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Conversación Nacional: Demagogia Estatal

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Tras las jornadas de lucha convocadas en el marco del paro nacional que el próximo sábado 21 cumple 1 mes en Colombia y coincidiendo con el protocolo habitual, el gobierno de turno decidió convocar a un diálogo con los alcaldes electos y diferentes gremios, principalmente empresarios con miras a establecer puntos de convergencia para “solucionar” la conflictividad social. No sobra recordar que esta estrategia también obedece a un poco disimulado intento por calmar los vientos de inconformidad y descontento que ha venido manifestando el pueblo a lo largo de estas jornadas de movilización, mostrándose falsamente como un gobierno amplio, dialogante y conciliador. A continuación, daremos una breve mirada sobre los principales ejes de la mencionada conversación con algunos comentarios que nos suscita a la luz de lo que ha venido siendo la presente coyuntura en el país.

 1- Transparencia y lucha contra la corrupción

El primer punto a tratar fue el de la transparencia y lucha contra la corrupción, “bandera de lucha” que ha llevado Duque en su gobierno según varias de sus declaraciones. Duque hizo mención de su programa “Estado Simple, Colombia Ágil” cuyo principal objetivo era eliminar, racionalizar y digitalizar los trámites que lograban ser el principal obstáculo para la transparencia, afirmó el mandatario, esto con el fin de evitar las fugas de corrupción en la tramitología estatal. En ese sentido, para agosto de 2019 debían haberse intervenido al menos 800 trámites, no obstante, si hacemos un balance del gobierno de Iván Duque en materia de corrupción, es ineludible mencionar que los escándalos que han tenido cierta repercusión mediática involucran a personas que han sido parte del gabinete con el que trabaja, que aquellos trámites intervenidos no llegan ni a 100 y que el principal problema de corrupción se encuentra profundamente ligado a los sectores vinculados a la para-política y, en efecto, el uribismo.

Entre tanto, otro aspecto a tratar fue el de la austeridad y eficiencia que pretende aplicar Duque a lo largo de su gobierno: 6 billones de pesos serán ahorrados durante su gobierno según sus propios cálculos, donde supuestamente se ahorrará desde la racionalización de nóminas, gastos en publicidad y viáticos. Sin embargo, los hechos contrastan con las palabras y para la muestra un botón: en Julio de 2019 Duque firmó el aumento de salario a congresistas cuyo valor oscila entre los 31 y 32 millones. Tampoco podemos olvidar el contrato ilícito que se realizó con la participación de la Ministra de Transporte referente a la ruta del sol y la gran suma de dinero que el Centro Democrático ha invertido en su publicidad. Frente a este último aspecto, vale la pena recordar que el ex-candidato a la alcaldía de Bogotá Miguel Uribe, quien sonó en algún momento como reemplazo de la Ministra del Interior, Nancy Patricia Gutierréz, invirtió más de quinientos millones de pesos en su campaña sin contar que no asistió al primer debate de la CNU (Corporación Unificada Nacional) para revelar las primeras cuentas.

Con estas y otras perlas, el balance en temas de lucha contra la corrupción es desalentador, y como práctica común de las toldas uribistas, poco o nada transparente.

 Fuente: https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2019/190104-Lucha-contra-la-corrupcion-maxima-prioridad-del-Gobierno-del-Presidente-Duque.aspx

 

2- Educación

El segundo punto a tratar es el concerniente al ámbito educativo, en el cual, el mandatario afirmó que la educación va “viento en popa”, que es inclusiva y pertinente en materias de transporte y alimentación para los estudiantes, que todos los niños y niñas tendrán la oportunidad de pertenecer al sistema educativo y lograrán cumplir sus metas. Duque resaltó su compromiso respecto al fortalecimiento de los insumos y los recursos en términos presupuestales para el sector de la educación, y, por último, habló del seguimiento a los estudiantes rurales con miras a evitar la deserción, promover la permanencia y los proyectos flexibles adaptados a los diferentes contextos.

Ahora bien, es necesario aclarar que al igual que en la transparencia y la lucha contra la corrupción nada se ha cumplido a cabalidad. En un primer momento, la educación no ha sido inclusiva teniendo en cuenta que pese a tener uno o dos estudiantes con necesidades especiales en los salones, los docentes no cuentan con los recursos para atender a sus necesidades comenzando por la gran cantidad de estudiantes por salón, sumado a ello, habría que incluir la constante precarización de la labor docente, la injerencia de organismos internacionales en el diseño de mallas curriculares funcionales a las necesidades de la presente faceta neoliberal, entre otras circunstancias. Tampoco podemos desconocer la ausencia de recursos que tiene la educación superior pública desde hace más de 20 años y los problemas de corrupción que le colindan, para ratificar véase  un par de ejemplos: tenemos a la Universidad Distrital Francisco José de Caldas cuyo rector podría estar involucrado en el robo de más de 11 mil millones de pesos destinados para la infraestructura de la institución, y por otra parte, el rector de la Universidad Pedagógica Nacional afirmó que hay un déficit de aproximadamente 18 billones de pesos. Así puestas las cosas, aparece en el panorama que la discusión y reivindicaciones del sector educativo no son un asunto baladí. Es más que legítima la importancia de salir a las calles, informarse acerca de la coyuntura del país y expresar la inconformidad por este gobierno que miente, intimida, empobrece y asesina.

Fuente: https://www.google.com/amp/s/amp.larepublica.co/economia/universidades-reclaman-recursos-para-cubrir-deficit-que-llegaria-a-los-18-billones-2777359

 3- Paz con legalidad

Con el desarrollo de éste eje, el gobierno Duque pretende llegar a zonas históricamente afectadas por la violencia, para garantizar el desarrollo de las zonas rurales, proteger la vida digna y evitar las actividades ilegales, según la discursiva oficial. El objetivo principal, según nos cuentan, es actuar con base a lo discutido para corregir y nutrir la implementación de la política de paz con legalidad. Este es uno de los ejes que más genera ampolla, pues no es un secreto que el incumplimiento en la implementación de los acuerdos alcanzados con las FARC-EP ha sido una constante durante el gobierno de Duque. Aunque desde el gobierno se asegure que éste eje pretende ir más allá de la implementación de los acuerdos, varios sectores que han sido convocados para participar en este se han negado porque el sólo nombre del mismo presupone ilegalidad en los acuerdos alcanzados -entre otras razones-. La movilización de diversos sectores sociales que se ha venido acrecentando en los últimos días, reclama a gritos condiciones de vida digna para la población, sin embargo, la respuesta estatal ha sido, como siempre, la represión. Cabe preguntarse qué vida digna pretenden proteger, sí esta no existe para las clases desposeídas de este país, sí la criminalización de la protesta y el pensamiento crítico es pan de cada día, y en general, la muerte, la persecución y el miedo, son las fuentes de las que bebe una paz funcional al modelo de sangre y despojo que se ha impuesto en Colombia.

4- Medioambiente

En su propósito de acción medioambiental, “Plan Nacional de Desarrollo por la Sostenibilidad: “Producir conservando, conservar produciendo”, el gobierno Duque, tomó como base el ya manido concepto de “desarrollo sostenible”, amparado en las instituciones ministeriales para desplegar todo un plan de acción que combatiera la deforestación, según las cifras del IDEAM, en el primer año de Duque, bajó de 220.000 hectáreas a 197.000 hectáreas. Sin embargo al hacer una pesquisa más allá de los meros indicadores, nos daremos cuenta que el plan del mandatario es incompatible si de un plan ambiental serio y respetuoso con la naturaleza hablamos, en primer lugar, tenemos temas más complejos que la mera conservación cuantitativa de la floresta tropical. Dicho esto, mucho de lo establecido en los planes económicos del gobierno apenas si se diferencia del aliento extractivista que ha manejado la política económica colombiana en los últimos 30 años, con un discurso soterrado y ambiguo sobre el fracking, en el que ni lo rechaza ni lo alienta. No obstante, muchos de sus pronunciamientos nos dejan entrever las intenciones de ceder a los grandes consorcios extractivistas quienes presionan no solo para realizar prospecciones en lugares tan delicados para las relaciones ecológicas como el páramo de Santurbán, prueba de ello es el lobby que hizo contra la demanda del Decreto 3004 del 26 de diciembre de 2013, el cual buscaba reglamentar la exploración y explotación de hidrocarburos en yacimientos no convencionales, Decreto que fue suspendido a inicios de Septiembre en el Consejo de Estado.

Un segundo punto en el que podemos ahondar, es la obsoleta y destructiva práctica de la aspersión con glifosato para la erradicación de cultivos ilícitos, componente altamente cancerígeno y prohibido en muchos países a lo largo del globo. Esta actividad ya ha probado su ineficacia y también su inminente daño a los ecosistemas donde es utilizado y el deterioro a la salud de los pobladores donde es asperjado; esta es una de las más fuertes contradicciones que podemos ver en plano ambiental del gobierno. Lo anterior, es solo uno de los matices de la política criminal que se impone en Colombia en relación con la naturaleza, así pues, es importante que demos una mirada a la laxa legislatura de este gobierno respecto a la explotación de la fauna marina, prueba de esto es la perpetuación de una cuota de pesca de tiburones en el pacífico colombiano convirtiéndose en punta de lanza para una posible apertura  para la caza indiscriminada de estos especímenes junto con la cruel práctica denominada coloquialmente como “aleteo” .

Aunque podríamos ahondar en muchos otros puntos que nos dejan ver el poco o nulo compromiso del gobierno en materia ambiental, estos tres factores reúnen en mayor medida la labor negligente o desinteresada de Iván Duque frente al compromiso social con las poblaciones que sufren los vaivenes de la lógica extractivista, o, con aquellos que conviven con los cultivos ilícitos en medio de una existencia marcada por la precariedad. En últimas, se trata de la desidia frente al compromiso que hoy se hace urgente para la humanidad en materia medioambiental.

 5- Fortalecimiento de las instituciones

Este eje se centra en el respeto de la constitución y la ley, pues según el gobierno esto es la base de la sociedad. Sostienen que la constitución colombiana es ejemplo de garantías y derechos, pero hace falta avanzar para que estos principios tengan aplicación en todos los rincones del país.  A pesar de lo rimbombante de los enunciados, no hay mayor desarrollo frente a lo que pretende trabajar este eje ya que es demasiado vago lo que se menciona del mismo. No obstante, estas afirmaciones dan lugar a diversos cuestionamientos. Hablan del respeto a la constitución y la ley, aún cuando es de conocimiento público que el partido de gobierno tiene en sus filas bastantes casos de incumplimientos de las leyes que dicen defender. De qué garantías y derechos constitucionales se habla, cuando en el país estos son violados a diario. Como ejemplo de lo anterior, está el derecho a la protesta, mientras en cámaras aseguran que lo respetarán en otras instancias dan la orden de perseguir y asesinar a quienes se atrevan a hacerlo; los acontecimientos de las últimas semanas lo dejan en evidencia. La estigmatización de la protesta social hace parte de la estructura fundamental de la política de gobierno de Iván Duque, y su mentor, el capataz del Uberrimo.

El proyecto político que representa Duque busca consolidar un Estado Policial y Militar que logre perpetuar una sociedad basada en la doctrina del enemigo interno, que tanto le ha servido a los grandes capitales para expoliar las riquezas de las regiones y la explotación de las clases desposeídas cada vez más precarizadas.

6- Crecimiento con equidad

Uno de los sofismas más grandes elaborado por el gobierno actual es ese del “crecimiento con equidad”, cuya premisa radica en la máxima neoliberal de las privatizaciones y la búsqueda incesante de capital extranjero. Con unos indicadores escuetos, la vicepresidenta hace unas semanas nos muestra airosa un porcentaje de 3% en el crecimiento de la economía colombiana, pero ¿cómo se refleja esto en nuestra vida cotidiana? Aún no es claro, y todo indica que los únicos beneficiados son los ricos y los super ricos de siempre. Lo que sí nos indican las propias fuentes oficiales –con  cifras bastante conservadoras- es un desempleo de más del 9%, y una brecha social cada vez más grande, con reformas de austeridad (siguiendo las directrices del rapaz Fondo Monetario Internacional) tales como la infame reforma pensional y reforma tributaria aprobada recientemente, se direccionan los nefastos efectos de estas políticas hacia la mayoría de colombianos y colombianas, en un país que tiene la vergüenza de contar con los indicadores más altos de desigualdad en América Latina después de Haití.

Con este panorama podemos ver las mismas fórmulas de hambre y austeridad que desde hace más de 20 años los distintos gobiernos de Colombia han implementado. En correspondencia, Iván Duque no puede ser considerado bajo ninguna óptica como una posible solución para las difíciles condiciones que se ensañan contra las desposeídas en el país, por el contrario, está más que claro que cumplirá a cabalidad con su papel de profundizar la disparidad y el modelo neo liberal, cuyo sistema tiende a agudizar las contradicciones propias del capitalismo como nos lo muestra el panorama global actual.

No ganó el feminismo, no ganó la clase popular, no ganó la naturaleza.

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No ganó

El pasado 27 de octubre se llevaron a cabo las elecciones regionales en Colombia para el periodo 2020-2023, con el fin de elegir gobernadores y diputados a Asambleas, alcaldes, concejales y ediles a las Juntas de Acción Local (JAL). Los resultados estuvieron marcados por una aparente derrota de la línea política uribista en algunos departamentos, ciudades y municipios, sin embargo, ascendió la derecha solapada o como algunas insisten en llamarle: el centro. Los sectores social-demócratas de la región –específicamente en Bogotá- no han escatimado en celebraciones, se les escucha decir por estos días que triunfaron las mujeres, triunfó el pueblo y la justicia social.

Es necesario tener bastante cuidado a la hora de analizar estas elecciones (y lo que viene sucediendo en el país). Los medios de comunicación tradicionales se han mostrado sorprendidos ante la derrota sufrida por la derecha goda y empresarial en territorios en los que solían tener una fuerte influencia, pues en los resultados de las encuestas realizadas previamente –encuestas contratadas por sectores interesados en el triunfo de la derecha recalcitrante- se proclamaban victoriosas las candidaturas que representaban a los partidos políticos tradicionales (Cambio Radical, partido de la U, Conservador, Liberal, Centro Democrático) y toda la maquinaria empresarial de personas como Sarmiento Angulo y Ardila Lülle.

Es cada vez más común encontrar candidaturas inscritas por movimientos o personas independientes, y al menos en ciudades como Bogotá, estas suelen recibir bastante apoyo. Nos encontramos ante el rechazo de gran parte de la población a los partidos tradicionales. Contrario a lo que podría pensarse, esto no es una ganancia, pues estos partidos nunca pierden, no se quedan quietos y siempre encuentran la forma de mantenerse activos en el juego de la política. Aunque estas candidaturas insistan en su independencia, es más que evidente el apoyo que reciben y la cercanía que mantienen con los partidos que históricamente han detentado el poder en el país, basta con ver el ejemplo de Carlos Fernando Galán, candidato a la alcaldía de Bogotá.

Parece que para el año 2020 el panorama para los sectores explotados no mejora, se muestra bastante oscuro. Los acuerdos de paz firmados por las FARC-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos, a los cuales bastantes sectores de la población civil mostraron su apoyo, no han tenido el efecto esperado. El asesinato y la persecución a excombatientes se han vuelto sistemáticos; el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) se ha mostrado bastante dividido, incluso varias de sus militantes y algunas ex dirigencias han decidido retomar las armas bajo la consigna de una Segunda Marquetalia. Cabe aclarar, que esto último sucede por la negativa del gobierno de Iván Duque a cumplir lo pactado.

El departamento del Cauca parece estar llevando una de las peores partes de la crisis en el país, pues las comunidades indígenas además de verse continuamente amenazadas por grupos paramilitares, ahora deben lidiar con amenazas y ataques por parte de algunos sectores de las disidencias de las FARC como la columna móvil Dagoberto Ramos1.. Recientes hechos de asesinatos sicariales a líderes y guardias del movimiento indígena apuntan a las disidencias de las FARC, desde la columna móvil mencionada anteriormente y el sexto frente, reproduciendo las lógicas del accionar paramilitar, pues suelen distribuir panfletos amenazantes hacia los pueblos indígenas. Las disidencias también han venido tomando fuerza en el control de cultivos de uso ilícito en el departamento. Se agrava la situación con la entrada al territorio de un grupo narcotraficante autodenominado “El Cartel de Sinaloa”, que pretende controlar los cultivos de marihuana, coca y amapola y, por ende, a la población desde su accionar paramilitar.

Consecuencia de lo anterior, la cifra de asesinatos ya sobrepasa las cien personas. El 90% de estos asesinatos los han sufrido las comunidades indígenas, en especial, el pueblo Nasa. Nada raro que vengan asesinando comuneros, guardias indígenas y autoridades, cuando fueron ellas quienes lograron sentar al Gobierno Nacional en el primer semestre del año 2019: ¿Cobro de cuentas por parte de Duque?

La respuesta del gobierno de turno ha sido la de aumentar el pie de fuerza con miles de soldados y artillería de guerra en todo el norte del Cauca, mientras ignora las problemáticas sociales de salud, educación, vías y producción agrícola. El enfrentamiento armado entre las partes, sólo traerá sangre y dolor a las comunidades, mientras los cultivos para uso ilícito, el tráfico de armas y la proliferación de organizaciones armadas aumentarán.

El nuevo gobernador electo del Cauca, Elías Larrahondo, afrodescendiente y oriundo del municipio de Buenos Aires, organizado en el Proceso de Comunidades Negras (PCN) salió victorioso en la vía electoral con el nuevo partido Colombia Renaciente (organización política de centro -o como preferimos llamarle derecha light-, conformado por exministros del segundo gobierno de Juan Manuel Santos y personalidades defensoras del Acuerdo de Paz, así como de un sector del PCN). Se le cuestiona su alianza con el Partido de La U y Cambio Radical para llegar al poder regional, pues el segundo, es un partido con fuertes intenciones de dar vía libre a proyectos extractivistas en la región. Así las cosas, el panorama para el movimiento social, campesino, afrodescendiente (de base), indígena y magisterial de la región se prepara para enfrentar -desde todos los campos de lucha posibles- la locomotora neoliberal, para mantener sus territorios y derechos, alcanzados mediante la lucha histórica por vida digna

Ahora, miraremos detenidamente el caso de la ciudad de Bogotá, en la que se presentaron cuatro candidaturas a la alcaldía divididas de la siguiente manera:

Carlos Fernando Galán, proveniente de una familia acomodada y recorrida en los ámbitos de la política. Hijo del asesinado candidato a la presidencia de la República Luis Carlos Galán por el Partido Liberal en el año 1989, por las balas del Cartel de Medellín. Inició su carrera política en las filas del Partido Cambio Radical, colectividad política salpicada por casos de corrupción, nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico (¡Unas bellezas!). Sin contar sus cercanías políticas con neoliberales -con mayúscula- NEOLIBERALES como Enrique Peñalosa y Germán Vargas Lleras.

Miguel Uribe Turbay, proveniente de las esferas del poder con su abuelo el expresidente Julio Cesar Turbay, creador del estatuto de seguridad ciudadana, que para la época dio pie a la violación sistemática de los Derechos Humanos y su padre Miguel Uribe Londoño, quien fuera director del Partido Centro Democrático. Uribe Turbay, fue concejal de Bogotá por el Partido Liberal a los 25 años; a los 29 fue Secretario de Seguridad (Secretaría creada por Enrique Peñalosa para “contrarrestar” la inseguridad en la ciudad), encargado del pie de fuerza en la ciudad: represión a la protesta social y seguimiento al movimiento estudiantil. En su campaña política, hizo alianzas con los partidos políticos más salpicados por casos de corrupción y paramilitarismo (Centro Democrático, Liberal, Conservador, MIRA, Colombia Justa y Libres), así como con iglesias cristianas y evangélicas (Generación 12, El Lugar de su Presencia, Misión Carismática Internacional, Manantial de Vida Eterna, Tabernáculo de la Fe, Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, entre otras). Se declara abiertamente seguidor de la línea política de Enrique Peñalosa. A Uribe Turbay, se le recuerda por justificar la violación, empalamiento y asesinato de Rosa Elvira Cely, en el Parque Nacional al pronunciarse ante el hecho, justificando al victimario porque “la mujer se lo buscó”.

Hollman Morris, periodista y escritor. Salió al exilio en dos oportunidades por amenazas y acusaciones de Carlos Castaño y Álvaro Uribe, respectivamente. En el gobierno distrital de Gustavo Petro, regresó al país para asumir la gerencia del Canal Capital después de un recorrido en el campo audiovisual con documentales y series en materia de Derechos Humanos y denuncias sobre la situación del país en la década del 90 y principios del nuevo milenio. Su carrera política ha estado bajo la sombra de Petro; en un primer momento, en la corriente Progresista de la Colombia Humana como Concejal de Bogotá, luego, como candidato a la alcaldía de la misma ciudad en las elecciones del 2015, siendo derrotado por Enrique Peñalosa, corriendo la misma suerte para las elecciones del 2019. Morris, ha sido un moderno referente de la izquierda light en el país, conocido por sus fiestas y consumo de sustancias psicoactivas como la cocaína untada de sangre de los pueblos étnicos de la Colombia profunda. Sin embargo, dice alzar las banderas del movimiento indígena caucano como ejemplo de lucha y persistencia política. Como si fuera poco, ignora y pordebajea las denuncias que tiene en su contra en casos de violencia machista y agresiones a compañeras laborales y sentimentales. Señor, señores, van por muy mal camino.

Finalmente, tenemos a quien se posicionó como la ganadora en esta contienda electoral: Claudia López. Se puede hablar de una trayectoria con claros oscuros, en los que podemos ver su clara vinculación a sectores políticos enmarcados en esa difusa y gatopardesca posición de centro. Desde principios de la década el 90 ha escalado posiciones y ganado afectos políticos de todo tipo. López, ha estado vinculada a dos de los grandes procesos políticos ocurridos en los últimos 40 años. El primero de estos fue su participación en el célebre proceso denominado La Séptima Papeleta, proceso que desembocaría en la Constitución Política del 91. A finales de los noventa, estuvo adscrita a la primera alcaldía de Enrique Peñalosa, sombra que la acompañaría hasta el día de hoy. El segundo de los grandes procesos en los estuvo vinculada fue en las investigaciones y posteriores denuncias sobre la parapolítica en el Senado de la República, esto le hizo ganar reconocimiento y una vinculación automática al tan usado y desgastado grupo de los “independientes”, con esta denominación estuvo siempre  al lado de los grandes procesos de centro, a las políticas “Mokusinas” de amaestramiento en donde se infantiliza al individuo y se le ayuda a acostumbrarse a las condiciones  hostiles y de exclusión de la ciudad. Fiel a estos principios, Claudia siempre se ha visto a medias aguas entre el neoliberalismo más descarnado, impulsado por distintas personalidades incluidas el nefasto alcalde Peñalosa y los sectores que en su auto denominación de independientes se han tratado de diferenciar de las tradicionales maquinarias politiqueras, sin embargo, los medios para ganar el poder siempre serán los mismos si hablamos de un régimen representativo como el colombiano.

Hoy, López se muestra a sí misma como diferente a lo tradicional, luchadora de los derechos liberales- de las mujeres burguesas y una solución al debacle social y político bogotano. Sin embargo, ni ella ni nadie de manera caudillista serán opción para las grandes mayorías de las explotadas. Su disfraz es una mímica trasnochada de lo que a principios de este siglo nos mostraba Mockus, con sus juegos y sus disfraces mientras empujaba el neoliberalismo a los territorios y a la educación superior pública. En ultimas, nunca problematizaron los conflictos estructurales de la sociedad colombiana: su espantosa desigualdad y la total desidia y abyección de las oligarquías. Claudia es más de lo que hoy por hoy está tan de moda, el neoliberalismo más descarnado, forrado en un estuche de “progresismo”. Su condición de homosexual, de mujer “hecha a pulso” como ella misma se denomina, viene a ser solo un sofisma alejando la mirada de sus bases políticas, pero acercando sus intereses a los grandes negocios empresariales como al Grupo Empresarial Antioqueño que ha financiado las campañas de Sergio Fajardo y otros politiqueros, incluso de la extrema derecha, según su conveniencia.

Hoy como ayer, el panorama electoral nos muestra lo mismo, hipocresía, politiquería y la instalación por muchos medios del régimen neoliberal. Las victorias electorales de las que tanto se ufanan muchos hoy, son un autoengaño. El sistema politiquero colombiano no ha sufrido un solo daño, sigue igual de vigoroso, solo que sus piezas están variando. Sabemos que con Claudia no ha ganado el feminismo, que la victoria electoral de una mujer no significa el desvanecimiento de los valores patriarcales que rigen la sociedad colombiana; sabemos que, aunque por mucho verde con el que se vistan algunos partidos, sus políticas siempre se verán abocadas al impulso depredador del neoliberalismo. Entendemos que nunca esta derecha light, ni esa izquierda alcahueta serán una opción para sentarle cara al avance de las políticas de exclusión, que la precariedad y la desigualdad seguirán prosperando bajo su mandato. Hoy como ayer la opción siempre serán los procesos de base, la lucha popular, la vinculación de los verdaderos sectores explotados, la agitación, la construcción de relaciones igualitarias. La victoria de un politiquero nunca será la victoria del pueblo.

El país comienza a agitarse a moverse para comenzar a sacudirse, pero no precisamente por la vía electoral, más bien, por la acción directa y las alternativas de vida propias de los pueblos y las comunidades.

¡Arriba las que luchan!

 

 

 

  1. https://www.cric-colombia.org/portal/denuncia-circula-un-panfleto-de-la-columna-movildagoberto-ramos-donde-acusan-a-los-lideres/

Y, ¿Nosotras cómo estamos?

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Mucho se ha hablado por estos días de la efervescencia social en regiones como Ecuador, Haití, Catalunya, Chile, Honduras (incluso manifestaciones de miles y miles de personas en Uruguay y Brasil, también, del país boliviano -aunque habrá que ver los intereses no son del todo populares). Pareciera que el problema de Colombia fuera tener mucha paciencia frente a los atropellos del capitalismo a las trabajadoras, estudiantes, indígenas y campesinas. Sin embargo, sabemos que la rabia en estos territorios se viene transformando en organización y conflictos cotidianos que por todo lado vienen dando muestras de dignidad y lucha social.

El sector estudiantil viene movilizándose, lento pero seguro, dirían por ahí. Sin embargo, a ratos hace falta claridad y formación política a la hora de enfrentar las movidas del Gobierno Nacional. Varias universidades en el último año, y específicamente en el último semestre se han  organizando para hacer frente a conflictos locales como en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas -UD- de Bogotá, en donde a finales de Septiembre salió a la luz la desviación de fondos de la institución desde el 2012 a la actualidad, los cuales hacían directivos para beneficios personales y de terceros que sumaban los $10.490 millones del presupuesto del instituto de Extensión de la Universidad.[1]

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SU REPRESIÓN NO SOFOCA NUESTRA REBELIÓN

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El mundo -y especialmente- Latinoamérica se sacude. El Estado bajo las dinámicas económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha iniciado una arremetida contra las clases explotadas, configurándose en un alza de impuestos, reformas laborales y reducción de presupuesto a instituciones públicas.

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Miles de personas -organizadas o no- han salido a movilizarse sin descanso bajo una indignación general. Sin embargo, la respuesta del Estado (venga de donde venga), ha sido el uso de la Fuerza Pública, derivando en una gran represión: cientos de heridos y docenas de muertos, despertando una gran solidaridad a nivel mundial y nuevas formas de lucha.

Los medios de comunicación desinforman y deslegitiman la protesta, creando un enemigo interno entre la misma clase desposeída (no te confundas, tú enemigo es el burgués)

La protesta y la movilización es el medio para la creación de nuevas victorias sociales y si se quiere, de autonomías locales y nuevos horizontes políticos por fuera de las instituciones estatales.

Nos solidarizamos con todos los pueblos que pelean, se mueven, se sacuden, toman los medios y son los medios. La revuelta popular es el camino para construir nuevos mecanismos de dignidad.

¡Arriba las que luchan!

Corto: Palpitando la Memoria

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Corto documental producido para la segunda edición del Festival por la Memoria.Incluye relatos de familiares, amigos y allegados de algunos estudiantes/egresados de la Universidad Pedagógica Nacional, que aunque físicamente ya no se encuentren entre nosotros, dejaron un importante legado académico y político.

Registro Audiovisual Jornadas Anticarcelarias

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Registro audiovisual de las Jornadas Anticarcelarias desarrolladas el pasado 06 de Abril. Hubo socialización de diversas experiencias con enfoque de género, feria de publicaciones, intervenciones musicales, proyección de vídeo, lectura de mensajes de presas políticas de diversas latitudes, entre otras. ¡Abajo los muros de las prisiones!

Del dicho al hecho hay muchas muertas . Algunas consideraciones sobre el atento a la Escuela General Santander.

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Del dicho al hecho hay muchas muertas[1]. Algunas consideraciones sobre el atento a la Escuela General Santander.

 

Es mucho lo que se ha dicho a partir del estallido de un carro bomba en la Escuela Militar General Santander el pasado Jueves 17 de Enero de 2019 en la ciudad de Bogotá. Acción que dejó un saldo total de 20 policías muertos, 68 heridos[1], y un denigrante espectáculo amarillista auspiciado desde la  gran prensa que poco se diferenció del morbo de la crónica roja. En “caliente”,  en un mar de incertidumbres, imprecisiones y reduccionismos, la élite se sirvió de la consternación para generar un estado de opinión favorable en un momento político en el que la administración de su poder representada en el Gobierno Nacional y las entidades del Estado alcanzaba niveles de rechazo que desde la década de los 90’s[2] no se registraban.

Conforme con lo expresado anteriormente, es evidente que el ataque a la Escuela Militar General Santander se da en un momento inoportuno para la movilización de distintos sectores de la sociedad colombiana quienes de diferentes maneras venían expresando su inconformidad contra el facineroso proceder del actual Fiscal de la Nación, el miserable aumento del salario mínimo, las demandas alrededor de la Educación Superior, el escándalo que envuelve a CorfiColombiana y Odebrecht, el sistemático asesinato de líderes y lideresas sociales a lo largo y ancho de la geografía nacional, entre otros.  Sin embargo, a pesar de ello, es importante no desdibujar la realidad de la confrontación social y armada que persiste en nuestro país, y en ese sentido más allá de juicios morales, lo acontecido el pasado jueves se inscribe en el marco de una acción de guerra.

Es precisamente este último elemento un criterio esencial al momento de analizar la coyuntura que atraviesa el país lejos de las valoraciones y criterios en esa mixtura entre liberalismo y conservadurismo que agencia la élite criolla.  Liberal, porque su discurso promueve una cándida y oportunista  abstracción según la cual  “todas las vidas son iguales” , aunque en la práctica cotidianamente se haga más que evidente que hasta la muerte tiene sello de clase y para ello basta mirar el silencio cómplice alrededor de los incesantes asesinatos a los y las activistas sociales; de otra parte, el discurso es al mismo tiempo conservador en tanto su “defensa a la vida” se hace a partir de la promoción de valores de corte tradicional como lo son el Nacionalismo Chovinista y el fanatismo alrededor de las instituciones del Estado. En ese sentido, es sugerente para la diversidad del movimiento social despojarse del lastre que constituye el marco valorativo de sus verdugos si realmente se quiere ser un pueblo lo suficientemente maduro para el conflicto como para que merezca la paz,  a propósito de las reflexiones que en su momento realizó Estanislao Zuleta sobre la guerra.

En un artículo anterior[3], cuestionamos la idea de la reconciliación en el marco del Conflicto Social y Armado que vive Colombia en la medida que ello implica asumir aunque sea de manera implícita que en algún momento de nuestra historia hubo un proyecto llámese de sociedad o de país que estuvo conciliado, y por tanto, sólo sería necesario encontrar la voluntad de los sectores en discordia para vivir en la anhelada paz. Sin embargo, lo que muestra la historia colombiana de par en par es precisamente todo lo contrario, tal conciliación nunca ha existido, y por tanto, resolver los asuntos acuciantes de la guerra no es una cuestión de voluntad. La actual coyuntura con su crudeza así lo ratifica.

Aunque no compartamos el ejercicio táctico – estratégico del ELN, plantear las críticas desde los mismos códigos del establecimiento es hacerle el juego a este último. En ese sentido, así como no concordamos con la acción realizada por parte de la insurgencia, tampoco, comulgamos con las conflictologas, colectividades, ONG’S, y demás, que en un ejercicio de ramplonería analítica que raya con el cinismo, se rasgan vestiduras frente a lo acontecido, señalando un solo punto del cuadro sin contemplarle en su totalidad. En concordancia,  no fueron pocas las vulgares afirmaciones desde distintos sectores que con arrogancia señalaron que los alzados en armas arremetieron contra una institución del Estado poseídos por la irracionalidad y la demencia ante la supuesta incomprensión del momento político que vive el país. Con ello dan a entender que la insurgencia estaría en guerra por mera diversión -en el mejor de los casos-, cuando no, por haberse transformado en un cartel más del narcotráfico que abandonó sus convicciones políticas de antaño.  Estos atorrantes pseudo análisis que no ven más allá de  las condiciones desde los que se conciben –léase la vida bohemia de la candelaria, el Parkway o la aburguesada Universidad Nacional-, omiten de forma grotesca en  sus consideraciones la arremetida militarista que se vive en los campos de Colombia auspiciada por las familias más poderosas del país a través del idiota útil que preside la Casa de Nariño, claro está, con el beneplácito del Imperialismo de los EE.UU. Causa curiosidad que tal proceder que deja a su paso una estela de muerte para campesinas, indígenas y afrodescendientes, el acaparamiento de tierras por parte de grandes capitales,  la destrucción brutal de innumerables bienes comunes y la privatización  de la naturaleza junto con los saberes que se han tejido a su alrededor como sucede con el caso de semillas, plantas, entre otros,  poco o nada inmuta a muchas de las opinólogas, militantes de izquierda apaciguadas y demás especies lambericas de la socialdemocracia, que por estos días se han mostrado prestas a ser caja de resonancia del proyecto de clase agenciado por el Gobierno Nacional, pero, han guardado complaciente silencio antes los ataques que el mismo ELN denunció que venía siendo objeto en uno de sus pronunciamientos[4]. Por tanto, una cosa es esgrimir la legitima critica a la organización insurgente, y otra, caer en el descaro y la prepotencia de considerar que no tiene elementos de juicio para comprender la coyuntura política.

A raíz de lo expuesto, consideramos fundamental que la diversidad del movimiento social debe desprenderse de los debates impuestos desde la clase dirigente del país. Ello implica, entre otras cosas, abandonar aquella idea según la cual a partir de la acción efectuada por la insurgencia hemos retornado a un estado de guerra, afirmación que, es errónea por dos elementos esenciales a nuestro parecer: En primera medida, ese estado de guerra no es una cuestión de la actual coyuntura, y por el contrario ya se venía manifestando desde antes de la posesión de Iván Duque, aunque a las áulicas  de la nostalgia Santista les cueste reconocerlo. En ese orden de ideas, aún con la firma del Gobierno Nacional y las FARC-EP la guerra nunca desapareció, aunque hubiese elementos de forma que pudiesen dar a entender ello y de los cuales las abusadoras de las cifras en plena correspondencia con la razón tecnocrática se sirvieron. De otra parte y como segundo elemento, consideramos que sobredimensionar lo acontecido el 17 de Enero plantea implícitamente que la acción desarrollada por el ELN y su táctica en el marco de la guerra, desvía la agenda del movimiento social como si existiera una dependencia en ese sentido.  Aunque es obvio que el desenvolvimiento del conflicto trae consigo múltiples implicaciones, también es cierto, que la confrontación Estado vs Insurgencia es sólo una parte de la ecuación necesaria para comprender las contradicciones que se desarrollan en Colombia, pero, en ningún momento puede reducirse a ello.

Por tanto,  el movimiento social está llamado a continuar la movilización y construcción de sus agendas a partir de las diversas demandas que salen a relucir con la precarización de la vida en el país,  la generalización de la corrupción, la entrega de los bienes comunes al capital extranjero, entre otras tantas situaciones que constituyen el día al día del grueso de las colombianas para quienes la existencia en este territorio lejos de ser una oportunidad para vivir dignamente se ha convertido en una asunto de subsistir con el fantasma de la fatalidad merodeando sin cesar. El momento que actualmente se desarrolla en Colombia es una importante oportunidad para hacer una pedagogía entorno a la naturaleza de las contradicciones que aquí se manifiestan, lo anterior, es ejemplificable a través de situaciones tales como la celeridad con la que el establecimiento desarrolló su investigación en torno a lo acontecido en la Escuela General Santander, lo cual contrasta con la ausencia de resultados respecto a los asesinatos a líderes y lideresas sociales, cuestión que pone de manifiesto que la capacidad investigativa si existe, pero,  el Estado simplemente no ha querido movilizar esfuerzos sobre ello, ya que, precisamente se encontraría detrás del exterminio sistemático de las activistas sociales. A manera de correlato, se podría explicar porqué el énfasis desde los grandes medios masivos de comunicación en construir una versión de los hechos en el que se limpia la imagen de la Policía como institución, y, su papel en la guerra y la perpetuación el orden vigente.

En razón de ello, hay que continuar saliendo a los barrios e insistir desde las diferentes apuestas de trabajo territorial, en una pedagogía de lo cotidiano que posibilite  que las problemáticas de la gente de a pie poco a poco vayan siendo comprensibles a la luz de dinámicas mucho más amplias, ello, sólo será factible en la medida que nuestros trabajos se legitimen en un ejercicio constante de humildad y mutuo aprendizaje, que genere la confianza dentro de las clases populares  y promueva condiciones de empoderamiento y conciencia frente a las actuales condiciones de explotación.  Sólo de esta manera podremos construir un movimiento social con la suficiente fuerza como para que no pueda ser manipulado por la agenda mediática de oligarquía colombiana, o cualquier otro actor presente en el conflicto Social y Armado que aún se encuentra lejos de desaparecer.

[1] Utilicemos el femenino para hacer referencia a las personas.

[2] Ver al respecto: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/medicina-legal-identifico-20-victimas-del-atentado-en-escuela-general-santander-articulo-836030

[3] Dos momentos a tener en cuenta: El llamado “Proceso 8.000” en medio de la presidencia de Ernesto Samper, y, el fracaso de los diálogos de Paz durante el gobierno de Andrés Pastrana.

[4] Ver al respecto: https://ccsubversion.wordpress.com/2017/01/18/la-reconciliacion-en-el-pais-del-sagrado-corazon-entre-quienes-y-para-que/

[5] Ver al respecto: http://cedema.org/ver.php?id=8231