Elecciones

¡El problema no es la consulta, el problema es el sistema!

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Consulta anti

En el 2018, las colombianas fueron invitadas a las urnas cuatro veces: la primera, el 11 de marzo, para elegir senadores y representantes a la cámara; la segunda, para elección presidencial 2018-2022; la tercera, para definir la elección presidencial ante los resultados de la primera vuelta que, en este caso, enfrentó al socialdemocráta Gustavo Petro y derecha encarnada por Iván Duque, saliendo victorioso este último. La cuarta -y parece que última vez en este año- fue para “decidir” por medio de siete preguntas en las que 12’140.342 personas tenían que aprobar, o no, acciones referentes al tema de la corrupción en el país, para que posteriormente, pasara a debate en el Congreso y dar allí la última palabra.

Pues bien, así se cumplió con la parafernalia democrática alrededor de las elecciones, dejando como ganadora – en las cuatro ocasiones – a la clase política tradicional: en el Congreso, en la presidencia, y en definitiva, todos los escenarios vinculantes. Sin embargo, a pesar de la oleada de mensajes pesimistas ante los resultados, consideramos que no debe ser una situación que nos lleve al agobio, al fin y al cabo, las urnas, elecciones y representaciones no son nuestro fin, ni tampoco el de las comunidades ya organizadas autónomamente. No perdemos de vista (aunque suene a cliché desgastado) que los derechos y la dignidad se han conseguido en otros escenarios de disputa, de esta manera, lo que nos agobia realmente son las derrotas y/o victorias exageradas que se hacen en la “tusa post-electoral”. Con ello, no negamos que son importantes los análisis que se hacen en el marco de las elecciones luego de conocer los resultados, sin embargo, hay medios, colectividades e individualidades que dan triunfalismos o derrotismos donde no los hay -por lo menos para las clases oprimidas-, pues las condiciones seguirán siendo iguales -o peores- para las trabajadoras del campo y de la ciudad más allá de la concreción de los resultados.

¿Derrotados?. Tristemente, las derrotas no cuentan cuando nada se ha ganado. Las raíces de la política trascienden de la peregrinación del espectáculo electoral independientemente si es una consulta o una “elección”, aún con mayor prevalencia, lo concerniente al trabajo de base ya que es allí precisamente donde se cocinan las condiciones para la lucha contra el poder imperante en lo concerniente a las clases explotadas. Estas últimas, hemos venido acumulando un sinfín de batallas perdidas ante la burguesía y el Estado, y aunque son muchos los factores que darían cuenta de ello, merece un capitulo especial las responsabilidades que ponen de presente nuestra incapacidad de entrega y compromiso hacía los procesos que canalicen los sentires de la gente de a pie.

¿Victoriosos? Son pañitos de aguas tibias, hay que comenzar asumiendo que tampoco se ganó nada en términos revolucionarios. Quizás, las que ganaron en popularidad o en gestión, fueron aquellas personalidades de la “política alternativa” en apariencia, pero que en el fondo continúan reproduciendo más de lo mismo, como es el caso de Claudia López, Angélica Lozano, Rodrigo Lara, Jorge Robledo, entre otras estrellitas de la política colombiana. Para quienes crean que exageramos con nuestros juicios, recordamos con sencillos ejemplos de dónde procede el agua del caudal: Claudia López que gusta de mostrarse beligerante, mansa aparece ante lo que fue su apoyo e iniciativa concedida a Enrique Peñalosa para llegar a la alcaldía en el 2016. Rodrigo Lara, compañero y amigo de Vargas Lleras, militante del partido político más salpicado por la corrupción, es decir Cambio Radical, trata hoy en día de confundir con “nobles” intenciones al país. Por otra parte, de Jorge Robledo no hay que señalar mayor cosa, su hoja de vida como adalid del sectarismo y legitimador de la economía latifundista hablan suficiente sobre este personaje.

Puestas las fichas de esta manera en el tablero, se hace evidente que el problema no está en que no se haya alcanzado el umbral de la consulta. El problema de fondo es legitimar este sistema que roba, esconde, asesina y desaparece. Roba imponiendo impuestos, contratando terceros para sacar el máximo provecho monetario; esconde la gestión económica pública; asesina y desaparece a quiénes luchan en contra de este modelo demencial como lo es el capitalismo.

La solución no está en ser amigas del Estado y sus representantes políticos profesionales, la solución es enfrentar el sistema político y social que nos pregunta si queremos que nos roben de frente o de espaldas.

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Lxs anarquistas y las votaciones en Colombia

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Vídeo resumen de la jornada de discusión llevada a cabo el 12 de Junio en Bogotá, Colombia, respecto al papel de lxs anarquistas en las elecciones.

¡Siempre perdemos!

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abstencion

 

La jornada de elecciones del pasado 27 de mayo aparece como un momento histórico trascendental para la vida de millones de personas, pues se dice, que a partir de lo ocurrido se presentan al país dos rutas diametralmente opuestas para los años venideros: El infierno de Duque o el paraíso de Petro. Teniendo en cuenta el momento político actual y la correlación de fuerzas existente, es muy probable que en la segunda vuelta quien salga victorioso en los comicios electorales, sea el títere del gamonal que gobierna desde la comodidad del Ubérrimo. Con ello, resulta evidente que la política de mano dura será la constante, por lo menos durante los próximos cuatro años. Ahora bien, en este panorama nuestra apuesta analítica no va encaminada a depositar incontables esfuerzos que contribuyan a hacerle un contra peso a Duque mediante una táctica publicitaria de convencimiento de masas. A nuestro juicio, lo interesante del escenario que se avecina, radica en la necesidad de desarrollar una nueva estrategia que permita acumular fuerzas para enfrentar la arremetida de la ultraderecha criolla, y conjuntamente, de forma colectiva encontremos soluciones a los problemas estructurales que afrontamos como sociedad.

Sin embargo, es engorroso el panorama de país que Duque se piensa para su mandato, que, aunque nunca reconoceremos (sea de éste o de Petro), en un cortísimo y corto plazo, no beneficiará los intereses de las clases oprimidas ni tampoco su movilización y exigencia de demandas. Por el contrario, se vislumbra una unificación de poderes que estarán al alcance de sus intereses, tan cercanos al fascismo: Control del poder ejecutivo (presidencia); del legislativo con Uribe, como presidente del Congreso; y la posible unificación de las cortes en la rama judicial, tendría un totalitarismo absoluto para su gobernanza, entre otros males. Leer el resto de esta entrada »

Foro Elecciones y Geopolítica Latinoamericana

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Resumen audiovisual de lo que fue el foro sobre las elecciones y la geopolítica latinoamericana 2018. Organizado por la Revista Utopía y llevado a cabo en las instalaciones de la Universidad Distrital.

 

NADA SE HA PERDIDO QUEDA TODO POR GANAR

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“Que el mundo va a cambiar, nos dicen…
que cuando votemos, nos escucharán.
Si en cambio no votáis, nos dicen…
los del otro lado nos aplastarán,
y así se quedarán, nos dicen,
con las manos libres para hacer su plan.

Malditas elecciones, decimos,
si la voz rebelde se domesticó.
Malditas elecciones, decimos,
quieren el gobierno,
y nosotros no…”

-Chicho Sánchez Ferlosio-

Peñalisa

Malditas elecciones decimos al ver el panorama en que nos quieren enmarcar, malditas elecciones porque sabemos que gobierne quien gobierne el pueblo siempre pierde. Malditas elecciones que se roban el tiempo y espíritu de lucha de muchas de nuestras compañeras, de nuestras vecinas y amigas. Una vez más nos encontramos con el panorama gris y desolador de las elecciones, este ritual de cada 2 años que nos lleva a reflexionar una y otra vez sobre la poca efectividad de la disputa parlamentaria.

Los grandes medios excitados por la disputa electoral nos muestran un cuadro político cada vez más complicado, que no es diferente a lo que estamos acostumbrados a vivir pues vemos como nivel nacional se han posicionado los mismos clanes políticos de siempre que actualmente representan la Unidad Nacional gracias al discurso de la PAZ, estos grupos como el partido “Cambio Radical”: otrora, partido uribista y ahora como es bien sabido controlado por el Vicepresidente Germán Vargas Lleras, consagrado “enemigo” de Álvaro Uribe Vélez; Partido compuesto por “Delfines” hijos de políticos de antaño, acostumbrados a la politiquería y al clientelismo, que buscan el poder en todas sus formas por lo que no tienen miedo ni vergüenza de dar aval a candidatos expresamente sindicados de corrupción y cercanos a sectores paramilitares como la próxima gobernadora de La Guajira, Oneida Pinto, electa con un poco más del 65% de los votos, comprobando así que este territorio sigue siendo un bastión del Paramilitarismo, en cabeza del exgobernador, Kiko Gómez.

A su vez nos encontramos el repunte del partido Liberal que sigue en manos de los caciques de siempre que saben mover sus maquinarias a la hora del circo electoral, garantizando el poder local en varias gobernaciones y alcaldías en muchos casos en alianzas con partidos que también componen unidad nacional y en algunos casos con “la oposición”, es decir, con el centro democrático, marcando el talante pragmático de estas elecciones a nivel nacional.

En definitiva a nivel nacional se remarca el poderío de todos los partidos de Unidad Nacional desplazando en algunos territorios el poder que se creía podría llegar a tener el proyecto de Extrema Derecha de Álvaro Uribe Vélez y sus camarillas. Pero esto no nos puede llegar a confundir, ya que la proyección en parte del Centro Democrático es recuperar el poder a nivel local, con los concejos, asambleas y alcaldías municipales para poder enfrentar desde las regiones el posible escenario de posacuerdo, que marcará un nuevo recrudecimiento de la avanzada Paramilitar en el país. A su vez marcando el poderío del proyecto Paramilitar en los departamentos del Norte de Colombia, y conservando sus principales territorios en la costa, se encuentra el Partido “Opción Ciudadana”, que cada elección cambia de nombre pero no de personajes y maquinarias.

Es claro que la Socialdemocracia en cabeza del Polo Democrático Alternativo se vio afectada fuertemente a nivel nacional, gracias a sus disputas internas y a su afán de poner por encima del trabajo de base, la disputa por el poder. Se podría decir que su única ganancia es la Gobernación de Nariño, un baluarte histórico del POLO, que ha quedado en manos de un personaje que representa muy bien a un socialdemócrata con ansías de poder.

Finalmente nos encontramos con el segundo cargo burocrático más importante del País, como lo replican los medios, intentando desviar la importancia de las regiones en un conflicto como el colombiano que nos lleva a encontrarnos que el ganador por mucho es el eterno candidato Enrique Peñalosa, un personaje de las entrañas de la Derecha camuflado de “independiente”, que representa lo que todas desde hace varias generaciones estamos acostumbradas, una política diseñada por el clientelismo, la corrupción y la visión de ciudad capitalista que sirve simple y llanamente como lo diría Harvey, para la acumulación del Capital.

Peñalosa representa bien lo que un constructor piensa de la ciudad, es decir, grandes proyectos inmobiliarios que vendan el discurso de una ciudad funcional a la globalización y a los grandes capitales, que profundice cada vez más la segregación social, enfocando sus recursos en mejorar las condiciones en que circula el capital y la mano de obra barata, preocupado por la realización de la gran metrópoli a punta de concreto y bulldozers, al servicio de los grandes contribuyentes de su campaña, como la Ladrillera Santa Fé, la empresa de materiales de construcción Corona –que también tiene acciones en la Multinacional Chilena Sodimac–, y las grandes constructoras como los son Amarilo, Cusezar, Bolivar y Marval; Las cuales van a empezar a cobrarle al nuevo alcalde esos dineros para que les apruebe un POT enteramente a su favor, para obtener las mayores ganancias a costa de los millones de pobres que componen la Capital, ya que recordemos que sus grandes recursos los generan de la construcción de las llamadas VIS y VIP, Viviendas de Interés Social y Prioritario; Cabe resaltar acá, que como bien lo decíamos, el gran vencedor y que se va perfilando como Presidente para el 2018 –Germán Vargas Lleras- saca su mayor tajada en el sector de la construcción y la infraestructura que cogerá como conejillo de Indias a la capital.

Viendo este panorama y sabiendo lo que nos espera, seguimos convencidos firmemente que la lucha no se agudiza cada 4 años, ni que la disputa por los puestos del Poder sea un gran botín para el movimiento social. El actual descalabro de la Socialdemocracia nos hace evidenciar una vez más que la lucha es con las de abajo, sabiendo que estructuralmente no ha cambiado nada en estos 12 años de gobiernos de Izquierda, de ser así esto se abría traducido en capitalizar ese acumulado en votos que defendieran el más fuerte baluarte de la izquierda en el país, pero no fue así y esto lo único que nos demuestra es la ambigüedad que se da en estos espacios.

Bien es sabido que los últimos gobiernos en la capital no han significado un repunte significativo en la Beligerancia del movimiento social, sino al contrario ha significado un retroceso en las posturas más beligerantes que se podían encontrar en décadas pasadas, como las luchas por la vivienda y el movimiento estudiantil, por citar los más apaciguados.

Sabemos bien que el acto de relegar el poder transformador de las personas a través del voto, conlleva a que cuadros importantes del movimiento social descuiden su papel agitador en los barrios fortaleciendo los territorios como germen transformador hacia una nueva sociedad.

Es deprimente escuchar a sectores llamados de izquierda, asumir la misma noche de los resultados una actitud beligerante y contestataria, enfocando su discurso en “ahora si vamos a salir a las calles”, o “ es hora de luchar por lo que nos pertenece”, es acaso esta actitud de “luchar” una posición diferente a la que se debe asumir el resto del año, acaso dejamos de luchar porque la burguesía deja posicionar un gobierno diferente temporalmente, o será que realmente se tiene una lectura de que los cambios y la transformación que necesita esta sociedad viene desde arriba?

Es Igual de triste o peor ver como el Uribismo empieza a hacer lo que la socialdemocracia ha intentado hacer durante años, buscar la solidez de su partido en las bases y el control territorial para así hacerle frente al enemigo, que para ellos, actualmente se personaliza en las FARC y todas aquellas posturas a favor del Proceso de la Habana, pero que en el fondo, el Centro Democrático es enemigo de todas aquellas que nos asumimos contra el proyecto que busca profundizar el modelo Neoliberal a toda costa.

Como siempre las Anarquistas seguiremos insistiendo en que la lucha no es por el Poder, la lucha es día a día concientizando a la gente de a pie: en los barrios, veredas y universidades, seguiremos denunciando a las reformistas que impiden que la lucha sea transformadora y liberadora, y seguiremos reclamando por la organización de todas para hacerle frente al capitalismo, al patriarcado y a la explotación de las oprimidas. Porque sabemos que juntas, paso a paso vamos a llegar más lejos, luchando fraternalmente con todas aquellas que de manera horizontal y solidaria quieran construir un mundo nuevo, en el cual compartamos sin vicios autoritarios el camino de la libertad y la dignidad.

LA LUCHA ESTÁ EN LAS CALLES Y NO EN LAS URNAS

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Publicado originalmente en el periódico Acción Libertaria #04 / Mayo 2014

Análisis desde un punto de vista libertario frente a las recientes elecciones legislativas del 9 de Marzo en Colombia

Hace poco las urnas en Colombia tuvieron otra jornada de uso agitada desde hace bastantes semanas con la inundación de publicidad política en diferentes medios de comunicación (haciendo de nuevo las calles y los muros espacios de propaganda electoral) y en el debate cotidiano. En esta nueva coyuntura se presentaron ciertas novedades importantes respecto a anteriores, para tener en cuenta: la aparición en la arena de un fuerte sector organizado de la extrema derecha alrededor de la figura del caudillo Álvaro Uribe, la dispersión de la izquierda parlamentaria en tres frentes de batalla (Polo Democrático, sectores de centro izquierda alrededor de Progresistas, y la Unión Patriótica, estos dos últimos incluidos dentro de la heterogénea Alianza Verde con sectores incluso de la derecha más reacia como lo es Enrique Peñalosa, actual formula presidencial de dicha colectividad), la utilización de alta tecnología tanto en el ejercicio del voto como en su conteo (que acelero el proceso de difusión de resultados), la practica tranquilidad en la mayor parte del país (versus anteriores elecciones) y la cristalización más profunda de una apuesta por el Voto en Blanco. Resultado: las elecciones las ganaron las de siempre: la alta abstención (que llego a cifras del 56.4% en Cámara y del 58.9% en Senado), los votos en nulos más los no marcados y le siguieron las grandes maquinarias politiqueras constituidas del país, afincadas hace más de dos siglos.

La Lucha está en las Calles y no en las Urnas 1

Para este último punto es importante resaltar los resultados y darle un análisis sistemático al mismo: Por un lado en senado la correlación de fuerzas quedo a la cabeza del oficialista Partido de la U y del uribista Centro Democrático, con 21 y 20 curules respectivamente. Empero, la bancada favorable a Santos conformada por el Partido Liberal y Cambio Radical, integrantes de la Unidad Nacional, obtuvieron el tercer y quinto puesto con 17 y 9 curules respectivamente; el ahora divido -pero aun unido- Partido Conservador con 19 puestos ocupo el tercer lugar; y de ultimas se encuentra la centro-izquierda-derecha Alianza Verde, el Polo Democrático Alternativo y el reencauchado PIN en la Confluencia Ciudadana, este último con líderes involucradas en escándalos de parapolítica. Para la Cámara, los resultados fueron muy similares: a la cabeza se encuentra el Partido Liberal (39), luego el Partido de la U (37), Centro Democrático (27) y de ahí para atrás las cosas son muy similares al senado. Sin lugar a dudas la gran ganadora ha sido –y siempre será- la burguesía nacional, fiel lacaya de los intereses internacionales, que ha diseñado un marco legal y parlamentario que blinda su poder político y económico con la constitución y el fusil, pasando por la motosierra y el bolillo. La Unidad Nacional se llevo por delante las curules, dándole mayor respaldo a una eventual victoria de las políticas neoliberales en cabeza de los principales aspirantes al cargo presidencial; el avance de los sectores de derecha inconformes con los diálogos de paz y a favor de una profundización de la lógica guerrerista también han obtenido un gran espacio dentro del congreso, que de cierta manera encuentran diferencias puntuales con el oficialismo, pero que en el plano de la política de lo real para las de abajo, llegarán a aceitar las locomotoras santistas o no proponer nada mejor para el pueblo trabajador.

Más de lo mismo de siempre…

Este senado, aunque se enmarcada dentro de un reacomodo de las fuerzas políticas con ciertos matices, a la larga termina siendo más de lo mismo. El nuevo legislativo afrontará las coyunturas que van a marcar la agenda del país, especialmente en los diálogos de paz donde las diferencias entre el santismo y el uribismo saldrán a flote: mientras las primeras van por una salida negociada pero con los intereses del capital detrás de ello, buscando la entrada de Colombia dentro del sistema mundial de libre comercio que le permita abrirse al mercado sin mayores contratiempos para la explotación minero-energética, las otras optan por la estrategia de la continuación de la guerra con una etapa de desgaste militar pero con horizontes similares. Quitando la cortina opaca es importante recordar, que en lo práctico, Santos no ha abandonado completamente la lógica de la seguridad democrática. De igual manera las curules en el parlamento, tanto de la Unidad Nacional como del Centro Democrático, servirán para darle espacio legal a la continua sobreexplotación del territorio y de nuestras vidas, además de encarar la era de las privatizaciones, consolidación del neoliberalismo: las reformas a la salud, educación, penitenciarias, jurídicas y demás se materializaran o cuando menos tomaran impulso desde la institucionalidad estatal burguesa para el periodo que comprende los siguientes 4 años, he ahí uno de nuestros objetivos a combatir como revolucionarias.

La paradoja de la izquierda electoral: ¿Ganaron o perdieron?

Las posturas progresistas del país que han visto en la arena electoral un campo de acción llegaron profundamente divididas: el referente amplio que era el Polo Democrático Alternativo perdió la llamada unidad de la izquierda en lo practico, impulsado por las lógicas auto vanguardistas, sectarias y personalistas de los sectores del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario y afines a Clara López, históricamente encontrados dentro del ala más reformista, quienes en base de su poderío autoritario optaron por expulsar al Partido Comunista Colombiano, y con ello, la salida de colectividades de izquierda, como Fuerza Común o militantes independientes.

Fuerzas políticas de izquierda como Poder y Unidad Popular (participe del Congreso de los Pueblos), así como sectores allegados a Iván Cepeda (entre ellos, por mencionar, el Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo -MODEP-, con una fuerte matriz maoísta), decidieron mantenerse dentro del Polo Democrático de cara a la coyuntura electoral. Por otro lado, se conformaron diferentes frentes electorales para las anteriores elecciones legislativas: El PCC cristalizo su propuesta en torno a la reciente reaparición de la Unión Patriótica, tras ser devuelta su personería jurídica después del genocidio político vivido hace 2 décadas; Fuerza Común, junto a otros sectores, impulso la creación de País Común, y el espectro del trotskismo histórico (Partido Socialista de los Trabajadores) del país opto por apoyar el llamado al Voto en Blanco. Por el lado del MOIR se decanto todas las fuerzas en el caballo de batalla que ha sido hace bastante tiempo Jorge Robledo y de personajes como el ex vocero de la MANE y actual estudiante Sergio Fernández; lo suyo también hizo el PUP con la postulación del dirigente campesino del Catatumbo Alberto Castilla; Iván Cepeda opto por ser acompañado por Alirio Uribe, defensor de derechos humanos y miembro del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo; para quienes no hacen parte del Polo la Alianza Verde se mostró como un frente amplio en el cual se podrían ubicar bajo una unidad meramente coyuntural, pegada con babas: País Común lanzo por la cámara de Bogotá a la militante de Fuerza Común Donka Atanassova; la Unión Patriótica creo un abanico de posibilidades donde a la cabeza se encontraban los miembros del PCC Jaime Caycedo (antiguo concejal de Bogotá) y Carlos Lozano; finalmente, los progresistas avalaron la candidatura del ex miembro del M-19 Antonio Navarro Wolff.

Gran parte de la izquierda hizo suya las victorias que representaron Robledo (quien logró la más alta votación del país y arrastro números para superar el umbral y garantizar la continuidad del Polo como partido), el ascenso de Castilla y Navarro Wolff al senado y la permanencia de Cepeda en el cargo, así como la inclusión de Alirio Uribe en la cámara por Bogotá. Sin embargo, tanto la UP como País Común no obtuvieron escaño alguno, donde los primeros dieron la sorpresa teniendo en cuenta su tradición histórica y la presencia de Gloria Inés Ramírez -militante del PC– en el anterior legislativo. El PDA alcanzo en total 5 curules en senado y 3 en cámara, viendo su participación reducida en comparación con las elecciones del 2010; la Alianza Verde alcanzo 5 puestos en senado y 6 en cámara. Para gran parte de la izquierda electoral lo anterior representa una victoria en medio de los atrasos que le ha significado perder un único referente amplio en las urnas.

Aquí nos encontramos con una paradoja: ¿La izquierda gana o pierde en las elecciones? Esa es una pregunta que resuena mucho hoy por hoy en los debates políticos, pero la pregunta debe ir más allá: ¿Ganan los sectores oprimidos del país?, ¿Gana un proyecto emancipador y de clase?, ¿Gana el pueblo trabajador? Parece que a las fuerzas electorales les preocupa más una táctica de mera visibilización versus una estrategia revolucionaria, han considerado como un triunfo la entrada de líderes sociales al legislativo, pero en verdad ¿Significa algún cambio político real?

La burguesía nunca minará sus propias instituciones para permitir que se le pueda escapar el poder: Por un lado, las maquinarias politiqueras del país tienen un poderío que les permite mantenerse en el gobierno (compra de votos, fraude electoral, etc.). Por más que hagamos el llamado al voto de conciencia, ya la derecha ha ganado sin alguna. Pensar ilusamente que estamos en capacidad de exigirle a la burguesía que podamos participar en SU juego bajo condiciones de sinceridad e igualdad ya de por sí es un error grave de lectura y falta de criterio, pero más que ello, es entrarle a la política de conciliación de clases, sobre todo cuando discursos peligrosos como los del MOIR llaman a una renovación del capitalismo, codo a codo con la burguesía nacional criolla que muestre cierta empatía con la idea de un nacionalismo-populista cuasi revolucionario, burguesía que a veces parece poco tener que envidiarle a las asesinas maquinas extranjeras.

Por si eso no fuera poco, la derecha tiene más caminos que escoger: en caso de que le sea favorable -en términos de apagar la llama popular revolucionaria- permitirle a la socialdemocracia acceder a ciertos cargos en el poder de no tanta relevancia, le es fácil también controlar hasta qué punto pueden maniobrar, o en su defecto dispone de todo un aparataje burocrático penal, jurídico y disciplinario presto a darle la legalidad a las decisiones que tome (por encima del eufemismo del voto o de la democracia) y poder reubicar a otra ficha en la posición que deseen. Y si no le basta dispone de las fuerzas represivas estatales y paraestatales, que con la amenaza, el exilio, la desaparición y hasta el asesinato a sangre fría cuando sea necesario, están dispuestas a recuperar espacios que el poder burgués vaya perdiendo eventualmente, de hecho, aquí no existe diferenciación entre la centro derecha de la bota militar suave y la extrema más reacia y goda: las dos son caras de la misma moneda, y parafraseando un poco me atrevería a decir que el gobierno de Santos no lucha contra el paramilitarismo y las posturas fascistas –evidentemente-, cuando ve que el poder se le escapa recurre a la motosierra para mantener sus privilegios. Entonces, ¿Aceptamos el juego que nos imponen o buscamos maneras alternativas de construir un mundo nuevo, desde abajo y por fuera del Estado?

Mientras unas festejan obtener un escaño en el congreso otras sabemos que no se ha ganado nada y todo está por pelear, y que aun si la izquierda llegase a ocupar una posición favorable en términos de correlación de fuerzas tanto en este escenario como quizás -y solo quizás- en la presidencia con el fin de cambiar la dirección del país, no nos bastaría con ello: Nuestra crítica, como anarquistas revolucionarias, debe ser mucho más profunda.

No es simplemente convertirnos en una alternativa extraparlamentaria: debemos caracterizarnos también por poseer una estrategia antiparlamentaria, es decir, más que rechazar la vía electoral por las causas objetivas que impone la burguesía, nos encontramos frente a una posición ética que reniega el papel de lo parlamentario, y contrario a lo que muchas compañeras señalan, los caminos de autogestión, solidaridad, apoyo mutuo y colectivización no pueden existir al mismo tiempo junto a una estrategia electoral, pues seria básicamente una contradicción. Como comunistas libertarias nuestro rechazo a cualquier forma de delegación de responsabilidades, de profesionalización de la gestión pública, de la separación de lo político y lo social, así como del parasitismo de la burocracia y de la institucionalidad burguesa es una línea que atraviesa tanto nuestros objetivos como nuestra estrategia y táctica, y que si bien tiene sus matices en momentos puntuales nos encontramos en un momento político que no ofrece más alternativas que desarrollar un programa que se plantee la lucha desde abajo y por fuera de las vías que impone el enemigo, donde no todas las formas de lucha implican mayor eficacia. La verdadera emancipación de las trabajadoras del campo y la ciudad no será sino obra de si mismas.

Con la idea de presentar elementos que nos puedan dar mayor profundidad a la lectura, es importante analizar el actual escenario de lucha de clases y rescatar ejes puntuales que podemos observar a través de la coyuntura electoral:

La abstención no es precisamente síndrome de rebeldía

Varias compañeras libertarias se alegran del elevado porcentaje que significa la abstención no solo en esta sino prácticamente en todas las elecciones del país. Sin embargo podemos llegar a pecar de lectura seca y dejar pasar este fenómeno como si nada, pero también, y con mayor patología se presenta, se puede tener una idea sobrevalorada frente a ello.

Si bien el discurso de la elite a través de sus medios de desinformación es que la abstención se da por la pereza, la flojera, el apoliticismo o la desinformación -naturalmente-, en realidad tampoco es que sea lo contrario. Incluso para quienes defendemos la “abstención”, debemos darle mayor cuerpo agregándole el término “activa”, porque sabemos que a su vez existen dos formas de ‘no votar’. Entonces existe un fuerte matiz, casi polarizado, frente a este tema:

No todas las que no votan lo hacen por crítica, cuando menos constituida y con mínimos rasgos propositivos. También estamos quienes no votamos como señal de protesta, priorizando el escenario de la organización y la movilización como respuesta puntual a un momento, a su vez, puntual. Los altos niveles de abstención no necesariamente significan altos niveles de combatividad, si fuera así, más de la mitad de las personas del país estarían en las calles peleándose otro modo de vida: la lucha de clases se encontraría en otra etapa. Pero tampoco significa que no estemos en las calles y los procesos de transformación no existan.

Determinar cuanto por ciento de quienes no votan están en una lógica de abstención activa es casi imposible, sin embargo, y sin pecar de buena o mala fe, es importante saber canalizar ese descontento y apatía frente a las urnas en procesos de autoorganización. Podemos llamar en todas las elecciones a no votar, pero si no proponemos programaticamente algo, la abstención anarquista no activa se vuelve también pasiva, y lastimosamente, así parece que ha sido el cliché de cada 4 años para ciertas compañeras.

Como comentario adicional es importante apreciar con mayor detalle el voto en nulo, que casi análogamente presenta similitudes con la abstención. Se nos pretende mostrar los votos mal marcados como señal de que la registraduría no diseño bien el tarjetón, que es difícil marcar, que las personas prefieren jugar haciendo grafos, que faltó pedagogía, y otros cuentos de vieja data, y si bien pueden llegar a ser ciertos en casos puntuales, el voto en nulo también es una representación de descontento con los asuntos electorales, pero que de nuevo, puede ir por dos caminos completamente diferentes: un lado pasivo, que se queda en la simple apatía o desinterés, y por otro, una señal de protesta que además pretende constituirse como propuesta. Creo que dentro de la idea de la abstención activa es importante defender el voto en nulo para aquellas personas que por condiciones materiales objetivas deben usar este “derecho” (sin verlo como tal) para obtener ciertos beneficios: no estaría en contra de que una trabajadora vote en nulo con la idea de obtener un día de descanso pago o que lo haga una estudiante para minimizar gastos en su matricula, son cosas con las que también se sobrevive y debemos superar las barreras puristas que frenan lo táctico, y lo humano. De nuevo y sin ánimo de ser repetitivo: casi 1 millón y medio de votos en nulo no significan una alta beligerancia en el seno del pueblo.

La ilusión del voto en blanco

Si bien el voto en nulo y la abstención activa son medios que se encuentran por fuera del juego electoral que impone la burguesía, esta misma también ha ideado mecanismos que le sean similares y al mismo tiempo le sean funcionales, muestra de ello es el voto en blanco.

El voto en blanco es una propuesta que no va más allá de cierto descontento mal encauzado en las vías electorales, su victoria no significa nada más que un cambio de fichas en el tablero de ajedrez para que participen los mismos jugadores. Nuestra postura no rechaza tal o cual candidata, sino que critica el programa que representa dentro un juego diseñado para que perdamos siempre las de abajo: Si el voto en blanco hubiera ganado y posteriormente los partidos que sobrevivieran a la eliminatoria del umbral – las maquinarias politiqueras tienen como superarlo- se hubieran visto obligados a postular nuevas candidatas, no cambiarían nada los intereses que representan, saldrían intactos pues requieren de profesionales prestos a ejecutarlos, ¿O acaso imaginamos que si la derecha o la izquierda electoral tuviera que presentar otras fachadas sus fines serian otros?

Empero, en medio de un panorama donde poca inserción social tenemos las anarquistas es importante ver al voto en blanco como un voto de opinión: hay algo, cierto descontento existe, interés de cambio aunque sea iluso (alimentado por medios de desinformación y por líderes populistas alejados de verdaderas ansias de transformación), algo se mueve en la mayor parte de quienes optan por esta vía casi que al margen de la conciencia de clase. El reto es entonces encauzar ese algo en otras alternativas de matrices libertarias, saber captar ese germen de rechazo en una táctica de abstención activa y darle mayor movilidad de acción mediante un dialogo directo y horizontal con quienes optan por aquel camino.

Las apuestas que nos quedan como anarquistas después de las elecciones

Es iluso creer que nuestra postura antiparlamentaria nos hace impermeables, que el escenario electoral no nos toca. Así como el Estado no es un ente centralizado sino que es un conjunto de relaciones sociales inmersas no solo en las instituciones burguesas sino impuestas en el seno del pueblo mismo, es su política de la representatividad y de las mayorías una imposición al cambiante combate del día a día en los campos y barrios.

Se ha sido claro en señalar el cambio de la correlación de fuerzas: la extrema derecha a recuperado poder político, lo que también significa el aumento de la guerra sucia en campos y periferias urbanas, especialmente para nosotras como militantes revolucionarias; del mismo modo, la izquierda ha visto reducida su capacidad de convocatoria electoral, lo que le significa un retroceso y por ende llegaría debilitada a espacios como una posible asamblea nacional constituyente o un clima de “posconflicto”; finalmente el modelo actual neoliberal de santos continua su andar cuando menos con pocos obstáculos, las trabas las pondremos desde abajo. En los retos que se presenten en el corto plazo es importante tener presente con quienes hacemos alianzas sectoriales o estratégicas en épocas donde lo electoral prima para mayor parte de la izquierda colombiana.

Sí nuestra estrategia no ve en lo electoral un campo de combate, primero por entrar a jugar dentro del flanco donde el poder dominante tiene todas las ventajas y segundo por postura ética de rechazo a lo que significa el relegar nuestra voz, si vemos como prioridad la construcción de alternativas que contrasten con la sociedad de hoy. La tarea es entonces acrecentar la fuerza popular desde abajo y por fuera del Estado: nuestra estrategia es generar gérmenes de decisión horizontal y asamblearia en sindicatos, consejos estudiantiles, procesos culturales, territoriales, barriales, juveniles, de mujeres, campesinos o cualquier escenario donde veamos posibilidad de levantar organización autónoma de clase. Adicionalmente es importante participar en las coyunturas que hoy plantean los movimientos sociales: El paro agrario, las luchas en las universidades, las demandas territoriales, entre otros, son campos de acción, donde debemos darle mayor capacidad de maniobrabilidad a tácticas como la huelga de revuelta, las movilización masivas en las ciudades, la presión a través de los bloqueos y el boicot a quienes de una u otra manera reprimen al pueblo. En estos momentos donde nos encontramos en una etapa de maduración del anarquismo organizado en Colombia es preciso decantar todas nuestras fuerzas en una inserción social real en estos mismos escenarios, contagiando prácticas libertarias en donde hagamos presencia y desarrollando un trabajo coordinado y colectivo con una vocación de masificación de la idea. La autogestión de los territorios y las comunidades, así como la proyección de la acción directa popular a todos los niveles es el reto que debemos afrontar aquí y ahora.

Steven Crux

Habemus presidente: mandato por la paz con injusticia social

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Habemus presidente

Santos ha sido elegido nuevamente presidente de Colombia, con un 51% de los votos emitidos, en medio de una perenne crisis de legitimidad -la abstención nuevamente fue la ganadora, llegando al 52%, más 4% de voto en blanco. Más de la mitad del electorado no se acercó a las urnas pese al terrorismo histérico mediático, que de lado y lado describía panoramas apocalípticos después del 15 de Junio, o a las encuestas amañadas. El triunfo de Santos no debería sorprender a nadie: las elecciones no definen nada, sino que sancionan apenas, con un tenue barniz democrático, lo que ya estaba decidido. Con el respaldo del capital financiero, de los empresarios, de los EEUU y de la Unión Europea, era imposible que Santos perdiera. Como dijera el profesor Renán Vega en una entrevista “Las elecciones simplemente son como el cierre de esos proyectos en marcha que llevan mucho más tiempo de consolidación en el país en términos políticos”[1].

Aunque un sector de la izquierda quiera ver este resultado electoral como un voto por la paz, o más aun, como el equivalente colombiano a Stalingrado o al Día-D (dependiendo de su persuasión ideológica) en la derrota del “fascismo”, lo cierto es que tanto el aumento en la votación de Santos como una cierta baja del abstencionismo, tienen más que ver con la fuerza aplanadora de las maquinarias electorales, particularmente en la Costa caribe[2], incluidas la compra de votos a granel y la mermelada para todos los gustos. Aunque es discutible el peso de la izquierda en el resultado electoral (en ciertas zonas hubo claras transferencias, incluida Bogotá, no así en otras), lo cierto es que la izquierda tuvo un rol clave no en decidir las elecciones, sino en ayudar a lavar la imagen de Santos ante la opinión pública.

Santos inicia un nuevo período de gobierno en la misma crisis crónica de legitimidad del régimen colombiano, pero con una imagen fresca. Este triunfo electoral y todo el manejo propagandístico que se hizo en torno al “candidato de la paz”, han ayudado a disociar su imagen de los falsos positivos, del bombardeo a Ecuador, de su catastrófica gestión social anti-popular, de su ministerio de guerra y de su ministerio de palmicultura, de todos los engaños y promesas incumplidas al pueblo campesino, de los tratados de libre comercio, de la impunidad militar, de la ley de seguridad ciudadana y la criminalización de la protesta… se ha echado una buena cantidad de tierra sobre los muertos de estos cuatro años en que el pueblo no ha dejado de movilizarse y ¿los presos políticos?, muy bien gracias. Santos emerge de la contienda electoral, indudablemente, con una imagen renovada.

Pero importantes sectores de la izquierda hicieron un poco más que esto. Además, al personalizar –junto a los santistas- el proceso de paz en la figura del presidente, han ayudado a que la paz, originalmente una conquista del pueblo movilizado (y en últimas hasta un deber constitucional), pueda ser redefinida en este segundo período de gobierno en los términos de Santos. El presidente tiene las llaves de la paz, ahora sí, bien guardaditas en su bolsillo y no las compartirá con nadie, a menos que sea hacia la derecha. Ya los analistas van sacando sus conclusiones: Santos ha logrado un mandato para avanzar en el proceso de paz, pero tendrá que hacer concesiones al 46% de votos uribistas que ellos interpretan como más mano dura[3]. El mandato por la pax santista, ergo, incluirá bajar las “expectativas” a las FARC-EP y al ELN. Como dice el análisis de la Silla Vacía, el resultado electoral “quizás, ayude a focalizar la discusión en la mesa en lo posible, más que en lo deseable”[4]. O sea, pisar el acelerador para lograr, cuanto antes, la paz con injusticia social. El análisis de Semana es aún más claro al definir que la pax santista consistirá, sencillamente, en “llevar las conversaciones de La Habana y las que se hagan inicialmente en Ecuador, Brasil u otro país con el ELN a que esas dos guerrillas acepten desmovilizarse y desarmarse”[5]. La paz ha sido definitivamente divorciada de los cambios estructurales para superar las causas del conflicto; a lo mejor hay cambios que habrá que hacer, pero nada muy radical, aunque demagógicamente se invoquen “cambios profundos” que solamente pueden creer los más ingenuos[6]. En palabras del mismo artículo de Semana, “Santos no tiene, pues, carta blanca para negociar con las FARC. Las líneas rojas que su propio gobierno se trazó al emprender este camino han sido reforzadas y, si se quiere, reducidas por el resultado electoral”.

Santos logró algo histórico además en el plano político. Logró volver a recomponer el bipartidismo bajo los colores del uribismo y de su propia tolda. El término “oposición”, de hecho, ha sido apropiado –gracias a los manejos mediáticos y al encuadramiento electoral de la izquierda- por el uribismo, con quienes objetivamente, comparte más que lo que los divide. Santos es, sin dudas, un hábil jugador en medio de la debilidad estructural de su mandato. De hecho, debe ser en el mundo el único presidente de derecha, delfín de lo más granado de la odiada oligarquía, involucrado en groseras violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, que ha recibido un respaldo electoral importante por parte de la izquierda. En la práctica, Santos logró unir a la izquierda colombiana a un grado que no logró ni la candidatura de Clara López ni el paro agrario del 2014. Lo que demuestra lo astuta que es la oligarquía colombiana. Son unos berracos; no por nada llevan dos siglos en el poder, manejando uno de los Estados más reticentes a la reforma social.

¿Qué se viene ahora? Santos intentará consolidar su proyecto de la unidad nacional, conciliando con el uribismo, en torno al discurso de la paz minimalista en medio del recrudecimiento de la ofensiva. Recordemos que el mismo día que supuestamente se votaba guerra o paz, el gobierno se felicitaba por el presunto abatimiento de Román Ruiz, líder del Frente 18 de las FARC-EP (pese al cese al fuego unilateral), quien al final resultó no ser el muerto… o sea, otro falso positivo[7]. A la izquierda no tendrá que hacerle mayores concesiones porque no tiene capacidad de exigirlas. A algunos en la izquierda les tocará la mermelada (alcaldía de Bogotá), a otros con un plato de lentejas les bastará (por ejemplo, si les hacen la vista gorda ante casos de corrupción de ciertos familiares). Pero la mayoría tendrá que contentarse con las promesas de lentejas, porque las concesiones serán con la “oposición oficial” (uribismo). Lo que no impedirá que un sector se quede pegado con mermelada, lentejas y promesas, al “presidente de la paz”, secundando su mandato por la paz con injusticia social con la esperanza de que el régimen sea un poco más “incluyente” (o sea, que los inviten a co-administrar los escalones más bajos del sistema que existe, abandonando toda ilusión de cambio social). Tal vez veremos más ritos indígenas de armonización, más treguas sindicales de 100 ó de 1000 días, y más dirigentes de izquierda diciendo que actualmente es inoportuno luchar, que no hay que desestabilizar, que hay que rodear la paz (o sea, rodear a Santos). El país político sesionando en pleno.

El voto táctico de la izquierda oculta en el fondo una derrota estratégica de ésta. Derrota que no es de las últimas dos semanas, sino que se arrastra de largo y que se ha expresado en su incapacidad de canalizar el descontento popular en un programa de lucha, en una renovación de la política y en deshacerse de los métodos de la política tradicional, metiéndole cuerpo al promisorio proyecto de unidad desde abajo que comenzó a forjarse en la Cumbre Agraria y Popular. Sólo tal vez así, se podrá llegar a más de la mitad del país que mira a la distancia, con asco e indiferencia, desde su pobreza y exclusión social, sin inmutarse, a ese país político ajeno. Lo único que podría inclinar la balanza hacia la paz con justicia social es la fuerza de la lucha popular, del pueblo organizado. Pero para ello hay que vencer los caudillismos y burocratismos de esa “ciudad letrada” que mira con desconfianza al bajo pueblo y a su iniciativa espontánea. Esa ciudad letrada que confía más en la negociación por arriba que en la capacidad de lucha de los de abajo. La izquierda oficial ha demostrado tener más capacidad para desmovilizar que para movilizar, más capacidad para elegir al mal menor que para ser alternativa política. Así las cosas, los dados parece que en este segundo período estarán inclinados hacia la paz en los términos de Santos. A menos que haya una asonada al interior de la izquierda que dé por el traste con los verticalismos, oportunismos, sectarismos, personalismos y todos los ismos que le impiden crecer y convertirse en alternativa política, no para el pueblo, sino que construida desde el pueblo. Si no, lo que nos espera, es el destino de ser Guatepeor: algo así como tener la violenta paz de Guatemala, pero elevada al cubo.

José Antonio Gutiérrez D.
16 de Junio, 2014


[1] http://www.lahaine.org/index.php?p=78255
[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/elecciones-colomb…918-3
[3] http://www.semana.com/opinion-online/articulo/hablarle-…071-3 Digo “interpretan” porque ese 46% del voto no es más ideológico que el de Santos: también responde a maquinarias, mermelada, compra de votos, chocorazos y al sentimiento anti-santista. Pensar que el voto “uribista” es homogéneo es insostenible.
[4] http://lasillavacia.com/historia/elecciones-presidencia…47921
[5] http://www.semana.com/nacion/articulo/habra-acuerdo-de-…888-3
[6] http://www.semana.com/nacion/elecciones-2014/articulo/j…061-3
[7] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/policia-d…98468