Elecciones

NADA SE HA PERDIDO QUEDA TODO POR GANAR

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“Que el mundo va a cambiar, nos dicen…
que cuando votemos, nos escucharán.
Si en cambio no votáis, nos dicen…
los del otro lado nos aplastarán,
y así se quedarán, nos dicen,
con las manos libres para hacer su plan.

Malditas elecciones, decimos,
si la voz rebelde se domesticó.
Malditas elecciones, decimos,
quieren el gobierno,
y nosotros no…”

-Chicho Sánchez Ferlosio-

Peñalisa

Malditas elecciones decimos al ver el panorama en que nos quieren enmarcar, malditas elecciones porque sabemos que gobierne quien gobierne el pueblo siempre pierde. Malditas elecciones que se roban el tiempo y espíritu de lucha de muchas de nuestras compañeras, de nuestras vecinas y amigas. Una vez más nos encontramos con el panorama gris y desolador de las elecciones, este ritual de cada 2 años que nos lleva a reflexionar una y otra vez sobre la poca efectividad de la disputa parlamentaria.

Los grandes medios excitados por la disputa electoral nos muestran un cuadro político cada vez más complicado, que no es diferente a lo que estamos acostumbrados a vivir pues vemos como nivel nacional se han posicionado los mismos clanes políticos de siempre que actualmente representan la Unidad Nacional gracias al discurso de la PAZ, estos grupos como el partido “Cambio Radical”: otrora, partido uribista y ahora como es bien sabido controlado por el Vicepresidente Germán Vargas Lleras, consagrado “enemigo” de Álvaro Uribe Vélez; Partido compuesto por “Delfines” hijos de políticos de antaño, acostumbrados a la politiquería y al clientelismo, que buscan el poder en todas sus formas por lo que no tienen miedo ni vergüenza de dar aval a candidatos expresamente sindicados de corrupción y cercanos a sectores paramilitares como la próxima gobernadora de La Guajira, Oneida Pinto, electa con un poco más del 65% de los votos, comprobando así que este territorio sigue siendo un bastión del Paramilitarismo, en cabeza del exgobernador, Kiko Gómez.

A su vez nos encontramos el repunte del partido Liberal que sigue en manos de los caciques de siempre que saben mover sus maquinarias a la hora del circo electoral, garantizando el poder local en varias gobernaciones y alcaldías en muchos casos en alianzas con partidos que también componen unidad nacional y en algunos casos con “la oposición”, es decir, con el centro democrático, marcando el talante pragmático de estas elecciones a nivel nacional.

En definitiva a nivel nacional se remarca el poderío de todos los partidos de Unidad Nacional desplazando en algunos territorios el poder que se creía podría llegar a tener el proyecto de Extrema Derecha de Álvaro Uribe Vélez y sus camarillas. Pero esto no nos puede llegar a confundir, ya que la proyección en parte del Centro Democrático es recuperar el poder a nivel local, con los concejos, asambleas y alcaldías municipales para poder enfrentar desde las regiones el posible escenario de posacuerdo, que marcará un nuevo recrudecimiento de la avanzada Paramilitar en el país. A su vez marcando el poderío del proyecto Paramilitar en los departamentos del Norte de Colombia, y conservando sus principales territorios en la costa, se encuentra el Partido “Opción Ciudadana”, que cada elección cambia de nombre pero no de personajes y maquinarias.

Es claro que la Socialdemocracia en cabeza del Polo Democrático Alternativo se vio afectada fuertemente a nivel nacional, gracias a sus disputas internas y a su afán de poner por encima del trabajo de base, la disputa por el poder. Se podría decir que su única ganancia es la Gobernación de Nariño, un baluarte histórico del POLO, que ha quedado en manos de un personaje que representa muy bien a un socialdemócrata con ansías de poder.

Finalmente nos encontramos con el segundo cargo burocrático más importante del País, como lo replican los medios, intentando desviar la importancia de las regiones en un conflicto como el colombiano que nos lleva a encontrarnos que el ganador por mucho es el eterno candidato Enrique Peñalosa, un personaje de las entrañas de la Derecha camuflado de “independiente”, que representa lo que todas desde hace varias generaciones estamos acostumbradas, una política diseñada por el clientelismo, la corrupción y la visión de ciudad capitalista que sirve simple y llanamente como lo diría Harvey, para la acumulación del Capital.

Peñalosa representa bien lo que un constructor piensa de la ciudad, es decir, grandes proyectos inmobiliarios que vendan el discurso de una ciudad funcional a la globalización y a los grandes capitales, que profundice cada vez más la segregación social, enfocando sus recursos en mejorar las condiciones en que circula el capital y la mano de obra barata, preocupado por la realización de la gran metrópoli a punta de concreto y bulldozers, al servicio de los grandes contribuyentes de su campaña, como la Ladrillera Santa Fé, la empresa de materiales de construcción Corona –que también tiene acciones en la Multinacional Chilena Sodimac–, y las grandes constructoras como los son Amarilo, Cusezar, Bolivar y Marval; Las cuales van a empezar a cobrarle al nuevo alcalde esos dineros para que les apruebe un POT enteramente a su favor, para obtener las mayores ganancias a costa de los millones de pobres que componen la Capital, ya que recordemos que sus grandes recursos los generan de la construcción de las llamadas VIS y VIP, Viviendas de Interés Social y Prioritario; Cabe resaltar acá, que como bien lo decíamos, el gran vencedor y que se va perfilando como Presidente para el 2018 –Germán Vargas Lleras- saca su mayor tajada en el sector de la construcción y la infraestructura que cogerá como conejillo de Indias a la capital.

Viendo este panorama y sabiendo lo que nos espera, seguimos convencidos firmemente que la lucha no se agudiza cada 4 años, ni que la disputa por los puestos del Poder sea un gran botín para el movimiento social. El actual descalabro de la Socialdemocracia nos hace evidenciar una vez más que la lucha es con las de abajo, sabiendo que estructuralmente no ha cambiado nada en estos 12 años de gobiernos de Izquierda, de ser así esto se abría traducido en capitalizar ese acumulado en votos que defendieran el más fuerte baluarte de la izquierda en el país, pero no fue así y esto lo único que nos demuestra es la ambigüedad que se da en estos espacios.

Bien es sabido que los últimos gobiernos en la capital no han significado un repunte significativo en la Beligerancia del movimiento social, sino al contrario ha significado un retroceso en las posturas más beligerantes que se podían encontrar en décadas pasadas, como las luchas por la vivienda y el movimiento estudiantil, por citar los más apaciguados.

Sabemos bien que el acto de relegar el poder transformador de las personas a través del voto, conlleva a que cuadros importantes del movimiento social descuiden su papel agitador en los barrios fortaleciendo los territorios como germen transformador hacia una nueva sociedad.

Es deprimente escuchar a sectores llamados de izquierda, asumir la misma noche de los resultados una actitud beligerante y contestataria, enfocando su discurso en “ahora si vamos a salir a las calles”, o “ es hora de luchar por lo que nos pertenece”, es acaso esta actitud de “luchar” una posición diferente a la que se debe asumir el resto del año, acaso dejamos de luchar porque la burguesía deja posicionar un gobierno diferente temporalmente, o será que realmente se tiene una lectura de que los cambios y la transformación que necesita esta sociedad viene desde arriba?

Es Igual de triste o peor ver como el Uribismo empieza a hacer lo que la socialdemocracia ha intentado hacer durante años, buscar la solidez de su partido en las bases y el control territorial para así hacerle frente al enemigo, que para ellos, actualmente se personaliza en las FARC y todas aquellas posturas a favor del Proceso de la Habana, pero que en el fondo, el Centro Democrático es enemigo de todas aquellas que nos asumimos contra el proyecto que busca profundizar el modelo Neoliberal a toda costa.

Como siempre las Anarquistas seguiremos insistiendo en que la lucha no es por el Poder, la lucha es día a día concientizando a la gente de a pie: en los barrios, veredas y universidades, seguiremos denunciando a las reformistas que impiden que la lucha sea transformadora y liberadora, y seguiremos reclamando por la organización de todas para hacerle frente al capitalismo, al patriarcado y a la explotación de las oprimidas. Porque sabemos que juntas, paso a paso vamos a llegar más lejos, luchando fraternalmente con todas aquellas que de manera horizontal y solidaria quieran construir un mundo nuevo, en el cual compartamos sin vicios autoritarios el camino de la libertad y la dignidad.

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LA LUCHA ESTÁ EN LAS CALLES Y NO EN LAS URNAS

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Publicado originalmente en el periódico Acción Libertaria #04 / Mayo 2014

Análisis desde un punto de vista libertario frente a las recientes elecciones legislativas del 9 de Marzo en Colombia

Hace poco las urnas en Colombia tuvieron otra jornada de uso agitada desde hace bastantes semanas con la inundación de publicidad política en diferentes medios de comunicación (haciendo de nuevo las calles y los muros espacios de propaganda electoral) y en el debate cotidiano. En esta nueva coyuntura se presentaron ciertas novedades importantes respecto a anteriores, para tener en cuenta: la aparición en la arena de un fuerte sector organizado de la extrema derecha alrededor de la figura del caudillo Álvaro Uribe, la dispersión de la izquierda parlamentaria en tres frentes de batalla (Polo Democrático, sectores de centro izquierda alrededor de Progresistas, y la Unión Patriótica, estos dos últimos incluidos dentro de la heterogénea Alianza Verde con sectores incluso de la derecha más reacia como lo es Enrique Peñalosa, actual formula presidencial de dicha colectividad), la utilización de alta tecnología tanto en el ejercicio del voto como en su conteo (que acelero el proceso de difusión de resultados), la practica tranquilidad en la mayor parte del país (versus anteriores elecciones) y la cristalización más profunda de una apuesta por el Voto en Blanco. Resultado: las elecciones las ganaron las de siempre: la alta abstención (que llego a cifras del 56.4% en Cámara y del 58.9% en Senado), los votos en nulos más los no marcados y le siguieron las grandes maquinarias politiqueras constituidas del país, afincadas hace más de dos siglos.

La Lucha está en las Calles y no en las Urnas 1

Para este último punto es importante resaltar los resultados y darle un análisis sistemático al mismo: Por un lado en senado la correlación de fuerzas quedo a la cabeza del oficialista Partido de la U y del uribista Centro Democrático, con 21 y 20 curules respectivamente. Empero, la bancada favorable a Santos conformada por el Partido Liberal y Cambio Radical, integrantes de la Unidad Nacional, obtuvieron el tercer y quinto puesto con 17 y 9 curules respectivamente; el ahora divido -pero aun unido- Partido Conservador con 19 puestos ocupo el tercer lugar; y de ultimas se encuentra la centro-izquierda-derecha Alianza Verde, el Polo Democrático Alternativo y el reencauchado PIN en la Confluencia Ciudadana, este último con líderes involucradas en escándalos de parapolítica. Para la Cámara, los resultados fueron muy similares: a la cabeza se encuentra el Partido Liberal (39), luego el Partido de la U (37), Centro Democrático (27) y de ahí para atrás las cosas son muy similares al senado. Sin lugar a dudas la gran ganadora ha sido –y siempre será- la burguesía nacional, fiel lacaya de los intereses internacionales, que ha diseñado un marco legal y parlamentario que blinda su poder político y económico con la constitución y el fusil, pasando por la motosierra y el bolillo. La Unidad Nacional se llevo por delante las curules, dándole mayor respaldo a una eventual victoria de las políticas neoliberales en cabeza de los principales aspirantes al cargo presidencial; el avance de los sectores de derecha inconformes con los diálogos de paz y a favor de una profundización de la lógica guerrerista también han obtenido un gran espacio dentro del congreso, que de cierta manera encuentran diferencias puntuales con el oficialismo, pero que en el plano de la política de lo real para las de abajo, llegarán a aceitar las locomotoras santistas o no proponer nada mejor para el pueblo trabajador.

Más de lo mismo de siempre…

Este senado, aunque se enmarcada dentro de un reacomodo de las fuerzas políticas con ciertos matices, a la larga termina siendo más de lo mismo. El nuevo legislativo afrontará las coyunturas que van a marcar la agenda del país, especialmente en los diálogos de paz donde las diferencias entre el santismo y el uribismo saldrán a flote: mientras las primeras van por una salida negociada pero con los intereses del capital detrás de ello, buscando la entrada de Colombia dentro del sistema mundial de libre comercio que le permita abrirse al mercado sin mayores contratiempos para la explotación minero-energética, las otras optan por la estrategia de la continuación de la guerra con una etapa de desgaste militar pero con horizontes similares. Quitando la cortina opaca es importante recordar, que en lo práctico, Santos no ha abandonado completamente la lógica de la seguridad democrática. De igual manera las curules en el parlamento, tanto de la Unidad Nacional como del Centro Democrático, servirán para darle espacio legal a la continua sobreexplotación del territorio y de nuestras vidas, además de encarar la era de las privatizaciones, consolidación del neoliberalismo: las reformas a la salud, educación, penitenciarias, jurídicas y demás se materializaran o cuando menos tomaran impulso desde la institucionalidad estatal burguesa para el periodo que comprende los siguientes 4 años, he ahí uno de nuestros objetivos a combatir como revolucionarias.

La paradoja de la izquierda electoral: ¿Ganaron o perdieron?

Las posturas progresistas del país que han visto en la arena electoral un campo de acción llegaron profundamente divididas: el referente amplio que era el Polo Democrático Alternativo perdió la llamada unidad de la izquierda en lo practico, impulsado por las lógicas auto vanguardistas, sectarias y personalistas de los sectores del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario y afines a Clara López, históricamente encontrados dentro del ala más reformista, quienes en base de su poderío autoritario optaron por expulsar al Partido Comunista Colombiano, y con ello, la salida de colectividades de izquierda, como Fuerza Común o militantes independientes.

Fuerzas políticas de izquierda como Poder y Unidad Popular (participe del Congreso de los Pueblos), así como sectores allegados a Iván Cepeda (entre ellos, por mencionar, el Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo -MODEP-, con una fuerte matriz maoísta), decidieron mantenerse dentro del Polo Democrático de cara a la coyuntura electoral. Por otro lado, se conformaron diferentes frentes electorales para las anteriores elecciones legislativas: El PCC cristalizo su propuesta en torno a la reciente reaparición de la Unión Patriótica, tras ser devuelta su personería jurídica después del genocidio político vivido hace 2 décadas; Fuerza Común, junto a otros sectores, impulso la creación de País Común, y el espectro del trotskismo histórico (Partido Socialista de los Trabajadores) del país opto por apoyar el llamado al Voto en Blanco. Por el lado del MOIR se decanto todas las fuerzas en el caballo de batalla que ha sido hace bastante tiempo Jorge Robledo y de personajes como el ex vocero de la MANE y actual estudiante Sergio Fernández; lo suyo también hizo el PUP con la postulación del dirigente campesino del Catatumbo Alberto Castilla; Iván Cepeda opto por ser acompañado por Alirio Uribe, defensor de derechos humanos y miembro del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo; para quienes no hacen parte del Polo la Alianza Verde se mostró como un frente amplio en el cual se podrían ubicar bajo una unidad meramente coyuntural, pegada con babas: País Común lanzo por la cámara de Bogotá a la militante de Fuerza Común Donka Atanassova; la Unión Patriótica creo un abanico de posibilidades donde a la cabeza se encontraban los miembros del PCC Jaime Caycedo (antiguo concejal de Bogotá) y Carlos Lozano; finalmente, los progresistas avalaron la candidatura del ex miembro del M-19 Antonio Navarro Wolff.

Gran parte de la izquierda hizo suya las victorias que representaron Robledo (quien logró la más alta votación del país y arrastro números para superar el umbral y garantizar la continuidad del Polo como partido), el ascenso de Castilla y Navarro Wolff al senado y la permanencia de Cepeda en el cargo, así como la inclusión de Alirio Uribe en la cámara por Bogotá. Sin embargo, tanto la UP como País Común no obtuvieron escaño alguno, donde los primeros dieron la sorpresa teniendo en cuenta su tradición histórica y la presencia de Gloria Inés Ramírez -militante del PC– en el anterior legislativo. El PDA alcanzo en total 5 curules en senado y 3 en cámara, viendo su participación reducida en comparación con las elecciones del 2010; la Alianza Verde alcanzo 5 puestos en senado y 6 en cámara. Para gran parte de la izquierda electoral lo anterior representa una victoria en medio de los atrasos que le ha significado perder un único referente amplio en las urnas.

Aquí nos encontramos con una paradoja: ¿La izquierda gana o pierde en las elecciones? Esa es una pregunta que resuena mucho hoy por hoy en los debates políticos, pero la pregunta debe ir más allá: ¿Ganan los sectores oprimidos del país?, ¿Gana un proyecto emancipador y de clase?, ¿Gana el pueblo trabajador? Parece que a las fuerzas electorales les preocupa más una táctica de mera visibilización versus una estrategia revolucionaria, han considerado como un triunfo la entrada de líderes sociales al legislativo, pero en verdad ¿Significa algún cambio político real?

La burguesía nunca minará sus propias instituciones para permitir que se le pueda escapar el poder: Por un lado, las maquinarias politiqueras del país tienen un poderío que les permite mantenerse en el gobierno (compra de votos, fraude electoral, etc.). Por más que hagamos el llamado al voto de conciencia, ya la derecha ha ganado sin alguna. Pensar ilusamente que estamos en capacidad de exigirle a la burguesía que podamos participar en SU juego bajo condiciones de sinceridad e igualdad ya de por sí es un error grave de lectura y falta de criterio, pero más que ello, es entrarle a la política de conciliación de clases, sobre todo cuando discursos peligrosos como los del MOIR llaman a una renovación del capitalismo, codo a codo con la burguesía nacional criolla que muestre cierta empatía con la idea de un nacionalismo-populista cuasi revolucionario, burguesía que a veces parece poco tener que envidiarle a las asesinas maquinas extranjeras.

Por si eso no fuera poco, la derecha tiene más caminos que escoger: en caso de que le sea favorable -en términos de apagar la llama popular revolucionaria- permitirle a la socialdemocracia acceder a ciertos cargos en el poder de no tanta relevancia, le es fácil también controlar hasta qué punto pueden maniobrar, o en su defecto dispone de todo un aparataje burocrático penal, jurídico y disciplinario presto a darle la legalidad a las decisiones que tome (por encima del eufemismo del voto o de la democracia) y poder reubicar a otra ficha en la posición que deseen. Y si no le basta dispone de las fuerzas represivas estatales y paraestatales, que con la amenaza, el exilio, la desaparición y hasta el asesinato a sangre fría cuando sea necesario, están dispuestas a recuperar espacios que el poder burgués vaya perdiendo eventualmente, de hecho, aquí no existe diferenciación entre la centro derecha de la bota militar suave y la extrema más reacia y goda: las dos son caras de la misma moneda, y parafraseando un poco me atrevería a decir que el gobierno de Santos no lucha contra el paramilitarismo y las posturas fascistas –evidentemente-, cuando ve que el poder se le escapa recurre a la motosierra para mantener sus privilegios. Entonces, ¿Aceptamos el juego que nos imponen o buscamos maneras alternativas de construir un mundo nuevo, desde abajo y por fuera del Estado?

Mientras unas festejan obtener un escaño en el congreso otras sabemos que no se ha ganado nada y todo está por pelear, y que aun si la izquierda llegase a ocupar una posición favorable en términos de correlación de fuerzas tanto en este escenario como quizás -y solo quizás- en la presidencia con el fin de cambiar la dirección del país, no nos bastaría con ello: Nuestra crítica, como anarquistas revolucionarias, debe ser mucho más profunda.

No es simplemente convertirnos en una alternativa extraparlamentaria: debemos caracterizarnos también por poseer una estrategia antiparlamentaria, es decir, más que rechazar la vía electoral por las causas objetivas que impone la burguesía, nos encontramos frente a una posición ética que reniega el papel de lo parlamentario, y contrario a lo que muchas compañeras señalan, los caminos de autogestión, solidaridad, apoyo mutuo y colectivización no pueden existir al mismo tiempo junto a una estrategia electoral, pues seria básicamente una contradicción. Como comunistas libertarias nuestro rechazo a cualquier forma de delegación de responsabilidades, de profesionalización de la gestión pública, de la separación de lo político y lo social, así como del parasitismo de la burocracia y de la institucionalidad burguesa es una línea que atraviesa tanto nuestros objetivos como nuestra estrategia y táctica, y que si bien tiene sus matices en momentos puntuales nos encontramos en un momento político que no ofrece más alternativas que desarrollar un programa que se plantee la lucha desde abajo y por fuera de las vías que impone el enemigo, donde no todas las formas de lucha implican mayor eficacia. La verdadera emancipación de las trabajadoras del campo y la ciudad no será sino obra de si mismas.

Con la idea de presentar elementos que nos puedan dar mayor profundidad a la lectura, es importante analizar el actual escenario de lucha de clases y rescatar ejes puntuales que podemos observar a través de la coyuntura electoral:

La abstención no es precisamente síndrome de rebeldía

Varias compañeras libertarias se alegran del elevado porcentaje que significa la abstención no solo en esta sino prácticamente en todas las elecciones del país. Sin embargo podemos llegar a pecar de lectura seca y dejar pasar este fenómeno como si nada, pero también, y con mayor patología se presenta, se puede tener una idea sobrevalorada frente a ello.

Si bien el discurso de la elite a través de sus medios de desinformación es que la abstención se da por la pereza, la flojera, el apoliticismo o la desinformación -naturalmente-, en realidad tampoco es que sea lo contrario. Incluso para quienes defendemos la “abstención”, debemos darle mayor cuerpo agregándole el término “activa”, porque sabemos que a su vez existen dos formas de ‘no votar’. Entonces existe un fuerte matiz, casi polarizado, frente a este tema:

No todas las que no votan lo hacen por crítica, cuando menos constituida y con mínimos rasgos propositivos. También estamos quienes no votamos como señal de protesta, priorizando el escenario de la organización y la movilización como respuesta puntual a un momento, a su vez, puntual. Los altos niveles de abstención no necesariamente significan altos niveles de combatividad, si fuera así, más de la mitad de las personas del país estarían en las calles peleándose otro modo de vida: la lucha de clases se encontraría en otra etapa. Pero tampoco significa que no estemos en las calles y los procesos de transformación no existan.

Determinar cuanto por ciento de quienes no votan están en una lógica de abstención activa es casi imposible, sin embargo, y sin pecar de buena o mala fe, es importante saber canalizar ese descontento y apatía frente a las urnas en procesos de autoorganización. Podemos llamar en todas las elecciones a no votar, pero si no proponemos programaticamente algo, la abstención anarquista no activa se vuelve también pasiva, y lastimosamente, así parece que ha sido el cliché de cada 4 años para ciertas compañeras.

Como comentario adicional es importante apreciar con mayor detalle el voto en nulo, que casi análogamente presenta similitudes con la abstención. Se nos pretende mostrar los votos mal marcados como señal de que la registraduría no diseño bien el tarjetón, que es difícil marcar, que las personas prefieren jugar haciendo grafos, que faltó pedagogía, y otros cuentos de vieja data, y si bien pueden llegar a ser ciertos en casos puntuales, el voto en nulo también es una representación de descontento con los asuntos electorales, pero que de nuevo, puede ir por dos caminos completamente diferentes: un lado pasivo, que se queda en la simple apatía o desinterés, y por otro, una señal de protesta que además pretende constituirse como propuesta. Creo que dentro de la idea de la abstención activa es importante defender el voto en nulo para aquellas personas que por condiciones materiales objetivas deben usar este “derecho” (sin verlo como tal) para obtener ciertos beneficios: no estaría en contra de que una trabajadora vote en nulo con la idea de obtener un día de descanso pago o que lo haga una estudiante para minimizar gastos en su matricula, son cosas con las que también se sobrevive y debemos superar las barreras puristas que frenan lo táctico, y lo humano. De nuevo y sin ánimo de ser repetitivo: casi 1 millón y medio de votos en nulo no significan una alta beligerancia en el seno del pueblo.

La ilusión del voto en blanco

Si bien el voto en nulo y la abstención activa son medios que se encuentran por fuera del juego electoral que impone la burguesía, esta misma también ha ideado mecanismos que le sean similares y al mismo tiempo le sean funcionales, muestra de ello es el voto en blanco.

El voto en blanco es una propuesta que no va más allá de cierto descontento mal encauzado en las vías electorales, su victoria no significa nada más que un cambio de fichas en el tablero de ajedrez para que participen los mismos jugadores. Nuestra postura no rechaza tal o cual candidata, sino que critica el programa que representa dentro un juego diseñado para que perdamos siempre las de abajo: Si el voto en blanco hubiera ganado y posteriormente los partidos que sobrevivieran a la eliminatoria del umbral – las maquinarias politiqueras tienen como superarlo- se hubieran visto obligados a postular nuevas candidatas, no cambiarían nada los intereses que representan, saldrían intactos pues requieren de profesionales prestos a ejecutarlos, ¿O acaso imaginamos que si la derecha o la izquierda electoral tuviera que presentar otras fachadas sus fines serian otros?

Empero, en medio de un panorama donde poca inserción social tenemos las anarquistas es importante ver al voto en blanco como un voto de opinión: hay algo, cierto descontento existe, interés de cambio aunque sea iluso (alimentado por medios de desinformación y por líderes populistas alejados de verdaderas ansias de transformación), algo se mueve en la mayor parte de quienes optan por esta vía casi que al margen de la conciencia de clase. El reto es entonces encauzar ese algo en otras alternativas de matrices libertarias, saber captar ese germen de rechazo en una táctica de abstención activa y darle mayor movilidad de acción mediante un dialogo directo y horizontal con quienes optan por aquel camino.

Las apuestas que nos quedan como anarquistas después de las elecciones

Es iluso creer que nuestra postura antiparlamentaria nos hace impermeables, que el escenario electoral no nos toca. Así como el Estado no es un ente centralizado sino que es un conjunto de relaciones sociales inmersas no solo en las instituciones burguesas sino impuestas en el seno del pueblo mismo, es su política de la representatividad y de las mayorías una imposición al cambiante combate del día a día en los campos y barrios.

Se ha sido claro en señalar el cambio de la correlación de fuerzas: la extrema derecha a recuperado poder político, lo que también significa el aumento de la guerra sucia en campos y periferias urbanas, especialmente para nosotras como militantes revolucionarias; del mismo modo, la izquierda ha visto reducida su capacidad de convocatoria electoral, lo que le significa un retroceso y por ende llegaría debilitada a espacios como una posible asamblea nacional constituyente o un clima de “posconflicto”; finalmente el modelo actual neoliberal de santos continua su andar cuando menos con pocos obstáculos, las trabas las pondremos desde abajo. En los retos que se presenten en el corto plazo es importante tener presente con quienes hacemos alianzas sectoriales o estratégicas en épocas donde lo electoral prima para mayor parte de la izquierda colombiana.

Sí nuestra estrategia no ve en lo electoral un campo de combate, primero por entrar a jugar dentro del flanco donde el poder dominante tiene todas las ventajas y segundo por postura ética de rechazo a lo que significa el relegar nuestra voz, si vemos como prioridad la construcción de alternativas que contrasten con la sociedad de hoy. La tarea es entonces acrecentar la fuerza popular desde abajo y por fuera del Estado: nuestra estrategia es generar gérmenes de decisión horizontal y asamblearia en sindicatos, consejos estudiantiles, procesos culturales, territoriales, barriales, juveniles, de mujeres, campesinos o cualquier escenario donde veamos posibilidad de levantar organización autónoma de clase. Adicionalmente es importante participar en las coyunturas que hoy plantean los movimientos sociales: El paro agrario, las luchas en las universidades, las demandas territoriales, entre otros, son campos de acción, donde debemos darle mayor capacidad de maniobrabilidad a tácticas como la huelga de revuelta, las movilización masivas en las ciudades, la presión a través de los bloqueos y el boicot a quienes de una u otra manera reprimen al pueblo. En estos momentos donde nos encontramos en una etapa de maduración del anarquismo organizado en Colombia es preciso decantar todas nuestras fuerzas en una inserción social real en estos mismos escenarios, contagiando prácticas libertarias en donde hagamos presencia y desarrollando un trabajo coordinado y colectivo con una vocación de masificación de la idea. La autogestión de los territorios y las comunidades, así como la proyección de la acción directa popular a todos los niveles es el reto que debemos afrontar aquí y ahora.

Steven Crux

Habemus presidente: mandato por la paz con injusticia social

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Habemus presidente

Santos ha sido elegido nuevamente presidente de Colombia, con un 51% de los votos emitidos, en medio de una perenne crisis de legitimidad -la abstención nuevamente fue la ganadora, llegando al 52%, más 4% de voto en blanco. Más de la mitad del electorado no se acercó a las urnas pese al terrorismo histérico mediático, que de lado y lado describía panoramas apocalípticos después del 15 de Junio, o a las encuestas amañadas. El triunfo de Santos no debería sorprender a nadie: las elecciones no definen nada, sino que sancionan apenas, con un tenue barniz democrático, lo que ya estaba decidido. Con el respaldo del capital financiero, de los empresarios, de los EEUU y de la Unión Europea, era imposible que Santos perdiera. Como dijera el profesor Renán Vega en una entrevista “Las elecciones simplemente son como el cierre de esos proyectos en marcha que llevan mucho más tiempo de consolidación en el país en términos políticos”[1].

Aunque un sector de la izquierda quiera ver este resultado electoral como un voto por la paz, o más aun, como el equivalente colombiano a Stalingrado o al Día-D (dependiendo de su persuasión ideológica) en la derrota del “fascismo”, lo cierto es que tanto el aumento en la votación de Santos como una cierta baja del abstencionismo, tienen más que ver con la fuerza aplanadora de las maquinarias electorales, particularmente en la Costa caribe[2], incluidas la compra de votos a granel y la mermelada para todos los gustos. Aunque es discutible el peso de la izquierda en el resultado electoral (en ciertas zonas hubo claras transferencias, incluida Bogotá, no así en otras), lo cierto es que la izquierda tuvo un rol clave no en decidir las elecciones, sino en ayudar a lavar la imagen de Santos ante la opinión pública.

Santos inicia un nuevo período de gobierno en la misma crisis crónica de legitimidad del régimen colombiano, pero con una imagen fresca. Este triunfo electoral y todo el manejo propagandístico que se hizo en torno al “candidato de la paz”, han ayudado a disociar su imagen de los falsos positivos, del bombardeo a Ecuador, de su catastrófica gestión social anti-popular, de su ministerio de guerra y de su ministerio de palmicultura, de todos los engaños y promesas incumplidas al pueblo campesino, de los tratados de libre comercio, de la impunidad militar, de la ley de seguridad ciudadana y la criminalización de la protesta… se ha echado una buena cantidad de tierra sobre los muertos de estos cuatro años en que el pueblo no ha dejado de movilizarse y ¿los presos políticos?, muy bien gracias. Santos emerge de la contienda electoral, indudablemente, con una imagen renovada.

Pero importantes sectores de la izquierda hicieron un poco más que esto. Además, al personalizar –junto a los santistas- el proceso de paz en la figura del presidente, han ayudado a que la paz, originalmente una conquista del pueblo movilizado (y en últimas hasta un deber constitucional), pueda ser redefinida en este segundo período de gobierno en los términos de Santos. El presidente tiene las llaves de la paz, ahora sí, bien guardaditas en su bolsillo y no las compartirá con nadie, a menos que sea hacia la derecha. Ya los analistas van sacando sus conclusiones: Santos ha logrado un mandato para avanzar en el proceso de paz, pero tendrá que hacer concesiones al 46% de votos uribistas que ellos interpretan como más mano dura[3]. El mandato por la pax santista, ergo, incluirá bajar las “expectativas” a las FARC-EP y al ELN. Como dice el análisis de la Silla Vacía, el resultado electoral “quizás, ayude a focalizar la discusión en la mesa en lo posible, más que en lo deseable”[4]. O sea, pisar el acelerador para lograr, cuanto antes, la paz con injusticia social. El análisis de Semana es aún más claro al definir que la pax santista consistirá, sencillamente, en “llevar las conversaciones de La Habana y las que se hagan inicialmente en Ecuador, Brasil u otro país con el ELN a que esas dos guerrillas acepten desmovilizarse y desarmarse”[5]. La paz ha sido definitivamente divorciada de los cambios estructurales para superar las causas del conflicto; a lo mejor hay cambios que habrá que hacer, pero nada muy radical, aunque demagógicamente se invoquen “cambios profundos” que solamente pueden creer los más ingenuos[6]. En palabras del mismo artículo de Semana, “Santos no tiene, pues, carta blanca para negociar con las FARC. Las líneas rojas que su propio gobierno se trazó al emprender este camino han sido reforzadas y, si se quiere, reducidas por el resultado electoral”.

Santos logró algo histórico además en el plano político. Logró volver a recomponer el bipartidismo bajo los colores del uribismo y de su propia tolda. El término “oposición”, de hecho, ha sido apropiado –gracias a los manejos mediáticos y al encuadramiento electoral de la izquierda- por el uribismo, con quienes objetivamente, comparte más que lo que los divide. Santos es, sin dudas, un hábil jugador en medio de la debilidad estructural de su mandato. De hecho, debe ser en el mundo el único presidente de derecha, delfín de lo más granado de la odiada oligarquía, involucrado en groseras violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, que ha recibido un respaldo electoral importante por parte de la izquierda. En la práctica, Santos logró unir a la izquierda colombiana a un grado que no logró ni la candidatura de Clara López ni el paro agrario del 2014. Lo que demuestra lo astuta que es la oligarquía colombiana. Son unos berracos; no por nada llevan dos siglos en el poder, manejando uno de los Estados más reticentes a la reforma social.

¿Qué se viene ahora? Santos intentará consolidar su proyecto de la unidad nacional, conciliando con el uribismo, en torno al discurso de la paz minimalista en medio del recrudecimiento de la ofensiva. Recordemos que el mismo día que supuestamente se votaba guerra o paz, el gobierno se felicitaba por el presunto abatimiento de Román Ruiz, líder del Frente 18 de las FARC-EP (pese al cese al fuego unilateral), quien al final resultó no ser el muerto… o sea, otro falso positivo[7]. A la izquierda no tendrá que hacerle mayores concesiones porque no tiene capacidad de exigirlas. A algunos en la izquierda les tocará la mermelada (alcaldía de Bogotá), a otros con un plato de lentejas les bastará (por ejemplo, si les hacen la vista gorda ante casos de corrupción de ciertos familiares). Pero la mayoría tendrá que contentarse con las promesas de lentejas, porque las concesiones serán con la “oposición oficial” (uribismo). Lo que no impedirá que un sector se quede pegado con mermelada, lentejas y promesas, al “presidente de la paz”, secundando su mandato por la paz con injusticia social con la esperanza de que el régimen sea un poco más “incluyente” (o sea, que los inviten a co-administrar los escalones más bajos del sistema que existe, abandonando toda ilusión de cambio social). Tal vez veremos más ritos indígenas de armonización, más treguas sindicales de 100 ó de 1000 días, y más dirigentes de izquierda diciendo que actualmente es inoportuno luchar, que no hay que desestabilizar, que hay que rodear la paz (o sea, rodear a Santos). El país político sesionando en pleno.

El voto táctico de la izquierda oculta en el fondo una derrota estratégica de ésta. Derrota que no es de las últimas dos semanas, sino que se arrastra de largo y que se ha expresado en su incapacidad de canalizar el descontento popular en un programa de lucha, en una renovación de la política y en deshacerse de los métodos de la política tradicional, metiéndole cuerpo al promisorio proyecto de unidad desde abajo que comenzó a forjarse en la Cumbre Agraria y Popular. Sólo tal vez así, se podrá llegar a más de la mitad del país que mira a la distancia, con asco e indiferencia, desde su pobreza y exclusión social, sin inmutarse, a ese país político ajeno. Lo único que podría inclinar la balanza hacia la paz con justicia social es la fuerza de la lucha popular, del pueblo organizado. Pero para ello hay que vencer los caudillismos y burocratismos de esa “ciudad letrada” que mira con desconfianza al bajo pueblo y a su iniciativa espontánea. Esa ciudad letrada que confía más en la negociación por arriba que en la capacidad de lucha de los de abajo. La izquierda oficial ha demostrado tener más capacidad para desmovilizar que para movilizar, más capacidad para elegir al mal menor que para ser alternativa política. Así las cosas, los dados parece que en este segundo período estarán inclinados hacia la paz en los términos de Santos. A menos que haya una asonada al interior de la izquierda que dé por el traste con los verticalismos, oportunismos, sectarismos, personalismos y todos los ismos que le impiden crecer y convertirse en alternativa política, no para el pueblo, sino que construida desde el pueblo. Si no, lo que nos espera, es el destino de ser Guatepeor: algo así como tener la violenta paz de Guatemala, pero elevada al cubo.

José Antonio Gutiérrez D.
16 de Junio, 2014


[1] http://www.lahaine.org/index.php?p=78255
[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/elecciones-colomb…918-3
[3] http://www.semana.com/opinion-online/articulo/hablarle-…071-3 Digo “interpretan” porque ese 46% del voto no es más ideológico que el de Santos: también responde a maquinarias, mermelada, compra de votos, chocorazos y al sentimiento anti-santista. Pensar que el voto “uribista” es homogéneo es insostenible.
[4] http://lasillavacia.com/historia/elecciones-presidencia…47921
[5] http://www.semana.com/nacion/articulo/habra-acuerdo-de-…888-3
[6] http://www.semana.com/nacion/elecciones-2014/articulo/j…061-3
[7] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/policia-d…98468

NO VOTO POR LA PAZ, TAMPOCO POR LA GUERRA

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Respecto a las siguientes elecciones presidenciales

Articulo 1

En medio de locas de naranjas e hijos no prestados para la guerra transcurre el actual circo electoral, que llega a su tercer clímax después del 9 de marzo y el 18 de mayo. Al igual que en las anteriores oportunidades hoy salen los payasos protagonistas: desde mujeres de la “clase media”[1] trabajando para Uribe hasta, quienes con la alternativa no tan “Clara”, llaman a votar por el Santismo Positivo. Todo un espectáculo, donde a las de abajo se nos ve de nuevo como simples espectadoras cuyo único rol será legitimar por medio del voto su “democracia”, es decir, la explotación y la miseria durante por lo menos 4 años más.

Este articulo pretende analizar brevemente este panorama, pero también proponer líneas de acción y elementos con los cuales podamos romper este guion ya escrito, escapar de él para ser nosotras mismas –las históricamente excluidas- quienes llevemos las riendas de nuestras vidas y nuestras comunidades, barriendo hoy con el bochornoso espectáculo de derechas peleándose e izquierdas tibias cargándole ladrillos al enemigo.

Santos y Zuluaga la misma mierda son:

Matan al pueblo y dicen que no… y lo peor es que hay quienes le creen a uno o al otro. Existe una falsa disyuntiva, impuesta no solo por los medios tradicionales de desinformación sino tristemente también por algunos sectores de la “oposición” que utilizan sus páginas, medios alternativos y espacios para “votar por la paz”. Para efectos ilustrativos me atreveré a comparar la pelea entre Santos y Uribe con los hoy problemas entre Clara López –ex candidata del Polo- y Jorge Robledo –senador reelecto del mismo-, guardando las distancias necesarias para este ejercicio: Por un lado Santos se nos muestra en esta coyuntura como un político táctico, pragmático, que ve en la “paz” una necesidad económica que permita a la burguesía nacional e imperialista sacar más provecho de la explotación de nuestras tierras sin elementos de resistencia en su contra. Bien sabemos que Santos no cree en la justicia social, con paz o sin ella, y que mucho menos renunciará a los intereses de clase que él representa; en esa misma línea pero en el espejo izquierdo nos encontramos con Clara López, también con Iván Cepeda, Gustavo Petro, el Partido Comunista Colombiano (atrincherado en la burocracia de la Unión Patriótica) y una larga lista de militantes identificados anteriormente con líneas revolucionarias, que si bien no creen en Santos (como tampoco él no cree en ellas ni en su concepción de paz), por táctica y pragmatismo llamaron a votar por él, pero no por él, sino a votar por la “paz” (ahora la “justicia social” se diluyó) o en “contra” de Uribe, para sonar más bonito.

En la otra cara del asunto nos encontramos con Uribe, un hombre que va con exactamente los mismos objetivos que Santos, pero la falta de táctica y pragmatismo le llevan a no pensar con la cabeza fría: se cree el dueño del país, el libertador de la causa de la patria en contra del “castro-chavismo” y el salvador que tanto necesitamos, todo ello alimentado por su deseo de sangre y venganza que eleva la guerra a otro nivel, aunque quiera ocultarla a través de su títere Zuluaga; Jorge Robledo y otros militantes que giran orbitalmente alrededor suyo se caracterizan también por tener un elevado ego, no piensan tácticamente en correspondencia con su línea política[2] (que no tiene nada de obrera, independiente ni revolucionaria), además de creerse los salvadores de la causa de los pobres, donde sin Robledo no existe oposición en el país. Ya de la izquierda se hablará más adelante, de momento profundizare sobre la “disputa” entre Santos y Zuluaga.

Artiuclo 3

La burguesía no es una clase estática, por el contrario se acomoda al camino más sencillo que tiene para, al mismo tiempo, mantener alta la producción y detentar el poder, es por eso que es una clase revolucionaria (entendida como dinámica, en siempre movimiento, transformando las condiciones de producción permanentemente), especialmente en momentos de crisis tanto económica como política. Sabemos que a nivel internacional el capitalismo se está repensando a sí mismo, donde ya entrado en una fase más consolidada de aldea global plantea nuevas estrategias de aniquilamiento de la resistencia social organizada: por un lado ofrece parte de su aparato a viejas enemigas para que le ayuden a administrar su negocio estatal y a su vez apaciguar la llama de indignación (Chile o Uruguay, por ejemplo, o si se quiere el exguerrillero del M19 Gustavo Petro, hoy alcalde de Bogotá y pieza clave del programa Santista); en otros casos ha prescindido de sus viejos aliados quienes encaraban una forma de reprimir que a su vez ponía pueblos en contra del apoyo extranjero a estos regímenes (como en el caso de Irak o más recientemente en Egipto); tenemos también una estrategia de aniquilación, no solo a procesos insurgentes sino a actores sociales potencialmente revolucionarios, que se está llevando a cabo también no solo en Colombia si no en conflictos alrededor del mundo, como en medio oriente (la guerra del Estado Turco contra el pueblo kurdo, por ejemplo); finalmente también ha decidido ceder en su estrategia militarista (sin abandonarla por completo) y negociar con diferentes procesos armados, intentando llegar a acuerdos que les lleven a escenarios donde se entre al juego burgués (el caso por ejemplo del ETA en España, el IRA en Irlanda y obviamente las FARC y el ELN en Colombia). Hoy la burguesía nacional se encuentra dividida en dos concepciones de los medios a utilizar: el ala Santista que pretende llegar a un espacio como el primero y el ala militarista de Uribe que pretende ir desgastando militarmente a las insurgencias. Pero en ambos casos el objetivo final es el mismo, y nuestro destino también será el mismo para ambos programas: se explotados o morir luchando.

Esa tal paz no existe:

“Si la guerra trajo muerte, la paz trajo esclavitud”, dice la canción. “Voy a votar por la paz” dicen las despistadas. Quien hoy en día crea que es posible la paz en el sistema neoliberal mientras aun exista la lucha de clases ha de vivir en los mundos imaginarios del capitalismo social y humano.

Una de las primeras tareas que tenemos que empezar a impulsar dentro de los círculos sociales es dejar de hablar de paz, sacar ese término de nuestro léxico cuando se quiere hacer referencia a otra cosa completamente distinta. Un voto por Santos no es un voto por la paz, es un voto por la continuación de una conversación donde no se está negociando el sistema del país, principal culpable de las muertes producto de esta guerra, una guerra que a veces no huele a tiros sino a niñas muriendo de hambre, a pacientes asesinadas por la negligencia en la entrada del hospital, a obreras ultimadas por las condiciones indignas de trabajo en minas, fabricas, obras y campos. Porque la paz no es el silencio de los fusiles, pero tampoco será la izquierda compartiendo gobierno con la derecha, siendo los verdugos del mañana como hoy lo son en Chile, Brasil o Uruguay. El capitalismo y el sistema estatal autoritario solo existen en la medida que haya guerra, sea esta sin declarar o cantada a los cuatro vientos. La mera explotación es guerra contra los pobres, como lo es la represión la guerra llevada a otro nivel contra quienes luchan y se organizan. La paz que busca la derecha es la paz como negocio, como anteriormente se identificaba con el negocio de la guerra, ambos en su momento son lecturas de cómo obtener mayor provecho del saqueo de nuestros territorios y los subproductos que ello genera. Esto no quiere decir que no busquemos la paz o seamos amantes de la guerra más inhumana, ¡Claro que queremos la paz!, pero siguiendo la línea de nuestra ética libertaria es imposible –por lo menos para mí- mentirle a mi familia, a mi barrio, a mis compañeras de estudio o trabajo, a las compañeras militantes, diciéndoles que es posible la paz mientras el capitalismo siga explotando y el Estado –cualquiera- siga oprimiendo. La paz que deseamos pasa por seguir caminos de victoria para el pueblo organizado.

Entonces ello permite también acabar con un mito extendido dentro de gran parte de la izquierda parlamentaria. “Porqué con Uribe se hace oposición desde una fosa común y con Santos desde la cárcel” se escucha por ahí. Parece que a más de uno se le ha olvidado las muertas en los diferentes paros campesinos -12 solo en el Paro Nacional Agrario del 2013-, fácilmente se les borro de la memoria nuestras compañeras estudiantes asesinadas en el gobierno Santista –como Farid Cheng Lugo el día en que se inició el Paro Nacional Universitario en el 2011- y tal parece que la amnesia llego tan profundo que ya no existen los falsos positivos de hoy, que en su momento fueron impulsados por el presidente actual que quería que las madres de Soacha le prestaran sus hijos para disfrazarlos de guerrilleros caídos en combate. ¡Píldora para la memoria necesita también la izquierda “táctica” del país! Que Santos no encuentre necesario llevar adelante el programa fascista como el de la seguridad democrática no implica que sea un humanista liberal o un hombre de paz, solo demuestra lo inteligente que es la derecha y lo fácil que cambia de parecer. Sabemos muy bien que si las condiciones cambian, por ejemplo, en La Habana o en los combates en los campos, Santos pateará la mesa de negociaciones sin remordimiento y empuñara de nuevo la motosierra –que oxidada no está- con la misma frialdad o más que con lo que lo hizo Uribe o la haría Zuluaga. Y aquí el debate tampoco se debe volver cuantitativo (quien reprime más o quien reprime menos), sino en lo que es en realidad, en el monstruo que se puede convertir o en el Santo detrás del cual se puede ocultar. Esa es la inteligencia de la derecha.

Y de hecho es tan inteligente que se nos muestra dividida. Es más, bien sabemos que la burguesía, para garantizar el poderío que tiene, recurre a espectáculos teatrales bien montados, y que hoy se visualizan mejor: recurre a la polarización. Porque ahora la cuestión no es de izquierda contra derecha, sino de derecha contra extrema derecha, pero que la diferencia si “parece” similar. Los medios se han empeñado en mostrar a un candidato como la antítesis del otro: la “guerra” versus la “paz”, las casas gratis contra las caras, los días festivos pagos contra los que no, etc. Pero a diferencia de otras veces, ya no solo los medios mienten sino que la izquierda vendida le hace el favor a la derecha: le repite el pueblo mil veces que efectivamente Santos es diametralmente diferente a Uribe y por ello habrá que votarle, con el mayor pesar del mundo.

Y hablando de “izquierdas”…

Ya mencionábamos que hoy por hoy las parlamentarias se dividieron en dos: quienes llaman a votar por Santos por “táctica” y quienes de otro lado dicen apoyar el voto en Blanco, nulo o la abstención –“táctica” también, por cierto-. Sin embargo es importante acotar también que una parte importante de los sectores comprometidos con las luchas sociales han sido claros en su posición: lo importante no es el resultado electoral, sino la organización y la movilización.

Cabe anotar que esta izquierda parlamentaria aún se mueve en torno a los círculos de burgueses con inclinaciones progresistas. Bien lo demostró Clara López en su anterior campaña: una mujer que desde la comodidad y la herencia monetaria familiar se atreve a señalar cuáles son los problemas de los que adolecemos las que no tenemos a veces con que movilizarnos, comer o vestirnos. De igual manera actúa el MOIR, organización dirigida por la burguesía y pequeño burguesía progresista, que cree que la solución está en el “empresariado” nacional con compromiso social. Y ni que hablar del Partido Comunista Colombiano que impulso la campaña de Aida Avella y sus gustos por el capitalismo con sentido “social”.

Dentro de este matiz es importante también señalar que una parte de la izquierda se encuentra impulsando el voto en blanco o en nulo, resguardándose en una coherencia que hasta ahora conocemos quienes hemos visto como se han vendido diferentes procesos organizativos y paros por su culpa[3], que ven la organización popular como simple trampolín para entrar al mundo de la democracia burguesa. Otro sector que se ha identificado con la abstención y el voto en blanco o nulo han sido quienes desde posiciones más a la izquierda han sido críticos de quienes entraron al juego electoral. Una acotación necesaria en este punto es la diferenciación entre una abstención táctica y la activa, la primera se manifiesta en organizaciones que no llaman a votar por ningún candidato pues no pudieron poner uno propio, hasta quienes no niegan la vía electoral, soló que aún “no es el momento”. Nuestra abstención no es táctica ni temporal, es activa y combativa, ello quiere decir que nos abstenemos de ejercer el voto no porque no veamos nuestro programa reflejado en algún candidato o porque pensemos en acumular mayor fuerza electoral para la siguiente vez: nuestra concepción estratégica de autogestión, autonomía y de ruptura revolucionaria se consuma también en el hecho de negarnos a participar en su circo electoral[4]. De nuevo el llamado es a no votar, pero si a organizarse y luchar.

¿Qué propone entonces la abstención activa? ¿Qué se nos viene?

Articulo 2

Somos conscientes de que no asistiendo a sus urnas no logramos mayor cambio, pero no nos confundamos, de igual manera ir a las urnas tampoco nos traerá la anhelada libertad, quizás nos la quita cada vez más cada 4 años. Por eso también somos críticas de una propuesta que no vaya más allá del electoralismo a la inversa, es decir, de que nos aparezcamos cada 4 años a lanzar panfletos y pintas invitando a no votar y desaparecernos mientras no exista coyuntura electoral. La abstención por sí sola no propone nada, por eso hablamos de ser activos políticamente, donde el verdadero cambio hay que desarrollarlo por fuera de las urnas, en las aulas, calles y campos. Entonces esa necesidad de trabajo de base y de organización popular es el verdadero catalizador de la transformación, es por eso que nuestro programa debe ver en la inserción social su principal objetivo y foco de acción.

Esta entonces nuestra tarea permanente y constante, que podríamos considerar de una u otra manera una política del día a día, sin embargo creo pertinente también desarrollar dos líneas de acción estratégicas que nos permitan desarrollar un trabajo desde abajo con cada vez mayor eficacia: en primer lugar como objetivo a corto plazo es importante acrecentar los niveles de coordinación entre las anarquistas que venimos desarrollando militancia en los movimientos sociales, dejando de lado sectarismos y personalismos que lo único que hacen es daño al movimiento ácrata en Colombia; por otro lado, en un mediano plazo, es necesario acrecentar las tendencias de base y combativas desde donde estemos trabajando, junto con compañeras que con intenciones revolucionarias se piensan una manera de hacer las transformaciones necesarias desde abajo y por fuera del marco institucional liberal.

Los retos que tenemos a la vista son claros: en caso de que se firme la paz es nuestro el deber no permitir que se respire un aire de entreguismo o de concertación, donde la lucha de clases no sea ya necesaria, sino que por el contrario la organización y la movilización se deben radicalizar, es decir, calar cada vez más profundo en sus análisis y en el desarrollo de la conciencia clasista. Por otro lado también tenemos la tarea de enfrentar cualquiera sea el programa que gane las elecciones, pues las diferencias no serían muchas como ya se han señalado, para ambos casos sabemos cuál es la actitud del gobierno contra las que luchan. Las cartas están sobre la mesa, los actores en el circo, solo nos queda luchar, luchar y luchar para ver si de una vez por todas podemos escoger nuestra mejor alternativa, y no como siempre “la menos peor”.

Steven Crux

[1] Como le gusta hacerse llamar a sí misma la burguesa candidata del Partido (Ultra) Conservador Marta Lucía Ramírez. Link: http://www.las2orillas.co/marta-lucia-ramirez-la-tenacidad-de-una-mujer-de-clase-media/

[2]Con esto no quiero decir que sea táctico votar por Santos, solo me sorprende que el MOIR haya defendido a Samuel Moreno, uno de los mayores ladrones que ha tenido Bogotá como alcalde, pero no les duele atacar a Clara López y otros de sus compañeras. Ese es el reformismo de los sectarios ambiguos, que se muestran para con unos “radicales” pero con otros “amplios”.

[3]Solo basta con señalar la actitud del MOIR, por ejemplo, en el plano estudiantil, donde a través de la OCE replica que no votarán por Santos ni por Zuluaga en nombre de los que mantienen la lucha, misma lucha que vendieron en la retirada sin consulta a los procesos asamblearios locales para el Paro Nacional Universitario del 2011 o en el retraso a las vías de acción por parte de quienes impulsan la huelga como forma de presión.

[4]Al respecto ver: La lucha esta en las calles y no en las urnas. Link: http://www.anarkismo.net/article/26865