Bogota

Registro Audiovisual Jornadas Anticarcelarias

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Registro audiovisual de las Jornadas Anticarcelarias desarrolladas el pasado 06 de Abril. Hubo socialización de diversas experiencias con enfoque de género, feria de publicaciones, intervenciones musicales, proyección de vídeo, lectura de mensajes de presas políticas de diversas latitudes, entre otras. ¡Abajo los muros de las prisiones!

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Del dicho al hecho hay muchas muertas . Algunas consideraciones sobre el atento a la Escuela General Santander.

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Del dicho al hecho hay muchas muertas[1]. Algunas consideraciones sobre el atento a la Escuela General Santander.

 

Es mucho lo que se ha dicho a partir del estallido de un carro bomba en la Escuela Militar General Santander el pasado Jueves 17 de Enero de 2019 en la ciudad de Bogotá. Acción que dejó un saldo total de 20 policías muertos, 68 heridos[1], y un denigrante espectáculo amarillista auspiciado desde la  gran prensa que poco se diferenció del morbo de la crónica roja. En “caliente”,  en un mar de incertidumbres, imprecisiones y reduccionismos, la élite se sirvió de la consternación para generar un estado de opinión favorable en un momento político en el que la administración de su poder representada en el Gobierno Nacional y las entidades del Estado alcanzaba niveles de rechazo que desde la década de los 90’s[2] no se registraban.

Conforme con lo expresado anteriormente, es evidente que el ataque a la Escuela Militar General Santander se da en un momento inoportuno para la movilización de distintos sectores de la sociedad colombiana quienes de diferentes maneras venían expresando su inconformidad contra el facineroso proceder del actual Fiscal de la Nación, el miserable aumento del salario mínimo, las demandas alrededor de la Educación Superior, el escándalo que envuelve a CorfiColombiana y Odebrecht, el sistemático asesinato de líderes y lideresas sociales a lo largo y ancho de la geografía nacional, entre otros.  Sin embargo, a pesar de ello, es importante no desdibujar la realidad de la confrontación social y armada que persiste en nuestro país, y en ese sentido más allá de juicios morales, lo acontecido el pasado jueves se inscribe en el marco de una acción de guerra.

Es precisamente este último elemento un criterio esencial al momento de analizar la coyuntura que atraviesa el país lejos de las valoraciones y criterios en esa mixtura entre liberalismo y conservadurismo que agencia la élite criolla.  Liberal, porque su discurso promueve una cándida y oportunista  abstracción según la cual  “todas las vidas son iguales” , aunque en la práctica cotidianamente se haga más que evidente que hasta la muerte tiene sello de clase y para ello basta mirar el silencio cómplice alrededor de los incesantes asesinatos a los y las activistas sociales; de otra parte, el discurso es al mismo tiempo conservador en tanto su “defensa a la vida” se hace a partir de la promoción de valores de corte tradicional como lo son el Nacionalismo Chovinista y el fanatismo alrededor de las instituciones del Estado. En ese sentido, es sugerente para la diversidad del movimiento social despojarse del lastre que constituye el marco valorativo de sus verdugos si realmente se quiere ser un pueblo lo suficientemente maduro para el conflicto como para que merezca la paz,  a propósito de las reflexiones que en su momento realizó Estanislao Zuleta sobre la guerra.

En un artículo anterior[3], cuestionamos la idea de la reconciliación en el marco del Conflicto Social y Armado que vive Colombia en la medida que ello implica asumir aunque sea de manera implícita que en algún momento de nuestra historia hubo un proyecto llámese de sociedad o de país que estuvo conciliado, y por tanto, sólo sería necesario encontrar la voluntad de los sectores en discordia para vivir en la anhelada paz. Sin embargo, lo que muestra la historia colombiana de par en par es precisamente todo lo contrario, tal conciliación nunca ha existido, y por tanto, resolver los asuntos acuciantes de la guerra no es una cuestión de voluntad. La actual coyuntura con su crudeza así lo ratifica.

Aunque no compartamos el ejercicio táctico – estratégico del ELN, plantear las críticas desde los mismos códigos del establecimiento es hacerle el juego a este último. En ese sentido, así como no concordamos con la acción realizada por parte de la insurgencia, tampoco, comulgamos con las conflictologas, colectividades, ONG’S, y demás, que en un ejercicio de ramplonería analítica que raya con el cinismo, se rasgan vestiduras frente a lo acontecido, señalando un solo punto del cuadro sin contemplarle en su totalidad. En concordancia,  no fueron pocas las vulgares afirmaciones desde distintos sectores que con arrogancia señalaron que los alzados en armas arremetieron contra una institución del Estado poseídos por la irracionalidad y la demencia ante la supuesta incomprensión del momento político que vive el país. Con ello dan a entender que la insurgencia estaría en guerra por mera diversión -en el mejor de los casos-, cuando no, por haberse transformado en un cartel más del narcotráfico que abandonó sus convicciones políticas de antaño.  Estos atorrantes pseudo análisis que no ven más allá de  las condiciones desde los que se conciben –léase la vida bohemia de la candelaria, el Parkway o la aburguesada Universidad Nacional-, omiten de forma grotesca en  sus consideraciones la arremetida militarista que se vive en los campos de Colombia auspiciada por las familias más poderosas del país a través del idiota útil que preside la Casa de Nariño, claro está, con el beneplácito del Imperialismo de los EE.UU. Causa curiosidad que tal proceder que deja a su paso una estela de muerte para campesinas, indígenas y afrodescendientes, el acaparamiento de tierras por parte de grandes capitales,  la destrucción brutal de innumerables bienes comunes y la privatización  de la naturaleza junto con los saberes que se han tejido a su alrededor como sucede con el caso de semillas, plantas, entre otros,  poco o nada inmuta a muchas de las opinólogas, militantes de izquierda apaciguadas y demás especies lambericas de la socialdemocracia, que por estos días se han mostrado prestas a ser caja de resonancia del proyecto de clase agenciado por el Gobierno Nacional, pero, han guardado complaciente silencio antes los ataques que el mismo ELN denunció que venía siendo objeto en uno de sus pronunciamientos[4]. Por tanto, una cosa es esgrimir la legitima critica a la organización insurgente, y otra, caer en el descaro y la prepotencia de considerar que no tiene elementos de juicio para comprender la coyuntura política.

A raíz de lo expuesto, consideramos fundamental que la diversidad del movimiento social debe desprenderse de los debates impuestos desde la clase dirigente del país. Ello implica, entre otras cosas, abandonar aquella idea según la cual a partir de la acción efectuada por la insurgencia hemos retornado a un estado de guerra, afirmación que, es errónea por dos elementos esenciales a nuestro parecer: En primera medida, ese estado de guerra no es una cuestión de la actual coyuntura, y por el contrario ya se venía manifestando desde antes de la posesión de Iván Duque, aunque a las áulicas  de la nostalgia Santista les cueste reconocerlo. En ese orden de ideas, aún con la firma del Gobierno Nacional y las FARC-EP la guerra nunca desapareció, aunque hubiese elementos de forma que pudiesen dar a entender ello y de los cuales las abusadoras de las cifras en plena correspondencia con la razón tecnocrática se sirvieron. De otra parte y como segundo elemento, consideramos que sobredimensionar lo acontecido el 17 de Enero plantea implícitamente que la acción desarrollada por el ELN y su táctica en el marco de la guerra, desvía la agenda del movimiento social como si existiera una dependencia en ese sentido.  Aunque es obvio que el desenvolvimiento del conflicto trae consigo múltiples implicaciones, también es cierto, que la confrontación Estado vs Insurgencia es sólo una parte de la ecuación necesaria para comprender las contradicciones que se desarrollan en Colombia, pero, en ningún momento puede reducirse a ello.

Por tanto,  el movimiento social está llamado a continuar la movilización y construcción de sus agendas a partir de las diversas demandas que salen a relucir con la precarización de la vida en el país,  la generalización de la corrupción, la entrega de los bienes comunes al capital extranjero, entre otras tantas situaciones que constituyen el día al día del grueso de las colombianas para quienes la existencia en este territorio lejos de ser una oportunidad para vivir dignamente se ha convertido en una asunto de subsistir con el fantasma de la fatalidad merodeando sin cesar. El momento que actualmente se desarrolla en Colombia es una importante oportunidad para hacer una pedagogía entorno a la naturaleza de las contradicciones que aquí se manifiestan, lo anterior, es ejemplificable a través de situaciones tales como la celeridad con la que el establecimiento desarrolló su investigación en torno a lo acontecido en la Escuela General Santander, lo cual contrasta con la ausencia de resultados respecto a los asesinatos a líderes y lideresas sociales, cuestión que pone de manifiesto que la capacidad investigativa si existe, pero,  el Estado simplemente no ha querido movilizar esfuerzos sobre ello, ya que, precisamente se encontraría detrás del exterminio sistemático de las activistas sociales. A manera de correlato, se podría explicar porqué el énfasis desde los grandes medios masivos de comunicación en construir una versión de los hechos en el que se limpia la imagen de la Policía como institución, y, su papel en la guerra y la perpetuación el orden vigente.

En razón de ello, hay que continuar saliendo a los barrios e insistir desde las diferentes apuestas de trabajo territorial, en una pedagogía de lo cotidiano que posibilite  que las problemáticas de la gente de a pie poco a poco vayan siendo comprensibles a la luz de dinámicas mucho más amplias, ello, sólo será factible en la medida que nuestros trabajos se legitimen en un ejercicio constante de humildad y mutuo aprendizaje, que genere la confianza dentro de las clases populares  y promueva condiciones de empoderamiento y conciencia frente a las actuales condiciones de explotación.  Sólo de esta manera podremos construir un movimiento social con la suficiente fuerza como para que no pueda ser manipulado por la agenda mediática de oligarquía colombiana, o cualquier otro actor presente en el conflicto Social y Armado que aún se encuentra lejos de desaparecer.

[1] Utilicemos el femenino para hacer referencia a las personas.

[2] Ver al respecto: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/medicina-legal-identifico-20-victimas-del-atentado-en-escuela-general-santander-articulo-836030

[3] Dos momentos a tener en cuenta: El llamado “Proceso 8.000” en medio de la presidencia de Ernesto Samper, y, el fracaso de los diálogos de Paz durante el gobierno de Andrés Pastrana.

[4] Ver al respecto: https://ccsubversion.wordpress.com/2017/01/18/la-reconciliacion-en-el-pais-del-sagrado-corazon-entre-quienes-y-para-que/

[5] Ver al respecto: http://cedema.org/ver.php?id=8231

¡Defendemos la vida! ¡Protajamos el Humedal El Salitre!

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Vídeo Reportaje sobre los peligros que se avecinan en el Humedal “El Salitre” a raíz de las intervenciones recreativas adelantadas por la administración Distrital.

 

Relanzamiento del Grupo Estudiantil Anarquista (GeA)

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Vídeo reportaje de lo que fue el relanzamiento de organización Grupo Estudiantil Anarquista en la ciudad de Bogotá. (2018).

 

 

¡Malvenido Presidente Duque!

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Registro audiovisual de la concentración en rechazo de la posesión de Ivan Duque como presidente de Colombia y el asesinato de activistas sociales.

 

¡Libres les queremos! – A un año de una injusta detención

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Vídeo reportaje de la actividad realizada por familiares y amigxs de lxs jóvenes víctimas del falso positivo judicial alrededor del caso Andino después de un año de su injusta detención.

Lxs anarquistas y las votaciones en Colombia

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Vídeo resumen de la jornada de discusión llevada a cabo el 12 de Junio en Bogotá, Colombia, respecto al papel de lxs anarquistas en las elecciones.