Colombia

¡A conspirar se dijo!

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En la  historia colombiana, son muchas las formas en las que poblaciones oprimidas han luchado y resistido a sus opresores gracias a la necesidad de defenderse como grupo o comunidad, de tal manera que  conspirar aparece como imperativo para cambiar el orden actual de las cosas. Tal es el caso, en un primer momento, de las resistencias  de los indígenas nativos hacia los españoles, que luchando contra la imposición de una cultura genocida dieron ejemplo de dignidad y respeto por sus ancestros como seres sentipensantes que aportaban al bienestar de sus comunidades. Fue así como el conocido cacique de los muiscas Tundama, en resistencia a la imposición del dominio español y en nombre de sus antepasados asesinados, organiza diversos grupos para conspirar y realizar enfrentamientos en los que la dignidad indígena se hondeaba como bandera, y que hasta nuestros días, es y debe seguir siendo uno de los referentes históricos de resistencia y defensa de lo propio en nuestro territorio. De igual forma, los enfrentamientos de los esclavos negros hacia los esclavistas que injustamente mutilaban sus vidas, no dejaron más remedio que organizarse y conspirar para quemar las haciendas y huir hacia territorios desconocidos donde  fundaron  los  conocidos “palenques” como comunidades libres[1] en las montañas del Caribe principalmente.

La Revuelta de los comuneros en 1781 hacia la ley española inicia en el territorio de Socorro, Santander donde los campesinos levantaron su voz contra las injustas medidas comerciales impuestas por el virrey, que trajo consigo la unidad de campesinos de varios puntos del país que aunque no exigían el cambio del sistema político, se convirtieron en un referente de insurrección y resistencia. Años más tarde, las huelgas obreras frente a la empresa bananera United Fruit Company [2] organizadas e impulsadas por anarcosindicalistas,comunistas e individualidades, que exigían mejoras en sus condiciones paupérrimas de trabajo y salud a los que estaban expuestos dentro de los enclaves bananeros en la costa Caribe colombiana, produjo a raíz de este poder conspirativo de los trabajadores una de las más cruentas masacres conocidas por estas tierras, denominada como la Masacre de las Bananeras, perpetrada por el ejército colombiano en Ciénaga, Magdalena a orden del gobierno del conservador Miguel Abadía Mendez y como respuesta a la tradicional y arrodillada relación con los Estados Unidos; por tal motivo, las diferentes expresiones estudiantiles a lo largo y ancho del país no dudaron en lanzar su voz de protesta ante este grotesco acontecimiento, quienes sin duda alguno tuvieron que pagar con sus vidas una cuota más de injusticia e impunidad.

Todas estas manifestaciones  no son producto del azar ni muchos menos, por el contrario,  son legítimas respuestas a las condiciones de explotación a las  que generaciones de colombianos han sido obligados a vivir producto de imperio del capitalismo y el mercado. No obstante,  son al mismo tiempo el resultado de la creatividad y el ingenio de unas o muchas personas que en un momento determinado pasaron de la contemplación a la acción contra aquello que les oprimía, esto es, lo que solemos llamar la práctica del “conspire”.

Esta vocación en un sentido simple estaría sustentada en la actividad de conspirar, en idear aquellos planes para generar alguna acción determinada. Sin embargo, esta simple acepción le despoja de su potencial, puesto que, difumina sus cualidades  y determinaciones que le hacen vinculante a prácticas sociales y materiales. Por todo ello, consideramos  necesario desglosar algunas de estas cualidades y determinaciones que nos permitan ver por qué es importante esta vocación de “conspire”.

ANALIZAR PARA ACTUAR.

No es extraño que en algún momento en los diferentes procesos que se han dado en el país hayamos escuchado alguna idea o acción que a la postre ha resultado  equívoca,  igualmente, es frecuente que hayamos sido nosotros quienes planteásemos  una acción insuficiente o contraria para transformar una situación determinada, y en ese sentido, en vez de resolver una adversidad se termina  generando más dificultades que soluciones para el proceso; esto debido a una mala lectura, un análisis simple o equivocado de la situación que se está viviendo.

Por este motivo podemos decir que el acto de conspirar no puede partir de la mera especulación, de los análisis simples que llevados algunas veces por la pasión de la coyuntura u otras veces  por el anquilosamiento de las prácticas: hacer lo mismo frente a todos los procesos, sin tener en cuenta el movimiento y los cambios que se presentan, dando por hecho prácticas “infalibles” para cada situación, constituye un error garrafal para los procesos en resistencia, cuestión que aunque obvia, resulta totalmente pertinente si tenemos en cuenta nuestro extensísimo historial de desaciertos.

Para lograr generar acciones congruentes con el momento debemos partir de un análisis concreto, es decir, un análisis que tenga en cuenta el mayor número de aspectos que estén presentes  en la situación en la que nos encontramos, como lo son la situación material, el contexto histórico, la correlación de fuerzas, etc.

Claro está, esta actividad de analizar no se debe ser una mera práctica “académica”,  es necesario ir más allá,  debe ser una herramienta de lucha que nutra aquellas acciones e ideas  que acumulen al proceso que se esté desarrollando, es decir, requiere de  acciones concretas.

LA SOLIDARIDAD, NUESTRA ARMA MÁS FUERTE.

“Las masas oprimidas, que nunca han estado, ni pueden estar, completamente resignadas a la opresión y a la miseria, y hoy menos que nunca, se muestran ávidas de justicia, de libertad, de bienestar y comienzan a comprender que sólo es posible emanciparse por medio de la unión, por medio de la solidaridad con todos los oprimidos, con todos los explotados del mundo entero”[3]

Retomando las palabras del  aún vigente Malatesta, y a sabiendas de la historia sobre los movimientos, revueltas y revoluciones que han existido en los últimos dos siglos, podemos decir que todos estos procesos no suceden ni de la noche a la mañana, ni son hechos por una sola persona o grupo, más bien ha sido la asociación ya sea espontánea o “formal” la que ha permitido estos procesos, siempre con una práctica especifica que les ha permitido fortalecer la constancia más allá de los intereses comunes, en otras palabras, incentiva a vivir en solidaridad.

Así pues, es necesario traer a colación a Marx en referencia al espíritu y la solidaridad cuando señala que: “es evidente (…) que la verdadera riqueza del espíritu del individuo depende totalmente de la riqueza de sus relaciones reales[4]. A partir de lo anterior, se hace  manifiesto que son las relaciones y  más específicamente a lo  que nos atañe a este escrito, las relaciones de solidaridad, las que permiten la riqueza de un espíritu y practica conspiradora.

Así, la solidaridad es el vínculo que nos permite ya sea por medio de colectivos, organizaciones, movimientos, coyunturas, etc., dar rienda suelta a este espíritu de conspiración; mediante el diálogo, el debate, la discusión, la confrontación de ideas y propuestas, es posible llegar a plantear nuestras formas más efectivas de acción.

Debemos reconocer y aprender que las personas que ostentan el poder sobre el mundo y todo su aparataje que les ayudamantenerlo,  también conspiran y aprenden de la historia y de sus fracasos, que si bien no podemos afirmar que se guíen por un sentido de solidaridad, de lo que si estamos seguros es que a diario se reúnen para discutir cómo pueden aumentar las ganancias, es decir, cómo jodernos más la vida, en esto nos llevan años luz.

 Por este motivo no podemos desconocer este ejercicio de reunión, discusión  y la conspiración entre varias individualidades y/o colectividades que puede brindar un fruto mayor a la hora de plantear propuestas que nos permita avanzar contra aquellas personas que quieren perpetuar el imperio del mercado, pues será la libre opinión y la discusión permanente condiciones inexorables para  potenciar el análisis y la creatividad de nuestras compañeras en clave de hacer de las ideas prácticas transformadoras.

Es verdad que  a partir de la solidaridad  podemos conspirar de una manera más compleja y fructuosa, pero también, es la práctica de conspirar la que en muchos casos permite esos lazos de solidaridad, pues como ya mencionamos, los procesos no nacen de una sola personas sino de varias, de esta manera, el acto en sí de conspirar en torno a una “causa” genera  en las personas la necesidad de asociación, camaradería y apoyo mutuo. No es extraño que en muchos casos recurramos a nuestras compañeras o allegadas con alguna idea para debatirla y ponerla en marcha, o al revés, que  en algún momento se acerquen a nosotras con alguna idea que deba ser escuchada y discutida, son esos momentos los que deben ser aprovechados sin chistar.

¿Y LA CREATIVIDAD?

Muchas veces se ha criticado a la “izquierda” por sus prácticas  conservadoras, podemos escuchar a nuestro alrededor preguntas o frases como: “¿otra vez en asamblea?” “Nunca logran nada marchando”  “ese discurso radical esta pasado de moda” “¿Por qué no hacen algo novedoso?” y hemos de aceptarlo, muchas veces tienen la razón; Y no se nos malentienda, este tipo de escenarios creemos que siguen siendo totalmente necesarios, pero debemos reconocer que en repetidas oportunidades les hemos reducido a un mar de parsimonia en la que escasea la creatividad anquilosándonos en nuestras prácticas autoreferenciales. Estas deben permanecer en esencia, pero transformarse en lo concreto. Así como lo hacen los defensores del capital, nosotros también debemos aprender de la historia y ver que el devenir histórico exige que se estén renovando nuestras formas de acción, nuestro análisis de la situación y también exige que hagamos un uso exhausto de nuestra creatividad.

Por este motivo es necesario que tengamos un espíritu conspirador, pero no aquel que solo remasterice las viejas prácticas, sino que haciendo uso de la creatividad  pero también del análisis y la solidaridad, sea capaz de crear novedosas formas de acción y  propaganda  que  permita llevar la lucha hasta las personas de a pie, que permita que a los procesos se unan cada vez personas  y sean procesos más grandes y fuertese logre generar aquellas maniobras para atacar y confrontar al capital y a quienes nos oprimen. Este tendrá que ser el sendero para la victoria.

LA PRAXIS

Aunque en ninguno de los párrafos anteriores nos hemos alejado de la práctica como fundamento para generar, enriquecer y mantener el espíritu conspirador, es necesario unas cuantas palabras para dejar claro lo relevante de la praxis.

Como ya sabemos el espíritu solo puede realizarse en cuanto es producto de las acciones de la realidad  material. Entonces es necesario, para que podamos mantener un espíritu de conspiración activo, una constancia permanente en articularnos que se exprese  en cada uno de los escenarios en los que estamos inmersos. En concordancia, que se exprese tanto en el barrio como en el trabajo, en la universidad como en la taberna, con nuestra familia, parejas y amigos.

Debemos mantener una reflexión constante frente a los problemas que nos rodean, y generar para cada situación una forma de organización entre las personas que permita empezar a realizar actividades que lleven a una lucha específica, pero a la par, debemos encontrar las formas en que estas luchas específicas se puedan articular y originar procesos más grandes. Se trata entonces de entrelazar lo micro con lo macro.

Por otra parte, es necesario también mantener una reflexión constante  hacia nuestras prácticas y formas de actuar, pues el espíritu necesita la autocrítica para renovarse a sí mismo, estar abierto a la posibilidad de reflexión de sus diferentes cualidades y determinaciones, podríamos decir que ejercer una conspiración hacia sí mismo pues nuestras prácticas no están exentas de caer en los vicios del mundo, y es imperativo deshacernos de esos vicios para poder ejercer  una práctica más radical y coherente.

Es claro que esta práctica conspiradora debe empezar por sí mismo, para extenderse colectivamente,s decir debe crecer individualmente para convertirse en colectiva, así que el compromiso y la voluntad son fundamentales para lograr extender este espíritu, pues si no existe la voluntad para mantener esa reflexión constante y esas reuniones con nuestras compañeras de lucha,  no será posible conspirar de una manera que nos permita alcanzar nuestros objetivos, pues no solo será necesario este compromiso y voluntad  para la conspiración sino para todos los aspectos de la lucha.

Es importante tener muy en cuenta la voluntad, pues dentro de nuestro contexto permeado  de toda la campaña de terror que ha mantenido el Estado colombiano para deshacer cualquier disidencia, estamos sufriendo de una enajenación de las prácticas anticapitalistas, antiautoritarias, radicales, etc., nos hemos alejado algunas veces por miedo, otras muchas por apatía  de la responsabilidad y  práctica revolucionaria. En ese sentido es menester que tengamos una voluntad férrea para poder recrear  y nuevamente tomar una postura reflexiva, critica y contestataria en los tiempos en que vivimos.

 

CREAR UN MUNDO NUEVO                                                                     

Como es obvio este espíritu conspirador tiene un fin, según la especificidad de cada lucha tendrá un fin inmediato que responda a las necesidades que se presenten, porque conspirar no solo se reduce a acciones de ataque hacia el enemigo, sino también a acciones de propaganda, de reflexión, de autocrítica, etc., es mediante la conspiración que se pueden generar los espacios  y procesos que sean necesarios. ¿Porque no, conspirar sobre la formación de un colectivo barrial, sobre un debate en torno a una problemática dentro de nuestro trabajo,  generar un mitin en las universidades?  Son muchas las formas en que se puede ejercer esta práctica y allí es donde la inventiva tiene que hacer gala de su astucia.

La conspiración si bien puede responder a las situaciones y contextos específicos, también debe ser una parte fundamental en la lucha contra el capital, el patriarcado,  el especismo y como no, contra el Estado. Debe dotarse de un sentido radical, aprender de la historia y proponer lo necesario para nuestros objetivos, y por último, debe ser también una herramienta necesaria para construir desde la cotidianidad y nuestros lugares de inserción el mundo nuevo que tenemos en nuestros corazones. Es seguro que a partir de la conspiración  con nuestras compañeras pueden surgir ideas  que permitan ir generando los caminos suficientes que nos lleven a esa utopía que queremos.

¿Y entonces que hay pa´ hacer?, Diría la banda de punk ¡ Todo por hacer! . Así que: ¡A conspirar se dijo!.

Colectivo Contrainformativo Sub*Versión

[1] Una historia del anarquismo en Colombia- crónicas de utopía. 2000

[2] http://www.lafulminante.com/articulos/30890857-Gente-muy-rebelde-1-Renan-Vega-Cantor.pdf

[3] http://www.enxarxa.com/biblioteca/MALATESTA%20La%20anarquia.pdf

[4] https://teoriaevolutiva.files.wordpress.com/2013/10/marx-k-la-ideologc3ada-alemana.pdf

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Crisis Arijuna* del Pueblo Wayuu

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“…la expansión de la frontera… convirtió a la región en tierra de guerra por las fricciones entre indios y españoles, entre las distintas parcialidades constreñidas en el uso ancestral de las tierras, y entre estos grupos y aquellos que habían sido sometidos a servidumbre. En el ánimo de los nativos estaba considerar enemigos irreconciliables a todos los que habían tenido relación con los españoles, a quienes no perdonaban, solicitando siempre venganza, sin olvidarla; y cuando la conseguían, su mayor triunfo lo manifestaban quemando sus poblaciones, quizás como un símbolo que borrase la existencia de la traición tangible. Por eso en cada alzamiento.., ningún español podía atravesar sus vecindades sin encontrar la muerte; los indios de servicio formaban parte del grupo enemigo, por lo tanto no existía diferencia entre ellos.”

El análisis que hacen los medios tradicionales enviados por los grandes intereses del capital nacional, se centra en mostrar una Guajira sitiada por la sequía, la politiquería, el desarrollo de clanes políticos hegemónicos y un machismo bastante exacerbado. Es claro que todas estas son situaciones que efectivamente se presentan en la Guajira en estos momentos, pero, debemos hacer el esfuerzo de hacer un análisis más exhaustivo que dirija la atención al porqué de esta situación.

Por ello, trataremos de contextualizar un poco más la situación de crisis de un territorio con unas condiciones de supervivencia muy duras, que albergaba a una cantidad de pueblos indígenas entre los que se encontraban los Guajiro, Calancala, Macurias, Eneal, Arubas, Aliles, Sapara, Atanare, Toa y Cocina… Pueblos que supieron resistir a las guerras entre tribus, y que además, lograron resistir de manera parcializada a embates foráneos que datan desde el siglo XVI, pero que con el advenimiento de las nacientes repúblicas de Venezuela y Colombia, fueron desplazados a las tierras que hoy habitan. Por ello en la actualidad, gracias al efecto del calentamiento global, y peor aún, gracias a la codicia de la civilización occidental estos pobladores sufren las consecuencias del exterminio de su pueblo.

Sin embargo, este artículo no pretende adscribirse a la idealizada concepción que se promueve en diferentes espacios sobre el mundo del pueblo Wayuu, pero sí, en hacer hincapié en la responsabilidad de la actual crisis –que es la de siempre- a los Estados de Colombia y Venezuela.

El pueblo Wayuu es uno de los pueblos Arawak que cuenta con aproximadamente 600.000 pobladoras en la parte alta de la península de la Guajira, su economía se basaba en la caza, la pesca, y posteriormente el pastoreo de bovinos. Ubicados estratégicamente lograron desarrollar nociones frente al comercio que se abría en el siglo XVI con la llegada de algunos españoles, piratas y comerciantes del resto de Europa y sus propios Clanes.

Desde el principio lograron adaptar las experiencias políticas y culturales que desde distintos actores se les presentaban, gracias a su cepa luchadora, lograron adaptarlas para afinar su estrategia de resistencia –violenta o no- contra los navegantes que venían en busca de “Un Nuevo Mundo”. De allí aprendieron la ganadería, el comercio, la horticultura, nuevas técnicas de agricultura y el tan mentado Contrabando.

Su concepción del territorio les permitió confederarse con otros pueblos originarios para resistir frente al invasor, enfrentándose a los españoles por la necesidad de conseguir tierra y mano de obra barata. A partir de este bagaje, posteriormente en el Siglo XVIII, sostuvieron treinta años de enfrentamientos entre 1760 y 1790 contra los sucesivos gobiernos Coloniales que desde España eran enviados a “pacificar” estos territorios.[1] De ahí que “Los Guajiros” tomaran su fama de guerreros.

Con el tiempo y mejores territorios por colonizar, los españoles fueron “conviviendo” con la postura de no sometimiento de estos pueblos, hasta que las propias condiciones incidieron en ir mermando la resistencia del pueblo guajiro cuando la ganadería se volvió más extensiva y las fincas ganaderas de Valledupar y Sinamaica fueron arrinconándolos cada vez más. Además de ello, es importante resaltar el mestizaje que se produjo con otros pueblos rebeldes como los cimarrones, donde convergieron dos concepciones distintas pero afines para resistir al usurpador. Estas situaciones conllevaron igualmente al eventual fraccionamiento del territorio y su equilibrio, cuando los wayuu se enfrentaban por zonas estratégicas comercial y ambientalmente de la península.

En esa medida, cabe resaltar que este pueblo actualmente es producto de las dinámicas comerciales y mercantiles con las que fueron lentamente sometidos en su propio entorno: la actividad de la ganadería y el comercio sufrieron una gran demanda con sucesos como la construcción del canal de Panamá, o la guerra Hispano-Cubana, que lograron romper el equilibrio que durante siglos habían intentado conservar.

Y prueba de ello fueron las grandes migraciones laborales que se percibían hacía las grandes urbes cercanas, consolidando un modelo de organización territorial que arrojaba las ancestrales rancherías cada vez más cerca de las grandes urbes. Se puede decir con esto fueron arrojados a convertirse en los cinturones de miseria de los grandes territorios de intercambio de productos y servicios.

El evento que tal vez se pueda reconocer como la rendición de los pueblos guerreros ante la economía de mercado fue el periodo de alianzas que se dieron entre estos pueblos y los Estados Venezolano y Colombiano, dejando atrás siglos de luchas por su identidad y su autonomía, acoplándose a las dinámicas de un Estado benefactor, que les prometió facilidades y beneficios, como lo hizo el General Rojas Pinilla –Dictador Colombiano- que en los años 50, les prometió molinos de viento para extraer el agua del subsuelo.

Ahora en estos momentos nos encontramos con el punto de una historia que desde el principio apuntaba a este desenlace, un Estado que prometió beneficios a cambio de autonomía, un Estado que comenzó a feriar sus tierras porque eran más productivas en la extracción de minerales y gases que mantener un pueblo originario con sus tradiciones intactas, un Estado que cada tanto se escandaliza y logra hacerlo con los televidentes a partir de informes y especiales sensacionalistas que muestran cómo durante décadas se roban la plata de la salud –que el mismo Estado prometió-Un Estado que gracias a su funcionamiento arrinconó a estos pueblos valientes que resistieron al doblegamiento promovido por el imperio español, pero que desafortunadamente, si logró domesticar la rebeldía y autonomía de un pueblo que durante siglos ha logrado adaptarse a las condiciones más adversas. Por todo esto, la mencionada crisis en la península de la Guajira, no es una crisis del pueblo Wayuu, realmente tenemos que hablar de una crisis Arijuna, una crisis del hombre que no respeto la forma de ser y concebir el mundo del pueblo Wayuu.

*Arijuna= Persona extraña, posible enemigo, conquistador, que no respeta las normas Wayuu.

[1]http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/geografia/geograf2/wayuu3.htm