62 de los reglamentos del Club de Valledupar –donde se reunían los propietarios de tierras, políticos y empresarios- el cual rezaba:

Queda terminantemente prohibido llevar a los salones del Club música de acordeón, guitarras o parrandas parecidas…”[4]

 

Por otra parte, en el Vallenato los elementos referentes de ser expresiones  de la lucha de clases no se limitan a las pugnas anteriormente señaladas, ya que además de las disputas por la representación, encontramos también en diversos pasajes musicales que  sus contenidos líricos constituyen  claras refutaciones frente al orden social vigente caracterizado por la injusticia, el oprobio y el despojo. En efecto, podría hablarse de la existencia de un “Vallenato protesta” casi siempre referido a cantautores pertenecientes a grupos insurgentes de los cuales uno de sus exponentes más reconocidos es Julián Conrado[5], sin embargo, estos sólo constituyen una parte de todo el crisol que compone esta expresión del género Vallenato, razón por la cual, no es casual encontrar canciones fuera de estos grupos con alto contenido social y político, especialmente, entre las décadas de los años 50’s y 80’s. Examinamos a continuación algunos ejemplos.

 

Santander Duran Escalona compuso una obra titulada “Las Bananeras” que encontró en la voz de Jorge Oñate[6] a mediados de la década del 70 su versión más popular.  En un   fragmento de la mencionada obra se dice lo siguiente: “Solo quedan los recuerdos escondidos, de las cumbias, de la gaita, la guitarra y el tambo. De las balas con  que el pueblo fue abatido en las plazas y caminos cuando la huelga estalló. Porque allá en la zona bananera, allá sufre sin queja  un pueblo soñador”. De lo anterior resaltan dos elementos fundamentales: en primera medida, se rescata la reivindicación de la memoria de uno de los hechos más significativos del movimiento obrero en Colombia como lo fue la Huelga de las Bananeras y la posterior respuesta de la oligarquía criolla que desde ese momento ya se mostraba servil, tal cual como sucede en la actualidad, a los intereses del capital extranjero. Igualmente, es importante señalar que junto con el relato, esté viene acompañado de posicionamiento, es decir, que además de relatar la historia el autor tiene la clara intencionalidad de agenciar un discurso posicionado, un lugar de enunciación que por su escritura en la que hacen simbiosis elementos propios de la cultura del Caribe y el sentir que produjo los vejámenes orquestados por la United Fruit Company, se puede afirmar que la vocación de esta pieza musical es ante todo una apuesta por enarbolar la dignidad de aquellos que sufrieron el oprobio.

Junto con los relatos históricos, encontramos otras narraciones a que pesar no referirse a un suceso puntual logran evidenciar reivindicaciones de diversos sectores sociales, que aunque diferentes en su particularidad, se encuentran ligados a partir de las condiciones de explotación que tienen lugar en Colombia. En ese marco a manera de ejemplo,  aparece la canción  “Los maestros”[7] de Hernando Marín en la que se denuncia  de forma contundente el vilipendio del que son objeto los educadores en el país negándoles la importancia de su quehacer como se constata en las siguientes líneas :

… es aquel montón de hombres y mujeres que lucha incansablemente por educar la humanidad, el maestro va a la escuela diariamente, no le importan que critiquen su aguerrida voluntad (…) También se que este gobierno les paga de vez en cuando, y otras veces por milagro les paga de mes en mes, ese es otro que no sabe agradecer quienes sus hijos tan bien que los están enseñando, no se acuerdan que fueron niños también, y sea hombre o sea mujer debe ser considerado pero como ellos tienen el poder, y las gallinas de arriba le echan flores a las de abajo

De la misma manera, Daniel Celedón Orsini compuso el tema “La lavandera”[8] como un relato  en el que se expone las duras condiciones que afrontaban  aquellas mujeres que ganaban su sustento y el de los suyos  en el ingrato oficio de lavar ropa de familias acomodadas, es de anotar, que Orsini deja entre ver de forma clara su respeto y admiración por estas luchadoras populares. Dejemos que sea la propia canción la que nos hable de ello:

Lavandera que va sufriendo y en tu silencio lloras tu quejas vas expuesta cual hoja al viento con cargamento de ropa ajena,
de pasar el agua corriendo quizás va huyendo de tantas penas y en lavasa de mundo negro se va fundiendo tu piel morena.  Lavandera manduqueando va todo el mugre de la sociedad
dale duro dale mas y mas que hay tantas cosas que deben blanquear(…)Lavandera de poca sombra nadie te nombra nadie te llama  y en tu casa hay llanto de sobra si lo que cobras ya no te alcanza
cada aurora un bojote de ropa y en cada gota se te va el alma , forjadora misión de pompa jabón que engloba desesperanzas.

Así pues,  en la misma línea argumentativa David Sánchez en “El indio Sinuano”[9]  nos muestra la realidad de otro sector social como lo es el indígena de la siguiente manera:  “Y mi tierra me quitaron de las manos, despojado quedé yo con mis hermanos, al abrigo de los vientos, relegado a los pantanos, y mi nombre destruyeron para siempre, con sus nombres bautizaron a mi gente(…)Y mi historia la contaron al revés, me dejaron pocas cosas que servir ,y lo único que queda de mi raza lo usaron para burlarse de mí”. Con todo ello, se puede dimensionar la riqueza y variedad de temáticas sociales presentes en el “Vallenato Protesta” permitiendo afirmar que su vocación no obedece es un hecho baladí, por el contrario, es una clara determinación de la existencia de compositores e intérpretes del género comprometidos con la realidad del país al margen de aquello que los referentes tradicionales que agencian el Vallenato han designado como tal.

Sin embargo,  las élites de este país tienen la particularidad de cooptar todo sentir que emane del pueblo para voltearlo hacia su propia esclavitud, en las grandes parrandas o bautizos que se hacían en las casonas de las familias más adineradas de la Costa, las cuales se caracterizaban por contratar una orquesta que tocaba solo música europea, pero que entrando en juego el tiempo y el alcohol, y posterior a que la orquesta terminaba su función, los dueños de casa invitaban a los cocineros y meseros, que tenían su propia fiesta en la cocina al son del acordeón, la caja y la guacharaca, para que amenizarán la fiesta de sus patrones.

A manera de correlato, es posible enunciar que se ha constituido con el paso del tiempo una comunidad del Vallenato que obedece a los cambios sociales y políticos propios del capitalismo que de manera inexorable afectaron las dinámicas al interior del género. En efecto, a partir de la década de los 80’s se da un proceso de internacionalización del Vallenato en concordancia con la apertura de las comunicaciones, y en general, con la gestación del modelo neoliberal que tendrá su fiel expresión una década después. En este proceso, emergerán empresas musicales que junto con integración de los artistas a los parámetros  de la seguridad para los trabajadores en términos normativos darán la apariencia de un mejoramiento respecto a quehacer, empero, no es fortuito que para esta época se den lucrativos negocios como lo es el caso de la asociación Sayco quien bajo el sofisma de la defensa de los derechos de los artistas logró constituir un monopolio alrededor de los mismos.

Desde allí se abrió la puerta a la instrumentalización del género Vallenato en concordancia con las dinámicas del mercado. Así pues, el fortalecimiento de una industria fonográfica y la proyección de los artistas como productos dentro del círculo mercantil despojaron al Vallenato de su extracción popular. Para hacerlo, el capitalismo lo fundió con otros géneros musicales, en particular, el pop[10] para irradiarlo de un aire que le diese de mayor rentabilidad en el marco de una sociedad que tiene como vector fundamental el consumo. Igualmente, el capitalismo en su búsqueda por apropiarse de la riqueza del Vallenato banalizó su contenido lírico para darle mayor preponderancia a la producción instrumental creando piezas que incentivan la fiesta, elemento que no es nuevo dentro de las dinámicas del género, sin embargo, lo que resulta novedoso es su inserción en festivales del gran envergadura en los que se mueve bastante dinero en patrocinios, publicidad, licor, entre otros. En este festín del consumo y el comercio hasta los artistas han sido transformados para poderse ofertar como productos de vitrina, en ese sentido y en especial en lo que ha sido llamado “la nueva ola”, es recurrente ver que la estética del juglar se perdió para darle paso a jóvenes con atuendos y cortes de moda que recuerdan más a yuppies universitarios antes que a representantes del sentimiento popular.

Con todo ello queda de manifiesto que la lucha de clases también se ha vivido y se vive dentro del género Vallenato. Dicha disputa va desde sus remotos orígenes como expresión propia de sectores explotados que encontraron en la música fuente importante de construcción de tejido social a partir de su cotidianidad cuestión que contó con el rechazo de las clases altas para quienes estas melodías representaban la vulgaridad del “populacho”. Pero las cosas no acaban allí, el Vallenato también ha sido la ventana para diversas reivindicaciones políticas y sociales como observamos con algunos ejemplos que no se agotan en sí mismos sino que por el contrario invitan a profundizar la investigación sobre estas obras cargadas de rebeldía. Lo anterior cobra especial vigencia en una época que le rinde culto a trivialidad y la estupidez destruyendo a su paso expresiones culturales como lo es el Vallenato al convertirlas en otro artilugio de la sociedad del espectáculo[11] que nos invita a parrandear mientras el mundo colapsa en su propia fetidez.

Que las próximas tonadas de los acordeones sean para cantarla al capitalismo: ¡Y va a caer!

[1]    Algunos episodios de la vida y obra de Diomedes Díaz son ilustrativos al respecto. Ejemplo en canciones tales como “La culpa fue tuya” y “La plata”.

[2]    Nos referimos al despliegue mediático dado al suceso, y las reacciones del público en espacios como foros y redes virtuales.
[3]    ESPITIA,Marco De León. El Vallenato. Origen y evolución. La historia bien cantada. Editorial Sic. Bucaramanga,Colombia. (2010).
[4]     SAMPER PIZANO, Daniel. TAFUR, Pilar. 100 Años de Vallenato. Editorial Aguilar (2016)
[5]    Integrante de las Farc-EP. Entre sus canciones más conocidas se destacan: “Regresó Simón”, “Nada personal”, “Palabrota”, “Bolivariando”.
[6]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=RiIusmQVaHc
[7]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=LOVpmdExx-0
[8]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=NO6hCXN3H-8
[9]    Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=cq3v2AfHW-A
[10]  Casos como el de Silvestre Dangond, Pipe Pelaez, Peter Manjarez, entre otros.
[11]  Concepto tomado de Guy Debord.