Terrorismo de Estado

¡HAY TABLA!. EL ABSURDO DEL NUEVO CÓDIGO DE POLICÍA

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ImagenYa vamos por la mitad del mal llamado “año de la paz”, se han dado varios de  los pasos  para llegar a tal fin según el discurso oficial, ya se mencionó con bombos y platillos que “el último día de la guerra” había llegado. Y bueno,  vale la pena reconocer que efectivamente es un hecho histórico, un hito en la realidad del país -eso es una verdad a voces-,  pero decir que vivimos el “último día de la guerra” trae consigo un sesgo político, social, cultural y económico de la realidad bastante fuerte, no es más que lo que podría mencionarse en términos literarios: toda una hipérbole.

Es necesario traer esto a colación porque aunque a más de una le moleste que se cuestione el lugar común en el que se está convirtiendo el “fin de la guerra” a partir  de una que otra verdad olvidada, aparece esta oportunidad de forma perfecta para ahondar en la llaga, y como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, aquí vamos, no sin antes mencionar que más allá de molestar a quienes han expresado una particular amnesia política  y  aquellas que se identifican con las fuerzas represivas del Estado, nuestro verdadero interés es obedece al  llamado que nos hace la historia y la memoria en este complejo momento.

En primer lugar, hay que hacer el debido llamado a la memoria: Estamos en un país donde hay que mencionar, recordar y repetir lo obvio, estamos en el país donde la gente olvida fácil cuando no le toca, donde la gente vive con miedo, miedo de que la roben, la maten, la violen, la desparezcan, de decir lo que piensa, de luchar por un mundo mejor; estamos en el país donde niños y niñas mueren por desnutrición a diario, en el país en el que lo primero que le descuentan a usted de su suelo ganado con el sudor de su frente es la salud y cuando usted está al borde de la muerte por ser atropellada o por sufrir un infarto en la mitad de la calle, las autoridades lo primero que hacen es llamar a los “antimotines” en lugar de llamar a una ambulancia, estamos en el país donde los congresistas ganan casi treinta millones y usted que es profesional gana sí acaso uno.

Esto es el pan de cada día en Colombia y lo paradójico del asunto es que a la gente se le olvida y lo peor de todo, cree que vive en el país más feliz del mundo. Por esto, queridas lectoras, en este país hay que repetir lo obvio, aunque suene elemental.

Hace algunos días, salió a la luz la polémica noticia acerca de la formulación y trámite del nuevo código de policía en el país. Tan pronto esto sucedió, algunos sectores aplaudieron la iniciativa puesto que el Código de policía no había sido modificado hace más de cuarenta años y lo más plausible era buscar renovarlo; por otro lado, algunas activistas de la socialdemocracia creyeron con gran motivación que este sería el momento en que la policía daría a conocer su nueva doctrina dentro del mal llamado “posconflicto”, en el que mostrarían su inexistente faceta de una policía enfocada en una política de derechos Humanos.

Permítannos reírnos. Solamente fue conocer los primeros apartados del articulado para comprender que muy al contrario de lo que se decía, este sería la profundización primero, de la lucha de clases encarnada en la historia de este país; segundo, del cruento accionar de la policía  y por último, de la estigmatización y miedo dentro de la población de a pie. Vamos a explicar poco a poco el porqué de las anteriores afirmaciones para que después no se diga que son simplemente afirmaciones ligeras, producto de las acaloradas discusiones de la paranoia del radicalismo político.

En el artículo No. 1 del mencionado código de policía nos señalan idílicamente que el objeto del mismo no es ni más ni menos sino de carácter preventivo para el cumplimiento de deberes de las personas y determinar el poder, función y actividad de la policía, todo esto de la mano del ejercicio de la libertad de cada persona, su dignidad y de acuerdos pacíficos y de conciliación, respetando la vida, las diferencias y los derechos humanos.

Frente a esto último, el artículo 10 sobre los deberes de la policía,  en el numeral 11 menciona que la policía debe “Evitar al máximo el uso de la fuerza y de no ser esto posible, limitarla al mínimo necesario”.  De igual forma, el artículo 166 sobre el “Uso de la fuerza” señala: “Es el medio material, necesario, proporcional y racional, empleado por el personal uniformado de la Policía Nacional, como último recurso físico para proteger la vida e integridad física de las personas incluida la de ellos mismos, sin mandamiento previo y escrito, para prevenir, impedir o superar la amenaza o perturbación de la convivencia y la seguridad pública, de conformidad con la ley” , esta afirmación igual que en el párrafo anterior, no sólo es idílica sino que también deja abierta la puerta de la confusión  y poca claridad respecto a la realidad puesto que llega a preguntarse: ¿Cuál es el mínimo de fuerza necesario para un policía?

Esto adquiere notoria relevancia cuando se tiene presente que la policía es uno de los actores más violentos hoy en día en el país.¿Será que un policía pensará esto cuando las marchas universitarias, de indígenas y trabajadoras se manifiesten? Pagamos por ver…

En este sentido, el código en mención nos enlista una serie de comportamientos que no debemos realizar (artículo 35) procurando homogeneizar el comportamiento de las personas, pues afectan la “armónica” convivencia de las calles y campos del país. Así que, queridas lectoras, cuidado con lo siguiente: Si usted se atreve siquiera a desacatar, desconocer e impedir la función de la policía, hay tabla. Si usted impide, obstaculiza o se resiste a permitir su identificación e individualización por parte de la policía, hay tabla; si usted se niega a darles información sobre su lugar de residencia, domicilio y actividad, hay tabla; si se niega a una requisa, hay tabla, si protesta sin pedir permiso, hay tabla…

No contentos con que tengamos que quedarnos calladas con cuanta cosa se le ocurra a la policía en aras de la seguridad ciudadana, han logrado profundizar la estigmatización de la población de a pie, porque es que ¿A quién no le da desconfianza decirle a un policía dónde vive y trabaja? ¡A cualquiera!, ¿A cuántos que tengan el pelo largo, con pintas de hippies, metaleros o punkeros no los han requisado y de paso una que otra vez golpeado “porque si”, porque al policía le pareció “sospechoso”? ¿De qué? Vaya uno a saber.

¿Cuántos no han tenido que ganarse una noche en UPJ por atreverse a desconocer o desacatar alguna desfasada disposición  de la policía? A muchos. Pues con el código esto tendrá respaldo legal, es decir, seguirá su detestable autoritarismo pero bajo el amparo de la ley.

Por su parte, los vendedores ambulantes no podrán ocupar el espacio público. La multa será de 91.928 pesos, unos 4 SMDLV; los grafitis están prohibidos. La policía podrá imponer multas, pero “no emplear la fuerza”, ni decomisar los elementos usados para el grafitis. El infractor deberá reparar los daños y pagar una sanción de 8 SMDLV (183.856 pesos).[1] Esperamos por tanto que no haya más casos como el de Diego Felipe Becerra, un joven asesinado a manos de la policía por realizar un grafiti en una de las calles del país.

Asimismo, quien destruya, manipule, altere o fuerce las puertas o sistemas de acceso en un sistema de transporte masivo (estaciones, buses articulados, metro, tranvía, vehículo férreo, cable aéreo) o vehículos de servicio público o urbano de pasajeros la multa será de $367.709 . Por agredir, irrespetar o desafiar a un policía, por llamadas que se hagan a la línea de emergencia 123 que sean para realizar bromas o por agredir física o verbalmente a miembros de la comunidad LGBT la multa será de $735.418.[2]

 Además, con el código lograron llevar a esta instancia la regulación y criminalización de la protesta social. En el Capítulo II de “Expresiones o manifestaciones” nos dicen en pocas palabras que existe constitucionalmente el derecho a la protesta, pero para que esto sea posible usted debe pedir permiso para hacerlo. Algunos dicen: “no es un permiso, simplemente es avisar a las autoridades que la manifestación se va a realizar”. ¿Avisar?, ¿Nos damos cuenta del carácter de esta afirmación? Es como cuando nuestros padres nos han dicho: “Esta bien, no me pida permiso, pero avíseme dónde y con quién va a estar para buscarla en dado caso”. De igual forma, el aviso debe ser de carácter formal, por escrito, en él debe indicarse el día, hora, sitio y recorrido de la manifestación; es decir que el factor sorpresa que mayoritariamente caracteriza a una manifestación queda anulada, ¡Quién dijo que para protestar hay que pedir permiso!

Asimismo, este permiso debe estar firmado al menos por tres personas, quienes serán en cierto modo las responsables de la manifestación. ¿Quién se “embalará” con esto? Habrá que ver. ¿Qué pasará con estas personas en dado caso de que la manifestación “se salga de las manos”? Ya lo estamos imaginando. Por último, el código es muy claro al señalar que: “Toda reunión y manifestación que cause alteraciones a la convivencia podrá ser disuelta” (artículo 52). Queda en el aire el cómo y el cuándo, aspecto bastante delicado teniendo en cuenta nuevamente los antecedentes de tan repudiable institución como lo es la Policía Nacional.

Algo que parece bastante curioso y hasta risible es el artículo 54 que menciona a modo de premio de consolación sobre la “protección del ejercicio del derecho de reunión y manifestación pública frente a señalamientos infundados. Con el fin de amparar el ejercicio del derecho a la reunión o movilización pacífica, queda prohibido divulgar mensajes engañosos en torno a quienes convocan o participan en las manifestaciones, así como hacer públicamente señalamientos falsos de la relación de los manifestantes con grupos armados al margen de la ley o deslegitimar por cualquier medio el ejercicio del derecho constitucional de reunión y manifestación pública y pacífica”. Ajá y ahora nos preguntamos ¿Acaso se van a autoseñalar, autocastigar, autocriminalizar? ¿Cómo van a impedir que esto suceda si son ellos quienes lo hacen?, este artículo fue a todas luces una palmadita en la espalda para la gente que lucha y se manifiesta.

A modo de información o notificación, el código menciona que la fuerza disponible (como ya fueron “avisados”) estará siempre presente en una movilización supuestamente teniendo en cuenta todo el protocolo de seguridad y derechos humanos.Por su parte, los antimotines “sólo serán enviados cuando no sea posible por otro medio controlar graves  e inminentes amenazas a los derechos”, es decir que cuando lleguen los escuadrones de la muerte, arribarán a cumplir su función en esencia: “Tirar a matar” con el fin de “salvaguardad la seguridad y los derechos de la ciudadanía”¿Quién se los va a impedir?… ¡Vaya perlas las de este código de policía!

Finalmente, en cuanto a las medidas correctivas, el código nuevamente nos enlista algunas categorías y procedimientos que procederán para llevar a cabo sus funciones, las cuales debemos prestarles también mucha atención a algunas de ellas:

 1) Las órdenes de policía: Las órdenes podrán ser verbales o escritas y  serán de obligatorio cumplimiento, ya le han advertido en artículos anteriores que usted no puede negarse ni desobedecer las órdenes de un policía o hay tabla;

 2) Traslado por protección: Cuando la vida e integridad de una persona o de terceros esté en riesgo o peligro, el personal uniformado de la Policía Nacional, podrá trasladarla para su protección o la de terceros (artículo 155), es decir que cuando una persona en estado de indefensión o de alteración de la conciencia por consumo de bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas, cuando esté involucrada en riñas o situaciones similares será conducido a un CAI para “protegerla de cualquier peligro de la calle”. Cualquiera diría que la policía tiene corazón con este artículo. Pero, querida lectora, si usted es de las que le gusta tomarse sus traguitos, recuerde que primero, no puede consumirlos en un espacio público, pues también habrá tabla, y además si es de las que deambula por ahí con su “parche”, y si se encuentra a algún policía será conducida de inmediato al CAI más cercano, y por último recuerde, si se resiste, hay tabla.

3) Medios de apoyo: “El personal uniformado de la Policía Nacional podrá utilizar medios de apoyo de carácter técnico, tecnológico o de otra naturaleza, que estén a su alcance, para prevenir y superar comportamientos o hechos contrarios a la convivencia y la seguridad pública”. Con esto queda claro que cuánta cosa se le ocurra lanzar a la policía y al ESMAD a la población frente a un reclamo, queja, o movilización está permitido por este código con el fin de superar algo que esté en contra de la “seguridad ciudadana”.

Es decir que si no hacemos algo pronto al respecto seguirán existiendo víctimas por el brutal accionar de la policía y el ESMAD, se profundizará gracias a este permiso que el escuadrón de la muerte recibe con el código. Basta con  recordar la muerte del estudiante de la universidad Distrital Miguel Ángel Barbosa en los últimos meses, quien fue asesinado por el ESMAD en una manifestación, pues se confirmó hace un par de días por el dictamen de medicina legal que Miguel Ángel fue asesinado[3]. Asimismo, el desarrollo del actual paro camionero, el cual ha sido reprimido fuertemente por el escuadrón de la muerte, que  haciéndole “honor” a su nombre la semana pasada asesinó a uno de sus manifestantes en Duitama, Boyacá, uno de los epicentros de la protesta camionera. Tan pronto se conoció la apenada noticia, los medios de comunicación salieron a decir que este había muerto a causa de manipulación de explosivos, sin embargo, medicina legal señaló que la muerte había sido causada por impacto de gas lacrimógeno en su rostro, ocasionándole la muerte. Las evidencias son claras, el ESMAD en lo que lleva de transcurrido el año ha asesinado (de forma comprobada) a dos personas en medio de manifestaciones en pro de mejores condiciones de existencia.

4) La asistencia militar (Artículo 170) el cual legaliza lo siguiente: “Es el instrumento legal que puede aplicarse cuando hechos de grave alteración de la seguridad y la convivencia lo exijan, o ante riesgo o peligro inminente, o para afrontar emergencia o calamidad pública, a través del cual el Presidente de la República, podrá disponer, de forma temporal y excepcional de la asistencia de la fuerza militar”.

Es en particular en este último  artículo en el que se profundiza la doctrina y complicidad existente entre las Fuerzas Militares y de policía del país, las cuales apuntan a un mismo lugar en el que buscan controlar el orden y salvaguardar la seguridad ciudadana y nacional a como dé lugar, utilizando los medios que sean necesarios para tal fin manipulando el discurso de la convivencia y resolución pacífica de conflictos en medio de un momento histórico de “posconflicto”. En este sentido, es evidente que las instituciones armadas ya no se fortalecerán en primera medida para atacar a ese enemigo interno llamado “guerrilla” sino a todo aquellos que desobedezcan a la autoridad y se posicionen en contra de su doctrina por los medios pacíficos o no pacíficos.

Es cierto cuando algunos expertos mencionan que “Vamos a tener problemas por el criterio vago con el que se redactaron algunas disposiciones del nuevo código de policía y la paridad del elemento para que el policía determine cuándo una actividad es temeraria. Se han dejado conductas muy abiertas para que la Policía las interprete a su criterio. Eso va a traer problemas porque se interpretarán de varias maneras (…) Un código ambiguo no es lo único (…) con la nueva ley se pretende homogenizar a la sociedad y crear un solo patrón de conducta, lo que es imposible por aquello de las libertades individuales”[4].

De igual forma, se vislumbran algunos de los matices de la lucha de clases pues, es evidente que quienes son señalados, perseguidos, requisados, maltratados y asesinados por la policía son personas pertenecientes a las clases explotadas, asimismo, los policías generalmente provienen de familias pertenecientes a esta misma clase social, sin embargo, son quienes defienden los intereses de las clases explotadoras a costa de innumerables vejámenes en contra de la población vulnerada.

Así que, una persona de la clase explotada que se manifieste en contra de las políticas de las clases que la mantienen en esa condición, deberá seguir pagando, profundizándose los abusos sociales, políticos y económicos de un sistema que las oprime cada día más y en el que ahora también deberán pagar innumerables multas, que si no son saldadas en el plazo de un mes, generarán unos intereses al respecto y así, el circulo vicioso de la pobreza continuará reforzándose.

 Cabe resaltar que nuestra crítica a diferencia de algunos sectores, no va encaminada únicamente a la reforma del estatuto policial, pues desde que las desigualdades del sistema mundo se perpetúen, habrá gente rica que le pagará a gente pobre para que controlen, persigan y reprendan a la otra gente pobre que se plantee una solución para esta realidad. Sabemos que la policía y las fuerzas militares están ahí para perpetuar el (Des)orden. Por esto, la invitación queda abierta a que sigamos movilizándonos, sigamos protestando ante cada situación de injusticia, sigamos cuestionando el status quo, sigamos incomodando el sistema y sus fuerzas represivas, sigamos apoyando las justas causas de quienes son reprimidas a diario, sigamos buscando alternativas al capitalismo y a la represión, sigamos buscando mejores condiciones de existencia abriendo paso a nuevos proyectos de transformación y lucha, pues esto es lo único y más valioso que nos queda en un mundo como este y en un país donde hay que repetir lo obvio.

[1]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134
  [2]http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/sigue-polemica-por-nuevo-codigo-policia-aprobado-camara
[3] http://www.contagioradio.com/dictamen-de-medicina-legal-confirmaria-que-miguel-angel-barbosa-fue-asesinado-articulo-26185/
[4]http://www.eluniversal.com.co/cartagena/el-nuevo-codigo-de-policia-la-gran-solucion-o-el-camino-la-arbitrariedad-229134
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La paz más cerca del capital, más lejos de los pueblos

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La desarmonización en los territorios ancestrales y sagrados de las comunidades étnicas no ha cesado; ahora, en plenos diálogos-acuerdos entre las insurgencias y el Gobierno Nacional sobre un eventual fin del conflicto armado, la bota militar y paramilitar se ha asentado con un gran poder de sangre y muerte en aquellas tierras.

En los últimos meses, en el Cauca, y en general en municipios y ciudades del país, la ofensiva paramilitar –ojo, no BACRIM o bandas delincuenciales- ha hecho resurgir un dominio de terror entre los habitantes rurales y urbanos de estos territorios. Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, las Águilas Negras y otros grupos no identificados han retomado fuerza y capacidad militar en territorios estratégicos para sus acciones cobardes y terroristas. El paramilitarismo está atacando, igual que el Uribismo, cabe preguntar: ¿Casualidad? o ¿Combinación de todas las formas de lucha?

De este modo el movimiento social, la población en general (estudiantes, trabajadoras/es, afrodescendientes, campesinas/os, indígenas, personas de a pie) estamos resistiendo a la ofensiva que se está llevando a cabo con amenazas, hostigamientos, paros armados y atentados. Paros armados en donde la ultraderecha tiene dominio militar: El Urabá Antioqueño, zonas del Magdalena Medio, y que además de ello, allí están asentados grandes emporios económicos,  multinacionales o terratenientes, de nuevo cabe preguntarnos: ¿Casualidad?

¿Es casualidad que en tiempos de una posible desmovilización de las insurgencias del país aparezca como un monstruo el brazo armado de la ultraderecha?

En lo que va corrido del año 2016 han asesinado –preocupantemente- decenas de militantes de Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos y líderes comunales así como de organizaciones sociales indígenas, campesinas y afros.

En el Norte del Cauca, departamento aguerrido con presencia de las insurgencias gracias a sus condiciones geográficas y su configuración social, también han tomado posiciones los paramilitares –o eso parece- donde las comunidades indígenas  y en este caso la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) en repetidas ocasiones han venido denunciando amenazas en su contra: El día 6 de Abril, seis personas armadas interceptaron a un líder indígena para notificarle su exilio obligado del pueblo, de lo contrario, lo asesinarán[1]. Así como también el coordinador de la guardia indígena está amenazado desde hace varios días.

En estos cuatro meses del presente año se ha incrementado en un 38%  -a comparación del año 2015- la violación de los Derechos Humanos a comuneros indígenas, por parte de la policía, ejército, ESMAD y grupos armados paramilitares. La violación a la jurisdicción especial indígena ha sido negada por la justicia ordinaria del Estado; irrespetando, discriminando e imponiendo la autoridad estatal; tal es el caso del líder indígena Feliciano Valencia en el 2014: En la minga social del 2008 en movilizaciones y protestas adelantadas por la comunidad indígena, el cabo del ejército Jairo Chaparral se infiltraría con el objetivo de montar un falso positivo judicial, donde señalarían que las protestas estaban apoyadas por la guerrilla. En su morral, se encontraría un radioteléfono, así como prendas de las fuerzas armadas colombianas. La justicia indígena y comunitaria declararía contra el militar 20 azotes y un baño con plantas medicinales para armonizarlo. Valiéndose de lo anterior, el Estado colombiano sentenció a 18 de años de cárcel a Feliciano por tan duro castigo al militar[2]. O el caso de los siete comuneros indígenas capturados por transportar palos de guadua en una camioneta, que según la policía el delito era destruir el medio ambiente[3]. No hay que saber más para darse cuenta del descaro y el racismo.

Pero la desarmonización no es solamente eso. La minería en sus territorios ha incrementado fuertemente, desangrando y perforando la Madre Tierra para la extracción de oro, lo que conlleva a un desequilibrio ambiental, social y cultural de grandes proporciones. Los cultivos ilícitos también han aumentado, con otra gran casualidad: Luego del posicionamiento de una base militar en las montañas cercanas a estos cultivos, la producción de coca y marihuana aumentó[4].

Lo anterior, expresado y denunciado frecuentemente en distintos espacios de confluencia política, social y cultural ha logrado llegar a muchos oídos, pero hace falta llegar a muchos más. Oídos dispuestos a escuchar para gritar, a ojos dispuestos a mirar para ver, a manos dispuestas a construir. Lo anterior, parece que para la insurgencia sentada en La Habana, no le ha quedado muy claro, en cuanto a la participación del movimiento indígena, campesino o afro. No se trata de cooptar, se trata de escuchar y llegar a la anhelada Unidad.

El 23 de febrero pasado, las comunidades del Cauca se encontraron para analizar el encuentro de los actores del conflicto que lleva más de 4 años. A partir de cuatro preguntas se analizó la situación. Una de estas preguntas fue:

¿Cómo incidir para que la mesa de negociaciones de paz en la Habana – Cuba, garantice el diálogo con los pueblos indígenas? La respuesta que dieron los participantes fue muy  concreta, señalaron  que la propuesta que dieron algunos líderes de incidir en la mesas de negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC sonaba de forma interesada, porque no es posible  participar en estos diálogos sin tener propuestas que sean construidas de forma consulta y por las bases, en este sentido es mejor exigir a los actores armados y el capital transnacional  que respeten los  territorios en vez de incidir en la mesa que no aborda la crisis del sistema capitalista[5].

La propuesta de paz que desde el Norte del Cauca y en general las comunidades étnicas siempre han demandado para su pervivencia y armonía se construyen a partir de demandas ancestrales y comunitarias bajo lógicas de democracia directa en asambleas amplias: Los derechos territoriales de los pueblos indígenas, el fortalecimiento del gobierno propio, garantías para desarrollar la autonomía. Demandas que el propio Manuel Quintín Lame las iba tejiendo en las insurrecciones de principios del siglo XX para que en 1971 se conformara el Congreso Regional Indígena del Cauca, donde su lucha ha sido por la pervivencia y la paz; la unidad, tierra, cultura y autonomía.

Para la última semana de Mayo, se está organizando una gran movilización desde los territorios ancestrales, en la que pedirán al Gobierno Nacional el cumplimiento del 97% de lo pactado en el último paro nacional agrario. En esa medida de reivindicaciones y demandas, también se observará con ojos críticos el tema de la minería, la tenencia de la tierra, el paramilitarismo y la participación en la mesa de negociaciones.

Hay que recordar, que en Cuba con las FARC-EP, o en varios países del continente con el ELN, no se está ni se va a negociar el modelo económico ni el problema agrario en profundidad. Las insurgencias están condicionadas bajo sus banderas políticas, dejando a un lado las propuestas del grueso de los movimientos sociales de talante autónomo. Por todo lo anterior, hay que impulsar los principios de autonomía que se pueden encontrar en luchas sociales y étnicas, que más allá de lo que se pacte entre dos actores del conflicto, puedan llegar a dilucidar un horizonte de lucha donde los pueblos salgan del olvido y la muerte.

[1] Denuncia hecha el día 7 de Abril por la consejera de la ONIC en rueda de prensa con medios alternativos de comunicación.
[2] Ver al respecto:http://www.las2orillas.co/caso-feliciano-valencia-justicia-indigena-si-pero-cuando-conviene/
[3] http://www.nasaacin.org/informativo-nasaacin/nuestra-palabra-kueta-susuza-2013/8094-la-detenci%C3%B3n-de-siete-comuneros-del-resguardo-ind%C3%ADgena-de-sanfrancisco-es-otro-golpe-para-la-justicia-propia

[4] Denuncia hecha el día 7 de Abril por el gobernador de la ACIN, en rueda de prensa con medios alternativos de comunicación.
[5] Vera al respecto: http://www.nasaacin.org/nuestra-palabra/8078-%E2%80%9Cuna-cosa-es-lo-que-piensa-el-burro-y-otra-cosa-el-que-lo-arrea%E2%80%9D-comuneros-hablando-de-%E2%80%9Cincidir%E2%80%9D-en-la-mesa-de-negociaciones-de-paz-en-la-habana-cuba

Reconfiguración del paramilitarismo: Entre Paro Armado y Movilización Nacional

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Hoy en Colombia asistimos nuevamente a la reconfiguración del paramilitarismo y su respectiva arremetida voraz que se ha materializado en  actos concretos que trastornan el panorama político y social del país. Se ha fraguado desde las esferas reaccionarias todo un proyecto que se mueve en distintas vías, y que en términos generales,  busca generar una etapa de recrudecimiento de la violencia atentando contra los movimientos sociales y sus apuestas políticas por la consecución de vida digna en aras de sostener la concetración del poder, especialmente, en clave del capital extranjero y el sector terrateniente.

Dos hechos cumbre marcan el derrotero de esta dinámica:  primero el paro armado convocado por las autodefensas gaitanistas de Colombia junto con la movilización convocada por el Uribismo contra la políticas de Santos y los diálogos de paz entre el Estado y las insurgencias. Estos sucesos demuestran que tanto a nivel político como militar el paramilitarismo esta robusteciendose, de una manera tal, que se puede inferir que sus estructuras luego de los acuerdos de Justicia y paz no desparecieron sino que se camuflaron en nuevos conceptos propios de la demagogía periodistica criolla  despojandoles de todo talante de criminales políticos haciéndoles parecer como meras bandas delincuenciales o Bacrim –eufemismo preferido por la caja de resonancia de este proyecto: Los medios masivos de desinformación- sin una estructura formal, la cual es más que obvio que poseen y que combina todas las formas de lucha en todos los escenarios del acontecer político nacional.

El paro armado de las autodefensas gaitanistas de Colombia se ha venido dando en diferentes regiones del país paralizando las actividades cotidianas de la población, En Antioquia: El bajo Cauca, El Urabá, la zona norte y en Medellín están bajo la amenaza paramilitar, Córdoba Bolívar y Sucre a su vez en sus territorios sufren la inclemencia de este paro que se ha manifestado  en hechos concretos, en cifras el paro armado afecto a 36 municipios de 8 departamentos del país: Cierre de vías, quema de buses, presencia armada, circulación de panfletos amenazantes, toques de queda, entre otros más que dejan entrever un proyecto consolidado que ha cegado la vida de militantes de organizaciones sociales, defensores de derechos humanos. Que en palabras de Miguel Humberto Restrepo Domínguez en escrito para el portal web Rebelion.org:

“es evidente que no se trata de Bandas Criminales, ni de clanes familiares, ni de bandidos con ejercito propio, si no de estructuras paramilitares, articuladas en un sistema de organización de redes descentralizadas, que siguen actuando con la aquiescencia o tolerancia de agentes del estado y que desarrollan un proyecto concreto de país, afianzado en el capital que se reproduce por despojo y se sirve de apoyo político legal y base social”. (1)

Lo anterior se encuentra articulado plenamente a una clara ofensiva anti-restitución de tierras pues ven en este hecho un ceño contrario a los intereses monopolistas y latifundistas.  Esto ha sido denunciado por los campesinos del sur del magdalena (2) coaccionados con chantajes e intimidaciones que generan una especie de zozobra evidente que de antaño viene alentada por las mismas estructuras paramilitares con evidente connivencia estatal, y a su vez,   todo un aparataje en el que contratan estructuras delincuenciales en las periferias de las grandes ciudades. Son “pandillas” dedicadas al microtrafico tejiendo una perfecta red entre narcotráfico, control territorial, guerra y política que demuestra que este fenómeno se ha enquistado en lo más profundo de la geografía nacional, de Sur a Norte y de Oriente a Occidente.

La movilización del 2 de abril que llevó a las calles a la reacción es un hecho bastante claro de las tácticas políticas que están usando los vedettes del paramilitarismo a la cabeza del paraco mayor: Álvaro Uribe Vélez. Este siniestro personaje que bajo un discurso supuestamente opositor a las políticas gubernamentales convocó a las calles a aquellas que creen que el contexto actual de diálogos es una farsa contraponiendo una salida militar al conflicto armado de conformidad con el personaje anteriormente mencionado que durante su gobierno sostuvo una encarnizada guerra a muerte contra las insurgencias con sus respectivas consecuencias nefastas para el grueso del movimiento social, para las insurgencias mismas y la población en general. Las consignas eran precisas y la gente que acompaño la movilización también lo fue, según un artículo del portal agencia prensa rural: “La injusticia social no movía la gente que estaba en la marcha, sus aspectos, ropa, forma de ser, no daban cuenta de gente humilde, que se ve enfrentada a situaciones de desigualdad social”(3). Así pues, es notoría la existencia de todo un plan orquestado en el cual los adalides del fascismo criollo saben muy bien como buenos zorros políticos teorizar y avanzar en su perspectiva funcional de país usando a un cumulo de voces sin conciencia de clase que se carácterizan porque sus análisis de la realidad son creados en Rcn o Caraco Vale la pena recodar al respecto cuando Bertolt Brecht señala: “El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”

En ese sentido lo que se está cociando en Colombia es  un proyecto articulado en diversas esferas que tiene como fin el aniquilamiento  de la legitima y digna resistencia. No podría ser de otra forma pues es este una inequivoca forma de organización de las elites para no perder su papel hegemónico ni el lucro que dejan sus criminales negocios basados en el despojo y en la acumulación de capital. No en vano siguen apareciendo panfletos amenazantes en donde la organización popular cada vez es más fuerte como sucedió hace una semana en el Cauca donde se desarrolla la minga de liberación por la madre tierra. Entonces, es imperativo que nos blindemos dentro de las organizaciones sociales frente a la amenaza latente que el paramilitarismo representa, también entender el verdadero carácter estratégico, táctico y centralizado que se manifiesta en estos hechos  y que demostremos en calles, barrios, universidades y campos que, pase lo que pase, seremos la chispa que incendiara la pradera y que no habrá paraco que valga, porque asi como la pradera, estos  también se incendiaran.

(1)   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=210724&titular=paramilitarismo-en-boga-

(2)   http://www.semana.com/nacion/articulo/magdalena-denuncian-intimidaciones-a-victimas-que-reclaman-tierras/468048

(3)    http://prensarural.org/spip/spip.php?article19033

Memoria y Lucha de Clases. A propósito de trágicos sucesos del movimiento estudiantil en Colombia.

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El destino se muestra en cuanto observamos una vida
como  algo condenado, en el fondo como algo
que primero fue ya condenado y, a continuación,
se hizo culpable. Walter Benjamin

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Marzo es un mes particularmente trágico para la memoria del movimiento estudiantil  colombiano en su expresión contemporánea. En efecto, son al menos seis las muertes registradas en los últimos 10 años ( Oscar Salas[1] , Andrés Arteaga[2]  ,  Ricardo Molina[3], Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón[4]) en sucesos que se han visto teñidos por toda clase de polémicas  alrededor de las circunstancias, móviles y personas involucradas. Ello no debe causar extrañeza si tenemos en cuenta que a pesar de las diferencias espaciales y temporales que caracterizan cada uno de los sucesos, igualmente, existen algunos elementos a saber que les hacen vinculantes entre sí: ser jóvenes, provenir de extracción popular, estudiar en Universidades Públicas, y ser poseedores de un pensamiento-acción crítico frente a la decadente situación del país. De manera pendenciera, los medios de (des)información masiva han promovido un discurso tendiente a construir un imaginario colectivo en el que se estigmatiza como enemigo del bienestar social todo aquel sujeto que posea las características anteriormente enunciadas, todo a su vez,  como parte de la táctica  que busca justificar la represión de la que son objeto estas personas, agenciada de igual manera y de forma premeditada, desde las altas esferas del poder.

 

Así pues, queda de manifiesto que el desenvolvimiento de la lucha de clases también se da en el plano de la memoria puesto que la disputa no se limita únicamente a los recuerdos de ciertos eventos y/o personajes, en el fondo, de lo que se trata es de la mutilación de los significados de los proyectos de resistencia forjados en las clases explotadas por parte de la elite dominante, y  a su vez, la férrea defensa que dan  dichas clases por hacer viva acción las connotaciones  de su memoria pues es allí donde reside el sentido de su quehacer.  En otras palabras, la memoria no sólo es recuerdo del pasado, es ante todo, guía para el presente y el futuro de quienes la agencian. Semejante disputa no es una cuestión exclusiva  de nuestro territorio, por el contrario, es la naturaleza del capitalismo que se erige como:

 

“una máquina eficiente de segregación, o podría también decirse, de inutilización de las memorias de las víctimas. Y también, una máquina capaz de obtener un alto grado de perfeccionamiento en la construcción insoslayable de sus nuevas víctimas, es decir, en la creación de unas víctimas que ya no saben que lo son, o que el dolor ya no existe en ellas”.[5]

 

Es a raíz de lo expuesto que se hace comprensible el afán de las clases dominantes en Colombia por apropiarse de la memoria de las víctimas deslegitimándolas mediante la injuria y la calumnia pues la función de tal proceder está ligado a encubrir el status político de las víctimas como parte del proceso de subyugación del que son objeto. De esta forma, la elite del país impone  relatos ficcionales que nublan las representaciones que las víctimas elaboran sobre la memoria, y a partir de allí, buscan minar el camino mediante el cual se construyen los pensamientos, sentidos y reflexiones que posibilitan nuevas conciencias que materialicen los proyectos de sociedad alternativos al imperante despotismo capitalista.  Bastará repasar brevemente la presentación de los casos en los medios masivos de (des)información para constatar lo señalado.

 

El 8 de Marzo de 2006 en medio de unas protestas en la Universidad Nacional de Colombia es asesinado Oscar Salas, estudiante de Lengua Castellana de la Universidad Distrital, producto de una canica que ingresó por uno de sus ojos al estallar una recalzada arrojada por un integrante del E.S.M.A.D (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) como se ha relatado en algunos medios[6]. Desde entonces, es mucho lo que se ha dicho en relación a la brutalidad con la que opera este organismo que lejos de la retórica de controlar el orden público, ha demostrado con nefasta suficiencia, que su función real es la represión cruda y descarnada midiendo resultados en términos de heridos y asesinados en el marco de la legitima protesta. De manera paralela, los grandes emporios de la comunicación han guardado un silencio cómplice que ha terminado por calar en la mayoría de la población, incluida la propia Universidad Distrital en la que estudiantes y docentes por desconocimiento u omisión, han desterrado la memoria de Oscar Salas del discurso colectivo salvo algunas excepciones de esfuerzos minoritarios principalmente de allegados al joven estudiante. No siendo suficiente con ello, la madre de Oscar, Ana Benilda Ángel, ha recibo toda clase de amenazas[7] a raíz de su perseverante trabajo alrededor del esclarecimiento del asesinato de su hijo con lo cual queda de manifiesto el interés de quienes están detrás de la muerte de Salas por acallar cualquier resquicio de memoria sobre la impunidad que ha revestido este suceso.

Pasarían cinco años para que otro suceso en el mes de Marzo volviese a enlutar el ya trajinado movimiento estudiantil en Colombia, esta vez, el epicentro sería la Universidad de Nariño en la ciudad de Pasto. Cuentan los testigos, que una fuerte explosión conmocionó el centro educativo la noche del 29 de Marzo de 2011 en la que resultaron heridos 8 estudiantes, de los cuales tres fallecieron posteriormente, siendo el primero de ellos Andrés Arteaga a tan sólo dos días después de los trágicos acontecimientos (sus compañeros Vanesa Calvache y Luis Guillermo Hernández lo harían en las semanas siguientes[8]). Un día después, se presentarían fuertes protestas en diversas universidades de Bogotá, Tunja, la Costa Atlántica y Medellín como rechazo a la reforma de la ley 30 que se comenzaba a avizorar; rápidamente,  la maquinaria de (des)información criolla vinculó estos hechos con los acaecidos en la ciudad de Pasto y difundió declaraciones con la clara intención de estigmatizar. Ejemplo de ello  seria  las del aquel entonces Vicepresidente de la república Angelino Garzón cuando afirmó: “una cosa es la protesta y otra la criminalidad(…)todas estas expresiones de violencia, que son contrarias al espíritu crítico estudiantil, conllevan a que las universidades se conviertan en escenarios de guerra”[9]. De la misma manera, el discurso macartista tuvo su expresión local en uno de los decanos de la Universidad que contó con amplia difusión de medios como Caracol Noticias que hacían juego con las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos quien a través de Twitter señaló: “el gobierno no va a permitir que la violencia de unos pocos se apodere de las universidades(…)se actuará con toda la contundencia”[10], sin embargo, a pesar de toda la turba inquisidora que se levantó en este episodio, vale la pena recalcar la actitud de quien auspiciaba como rector de la Universidad de Nariño, el señor Silvio Sánchez Fajardo que de manera decorosa y respetuosa salió a la defensa de los estudiantes involucrados en la explosión.

 

Un año después y con tan sólo pocos días de diferencia, el dolor se trasladaría a las ciudades de Tunja y Bogotá dejando una estela de muerte a su paso. El primer episodio estuvo marcado por la muerte de Ricardo Molina[11] estudiante de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, el 23 de Marzo de 2012 tras batallar con las fuertes lesiones producidas por una confusa explosión en el marco de una protesta desarrollada algunos días atrás. Señalamos  que  fue una confusa explosión ya que si bien las autoridades adjudicaron los hechos al manejo de explosivos por parte del estudiante, esta versión se encuentra sujeta a crítica, pues posee varias inconsistencias  frente a lo relatado, tales como el acontecer del suceso, el rango de la explosión, la forma  como se comprometió la humanidad de Ricardo, entre otras. Sea como fuere, hasta el día de hoy no existe un dictamen definitivo, ni tampoco, presunción de inocencia  en los grandes medios de  (des)información. Por otra parte, no habría pasado el sinsabor de lo ocurrido en Tunja cuando un nuevo golpe se asestaría contra el movimiento estudiantil, esta vez, en la ciudad de Bogotá específicamente en la localidad de Suba con la muerte de Lizaida Ruíz, Óscar Arcos y Daniel Garzón en la residencia de este último el 25 de Marzo de 2012. Estos hechos merecen particular atención con lo expuesto en este artículo pues es uno de los casos en los que mayor cantidad de falacias y vituperios han arrojado los criminales del periodismo criollo quienes mercadean de manera irresponsable con el dolor ajeno con tal de vender “la chiva” del momento.

 

En efecto, apenas el país conoció la noticia de la explosión en la que murieron los estudiantes y la egresada de la Universidad Pedagógica Nacional, ya se tenía lista la versión  “oficial” sin ningún tipo de rigor investigativo (la ineptitud periodística abjurada tener claras las circunstancias de la explosión, aunque aún días después, ¡seguían confundiendo los nombres y carreras universitarias de los implicados!) en la que se señalaba que Lizaida, Óscar y Daniel se encontraban manejando la estrambótica cifra de 10 kilos de explosivos[12]. Y además de ello, asegurando en contra de la lógica más elemental, que los fallecidos se encontraban en estado de alicoramiento al momento de la explosión. Esta artificiosidad de versión fue acompañada como es costumbre en los inquisidores medios de (des)información masiva con la aseveración de que los estudiantes estarían vinculados con grupos al margen de la ley según lo demostraría el supuesto hallazgo de panfletos alusivos a la insurgencia, que al igual que el mítico computador de Raúl Reyes, mágicamente no resultaron afectados por la explosión[13].  Para rematar, la versión sobre el objeto de la fabricación de los explosivos cambió conforme fueron avanzando los días producto de la “sagaz” investigación que pasó de afirmar que se utilizarían el 1ro de mayo[14]  ¡para luego salir con la fantochada de que los fallecidos estarían planeando  un atentado en el Festival Iberoamericano de Teatro![15] .

Junto con lo anterior, es necesario manifestar y desenmascarar las posiciones de “grandes” políticos de nuestro ámbito nacional que haciendo un papel acomodado señalando la paja en el ojo ajeno,  ahora que se encuentran desmovilizados de toda lucha social, como el entonces Secretario de Gobierno de Bogotá, Antonio Navarro Wolf[16], el cual de manera pendenciera sigue el libreto de las fuerzas Militares, al acusar a los jóvenes de pertenecer a estructuras de la insurgencia, y pero aún, haciendo hincapié en la responsabilidad de los padres, por acción u omisión, al permitir que jóvenes se reúnan en una casa, vulnerando de lleno la posibilidad de reunión de jóvenes con sueños transformadores.

Como se vio, todos los casos referidos anteriormente han contado con la distorsión y manipulación de manera premeditada de los grandes conglomerados encargados de la difusión de la (des)información masiva en plena sintonía con los intereses de los gobernantes de turno. En ese sentido, contribuyen a la estigmatización de la juventud que se atreve a plantear alternativas de sociedad mediante la difusión de mensajes tendenciosos que buscan en los jóvenes universitarios de extracción humilde un enemigo a temer tal y como acontece en algunas notas “periodísticas”[17].

Es evidente entonces la capacidad que han mostrado los poderosos para agenciar discursos sobre la memoria de las víctimas que negativizan sus experiencias instalándose en la vida cotidiana de estas haciéndoles infértiles en la re-creación de sus proyectos de transformación. Esto tiene implicaciones inmediatas en lo que a la izquierda se refiere puesto que implica la desaparición de sus referentes y el contenido ideológico de los mismos[18]. En Colombia esta situación es bastante grave ya que no sólo habría que hablar de la posibilidad de tener memoria como sucede en algunos contextos, sino que además,  es necesario hablar de la posibilidad de poder hacer algo con ella, es decir, vivenciarla en la acción en el marco de un conflicto político, social y armado que ha arreciado con virulencia contra el pensamiento crítico.

Es por esto que cobra vigencia que:

Ante este situación, es muy necesario buscar referentes históricos positivos que ayuden a la izquierda a reconstruirse ideológicamente y sea capaz de luchar contra la cultura dominante, para reconstruirse también organizativamente, con el objetivo de que las clases populares dominadas puedan dotarse de los instrumentos orgánicos de lucha necesarios para combatir la implantación de un régimen político y económico injusto, basado en el “darwinismo” social, impuesto a través de una aparente democracia en unos casos y de la fuerza en otros[19]

A la luz de lo enunciado, encontramos en la memoria no sólo una posibilidad, sino también, una responsabilidad con los esfuerzos y legados de quienes precedieron y dieron lo mejor de sí por una sociedad mucho más fraterna.  En la memoria encontramos una rica fuente de reflexión que dota de sentido nuestro quehacer en el presente que nos muestran que el oprobio no es destino manifiesto, y que por el contrario, en la diversidad del movimiento social podemos encontrar referentes que nos ayuden a afrontar de manera pertinente los desafíos de la decadencia contemporánea.  En últimas :

La construcción de nuestra memoria histórica, entonces, no se limita a la reivindicación de nuestros muertos sino que recobra los sueños y proyectos por los que entregaron sus vidas. Implica ejercicios de investigación que pongan de nuevo a nuestro alcance las diversas formas de organización y de trabajo de los sectores populares en Colombia para oponerse a la opresión del capital. Y esto no solo como una forma de ampliar nuestro conocimiento de la historia desde los sectores populares sino como la manera de no declarar el pasado como clausurado y aceptar nuestra actual realidad como algo natural y definitivo. El pasado de los oprimidos sigue vivo y es la fuerza que alimenta nuestras luchas, la posibilidad de preñar el presente con otros mundos posibles[20]

 

 

[1]          8 de Marzo  de 2006
[2]          31 de Marzo de 2011
[3]          22 de Marzo de 2012
[4]          Aunque Lizaida ya era egresada, fue parte activa en la Universidad Pedagógica Nacional. Murió junto con los estudiantes Óscar Arcos y Daniel Garzón el 25 de Marzo de 2012.
[5]    TASSO,Pablo. Sobre la memoria, la conciencia y el pensamiento en América Latina. Entre la laguna y el pantano.
[6]    Ver en : Oscar Salas y las víctimas del Esmad. En: http://www.elespectador.com/esmad/columna189286-oscar-salas-y-victimas-del-esmad
[7]    Ver en: Ana, madre de Oscar Salas, estudiante universitario asesinado por el Esmad, se encadena a las afueras de la fiscalía. En: http://www.colectivodeabogados.org/Ana-madre-de-Oscar-Salas
[8]    Ver en: A 3 se eleva número de muertos por explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.vanguardia.com/historico/100402-a-3-se-eleva-numero-de-muertos-por-explosion-en-la-universidad-de-narino
[9]    Ver en: Investigan causas de explosión en la Universidad de Nariño. En: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/investigan-causas-de-explosion-universidad-de-narino-articulo-260313
[10]  Ver en: Universitario murió tras una explosión. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-4480113
[11]  Ver en: Murió estudiante tras explosión en la Uptc. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11411041
[12]  Ver en: Explosión en suba deja tres estudiantes muertos. En: http://noticiasunolaredindependiente.com/2012/03/25/noticias/explosion-en-suba-deja-tres-estudiantes-muertos/
[13]  Ibid
[14]  Ibid
[15]  Ver en: Estudiantes muertos en Suba estarían preparando atentado en festival. En: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11658122
[16]   Ver: Explosión en Suba se debió a fabricación de papas bomba En: http://www.elespectador.com/noticias/bogota/explosion-suba-se-debio-fabricacion-de-papas-bomba-articulo-334399
[17]  Ver por ejemplo: Crece alarma por uso de explosivos mortíferos entre estudiantes. En: http://www.semana.com/nacion/articulo/crece-alarma-uso-explosivos-mortiferos-entre-estudiantes/255596-3
[18]  Por una memoria de lucha. En: http://www.foroporlamemoria.info/2012/09/por-una-memoria-de-lucha/
[19]  Ibid
[20]  La memoria como herramienta en la lucha de clases. En: http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6973:la-memoria-como-herramienta-en-la-luca-de-clases&catid=58:opinion&Itemid=182

Lucha de Clases y la Geopolítica Imperialista de los Estados Unidos: El caso Colombiano

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Vive y no esconde el bárbaro sus tenazas de hierro
y el verdugo y la silla, y el g-man y el encierro.
Monstruo de dos cabezas bien norteamericano,
una mitad demócrata, otra republicano;
monstruo de dos cabezas, mas ninguna con seso
no importa que nos hable de alianza y de progreso[1]

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El presente escrito es una modesta contribución a los debates al interior de las Ciencias Sociales (o lo que queda de ellos) revisando algunos conceptos que hoy en día brillan por su ausencia de manera intencionada en las discusiones académicas. En efecto, bajo el dudoso argumento de encontrarnos en una “nueva era”[2] se arguye que muchas de las producciones teóricas desarrolladas en el pasado no tienen vigencia alguna como lo es el caso de los conceptos de Lucha de Clases e Imperialismo, cuestión que para quien escribe estas líneas, no es otra cosa que el premeditado intento por socavar las implicaciones sociales, políticas, económicas, ambientales y culturales que conllevan reconocer estos postulados en aras de sostener el ordenamiento capitalista contemporáneo. Por esta razón y omitiendo la fantasía del posicionamiento neutral tan de boga por estos días en los debates dentro del ámbito educativo, dedicaré los siguientes párrafos a explicar de manera breve el porque los conceptos mencionados anteriormente siguen siendo útiles para la comprensión del mundo en el que vivimos a partir del análisis de la acción geopolítica imperialista de los Estados Unidos para América Latina, haciendo un especial énfasis en el papel de Colombia en dicha dinámica.

I.Revisando los conceptos:

 Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre[3]

La tradición del concepto de Lucha de Clases tiene sus cimientos más reconocidos en los aportes de Marx y Engels[4] abriendo consigo una riquísima y variopinta gama de interpretaciones a partir de las afinidades políticas, incluso, en otras corrientes ideológicas claramente diferenciadas como lo es el caso del anarquismo[5]. No obstante, el concepto de Lucha de Clases también ha sido objeto de profundas malversaciones ya sea dentro de la derecha o algunos sectores de la izquierda quienes mayoritariamente le han reducido a una estrechez economicista. Sin embargo, un ejercicio de justeza con los planteamientos que dieron origen a dicho concepto debe avocar a interpretarlo de manera amplia como las tensiones que se expresan en:

(…)una serie de relaciones más o menos serviles impuesta por un pueblo a otro a escala internacional, por una clase a otra en el ámbito de un país y por el hombre a la mujer en el ámbito de la misma clase.[6]

De esta forma, la Lucha de Clases es una conceptualización que no sólo abarca los antagonismos entre ricos y pobres como usualmente se asume, sino que, se extiende por todo el corpus del conflicto social y sus múltiples manifestaciones otorgándoles los matices históricos que den lugar. A partir de ello podemos afirmar que:

(…)cada individuo (e incluso cada grupo) está situado en un conjunto contradictorio de relaciones sociales, y cada una de ellas le va asignando papeles distintos. El sistema capitalista mundial, lejos de basarse en una sola <<relación de coerción>>, es un entramado de <> múltiples y contradictorias. Lo que decide la colocación de un individuo (o de un grupo) en el campo de los <> o el de los <> es, por un lado, la jerarquización de estas relaciones sociales con arreglo a su relevancia política y social de una situación concreta y determinada, y por otro la opción política del individuo (o del grupo). [7]

1En ese sentido, hablar de clases sociales hoy en día implica comprenderlas como configuraciones diferenciadoras con un pilar en las relaciones económicas más allá de los medios de producción integrando al mismo tiempo condiciones objetivas y subjetivas haciendo que aunque tiendan a ser cerradas su composición no sea hermética. Esto es importante tenerlo en cuenta ya que nos permite evidenciar que existen distintos niveles de explotación[8] los cuales poseen una dinámica de superposición e interdependencia en contravía de aquellos cultores de la ciudadanía global y otras jerigonzas de tufillo neoliberal según las cuales la morfología del capitalismo contemporáneo habría logrado difuminar en el magma social aquellas condiciones que posibilitarían antagonismos dejándonos a todos en igualdad de condiciones ¡como si fuese lo mismo ser una mujer esclavizada en una maquila de Guatemala que una mujer trabajadora en Canadá!.

De igual forma, así como el concepto de Lucha de Clases sigue siendo vigente en tanto responde a realidades concretas, el de Imperialismo también lo hace en la medida que ambos responden a estrecha relación con el desenvolvimiento del sistema vigente. Empero, es importante aclarar que la reivindicación del concepto que aquí se hace no corresponde a la visión ascendente propuesta por Lenin como fase superior del capitalismo, en rigor, nos referimos a “la lucha entre estados-naciones capitalistas por el dominio del sistema-mundo capitalista en expansión. Quien logra ejercer el dominio debe mantenerlo sobre la base de la fuerza y, además, haciendo valer su hegemonía”[9].

Seguramente esta definición por si sola no diga mucho para quien no se encuentre familiarizado con el tema, por ende, es preciso dar cuenta de aquellos elementos que confeccionarían el Imperialismo contemporáneo y así facilitar su comprensión. Para tal fin, acudimos a los postulados del profesor Renán Vega[10] de quien retomamos siete aspectos fundamentales a saber: 1.explotación intensiva del trabajo en el Sur y Este del mundo, 2. protagonismo del capital financiero y la oligopolización de la economía, 3.extracción desmesurada de materias primas y recursos naturales, 4.exportación neta de capitales del Sur hacia el Norte, 5.disputas interimperialistas, 6.la avanzada militarista, 7.dominación colonial y neocolonial.

Todas estas características reposan sobre hechos materiales concretos como lo son las deudas externas impuestas a las naciones en “vías de desarrollo”, el control militar y su respectivo pillaje de las riquezas naturales en los países del llamado “tercer mundo”, entre otros, que no se dan de maneras aisladas, por el contrario, muchas veces son interdependientes y se refuerzan haciendo parte de las lógicas de dominación centro-periferia[11] constituyendo un circuito de dependencia en el que las potencias que delinean el ordenamiento mundial usufructúan ya sea por concesión o por imposición a todas aquellas en las que vislumbren un interés particular. Desde esta óptica, entendemos que el Imperialismo es aún una categoría vigente puesto que responde a una expresión concreta de la Lucha de Clases en la que se manifiestan diversas formas de explotación propias de las contradicciones inherentes al capitalismo.

II.Lucha de Clases e Imperialismo en América Latina:

 (…)el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es,
un alma e intento,vencedora veloz de un pasado sofocante,
manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos
la pelea con las ruinas, y de las venas que nos dejaron picadas
nuestros dueños.[12]

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Para el caso de América Latina la categoría de Lucha de Clases debe ser ajustada puesto que su desarrollo no es un calco de lo acontecido en Europa cuestión que lleva otra lectura como sugiere Luis Vitale[13] para comprender el estado actual:

  • Siglo XIX: Constitución de un pacto neocolonial, exportación de materias primas y entrada de materias sin regulación alguna con el papel movilizar del capitalismo británico. Inicio de la asfixia económica bajo la figura de la deuda externa bajo el argumento del no pago a los empréstitos (con alto intereses y ventajas comerciales).
  • 1900 – 1930: Prevalencia de un capitalismo primario exportador, protagonismo del campesino y el proletariado (compuesto por diversos sectores). Se comienza a desplazar el Imperialismo ingles por el norteamericano y las clases dominantes impulsan la creación de nuevos sectores burgueses que compartirán el poder política con terratenientes para frenar el avance de los y las trabajadoras.
  • 1930 – 1970: Industrialización por sustitución de importaciones, consolidación de la industria liviana que incentiva la migración campo-ciudad. Emergen capas medias y se fortalecen los sindicatos, adquieren visibilidad las luchas de los pueblos originarios junto con las mujeres y los estudiantes. Surgen movimientos nacional-populistas como medida de contención de la clase trabajadora a su vez que se configura una dependencia a partir del crecimiento de la deuda externa y las inversiones de capital monopólico.

A partir de allí, la configuración del ciclo económico para América Latina[14] contaría con un periodo ascendente (referido a la década de los 70’s) y que posteriormente tendería a declinar e ingresar en crisis (momento actual). En este marco, las luchas entre trabajadores y capital varia en términos de alcances, intensidad, ubicación geográfica e intereses de clase. Sin embargo, pese a este entramado puede afirmarse que se ha gestado una llave operativa entre las corporaciones multinacionales, las organizaciones financieras internacionales y los Estados Imperiales, que a su vez, se apoyan en Estados colaboracionistas y testaferros configurando así el actual panorama de la dominación del continente.

En este marco la trayectoria histórica de los Estados Unidos ha estado regida por un pretendido sentido de un “destino manifiesto” según el cual se han asumido como portadores de la verdad frente al mundo. Lo enunciado anteriormente tiene expresiones concretas como la conocida “Doctrina Monroe” en la que de manera premeditada se autoadjudicaban “América para los americanos” cuestión que poco o nada ha cambiado hasta nuestros días. En realidad, podemos identificar de manera transversal que:

Los propósitos de las administraciones de EE.UU eran-y siguen siendo- dominar militarmente el continente, apoderarse de los recursos naturales de la región, mantener el control sobre las vías de transportación terrestre, fluvial y marítima y establecer líneas políticas afines a sus intereses para lo cual se valdrían de regímenes oligarcas -constituidos por la naciente burguesía latinoamericana, por latifundistas, militares y sectores de la iglesia conservadora, que se caracterizaron por ser títeres del águila imperial- así como por la aplicación brutal de la violencia, en unos casos, y la manipulación subrepticia, en otros.[15]

Toda esta correría ha hecho que el Imperialismo norteamericano busque entrometerse en las distintas esferas de la sociedad, incluida por ejemplo la cultura[16], al impulsar en el continente desde organizaciones multilaterales hasta políticas educativas, pasando por publicaciones y publicidad acorde a sus intereses como se constata en el periodo de la guerra fría con la promoción de las ideas anticomunistas que posteriormente con la caída del muro de Berlín y en la necesidad de justificar un enemigo se enfocarían los esfuerzos en contra del “terrorismo internacional”. No obstante, el rigor del Imperialismo también se expresa mediante la fuerza ya bien sea mediante la intervención militar directa, o, el apoyo a regímenes dictatoriales tristemente celebres en el continente. Todo lo anterior pone de relieve que:

La estrategia de EE.UU en América Latina no es homogénea. EE.UU entiende bien cuáles son los niveles de desarrollo económico y político de cada país y subregión. Podemos decir que ha divido la región en cuatro áreas. Con cada una de estas áreas ha establecido una estrategia propia de negociación. Este análisis heterogéneo se realiza a pesar de los elogios del Departamento de Estado en el sentido de que la región latinoamericana goza de una nueva homogeneidad producto de la existencia de regímenes electorales y democráticos.[17]

Hoy en día debería ser casi que incuestionable el carácter Imperialista de los Estados Unidos si se tiene en cuenta entre otras cosas que abarca el 50% de las 500 corporaciones multinacionales y bancos más importantes del mundo, además, es palpable su capacidad de intervención política al incidir y/o determinar la agenda de otros territorios con estrategias como el ALCA o los TLC buscando sellar el circulo de dependencia existente hacia ese país como lo señala James Petras[18]. Así pues, continuando con la línea argumentativa planteada por este autor, se puede decir que las tensiones alrededor del Imperialismo de los EE.UU frente a América Latina se condensan en cuatro básicamente: 1.disputa por los bienes naturales, 2.cuestión agraria, 3.descapitalización y 4.derechos humanos. Todo ello se conjuga en un escenario en el que por ejemplo existe un detrimento del campesinado y las economías locales a raíz de las importancias de los Estados Unidos, a su vez, que se acentúan los fenómenos de desplazamiento por la intromisión de sus emporios económicos de la mano con la militarización de los territorios que quedan a su suerte ya que hasta las administraciones se ven supeditadas a priorizar sus necesidades en consonancia de pagos nacionales como lo son la deuda externa. De esta manera verificamos con lo anteriormente expuesto tan sólo a manera ilustrativa que el papel de EE.UU se encuentra lejos de ser “un país más” dentro del ordenamiento mundial.

III.El caso Colombiano:

Procelaria de esta tormenta, ¿cuál la palabra de consuelo?
Augur de la catástrofe, ¿cuál el conjuro a tanto mal?
Profeta de la invasión, ¿cuál el remedio de escapar a ella?
¿qué dique levantaremos ante la ola de los bárbaros?
Así exclamarán las almas asombradas.[19]

El momento que vivimos actualmente de la Lucha de Clases en Colombia se enmarca en las transformaciones de la década de los 90’s[20] que implicaron un repliegue de la movilización social que tuvo que pasar a la defensiva en términos reivindicativos. En efecto, en esta época se consolida el neoliberalismo como modelo que limita las ya reducidas concesiones del Estado y posibilita la internacionalización del capital. El país vuelca su primacía a las actividades extractivas relacionadas con el petroleo, carbón y oro principalmente, todo a su vez, que se arraiga el control de empresas extranjeras (en un gran porcentaje norteamericanas) sobre dichos sectores de la economía nacional modelándolos a su antojo con la complicidad de la burguesía nacional (en su expresión tradicional o mafiosa) quien es dependiente y subsidiaria al mismo tiempo de dicha dinámica.

Con este periodo se inicia una agresiva oleada de privatizaciones bajo el sofisma de la calidad y la eficiencia en la que las empresas de servicios públicos serán las más afectadas. Se observa una transición de la economía nacional que va del sector de la industria a los servicios, y de estos al mineroenergético con la reaparición de las economías de enclave acompañadas de un proceso de contrareforma agraria que se expresa a nivel político con la perdida de interés en la producción agrícola con fines nacionales privilegiando la importanción y de esta manera socavando la soberanía alimentaria, entre tanto a nivel militar se expresa, con la agudización de la violencia en el marco del conflicto armado imponiéndose en el campo a sangre y fuego abriendo brecha para los jugosos mercados de los monocultivos (palma, caña, yuca, etc) y el tradicional sector de la ganadería. Por su parte, en las ciudades prevalecerá la precarización laboral con la desregularización del trabajo bajo figuras como la tercerización que en últimas lo que se busca es obtener mayor plus valor para quienes le usufructúan, junto con el predominio del capital financiero.

En este marco se inscribe el Imperialismo norteamericano en Colombia aunque su presencia es de vieja data y puede rastrearse desde el siglo XIX[21] con la firma de tratados por parte de presidentes abyectos que daban rienda suelta a la intromisión de los EE.UU sin mayor restricción, pasando por la vergonzosa perdida del canal de Panamá a comienzos de siglo XX o la implementación del plan Lasso (Latin American Security Operation) en la década de los 60’s, entre otros acontecimientos de los cuales no nos ocuparemos en este texto para centrarnos en el presente a partir del análisis del poderío militar y el control de los bienes naturales por parte de los Estados Unidos. Basta mirar que este país tiene:

(…)regadas bases militares por los cinco continentes. Con exactitud no se conoce la cantidad de bases que posee aunque, según un inventario oficial elaborado por el Pentágono, en el 2008 los Estados Unidos tenían 865 bases en 46 países, en los que desplegaban 200 mil soldados. Sin embargo, algunos de los que han estudiado con detalle el asunto sostienen que el número total de bases es de unas 1.250, distribuidas en más 100 países del mundo.[22]

Para el caso Colombiano el papel de los Estados Unidos es igualmente significativo ya que recibe de este el mayor apoyo militar a nivel de América Latina y el tercero a nivel global (la lista la lidera Israel y Egipto) materializándose en el ejercicio del control efectivo de nuestro país gracias a las siete bases militares que tiene a su disposición junto con las fuerzas de tarea conjunta (Omega, Pegaso,Apolo, Poseidon, Kyron, Vulcano) que funcionan a conformidad de sus intereses, que no son otros que bajo la careta de la lucha contra las drogas, asegurar el acceso a los bienes naturales del país y del continente, a su vez, que se neutraliza cualquier amenaza para ello como lo pueden ser los grupos insurgentes. En consecuencia, no es de extrañar que:

(…) entre 1998 y 2008, unos 72.000 militares y policías de Colombia fueron adiestrados por personal de los Estados Unidos, lo que hace que Colombia sea el segundo país del mundo, después de Corea del Sur, en recibir este tipo de entrenamiento; en la actualidad operan en territorio colombiano 1.400 militares y contratistas (un eufemismo de mercenarios) de los Estados Unidos, cuando a comienzos del Plan Colombia se había dicho que solamente serían 400; la Embajada de los Estados Unidos ha crecido de tal manera en cantidad de personal administrativo, militar y de espionaje que es la quinta más grande del mundo; el Plan Colombia había costado hasta 2008 66.126 millones de dólares.[23]

En efecto, el interés de los EE.UU radica como se mencionó anteriormente en el control de los bienes naturales del continente expresados en las fuentes energéticas tan necesarias para casi cualquier actividad en el marco de los niveles de consumo en el capitalismo, pero además, las reservas hídricas y ambientales puesto que en ellas reside la capacidad de conservación del futuro, y por ende, también de control y poder. La importancia de Colombia en la geopolítica Imperialista se puede constatar con algunos ejemplos: por una parte su localización geográfica posibilita el acceso a diversos puntos de interés como lo es el caso de Venezuela ya que es el país con las mayores reservas de petroleo del mundo, además, también es relevante el papel de Colombia por su presencia en el llamado “corredor biológico de suramericano” el cual es una de las mayores fuentes de biodiversidad a escala planetaria que entre otras cosas porque es un excelente banco de diversidad de semillas y saberes culturales originarios de los cuales grandes emporios farmacéuticos se sirven hoy en día, por otra parte, el país es también un territorio que a la fuerza ha sido acoplado para destinar grandes extensiones a los cultivos tipo exportación como lo es el caso de la palma aceitera, entre otros, en los que convergen capitales nacionales y extranjeros en su explotación, y ni que decir, de la apropiación de fuentes hídricas ubicadas en paramos y demás de las cuales compañías como Coca-Cola se aprovechan sin mayor restricción para sus fines comerciales. A razón de esto:

Al compararse las estrategias en marcha para la extracción de recursos en áreas de alta biodiversidad, se observa que las sociedades que habitan esos territorios se ven aplastados por la mercatilización, lo que supone una modificación de su cultura que es sustituida por folklor y ecoturismo. Se les impone de nuevo el endeude, como en la época de las caucheras, por parte de los <>, entre los que sobresalen inversionistas locales, que actúan como socios y testaferros del capital transnacional, lo cual viene acompañado por la militarización y la penetración de los intereses imperialistas, con sus propias bases y armas.[24]

Bibliografía

[1]   GUILLEN,Nicolás. Las grandes elegías y otros poemas. Concejo directivo de la fundación biblioteca Ayacucho. Caracas, Venezuela. (1984). p 197.
[2]   En particular las tesis que se produjeron después de la nefasta aparición del texto “El fin de la historia y el último hombre” de Francis Fukuyama en el año 1992.
[3]   HERNÁNDEZ,MIguel. Sentado sobre los muertos. En: GARRIDO,Mariano.(Comp) Poesía como arma. 25 Poetas con la España revolucionaria en la Guerra Civil. Ocean Sur. Quéretaro,México. (2008). P 89.
[4]   La publicación del Manifiesto del Partido Comunista será un importante referente.
[5]   Ejemplo de ello es como que se ha conocido como el Anarquismo Social y Organizado.
[6]   DOMENICO,Losurdo. La lucha de clases. Una historia política y filosófica. El Viejo Topo. España. (2014). P 27.
[7]   Ibid, P 142.
[8]   Ver al respecto: PRICE,Wayne. ¿Qué es el anarquismo de lucha de clases?. Disponible en: http://anarkismo.net/article/14417
[9]   GANDASEGUI,Marco. América Latina y el Imperialismo en el siglo XXI. En: La economía mundial y América Latina. Tendencias, problemas y desafíos. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Buenos Aires, Argentina. (2005). P 171. Disponible en : http://biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/collect/clacso/index/assoc/D2771.dir/7ParteII2.pdf
[10] Ver al respecto: VEGA,Renán. Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Las transformaciones mundiales y su incidencia en la enseñanza de las ciencias sociales. V1. Imperialismo, geopolítica y retórica democrática. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá, Colombia. (2007).
[11] En la actualidad importantes aportes al respecto se encuentran en las obras del teórico David Harvey.
[12] MARTÍ,José. Nuestra América. Disponible en: http://www.ciudadseva.com/textos/otros/nuestra_america.htm
[13] Ver al respecto: VITALE,Luis. Contribución a una teórica especifica de la lucha de clases en América Latina. Disponible en: http://mundoobrero.cl/wp-content/uploads/2014/09/teoria-de-america-latina-lv.pdf
[14] Ver al respecto: PETRAS,James. América Latina: Lucha de clases y resistencia en la era del capitalismo extractivo. Disponible en: http://www.lahaine.org/mundo.php/america-latina-lucha-de-clases-y-resiste
[15] TOSCANO,Dax. El imperialismo Estadounidense contra América Latina. Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/3066.pdf
[16] Ver al respecto: IANNI,Octavio. Imperialismo cultural en América Latina. Disponible en: http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/711/6/RCE6.pdf
[17] GANDASEGUI,Marco. Op cit. P 186.
[18] Ver al respecto: PETRAS,James. América Latina: Imperialismo, recolonización y resistencia. Ediciones Abya-Yala. Quito, Ecuador. (2004). Disponible en: http://repository.unm.edu/bitstream/handle/1928/10550/Am%C3%A9rica%20Latina%20imperialismo%20recolonizaci%C3%B3n.pdf?sequence=1
[19] VARGAS,José Maria. Ante los bárbaros. Editorial La Oveja Negra. Bogotá,Colombia. (1985). P 40.
[20] Ver al respecto: MARTÍNEZ,Vicente. Consideraciones sobre el periodo actual de la lucha de clases en Colombia. Disponible en: http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=2996:consideraciones-sobre-el-periodo-actual-de-la-lucha-de-clases-en-colombian&catid=93:america-latina&Itemid=426
[21] Ver al respecto: VEGA,Renán. MARTÍN,Felipe. Colombia y el imperialismo contemporáneo. Un eslabón geoestratégico de los Estados Unidos. Ocean Sur. Colombia. (2014)
[22] Ibid, P 78.
[23] Ibid, P 42
[24] Ibid, P 215.

Las víctimas más allá de los acuerdos

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Plantilla-ImagenEl tema de la reparación de víctimas, ha sido un tema recurrente no solo en la mesa de negociación de la Habana sino en el grueso de la población colombiana. En el meollo del asunto la interrogante constante es cómo asegurar los mecanismos necesarios para que posterior a la firma de los acuerdos se cumpla con los estándares exigidos por la corte institucional como lo son: Verdad, Justicia, reparación y garantías de no repetición.

Según los estándares internacionales establecidos para la aplicación de justicia transicional en la finalización de un conflicto, se firmó en septiembre del presente año un acuerdo de justicia transicional bajo un tribunal especial para la paz que se encargará de diseñar los mecanismos por medio de los cuales se darán las garantías del cumplimiento del proceso, así como de la aplicación de los estándares establecidos. A partir de ello, se acordó que se establecerían amnistías e indultos lo más amplias posibles, determinando tentativamente penas punitivas que van desde el indulto absoluto hasta 8 años de condena. Todo esto enmarcado en el eje central de la reparación: La verdad. Una de las características a resaltar, no solo desde la firma del acuerdo de justicia sino desde la propuesta de la FARC-EP, es la de instalar una comisión de la verdad, que ha logrado establecer algunos elementos que marcan la pauta en el avance del reconocimiento de las víctimas para su posterior reparación, incluido en ello el “castigo” a sus victimarios de las que serían parte las penas punitivas acordadas.

Con estos anuncios, los pronunciamientos de diferentes sectores políticos y sociales no se hicieron esperar, uno de los más controversiales ha sido del ex presidente y senador de la república Álvaro Uribe Vélez, quien a partir de una comunicado público el mismo día de la firma de estos acuerdos manifestó su descontento. Su pronunciamiento se enmarco en la indignación por la equiparación de las fuerzas armadas y la población civil con “los terroristas de las farc”, así como su rechazo, como lo ha manifestado desde el inicio de los diálogos, sobre la presencia de la “Dictadura de Venezuela” entro otros temas. Por otra parte el grueso del movimiento social y la izquierda colombiana así como los aliados del gobierno celebraron esta firma, evidentemente enmarcados en diferentes intereses y desde diferentes puntos de vista.

Y entre tanto pronunciamiento ¿En dónde están realmente las víctimas?

La justicia consensuada en estos acuerdos es de carácter restaurativo, es decir, que busca restablecer las relaciones entre las víctimas y los victimarios a través de una reparación integral que pase por la reconciliación de toda la sociedad. Dentro de este punto, es importante resaltar que cuando se habla de reparación de víctimas a partir de sus victimarios, se habla también de cómo el gobierno reparará a la población que ha sido víctima de sus intentos de combatir la insurgencia, bien sea estatal o paraestatalmente.desplazados

En ese marco, el gobierno nacional crea en el año 2012 la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, el cual bajo la firma de estos acuerdos y la próxima firma (en caso de que así sea) de los acuerdos en general, será afianzado como mecanismo de registro y control de reparación de víctimas en el país. Estableciendo su misión, visión, enfoques y objetivos tanto estratégicos como tácticos, podemos leer en estos últimos, planteamientos como: “Retornar y/o reubicar a las víctimas del conflicto en condiciones de seguridad, dignidad y voluntariedad.” Y “Adelantar acciones de pedagogía social encaminadas al reconocimiento de las víctimas como sujetos de derechos y al ejercicio pleno de su ciudadanía.”, así como toda una estrategia de reparación enfocada en la restitución de tierras y construcción de vida digna – al menos en el discurso – para las víctimas y la población en general, buscando la reconstrucción social, política y económica de la nación.

En datos concretos esta unidad de reparación tiene en el registro único de víctimas 7´758.935 personas afectadas, de las cuales según esta misma plataforma han sido sujeto de asistencia y reparación 5´932.213 de ellas. A primera vista, estas cifras nos hacen preguntarnos ¿cómo ha sido el proceso de registro de las más de 7 millones de personas mencionadas teniendo en cuenta la dificultad en términos de acceso qué tendrían ellas a estas plataformas virtuales reconocimiento las condiciones de la ruralidad colombiana de donde mayoritariamente provienen estas personas? , y por lo tanto, sin atrevernos a especular sobre cifras ¿Qué cantidad de víctimas hay realmente en el país? Y ¿Cuáles han sido los parámetros en esta supuesta reparación a más de 5 millones de ellas? Para esto hemos querido contrastar con pequeños ejemplos la situación del reconocimiento de víctimas en estas apuestas gubernamentales en prácticas concretas.

El 21 de septiembre de 2015 el periódico El Tiempo titulaba: “Con gases lacrimógenos ESMAD se toma edificio con desplazados”, así pues en casos como este, observamos cual es la verdadera atención que se le ofrece a la víctimas, en ese sentido tratando de dilucidar una respuesta un poco más clara a nuestra segunda pregunta, nos remitimos al mencionado articulo en donde Ruby Teresa Mosquera, desplazada de Caucasia, Antioquia afirma: “Llevo doce años con dos subsidios aprobados, con tutelas y ni así cumplen”. De esta manera, casos como el suyo abundan en el país como muestra de las condiciones de “reparación” con que cuentan las mas de 5 millones de personas atendidas por las medidas estatales según sus propias cifras.

En los datos de la plataforma de víctimas, en el departamento del Caquetá, municipio de Albania, se registran para el año 2015 un total de 24 personas expulsadas y 25 personas recibidas en la unidad. No obstante, en la actualidad, se encuentran asentadas en una de las tantas zonas periféricas de Bogotá más de 75 personas, la mayoría de la vereda de Aguas Claras, perteneciente al mencionado municipio. Estas 75 personas pertenecientes solo a una vereda, que se encuentran en la ciudad hace casi 2 meses, manifiestan haber asistido a reuniones realizando peticiones al Estado en busca de ayuda sin respuesta alguna. Lo anterior es contrastable con las 24 personas que dice el gobierno han sido expulsadas en el presente año del municipio completo, siendo el 1 de Noviembre la fecha de la última actualización de la base de datos de la unidad.

Igualmente, el 11 de noviembre de 2015 Agencia Prensa Rural titulaba: “Casas campesinas ocupadas ilegalmente por Ejército en Cauca” denunciando como desde el 23 de octubre se han venido haciendo saqueos a predios campesinos en diferentes municipios de dicho departamento en donde se han registrado gran cantidad de víctimas del conflicto armado y social en Colombia. Con estos tres ejemplos, que aunque se quedan muy cortos, es posible evidenciar las verdaderas intenciones de reparación de las que se mofa el gobierno. Preguntamos entonces nosotros: ¿Esta es la reparación de Santos?

Con el intento de ilustrar algunos casos que reflejan la situación actual de las víctimas, parece bastante paradójico que sean personas que desde la comodidad de sus computadores generen oposición o apoyo férreo teniendo en cuenta que nunca han sido objeto ni conocen de primera mano las condiciones que millones de víctimas del conflicto social en Colombia han padecido en el desenvolvimiento de la guerra. Y aún peor, el cinismo de las personas que al ser actores claves con profunda responsabilidad en la situación que posibilita la existencia de víctimas, pretendan establecer condiciones de reparación que mas allá de generar reconstrucción de tejido social, ahondan en el conflicto. Bastante clara es ya la postura del gobierno frente a las víctimas, a quienes solo pretende atender en el marco de la negociación de unos acuerdos de la Habana, que por cierto, pueden llegar a favorecer sus políticas neoliberales en otros puntos que se encuentran en calidad de negociación – este escenario si bien no es inexorable si es posible- y es en ese contexto en el que juega la clase dominante en el marco de las relaciones costo/beneficio, en otras palabras, estamos ante un tira y afloje en la coyuntura generada durante la firma de los acuerdos y la que se pueda generar posterior a ellos, se firmen o no. Así pues es necesario preguntarnos ¿Está dentro de las intenciones del gobierno la reparación de las víctimas más allá de lo que dentro de sus intereses pueda llegar a negociar con los acuerdos?, bastaría mirar su proceder para sacar sus propias conclusiones.

Visto de esta forma, afirmamos vehementemente que la reparación de las víctimas así como la construcción de una vida digna de todas las personas, no debe estar sujeta a una negociación a conveniencia del alcance que pueda tener uno u otro actor. Esta posibilidad de vida digna debe ser una lucha desde las víctimas mismas, aquellas quienes conocen más que nadie cual ha sido su proceso y como se deben reparar. Es por esto que nosotras como anarquistas debemos estar en las calles, de la mano con aquellas a quienes no les han permitido que su voz resuene hasta La Habana. Ellas,   quienes conocen más que nadie el conflicto sin haber leído o escrito sobre él y en quienes debe estar la decisión de pactar, o no, la forma de reparación y las políticas que, respondiendo a la necesidad de construcción de paz, beneficien a todas las que históricamente han sido vilipendiadas.

#UstedNoSabeQuiénSoyYo

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Mientras sigue el escándalo mediático de delfines ebrios insultando a Policías (los mismos que protegen sus intereses, vaya ironía), las situaciones de indignidad a lo largo y ancho del territorio nacional vienen aumentando. No en vano se ha desatado, por ejemplo, el levantamiento de la Minga en el Cauca, que cómo raro ha conllevado una fuerte oleada de represión por parte del escuadrón de la muerte, según un reciente informe sacado por el Frente amplio y la cumbre agraria: “A la fecha, se reportan 57 indígenas heridos, producto de agresiones directas de la Fuerza Pública; nueve heridos por artefactos no convencionales utilizados por el ESMAD; varios por arma de fuego disparada de manera directa”, además de la invisibilización por parte de la mass media, que se regocija en su amarillismo y el cubrimiento de los escándalos de espectáculo, lo que tampoco es raro.

Invisibles estamos para algunas, pero aquí existimos así usted no sepa quién soy yo:

Soy el campesino que se resiste al despojo de sus tierras; soy el maestro que desde el pizarrón construye senderos de utopía; soy el pescador y el minero que se niegan a la privatización de su entorno; soy estudiante rebelde que desde la academia critica, propone y construye una sociedad distinta; soy el joven estigmatizado por el simple hecho de serlo; soy el sindicalista asesinado, el obrero despojado de su fuerza de trabajo para ganar un mísero salario; soy negro, gay, lesbiana y transexual que sufre día a día la discriminación propia de una sociedad pacata y confesional; soy la mujer doblemente explotada y doblemente oprimida, aquella que sufre del acoso callejero, aquella que se organiza y combate al patriarcado; soy el indígena que hace más de 500 años se resiste al saqueo de sus bienes y de su cultura; soy el desaparecido, el torturado, el amenazado, el encarcelado, el exiliado, el asesinado por el Estado por el hecho de pensar y actuar distinto a lo que dicta el régimen; soy Oscar Salas, Carolina Garzón, Carlos Pedraza, Nicolás Neira, Augusto Tihuasusa y muchas más a los que mantenemos tatuados en nuestra memoria. Soy Luchadora social y de clase explotada.

Y si usted oligarca, parasito, empresario, banquero, (para)militar, tombo, politiquero títere de turno no sabe quién soy yo, váyalo sabiendo, pues desde campos, veredas y barriadas se vienen gestando proyectos de emancipación y transformación que les despertara sus peores pesadillas. Por eso somos la negación de lo que ustedes son y representan, Somos lo que hacemos para crear somos, Somos contrarios a toda forma de Poder y Autoridad.

¡Si ustedes no nos dejan Soñar, no los dejaremos Dormir!