Cambio Climatico

Fenómeno del niño sin eufemismos: ¡Ecocidio capitalista!

Posted on Actualizado enn

No saben lo que valen estas orquídeas bárbaras,
muriéndose
ante el televisor de pantalla inmensa,
la videocasetera de lujo
el celular y los discos ópticos,
el kitsch irredento
en las altivas fotos familiares
de quienes conquistaron este mundo
destruyendo con su ganado y su ganancia
la misma selva condenada a morir
que hizo posibles las orquídeas.[1]

 Imagen

La situación climática que atraviesa actualmente Colombia es explicada de manera simplista y generalizada -especialmente desde las grandes cadenas de (des)información masiva- a partir de lo que se conoce como el “fenómeno del niño”. Este último, es definido por la UNGRD (Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres) como “un evento climático que se genera cada cierto numero de años por el calentamiento del océano Pacífico”[2], desde esta concepción agenciada por el binomio medios/institucionalidad, se promueve un código común que lleva a pensar que dicho fenómeno responde únicamente a los avatares de la naturaleza en los que la intervención humana nada tendría que ver, o en el peor de los casos, solo de manera parcial y moderada.

No debería extrañarnos que una explicación tan aparentemente ingenua – por no decir solapada – sea la punta de lanza de quienes desde las altas esferas del poder formulan los paliativos para enfrentar el fenómeno dejando intactos los intereses de quienes se benefician de la imposición de los modelos mineroenergético, de desarrollo urbanístico, entre otros; los cuales tienen enormes responsabilidades en las mutaciones climáticas de los últimos meses. Sin embargo, lo que si logra causar sorpresa es el progresivo abandono de amplios sectores de la izquierda de aquellas ideas y categorías en sus discursos que contribuyen a dimensionar las consecuencias de la crisis ecológica que atravesamos, asumiendo en la mayoría de los casos, posturas que escasamente condenan la negligencia institucional pero poco o nada dicen de la correlación sistémica entre la degradación ambiental y el esquizofrénico modelo de consumo capitalista imperante.

De tal manera que consideramos fundamental retomar el concepto de crisis civilizatoria[3] como punto de partida para leer el contexto en el que nos desenvolvemos, ya que solamente bajo una mirada amplia y radical podemos acércanos a entender la complejidad del problema que nos atañe, y a partir de allí, buscar las salidas que nos permitan superar el atolladero en el que nos encontramos. En ese sentido, la importancia de acudir a esta noción no aparece como capricho apocalíptico como suelen sugerir los promotores del desarrollo sostenible entre otros crápulas defensores del status quo, por el contrario, son los mismos acontecimientos como la contaminación de las fuentes hídricas, la crisis alimenticia, la producción de energías eventualmente peligrosas como lo es la nuclear, la depredación de bosques y reservas naturales, la destrucción de la capa de ozono manifiesta en el cambio climático, y en definitiva, una larga lista de conductas supremamente nocivas que caracterizan en la actualidad la forma de relacionarse de los seres humanos con su entorno. Ello es producto de un paradigma social que hace culto de manera vulgar a la razón instrumental, el mito del progreso y el fetichismo de la mercancía, es decir, que podríamos hablar de una razonamiento que parte de la lógica del capital, acercándonos cada vez más, a un punto de no retorno en el que se encuentra en juego las posibilidades de vida en nuestro planeta.

Visto de esta manera, es posible señalar que:

la crisis ambiental de nuestro tiempo ha sido producida por el modo de producción capitalista, esencialmente debido a su carácter mercantil encaminado a producir no para satisfacer necesidades sino para incrementar la ganancia individual. Este hecho, aparentemente elemental, que rige el funcionamiento del capitalismo constituye la base del agotamiento de los recursos naturales, expoliados hasta un ritmo nunca antes visto en la historia de la humanidad, al mismo tiempo que produce desechos y contaminación de manera incontrolable. Desde este punto de vista el capitalismo tiene dos características claramente antiecológicas: la pretensión de producir de manera ilimitada en un mundo donde los recursos y la energía son limitados; y originar desechos materiales que no pueden ser eliminados – cosa imposible en concordancia con las leyes físicas – y que deben ir a alguna parte, lo cual supone exportarlos a los países más pobres de la Tierra.[4]

Sobre este último aspecto es necesario hacer hincapié que la depredación medioambiental también posee un claro sello de clase. En consecuencia, si bien es cierto que la crisis civilizatoria amenaza a todas las formas de vida, igualmente lo es, que sus efectos devastadores se ensañan con particular crudeza contra campesinos, indígenas, trabajadores asalariados, y en general, todas las que por la fuerza se han convertido en la paria del capitalismo; siempre vilipendiados, siempre explotados, serán los ninguneados de los que se referirá Eduardo Galeano[5]. Por tal motivo, mientras son los principales receptores de los efectos negativos del actual modelo de consumo, son a su vez, el blanco de todos los cuestionamientos ya que según el discurso de la tecnocracia ambiental, son los pobres los culpables del deterioro del entorno, y por ende, los llamados a cambiar sus hábitos de vida , ¡como si fueran las personas de a pie las que gastan toneladas de agua en la extracción de minerales, talan indiscriminadamente miles de hectáreas para el negocio de los monocultivos o fuesen responsables de las desproporcionadas emisiones de los gases de efecto invernadero!.

Cabe resaltar a su vez que lo señalado anteriormente también se reproduce a nivel micro y cotidiano. Así pues, evidenciamos como se promueve un consumo desaforado entre los sectores populares de la población que ante la arremetida mediática les arrincona frente a unos valores y prácticas mercantiles, haciendo que en muchas ocasiones, prefieran disponer de un gran televisor de última tecnología, antes que mitigar un problema real como lo puede ser la vivienda, la alimentación o el estudio de sus familias.

Semejante chapucería empieza a caer por su propio peso haciendo mella dentro de la institucionalidad como se puede ratificar con la reciente renuncia del que era ministro de Minas y Energías, Tomás González, quien declinó de su cargo asumiendo la responsabilidad ante los desatines para afrontar la actual crisis energética[6] – aunque nada de raro sería que los verdaderos motivos de su renuncia tengan que ver con la investigación que le involucra junto a su esposa[7]-. Sea cual fuere el motivo, lo cierto es que esta jugada política resultó ser el típico lavamanos del sicario presidencial Juan Manuel Santos, que con los balbuceos demagógicos que le caracterizan, declaró ante los medios la necesidad profundizar las medidas frente al fenómeno del niño, ya que según datos del IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia) la reserva de agua del país en sus embalses oscila entre el 28% de su capacidad total[8]. El anuncio del presidente estuvo acompañado de una fotografía publicada en su cuenta de Twitter en la que se aprecia a funcionarios en la casa de Nariño trabajando con las luces apagadas acompañados únicamente del destello de una vela como muestra de su compromiso inquebrantable con la salud medioambiental. ¡Cuando la oligarquía se compromete con el cinismo se lleva todas las medallas!.

Como un patético festín tendríamos que describir la actual situación del país si tenemos en cuenta que los bombos y platillos con los que hace unas semanas se promocionaba el milagro benéfico que acarrearía la venta de Isagen a precio irrisorio, fueron acallados ante la paradoja de los hechos cuando se hizo pública la decisión del gobierno nacional de comprar energía a su homologo ecuatoriano[9] como parte de las medidas para afrontar los efectos del fenómeno del niño. Paralelamente, las noticias que llegan desde otros puntos de la geografía nacional son igualmente desoladores: “Más de 15.000 personas están sin agua en Carepa, Antioquia”[10], “Declaran calamidad pública en 17 municipios de Santander”[11], “Zambrano, un pueblo bañado por el río Magdalena, se muere de sed”[12], entre otros titulares, que dejan en evidencia la envergadura de la crisis que abordamos.

Sin embargo pese a lo que podría llegar a pensar, ni los grandes centros urbanos escapan a los efectos del accionar medio ambientalmente irresponsable de la estupidez tecnocrática. Vale la pena recordar entonces que el mes pasado se vivió una verdadera tragedia ecológica con el incendio forestal en los cerros orientales de la ciudad de Bogotá dejando una gran cantidad de hectáreas afectadas y el sin sabor ante la posibilidad de que las fuerzas militares fueran las presuntas responsables de estos hechos[13]. Entre tanto, el tontuelo y poco agraciado cultor del concreto , el alcalde Enrique Peñalosa, no podía pasar impune ante el feriado del desastre ambiental. Este paladín del neoliberalismo – el mismo de “transmilenio hace lo mismo que un metro”[14] y “es falso que no se pueda construir sobre humedales”[15]en tan solo un par de meses nos ha demostrado hasta donde puede llegar su compromiso con el ramplón desarrollismo urbano en clara oposición a la más elemental noción ecológica. Gran revuelo causó entonces su propuesta de edificar sobre la reserva Van Der Hammen a la que prácticamente describió como un potrero improductivo, cuestión que a la postre, recibió toda serie de críticas desde diversos sectores que se han opuesto a lo que sería un acto claramente criminal en contra de la naturaleza. Las gracias del señor de los bolardos se inscriben en el marco de un Plan de Desarrollo Territorial que relaciona de manera badulaque

el concreto con calidad de vida en una ciudad atajada en su periferia por los nocivos impactos de la minería, la segregación espacial, entre otras, a la par, que su “visionario” mandatario sueña con equipararla con París o cualquier otro referente europeo solo que enclavado en el centro de esta república tropical.

A partir de todo lo expuesto, no resulta exagerado señalar que nos encontramos en medio de un verdadero ecocidio capitalista que subsume todo a los designios del dios dinero, incluida, la posibilidad de vivir. Ello es constatable en distintos fenómenos de orden mundial como ya se señaló, pero que para no ir tan lejos, tienen sus correspondientes en nuestro país principalmente en manos de la oligarquía nacional y el capital extranjero. Así pues, ningún estupor debe causar la soberbia con la que operan los gobernantes de turno quienes insisten en culpar a las mayorías explotadas de la degradación ambiental como mecanismo para ocultar las verdaderas raíces del asunto. En ese sentido, los diversos sectores en resistencia tenemos la tarea de integrar de manera transversal a nuestras apuestas el problema ecológico como vector nodal junto a las contradicciones de clase, género y etnia. Si no empezamos asumir desde el discurso y la práctica la radicalidad del problema que tenemos por delante, difícilmente podremos encontrar soluciones radicalmente distintas al modelo imperante.

La lucha por la vida es la afirmación de la vida misma.

_________________________________________________

[1]    PACHECO,José Emilio. Orquídeas
[2]    Ver al respecto: Unidad de para la Gestión del Riesgo de Desastres . Qué es el fenómeno del niño. En : http://portal.gestiondelriesgo.gov.co/Paginas/Fenomeno-del-Nino-en-Colombia.aspx
[3]    Autores como Michael Lowy, Edgardo Lander, entre otros, han desarrollado este concepto.
[4]    VEGA,Renán. Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Vol 2. Capitalismo, tecnociencia y ecocidio planetario. Bogotá.Colombia. (2011). P 330
[5]    Ver el poema titulado “Los nadie” del autor en mención.
[6]    Diario El Colombiano. Crisis energética le costó el puesto al ministro de minas. http://www.elcolombiano.com/colombia/ministro-de-minas-y-energia-renuncio-al-cargo-AB3715222
[7]    Blue Radio. Los motivos por los que la procuraduría investiga al exministro. http://www.bluradio.com/125687/los-motivos-por-los-que-la-procuraduria-investiga-al-exministro-tomas-gonzalez
[8]    Información suministrada en emisión de Noticias Caracol (7:00 pm) . 07/03/2016.
[9]    Diario El Espectador. Colombia importará energía desde Ecuador. http://www.elespectador.com/noticias/economia/colombia-importara-energia-ecuador-articulo-618768
[10]  http://www.elespectador.com/noticias/nacional/mas-de-15000-personas-estan-sin-agua-carepa-antioquia-articulo-616327
[11]  http://www.elespectador.com/noticias/nacional/declaran-calamidad-publica-17-municipios-de-santander-articulo-616116
[12]  http://www.elespectador.com/noticias/nacional/zambrano-un-pueblo-banado-el-rio-magdalena-se-muere-de-articulo-619490
[13]  Contagio Radio. Prácticas militares habrían provocado incendio en cerros orientales de Bogotá. http://www.contagioradio.com/practicas-militares-habrian-provocado-incendio-en-cerros-orientales-de-bogota-articulo-19976/
[14]  http://www.elespectador.com/noticias/bogota/transmilenio-practica-hace-mismo-un-metro-penalosa-articulo-609448
[15]  Las2orillas. El antropocentrismo moderno de Peñalosa. http://www.las2orillas.co/el-antropocentrismo-moderno-de-penalosa/
Anuncios

La liberación de la Madre Tierra, una milenaria lucha Anticapitalista

Minientrada Posted on Actualizado enn

imange

El tan mentado acuerdo sobre el Cambio Climático en la COP21 nos hace reflexionar sobre el acontecer de la lucha por el respeto hacia la Naturaleza contra las emisiones de Carbono de los países tanto industrializados como los llamados en “vía de Desarrollo”, reflexiones claro está, deben desembocar si realmente se quiere llegar a la medula del asunto, en asumir una postura anticapitalista como lo vienen haciendo comunidades indígenas y campesinas en el Cauca como parte del proceso de lo que han llamado la “liberación de la madre tierra”.

El acuerdo firmado el 12 de diciembre de 2015, entre palabras bonitas y frases rimbombantes se compromete a “realizar esfuerzos” para limitar el aumento de la temperatura global, por debajo de los 1.5°C, pero como es costumbre en estos tratados no se demarcó el camino para allanar esta ambiciosa meta. En consecuencia, el resultado en el cual era necesario lograr un acuerdo que incluyera las principales potencias como los Estados Unidos de América, se construyó un tratado que no tuviera implicaciones jurídicas es decir que no existirán sanciones para los países que incumplan estas metas. Por lo cual, se puede decir que estamos igual que antes que se firmara este “histórico acuerdo”.

Para concretar un pacto de esta magnitud hace falta, por supuesto, entre otras cosas, una voluntad política sobre el uso de energías renovables, además de la revisión sistemática de la emisión de carbono de todas las industrias y el cambio paulatino de energías no renovables a energías renovables. Pero más allá de esto, lo realmente significativo es un cambio sustancial en el modelo de producción, distribución y consumo que actualmente tiene el planeta lo que generaría resquemor y temor pues implica la transformación radical de las condiciones de existencia actuales trastocando los intereses de empresarios, políticos y banqueros, y hasta nuestras propias comodidades.

En ese sentido, desarrollar un cambio de estos se hace necesario mediante el análisis desde una perspectiva bastante crítica sobre el sistema capitalista y sus implicaciones en los territorios en los que nos desarrollamos, es decir nuestro contexto especifico latinoamericano, puesto que no hacemos mucho en pro de la lucha por el cambio climático, si nos quedamos parafraseando consignas venidas de contextos diferentes, mostrando videos sobre los grandes campos eólicos en Europa, o fotos que muestran la angustia de los osos polares frente al deshielo de los glaciares, ni mucho menos adoptando practicas con las que perfectamente el capital puede convivir.

Enfrentarse a las injusticias globales implica entonces enfrentarse a las comodidades que el mismo sistema capitalista genera en nuestras vidas, a partir de los beneficios que ha conllevado para el ser humano el desarrollo del actual sistema de producción y consumo desaforado. Por ello, para llevar a cabo una lucha constante frente al modelo extractivista en el cual estamos inmersos, hemos de ver las diferentes luchas que desde nuestros ancestros se han forjado en nuestros territorios. Como lo es el proceso de Liberación de la madre tierra.

Proceso de Liberación de la Madre Tierra

Asociaos, pues, de comuna a comuna; que la más débil disponga de la fuerza de todas. Además, debéis hacer un llamamiento a todos los desheredados de las ciudades, a los que tal vez se os ha enseñado a odiar, pero que es preciso amar por ser ellos los que mejor sabrán ayudaros a guardar la tierra y reconquistar lo que se os ha quitado. Con ellos os podréis lanzar al ataque contra el enemigo que os amenaza, podréis derribar los cercados, y con ellos podréis formar la gran comuna de hombres libres, donde se trabajará en concierto para vivificar y embellecer a nuestra madre tierra, y ella nos recompensará haciéndonos felices a todos”

-Eliseo Reclus-

Invisibilizado por los medios de comunicación hegemónicos, el proceso de liberación de la Madre Tierra que se viene dando en el valle geográfico del río Cauca, especialmente en los municipios de Corinto y Caloto, tiene entre sus antecedentes más importantes cuando por allá a inicios de los años 70 se inician algunas recuperaciones de tierras ancestrales rescatando el legado de Manuel Quintin Lame, hecho que convoca a los cabildos indígenas en la conformación del consejo regional de Cauca que se fundamenta en la premisa de que “indio sin tierra es indio muerto”. Ya para la década del 80 se consolidan los territorios recuperados bajo el liderazgo vital del sacerdote Nasa Álvaro Ulcué Chocué, quien fuera asesinado, por las inclementes balas del establecimiento. Suceso que precede a la incursión narco-paramilitar que se da en noviembre de 1991 con la complacencia estatal donde son asesinados 20 comuneros y comuneras. Posterior a ello y de manera fluctuante la dinámica se mantendrá hasta que en el 2005 ya no solo se habla de recuperaciones de tierra sino que estas mismas se inscriben en un proyecto a largo aliento que se conoce como “la liberación de la madre tierra”. Desde allí hasta hoy en día, se suceden varios hechos significativos entre los cuales el que reviste mayor trascendencia por los intereses que se trastocan es el acontecido el 14 de Diciembre del año 2014, en el que varias indígenas se tomaron 4 fincas productoras de Azúcar que poseen varias hectáreas dedicadas al monocultivo pertenecientes en el papel vía usurpación territorial a la multinacional INCAUCA, la cual hace parte del emporio Ardila Lulle[1]. En palabras de una indígena nasa comunera de un resguardo de Corinto, Cauca:

 “Estamos  repartidos en estas haciendas. Cuando nos asentamos fue por los incumplimientos del gobierno hacia nosotros, como consecuencia y obligación por las masacres que ha cometido. Nuestra presencia allí es para presionar al gobierno. Estuvimos pacíficamente hasta enero con personal del ingenio INCAUCA; actual dueño de las haciendas. Se les dijo que íbamos a trabajar la tierra. Ellos no podían tomar decisiones pero actuaron como puente con los dueños”.

Así pues como ya lo mencionamos, este conflicto no data desde hace un año, por el contrario hace parte de una lucha de siglos por el territorio y la autonomía de los pueblos indígenas. Remitirnos a ella tiene su razón de ser porque nos plantea grandes derroteros para el movimiento social que se enfrenta a los mismos intereses capitalistas, esta vez en forma de monocultivos, que representan los intereses de las multinacionales extractivistas que están destruyendo los territorios de comunidades indígenas, campesinas y afros.

La propuesta de tomarse las tierras que desde tiempos remotos han habitado estas comunidades se ha venido desarrollando en el marco de la colectivización de las tierras, que al igual que la España del 36, propende por un modelo de producción campesina colectiva, donde se produzca de acuerdo a la necesidad de la comunidad que explota la tierra. Estas formas de producción colectiva son la punta de lanza de un nuevo –pero milenario- modelo de sociedad, que instaure en sus habitantes prácticas más solidarias y fraternas, tanto en hombres y mujeres como en la relación con la misma tierra.

Por todo lo anterior estudiar, impulsar y desarrollar estas luchas debe ser una de las tareas para afrontar el año que viene, que pasa por entender en nuestros territorios que el proceso de “liberación de la Madre Tierra” o la colectivización de la tierra es un asunto primordial en la lucha contra el cambio climático; por ende en la lucha contra el Estado y el modelo capitalista imperante. Superar las consignas que se vienen repitiendo sin tierra fértil en nuestro contexto es una tarea a resaltar en el movimiento anarquista que venimos forjando en nuestro territorio.

[1]                     http://www.nasaacin.org/informativo-nasaacin/3-newsflash/7442-az%C3%BAcar-manchado-de-sangre-del-norte-del-cauca